lunes, 24 de noviembre de 2014

Torear con el corazón


Si no se cita ya con el corazón, difícil se pone eso de torear con él.

Una de esas machaconas reivindicaciones de las figuras de la Fiesta y de los aspirantes a ello es el insistir que en que esto es un arte, algo que nadie duda, pero haciéndonos la trampa de querer convertir en artista a todo aquel que se viste de luces y que pega cuatro mantazos delante de un animal, unas veces con aspecto de toro y otras, la mayoría, con apariencia de moribundo a compadecer. Ellos, los artistas, y sus fieles se ofuscan, se mesan los cabellos y no entienden que haya quién no solo no se estremezca cuando ponen en práctica todo su repertorio pegapasístico; llegan a un grado de estupor próximo a la pataleta más infantil que podamos imaginar. ¿Cómo es posible? ¿Qué sensibilidad es esa? Algo parecido a lo que me contaban hace años que hacía algún aficionado cuando no tenía más remedio que soportar a ese señor de Córdoba que se disfrazaba de torero para hacer payasadas delante de un perritoro; el señor cogía el periódico cuando iba a aparecer el perritoro y se ponía a leerlo hasta que este era arrastrado por las mulillas, diciendo “ya se acabaron los anuncios”. No hay que ser muy espabilado para imaginar cómo se ponían los fans de aquel fenómeno social, que no taurino.

Para torear con el corazón tiene que haber toro y para torearlo es imprescindible hacerlo con el corazón. El respeto que impone el toro, la fiereza, la casta y la bravura, solo se vencen con el corazón por delante, sin pensar en otra cosa que imponerse a esta fuerza de la naturaleza, a este vendaval que lleva la muerte prendida de los pitones y a la que hay que esquivar con torería y valor, como decía la canción. No es fácil esta forma de torear, perdón, no es fácil torear, pues exige el ofrecerse al toro dándole opción a que te coja, evitándolo dominando las embestidas con el capote o la muleta. Ese es el toreo, ponerse en el sitio en el que el toro pueda coger, pero no permitiendo que te coja. ¿Que cómo se aguanta esa tensión? Muy fácil, toreando con el corazón. ¿Hay otra forma de hacer el toreo? Yo creo que no, lo que no quiere decir que haya quiénes nos quieran engañar y convencer de que hay otras formas de torear.

Los hay que torean con la mano en la cartera, multiplicando los pases por docenas, como si a cada trapazo saltara su taxímetro taurino, acumulando euro a euro un buen montón de perras. Poco importa en estos casos eso de ponerse en el sitio del compromiso, lo que cuenta es la cantidad de pases, aunque rebosen vulgaridad y que las masas se enardezcan ante tal danza macabra. También están los que se suponen que torean con las posaderas, esperando que al final de la tarde alguien las deje descansar sobre los hombros de los estivadores de toreros y les saquen a cuestas, que no a hombros, de la plaza. Luego las estadísticas contabilizarán aquel esperpento como un triunfo. Este modelo va muy ligado al anterior, si acaso en este, además del beneficio económico, habría que añadir la fuerte dosis de vanidad que provoca el salir del coso a borriquito. Seguro que habrá más modalidades de lo que no es torear con el corazón, cada una con las variaciones específicas del torero, la plaza y la afición, pero ya sean dos o dos mil, siempre hay un factor común a toda esta trampa, la ausencia absoluta del toro.  Estas pantomimas solo se pueden representar con animales bobones que vayan y vengan, de esos que llaman bonitos, que más parecen para adornar en el coche junto al muñeco bailongo de Elvis, que para salir a una plaza de toros. Animalillos bondadosos en extremo que espantan la emoción de la Fiesta. Pero ojo, que si uno se distrae en exceso, igual hasta puede coger y todo, porque nadie está libre de sufrir un accidente.


El toro no permite esas cosas, no da margen a los errores, basta cometer un fallo para que te levante los pies del suelo. Nadie quiere ver a un torero ir camino de la enfermería, faltaría más, pero ese peligro es el que hace que los toreros sean unos seres diferentes, unas criaturas que están por encima de los demás, precisamente porque citan a la muerte, la encarrilan, la sortean a cada pase con un leve giro de la muñeca y la dejan dispuesta para el siguiente embroque. Cada vez les aprieta más y más, hasta que no hay otra forma de quitársela de encima que con el remate o el pase de pecho. Y cuando ya ha alcanzado la cima de la gloria, la constatación del dominio del hombre, del arte sobre la fuerza bruta, no queda más que irse detrás de la espada, empujándola con el corazón por el hoyo de las agujas y es que hasta para matar hay que hacerlo con el corazón, el momento supremo de eso que se llama “Torear con el corazón”.

3 comentarios:

MARIN dijo...

Supuestamente, los mejores, esos que mas torean, los que mas caché tienen, los que mas venden, son los que deberían ser vistos como personas distintas a las demás, lo que viene siendo un torero. ¿A cuantas de esas figuras los ve la gente así? ¿Cuantas veces (mas de las que debiese) se escuchan en los tendidos la famosa frase de "a ese también lo toreo yo"?. Y sin embargo, los que menos torean, los que menos cobran y a los que menos bombo se les da son los que mas emociones transmiten (Urdiales y compañia). ¿La diferencia y lo que pone cordura?...El TORO.

Uno de los que mas me llamó la atención este año en Madrid ha sido un torero muy muy humilde, José Carlos Venegas. ¿Que esta verde? si, normal, torea poco. Que tiene muchísimo que mejorar? si, normal, torea poco. Pero supo dar toda la verdad que puede dar un torero. Entrega, voluntad y sobre todo, querer hacer las cosas ante una señora corrida de toros. Prefiero mil Venegas antes que a muchas figuras.

Un abrazo Enrique.

Anónimo dijo...

Amigo Enrique extraordinario post...las verdades del barquero... el abc de la tauromaquia ... un abrazo
Pgmacias

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:

Enhorabuena una vez más. Ya quedan muy pocos toreros que toreen con el corazón, que sean aficionados de verdad, que vean esto como algo más que un negocio. Les da igual que la gente se vaya de las plazas, que se pierdan encastes, que la afición cada día este más harta... Teniendo el bolsillo lleno como si desaparece la tauromaquia mañana. Solo buscan el máximo rendimiento económico: toro pequeño y fácil= a menos esfuerzo y menos percances= a más corridas al año= a más dinero. Esa es su fórmula.

Y luego veo a mi hermano, al que ahora le ha dado por torear y me da una pena enorme la fiesta. Él no quiere ser torero ni mucho menos, ni se le pasa por la cabeza, solo torea por afición en algunos tentaderos. Y ves al chiquillo que entrena en sus ratos libres y ve videos de toreros antiguos para mejorar, que dice que le da igual que le enganche la muleta pero que la pata "palante" siempre, que cuando la becerra es más grande se crece y se siente más torero, que quiere torear en distintas ganaderías para probar distintos encastes y distintas embestidas... Y luego ves a los toreros de verdad y da mucho que pensar. Sinceramente disfruto más con su afición y sus ganas de torear a unas becerras simplemente por afición que a estos sinvergüenzas.

Un abrazo amigo Enrique y si tienes tiempo pásate por mi facebook que tiene puesto algunos videos. No quiere ser torero, ni se le pasa por la cabeza, solo ha toreado varias veces, pero se siente más torero que más de la mitad del escalafón.