domingo, 21 de noviembre de 2010

Ayudemos a los empresarios


Hay que reconocer que ha sido un año duro para los empresarios taurinos, quienes han visto sustancialmente mermados sus ingresos, pero no sus preocupaciones, por ayudar a la fiesta brava a ser grande. La mayor parte de las veces no reciben el reconocimiento de la gente, del aficionado, quienes son incapaces de apreciar sus desvelos por encumbrar este espectáculo, que no sería nada sin su trabajo. Ya es hora de hacer justicia y de recompensarles con nuestro agradecimiento y si es necesario con nuestro dinero. De acuerdo que a lo largo de la temporada ya hemos desembolsado exiguas cantidades de dinero, pero ¿qué es eso si se trata de salvar la fiesta? No podemos permitir que los empresarios taurinos, sabiamente dirigidos por las seis casas más importantes, naufraguen sin recibir ayuda. Ellos, el verdadero motor de este espectáculo, necesitan ayuda.

En estos días pasados he leído en diferentes soportes digitales el producto de sus reflexiones y sus preocupaciones. Se quejaban de la escasa o nula rentabilidad de casi todas las plazas de toros, excepto Madrid, Sevilla y alguna más que son la excepción que confirma esta regla. Pues señores empresarios, despréndanse de tanto remilgo y copien los usos de estas plazas, anuncien ganaderías de saldo, matadores que no interesen a nadie o casi nadie durante treinta días seguidos y no contraten a los toreros que interesan de verdad, si estos piden más de la cuenta, o como mucho se les contrata una o dos tardes a lo sumo. Hay que ahorrar y el movimiento se demuestra andando. Pero esto no quiere decir que los precios de las entradas se rebajen; hasta ahí podíamos llegar. A ver si los señores aficionados ahora se nos van a poner remilgosos y van a dejar de sacar sus abonos porque los carteles sean una basura.

Pero ellos solos, el mundo empresarial no puede cargar con todo el peso, necesitan ayuda, y quién mejor que los poderes públicos para prestársela. Porque que sepan todos ustedes que esto de los toros no es un negocio, aunque pueda a veces dar esa impresión. La organización de corridas de toros y novillos es un postulado, que digo postulado, un apostolado. Un acto de fe en el que incluso tienen que bregar con esos ingratos padres de toreros, representantes de toreros y hasta los mismos toreros, que no entienden que no se puede torear sin pagar.

Leo las palabras de Simón Casas y no me negarán que habla como los ángeles. Si lograra olvidarme a perpetuidad de las fechorías perpetradas en las plazas de España y Francia por este señor, podría llegar al éxtasis escuchando sus argumentos. Si Castelar levantara la cabeza se escondería detrás de un sillón de las Cortes, acomplejado ante semejante verborrea, pero si el auditorio lo componen los aficionados del momento, cuidadito que no haya piedras por esos contornos.

Pero no sólo es Monsieur “Casás” el exasperador de aficionados, por no decir encabr…itador de masas; ¿dónde nos dejamos a los Choperas, Choperitas y Choperotas, que siempre se están esforzando para que este año sea el bueno, pero que siempre van un año por detrás? Los Lozano, que se esmeran por llevar plazas siguiendo el canon comercial, por criar toros que respondan al toro comercial y por apoderar toreros que no se desvíen del nuevo toreo comercial, para conseguir llegar a la más excelsa vulgaridad; Matilla, que prepara un cierre glorioso en Barcelona, pero que se cerrará ya para siempre; o la empresa de Sevilla, que parece estar más pendiente del calendario Zaragozano y de las fiestas a santificar que del Taurino.
Pero ahora todos se han olvidado de sus particulares preocupaciones y se han unido para pedir desde su particular Corte de los Milagros. Señora Ministra, aplíquenos una generosa bajada del IVA y le digo la buenaventura, señores de la administración, una pequeña subvención de nada para mis churumbeles. Señoras Comunidades Autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos no sean malajes y “arrebájennos” las condiciones de los pliegos.

Y todo por esa cabecita loca que les ha llevado a la perdición. Como todos los “Profesionales” de la fiesta nunca se han preocupado por el futuro de ésta. Siempre han actuado como si después de ellos, ellos, después de ellos “nadie” y luego ni tan siquiera Antonio Fuentes y sí el abismo. Eso que tanto le reclaman a las administraciones públicas no se lo aplican a ellos mismos, mucho que hay que promocionar la fiesta, pero no ellos. Ahora se encuentran que entre entradas y televisión no les llega para llegar a final de mes. Les ha importado un pito el fortalecimiento del espectáculo, el convertirlo en algo robusto con unas raíces bien asentadas. En cuanto veían asomar unas ramitas, ñam, ñam, ñam, ñam, a devorarlas, sin preocuparles si eran los futuros frutales que les fueran a asegurar el sustento. Siempre han cumplido a rajatabla eso de pan para hoy, hambre para mañana.

Nunca se ha planteado nadie la incorporación de nuevas formas de financiación, como puede ser la publicidad; y en los casos en que han apostado por la innovación era a costa de llevarse por delante las tradiciones y ritos de la fiesta que deberían considerarse intocables. A los anunciantes se les pide que inviertan en el mundo taurino, pero sin ofrecerle nada a cambio. Si el anunciante normalmente decide invertir su dinero en un medio con la esperanza de ver esta multiplicada en forma de ventas de productos o de servicios, en este caso se le exige que haga un gasto a fondo perdido. No para ofrecer un beneficio a su empresa, sino para seguir llenando la saca de los taurinos.

Quizás lo más importante, y urgente, fuera recrear un espectáculo en el que el aburrimiento no sea aceptado como un mal inevitablemente presente tarde tras tarde, y que de verdad compareciera la emoción y la verdad, sobre todo por la mejora del toro y la estricta observancia de su integridad, convirtiéndolo de una manera efectiva en el centro de todo este tinglado que llamamos tauromaquia. A partir de ahí ya podemos empezar a pensar en la publicidad en televisión, en las revistas, programas de mano, patrocinio de ferias, corridas y plazas y todas las fórmulas que se nos pudieran ocurrir, pero por favor, olvídense de destrozar los trajes de luces con anuncios de Avecrem, de decorar las plazas de toros como si fuera un todo a cien o de marcar los petos con el logotipo de una empresa anunciadora. ¿Se imaginarían un peto de las Ventas con el logo de Sanitas mientras el toro se despanzurra contra él, para acabar rodando por la arena? Sólo un poquito de decencia, amor por la fiesta y sentido común.

14 comentarios:

Juan Medina dijo...

Enrique:
Hay que poner en marcha, pero ya mismo, la campaña:

“APADRINA UN EMPRESARIO TAURINO”

No podemos permitir que sigan sufriendo en silencio. Hay que aliviarles de algún modo. Y que la campaña la financie el Ministerio de Cultura, que alguna competencia taurina habrá que buscarle.

Ahora que llegan las navidades, esa época tan FAMIGLIAR, apadrinemos que, mira por dónde, viene de PADRINO.

Saluti.

Enrique Martín dijo...

Juan:
Menos mal que alguien con sensibilidad y con buen corazón comprende mi inquietud. Y es que el aficionado mucho hablar que si vulgaridad, trapío y vulgaridad y cierran los ojos ante una tragedia como esta. Y te ruego que si cuando salgan los carteles de San Isidro me encabr...ito, como suele ser habitual, apeles a mi buen corazón y me recuerdes la situación por la que tienen que pasar los Choperitas.

Un saludo

David Campos dijo...

Enrique:

Apostemos por la creación de la ONG "Save the Empresas", con el único fin de luchar por la supervivencia de quienes, temporada tras temporada, trabajan desesperadamente por y para el fin de "La Fiesta".

Un saludo!

En Barrera dijo...

Los empresarios han tratado a la Fiesta como la gallina de los huevos de oro, con las consecuencias nefastas que eso tiene.

Enhorabuena por el artículo Enrique.

Yo también me adhiero a la campaña: “APADRINA A UN EMPRESARIO”, yo voy a apadrinar a Eduardo Canorea, por las frases que nos deja año tras año y porque con la reducción del aforo de la Real Maestranza es uno de los empresarios más perjudicados... jajajaja.

Saludos.

Enrique Martín dijo...

David:
Veo que la iniciativa tiene muchas posibilidades, yo incluso planteo que les pasemos nuestro número de cuenta y que tiren de ella cuando lo necesiten ¿no?
Un saludo

Enrique Martín dijo...

En Barrera:
Tu comentario me ha llevado a Berlanga, tan presente en estos días, y quizás lleguemos a sentar a un empresario a nuestra mesa el día de Nochebuena. Ya sé yo quien se iba a "jinchar" a lombarda.
Un saludo

MARIN dijo...

Entre todos lo mataron, y el solo se murio...
Solo faltaba quien le pegara la puntilla, y aparecieron, vaya si aparecieron.

Un saludo Enrique.

eltorodelajota dijo...

Enrique,

esta gente se ha creído por encima del bien y del mal, y hasta hace bien poco se llenaban los bolsillos sin preocuparse de lo que fuera a pasar en el futuro. El toreo por si mismo, daba beneficios por poco bien que se hiciesen las cosas.

Ahora vienen malos tiempos y todos se echan de rodillas hacia la administración pública, aficionados y demás sectores para pedir misericordia y limosna.

Yo, por mi profesión, me toca trabajar con muchas empresas, sobretodo industriales, y puedo decir sin llegar a equivocarme, que muchas están pasando auténticos apuros para su supervivencia. Sin embargo, a ninguna se le ocurre ir a pedir a la puerta del alcalde o del presidente provincial de turno, todas están rompiéndose la cabeza para ver cómo salir del bache en base a nuevas políticas e estrategias ambiciosas.

Yo bastante hago con sacarme el abono como para además apadrinar a un empresario.

Saludos

Iván dijo...

Brillante una vez más!
Los comentarios que te dejan, también son "pata negra"
Así da gusto "bloguear" jeje.
Una vez más, sin palabras!
Un abrazo!

Enrique Martín dijo...

Marín:
Aunque parezca un contrasentido, sólo nos queda la esperanza de que venga uno que quiera ganar dinero de verdad y que lo ganen sus hijos y sus nietos; que no sea un "arrebañaor" de estos. Que se lo plantee con seriedad y honestidad. Aunque después de decirlo me parece casi imposible.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

David:

Eso del abono para ellos no importa, porque al contrario que en otros sectores que se trabaja para ofrecer un buen producto que se venda, estos creen que nuestra obligación es pasar por taquilla y el que no lo haga es que es un mal aficionado. Son maneras de verlo, pero que después no pidan.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Iván:
Ya sabes que lo mejor de este blog son los que lo leeis.
Un saludo

Xavier González Fisher dijo...

¿Para que después nos llamen "mentirosos" como a Joaquín Vidal, que ya desde la tumba, no puede defenderse?

La única "ayuda" que de mí obtendrán será, (cuando el "producto" lo valga) el precio de mi entrada y en taquilla.

Un abrazo...

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Como diría un castizo, "ahí l'asdao". En muchas plazas, como en mi caso la de Madrid, vamos sacando el abono esperando que esto cambie o que venga José Tomás y me pueda asegurar las entradas, o que venga Vicente Pastor y tener garantías de que voy a tener mi entrada. Somos clientes cautivos en este sentido y además tenemos que aguantar la crítica social de que el que no saca el abono es un mal aficionado. Aunque esta última cada vez pesa menos.
Un saludo