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| Querer llegar al tendido con una estocada recibiendo, siempre es de valorar. |
Al salir de la plaza se oía de forma recurrente eso de que una corrida no puede durar tres horitas de reloj, algo que sobrepasa los límites de la paciencia, pero al mismo tiempo recordaban el encierro del Conde de Mayalde, que no ha sido la boyada que algunos pensábamos. Qué gusto equivocarse así. Y los reconozco, esperaba que los grandullones fueran más carne de carreta del Rocío, que toros de lidia. Pero no, tenían algo más. Dos devueltos a los corrales, de los que aguantaron, el que hizo segundo, flojeaba, pero con sus pocas fuerzas, aún quería pelear en el peto, ese en el que se desmoronó quedando debajo del caballo. Apenas se les picó, un debe que habría que remediar, y quitando el ya señalado, no más que se quedaban debajo del peto. Pero para la muleta la cosa fue diferente, aunque hay que pensar que en el no excesivo lucimiento del ganado también colaboraron los actuantes, David Galván, Román y Gonzalo Caballero. Que me dirán que este es el relato de todos los días y sí, pero no y paso a explicarme.
David Galván es un torero en el que parece confundirse la elegancia con el amaneramiento, muy lejos del toreo de verdad. Con el de Fermín Bohórquez, ya de salida le instrumentó verónicas siempre rectificando, sin aguantar a pie firme. Lo de seguir y llevar la lidia ya es una utopía, que parece que su amaneramiento, que no elegancia, no le permite fajarse con sus oponentes. Recibió de muleta a este primero con telonazos en los que llegó a citar de culo, pero sin descomponer la figura, claro que no. Es verdad que el viento molestaba, pero su labor no pasó del abuso del pico, enganchones y una sucesión desesperante de trapazos, siempre desde fuera. Le tocó también el segundo sobrero, también de Bohórquez que, como consecuencia de un trompazo recibido por el de la Isla en un quite, por el que tuvo que ir a la enfermería, salió en sexto lugar, cambiando el orden de lidia. Un toro parado, que no quería caballo, teniendo que ir este al toro y no el al revés, con la consiguiente ruptura de las rayas del tercio por las pezuñas del penco, lo que exacerbó los ánimos de muchos de los presentes que parece no gustarles que se maltrate la labor del operario que pinta las rayas ¡Qué falta de consideración! Poco daba de si el Bohórquez, que se llevó puestos unos cuantos trallazos enganchados entre los retorcimientos de Galván.
Román al menos no va de esteta incorrupto, el es lo que es y como siempre le ha funcionado eso de ponerse en los medios y citar dando distancia, a veces mucha distancia a los toros, pues es lo que practica. A su primero, que empezó mirando a tablas, lo recibió con la pañosa de lejos, muy lejos, a base de trallazos con el pico. Insistió, cada vez acortando más desde dónde citar, hasta que el del Conde de Mayalde dijo que hasta aquí y se fue a tablas, para acabar revolviéndose y recibiendo la muerte pegado al olivo. A su segundo le dejó a su aire después del recibo. El trasteo comenzó con muletazos deslavazados, para empezar de nuevo dando distancia, lo que el toro aceptó sin rechistar, yendo una y otra vez al cite. Y de repente Román pareció renunciar al pico exagerado y se conformó con algo bastante más moderado y conseguir una serie con la diestra en la que incluso condujo el viaje del de Mayalde. A continuación hubo más pico, más aceleración, mucho más descaro en estas ventajas con la zurda y cada vez la muleta más atravesada a medida que avanzaba la faena, hasta acabar con retorcimientos, muy jaleados, y aguantando dando distancia, lo que hacía que todo llegara más a los tendidos, mientras el toro seguía queriendo buscar la tela, sin parecer una boba jugando a coger la pelotita, ni mucho menos. El ambiente lo tenía muy a favor y una casi entera fue lo que le valió el que no pareciera justo el protestarle la oreja. Que al menos tuvo un detalle, no empalmó ningún muletazo, no sé si se me entiende.
Otra sorpresa fue la de Gonzalo Caballero, lejos de aquellas maneras poco sensatas, estando más relajado y asentado, permitiéndole acabar con sus dos oponentes y salir andando de la plaza. Aunque aún tiene mucho margen de mejora. Desde el primer muletazo a su primero ya se vio apurado. Mucho trallazo, muleta sacando el pico, siempre fuera y levantando la mano en cada pase, dejándosela tocar en demasía. Mucha carrera, mucho trapazo, a merced del toro y yéndose mucho al entrar a matar, nada de aquello de tirarse entre los pitones. En su segundo, como en el anterior, bailando mucho con el capote y ya en la faena de muleta, quizá se le complicaran las cosas al permitir que el toro se aquerenciara demasiado en los terrenos de dentro, provocando que no se le entregara en las embestidas. Ya avanzado el trasteo se lo sacó más allá del tercio , naturales en línea siempre con la uve de la muleta y limitarse a andar por allí sin más, para cerrar con manoletinas, prologo a un bajonazo.
Hubo un hecho que sorprendió, el que se cambiara la lidia del primer tercio durante toda la tarde frente al seis, según se supo después, por el mal estado del ruedo en los terrenos habituales en las cercanías de la Puerta de Madre. Y eso de devolver los toros ya con los palos parece que empieza a ser costumbre, mala costumbre, no ya por ese alargarse la tarde hasta la desesperación, sino porque esto puede abrir la puerta para malas artes en un futuro. Que si además de devolverse los toros que se dañan en el ruedo, también los echamos para atrás en el segundo tercio, vamos bien. Que luego pasa como en la presente tarde, que el ganado no fue la boa de siempre, pero que acabamos pareciendo que citamos el título de una película de suspense, la tarde infinita con inesperados pellizcos de emoción.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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