lunes, 27 de abril de 2026

Encuentros con el toro

Almargen de otras circunstancias, la Casta Navarra parece que puede seguir 
 recuperándose
 


Ya ha pasado, esa fecha tan esperada que desde el momento de su anuncio ya movilizó las cabezas de tantos aficionados que se preguntaban unos a otros si irían a San Agustín... y fueron, no se lo podían perder; y los que se lo perdieron, no sin dolor de corazón. Que incluso sabiendo después si las cosas habían ido bien, no sentían envidia, sino satisfacción por el triunfo del toro. Que las cosas han salido como el toro lo haya querido, que ya saben eso de que el hombre propone, el Club 3 Puyazos, Dios dispone y llega el toro y todo lo descompone. Empezaba el fin de semana con una novillada de Guardiola e Isaías y Tulio Vázquez, que decepcionó. Bien presentada, pero su condición nadie la podía saber; mansos y no sobrados de fuerzas. Los actuantes, Joao D'Alva y Jesús de la Calzada, voluntariosos y queriendo cumplir un guión que creían que tenían que cumplir. Intentaban poner los toros al caballo, dando distancia y a esperar a que los animales se decidieran a ir. Unos iban al paso, otros se arrancaban en un encuentro con alegría, pero al notar el palo. Y ese empeño en las lejanías, a contraquerencia y a esperar, esperar y esperar a que el de negro se decidiera. Que eso es mostrar el toro dicen. Sí y no, porque si no va y está mirando de reojo las tablas, si se fija en el caballo cuando está a favor de su querencia, la de manso, igual habría que pensar en darles los terrenos que pide. O eso pienso yo. Pero este ha sido un factor común en los tres festejos.

Por la tarde una corrida pensada por alguien que sabía lo que se hacía y que quería que se vieran los comportamientos a priori opuestos de dos sangres diferentes, los Veragua de Prieto de la Cal y los navarricos de Reta de Casta Navarra. Unos torazos bien presentados, bajando un pelín el sexto de Reta. Para Sánchez Vara, Joselillo y Francisco Montero. Los de Prieto de la Cal mansearon en el caballo, o si quieren, no se comportaron como un toro bravo, les ponían de lejos, tardeaban un mundo y solo parecía opción el esperar, esperar y esperar, a ver si, para unas veces ir andando o con un ligero trotecillo, quedándose en el peto o tirando derrotes cuando ya no sentían el palo. Solo el quinto fue una cuarta vez, por indicación del ganadero, que era como si en un partido de la selección española estuvieran en la banda los entrenadores de todos los equipos de cada jugador. Que igual él lo ve como un alarde de celo, pero... Los de Reta empezaron dejando mal a su criador, o bien, porque esto ya no fue aquel no querer los caballos ni en pintura. El trabajo parece que va dando sus frutos y los animales no escaparon de los caballos, incluso alguno peleó en el peto. El primero, escarbando y todo, pegaba un arreón y hasta tuvo que salir el jinete a los medios a por él; eso sí, al notar la puya pegó un respingo doliéndose. El cuarto empezó derribando y como fue la tónica habitual, tardeó en acudir al peto. Y el que cerraba plaza se hartó a tirar derrotes a la guata, le pusieron de lejos, aunque mal colocado, solo para dejarse, pero el caballero, Gabin Rehabi, se hizo con él, esta vez sin alardes innecesarios, con cabeza y viendo las condiciones del animal y quizá hasta la mala colocación, moviendo el caballo para corregirla. Eso sí, la salida del ruedo fue muy a su estilo, pero si eso gusta y no afecta a la lidia, nada que decir. Los de a pie, pues Sánchez Vara, que parecía más querer estar ahí sin resultar cogido y si encima se le cruzaba por ambos pitones, para qué más. Joselillo con excesivas precauciones y pensando que los toros venían ya aprendidos de casa, dejando los engaños al aire y claro, si a uno de estos le dices a la primera donde está el trapo, después él querrá ir allí sin que nadie se lo mande y pasa lo que pasa. Francisco Montero no podía con su primero de Prieto, toreando más al aire que al toro, para acabar vulgarote, esperando las palmas de un sector del respetable más amante de la diversión que del toreo. En el de Reta, complicado, siempre buscando el refugio de las tablas, estuvo a merced del toro, pero aún así, pegado al olivo, tragó arreones, se empeñó en darle trapazos y más trapazos, pero quizá en su cabeza estaba que o eso o la nada. Y hubo una circunstancia bastante censurable. En el segundo se le rompió el palo al picador y este quiso seguir picando con la astilla. Vale que se tiene que defender, por supuesto, pero una cosa es eso y otra el destrozar a un toro. Quizá no le dio tiempo para voltear el palo, pero es que para esto también están las cuadrillas, que deben estar atentos a cualquier imprevisto y no quedarse mirando a ver si el de aúpa atraviesa al animal o recibe un soplo de decencia taurina.

Y la mañana del domingo, cayendo el sol a plomo, que así se nos pasó el punto de las coronillas despobladas, llegaba la que podía ser la más previsible, si cuando asoma el toro hay algo previsible, pero creo que ya me entienden; es lo que vemos con más frecuencia. Dolores Aguirre y José Escolar, para Damián Castaño, Juan de Castilla y Maxime Solera. Los tres primeros toros con presencia de plaza de tercera, destacando sobre el resto el cuarto y sexto, ambos de Escolar. El primero de Dolores, perdón por la familiaridad, metió los riñones bajo el peto. Entraba en zigzag, lo que dificultaba atinar con el palo. Hinco los pitones varias veces en la arena, con el quebranto que eso supone. Castaño empezó bien por abajo, para después diluirse en muletazos echándoselo fuera y el animal toreándose solo. Al de Escolar, que le recibieron haciéndole la carioca en el caballo mientras empujaba retorcido cuando era para fuera, bien cogido en la segunda vara sin pelear cuando era hacia adentro, y de nuevo solo cuando le tapaban la salida en la tercera vara después de pensarse el arrancarse, Castaño empezó el trasteo entre trallazos. Siguió con el pico y estirando demasiado el brazo, colada por el izquierdo, dejando mucho hueco el espada, muy fuera, cerrando de un infame bajonazo.

Juan de Castilla estuvo gris, algunos justificaban con que estaba herido, lo cual siempre es un hándicap, pero si no se está, quizá es que no se puede estar. El Escolar iba andandito al caballo, le pegaron cuchillada tras cuchillada y al final apenas se le pico. El espada con muchas precauciones y ventajas, pico descarado. A su segundo, el de Escolar, en la primera vara solo se dejó, pero el jinete debía haber pasado una mala noche, una bronca con el casero, unas lentejas sosas, que empezó a zurrarle como si no hubiera un mañana y siguió en los tres encuentros, tapándole la salida. Que no funcionaba eso del vale, vale, ni levantar la mano el espada. Pero el señalado era de Castilla, que es quién debería sacar al toro y mandar a su subalterno que midiera el castigo, que al fin y al cabo es el que le paga. Después el trasteo fue un cúmulo de protestas entre el abuso del pico y los enganchones con que nos deleitaba el espada.

Maxime Solera se encontró con su primero de Dolores Aguirre que empujaba sin meter la cara, fue al pasito al peto para marcharse, sin querer ir desde lejos, por mucho que se lo pensara. En el trasteo el animal iba, iba y volvía a ir, sin que el galo supiera por dónde echarle mano, pero eso sí, alargando la faena hasta la desesperación. Y cuando el toro parecía que iba mejor, decide cerrarlo en tablas y ahí se acabó. El sexto de Escolar ya parecía quedarse un tantito en el recibo y sin hacer caso a los intentos de Solera de sacar los brazos. Fue cuatro veces al caballo, pero sin emplearse nunca, andando, pensándoselo y sin parar de escarbar. Reservón en la muleta y el espada con precauciones. Se le revolvía, tiraba arreones, arrancadas sorprendiendo, quedándosele y siendo este el epílogo de una feria para los aficionados y por muchos años, aunque algunos le auguraban escaso futuro, pero bueno, quizá es que también los había que iban a ver a los toreros y los que iban a ver a los toros les parecían unos bichos raros deshumanizados. Pero esto solo sirve para que, después de hablar de toros, los recordemos y nos echemos unas risas. Estos son los que llevan el Gps que no les funciona a devolverlo a la frutería. Y un último detalle, el señor presidente de los festejos, a ver si para otra vez no se “jincha” a valerianas antes de los festejos y se le ve con un poquito más de diligencia en lo de sacar los pañuelos a tiempo.

Y ahora, yo que ustedes descansaría, iría a tomarme un vasito de agua, un café y después, ya relajados, volver, que queda la de Palha de Madrid. Un no parar. Y es que Madrid no para, de momento. Corrida de Palha, más un remiendo de Couto de Fornilhos, para Sánchez Vara, Francisco José Espada y Luis Gerpe. Presentación entre justita y rara, feos y el de Couto para montar un tendedero entre los pitones, un cornalón que daba susto. Y viniendo de San Agustín,lo que se nota el ruedo de Madrid, que aquí hay que parar y fijar a los toros, evitar que se peguen mil y un garbeo innecesario por el ruedo venteño. Que si siempre es importante lo de los terrenos, en Madrid toma unas dimensiones más que importantes, lo que hace que se pueda ver mejor las condiciones de toros y toreros. El primero de Sánchez Vara fue una capea, que si no te pongo, pero te abandono, mal colocado de lejos, a un toro que quería empujar con ambos pitones, pero al que le faltaban energías. El alcarreño puso banderillas o eso intentó. Mucho trapazo bien bailado, acelerado y solo dando aire al Palha, que seguía entrando a la muleta, hasta que ya harto entraba con la cara a media altura. Le tocó el cuarto, un jamelgo, que se fue suelto al que guardaba la puerta, empujando, para ya a contraquerencia en la segunda vara tirar derrotes al peto. Volvió Sánchez Vara a coger los palos, que si me protestan y los devuelvo, que no, que las pongo yo, y en que hora. Trapaceo vulgar, mano alta, sin asentarse, echándolo fuera y tras pinchar, media pescuecera. Y cuando el animal se marchaba a buscar el abrigo de las tablas, el personal le aplaudía. Cosas que pasan.

Francisco José Espada ya no podía de salida con su primero, dándose la vuelta y perdiéndole terreno. Se le escapó, este también, al de puerta y para que el toro no fallara, lo metió en el peto el propio peón que amparaba el caballo. En el segundo encuentro solo se durmió en la guata, para después irse a tablas. Telonazos a una mano, para seguir por trallazos con el pico, carreras, enganchones desde la lejanía, muleta retrasada y el animal que se quería ir ya aburrido. Al cornalón de Couto le recetó mantazos por alto en el recibo, se le marchó a los medios y allí que le dejó. Fue suelto al caballo, le cogió bien el jinete, la cara muy alta, mientras le tapaban la salida, para acabar yéndose suelto. Volvió suelto para la segunda vara, picotazo y en medio del desorden una tercera vara. Venga trapazos con la muleta, seguimos con los enganchones y sin poder con el animal, para acabar con ese encimismo que entusiasma en otros lares, pero que en Madrid tiene sus detractores... afortunadamente.

Al tercero, Luis Gerpe, le salió algo más parecido a un caprino, que a un bovino, recibo rectificando siempre. Sin picar, para en un tercer encuentro ir el caballo al toro y no al revés. Empezó la faena de muleta con más banderazos, quitándoselo de encima cuando se le venía, arreones por dentro, venciéndosele por el izquierdo, a merced del animal y sin saber por dónde tirar. El sexto se le revolvía, le atosigaba sin dejar pensar al torero. Fijo en el peto, solo dejándose, hasta que le quitaban el palo, esa bonita costumbre tan en boga para esos del “levanta el palo”, momento en que el Palha se lió a tirarle derrotes al peto. En el trasteo ya le avisó por el pitón izquierdo, sin llevarlo y así pasó, que acabó echándole mano. Que quizá habría que reflexionar sobre si hay que aplaudir siempre a todo o no, evitando así ciertas confianzas y venidas arriba sin tener demasiados recursos, que pueden acabar en la enfermería, un lugar al que no hay que ir ni a por tiritas. Lo avió, no sin dificultades, Sánchez Vara. Y así terminaba un fin de semana de toros, toros mejores o peores, pero toros al fin y al cabo, aunque los Palha no estuvieran a la altura de lo esperado. Se acabó 3 Puyazos por este año, pero seguro que bastará el anuncio de la fecha del 2027, para que tanta gente se ponga a querer cuadrar calendarios. Y Madrid, pues de momento ahí sigue, solo hasta que la empresa, el Centro de Asuntos Taurinos y la Comunidad quieran. Pero de momento, seguiremos pensando en estos encuentros con el toro.


PD.: Disculpen tantas letras juntas, y la demora, pero entiendan que cuatro festejos pueden dar para mucho.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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