viernes, 22 de mayo de 2015

Toros para los toreros, mochuelos para el aficionado

No me imagino yo a un mochuelo buscando la muleta por abajo mientras el torero le hace retorcerse, que no me lo imagino


Les ruego que nunca más se quejen de ganaderías como Núñez del Cuvillo y otras del mismo corte, de aquí en adelante. A ver si ya de una vez n os aclaramos y aprendemos a diferenciar del toro para el torero, ese que les permite componer a placer y pegarle dos mil cuatrocientos setenta y siete pases initerrumpidamente, empalmando las embestidas y los susodichos pases; y ojo, que no es lo mismo empalmar que ligar. Pero así son estos toros, este animal, el toro para el torero. Y quizá respetando este aspecto, lo lógico y normal sería que el torero se lo llevara a su casa, ¿no? Que le pusiera una casetita en el jardín, un platillo con maíz, pero del bueno, no ese que tanto preocupa a otros señores ganaderos, con un cacharrito para el agua y un gimnasio en casa para que pudiera hacer sus ejercicios matinales. Una cinta en lugar del corredero, unas púas para que se rascara, una estufita para los días de frío, una sombrillita con los colores de la divisa para el sol y una videoteca con las hazañas e indultos de la familia. Procurar no poner nada parecido a un caballo de picar, ni un picador, ni nada que se le parezca, no sabrías para que sirven. ¿Y el aficionado? me dirán ustedes. Pues al aficionado... mochuelos que roten la cabeza para todas partes, a ver si por una de estas ven un toro de verdad que no admita que se le lleven al Port Aventura, Eurodisney o el Zoo Aquarium de Madrid. ¡Qué nooo! Que los mochuelos son estos toros para toreros, para taurinos, para claveleros, para transeúntes eventuales y accidentales de las plazas de toros y todos entes que se contentan con pedir orejas y ver pases y pases más apelotonados que una clase de parvulario en una piscina de bolas.
Hay qué ver las vueltas que da uno para hablar del infame que encierro que, un año más, ha mandado el señor Núñez del Cuvillo a Madrid. Para acabar prontito, diremos que no se ha podido picar a ninguno, si acaso puyazos levemente señalados, en colaboración con los picadores que muy gentilmente se inhiben de su tarea, que asoman como asoma el pajarillo de un reloj de cuco y que no tardan dos segundos en hacer el Moisés, esa suerte tan torea de levantar el palo y apoyarlo en el suelo a modo de cayado. El primero un inválido para ser retirado por la Cruz Roja en camilla al que no se le podía ni amagar con bajarle la mano. El segundo, suelto por no encontrar un capote que se hiciera con él, cabeceaba queriendo quitarse el palo que levemente se apoyaba sobre su morrillo; seguía la muleta, quedándose corto por el pitón izquierdo. El tercero a su aire, pues los mantazos tampoco le hacían quedar fijo en los capotes. Corneó el peto mientras le tapaban la salida, siguió su tournée por Las ventas, otra vara casi ni señalada, doliéndose en banderillas, admitiendo muletazos a tutiplén, con la única exigencia de ir y venir. El cuarto solo peleaba con el pitón izquierdo, un picotazo más y se marcha. Dolorido con los palos, para como sus hermanos, acabar siguiendo las telas, yendo por el pitón izquierdo con la cara a media altura y simplemente pasando, que no embistiendo. De quinto salió un sobrero de El Torero, en sustitución de otro tullido del hierro titular. El canijo sobrero se dejó sin más en el caballo, de lado y en el otro encuentro aguantando que le hicieran la carioca. Luego iba y venía como un caniche juguetón por el Parque del Oeste, le tiraban la pelota y no se cansaba de ir a por ella las veces que se lo pidiera su matador. El que no era Cuvillo parecía el más Cuvillito de todos. ¡Qué cosas! No hacía falta citarle, se citaba solo, para que iba a molestar, ¿no era un toro para el torero? Pues entonces. Que majo salio el de El Torero, que algunos agradecidos pedían la vuelta al ruedo, lo que demuestra la floja memoria de la Plaza de Madrid en la actualidad, que se le olvida lo ocurrido hace menos de diez minutos. El sexto, con esa estampa de borreguito anovillado, se pegó su cabezadita apoyado contra el peto del caballo. Escasísimo de fuerzas, creo que le señalaron la segunda vara, aunque eso es algo que deberían confirmar los veterinarios forenses, una vez hecho el estudio microscópico que aclarara si la puya llegó a contactar con la piel del de don Núñez del Cuvillo. Ya en la muleta tampoco se le permitieron muchas alegrías, pues ya era tarde y había que abreviar, no fuera a ser que se nos pasara el segundo turno de las cenas. Qué mirado es Talavante, dos trapazos y ¡pum!, para casa, que llueve.

Diego Urdiales, que andaba en este cartel como un polizón vestido de flamenco en el Transiberiano, se estrelló contra su primer inválido, con el que solo había dos caminos, o tirarle al suelo para que el señor presidente viera con claridad la evidencia que enfadaba a toda la plaza, o darle unas friegas de romero para que aguantara de pie al menos hasta que los fotógrafos pudieran dejar testimonio del paso del moribundo por Madrid. Con el siguiente Cuvillo, con muy poca presencia, y tras haber comprobado como ponía en apuros a uno de sus banderilleros sin que monsieur Castelá chistara, le empezó la faena por abajo, de forma muy torera, llevándolo por ambos pitones. Una tanda por la derecha muy relajado, tirando del animalito, con mucha naturalidad, otra más y un buen trincherazo. Tuvo el tino de dejar que se refrescara el toro, para volver por el mismo sitio. Pero el toro ya había dado casi todo lo que tenía. Otra vez con la derecha, siempre con buena colocación, pero a lo sumo le aguantaba el primer muletazo, para vencerse mucho por ese lado en el segundo. Igual resulta que este ganado moderno se encuentra con un torero que quiere hacerle las cosas y se cortocircuita a la voz de ya. A ver si va a resultar que esas faenas de venga pases y más pases, no llegan ni a molestar a estos engendros táuricos. Optó por cambiar de mano, pero si por el derecho era al segundo pase, aquí el bicho no podía hacer otra cosa que entrar como un burro con albardas. Naturales de frente, uno especialmente notable, una trincherilla rebosante de gusto y quizá pudo sobrar otra tanda a muy corta distancia por el derecho, ya arrancando pases al mochuelo, derechazos de calidad, pero ya de uno en uno. Lo cerró toreramente levándolo por ambos pitones, para acabar tirándose al morrillo para dejar una estocada entera. Quizá después se aceleraron el matador u la cuadrilla en su intento por hacer doblar al toro dándole aire. Igual si le hubieran dejado el campo despejado, de lo puro manso que era, se habría echado solo. Y un dato, le brindó el toro al maestro Curro Romero, que ya saben aquello de Dios los cría... Qué bien hubiera estado un mano a mano con los dos, ¿verdad?

Lo de monsieur Castelá es algo así como lo que dicen los americanos, de las grandes ligas, la de los hombres extraordinarios, las de las grandes figuras, los colosos calzando medias rosas. Y no hay más que ver al galo con el capote, que se lía a pegar capotazos y no es capaz de quitarse al mochuelo de encima, pero al momento vuelve a seguir con los mantazos, sin poder adivinar muy bien el motivo de liarse. Que podría ser para poner el toro al caballo, pero tampoco, porque suele practicar con mucha soltura eso del “ahí te quedas”, la forma de ponerlo en suerte en esas ligas mundiales. En el primero empezó a una mano por arriba y continuó... bueno, continuó, dejémoslo ahí. Abuso del pico, el toro pasando allí a lo lejos y siempre echando la mano arriba, algo que me gustaría verle hacerlo con toros con una chispitina de casta, a ver los resultados. Lo mismo por uno que por otro pitón, dejando que le tocara mucho la muleta mientras se limitaba a acompañar el viaje. No sé detenerme en el bajonazo a este segundo o explayarme en el bajonazo infame al quinto. El quinto sobrero, al que manteo sin sujetarse los pies un segundo. Lo de la lidia es pedir un imposible a estos fenómenos, no entra en sus esquemas. Se echaba de menos eso de los trapazos por delante y por detrás, pero tranquilos, monsieur Castelá nunca defrauda. Empezó citando dando distancia en las primeras tandas, para llevarlo con la muleta atravesada y echándoselo para afuera. Aprovechaba las embestidas para ir empalmando muletazos, que no confundamos esto con ligar. Más pico, más exagerado, con la mano izquierda y el animalito seguí yendo y viniendo sin descanso. Vaciando las embestidas, que no mandando en ellas y echándose el toro por delante de la cadera. Perdonen que no les facilite el dato de si supero el millar de trapazos o no, me perdí en la cuenta, pero de lo que sí me acuerdo es de que le sonó un aviso sin aún haber cogido la espada. A este no se le ponía estupendo el toro, con esa forma de pasar no había problemas. Igual si le hubiera toreado, si le hubiera mandado, lo mismo la historia era otra. Puede que hasta mejor, pero seguro que no habría sido tan larga. Aunque quizá lo mejor hubiera sido que no tomara la espada y que siguiera con los trapazos, se habría evitado ese bajonazo descarado e infame que avergonzaría a un torero, pero no a monsieur Castelá. Pero como el toro calló y cayó, la locura colectiva hizo que paseara un despojo por el ruedo. Que así está esto y no le demos más vueltas a la cabeza.


Si tenemos que hablar de Alejandro Talavante, casi nos tenemos que ceñir exclusivamente a la muleta, pues con el capote y llevando la lidia no se le vio, si acaso ese intento de verónica a pies juntos con las que recibe a algunos toros. Estatuarios en su primero, muleta al bies, trapaceando, con enganchones y echándole fuera. No tardó el animal en querer ir a refugiarse en tablas y ahí se acabó todo. Al segundo le empezó toreando por abajo, con suavidad, pero ya en pie, con la derecha, abusando del pico, tras una colada por ese lado, decidió aliviarse y acabar por la vía rápida, ¿para qué complicarse Talavante? Otro bochorno de tarde que habrá que agradecer a la ganadería de Núñez del Cuvillo, protagonista de escándalos uno año tras otro desde hace ya un tiempo, aunque uno falló, pero no se preocupen, que volverán de la mano de uno de estos de las grandes ligas, porque estos son “toros para los toreros, mochuelos para el aficionado”.

10 comentarios:

eltentadero.es dijo...

Buenos días Enrique,

Esperaba con ganas leerte en el día de hoy para conocer tu opinión sobre Lenguadito. Y esperaba con ganas por aquello que comente que no suelo coincidir contigo.

Esa forma de embestir del sobrero del Torero fue superior. Cierto es, que Castella lo desaprovecho, no estuvo a la altura y de la espada mejor no decir nada. Y si no matas no hay oreja. Pero esa forma de embestir, aún esta mañana me sigue emocionando. Para mi,independientemente que en el caballo solo fuera un trámite, eso es BRAVURA, embestir con esa codicia, esa clase y querer siempre más..
Esto es lo que no entiendo que no se valore en los toros si no saca genio.
Un saludo Enrique y hasta esta tarde que los del Pilar tiene que embestir.

MARIN dijo...

No sé que decirte Enrique. Llego tarde del curro, me encuentro la corrida a medias, el café hirviendo, Urdiales descolocado en el cartel, uno que se descoordina y echan un sobrero...Que no es que el del Torero fuese de vuelta al ruedo ni mucho menos, ni la panacea del toro bravo, pero vaya toro para el torero Enrique. Era igual que mi compadre Damian cuando entrenabamos con el carretón pero sin rueda y sin mi compadre Damian. Vaya manera de meter la cara de bien, de embestir despacito, sin molestar, sin mirar al torero para nada...en fin, que si me prometen treinta como este, amenazo con volver y hacer temporada.

Un abrazo!!!!

franmmartin dijo...

Tego la ¿nefasta? manía de ver los toros cómodamente tendido en la cama,que es el mejor tendido que conozco, tras una frugal comida, habitualmente preparada por uno mismo y un café con un chorreoncito de Machaco Seco para quitarle el venenillo.(No confundir con afeitado alguno).
Y eso es más peligroso que un tiroteo en un ascensor.Porque , una vez que acaba el entretenimiento de ver en TV a los plumillas importunar a los toreros con preguntas trascendentales antes del paseíllo y cimentar , más si cabe , nuestra devoción taurina con las atribuladas respuestas de estos.Una vez finalizado el paseíllo,cambiada la “seda por el percal” (qué linda frase hoy en desuso) y presente el primer morlaco en la arena,los ojos empiezan a hacerse arenosos,las pestañas a pesar más que un caballo de picar y una nube gloriosa empieza a nublar el conocimiento,lo que lleva a que te despiertes en el quinto toro y tengas la enorme satisfacción de ver al Sr. Castelá en su mejor versión.Los habemos con suerte.
Por eso recurro a tu artículo,amigo,para ver que es lo que pasó en el resto del especcccctáculo,en el que tampoco ví al torero-cantaor en el sexto, porque no me gusta el “dos por uno” y prefiero a un torero para torear , un cantaor para cantar y un toro para quitar el resuello.No me va el MIX.
Gracias por la amplia presentación de lo que fueron los animalejos en el caballo, tan lejana a las crónicas de toda esta banda de hagiógrafos de los “medios” (cuarto y mitad más bien) ,desde los que empiezan por la A hasta los de la Z, que solo hablan de “justa presentación” y “debilidad en el caballo”. (Recuerdo la protesta de los del castoreño en Sevilla , cuando el chicarrón del Norte que estaba de ministro de interior , decidió igualar un poco las fuerzas entre el mastodonte de picar y el toro.Cosa que , posiblemente , en la actualidad , maquillara un poco la “desgracia” de varas); pero que luego largan toda su trompetería con el carrousel de naturales , derechazos y de estar “por encima” del animalito (alma mía), de los técnicos en dar pases, antes llamados toreros.
No debemos olvidar que,según dicen, hoy se torea con mucha más técnica y mejor que nunca.El toreo no se iba a quedar atrás en progreso y técnica en los tiempos del Esmarfone y del Guasá.
Claro que lo bueno, sería ver los resultados de esa depurada técnica moderna, con un toro que mereciera el nombre de tal.A ver si todo salía tan limpio y aseadito , como proclaman los neo aficionados y ¿críticos? con la faena de muleta actual. Porque de toreo de capa,perdone Vd por Dios.
Los retratos que he visto de Urdiales son más que sospechosos,no obstante con solo los retratos le aplicamos el beneficio de la duda.
Lo del mesié en el quinto toro, más propio del “Cirque du Soleil”, donde tendría fácil acomodo por aquello del paisanaje.El torete, menos bravo que el perrillo con que entrenaba Rincón de chiquillo.
Sería una buena idea haberlo indultado y llevado a todas las Plazas donde actuara el mesié.Que esto no es tan raro como parece.Contaba Antonio Ordóñez , que hablando con el pianista Rubinstein, este se mostraba sorprendidísimo de que no le llevaran al toro de una Plaza a otra como a él su piano.
Pero que no cunda el pánico ,que ahora vienen los comandantes y mandarán parar.
Y salgo huyendo que mi nieto actúa hoy en el cole de rockero.
Prometo,amigo, no tomar café la próxima vez que haga un comentario,para que me venza el sueño antes y no tengas que echarme por competencia (en extensión) indebida.

Anónimo dijo...

Me pareció una vergüenza lo acontecido en la tarde de los Cuvillos. Animales inválidos o aquejados de quién sabe qué enfermedad, natural o provocada, porque uno ya no sabe ni qué pensar. Sospechas, todas las del mundo. Certezas… sólo me las daría un análisis de vísceras post mortem pero eso es demasiado soñar.

Los toros no tienen culpa de nada, son animales. Serán mejores, peores; tendrán mejor o peor condición y más o menos fuerzas. Quiénes de verdad tienen la culpa son la empresa que los compra, el ganadero que los manda, los que eligen el ganado y van a la finca a mangonear y los propios matadores que, a sabiendas que eran toros a los cuáles no se les puede hilvanar faena alguna, los mantuvieron en pie.

A menudo el colectivo taurino pide respeto para el que se juega la vida. Lo entiendo, lo respeto y lo comparto. Pero ¿acaso no merecemos respeto los que pagamos una entrada con nuestro dinero? ¿Alguien se pone de nuestro lado? Pues bien, ayer hubo tres pseudofiguras que ayudaron a mantener en pie a los inválidos del cuvillo (con minúscula). ¿Para qué nos vamos a desgañitar los aficionados protestando un toro cuando los Urdiales, Castella y Talavante de turno son cómplices del esperpento perpetrado ayer contra la afición?

Para mí, “estos tres” no merecen respeto. Ya está bien de tomarnos el pelo.

Estos días veía un reportaje del maestro Camino hablando del toro actual, diciendo que le falta picante. Si además de la falta de picante le unimos la falta de fuerzas, ¿qué nos queda? Enrique, cada vez entiendo más a los antitaurinos porque, viendo cosas como lo que sucedió en la cuvillada, los toros cada vez me dan más pena.

Por último, me permito recomendar a los lectores la lectura de un artículo escrito por Antonio Lorca en la página de toros de El País, que se titula: “ Un minuto de silencio por la afición de Madrid”.

Un abrazo
J.Carlos

Isa Molina dijo...

Hola Enrique!

Acabo de leer todas las crónicas que llevas de San Isidro, y quiero darte la enhorabuena, da gusto coincidir contigo, y saber que ha pasado las tardes que no he podido ver la corrida.

La corrida de Núñez del Cuvillo fue un petardo.
El sobrero de El Torero fue excelente para la muleta, pero los que pidieron la vuelta al ruedo se olvidan de la suerte de varas, y eso no puede ser.
Yo creo que Sebastián Castella estuvo a la altura en Castella, no se si me explico...
Urdiales tuvo un primero inválido y en su segundo dejó muchos detalles de torería, pero no fue una faena rotunda.
Alejandro Talavante a mí no me dijo mucho la verdad, un natural y poco más, en el último abrevió.

Saludos!

Enrique Martín dijo...

El Tentadero:
Siempre agradezco las vistas y los comentarios, pero cuando existe esa diferencia de opiniones es para hacer que lo valore de una forma especial. Muchas gracias.
En cuanto a ese toro del que hablas y esa bravura, tengo ciertas dudas, la principal por eso de que hablas que no se le vio en el caballo y lo que se vio no favorece al toro, su comportamiento no pasó de ramplón. Es que en estos casos se me vienen a la cabeza muchas cuestiones y la primera es: ¿Qué habría pasado si se le hubiera picado? Lo mismo no habría quedado toro para nada, lo cual quiere decir que hay mucho que mejorar. Aún así, el torero desaprovechó las embestidas dóciles y noblonas del animal. Pero es que este chico suelta su rollo y no se preocupa de que el toro le embista o no, le basta con que no le moleste.
Un abrazo y de nuevo muchas gracias

Enrique Martín dijo...

Marín:
Tal cual lo cuentas. Era lo que se decía antes, una babosa, que ni amenazaba con quitar los ojos de la muleta, pero el francés a lo suyo, que si no es torear, a él le da igual. Y la guinda, un bajonazo. Que lo que cuentan son las orejas, ¿verdad? Si te decides a volver, avisa, que engancho la caravana al coche y voy detrás de ti por todas las plazas que haga falta.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Franmartín:
De aquí en adelante tendré cuidado de montar jaleo, no vayas a despertar. Siento que lo hicieras en el quinto y que no llegaras hasta el final. Pero seguro que esto se arreglará pronto, ya se ocuparán de ello los grandiosos figurones, ¿no? Qué cosas. Y estoy seguro que tú en más de una ocasión has visto un toro sin poder ni respirar y cerrando los puños de emoción, pero... eso ya es otra historia y está claro que nada tiene que ver con esta "historieta".
Muchas gracias por fiarte y un abrazo muy fuerte.

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
No sé si sería necesario un análisis de vísceras, igual es más sencillo y habría que buscar en la pérdida de casta, la cría y la excesiva manipulación, ese caminar hacia un animal standarizado más parecido al animal para filetear que al toro de lidia.
Respecto a Urdiales, no creo que haya que cargar las tintas contra él, es la primera vez que asoma en estos carteles, no creo que tenga fuerza para exigir nada, es más, no tiene fuerza ni para poder echar un capote al suelo para que le cambien un inválido. Y con 13 corridas toreadas el año pasado con el ganado con el que habitualmente se encuentra, igual no tiene demasiada capacidad de decisión, ni tan siquiera de opinión. Quizá los compañeros de cartel y otros cuantos, descansarían si desapareciera del panorama. Quizá sea la única forma de descubrir el pastel de muchos, poniéndose en sus mismas circunstancias. Eso sí, siempre que no tome el camino Fandiño, el de correr para abandonar el toro y apuntarse solo a los mochuelos. Pero eso es pura conjetura y habrá que esperar, eso sí, que no dude nadie, que estaremos esperando.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Isa:
Muchas gracias y gracias por la visita, ya sabes lo que se aprecia el verte por aquí. Te entiendo perfectamente en lo de Castella, él a lo suyo y no le pidas más. Otra cosa es que nos llene ese estar a su nivel, claro. Talavante, pues quería cambiar, parecía que estaba en ello y ahora mismo no sé si se está reacomodando de nuevo o qué. Urdiales hizo lo más torero de la tarde y de lo que llevamos de temporada, que no quiere decir que fuera algo para recordar por los siglos de los siglos. Lo que en otra época era estar aseado, en torero y con ganas de volverlo a ver, ahora se convierte en lo mejor de lo que llevamos, lo que indica el nivel ínfimo en el que nos movemos. Hizo casi todo bien, pero le faltó el toro y sin este, por mucho que te pongas, no hay gloria posible.
Un abrazo