lunes, 18 de abril de 2011

Silencios en Sevilla, broncas en Madrid

La eterna pregunta, ¿Sevilla o Madrid? ¿Madrid o Sevilla? Pues yo, como parroquiano de Madrid solo tengo una respuesta: las dos. Como diría el clásico, de toda la vida de Dios cada plaza es como es. Otra cosa es que se pretenda uniformar el comportamiento de todas las plazas del mundo y que nos dé lo mismo torear en Sevilla, Madrid, Valencia, Valverde del Camino, provincia de Huelva, o Tamames, provincia de Salamanca. Menudo chollo. Ya bastante han conseguido los “educadores” oficiales de televisiones de pago o autonómicas, de radios afines al movimiento taurino o prensa del sector. Pero, como en todo, se encuentran con una china en el zapato, la que podría constituir la plaza del Baratillo y la de Las Ventas del Espíritu Santo. El coso sevillano casi han logrado desactivarlo y qué mejor manera que crear un tópico, elevarlo a la categoría de dogma y encuadrar en esa idea a todo un colectivo, el cual actuará así mismo como arma represora para que nadie se salga del guión. A pesar de todo el empeño que las voces con altavoz han puesto en ello, no creo que la plaza y la afición de Sevilla sean unos ignorantes taurinos. Pocas blasfemias pueden ser tan gordas como esta. Pero ¿qué forma hay de silenciar su voz? Pues hacer sentirse orgullosa a la masa de tragar con todo lo que le echen. Y esa masa va y se lo cree y asume la responsabilidad de vigilante de los cómodos silencios, que convierte en una falsa bandera de toda una afición. Y no digo yo que el aficionado de hispalense se muera de ganas de levantarse y empezar a agitar un pañuelo verde para reclamar el escaso trapío de un borreguito. Pero tampoco me creo que se sientan cómodos con esta situación, que como ha ocurrido en los países árabes, se ha visto en alguna ocasión con ciertas protestas. Eso sí, conocidos por todos los silencios de Sevilla, cualquier protesta adquiere una dimensión mucho mayor que en otros cosos. En el punto opuesto está la plaza de Madrid, esa de la algarabía constante, esa intransigente y que en su intransigencia llega a la injusticia, al desconocimiento y a la incomprensión por parte de los sesudos taurinos. Los mismos que pierden la compostura cuando no se pide una oreja con la fuerza que la figura merece, o que se pone de pie diciendo no con el dedo al que pasea el apéndice no merecido. ¿Cómo desarticular esa actitud de no callar ante la trampa, el fraude o la mentira? Pues haciendo la misma afirmación que acabo de mentar, la permanente intransigencia. Y para que la plaza no se encastille al sentirse atacada por los taurinos, señalamos a un sector determinado: el siete, y toda opinión que parta de ahí carece de criterio y validez. Aunque no solo el siete es el sector crítico de las Ventas, hay muchos más repartidos por los otros tendidos. Pero tanto a unos como a otros se les intenta callar y se les dedican todo tipo de voces de esos que proclaman que las Ventas es la primera plaza del mundo, la más entendida y que en el momento en que cruzas su umbral ya te has convertido en un profundo conocedor de la fiesta. Pues no. Igual que en Sevilla no son unos tuercebotas, en Madrid tampoco son los genios de los genios. Y si no, solo hay que ver las orejas que aclaman los isidros, o con que pasión piden que se devuelva un toro por manso, o permanecen callados ante la simulación del tercio de varas. Pero estos a los que tanto molestan las protestas del vecino, esos que pretenden negar toda credibilidad a los que no se conforman con cualquier cosa y aquellos para los que es un infierno tener que pasar el trago de Madrid, todos se apuntan al carro de la importancia de lo hecho en esta plaza cuando estos críticos aplauden a su torero. Entonces sí que saben, ¿no? Pues tampoco. De esto no sabe nadie, pero lo que sí que tiene Madrid muy claro es lo que le gusta y lo que no le gusta, que no es poco. Cada plaza es un mundo y cada mundo es diferente. A cada una se le quiere aplicar una medicina para desactivarla y para que los taurinos sigan haciendo lo que les dé la gana, pero que no nos venzan ni los silencios, ni las broncas: hagámonos oír.

12 comentarios:

Jose Morente dijo...

Enrique:

Creo que el comentario que haces es bastante ponderado y razonas y explicas muy bien las diferencias y matices que hay entre las dos plazas, por lo que el que no las conozca puede hacerse una idea bastanta aproximada de como son.

Solo añadiría mi punto de vista personal y es que actualmente a mí me resulta más cómodo ver toros en Sevilla que en Madrid, dada la generalmente injusta y desigual actitud del público de las Ventas en la valoración de toros y toreros.

No digo que la Maestranza acierte siempre (la afición sevillana peca de cierto localismo, lo que no ocurre en Madrid), pero en general y desde que yo conozco esa plaza, la actitud del público es más respetuosa y educada, que no ingenua, con los toreros, lo que personalmente me resulta más cómodo.

Un abrazo

Iván dijo...

Sin duda alguna las dos plazas con más repercusión de toda España.
Ver toros en Sevilla, es algo mágico. No cabe duda que sus colores, sus aromas, su gente, son para disfrutar plenamente de un día de toros.
Madrid para mi es más gris, gente más entendida y con mucha más seriedad.
Me quedo con Madrid por su dureza, su juicio, su exigéncia.
Además sale el toro con más trapío que en Sevilla y la variedad de encastes no se puede comparar.
No obstante, son las dos plazas en las que quienes se visten de luces, deben demostrar el porque de estar anunciados en esas grandes ferias.
Saludos Enqrique!

MARIN dijo...

Bueno Enrique, esto lo hemos comentado hace poco. Yo creo que el aficionado de Sevilla no es menos aficionado que el de Madrid, ni el de Madrid menos aficionado que el de Sevilla. La unica diferencia esta en el modo de mostrar esa cierta "rebeldia" a el tragar por tragar.
Yo tengo la suerte de estar cada año en Sevilla y en el ambiente se nota el pesimismo que se vive en la fiesta actual. Lo que pasa es que, como bien dices, el silencio de Sevilla dice mucho, y tambien "mata" mucho. Pero eso no quiere decir que el aficionado de Sevilla sea el tonto de la pandereta.
Quizás vosotros, en Madrid, se os "califica" por reclamar behementemente (en lineas generales) el derecho que teneis como aficionados a que se os trate como tal, algo totalmente lícito.
Yo soy de los que opino que deberian haber mas plazas como las de Madrid y Sevilla, cada una en su estilo, pero a cada cual mas imprescindible.
Un saludo.

Enrique Martín dijo...

José:
Respecto a Madrid no creo que no sea respetuosa, ni que aplique diferente rasero de forma injusta. Normalmente muestra mayor dureza a los que muestran regularidad en el intento de engañarles, entonces sí que no conocen. Lo que pretenden algunos toreros es que se tome cada tarde como la primera que torean en Madrid y eso no es posible. Y sobre si está más o menos cómodo en una plaza, eso es lógico y es algo a preservar, porque como decía, cada sitio tiene su carácter y que no nos lo cambien nunca.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Iván:
No sé si Madrid es más o menos entendida, pero como digo, lo que sí tiene muy claro es lo que quiere ver y tarde tras tarde se empeña en hacérselo ver a todos los que vienen aquí, otra cosa es que esto se quiera entender.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
Que no nos quiten ninguna de las dos. Eso es lo que deben aprender muchos a darle a cada plaza lo que pide y no que todo es ugual aquí y en Lima.
Un saludo

Juanito dijo...

Enrique esto totalmente de acuerdo y también con todos los comentarios, creo sinceramente que cada plaza de 1ª de nuestra piel de toro debería tener su propia personalidad, aquella que los aficionados que la frecuentan consoliden, no obstante a mi entender, en todas se debería de cuidar y preservar :El trapío sin romana, la suerte de varas, la coparticipación proporcional de los encastes bravos en todas las ferias y aplicar el Reglamento con sabiduría y honestidad.

Enrique Martín dijo...

Juanito:
Yo estoy convencido de que eso también lo quieren en Sevilla, pero que con la coartada de esos silencios, los clabeleros se han apropiado de la función de jueces supremos de la plaza, igual que lo están pretendiendo en Madrid, de donde pretenden echar al siete y todo lo que se les parezca.
Un saludo

franmmartin dijo...

Enrique, como aficionado ex abonado de la Plaza de Sevilla, vengo a echar mi cuarto a espadas sobre éste asunto que con tanto acierto como ecuanimidad, expones a la consideración de los fieles de tu cuaderno.
Como digo, estoy básicamente de acuerdo con tu razonamiento y lo único que hago aquí es dar mi impresión del porqué de la idiosincrasia de cada una de éstas Plazas.
Creo que todo viene de un "exceso de virtud", de las virtudes que atesoran cada una de éstas aficiones.
Así, la legítima postura del aficionado de Madrid exigiendo seriedad en el toro y entrega en el torero, se convierte en defecto cuando se piden mastodontes,se devuelven toros al más mínimo tropiezo,o no se tienen en cuenta las características de los distintos encastes (recuerdo una tarde en San Isidro que toreaba Joselito y creo que salieron 10 o 12 toros los últimos ya casi de noche).
Por otra parte y aunque como suele decirse no piden el carnet de identidad a nadie para valorarlo,no es menos cierto que existe cierta propensión a encumbrar a un torero, para después tratar de hundirlo en los abismos, muchas veces de forma caprichosa y algunas de forma reprobable y feroz,tratando curiosamente de forma benévola a diestros de segunda fila.Todo ello desvirtúa a mi parecer,las premisas básicas de ésta afición por otro lado admirable.
Y en Sevilla,el saber paladear el toreo más artístico,el saber respetar al torero,el conocer el comportamiento del toro y valorar en proporción a su lidiador;cuando se exceden en esa para mi virtud,pasa a ser una afición conformista,adocenada, que se traga todos los zalduendos que haga falta y toda la ojana de los toreros,sobre todo de los de "pellizco"y con su postura hace que se le esté perdiendo el respeto a la Maestranza.
Creo sinceramente, que reuniendo las virtudes en estado puro de ambas aficiones tendríamos el aficionado perfecto.
Pero la perfección no es de éste mundo y si lo fuera, para eso están ahí los taurinos.
Perdona la extensión y posiblemente la inconsistencia de mi razonamiento y recibe un saludo cordial.

Enrique Martín dijo...

Franmartin:
De tus comentarios puedo opinar muchas cosas, pero nunca que son inconsistentes. Coincido con lo que dices, pero lo de los mastodontes de Madrid es un San Benito que se nos ha querido colgar y que lo han utilizado los que se traían el mastodonte inmóvil que parecía un buey. Como el toro no se movía, entonces era porque en Madrid se pedía eso. Y Dios nos libre del aficionado perfecto, como bien apuntas, entonces nos pondríamos en manos de un "sabio" que nos manejaría a su antojo y todos a decir amén.
Un saludo

Anónimo dijo...

Sólo llevo viendo toros en Sevilla 2 años, desde que trabajo aquí, y el año pasado vi algo que no llegué a entender: la plaza entera abroncando a un aficionado que se le ocurrió sacar un pañuelo verde para protestar un toro (ahora no recuerdo de que ganadería). Creo que una cosa es el respeto de la afición y el saber de toros, que en Sevilla se tiene y mucho, y otra el tragar por señorío.

De todas formas, ver toros en Sevilla es una delicia y una experiencia única. Si hubiera mas variedad de encastes y un poco mas de trapío en el toro, ya sería la ostia.

Jose A

Enrique Martín dijo...

Jose A:
Describes perfectamente a lo que me refería, a esa masa a la que han domesticado y que les han hecho confundir el culo con las témporas. Y ¿cómo no van a saber de toros en Sevilla? Saben y mucho. Incluso, a lo mejor nos traemos a esos buenos aficionados a Madrid y serían los más exigentes de la plaza. Solo hay que cruzar dos palabras con ellos para saber lo que llevan dentro.
Un saludo