Pocos elogios ha recibido la empresa de Madrid, para lo que se preocupa por los que insisten una y otra tarde en acercarse a la plaza de las Ventas. Que lo mismo deciden que nada mejor que un jueves por la noche para ir de toros, con merienda servida en la propia plaza, sin importarle si un señor de Toledo, Alcalá de Henares o Fuenlabrada tiene que levantarse pronto para ir a trabajar. Y ahora, aún con los calores, y vaya calores, del verano, te ponen la novillada a las seis de la tarde, que aún a estas horas igual hay alguno al que aún le sigue tostando el Lorenzo; y eso que ya han pasado de largo las horas de la cena, pero es que los de sol han debido acumular calorías de aquí hasta el mes de enero. Pero claro, si estamos en septiembre, los toros a las seis, aunque estén lloviendo candelas como melones. Que habrá quien diga, uno de esos que con tanta facilidad se ponen en lugar de la empresa, algo ya muy habitual, que el que no quiera sol, que afloje la mosca y se vaya a la sombra, que estaba vacía. Que ya nos quejamos de vicio.
Y dirán ustedes que si esta es forma de comenzar el relato de una tarde de toros; que igual no, pero que opinen los de las localidades de sol. Festejo con seis hierros distintos, que al final fueron ocho. Guadajira, La Machamona, Chamaco, José González, Ángel Luis Peña, que fue devuelto, un sobrero de El Cotillo, también devuelto, otro de Couto de Fornilhos y uno de José Cruz, que sustituía al anunciado de Jiménez Pasquau. Para los espadas, todos nuevos en esta plaza, Adrián Centenera, Tomás González y Andrés García. No sería novedad decir que se ha picado mal, tapando la salida, sin poner los novillos en suerte; que esto no quiere decir el dejarlos allí a su aire, abandonarlos como el que deja un perro abandonado en una gasolinera, que hay que colocarlos con un cierto criterio, preferiblemente después de un remate garboso, aunque esto ya sí que es pedir peras al olmo. Y que una vez que el animal acuda al peto, estar atentos para sacarlo del caballo con acierto. Sí, que dirán que me ha afectado el sol, que seguro que sí, pero es que uno a veces delira. Que no digo nada de esos matadores, tanto novilleros, como los figuras y aspirantes, que no saben cuál es su sitio y se dedican a... ¡Yo qué sé a qué se dedican! A merodear por ahí. De los novillos, el de Guadajira quiso pelear en la primera vara, el de La Machamona solo con un pitón, el de Chamaco tirando derrotes a la guata, el de José González dejándose sin más, el de Couto acudiendo en huida primero al de la puerta y el de José Cruz aguantando al de encima del mulo, a ver si acababa de atinar con el palo. Novillos que no aburrieron, que para eso estaban otros. Es más, alguno ofrecía embestidas que en el mejor de los casos solo fueron acompañadas, aunque sin ajuste.
Adrián Centenera muy perdido, con la idea bien aprendida de iniciar los trasteos por abajo, pero eso de pegar trallazos afeaba lo que podrían ser buenas ideas. Luego mucho abusar del pico, mucha carrera y en el caso de su segundo, ligando enganchones en demasiados trapazos. Tomás González, debió escuchar lo torero que es empezar con ayudados, pero volvemos a lo mismo, que no es lo mismo templar, que tirar trallazos. Un novillo que era un dulce que no merecía esos trapazos al aire con la muleta al cielo, ni permitir tanto enganchón, concluyendo en su primero con una dosantina muy bailada, o lo que también llaman un invertido. En su segundo, el quinto, aparte de proseguir con su serie de banderazos, se pasó el rato venga a colocarse como para empezar lo bueno, pero nada, que no se acoplaba y al final, pues no se acopló. El tercero era Andrés García, que a su primero, un novillo huidizo, se lo llevó a los medios y consiguió sujetarlo. Después vinieron ventanazos y muletazos con la zurda iniciados con un tirón. Después prosiguió con un toreo demasiado moderno, con las fallas de todos y las carreras como todos. El que cerraba plaza parecía salir con la lección de torearse solo y el espada se mostró más efectista que eficaz, con un inicio por abajo gustoso, pero sin llevar al toro, que ya se llevaba él. Prosiguió con muletazos que cortaba antes de tiempo, sin rematar ninguno y escuchando como la cla le jaleaba hasta los enganchones, algo ya muy habitual, con esos ¡Bieeejjjnnnn! Trompicados. Para terminar con una serie al natural de frente, en el que se hacía más evidente ese pasarlo en línea y largando tela, que por supuesto caló entre los partidarios., que si no es por el pinchazo hondo o menos de media, depende de a quién pregunten, y los ocho golpes de verduguillo, lo mismo contagiaban a alguno más y le pedían un despojo. Y así terminamos una novillada que se hizo demasiado larga, sin aire acondicionado, que debía estar en reparación, con las radiaciones del Lorenzo aún a flor de piel y encantados de que esta empresa decida que esto empiece a las seis de la tarde y que vayamos llenos de optimismo y con la mente limpia, virgen, a los toros con la fresca.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html
