martes, 24 de mayo de 2011

Los toros de las figuras

La verónica


Pues era una novillada, efectivamente, lo que se anunció en la plaza de Madrid y lo que la gente pensó que iba a ver, era una novillada. Al contrario que pasa en otras ocasiones, que el público cree que va a ver una corrida de toros y le sueltan una novillada. No sé que líos tendrán en los corrales o si algún gracioso va y cambia los carteles de los corrales para luego partirse de risa en su casa. O igual no hay nadie que cambie nada y son los veedores los que cometen el error.

Novillos de Montealto que en algún momento más parecían toros para las figuras, que para chavales que se están iniciando en esto. Bien presentados en su conjunto e interesantes, aunque no fueron lidiados como cabría desear. No se fijó en el capote a casi ninguno, se les dieron demasiados capotazos, se les permitió que vagaran por el ruedo a su antojo y en el caballo se dejaron; unos cornearon el peto queriéndose quitar el palo, a casi todos se les tapó la salida y de la misma forma se fueron sueltos en busca de terrenos más templados donde no les hicieran daño. El segundo, que fue el único al que se le recogió bien, quizás algo tuvo que ver el toreo de capote de Sergio Flores, se le puso en suerte largo y el animal empujó, derribó en el primer encuentro, le volvieron a colocar frente al peto, empujó, pero acabó escapando del castigo. Un mal gesto que luego ratificó en banderillas. Pero quitando el jabonero que hizo tercero y que se paró demasiado, todos pudieron haber encontrado otro destino en el tercio de muerte y haber lucido más en la muleta.

Los embriones de figuras fueron el francés Thomas Duffau, el azteca Sergio Flores y el madrileño, de Barajas, López Simón. Thomas Duffau se mostró como un alumno aventajado de la escuela pastelista, con amplios conocimientos del toreo moderno y de opereta. Más parecía que le habían prestado su personalidad torera, que no que quisiera mostrar lo que llevaba dentro. Con el capote evidenció su capacidad para sacudir mantas de varias formas, pero nunca toreó, ni mandó y ni tan si quiera fue capaz de llevar el toro al caballo y de ponerlo en suerte con sosiego. Con la muleta empezó con los originales pases por detrás, o por delante, Siguió con el repertorio habitual de la modernidad, citar completamente fuera, dar pases con el pico, alargar el brazo y vaciar las embestida allá en las lejanías, sin tener en cuenta el quedarse colocado para el siguiente pase. Muy vulgar y para corroborarlo unas absurdas manoletinas sin gracia alguna. Ante este panorama, en su segundo, que era más bronco y que exigía que se estuviera más pendiente de él, solo pudo darle trapazos destemplados. Se llevó un buen susto al caerse en la cara del toro, quedando unos segundos a merced del novillo.

Sergio Flores fue el que más detalles buenos mostró. Nada más salir su primero se abrió de capote y lo recibió a la verónica y si bien por el derecho rectificaba, por el izquierdo se estiró a gusto llevando toreado al novillo, para cerrar con una airosa larga afarolada. Fue el único de la tarde y uno de los pocos de la feria que puso el toro en suerte en el caballo, incluso a cierta distancia. Intentó un simulacro de competencia en quites con López Simón, pero la cosa no llegó a mayores. Con la muleta bajó bastante, mostrando un toreo moderno acelerado, desajustado y abusando del pico, no consiguiendo otra cosa que el que se le marchara el de Montealto sin torear. En su segundo se retorció aún más, intentó alargar el brazo aún más, abusó del pico aún más, alargó el brazo para vaciar la embestida del toro allá lejos aún más y nosotros pudimos ver bastante menos. Habrá que esperar a ver si se decide por el camino duro de ser matador de toros, o por el lado oscuro, para hacerse figura del toreo.

Algunos esperábamos bastante más de López Simón, aburrido con el capote, aburrido en la lidia y aburrido toda la tarde. Parece como si hubiera perdido aquella frescura que le hacía torear con mucha naturalidad y desparpajo, pero que le hacía diferente y que hacía albergar ciertas esperanzas. Pero si las muestras de voluntad se reducen a recibir con la muleta a sus dos novillos de rodillas, pues da toda la sensación de haber equivocado los conceptos de entrega y torería. Sobre todo si todo lo que se muestra de tras es la aceleración, el encimismo más vulgar o el toreo perfilero y fuera de cacho. No obstante, como al mexicano, me gustaría volver a verle, con la esperanza de que vuelva a su idea inicial del toreo y no a lo que le cuentan. Son muy jóvenes y es muy fácil influirles de mala manera y hacerles creer que ya son alguien en esto del toro. Pues que repasen la lista de los que no llegaron o que vean la respuesta del aficionado ante muchos de los que se consideran triunfadores. Y si les vale de algo, que tengan en cuenta que esas figuras casi matan el mismo toro que ellos, y eso sin haberse doctorado aún. Esperemos a las futuras novilladas que con toda certeza serán más de las anunciadas. Y si no, tiempo al tiempo.

2 comentarios:

Iván dijo...

Enrique pues que voy a decir yo que tú no hayas dicho.
Simón y el francés parecen magos ¿no?
Ya sabes, por aquello de los trucos.
El 2º fue un novillo encastadito y bueno para el torero y el 5º, también me gustó.
Un buen animal que pedía guerra.
Saludos!

Enrique Martín dijo...

Iván:
Esperemos que lo de ayer fuera solo un mal día y que tomen el buen camino en cualquier momento, aunque me parece más fácil en López Simón que en el francés.
Un saludo