domingo, 6 de febrero de 2011

La concesión de las orejas


En estos más de dos años ya de Toros Grada Seis y más de doscientas entradas ninguno de los temas tratados ha sido tan trascendental como este: la concesión de las orejas a los matadores. Este es el eje fundamental sobre el que gira la fiesta de los toros. Nada tiene más importancia que esto, ni el medio toro descastado, ni el destoreo, ni prohibiciones, ni vetos, ni nada de nada. Y quien me diga lo contrario es que no está al tanto de lo que ocurre cada día en las plazas de toros del mundo entero. Ya puede un matador estar como el mismísimo Lagartijo que si el señor presidente o juez de plaza osa no concederle una oreja, semejante suceso se convierte en tema de importancia nacional. Si empezamos negando el motivo y yo diría el origen de la fiesta brava, ¿para qué seguir? ¿Qué valor tiene todo lo demás?

Quizás solo hay un acontecimiento que supere en importancia a la concesión de las orejas y es el que un matador indulte a un toro, máximo rasgo de benevolencia de un torero en el ruedo; pero como esto es un hecho tan extraordinario, acordarán conmigo que no se puede basar un espectáculo sobre esta situación utópica.

Existe una gran controversia sobre la concesión de los trofeos y sobre quien ostenta tal potestad en cada momento. Queda claro que la primera oreja es del público, quien da su veredicto agitando el pañuelo en medio de la algarabía, pudiendo reforzar su posición ayudado de un ensordecedor griterío. Pero ¿y la segunda? ¿Por qué tiene que estar en manos de un malaje amargado al que no le importa aguarle la fiesta a ese público entusiasta y al torero encantado de haberse conocido.

Ya estamos hartos de esos puristas que todo lo ven mal, pero, ¿cómo no lo van a ver mal? Si se pasan la tarde fijándose en lo que pasa en el ruedo, como si eso fuera una tarde de toros. Y es que a los toros no se puede ir a palo seco; resulta imprescindible una buena merienda, acompañada de una buena bota, lo que no quita para que se combata el tedio con una cervecita por aquí un “¡Niñooooo!” por allá y el picar de la tortilla de los de dos filas más abajo, alabando “esas manos que tiene su señora para las tortillas” seguido de la frase del orgulloso marido de “y para muchas cosas más”. Madre mía, con este ambiente tan popular, ¿quién no pide una oreja aunque sea a trompetazos? Pues los hay, señores, los hay. Solo hay que fijarse en esos que nada más salir el toro ya se ponen a protestar, que si chico, que si cojo, que si los cuernos, pero… ¿qué más dará? Que a los toros va uno a divertirse. Que es que no nos entra en la cabeza, que si no nos divertimos nos los acabarán prohibiendo los de la Unión Europea, que para eso ha venido la alemana esa, para quitarnos los toros.

Y los puristas a lo suyo, “amargaos” toda la tarde y es que ni pipas comen, toda la tarde a palo seco. Porque claro, si uno se pone purista, apaga y vámonos. Que cuando tú estás todo animado pidiendo la oreja, van y te sueltan que ha matado mal. Pues a lo mejor. Pero si se cambiara eso de la oreja del presidente, todo se arreglaría. Pero claro, ya no es que el torero mate al toro, es que dicen que si mata de un infame bajonazo, pues que se pierde la oreja, aunque el toro caiga redondo, que para no perder la oreja hay que matar en todo lo alto y si acaso en el rincón, pero no se crean, que esto tampoco lo dicen muy convencidos. Y es que no le ven fin a esto de robarnos las orejas; resulta que se te ponen exquisitos y exigen que la suerte se realice con pureza. ¡Madre, madre, madre! Pero no se dan cuenta de que hoy en día el que no mata de un bajonazo, mata al julipié o suelta la muleta en la cara del toro para que no se le vea mientras escapa.

Además, pretenden que si el chaval ha estado superior con la muleta, que además haya toreado con el capote y que haya realizado una lidia completa. Pero ¿dónde se ha visto semejante disparate? Pero, ¿cómo van a hacer una lidia completa al pobre animalillo que no se sujetaba en pie? Que menos mal que el presidente a veces se porta y cambia el tercio con medio puyazo, si no, ¿Qué pasaría? Y para colmo van y te sueltan que si el torero pincha en el primer intento que pierde la oreja que da el público y que toda la responsabilidad de que la tarde vaya bien es del señor presidente. Esto ya es "Somorra y Gomoda", como dicen en el “Sálvame”. Entonces, ¿qué va a haber que hacer para que a un torero le den una oreja, si por un pinchazo ya da igual lo que griten los partidarios del pueblo del matador, que no hay premio? Pues saben qué les digo, que lo mejor sería que se acabara con las orejas, aunque ya no se pudieran leer titulares de esos de que Fulanito “puntuó” en Valdecabacantos. Que se termine con las orejas, que el público aplauda mucho si le ha gustado y ya está. Y así se terminaría con lo de sacarlos a hombros con dos orejas y ya está, aunque entonces ¿qué aliciente tendrían los toros? Pues como nos tengamos que conformar con ver lidiar toros, ver a toreros toreándolos y no se va a poder contar que has visto cortar quince orejas, pues para eso yo no preparo merienda.

16 comentarios:

Xavier González Fisher dijo...

Enrique: Y te faltó poner aquí algo sobre la "orden mendicante de los chavales de oro (pel)", que cuando creen "merecer las pelúas", comienzan a mendigarlas, primero mirando de reojo al palco; después, volteando con cierta aprehensión y al final, cuando las mulillas ya casi están por despedirse, en franco reto al señor que tiene la dotación de pañuelos en las alturas...

Y no se diga si tienen "fans", porque los distribuyen "estratégicamente" en los tendidos para que hagan ruido y parezca que "hay petición" y en "los papeles" del siguiente día, si no se concede, le puedan atizar al presidente, por "ignorante, incomprensivo" y quién sabe qué otras cosas más...

Al menos Ustedes todavía conservan la costumbre de pedir los "retazos de toro" con pañuelos (o cosas que hacen sus veces, en alguna plaza he visto almohadillas blancas), pero aquí, se piden a silbidos y a gritos, entonces, a veces no sabes si es "por la afirmativa" o "por la negativa", como dicen los "levantadedos" del congreso...

Saludos.

Enrique Martín dijo...

Xavier:
No te creas, que lo de los alaridos es algo que también se da por aquí. Así que si en una plaza se junta el coro de cantantes del Ejército Ruso, ten por seguro que habrá orejas. Cuesti´´on de decibelios.
Un saludo

En Barrera dijo...

Como siempre Enrique un artículo genial y que saca a la palestra el problema de la concesión de orejas. Yo me he visto en más de una ocasión rodeada de los de la bota, permíteme recomendarte la lectura de: "Historia de una tarde para olvidar", en el artículo intento expresar como a veces se siente un aficionado. Un saludo.

Enrique Martín dijo...

en Barrera:
Si en ese momento de éxtasis agitando los pañuelos con una mano y con la bota en la otra, les dices que no es para oreja, si hace falta te cortan las tuyas. Y es que parece que solo vamos a eso.
Un saludo

Anónimo dijo...

Te repites más que la coliflor al ajillo...

AJOFRÍN

Anónimo dijo...

El artículo de Y DIGO YO "Victorino Martín hace 43 años...y en Madrid" ha unido en sus comentarios a dos personas que para mi son de los poquitos, por no decir los únicos que se les puede leer, Enrique Martín y Emilio Lentisco. Los dos al margen de vuestros conocimientos taurinos demostráis una sencillez que ya la quisiera para si, la mayoría de los que se asoman casi diariamente para colgar sus artículos de opinión o copiar comentarios de otros que ya están leídos previamente.
Termino esta especie de juegos florales felicitando a los dos por el comentario vertido en el blog antes mencionado lleno de una lógica aplastante y en donde no queda muy bien parado el autor del mismo, de ahí, por ahora su callada por respuesta.

Y ahora vamos con tu artículo "La concesión de las orejas". Tu artículo Enrique, está hecho con una ironía tan fina que consigues hacer una burla taqn cierta de lo que ocurre en muchas plazas de toros con la exquisita inteligencia de no rozar en ningún momento el sarcasmo.

Enrique, de todo tu artículo voy a destacar un párrafo por lo que de paradójico tiene, es el que dice: "Quizás solo hay un acontecimiento que supere en importancia a la concesión de las orejas y es el que un matador indulte a un toro, máximo rasgo de benevolencia de un torero en el ruedo; pero como esto es un hecho tan extraordinario, acordarán conmigo que no se puede basar un espectáculo sobre esta situación utópica".
La paradoja es que he observado en muchas ocasiones que en gran mayoría se ha solicitado el indulto y el presidente con buen criterio no lo ha concedido, pero si a sacado el pañuelo azul, pero en otras ocasiones que el presidente no ha concedido la vuelta al ruedo del toro, ese público vociferante pidiendo el indulto y el presidente no concediéndolo, ese mismo público ni siquiera ha solicitado la vuelta al ruedo del toro que para ellos era merecedor por su nobleza y su forma repetida de embestir el premio del indulto.

Terminaré mi comentario con la ironía que requiere tu artículo, y es que después de lo que cuesta una entrada, la merienda, el vino, el puro ¿se puede fumar en las plazas de toros? si no se puede eso que te ahorras, pues si después de estos gastos no se cortan oídos, mal asunto.

Cordiales saludos

Víctor Sánchez

Enrique Martín dijo...

Ajofrín:
No te haces una idea de lo de acuerdo que estoy con tu comentario. Tengo la sensación que otros muchos como yo, damos vueltas y más vueltas a lo mismo, pero al mismo tiempo creo que no nos repetimos lo suficiente y que nos quedan muchas repeticiones y mucho camino por andar, porque esto no solo no cambia, si no que va a peor cada día. Muchas gracias por tu comentario y reitero mi total acuerdo contigo.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Víctor:
Muchas gracias por tu comentario, que me anima mucho, para que voy a decir lo contrario, aunque seguro que hay más gente a la que se puede leer. Es más, muchos tengo el orgullo de recibirles por aquí muy a menudo.
Sobre tu comentario del indulto tienes toda la razón del mundo. Es uno de esos absurdos en que la gente enloquece y de repente se le pasa la locura transitoria y ni piden la vuelta al ruedo. Quizás puede que muchos consideren el indulto como un premio más para el torero, como si él fuera el que logra el indulto, que debería ser concedido independientemente del torero, aunque está claro que su labor facilita que se vea mejor al toro.
Un saludo

I. J. del Pino dijo...

Don Enrique, y por qué no hacemos como en los free style?(que por cierto usan las plazas de toros para sus eventos). Que nos den unos cartones a todos con números del uno al diez y que luego salga una chavala con un cartelón grande en el que figure la nota media.
Así los de la tortilla van a tener que comer sin manos...
Saludos.

Enrique Martín dijo...

I.J. del Pino:
Me juego mis tierras a que si se hiciera esto, en dos días nos aparecían con un artilugio acoplado a la gorra para poder votar sin manos. Lo que sea, menos soltar la merienda. Y que conste que no estoy en contra de la merienda, bendita sea, pero que no se vaya solo a eso.
Un saludo

David Campos dijo...

Enrique:

Así las cosas, creo que debemos volver al principio de la tauromaquia y, en vez de dar orejas, que les den el toro entero para convidar a sus amistades.

Por otro lado sería un único premio, donde la polémica de que si una o dos orejas o dos y el rabo, no tendría cabida. ¿Y el negocio que podrían hacer determinados toreros (tiesos perdidos) con las carnes, ahora que las cosas están como están?

Enrique Martín dijo...

David:
Seguro que alguno se apunta a lo del toro entero. Lo que no es ninguna tontería es lo de volver a los orígenes, porque aunque cualquier tiempo pasado no fue mejor, sí que ayudaría para deshacer los líos que hay montados.
Un saludo

Juan Medina dijo...

Enrique:

Cuando empecé con el "escalafón", iluso de mí, me decía que se podían contabilizar las orejas de manera más justa. Y me puse a hacer cuentas según la categoría de la plaza donde se cortaran. Ahora tendría en cuenta la plaza concreta, la ganadería... tantas cosas que no sé si sería capaz de empezar un lío así.

Seguiré porque me entretiene y, sobre todo, por los amigos que gracias a las joías orejas he hecho. Para algo sirven.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Juan:
Me acuerdo de los primeros mensajes que nos cruzamos sobre esto de las orejas y cuando te adjudiqué el apodo aquel. Quizás ahora lo mejor sea lo que tú dices, seguir el camino con firmeza y convicción y no dejarse influir por lo que se oye alrededor de uno. Puede que lo mejor sea eso, agarrarse a las riendas de nuestro blog y mantener la misma línea, sin escuchar los atrayentes cantos de sirena, que lo único que pretenden es que naufraguemos. Así que a apretar los dientes.
Un abrazo

Paco Montesinos dijo...

Enrique como diria el maestro Curro: 'despojos', pues para mí cada vez más son eso las orejas despojos, con tan poco valor como el que han conseguido la facilidad en obtenerlas. Pocos presidentes quedan que aguanten el tirón, poco a poco los eliminarán porque son los aguafiestas de la Fiesta.
Un saludo.

Enrique Martín dijo...

Paco:
Igual que Paula, que decía que estaban llenas de chinches y pulgas. Lo grande ya lo había hecho con las telas.
Un saludo