viernes, 14 de septiembre de 2018

Nos estamos haciendo mayores


El toro además de parecerlo, tiene que comportarse como tal

Los años pasan, pero no siempre nos damos cuenta de ello, queremos mantenernos jóvenes, queremos seguir el ritmo que nos marca este mundo, pero tarde o temprano nos sacude la realidad y caemos en que el tiempo pasa y que ya nos cuesta mantener la velocidad que la vida misma nos impone. ¿Qué cómo se traduce esto? Pues por ejemplo, que uno no es capaz de acomodarse a las nuevas modas, al último grito en cuestión de gustos. Y, ¡qué cosas! En esto de los toros cada vez me pasa más. Que ya no es solo eso de que los toros ahora solo se llaman tauromaquia, así a lo general, sino que la cosa va más lejos.

Que me fui yo tan confiado al primer desafío ganadero en Madrid, Saltillos y Valdellanes como reclamo para aficionados y esos que se hacen llamar toristas, que Dios les asista. Lo que no sé es si también se animaron los que llaman toreristas, los amantes del jarte y las posturas de pitiminí, quizá prefirieron otro divertimento; peor para ellos, porque puede que tarden en encontrar otra oportunidad de aficionarse a los toros. Pero otra cosa, toristas y toreristas; que yo me pensaba en aficionados a los toros ya entraba todo eso, pero no, la tauromaquia debe decir lo contrario.

La verdad es que esto de los desafíos no deja de parecerme un recurso, con su atractivo, claro que sí, con ese toque de competitividad entre ganaderías, pero que no me convence como lo hace una corrida completa. Que no sé si será algo personal pero entre este tres y tres, y el clásico seis toros seis, lo tengo muy claro. Lo que no quiere decir que no reconozca lo bueno y en este caso de Satillos y Valdellanes el resultado fue magnífico. Ya nos gustaría a muchos que de cada cinco tardes, una saliera así. Pero lo que digo de la edad, que lo que uno piensa que fue una buena corrida de toros, sin estridencias, para otros fue casi un hito en la historia de la tauromaquia. Igual es esa la cuestión, lo de la tauromaquia de ahora y los toros de toda la vida, el toreo.

Será tanta la carestía de toro y toreo, que una buena corrida se la quiere subir a los altares de lo sublime. Una corrida bien presentada, tanto los tres del uno, como los del otro, una corrida a la que se dio cera a modo, que a uno solo de los animales, al que ustedes elijan, se le repartió más que a toda una camada de Danieles Ruiz, Cuvillos, Zalduendos o Garcigrandes. Y para colmo, luego hasta eran capaces de regalar unas pocas tandas de muletazos. Admirable, pero también hay que tener en cuenta que a pesar de tanta estopa, poco más que se dejaron sin más. Seis toros y solo uno de ellos se arrancó al caballo con un mínimo de codicia. Una corrida noble, que no es malo, pero con esa chispa que hace que todo lo que se haga delante de ellos tenga valor. Ahora por esto se les hace saludar a los mayorales. Que mala es la edad, a algunos, o a mí solo, me parecía un exceso innecesario, entre otras cosas, porque que no se nos olvide eso de los tres y tres, que no seis toros seis. Que siempre es bonito ver descubrirse a un mayoral, claro que sí, pero ya puestos, también los hay que afirman lo bonito de las orejas, triunfos e indultos a tutiplén.

Que lo que más me recordó a mis mocedades fue la bronca que se le pegó a Venegas, primero por dejar que le trituraran su primero bajo el peto, mientras él solo acertaba, desde la lejanía, a sacudir la mano al viento y decir eso del vale, vale. ¡Hombre de Dios! A un picador nunca, jamás, se le puede pedir que levante el palo con el negrillo bajo el peto. Uno está atento, va al caballo e intenta sacar al toro, impidiendo, si es menester, que el de aúpa tape la salida. Eso sí que se le puede exigir al montado. Después, en el tercio de muerte, el gentío se iba soliviantando cada vez más, a medida que aquel animal embestía con franqueza una y otra vez; esta para el primer plazo de la finca, esta para pagar el arreglo de los cercados, esta para la casa, esta para adecentar las cuadras, esta para comprar una punta de vacas, así, embestida a embestida, Venegas se podía haber ido montando su finquita, toda cuca ella, pero esta se fue camino del desolladero, arrastrando sus ilusiones y las de los aficionados, al compás de los trallazos de los mulilleros.

Si con ese magnífico toro de Saltillo parecía que se volvía a tiempos pasados, de nuevo me vi mayor, fuera de onda, cuando a Robleño se le jaleaban muletazos destemplados, cazados allí dónde mandaba el toro; con el riesgo que la casta siempre genera, pero yo me pensaba que torear era otra cosa mucho más enjundiosa, algo mucho más estremecedor que ver a un torero cazar muletazos aquí y allá, intercalados por innumerables carreras, como los que dio Cristian Escribano, que como en tiempos pasados, le premiaron con una oreja por la espada, la misma que le falló cuando terminó de correr por el ruedo de Madrid. Que uno ya se marchaba pensando que lo había visto todo, tan feliz por haber visto una corrida de toros, cuando un compañero de localidad me mandó un mensaje con lo de los mayorales y entonces regresó esa puñetera sensación de que lo que pasa es que algunos ya no entendemos nada, porque nos estamos haciendo mayores.

Enlace programa Tendido de Sol del 9 de septiembre de 2018:

8 comentarios:

POCHO PACCINI BUSTOS dijo...

Mi querido Enrique, pues no olvidar que de “antigüedad es clase”. Saludos
POCHO

Anónimo dijo...

El toreo es sentirlo en el alma y no salir a pegar pases.La emoción la da el toro con codicia y acometividad lo que es suficiente para dar emoción.Y son los que proporcionan triunfos inolvidables.Los que tenemos más tiempo seguimos esperando reencontrarnos con el toreo hondo,con verdad,misterio,arte,de una sencillez impresionante y bueno con gracia.Cuando será?
Seguimos a la espera y hace ya buen rato.Saludos.
D.C.

Enrique Martín dijo...

Pocho:
Esa me la guardo, aunque eso se lo dices a los más jóvenes y te mandan al manicomio. No sé tú, pero yo con veinte años era un sabio y ahora, con unos cuantos más, me doy cuenta de cuanta ignorancia tenía y tengo.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

D.C.:
Pues acomodémonos, que parece que la espera va para largo.
Un saludo

Anónimo dijo...

La verdad que fue una tarde entretenida, aunque no la que a mí me hubiera gustado. Ya sabes que me gustan los saltillos que salen mordiendo pero esta tarde salieron los que te ponen en bandeja las orejas. Y este año van unos pocos: Asturdero en San Isidro, los novillos quinto y sexto de la semana anterior, y un par de ellos en el desafío ganadero. Es lo bueno que tiene esta ganadería, igual echa un toro que pone en jaque a las cuadrillas como uno de esos que te regala el cortijo. La actuación de Venegas fue vergonzosa, la masacre en el caballo no tiene nombre. Aún recuerdo que, siendo novillero, le aplaudimos por poner cuatro veces en la suerte de varas a un novillo de Saltillo (Moreno Silva entonces) allá por el 2009. Ahora no luce un toro en el caballo ni por asomo.

La imagen que dio Robleño en el cuarto me gustó, aunque sólo sea por ver algo diferente a lo habitual en él, que es pelearse con los toros. Toreó con cierto gusto y hubo algunos muletazos estimables.

Cristian Escribano no paró quieto ni un momento y eso no es torear, máxime ante un toro que no se comía a nadie. Tampoco se puede decir que saliera airoso de la suerte suprema cuando perdió la muleta en el intento. Creo que tuvo suerte en el lote, le he visto ante ganado exigente y no le veo solvente. Recuerdo aquel saltillo en Cenicientos al que le pegó con saña en el caballo, al menos 6 o 7 puyazos se llevó el pobre animal.

Y desde aquí quiero reivindicar la presencia de aquellos matadores que no nos privan de poder disfrutar de la suerte de varas. Me refiero a Octavio Chacón, Javier Castaño o Luis Bolívar. Si saco la entrada en un desafío ganadero es para ver el ganado, no para verles a ellos, al menos no al que no me deja ver al toro en el caballo.

Un abrazo
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

J. Carlos;
La tarde fue buena, no de sobresaliente como parece que pensaron algunos, pero ya me gustaría a mí que esto fuera más frecuente. Sobre ese endulzamiento de algunas ganaderías me cabe cierto temor, porque no sé si será posible parar en el momento en que se desee. Que esto es muy difícil y a lo mejor el azúcar nos sube de golpe y cuando queramos darnos cuenta, ya no nos podemos ni acercar a una rosquilla.
Un abrazo

Patricio Pazmiño Segura dijo...

Lo nuestro no pudo ser pero sigo enamorado de ti mi hermosa tauromaquia.

Enrique Martín dijo...

Patricio:
Es un amor eterno.
Un saludo