jueves, 14 de febrero de 2013

Ni ILP, ni maltrato animal

Si algunos supieran lo qué sentimos por el toro.



Qué cosas, a la gente la expulsan de sus casas, aunque con eso les condenen a la exclusión social de por vida, echan a la gente de sus trabajos para mandarlos a comer de la caridad, les escatiman la asistencia sanitaria a favor de no se sabe bien qué beneficio para la sociedad, la educación de sus hijos a no ser que estos sean unos genios, la atención a los mayores para al menos vivir sus últimos años de vida con un mínimo de sosiego y los señores parlamentarios se ponen a votar si se admite la ILP que pretende que los Toros sean declarados Bien de Interés Cultural. Por allí andan haciéndose fotos y contestando a las preguntas las figuras del momento. Para que luego digan que no se preocupan por la Fiesta. Y en esto que otros aprovechan para pasar por allí con un cartel que se opone al maltrato animal, algo a lo que creo que nos oponemos todos, ¿verdad? Otra cosa es lo que cada uno entienda por eso de maltrato.

Pero vayamos por partes, dijo Jack el Destripador; uno no acaba de entender eso de las ILP y la declaración de los Toros como BIC. No sé en qué se beneficiará la Fiesta con todo esto. Y lo que atisbo no solo no me convence, sino que me da mala espina. En teoría es para evitar que en un futuro puedan prohibirse las corridas de toros, creyendo que si a unos señores políticos se les pone en el hocico, no lo van a hacer. Pero bueno, si con eso nos conformamos, pues adelante con los faroles, son las cosas de esta parte del mundo, nos la pasamos haciendo leyes, leyes para regular las leyes que regulan otras leyes, para que no pueda haber leyes que… ¡La de Dios! Pero ¿a que no hay ninguna ley que proteja la paella, la tortilla o el cocido? ¿Por qué? Pues porque es algo con tanto arraigo y sobre todo con tantos fieles parroquianos, que a nadie se le pasa por la cabeza semejante disparate. Si llega un individuo y se pone a legislar sobre lo sano que es comer canguingos encebollados, seguro que le empluman y si encima carga contra la tortilla, pues es peor que si nos mientan a la madre, o por un estilo. Pero con los toros la cosa cambia, para hacer esta paella taurina han cogido arroz pasado, almejas podridas, calamares como las arandelas de una cortina de baño y gambas de color azul; y encima nos obligan a comer de eso todos los domingos y a decir que está buena de la muerte. Y para colmo, van y hacen una ley para que esto perdure en el tiempo.

Pero lo de los Toros es algo aparte, se ha convertido en el monigote al que se puede abofetear para sacar pecho, según se quiera contentar a unos u ofender a otros y no pasa nada. Es una caricatura de lo que fue, dirigida por unos ineptos que no piensan en un futuro que vaya más allá del día siguiente y a los que no se les ocurre invertir en el futuro. Cómo ellos, se creen que todo el mundo se mueve únicamente por el dinero, todo lo malo está fuera y ellos, aparte de no admitir ninguna responsabilidad en esta debacle, están convencidos de que son la sublimación del arte del toreo y que están llevando la Fiesta a las más altas cotas jamás conocidas, mientras desprecian y pretenden anular todo el pasado, como clara evidencia de su ignorancia, ineptitud, estupidez, egoísmo y egolatría. Se quieren asegurar su porvenir a costa de lo que sea, sin querer admitir que las plazas cada día están más vacías, que los aficionados van desfilando en silencio hacia los refugios taurinos que les proporcionan sus libros, vídeos y tertulias con otros que también tuvieron la sensación de haber perdido un miembro el día que dijeron “Nunca más”.

Poco porvenir queda si no hay para quién torear, si no hay quien esté dispuesto a pagar por ver a un toro y un torero en el ruedo. Quizá entonces caerán en la cuenta que tiene que torear toros y que no lo hacen para los palmeros de turno, ni para los taurinos que les encubren, ni tan siquiera para la prensa que les ensalza más o menos, dependiendo de circunstancias ajenas al toreo. Los clientes, el destino de toda esta actividad es el público, con especial cuidado por agrada al aficionado, que es el que estará siempre ahí.

Y vayamos a lo del maltrato animal. ¿Hay algún aficionado a los toros que esté de acuerdo con esto? ¿Alguno disfruta viendo sufrir a un animal? Pues permítanme que lo dude, pero si se trata de proteger a los animales, creo que debemos hacerlo de verdad, procurando una vida lo más feliz y confortable que sea posible. Aquí tienen a un animalista convencido y el partido que se lance a tal empresa tendrá todo mi apoyo, mi voto y lo que haga falta y sin pretender que nadie “sobreestime” mi adhesión a esta iniciativa. Para empezar, ¿no creen que habría que regular las condiciones en las que viven las mascotas? Seguro que los dueños, amos o “protectores” de estos seres inocentes estarán de acuerdo en intentar conseguir las mejores condiciones para sus animalitos.

Habría que regular el tamaño de la mascota, dependiendo del espacio del que puedan disponer en su casa. Así que los doberman, pastores alemanes, grandes daneses, perros de caza y todos aquellos que sobrepasen el tamaño de un conejo blanco, no podrán vivir en un piso con menos de 150 m. útiles, o en su defecto que la terraza supere los 50 m., siempre que la casa no esté a una altura mayor que la de un bajo o entreplanta, por si a la mascota le da por saltar la barandilla, no vaya a ser que se cuenta demasiado tarde que moviendo las orejas muy rápido sólo volará hacia abajo y sin control de la velocidad de aproximación al suelo. O sea que la os… será de época. Los propietarios de mascotas solo podrán tener en casa animales propios del ecosistema ibérico, quedando fuera especies como perros de lanas, de agua, siberianos o cualquier otro que en su medio natural no sobrepase los 10º C; así que señores, si tienen uno de estos perros en Madrid, Andalucía, Extremadura, las dos Castillas y demás regiones del sur y costa Mediterránea, deberán responsabilizarse de que su perro sea devuelto a un medio menos hostil que el nuestro. Igualmente se abstendrán de realizar cualquier tipo de manipulaciones antinatura, como cortarles las orejas, el rabo o cortarles el pelo de una forma tan humillante como se lo cortan a los caniches. Estarán obligados a reproducir su hábitat natural para no reprimir sus instintos naturales de caza, supervivencia y reproducción, en lugar de alimentarlos con esas bolitas de aspecto infame, de hacerles beber de una cacerola con su nombre, así cómo la represión sexual a que son sometidos, lo que no quiere decir que se les pueda llevar a lupanares caninos para desfogarse de ese instinto de trascender en generaciones futuras, el apareamiento que se ha dicho siempre. En ningún caso se les podrá dar órdenes verbales, algo totalmente antinatural para ellos, y la autoridad será necesario adquirirla con el trato y haciendo que el dueño reproduzca comportamientos animales, como ir a cuatro patas sin pantalones ni ropa interior, mear en las esquinas para marcar el territorio y conseguir que la mascota le olisquee las partes pudendas, que antes puede haber rociado con sustancias por las que el individuo reconozca su superioridad. Los dueños del resto de animales de momento no tendrán que hacer nada, bastante intranquilos quedarán cuando vean lo que les pasa a los que tienen un perro en casa.

Y así, no solo no serán maltratados los toros de lidia, sino que no será maltratado ningún animal. Eso sí, vayan acostumbrándose a las albóndigas de tofu, a las hamburguesas de soja silvestre, los filetes de acelga empanada, los chuletones de sandía liofilizada, olvídense de eso de tener un insecticida enchufado a la pared, porque los mosquitos también tienen derecho a chuparnos la sangre, las ratas podrán comerse las galletas de la despensa y las palomas se podrán cagar en los cristales del coche a la salida del túnel de lavado, sin que el conductor pueda ni tan siquiera fruncir el ceño, porque estas también son hijas de Dios. Y así tendremos un mundo en el que los animales podrán vivir tranquilos y felices, sin que se acuerden de los maltratos a que han sido sometidos desde que el hombre apareció sobre la faz de la Tierra. Puede que los aficionados a los toros seamos los que menos cambios notemos, pues ya llevamos años sin ver compadecer al toro, así que seguiremos pasándolo pirata con esos señores vestidos de colorines, con medias rosas y ceñidos hasta la asfixia.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues oiga , permitame decirle alto y claro, NO AL MALTRATO VEGETAL.
Un saludo.
Kaparra

Enrique Martín dijo...

Kaparra:
No puiedo por más, que darle la razón, me rindo ante la evidencia. Así que a partir de ahora, a respirar muy hondo, a ver si nos aprovecha el aire y nos llena el estómago. Y seguro que estará de acuerdo conmigo en que no se pueda pasear por parques, jardines o el campo, porque se pueden pisar plantas incipientes y bichitos. Y luego a ti y a mí o nos elevan a los altares cómo a San Francisco o nos meten en el manicomio. Si decimos que nos gustan los toros, será esto último lo que nos toque.
Un abrazo

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:
Me ha fascinado esta entrada. Es perfecta.

El problema de los toros es que se ven de forma pública. Me gustaría llevar a todos esos antitaurinos a un matadero, aunque, como no iban a dejar de comer, seguro que no protestaban ni decían nada.

Lo de los antitaurinos me parece más una cuestión de desconocimiento que otra cosa.

Un abrazo y enhorabuena. Me da mucha alegría encontrar a personas que piensan como yo.

Enrique Martín dijo...

Alberto:
Muchas gracias por tus alabanzas. Si los antitaurinos estuvieran mínimamente enterados de lo que va esto y además lo pudieran ver en una plaza de toros, es probable que la disputa fuera minimizada en gran medida. Y ya ves, debemos ser unos raritos con estas ideas.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Amigos Enrique y Kaparra, os planteo ¿y entonces que nos queda?¿ayuno y abstinencia total?¿el aire y el agua da para seguir palante?, ¿será que con las "fórmulas" peperas de gestión y recortes se consigue esa "sana y milagrosa" alimentación humana a base de aire y agua,que por otra parte no genera deficit, viviendo en la puta calle?...no se, no se
Un abrazo
Pgmacias

Enrique Martín dijo...

Pgmacias:
Igual es lo que pretenden, bueno igual, no , seguro. El agua la quieren privatizar, faltaría más, así qué ¿por qué no van a privatizar el aire, y las ganas de comer, y el soñar? Quieren ser dueños y mercadear hasta con lo que aún no tenemos. Así vamos, lo que no sé es donde llegaremos.
Un abrazo