viernes, 31 de mayo de 2019

San Vulgario, patrón de los claveles


Si hay figuras de por medio, no esperen ver esto

Cada día se evidencia más nítidamente que aquí el que no sigue el carril se debe convertir en un apestado. Otra cosa es que lo llegue a ser, pero los que han asumido el adoctrinamiento del sistema ponen todos sus esfuerzos en conseguirlo, pero esto tampoco depende solo de ellos. Eso sí, ponen en juego las más bajas artes, aunque ellos se consideren limpios de alma y corazón, cívicos aficionados por estar siempre del lado de los que se visten de luces, por poner todo de su parte para que las tardes de clavel acaben entre brocados dorados y pétalos de rosas alfombrando su mundo. Ellos, tan educados y sensibles se permiten acusar, vilipendiar a quienes no piensan como ellos y ponen en los demás, en sus enemigos, que así los ven, quizá lo que ellos pretenden esconder en sus entrañas, pero basta una tarde como esta de los Adolfos, con Manuel Escribano, Román y Roca Rey, para que proyecten sobre los demás lo que harían suyo, si no fuera porque se les iba verter el yintonic al suelo. Ellos solitos descubren no solo su condición de aficionado, sino también lo que son como individuos. No admiten las protestas, porque estas pueden chafarles el ver a su torero o al torero por el que han pagado una pasta para verle, y si en medio de estas protestas por lo que está sucediendo en el ruedo salta el infortunio y un hombre de luces es cogido y de gravedad, se vuelven a los que no estaban de acuerdo y les acusan de aquello que acaba de suceder. ¿Creen estos sujetos que alguien quiere provocar una cornada de nadie? ¿Creen estos sujetos que nadie que proteste se alegra de que un hombre vaya para adentro? ¿Qué tienen dentro para llegar a esta conclusión? ¿De qué están hechos? ¿O es que necesitan echar la culpa a alguien en esa actitud tan miserable como inmadura? ¿Quizá no han llegado a pensar que esas protestas pudieran ser porque a lo mejor alguna anticipaba lo que podía pasar viendo cómo el toro ya había avisado del peligro si se le continuaba tratando de esa manera? No, seguro que no, es mejor buscar a quién culpar de lo que no tiene culpa. Y a este carro se apuntan los voceros del régimen, los que atacan permanentemente a la fiesta, una tarde tras otra en los micrófonos de la televisión de los toros, don Maxi, Cristina Sánchez, Emilio Muñoz y los demás actuantes de las retransmisiones. Esos para los que todo va bien mientras ponen el cazo. Y nunca faltan los esbirros que se adhieren perdiendo las posaderas, a ver si hacen mérito, los que van de periodistas ecuánimes y no son más que el brazo propagandístico de toda esta basura que rige el toreo en este momento.

La tarde de los Adolfos era día de postín, de alegrías prefabricadas y nadie podía saltarse el guión, había que estar todos a una para hacer que los triunfos fueran de colosales dimensiones. Pero se olvidaban de varios detalles. El primero es el toro. Ya sé el predicamento que tiene este ganadero entre todo el mundo y encima en este día les ha dado argumentos para que profundicen en este camino. Tres toros estupendos para la muleta, lo que resulta absolutamente innegable. Eso sí, agradecería que no me los pongan como paradigma de toro bravo, al menos mientras no hagan lo mismo con esos a los que tildan de borregos que no aguantan un puyazo entre seis y que es en el último tercio en el que se destapan, los Cuvillos, Alcurrucén, Garcigrande, para resumir, eso que llaman genéricamente Domecq. Que hay que reconocer que las embestidas no son del todo iguales, pero si miramos eso que dicen de la lidia, o la miramos o no la miramos, pero para todos igual. Que ya me gustaría que salieran muchos toros como los tres últimos, pero no me quieran luego hacer trampas, eso no.

De la misma forma, no que quieran tampoco hacer el truco del tocomocho con los toreros, que me parece magnífico el que un aficionado tenga sus debilidades, que quiera encumbrar a su paisano o al torero que sigan en ese momento, pero volvemos a lo mismo, Lo que no vale para Ponce, Juli, Castella, Perera, manzanares y tantos otros, no vale para nadie. A Manuel Escribano nadie le puede negar su disposición y más sabiendo que está cogido en la cama con un cornalón de caballo, pero si este matador basa su toreo en atravesar la muleta, en no mandar y en tener que recolocarse permanentemente, lo que no podemos es no querer ver lo que allí pasa. Que hay veces que las cosas se intentan y no salen, como en el tercer para a ese cuarto de la tarde, quebrando por dentro y queriendo dejar un par de un mérito y riesgo imposible. Se le cayeron los palos al suelo. Pues muy bien, eso es una parte de los toros, que no sale todo, pero si se va con verdad, se deja y punto. De la misma forma que hay que valorar el que a ese mismo toro le diera sitio, pero si a continuación vienen los retorcimientos, el pico y demás, ¿no se puede decir? ¿Hay que callar? Y si la cosa es así, ¿alguien quiere que le pase lo peor? Por favor. Que llevo un rato intentando aguantarme el calificativo que tengo en la cabeza para estos señores que no admiten la protesta, pero que sí se ven en el derecho de llevar al paredón moral a quién no está en su misma órbita. Que esto no es nuevo, pero sigue siendo injusto.

Era tarde de partidismos exacerbados, como en el caso de Román, que siempre atrae paisanos, siempre está muy arropado por los suyos, lo cuál es de admirar, pero que estos fans del valenciano no pretendan que todo el mundo comulgue con sus ruedas de molino, que aquí en esto de los toros todo el mundo tiene amigos, padres, tíos, parientes o aspirantes a que el matador les salude un día. Que para unos su toreo es ausencia absoluta de toreo y mando y otros jalean la consecuencia de esto, el que se acabe echando el toro encima, el que se vea apurado porque el toro va a su aire, el que tenga que pasarse la vida corriendo para buscar un muletazo, el que acorte los muletazos tanto que no llegan ni a medio pase. Le jalean el que insista en un toro ya parado que solo se defiende y que hasta acaba calándole, afortunadamente sin demasiadas consecuencias. Que lo de ponerse fuera a citar y lo de tirar con el pico, aparte de una trampa, sí señores, una trampa, puede ser hasta peligroso, dependiendo los casos. Que si unos y otros quieren poner a su torero a los pies de los caballos, bien no está, pero ellos sabrán, pero al toro hay que respetarle, porque en toda esta juerga es el único que está ahí sin que nadie le haya preguntado nada. Y ya sabemos que nace y vive para este momento, pero démosle su oportunidad.

Estaba claro cómo el agua de que era día para subir a los altares a Roca Rey, que no habiendo estado tan en la luna como otras tardes, al menos parece que alguien le dijo que en el ruedo se está pendiente del toro y de los compañeros. Algo se ha avanzado. Siempre se le achaca el que hace lo que hace, sin toro. Pues bien, en la de Adolfo le ha aplicado gran parte de su repertorio a un toro, que no es poco. Otra cosa es admitir eso que el hace como toreo de verdad, porque de verdad hay muy poco. Vista toda, pero toreo… Otra cosa es con lo que cada uno quiera cegarse, con que uno esgrima ese argumento de poder del “me he emocionado”. Contra eso no hay respuesta, que estamos en la de siempre, que eso es pura subjetividad. Que habrá quién quiera ver un toreo excelso de capote, que no se dio, porque no toreó de capote, o que quieran ver muletazos hondos y rematados, dónde pases largos en línea recta, rematados delante de la cintura, intercalados de carreras, presentando el pico de forma descarada para seguir con el siguiente trapazo. Dirán que con la mano muy baja, verdad es, pero no bajando la mano, que no es lo mismo. Que eso de la mano muy baja hay un señor especialista en ello y es de Velilla de San Antonio. Que insisto, que aquí o todos tirios o todos troyanos, pero no me cambien el juego a mitad de la partida. Pero era el día en el que todo valía si era en pos del triunfo, la algarabía y las puertas grandes. Pero también era el día de definirse, de respetar la fiesta, de partirse la cara por ella y por la exigencia del toro u optar por dejarse llevar por los favoritismos personales, por “emocionarse”, que también es lícito, pero casi mejor que sin que luego nos vengan con milongas milongueras. Que nos llamarán lo que quieran a los que no pasamos por ese aro, aunque no me parezca bien, pero que no se azoren y que se entreguen sin reservas al jolgorio y festejos para celebrar a San Vulgario, patrón de los claveles.

jueves, 30 de mayo de 2019

Cuándo nos da por emocionarnos


Los Albaserrada de don Victorino no recuerdan en nada a los abuelos de los abuelos, de los abuelos, de los abuelos de estos.

En esto de los toros, de un tiempo a esta parte se han cambiado de alguna manera el orden de la escala de valores. Quizá antes en los puestos más altos estaba lo de mandar, templar y por supuesto, el toro. Luego podría haber felices circunstancias que aún siendo perseguidas, no se constituían en pilares de la fiesta, como puede ser la creación del arte o la bravura misma, porque antes que esta, se suponía siempre la casta. Sin arte podía haber una gran tarde de toros y sin bravura, también, ¿por qué no? Pero ahora parece irrenunciable eso del arte, que está muy bien, claro que sí, y por otro lado está lo de emocionarse y ahí podemos meternos en un buen berenjenal, porque si en esto todo lo dejamos en manos de algo tan subjetivo como es la emoción, así, sin más, puede que al final acabemos emocionándonos con un torero funambulista que recorra el ruedo haciendo equilibrios sobre la barrera de la plaza, sin poner un pie en la arena.

Pues en la tarde de los victorinos algo de eso ha habido, que la gente se ha emocionado, unos han contagiado a otros, los otros a los unos y así, todos emocionados, han jaleado toros que no eran toros y toreros que no hacían el toreo y que ni tan siquiera lo honraban con una estocada en todo lo alto, pero como había emoción, adelante con los faroles. Era la segunda tarde del certamen “100 años de Albaserradas”. En esta ocasión correspondía el turno a lo de Victorino Martín, con una corrida al uso, más que justitos de presencia, algunos incluso parecían necesitados de un cola cao que no les hiciese parecer tan escurridos. Algunos incluso protestados, aunque el señor comentarista de la tele, el señor Muñoz, decía que era porque el personal miraba a la tablilla. Y que razón tenía, porque era ver los cárdenos, los grises cómo gustan de decir los modernos, y ver el peso y a alguien se le escapó un saco de piedras en el momento del pesaje. Eso sí, el peso no quiere decir, para ver la justeza de presencia y trapío de lo que ha mandado don Victorino Martín (García) dolo había que fijarse en lo que salía por la puerta de toriles. Luego han tenido sus cositas durante la lidia, pero quizá ninguna insalvable, aunque por momentos parecía que algunos se tomaron la tarde como tarde de alimañas, de fieras corruptas, Que quizá no hayan salido demasiado en el tipo Domecq, pero es que al final ya nos vamos a achantar porque los toros tengan dos cuernos.

Octavio Chacón lleva una feria que la verdad, emociona poco. En su primero se arredró ya de salida, cuándo el de Victorino le apretó con el capote, teniendo que darse la vuelta para perderle terreno hacia los medios. Apenas se le castigo en el caballo, al que acudió al pasito y dónde mostró cierta fijeza, excepto cuando le tapaban la salida que tiraba derrotes. Con la muleta parecía quedarse un poquito por el pitón izquierdo. Sin mando, se colaba y la falta de firmeza obligaba al espada a tener que correr para recuperar el sitio. Muletazos con el pico, más carreras, acelerado, sin pausa, casi aperreado con un animal con más genio que otra cosa, que solo pedía que le mandasen. El cuarto era el más serio hasta el momento, pegajoso y revolviéndose en seguida. Mal picado, sin demasiado castigo, recibió al primero de los banderilleros esperando un mundo. Continuó Chacón en la misma línea que en el anterior, sin quedarse quieto y cortando los muletazos, muy desconfiado, apresurado y sin mostrar esas dotes de buen lidiador que se le suponían, alargando demasiado el trasteo con muletazos que no le hacían nada al de Victorino, para terminar con un infame bajonazo.

Daniel Luque hacía su primer paseíllo en la feria, empezó frío con su primero, al que, si siempre nos quejamos de que se pica trasero, con este se superaron todos los límites, con un marronazo que caía más cerca de la penca del rabo, que de la divisa. Echen cuentas. Mal picado, apenas se le señalaron los dos puyazos. Con la muleta se lo sacó de las tablas sin apreturas. Dejaba que le tocara demasiado la muleta, muy atravesada, demasiadas carreras, el toro empezaba a quedarse y el matador por momentos se descomponía. Pico, muletazos empalmados y brazo largo para no sufrir apreturas. Muchos muletazos y nada de toreo. Su segundo, el quinto, era el más grandón, pero muy escurrido. Mantazos de recibo, que hacían difícil hacerle entender a alguien que este torero tenía buen manejo del capote. Dejó que se le castigara en el caballo, mientras el animal derrotaba mucho contra el peto. La faena de muleta comenzó con un enganchón y una colada. Intentó aplicarle el toreo al uso, ese del muletazo al bies, el de no tirar, esperando que el toro se toree solo y si hay que correr, pues se corre. Prolongó demasiado la faena, para evidenciar que no estaba entendiendo al toro y que igual tampoco le importaba demasiado. Enganchones, trapazos de uno en uno, pero sin llegar a ninguna parte.

Emilio de Justo no entró en su día en el bombo, directamente él se apuntó a esta de Victorino Martín, lo que tampoco está mal. A su primero lo recogió echando el capote abajo. Se le fue suelto al caballo, empujando cuándo el caballo le tapaba la salida. Con la cara arriba, complicó a los banderilleros. Ya en el último tercio, de Justo hizo el toreo de todos, desajustado, con el pico y corriendo mucho, entre enganchones y dejar que le tocara a menudo el engaño, hasta que el animal ya se le paró. Bien  a la verónica para saludar al sexto, con una media barroca muy forzada. En el caballo el cárdeno simplemente se dejó, acudiendo al capote de su matador a paso lento y mortecino. Parado en banderillas, cuando Ángel Gómez iba a cerrarlo sin que ningún compañero estuviera atentó para ayudarlo, tropezó y sufrió un tremendo volteretón; las cosas de no estar cada uno en su sitio y que a un compañero le puede salir muy caro. Se descaró desde el primer momento Emilio de Justo con este sexto, de frente y citando al natural, a base de tirones. Muletazos con el pico, sin rematar ninguno. Medios pases, constantemente teniendo que recuperar el sitio, por momentos se le quedaba debajo en mitad del pase, con el público entusiasmado, para concluir de un bajonazo, que no fue obstáculo para que se le pidiera la oreja, quizá por eso, por la emoción, que no por el toreo que allí hubo. Y es que ya es muy habitual que pases estas cosas en la plaza de Madrid, que priman otras cosas por encima del toreo y es que, cuándo nos da por emocionarnos.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Contra viento, marea y más viento


Quizá a alguno le habría venido bien que les hicieran crujir por abajo

Tarde de escolares, tarde de toreros, toreros teniendo que bregar con una corrida de toros dura, complicada, con esas cosas que tiene la casta y además un ventarrón que ponía todo más cuesta arriba. Y eso que algunos recordábamos aquellos de José Escolar que hasta eran bonancibles para hacerles el toreo, pero los de este año han sido para hacerles el toreo con mayúsculas, el de poder con ellos, doblegarles, hacerles meter la cabeza en los engaños a fuerza de bregar sobre las piernas y luego, si acaso, haber si tenían uno o ninguno natural o derechazo. Y que no piense nadie que esto es una crítica a los tres matadores de toros, Robleño, Gómez Escorial y Ángel Sánchez, que se las han tenido que ver con estas joyas y algún que otro regalito que daban ganas de engarzarlo en un broche.

Por causa de ese ventarrón que ha merodeado toda la tarde, la lidia se ha cambiado al burladero entre el 6 y el 7, a ver si allí la cosa estaba más calmada. Salió el primero frenándose mucho ante los capotes y echando las manos por delante. Robleño intentó sacar los brazos, pero al tiempo tenía que dominar aquella vela y aguantar que se le venciera por el pitón derecho y con esa forma de cortar el viaje el animal, que acudió de lejos al caballo, para acabar cabeceando en el peto. Peligroso en el segundo tercio, apretando a los banderilleros en el momento en que los veía a tiro de pitón. Se fue el matador a terrenos de chiqueros y allí se defendía su oponente, volviendo al defecto inicial por el lado derecho, acostándose por ahí y colándose. Pero es que por el derecho quería menos, otra colada y desarma al madrileño. Tiraba arreones, lo que no llevaba más que ir a concluir. En el cuarto, ya se advertía la complicación del animal, que tampoco es que hiciera mucho caso de los intentos de alargarle el viaje. A la menor duda, el toro se tiraba a buscar. Fue al caballo con cierta alegría, para que le taparan la salida y empujara hacia los medios. Quizá el defecto que se le pudiera achacar a los tres matadores es el empeño de querer dar naturales y derechazos, cuando lo que pedían era un enérgico y eficaz macheteo con trincherazos y pases de castigo, a ver si así se ahormaban un poquito… o no. Robleño volvió con este a la puerta de toriles, para además de aguantar los arreones, sacarle algunos muletazos de mérito, muletazos sueltos, cazándolos con la izquierda y teniendo que recuperar el sitio perdiéndole muchos pasos. Lo que otro día no es fácil asimilar, en esta tarde se admitía con bastante más mano ancha, ¿Por qué? Por el toro. Quizá alargó en demasía el trasteo, que cómo decía antes, puede que hubiera que haberse limitado a ese toreo de poder y castigo y que incluso podría haberle dado mejores frutos, si la estocada hubiera sido en todo lo alto y no tan caída como resultó. Si bien es verdad, que en la fase final de la faena Robleño arrancó algunos muletazos arrancándoselos con mucho empeño.

Gómez del Pilar se fue a portagayola en sus dos toros. A su primero lo logró enganchar en un terreno muy complicado, después de la larga de rodillas. Acudió de lejos al caballo, para recibir una cuchillada en la paletilla. Le taparon la salida y empujando acabaron toro y montura más allá del tercio. Puso en serías dificultades a los banderilleros, pues en las entradas por el pitón derecho, cuándo parecía llegar al embroque, se frenaba peligrosamente, y por el izquierdo iba con la cara alta y apretando cuándo veía la salida de los chiqueros al fondo. En la muleta no tenía gran cosa, pero Gómez del Pilar se empeñó en querer aplicarle el toreo en redondo de los derechazos y naturales. Se quedó el de Escolar, el matador todo voluntad, entre los cuernos, el animal se le cruza por el izquierdo, poniendo en peligro a su matador. Faena de mérito por esa voluntad de que hablaba, pero, la pregunta es si también habría cortado algún trofeo si le hubiera aplicado un macheteo con poder. Sí que es verdad que el público, la masa, igual se ponía a pitar, pero en tardes como esta quizá sería en las que mejor se entendería esa forma de dominar a los toros.

De nuevo se marchó a portagayola en el quinto, que ya en pie, punteaba el capote entrando rebrincado. Puyazo en la paletilla, para a continuación el caballero casi se apeara solo de la montura, no sabiendo defenderla de las embestidas del toro. Este empujaba con fijeza, para acabar marchándose de allí. Mostró con claridad cuál era su condición en un momento en que desarmó a un peón y la manera en que se ensañó con su presa ya en el suelo, quedándose allí, como defendiendo su trofeo. Se lo sacó Gómez del Pilar al tercio, el toro no solo no pasaba, sino que no desaprovechaba el momento para tirar un viaje, lo que repitió a lo largo de la faena. Le costó al matador convencerse de que allí no había nada, que era un pozo seco y que si quedaban dos gotas e agua, era de agua ponzoñosa.

Ángel Sánchez ya de salida tuvo que tragar con las frenadas del de Escolar, que escondía la cara entre las manos y tiraba más arreones que embestidas. Dos puyazos castigando al animal, con una lidia bien conducida por Iván García, limpio y eficaz con el capote. Con el viento siempre presente, tomo la muleta el matador, para empezar a recibir arreones. Tres mal contados en chiqueros y al cuarto un gañafón del que se salvó Ángel Sánchez por un tantito así. Derrotes, coladas, algo más largo por el pitón izquierdo, pero al final llegaba el desarme. Había mucha voluntad, nada que objetar a tanto empeño, aunque como sus compañeros, quizá podría haber elegido el camino del toreo sobre las piernas, era una posibilidad. El sexto ya salió defendiéndose y a las primeras de cambio ya desarmó a su matador. Quizá dentro de lo complicado, este era el menos complicado, pero no le cuidaron durante la lidia. Fernando Sánchez logró un meritorio par, sobre todo por superar un extraño del toro en el cuarteo, ganado la cara y clavando los palos. El trasteo lo inició con muletazos por abajo a la puerta de toriles, para proseguir en redondo, con el animal perdiendo las manos al tercer intento de que pasara. El toro hasta parecía que se dejaba más, pero con una sosería que no había asomado en toda la tarde. Muletazos y más muletazos, para que el cárdeno acabara tirándosele al pecho, recordándole que confianzas, las justas. Y para colmo, empezó a dejar ver un leve gazapeo que aún le complicaba más las cosas a Ángel Sánchez, siempre con el inconveniente añadido del viento. Ya digo que los tres matadores quizá tuvieron ciertas carencias en el momento de decidir que lidia administrarles en el último tercio, pero en este día no seré yo quién les afee su actitud, porque ellos venían a lidiar la de José Escolar y se vieron obligados a pelear contra viento, marea y más viento.

martes, 28 de mayo de 2019

Se hartaron de correr


Especialmente dedicado a quién cumple un año más. Muchas felicidades

Les voy a confesar algo, me gusta el toro, toro, el de bella e impresionante lámina, el que su visión ya hace que te riles, que la camisa no te llegue al cuerpo, pero, siempre hay un pero, lo que se disfruta con unos novillejos que parecen no haber llegado aún a utreros. Novillos que siendo de Buendía, no parecían comerse a nadie, pero, ¿cuándo vuelven? ¿Para cuándo otra novillada de la Quinta? ¡Caramba con los pequeñitos! Que los novilleros, taurinos y amigos interesados de los taurinos dirán eso de “pequiñes, no gracias”. Oiga y con lo que dicen que gustan los mastodontes en la Plaza de Madrid, no se ha protestado ni uno. Y no ha hecho falta nada más que ver al primero de la tarde para darse cuenta de que la cosa podía animarse, cuando para rematar en el burladero de matadores ha metido el hocico en el montón de arena que le protege. ¡Qué cortita se nos ha hecho la de la Quinta y que larga se les puede haber hecho a otros que esperaban posturas y se han encontrado carreras.

Tres novilleros que aspiran a verse en nada y menos anunciados en los carteles de postín de todas las grandes ferias, Ángel Jiménez, el Galo y Francisco de Manuel, que si logran tal propósito, seguro que harán lo posible y lo imposible para no tenerse que poner delante de una de estas nunca más. Que les preparen Domecq hasta la embriaguez, pero de los cárdenos, ni uno más, que como broma, esta de la Quinta ya les ha valido. El primero salió sin que Jiménez hiciera demasiado por meterle en vereda y él solito se fue contra el peto, como un ciclón, empujando con brío, tirando cabezazos y desmontando al señor del castoreño, pero tuvo la mala suerte de al tomar un capote, clavar los pitones en el suelo y quedar tendido en el suelo, dando la sensación de que no se iba a levantar. Pero se levantó, que tenía que ir buscando la muleta sin desmayo, aunque acusaba el percance previo, mientras su matador se limitaba a aplicarle el toreo de todos, cite desde fuera, con el pico y sin aprovechar los viajes buenos del animal. Su segundo salió queriendo enterarse de lo que pasaba por allí. Mal picado, trasero, cabeceaba contra el peto, hasta que le levantaron el palo, momento en que se enceló más con el caballo. En el último tercio, ante el pico que le ofrecía el espada, el novillo se le venía encima y dejaba al descubierto las carencias de Ángel Jiménez, que no acababa de tener claro por dónde entrar a su oponente. Pico, trapazos, se le va de repente a tablas, lo saca y continúa a lo suyo, hasta que las embestidas ya eran saliendo con la cara alta, sin querer saber mucho más de aquello.

El Galo se vio sorprendido desde la salida del ímpetu del este segundo de la tarde, teniendo que darse la vuelta y ceder terreno al segundo capotazo. Acudió de lejos y con prontitud al caballo, para empujar con ganas, plantando batallo al que le hirió de primeras en la paletilla. Una segunda vara también con distancia, derrotando bastante mientras le hacían la carioca. En un quite su matador se vio desbordado, acabando tirándole el capote a la cara y echando a correr como alma que lleva el diablo. Nadie se hacia con el novillo, que hacía hilo con todo lo que se le pusiera por delante. El Galo optó por darle distancia, pero no le administró el temple que precisaba, dejando que le tocara el engaño. El cárdeno acudía a todo, empeorando las cosas al notar la tela con los pitones. Se comía al torero, que no encontraba la forma de quedarse quieto. Se quiso desquitar el azteca, recibiendo al quinto con unas verónicas muy arrebatadas. Mal picado, en mitad del lomo, peleando sin humillar, pero con fijeza. Y en ese afán por agradar, el señor Lagravere se puso a parear. En buena hora. Pareó más esprintando que midiendo al novillo, a toro pasado, al violín y al trombón, queriendo quebrar una vez, otra por compromiso, para acabar corriendo buscando escapar de aquel pequeñín con mala uva. Poco mejoró su quehacer con la muleta, comenzando a base de trallazos y banderazos y prosiguiendo con muletazos con el engaño al bies y muchas carreras, pues el novillo se lo comía, que lo mismo le daba por uno que por otro pitón, acabando con unas manoletinas y un sartenazo tirándole el trapo a la cara.

Francisco de Manuel parecía que quería y así lo demostraba con las primeras verónicas de recibo, sin enmendarse y hasta alargando las embestidas de su oponente. Se le pico incluso delanterito al novillo al que a la salida del primer puyazo le quitó el matador con gusto. Ya en la muleta no había mando y el animal le echaba la cara arriba. Le dio distancia, pero al meter tanto pico, se le venía por el hueco entre tela y bulto. Con criterio cambió al pitón izquierdo, aunque ese no mandar le obligaba a correr y correr tras cada natural, para acabar viéndose apurado al colársele el animal por el mismo motivo, el pico exagerado. Se puso incierto el de la Quinta, no lo que no evitaba que acudiera allí dónde le presentaran la tela. De nuevo recibo a la verónica al sexto, quizá algo más afectadas, encogiendo un tanto el brazo que toreaba, lo que impedía que se alargaran demasiado las embestidas. Empujó este sexto con fijeza en la primera vara, señalándosele apenas las segunda. Para el trasteo de muleta eligió los terrenos del seis, cruzándose con él todo el ruedo. El toro tomaba bien la muleta que le presentaba de Manuel, con el pico y sin mando, lo que le obligaba a recomponerse y recuperar el sitio a fuerza de correr, lo mismo por uno que por otro pitón, enganchones, le apura, más carreras, sin pausa, no paraba quieto y sin poder, igual que sus compañeros, con una corrida echa para un toreo más poderoso, más de verdad y no para que le enjaretaran muletazos al uso a diestro y siniestro. Y así pasó, que los novilleros se hartaron de correr.

Enlace programa Tendido de Sol del 26 de mayo de 2019:

domingo, 26 de mayo de 2019

Día mundial del arrimón


Yo me pregunto si un día volvieran a los ruedos algunos encastes casi desaparecidos, si serían aceptados por el público.

Si usted un día se levanta con ganas de ser torero y otro con  ganas de que le ovacionen con ardor, no lo dude, péguese un arrimón. Da lo mismo que usted ande a merced de los toros, que vaya aperreado en el primer tercio, que no se haga con ellos, que no los entienda, que se líe a pegarles trapazos y a darles aire en las orejas, usted se mete entre los cuernos y seguro que alguien se arranca a dar palmas, luego otro, otro y otro más, hasta que se amplia el grupito, dos más por el otro lado y en nada tiene a toda una plaza dando palmas y encantados con su arrimón. Que habrá quién piense y opine que eso es ahogar al toro, que es desaprovecharlo, que es que se le vaya sin torear, pero tranquilo, que a esos ya habrá quién les diga “baja tú”; luego se lían en el tú tal, tú cuál, tú más, eso me lo dices en… Pero lo del arrimón no hay quién lo pare. Luego viene lo de la espada, pero no hay nada que no se arregle con un bajonazo desde las orejas del toro.

Pues a grandes rasgos, esta ha sido la tarde los Pedraza de Yeltes, que comenzó con protestas al palco, pues reaparecía el señor presidente, hasta el día de los Juan Pedro, de los mayores atropellos en la Plaza de Madrid. Que la terna pudiera ser don José Antonio Pangua, don Trinidad López- Pastor y don Gonzalo de Villa- Parro y como sobresaliente a don Jesús María Gómez Martín; cada uno autor de una hazaña de las que en su momento se dijo aquello de. “lo nunca visto” y el “¿Dónde vamos a parar?”. Pero en este caso las protestas a don Gonzalo tampoco han sido de grandes dimensiones, entre otras cosas porque la mayoría de los asistentes se miraban unos a otros sin saber qué era aquello. Que el respetable estaba un pelín despistado, que lo mismo pedían una oreja, que a continuación daban palmas de tango para protestarla, pero como sonaba bonito, a palmotear.

La de Pedraza de Yeltes ha salido feota, casi hasta cumplidora en el caballo, pero ya digo que casi, más por lo recibido, que no han sido los picotazos habituales, que por la pelean que han opuesto a los montados. Luego se medio dejaban, pero pidiendo que se les mandara, porque si no sacaban su cosita y se iban complicando cada vez un poquito más, hasta que ya no había nada que hacer. Sin ser marrajos, no eran tontos del todo y el dejarles tocar los engaños una y otra vez, al final les hizo despabilar. Solo había que conducir las embestidas, no acompañarlas y obligarles un poquito, muy poco, que tampoco estaban ellos para alardes. Pero lo del pegapasismo, no, eso sí que no.

Octavio Chacón tuvo que vérselas con tres del encierro, por cogida de Juan Leal. Cómo es ya marca del gaditano, estuvo atento al transcurso de la lidia y como ejemplo, ahí queda el detalle cuando su compañero fue cogido en el tercer toro. Se formó un remolino, unos por aquí, otros por allá, toreros sin capote corriendo por el ruedo, todos alrededor del herido, excepto Chacón, que con el capote se plantó ante el de Pedraza y ahí lo mantuvo sujeto hasta que se aclaró todo. Un capotazo para sacarlo un poquito y a taparse; sin necesidad de quitarle pases al animal, sin malearle por ningún pitón. Simplemente atento, con sangre fría y la cabeza puesta en el toro. Pero aparte de este detalle que ya no sorprende al aficionado, no estuvo en su mejor tarde. Recogió bien a su primero veroniqueando con lentitud, pero en la muleta se vio desbordado desde muy pronto, el animal se le revolvía, obligándole a perder demasiados pasos. Muletazos con poquito mando, doblando demasiado el lomo, echándolo para afuera, desembocando en un arrimón, alargando demasiado la cuestión. Su segundo salió cruzándose delante del capote del matador. Inició la faena sacándoselo con cierto garbo, pero fue tomarla con la derecha y ya se le empezó a ver desbordado, en cuanto que el de Pedraza notó que allí solo era cosa de dar vueltas alrededor de un giraldillo. Se le empezó a venir encima, uno, dos muletazos y al tercero se le vencía hacia adentro. La sensación era que no podía con este animal. En la corta distancia intentó tirar de un repertorio que no agrada demasiado en esta plaza, mientras que las sensaciones eran que se le había ido. En el sexto ya tuvo que girarse de espaldas a los medios, cediéndole terreno hacia las afueras. Incluso a este último se le puso de lejos hasta se arrancó al caballo, pero sin ninguna codicia, ni alegría. Tocado con la montera, inició el trasteo con la mano derecha, sacándoselo más allá del tercio, rematando con la zurda y uno de pecho. Muletazos sin tirar del toro, que se venía un pelín rebrincado. De nievo la sensación de que no estaba pudiendo, de que no mandaba en el animal. Muletazos y más muletazos, hasta que el toro empezó a salir del encuentro mirando, con la cara alta. Para al final concluir metido entre los cuernos y arrancando trapazos descompuestos.





A Javier Cortés le tocó quizá el más feo de la tarde, con un aspecto que poco podría recordar a un toro de lidia, pero que casi cumple en el caballo y todo. El madrileño se dispuso a aplicarle la receta del pase y más pases, sin templar, más bien dando aire que toreando, retorcido y quitándole la muleta de repente. Pico, pierna escondida y de trashumancia por el ruedo a ver si le daba uno o dos, para terminar de un bajonazo, tras tres intentos previos. En su segundo repitió prácticamente lo mismo, sin variar la tónica, a ver si le daba pases y punto. Acelerado y sin poder con el toro, más preocupado de quitarse de encima, que de torear y poderlo. Y como no veía el modo, pues a atosigarlo y a ahogar las embestidas, permitiendo que le tocara constantemente la tela.



Juan Leal solo pudo enfrentarse a un toro, el tercero con el que ya desde los primeros compases con el capote se le advertía cierta escasez de pericia. Pero el hombre quería cubrir tantas carencias a fuerza de voluntad y allí que se plantó de rodillas en el comienzo de faena, para dar unas poco lucidas sacudidas de trapo, sin orden, ni concierto. Mucho pico, muy descolocado, demasiadas carreras e intentando cazar muletazos allá dónde pillara. Tirones, quitando la tela al toro de la cara, desarmes, arqueando en exceso el cuerpo, retorcido, de uno en uno, un verdadero desbarajuste.

Muy vulgar, muchísimo, metido entre los cuernos sin que eso tuviera ningún sentido, ahogando las embestidas y lo peor es que en una de estas resulto cogido por detrás y aunque consiguió terminar con el toro, la cornada era fuerte. Continuó en la misma línea y concluyó con una estocada casi en mitad del lomo, lo que le valió un trofeo. Insisto en que no ha sido una corrida de azulejo en el desolladero, pero desde luego que tenía algo más que el inevitable arrimón, que en este día hasta han sustituido a las consabidas manoletinas y bernadinas. Y solo por eso, este día debe ser declarado el día mundial del arrimón.

sábado, 25 de mayo de 2019

Una oportunidad perdida


El toreo a dos manos puede pasar de ser ayudados a ser telonazos

Ver a un torero humilde, que ha peleado contra adversidades que nadie podía imaginar y las ha vencido y que el día de su confirmación salga por la puerta de Madrid, genera siempre un momento de alegría, incluso de euforia. Ver como a los suyos les tiemblan las piernas, sus llantos, los abrazos, esa alegría desbordada, no se paga con dinero. Pero una vez superado ese momento de éxtasis, quizá hay que parar un momento y pensar en que estamos haciendo con la Plaza de Madrid, con la fiesta. Porque cuando se aplica la mesura, no por parte de sus partidarios, sino por parte de la autoridad, todos salimos beneficiados y además se impone la justicia. David de Miranda ha salido en volandas a hombros de los que tanto le han visto padecer, de aquellos que celebraron un día el que se volviera a poner de pie, el que diera dos pasos seguidos, que tomara de nuevo los trastos y que vistiera otra vez de luces. El triunfo más grande ya estaba conseguido, había vencido a la fatalidad. De la misma forma que en este sentido su triunfo ha sido igual de colosal, el de Paco Ureña, al que hemos podido volver a ver vestido de luces. Que en este día de vuelta ha cortado una oreja, pero la Puerta Grande, grandísima, ha sido el superar su calvario, el despejar los negros, negrísimos nubarrones que una tarde quisieron aplastarle la esperanza de seguir en los ruedos. Orejas, despojos o lo que quieran, no son nada comparado con el triunfo de estos dos señores del toreo, uno humilde y de Trigueros y el otro, vislumbrando la cumbre, de Lorca. Y ahora, hablemos de toros.

Eran los toros de Juan Pedro Domecq, la masa madre de este suflé que es el toreo moderno, la Tauromaquia 2.0. que no han defraudado, han sido unos animalejos mal presentados y con el comportamiento habitual de este hierro y sus franquicias, flojos, inútiles para el caballo y de los que van y vienen en la muleta, buscando la pelotita. Y unos intentaron encontrarse con el toreo, Paco Ureña y David de Miranda, y otro quiso endilgarnos lo suyo, Julián López, El Juli. Y lo suyo es hacer lo que le parece, que para eso es uno de los máximos exponentes de este tinglado que nos quieren vender como toreo. Y si alguien tiene dudas, que se fije en el primero que le tocó en suerte, anovillado y de feas hechuras, al que no es que no se le picara, es que salía del caballo tirando coces. Se dolió en banderillas y prosiguió el resto de la lidia entre caída y caída, mientras su matador, que tuvo que luchar también contra el viento, intentaba tirar líneas al hilo del pitón, salteado de enganchones. Su segundo era otro de la cuadra de jamelgos de Juan Pedro, al que no se pudo picar, lo que no evitara que perdiera las manos. Y comenzado ya el trasteo de muleta, el animal se inutilizó de una mano y en lugar de abreviar, el madrileño se dispuso a enjaretarle su repertorio de derechazos. La imagen era de todo, menos edificante y laudatoria para el toreo. Miraba a la presidencia como diciendo no sé qué. Que igual el señor López no sabe aún que cuando un toro se inutiliza en el ruedo lo que hay que hacer es tomar la espada y abreviar lo antes posible. Pero no, este forzó la devolución a los corrales. Quizá se ofreció él a pagar el sobrero que salió primero por su capricho y en segundo lugar, por la incompetencia del presidente, que se pasó el reglamento por el Arco de Cuchilleros. Y por los micrófonos de la televisión, la señora doña Cristina Sánchez no solo justificando esta impresentable situación, sino alabando la cacicada de Julián López.

Y salió un sobrero de Luis Algarra, uno de esos enormes y destartalados torotes que don Emilio Muñoz acepta como si fueran de la familia. La verdad es que el respetable estaba un tantito así de mosqueado, pues Madrid no acaba de llevar bien eso de que la traten como a un trapo, ni que el trapeador sea un señorito que se cree el dueño de la hacienda. La verdad es que no le echó demasiadas cuentas y le dejó deambular por el ruedo a su aire, que ya se apañaría el pica con su palo, aunque la realidad es que no atinaba ni aunque le pusieran un toro de escayola con diana y un cable guía. Así poco se va a calmar el personal. Y llegó el último tercio entre rezos para que el animalote no se dañara y don Julián decidiera que tampoco le cuadraba. Se lió a dar trapazos por los dos pitones, unos por aquí y otros por allá. Y como vio que la gente no estaba muy a favor, intensificó nuestro calvario alargando aquello hasta la desesperación. Algo que no deja de sorprenderme, que a un artista le piten y que, como cruel castigo, no tenga otra opción que ofrecer su propio arte. Tras un pinchazo en la paletilla, cerró su hazaña con un bajonazo traicionero, poniendo esa forma tan suya de ejecutar la suerte suprema, y nunca mejor dicho lo de ejecutar.

Volvía a torear en Madrid Paco Ureña, hay que felicitarse. Su primero salió escarbando y trastabillándose por momentos. Le costaba al murciano conducir al Juan Pedro por el ruedo, gastando demasiados capotazos, sin conseguir al menos llevar al caballo con cierto orden. Las embestidas del animal eran sosas, sosísimas, mientras que Ureña no lograba limpieza en los muletazos, enganchones, cites de frente, muletazos a pies juntos, acortando demasiado las distancias. Pinchazo y bajonazo para finiquitar a su primero. Al que hacía quinto le recibió a pies juntos. Fue al caballo con la cara alta, para no recibir castigo. El comienzo de la faena de muleta fueron muletazos con la derecha sin templar, con la punta del engaño, enganchones y coladas, teniéndose que recolocar el matador con una carrerita. Demasiadas carreras, demasiados enganchones y muletazos de uno en uno, dando la sensación de estar demasiado preocupado de llegar al público. Muy fuera, citando demasiado en corto, de frente, más muletazos de uno en uno, peleón, pero sin ligazón. Concluyó de un bajonazo casi entero, soltándole la muleta en la cara. Se le concedió una oreja, que para lo realizado quizá sea un premio excesivo.

David de Miranda era el confirmante de esta tarde. Recibió a su primero a pies juntos, sin esmerarse en alargarle las embestidas de salida. Tampoco cuidó demasiado la lidia en el primer tercio. Ya con la muleta el animal se quedaba muy corto, desde los ayudados por alto de inicio, para seguir con los intentos de muletazos por ambos pitones. Parado, se defendía y revolvía muy pronto. Se empeñó el triguereño en alargar innecesariamente una faena que ya no daba para más. Arrimón y manoletinas, ese virus de la tauromaquia moderna. El sexto, como sus hermanos, tampoco fue castigado en el peto, yendo el caballo al toro en el segundo encuentro. Lo que era innegable era que el confirmante quería. Primero un quite muy quieto en el quinto de Paco Ureña y en este suyo, unas ajustadas chicuelinas. Se fue a los medios y comenzó con pases por la espalda y por delante, sin moverse, ni arquear el cuerpo. Una primera tanda con la derecha tirando de pico, para después acomodarse tirando del toro con la muleta más plana, pero algo acelerado. Ganó en valor con la siguiente tanda, más reposado, con más temple, dejando un par de redondos rematados atrás. Con la zurda se atropelló más, pero siempre con la virtud de la firmeza, clavando los pies al suelo y la colocación. Pero la continuación fue un atravesar más el engaño y el ya no rematar atrás, largando tela, incluso, en algunos muletazos. Le andaba bien al toro, dejándole tomar aire, pero haciendo que estuviera permanentemente con él. Tanda con la muleta menos plana, sin tirar del toro, y una arrucina ligada con el de pecho, para concluir con las inevitables bernadinas, ajustadas, pero también atropelladas. Cobró una entera rinconera y dos orejas que fueron premio excesivo para la tarea de David de Mirando. Quizá la justeza habría sido solo una y hasta puede que hubiera sido mejor admitido por la afición. El señor presidente estaba por dar orejas con demasiada ligereza, lo que no provoca otra cosa que una devaluación de los trofeos. Luego se entra en comparaciones con otras tardes de esta misma feria y sobre la concesión de las orejas. Que si este fue un fraude, que si este era solo de una, que si… Madrid debe recuperar la seriedad que nunca debió perder y eso se hace en tardes como esta, pero involucrándose los ocupantes del palco. Simplemente con no hacer regalos ya se adelantaría mucho, y al final esta tarde ha acabado siendo una oportunidad perdida.

viernes, 24 de mayo de 2019

Qué poco dura la alegría en casa del pobre


Cuesta que salga el toro y cuándo sale, este parece esperar a un torero.

Qué injusta es la vida, cuántos sinsabores, días de mucho y vísperas de nada. Un día tiramos la casa por la ventana, damos orejas a todo quisque, nos lo echamos a la chepa y lo coronamos como divinidad celestial y al siguiente, na de na. Con la ilusión que llevaban algunos, quizá no tanto por ver toros, que con lo de Jandilla ya estaba complicado, como porque se avecinaba merendola, que no es lo mismo, pero alegra los buches. Que pensándolo bien, los bocatas se los podían haber trasegado los pandillitas, a ver si así cogían un poquito de cuerpo y el personal los ascendía de novillos adelantados a toros. Y si eso no era posible, al menos que tuvieran el brío necesario que se precisa para poder pelear en el caballo y recibir un puyazo entre todos. Que dura se acaba haciendo el ciclo torerista/ comercial/ despojos a tutiplén, en su primera fase.

Corrida de Jandilla muy al uso de la modernidad, mal presentada, escuchimizada, pero que se dejaban pegar muletazos a troche y moche y más si en ellos no había sometimiento y todo se basaba en el “ahora voy, ahora vengo”. Abría el cartel Sebastián Castella, que no la tarde, Con un primer toro de su lote, segundo de la tarde, al que no se picó, que manseó y no paró de escarbar. Faena con un inicio con muletazos por abajo y con la zocata, que podrían recordar a otro de hace años que enloqueció al personal, pero este no fue el caso. Toreo desde muy fuera, atravesando el engaño, metiendo el pico en el testuz del toro, para concluir con el casi inevitable arrimón. A su segundo, aparte de tampoco picarle, le dejó un poco a su aire, si iba al caballo desde aquí o desde allí no era cosa que le importara. Quite por chicuelitas con demasiada sosería y acabando liándose al final del quite. Ya que en su primero puso en práctica un comienzo de trasteo “lidiador”, en este caso vino lo de los muletazos por la espalda, quedando desarmado a las primeras de cambio. Y a partir de aquí ya todo fue lo de siempre, ese pegapasismo interminable, tramposo, con enganchones y en línea recta. Nada nuevo, una nueva edición del repertorio habitual, aunque no sería de extrañar, tal y como está la plaza, que le veamos salir a cuestas en próximas apariciones.

La afición esperaba a Emilio de Justo, que se ganó el venir en este San Isidro con aquellas dos impresionantes estocadas que le llevaron en triunfo. Su primer mansito apenas tuvo que sufrir la puya. De Justo inició con muletazos por abajo, demasiado acelerados, para proseguir con muletazos con el pico, enganchados y sin mando, lo que por momentos le complicó, echándole el toro la cara arriba y viniéndosele encima al finalizar el muletazo. Trallazos destemplados, colada por el derecho y desarme y esta vez no atinó  con la espada hasta el tercer intento. Su segundo se paró ya de salida, en cuanto pisó la arena. Capotazos sin quedarse quieto y en el caballo al menos ofreció algo de pelea, aunque fuera por un solo pitón. En el último tercio volvió Emilio de justo por los mismos derroteros, intentando acoplarse, abusando del pico, permitiendo que el animal le tocara la tela, para concluir con demasiadas carreras para recuperar el sitio. Al menos cerró con una estocada defectuosa, pero tirándose con el corazón, que no es mala manera de intentar salvar la honra de torero.

Abría y cerraba Ángel Téllez, que confirmaba la alternativa. Y bueno, confirmarla, la ha confirmado, pero no es que haya dejado la semilla de la ilusión en el aficionado. Incapaz con el capote para conducir de forma medianamente lógica la lidia, además con un animal que iba de aquí para allá y ya a estas alturas iba como un mulo. Muletazos aburridos y con los vicios de todos, los que nos ha traído esta modernidad y que aburren hasta la saciedad. Casi lo mismo que en el sexto, no entendiendo la lidia, sin saber por dónde atacar al toro y mostrando su voluntad en un quite con el capote a la espalda, que solo demostró eso, voluntad. Quiso empezar de rodillas en los medios y acabó sentado en la arena ante el primer embate del Jandilla. Ya en pie, demostró una alarmante falta de pericia, no parando quieto, tirando de vulgaridad, con todos los vicios habituales de sus maestros. Se acabó poniendo muy pesado, intentó echarse la muleta a la espalda, pero el personal ya no aguantaba más, por lo que tuvo que tomar la espada, para cerrar un día tan especial con un solemne bajonazo. Fueron unos pocos los que fueron con la idea de pedir orejas, aclamar en triunfo a estos artífices de la Tauromaquia 2.0, aparte del aliciente de la merendola, pero no pudo ser y es que ya se sabe, qué poco dura la alegría en casa del pobre.