viernes, 13 de mayo de 2011

El toro es así

Dependiendo de a quién preguntemos, la corrida de José Escolar ha sido una señora corrida de toros o todo lo contrario, imposible y a la que no se le podía pegar ni un pase. Pues de todo un poco, así que vayamos por partes. Si nos atenemos a la calidad de los toros y a su bravura, la corrida no fue buena, eso no creo que haya nadie que lo niegue, pero si echamos cuentas de la emoción, de la exigencia de los cuatro cárdenos y dos negros y de la incertidumbre, pues la tarde fue de lo más interesante. Solo el primero ofreció posibilidades de darle naturales y derechazos, pero cuidado, que esto tampoco era nada fácil, ni mucho menos. Recibió dos varas y una de gañote, pero en ninguna se empleó. Fue a partir de las banderillas cuando empezó a arrancarse en busca de los engaños, queriéndose comer la muleta, pero no permitía ninguna confianza, sobre todo por el pitón derecho, por el que apretaba ya de salida. El segundo empujó de aquella manera en el primer encuentro, pero no dudó en salirse suelto del peto, y en el segundo puyazo solo estuvo, sin más. Se defendió mucho, echando la cara arriba y con un pitón derecho que era el “bueno”, pero que era imposible; así que imagínense como era el malo. El tercero anduvo constantemente a su aire, sin que nadie le fijara lo más mínimo. Empujó en el caballo, pero el peligroso pitón izquierdo dificultaba en extremo cualquier lucimiento. El cornalón que hacía cuarto recibió lo suyo en el caballo echando la cara muy arriba y corneando el peto sin ningún reparo. Ya en banderillas se paró y esperaba a que llegaran los de plata con los palos en la mano. A partir de ahí todo fue a peor. El quinto incluso llegó a meter los riñones en la primera vara, para después liarse a cabezazos con las faldas del penco. En la muleta aguantó los cinco primeros pases, para después quedarse mucho por el pitón derecho. Como varios de sus hermanos, el último parecía mejor en el primer puyazo, empujando con fijeza, pero enseguida sacó su condición, queriéndose quitar el palo. Así he visto yo los seis toros. A ninguno se le ha lidiado correctamente, nunca se les ha puesto en suerte en el caballo en su sitio, se les ha permitido hacerse los dueños del ruedo y a todos se les ha querido torear con derechazos y naturales, algo que no era muy conveniente dadas las circunstancias. Las seis faenas exigían que se iniciaran con pases por bajo, castigando y quebrantando al toro y luego, si aún le quedaba resuello, pues a intentar dar algún pase bonito y si no, pues a matar. A los seis se les intentaron aplicar los usos del toreo moderno de forma mecánica; dos entradas al caballo y ya estábamos pidiendo el cambio, con lo peligroso que esto podía resultar.

Los matadores estuvieron como pudieron. Rafaelillo no tuvo su tarde, pero dio lo que tenía, fue Rafaelillo. Es un torero valiente y honrado, que se enfrenta a este tipo de ganado sin dudarlo, pero tampoco se le puede exigir según que. Su toreo es el de plantarse delante del toro, llegando a estar en muchos momentos a su merced, pero que no maneja los recursos de lidiador que este ganado exige. Repito que no estuvo bien, pero tampoco creo que sea para pegarle la bronca que se llevó. A mí personalmente me cuesta ponerme tiquismiquis con ningún torero cuando están ante un toro.

Fernando Robleño fue el que mejor salió del envite. A su primero le recibió con unas buenas verónicas, firme, ganando terreno y tragando quina por toneladas. En el quinto sacó algún pase por bajo de calidad y ahí se acabó todo. Los de Escolar no estaban para más fiestas, repito que en principio la cosa era para machetear por abajo y luego ya se vería. Bastaba con esquivar los gañafones que tiraba el segundo de la tarde y aguantar como se quedaba el quinto.

Alberto Aguilar no respondió a las expectativas creadas en el inicio de la temporada. Quizás se notó demasiado su poca experiencia, viéndose constantemente superado por sus dos toros, oponiendo solo quererse poner, lo que no era posible, y voluntad, pero hacía falta más. Nadie le podría echar en cara que se presentara a las puertas de la escuela de Madrid a pedir cuentas y preguntar por qué no le enseñaron a lidiar, en lugar de solo dar pases. Quizás habrá que esperarle en otro momento, aunque esperemos que no se convierta en costumbre el quedarse en blanco en la que debería ser su plaza.

Ahora empezaremos con las controversias de si estos toros deben enviarse al matadero o no, o si todas las corridas de toros deberían transcurrir por estos cauces. Yo creo que no hay que elegir, como siempre, en el término medio está la virtud, pero a mi la corrida se me pasó en un santiamén, y en un permanente ¡huy! El ganado no ha tenido “toreabilidad”, pero no me negarán que le sobraba “lidiabilidad”. Pero visto lo visto, es más fácil que se mande al hierro de don José Escolar al exilio taurino y que no volvamos a verle anunciado por un tiempo y si no, que se lo pregunten a Moreno silva.


PD: Perdón por el retraso originado por un problema en blogger.

jueves, 12 de mayo de 2011

Los teloneros autocomplacientes





Al acabar la corrida de El Vellosino, dependiendo de a quién se le preguntara, las opiniones podían ser de todo, menos complacientes. Tampoco he escuchado las de los tres matadores, pero por actitud en el ruedo, la misma que vienen manifestando desde hace tiempo, parece que están encantados consigo mismos y que no están dispuestos a cambiar en nada su forma de venir a Madrid. Parece que les vale con que les coloquen en las corridas de relleno de este extenso serial isidril. Salen a las Ventas, matan sus toros y a seguir con su circuito de coros y danzas. Unos haciéndose todas las ferias de la Comunidad de Madrid y alguna más que caiga por ahí, otros apuntándose a todo lo que salga en Castilla la Mancha, y ya.

El ganado anunciado era el de El Vellosino, de procedencia bodeguera, y al que se le podrían haber hecho las cosas de otra forma. La corrida se lidió mal y se picó peor, a excepción del tercero, que quizás porque Agustín Moreno le cogió en buen sitio, aunque le dio lo suyo, fue el que mejor quedó para los dos tercios siguientes. A sus hermanos lo mismo les picaban en la paletilla, que trasero, que les tapaban la salida, que les dejaban elegir entre el picador de tanda y el reserva, el de puerta que se decía antes. En la muleta casi todos tuvieron su aquel, con embestidas bondadosas, pero bien por la falta de casta o por la sosería de sus matadores, la cosa no llegó a nada. Se podría decir que los toros embistieron, pero claro, si en lugar de torear de verdad se abanica al negrillo, pues para ese camino no se necesitan alforjas. Y que estos tímidos halagos al ganado no equivoquen a nadie, que lo mismo entraban al caballo esquivando el palo, que corneaban el peto, que se quedaban allí debajo esperando a que les avisaran, que iban al galope buscando los terrenos de toriles.

José Ignacio Uceda Leal pareció que estuviera esperando la inspiración de las musas, que posiblemente se la enviaran, pero no en el momento oportuno, no cuando estaba frente al toro. En su primero si es verdad que sacó derechazos con gusto, especialmente en una tanda, pero ese vicio de esconder la pierna de salida hacía que todo se devaluara. Ya hasta aquello de las estocadas de Uceda parecía que hubiera pasado a mejor vida, viendo como no metía la mano en el momento del encuentro.

Miguel Abellán, pues no sé, quizás lo más destacable de su actuación sea su regularidad, siempre aburre. Pareció despertarse de su abulia en su primero cuando quiso lucir al toro citándolo desde muy lejos, pero si lo que sigue es ese toreo despegado, alargando el brazo, con trazos en línea recta, sin templar en ningún momento y aliviándose con el pico, pues el ánimo se te viene un poquito abajo. Con su segundo mulo, que se cruzaba por el pitón derecho, tampoco demostró nada, aunque aquí puede excusarse por las condiciones del toro, pero claro, si con el bueno solo vamos aseados, con el malo acabamos de cieno hasta las cejas.

Rubén Pinar, uno de esos jóvenes a los que algunos interesados les ponen el manto de futura figura, demostró su bien ganada experiencia en plazas de segunda y tercera, repletas de un público agradecido y a favor de corriente. Puede que ésta sea la razón por la que en su primero se empeñara en acortar las distancias al toro, que se arrancaba con prontitud de lejos, buscando las palmas fáciles del arrimón, sin caer en la cuenta de que el toro no estaba a gusto sintiéndole tan encima. En el que cerraba plaza siguió tirando de ese repertorio efectista que tanto gusta en algunos sitios, pegando trallazos destemplados, escondiendo la pierna contraria, como todos, y deleitándonos con pases invertidos, giros sin venir a cuento y consintiendo que el animal le tropezara la muleta una y otra vez; una serie de ayudados y pases por los dos pitones, pero sin un mínimo asomo de arte.

Cabe destacar a El Chano, tan valorado en Madrid, al que se le hizo saludar en banderillas y a Manuel Montoya, que quiso que todo el mundo se enterara de que se siente torero, poniéndolo de manifiesto al parear al sexto cuando citó dejándose ver, con naturalidad, sin alardes artificiales, para después cuadrar en la cara y salir andando con garbo y majeza. Por lo menos hubo alguien que no se resigno a ser un mero telonero.




PD: Mi recuerdo y solidaridad con Lorca, con todos los lorquinos y por supesto con el maestro Pépín Jiménez.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La generación “Ni ni”




Ya estamos en faena y cuando aún estábamos comentando nuestras peripecias del invierno a los compañeros de grada, saludando a unos y a otros, y comentando los accidentes continuados de Sevilla, nos encontramos que los “Ninis” toman la plaza de Madrid. Los que ni torean, ni lidian, ni se cruzan, ni embarcan, ni mandan, ni nada de nada, pero que año tras año nos los traen una, dos o tres tardes para satisfacción casi exclusiva de ellos mismos y casi como castigo para la afición venteña.

Encabezaba el cartel el hierro de Valdefresno, que a priori podía inspirar muchas cosas, pero no confianza y al final han sido mejores de lo esperado. Pero ojo, que nadie piense que han sido buenos, nada más lejos de la realidad. Flojos, muy flojos, con las fuerzas justas para mantenerse un ratito en pie y para poder levantarse de las muchas caídas que sufrieron a lo largo de la tarde, muy nobles y justísimos de casta. Dicho esto, ya se pueden imaginar lo que se esperaba de este hierro. Bien presentados en general, pero en este caso las apariencias no corresponderían con el comportamiento que luego iban a ofrecer en el ruedo.

Si lo de Valdefresno no era para fiarse lo de los tres espadas casi menos. Un Juan Bautista que salió triunfador en el 2010 de penalti injusto en el último minuto y marcado con la mano mientras el árbitro no miraba; Matías Tejela, ese torero del que siempre se exclama “¿Qué pinta ese aquí?”, después de sus muchas comparecencias aburridas y anodinas; y un Daniel Luque al que están empeñados en convertir en figura, mientras él mismo se afana en lo contrario. Pues vaya papelón ¿no?

Juan Bautista se encontró con un flojo primer toro al que le costaba mantenerse derecho y al que simularon la suerte de varas a la perfección; un poco más y nos creemos que habían picado al toro mientras el picador apoyaba el palo en el lomo. El animalito iba a la muleta como un zombi con resaca y aunque parecía que hasta podía tener buen son no podía disimular sus carencias. Pero al francés esto no parecía importarle y se puso a pegar trapazos y más trapazos, haciéndose algo pesado. En su segundo inválido decidió no hacernos pasar de nuevo por ese suplico de sopor y abrevió tras un trapaceo más resumido que en su primero.

Matías Tejela en vista de la escasa fuerza e invalidez de su primero decidió aplicar las reglas de la lidia moderna, el “ahí te quedas”. Lo mismo dejaba que el toro fuera al caballo al hilo de las tablas, que le permitía que deambulara por el ruedo a su aire, incluso en la faena de muleta, con la única variación de tener al alcalareño andándole detrás pretendiendo arrancarle algún pase. Más de lo mismo en el quinto que se quejó al notar el palo, queriéndoselo quitar y corneando el peto, aunque al final se resignara y se dejara medio picar. Permitió el lucimiento de José Manuel Zamorano en banderillas y hasta buscaba la muleta con cierta claridad, eso sí, siempre que se aguantara en pie. La labor de su matador se resumió en trapazos sin rematar citando fuera de cacho, toreo vulgar y más devaluado que la deuda griega y portuguesa y pases de adorno para enardecer al público feriante. Bajonazo y petición de oreja, que ellos también querían tener su triunfo, pero esta vez no pudo ser; lo que no sabemos es cuánto tardaremos en sucumbir a tanta chabacanería y cuando nos pondremos a sacar a los divinos a cuestas y a pedir indultos a tutiplé.

El tercero era Daniel Luque, figura emergente de la tauromaquia, que lleva emergiendo dos temporadas con esta, que tiene múltiples cualidades para ser figura, pero que por mucho que nos fijamos, no somos capaces de vérselas. Habrá que seguir esperando, todavía más. Aunque quizás todo dependa del color del cristal con que se mire. Si nos atenemos a lo hecho en sus toros, en el primero no le importó dejar al toro que se paseara por la arena sin que nadie fuera capaz de fijarlo, aunque fuera un poquito. Igual creían que ayudaría el excesivo castigo que recibió en el caballo (perdón, he dicho castigo, palabra que parece que ahora va a haber que evitar). Bueno diremos que el toro tuvo que aguantar como el señor picador mantenía una excesiva presión con el palo sobre sus lomos. Lo mismo el de tanda, que el reserva, que también quiso demostrar la fortaleza de su brazo y de su cabalgadura. Vamos, que le pegaron bien. Y si esto no había sido suficiente, la cuadrilla se encargo de estamparle contra el burladero de matadores, pero que nadie piense en que eso era castigo, era una actitud hacia el toro, nada más. Luego la actitud de Daniel Luque fue la de empeñarse en dar trapazos mientras metía el pico entre retorcimientos y estiramientos contorsionistas, escondiendo la pierna de salida. Tanto afán ponía en componer esta estrambótica figura que no se preocupó en sujetar al toro en el engaño, lo que le obligó a ir detrás de él por toda la plaza. En su segundo, el sexto, nos regaló dos verónicas aceptables para recibir al de Valdefresno, que se paró ya en su primer encuentro con el caballo, que esperó en banderillas y que quizás tenía la esperanza de encontrarse un torero que no le ahogara la poquita embestida que tenía, ni que se le pusieran a hacer la cucamona el péndulo. Luque, además de vulgar, se puso muy pesado, alargando una situación que no iba a ningún lado. Un bajonazo saliéndose de la suerte fue el cierre del primer acto de este serial que empieza como acabó el anterior. El ganado flojo y los matadores… ni triunfaron, ni cortaron orejas, ni divirtieron, ni mucho menos emocionaron.

jueves, 5 de mayo de 2011

El examen de Madrid



De toda la vida de Dios, Madrid y sobre todo la feria del patrón, era la prueba más importante de la temporada para toros y toreros. No tenían nada más que verse anunciados para empezar a sentir una angustia a la altura de la nuez que no les dejaba pasar ni una maizena muy líquida, porque al primer grumo que se encontraran ya se hacía necesario un desatascador de tráqueas. Unos y otros se tenían que someter al juicio de los sesudos de la capital, menudos eran ellos, que te miraban con el entrecejo fruncido mientras movían el índice diciendo un no que no se oía, pero que retumbaba.

La cosa no es para tanto desde hace ya años, demasiados, y lo mismo corta una oreja el Capea jr., que sale triunfador el Bautista, sin dar un pase estimable. Ahora todo es un verbena festivalera, pero al estilo de Madrid. Siempre ha habido quienes criticaban los gustos de la afición de esta plaza, que si no aguantan a los figurones que por ahí arrasan, que les gustan los toros asín y asao, que si no hay música, que si las palmas de tango, pero al final todos respetaban a esta plaza y no hacían una crítica sin asegurarse la escapada, como hacen los toreros modernos, con la pierna contraria bien atrasada, por si hay que pegar un brinco en la retirada.

Pero las circunstancias nos han puesto en una situación muy complicada. Gracias al usía indultador de Sevilla todo el taurineo mira para la plaza de la calle de Alcalá. Menuda la que nos ha liado este señor de bonachona expresión. Ya se podía hacer gobernador de Texas y California a la vez o marine de los USA. Si así fuera, seguro que el bueno de Bin Laden estaría todavía oculto en esa supermansión con superprotección, en una superurbanización a dos pasos de la capital de Pakistán, pero muy escondido; si no, seguro que lo habrían encontrado mucho antes. Antes incluso de que casualmente bajara el petróleo y subiera Wall Street, que coincidencias.

Pero vamos a lo que vamos, y es que Madrid está en el punto de mira del mundo de los toros. Sevilla ha marcado la temporada, los sonoros triunfos de El Juli, como la cúspide del toreo moderno y el indulto de Manzanares/ Arrojado/ Núñez del Cuvillo, elijan, como la consagración del nuevo espectáculo que ha irrumpido en el siglo XXI, el Taurobotellón. Con barra libre para el fraude, la vulgaridad, la chabacanería y la manipulación en todas sus posibles acepciones. Y, ¿todo esto tendrá su continuación en las Ventas? ¿Seguirá este lado oscuro escalando posiciones hasta encaramarse en todo lo alto de la Puerta de Madrid? ¿Infectará esta peste la seriedad de la que dicen que era la primera plaza del mundo? Pues ahí estamos. El pulso está servido entre las huestes claveleras y triunfalistas guiadas por los taurinos y los que se resisten a ver cómo la emoción y las sensaciones que creían que eran uno de los valores inamovibles del toreo se transforma en bostezo, aburrimiento y hasta crueldad. La crueldad de querer hacer embestir a un animal al que según ellos hay que enseñarle a hacerlo, la de pretender que un animal sea burlado por un señor con un trapo en la mano como si fuera un caniche jugando con su amo.

Los postmodernistas ya se han fijado un objetivo o varios, que las figuras que no llenan las plazas de ningún sitio, pero que son cantados como héroes por los medios de comunicación en los que aún tienen sitio los toros, sean llevados en volandas por la Puerta de Madrid y, si es con un rabo, mejor que con mil orejas. ¡Un rabo! Con perdón, es el becerro de oro de toda esta legión de gentes del toro. ¡Un rabo! Con perdón, atravesando saliendo a la calle de Alcalá de la mano de un semidios vestido de fraude y oro. ¡Un rabo! Con perdón. Qué despojo más vergonzante para representar la gloria. Pero, ya que se ponen, ¿por qué no un nuevo indulto? Así no solo los taurinos se ufanarían de la hazaña, también los antitaurinos se podrían sentir satisfechos de que muchos años después un toro volviera al campo al concluir su lidia; y perdón por emplear este término tan lleno de significado para denominar el tiempo que el torillo pasa en el ruedo desde que sale hasta que el susodicho semidios se pone a hacer gestos al respetable y al usía para indicar que él ya lo ha hecho todo y que se pueden llevar a su enemigo, que es como estos postmodernistas llaman ahora al toro, el enemigo. Y no se les ocurre otra forma de demostrar su magnanimidad que perdonándole la vida a un ser por el que muestran poco respeto.

Pues ahí estará la afición de Madrid soportando estoicamente como la prensa les tilde de ignorantes para arriba, cuando no de crueles y rencorosos; como el respetable que les visita una o dos veces al año les ordena que se callen entre los insultos de sus paisanos que le acompañaron en el autobús; como los semidioses les obsequian con desplantes y miradas de odio por no responder a sus cucamonas como los públicos de otras plazas; y siempre jugándose su prestigio porque otros se empeñen en dar un rabo, pedir un indulto o proclamar a sus ídolos los reyes del toreo. Madrid tiene todas las de perder, porque le juzgarán por algo que no ha cometido, ni consentido, pero que no tendrá fuerza suficiente para impedirlo, solo se tienen que poner de acuerdo las huestes claveleras. Pues que Dios reparta suerte.

lunes, 2 de mayo de 2011

Un acontecimiento histórico


Pepe Luis, el de Sevilla.



Hay muchos momentos al que se le otorga este calificativo. En unos casos los encargados son los historiadores, en otros los medios de comunicación y en otros el tiempo, que es el que realmente hace que un hecho y sus consecuencias prevalezcan por los siglos de los siglos. De la misma forma, también existe la tendencia de pretender que todo acontecimiento histórico es un hecho positivo y de provecho para la humanidad, para las artes, el pensamiento o para el día a día del ciudadano.


Acontecimientos históricos fueron la caída del Muro, el 11S, el vuelo de los hermanos Wright, el cine, las vacunas, la penicilina, la tragedia de los Romannov, Octubre de 1917, el asesinato de Dallas, Woodstock, el atentado de Sarajevo, la Constitución del 78, el 23 F, el Hombre en la Luna, un montón de sucesos decisivos en la historia para unos u otros, incluso hasta el Doblete del Aleti en el 96. La lista puede ser interminable y a cada uno se le ocurrirían unos hechos determinados. Y muchos son los que ya han grabado con letras de oro el indulto de Sevilla, que no sé si denominar el indulto de Manzanares, el indulto de Núñez del Cuvillo o incluso el indulto de Arrojado.


El hecho es que la gran mayoría de crítica y público está encantado y no le importa declarar al matador, que no lo fue, que al final no podía matarlo; le debió coger cariño. Igual esperaba que se lo empaquetaran para regalo y llevárselo a la Explanada de España en Alicante y pasearlo entre el alborozo de los transeúntes. Lo malo sería cuando lo quisieran cruzar con un gran danés o una perrita pequinesa.


Ahora mismo ignoro la trascendencia del indulto y lo que vendrá detrás. Unos lo verán como el inicio de una nueva era y otros como el principio del fin. Ya digo que no sé en qué va a quedar todo esto. Lo que sí tengo claro es lo que he visto, oído y leído. Lo que he visto no me ha gustado, para que voy a decir otra cosa, sería engañarme. Puede que esto sirva para que alguien decida definitivamente dejar Toros Grada Seis de lado, pero, ¿qué le voy a hacer? Lo que no puedo es traicionarme a mí y a lo que me enseñaron. Que no digo yo que lo haya aprendido, pero por lo menos sé lo que me llega y lo que no, y la faena de Manzanares no me llegó. No le quito sus valores, como el temple y la casi perfecta forma de componer la figura, pero… No me disgustó toreando con la mano derecha, poniendo la muleta más recta que nunca, pero al natural ya era usar el pico como una zanahoria con el pobre torillo. Y esa concatenación de redondos que me dicen muy poco. Pero lo que me supera es ese vicio de esconder la pierna de salida, incluso exagerando el gesto, como si dijera “¿Ustedes han visto?” Pero si la gente se vuelve loca, pues adelante faroles y vamos a seguir tirando de vicio hasta que se entere el de la última fila de la plaza. Tan claro vio la locura José Mari que debió pensar que : ¿Para qué entrar a matar, para cagarla? Pues nada, se le pide permiso al usía, se le hace ver que aquello no se podía emborronar y como la gente es solidaria, pues a pedir indultos. ¿Que es Sevilla? Como si es el Aconcagua.


De lo leído hay de todo, unos que han extendido la locura sobre el papel, otros que simplemente se han limitado a exponer unos hechos y algún bloguero que se ha atrevido a decir que aquello no es lo que nos quieren hacer creer. Parece como si el acontecimiento hubiera sido la construcción de un muro muy alto, detrás del cual pretenden esconder a esa minoría disidente. Serán, seremos, unos herejes, pero no pueden mandar en nuestras sensaciones o en nuestra sinceridad, equivocada o no, pero sinceridad, porque no me cabe en la cabeza que tanto buen aficionado esté tan encantado con aquello que se vio el otro día en el Baratillo, no me lo creo. Pero me asombra las energías que han derrochado para atacar a los disconformes, casi más de la que han empleado para enaltecer al de Núñez del Cuvillo, desplegando un loable ejercicio de retórica laudatoria taurina para convencernos de lo que no se creen ni ellos; pero primero había que eliminar cualquier opinión contraria o cualquier atisbo de ello. Pues esto tampoco lo han conseguido.


Pero tanto indulto y tanto acontecimiento y casi no se habla del toro. Es como si se hubieran intercambiado los papeles. Ahora, desde hace tiempo, el indulto de un toro es mérito casi exclusivo del matador, del matador y del nivel del vocerío de los espectadores. Si empezamos por la presencia del animalito, pues no sé, no sé, será que a mi me gustan los elefantes con cuernos y que además no se mueven, con más de 700 kilos y unos cuernos como los de las películas del oeste. Sobre su comportamiento, pues lo del caballo no parece que sea para mandarle al Campo otra vez, sobre todo porque no se le pudo ver en una tercera vara. Y la forma de embestir, pues muy propia de los encastes modernos, una embestida seguidista, que va detrás de la zanahoria como un niño detrás de un sonajero, pero sin ningún afán atacante. O por lo menos eso es lo que me parece a mí.

Pero bueno, creo que hay acontecimientos con más enjundia que el dichoso indulto, hoy especialmente, que no sé si tendrá continuación en Madrid dentro de ya pocos días, bien en forma de salidas a cuestas, que no a hombros, de ese rabo que muchos vaticinan como la llegada del Mesías o vaya a saber usted de qué manera. De todas formas, quiero aprovechar para agradecer a todos los que me han leído hasta hoy su fidelidad hasta el momento y que si deciden que esta es la última visita a esta grada del seis, pues que lo siento, pero que lo primero va antes y lo que va antes es estar en paz con uno mismo; que para algunos tiene que ser realmente complicado.

sábado, 30 de abril de 2011

¡Lo que estoy aprendiendo con la tele!

En estos días me estoy planteando muy seriamente el dejar de ir a la plaza y seguir la feria de San Isidro, Aniversario y todas las ferias del mundo, por la tele. Y, ¿por qué esta decisión? Porque he descubierto la luz con las retransmisiones de la Feria de Abril. Me quedo boquiabierto y estupefacto de todo lo que se puede aprender mirando, y sobre todo escuchando, lo que sale de esa bandeja con cristal puesta de pie. La tecnología que ha convertido la caja tonta en este nuevo artilugio extraplano ha llegado a la fiesta de los toros.



Con los toros por la tele puedes apreciar con todo detalle cuántas gotas de sudor le caen al matador por la punta de la nariz, las veces que pestañea el toro y conocer a todo aquel que es alguien entre los taurinos. Pero eso son baratijas comparándolo con lo que se puede sacar de los comentarios del maestro Molés y del maestro Caballero. Se abre la puerta de toriles y ya te dicen si “eso” es toro o borrego, si es guapo o feo, si está bien acabado y si ha acabado el curso de esteticista a distancia, que no es maquillar con el pincel enganchado a una pértiga.

Si hay una cosa que caracterice al mundo de los toros es su particular y precisa jerga. Ya tengo claro lo que es la toreabilidad, ese maldito término que a muchos nos tiene a maltraer, pero ¿qué me dicen de la durabilidad? No creo que haya una expresión que describa mejor el comportamiento del toro durante la lidia. Primero ha de tener durabilidad y después toreabilidad y lo siguiente es tocar el cielo. Pero ojo, que esto no acaba aquí, porque estamos hablando de algo vivo, en continuo proceso evolutivo y con la capacidad de incorporar nuevos términos para nuevos fenómenos. Pero esto no se puede hacer a tontas y a locas, hay que respetar unas normas y la fundamental es añadir el sufijo “-bilidad”.

Siguiendo esta metodología testada en las más importantes ferias del mundo y gracias a la difusión que un medio como la televisión permite, no será difícil tener una idea exacta de una corrida, siempre gracias al relato de verdaderos maestros. Así será fácil conocer el comportamiento del toro en el primer tercio, ese que últimamente estaba un poco abandonado, pero no era otro el motivo, que no se había creado un término apropiado. Así podemos hablar de picabilidad, la capacidad del animal para ser picado o no. Que no tiene picabilidad, pues ya sabemos que no se le pica, porque si se abusa del palo, igual merma la pasabilidad de éste y hace que aumente la invalidezbilidad, resaltando feamente la borreguibilidad. Si el toro se para en banderillas y no acude a la reunión con la suficiente alegría, estamos faltos de banderillibilidad, carencia alarmante en casos de corridas de matadores banderilleros, verdaderos expertos en la carrerabilidad, saltabilidad y toropasadobilidad.


Pero esto tampoco tiene demasiada importancia, lo “güeno” viene con la muleta, donde el astado, con gran pitonibilidad si presenta una gran arboladura, debe dar todo lo que lleva dentro. Ahí tiene que demostrar cuánta toreabilidad lleva dentro. Pero en este mundo de matices, esto no iba a ser menos. Que el toro entra y sale como si estuviera en una puerta giratoria, pues eso es boboneriabilidad, descastabilidad, y según a quien se le pregunte, aburrimientobilidad, que se puede incrementar, o no, con la estirabilidad y retorcibilidad del matador.

Es necesario seguir correctamente estas normas de uso y así cuando un vecino nos pregunte, ¿qué tal la corrida?, cuando nos vea llegar de los toros, podremos decirle que fueron de estimar las altas dosis de coñazobilidad, conjuntada con la mantabilidad de los maestros y la nula orejabilidad durante toda la tarde. Para que el vecino no se piense que te sobra primobilidad, calidad de ser más o menos primo, por eso de ir todas las tardes para nada, le puedes dar en el hocico con la meriendabilidad, la bocadillibilidad y guisquibilidad del tercer toro, como en los pueblos, de la charlabilidad con los fieles del tendido o grada, muy útiles a veces para aguantar el nivel de aguantabilidad de los huesos propios del final inferior de la espalda, y que se fastidie que en una tarde con plena aforabilidad, cuando se llena la plaza, y de máxima reventabilidad de entradas y clavelibilidad, él se ha quedado en casa y tú no. Pero claro si te sale con que él ha disfrutado como un enano con la televisibilidad y tú no, hay estás perdido, tendrás que agachar las orejas y marcharte a casa a ver si esa noche hay cenabilidad o dietabilidad.

miércoles, 27 de abril de 2011

La lidia ante todo



Lidiar es torear



Esta lidia no es aquella compañera de facultad con la que coincidía en el metro cuando iba a clase con la lengua fuera después de comer, aquella chiquita tan simpática que tan buenos apuntes tenía. Esta lidia tiene algunas diferencias y una de ellas es que esta no debe tener unos apuntes tan buenos, con la letra clarita, con sus esquemas, sus gráficos y todo lo importante subrayado.


No estamos nada más que empezando esta feria de abril/ mayo de Sevilla y aparte del desencanto ganadero, que está siendo grande, sobre todo por lo que a Dolores Aguirre se refiere, se está evidenciando que ya no se lidia a los toros. Todo lo que no sea pase, pase y pase ha quedado excluido de la tauromaquia moderna. Lejos ha quedado aquello de muletear por bajo haciendo que el toro se retuerza, con el único objetivo de prepararle para la suerte suprema. Pero no solo es esto la lidia, también es picar bien a los toros, que no quiere decir masacrarlos. En la misma lidia está el medir el castigo y no concebir el caballo como un mero trámite en el que el toro entra dos veces al peto y punto. Se ha podido ver como alguno de los toros habrían necesitado recibir un puyazo más, aunque solo fuera señalándolo, pero que ayuda a ahormar un poco más la embestida o al menos limar la violencia con que luego embiste a la muleta. Y ya si entramos en que se tapa la salida por sistema y se pica trasero como norma, llegaríamos a la conclusión de que se pica muy mal. De la misma forma que se les ve a los de a pie bailar en la cara del toro haciendo un peligroso zigzag con el capote, que no enseña nada bueno y que hace que el marrajo aprenda más de lo que ya tenía sabido.



No creo que haya salido ningún toro que permitiera florituras y ponerse bonito, ni hacer el toreo artístico y pinturero, eso es más que evidente y no voy yo a decir que corridas como estas son las que necesita la fiesta, menos la de Dolores que la del Conde de la Maza, pero lo que sí requieren es otro tipo de toreo. Tampoco voy a cargar en este caso contra los matadores, no creo que sería justo, pero a eso que alguno afirmó de “lo he probado por los dos pitones” hay que ponerle un prólogo. Está bien eso de intentarlo por los dos lados, pero ante la mala condición para el toreo artístico del toro hay que hacer otras propuestas. Y que conste que incluso puedo admitir que se deje el toro un poquito crudo, esa es una decisión y una apuesta del matador, quien asume una serie de riesgos a la hora de tomar la muleta. Pero si todo se reduce a un vendaval de arreones y embestidas destempladas, entonces hay que echar mano del toreo sobre las piernas, que en ocasiones resulta tan artístico y mucho más torero que el derechazo, natural y derechazo.


Recordaba en “Hasta el rabo todo es toro” Antonio Díaz la faena de Diego Urdiales a un Victorino en Madrid, en la que no recuerdo ningún natural, ni derechazo, pero sí que toreo, todo a base de machetear por bajo a un toro que no admitía otra cosa. El riojano no solo venció en la pelea al de la A coronada, sino que obtuvo el reconocimiento del público y el triunfo, porque aquello fue un triunfo, o por lo menos así lo veo yo. Es más, es una de las mejores actuaciones del riojano en la plaza de Madrid. No recuerdo si hubo orejas o no, incluso si dio la vuelta al ruedo, que creo que sí, pero sí recuerdo que ante un toro imposible, toreó.



¿Por qué resulta tan difícil ver lidiar a un toro? Por un lado, parece que el público no lo asimila, que no el aficionado, y en cuanto ve cómo el matador tiene intención de empezar a machetear ya empieza a ponerse nervioso y a pitar, esos mismos que luego piden paciencia a los que protestan el abuso del pico, el toreo en línea y el cite fuera de cacho. Parece que en su concepción del toreo, esto es el final de la faena, lo que precede a la suerte de matar y no el inicio, en el que se trata de arreglar lo que no se ha conseguido en el caballo, precisamente para intentar dar algún pase con algo de gracia.



Pero no solo el público tiene culpa de esto, también los matadores, quienes no tienen en sus esquemas la lidia, no solo con la muleta, sino con el capote, en el caballo o en banderillas. Y los conatos de lidiar que esporádicamente dejan ver, se reducen a unos trapazos por la cara del toro, sin obligar lo más mínimo al toro. Es un abaniqueo inútil que no les lleva a ninguna parte.


Como en tantas cosas, la solución puede que esté en el toro, que es el único que puede obligar a la torería actual a que aprendan a defenderse y a lidiar contra las dificultades que el ganado descastado, manso, bronco, violento, imposible como dicen ahora. Aunque tal y como están las cosas, es complicado. La norma dicta que estas ganaderías se apartan del circuito y su puesto será ocupado en ocasiones sucesivas por hierros comerciales que no molestan y que van y vienen a la muleta sin problemas. Pero que no se engañen, si las empresas deciden cambiar estas ganaderías, lo más probable es que también decidan cambiar los espadas y meterán a los de siempre, a los pegapases. Quizás si aprendieran a enfrentarse a este tipo de ganado de otra forma, mostrarían que hay otro toreo además del de los mantazos, devolverían la emoción a las plazas y seguro, segurísimo, que ninguna figura intentaría quitarles del cartel.