lunes, 16 de enero de 2012

Caramba con algunas familias





La sangre cárdena de los Saltillo

La historia que voy a contar podría ser una cualquiera de La jauría humana”, “Calles de fuego”, o con otro estilo de “El Honor de los Prizzi”, “Uno de los nuestros”, Érase una vez América”, “Historias del Bronx” o “El Padrino I, II, III”, pero nada tiene que ver. Esto nos lo contaba un ganadero de los que les aguanta en esto la afición y que prefiere no echar demasiadas cuentas, porque entonces sí que esto es una verdadera locura.
Al entrar en la coqueta y muy bien pensada finca, cerca de la puerta había un cercado con siete novillos y con una amplia charca, salvavidas en los meses más calurosos de la meseta. Lógicamente, el aficionado en lo primero que repara es en los siete mocitos que no pierden detalle de la visita. Siete jovenzuelos de sangre Santa Coloma, siete cárdenos que delatan su procedencia de Buendía. Una preciosidad para contemplar relajadamente y sin prisas. Unos disfrutarán llenándose los ojos con la bella imagen del toro en su medio, igual que lo podrían hacer nuestros antepasados hace décadas y hasta siglos. Otros además recrearán en su mente las evoluciones de este tipo de ganado en el ruedo, con ese nervio y esa intransigencia que presentan ante las cosas mal hechas, que no sabes, al lomo. Es la ley del toro. Pero la visión del ganadero, además de todo esto se ve completada por un “menudos hijos de…”, porque sabe lo que se sufre en su manejo, la dificultad de su carácter y ese espíritu indómito de este encaste.
Nos contaba el ganadero que esos aparentemente apacibles novillos, de vez en cuando se ofuscan, se les nubla el sentido y no atienden a razones. Ni por favor, ni sin favor. ¡Qué cosas tiene el toro bravo y qué cosas tiene la casta! Pues en una de estas, dos novillos empezaron a medir sus fuerzas como lo hacen tantas veces, pero tarascada por aquí, tarascada por allí, de tanto medirse no midieron que la cosa iba a más. La cosa se ponía fea, el uno contra el otro arremetía con fieras embestidas buscando hacer daño al contrincante. Y como suele pasar en los Buendía, los demás no podían seguir a sus cosas y dejar en paz a los díscolos de la manada. Lógicamente metieron baza, especialmente para evitar que ninguno tomase las de Villadiego. ¿Qué te escapas? Tantarantán, ¿qué lo vuelves a intentar? Otro tantarantán y así una y otra vez, hasta hacer que el supuesto perdedor se refugiara dentro de esa charca, que puede pasar inadvertida para el mero observador, pero que cuenta mucho para estos caballeros que viven allí. Pues bien, una vez que consiguieron meter en el agua al más débil, se apostaron los demás en la orilla esperando y cada intento de salir a la orilla era contestado con una andanada de embestidas. ¿No quieres pelea? Muy bien, pero de no pienses salir de ahí. No había escapada posible, el precio de la orilla era la cornada. Los vaqueros no podían ni intentar mediar en la refriega. Parecía que para los novillos era más importante mantener en alto el honor de la familia, la sangre Buendía, que perdonar la debilidad de un hermano. Se cruzaron tres fuerzas, la del perdedor que buscaba la paz del pasto, la de los cuidadores que no veían el momento en que aquello tocara a su fin y la de la casta, que estuvo durante horas esperando al fugitivo en la orilla, para obligarle a volver a la charca a cada intento de escapada, hasta que por fin el reo no pudo más y acabó su penitencia en el fondo de las aguas. Muerto, pero con el honor familiar impoluto. La estampa cárdena y la sangre del clan podrían seguir sintiéndose los amos de la dehesa, los herederos de la gloria de su antepasados.


El ganadero nos contaba esta historia entre admirado, orgulloso y resignado, aunque sabiendo muy bien con quien se la está jugando. En el paseo nos extraño ver como había un ejemplar espectacular, con un trapío impresionante y una presencia que daba más que respeto, pero en ese mismo cercado había un novillo ¿y eso? pues eso era el más revoltoso de su camada, que no dejaba a nadie tranquilo, que disfrutaba alardeando de su superioridad ante sus primos y hermanos. Entonces hubo que separarlo para hacerle sentar un poco la cabeza y se le hizo compartir apartamento con el toro más grande y con mayor arboladura de toda la ganadería, a ver si así se le calmaban sus ímpetus juveniles. Y la verdad es que parecía que la medida había surtido su efecto. Mientras comentábamos alborozados la eficacia de la decisión el ganadero nos dijo que eso que veíamos no siempre fue así. Nos contó que lo primero que se ocurrió al novillote no es que fuera plantarle cara al más veterano, sino que fue a provocar. Hombre, una cosa es ser condescendiente con los chavales y otra que se te suban a las barbas. El paciente grandullón aceptó el reto y se llevó al provocador hasta la cima de una empinada cuesta a golpe de testuz, fuerza, arranque y casta, y que ésta no falte. Porque claro, si los noveles tienen nervio, los mayores tienen el mismo o más y poder y fortaleza.
Historias que al buen aficionado le suenan a cantos celestiales y que le hacen pensar que quizás no todo esté perdido. Se acabó la visita al país de los Santa Coloma, nos despedimos agradecidos de ganadero, vaqueros y amistades y ya dispuestos a volver grupas para Madrid, vimos como uno de los novillos de la charca seguía vigilándonos, sin perdernos de vista. Siempre atento y siempre el más cercano a nosotros de todo el grupo cárdeno, como si esperara cualquier movimiento extraño por nuestra parte, para acabar empujándonos a la charca. No sé si a eso se le puede llamar, insistencia, paciencia o celo, pero lo que sí estoy seguro que es, es algo muy escaso que se llama casta. Y es que ¡Caramba con algunas familias!

27 comentarios:

Diego Cervera Garcia dijo...

Enrique:
Que bonita historia del novillo que quiere ser el líder de la manada.
Un saludo.

Xavier González Fisher dijo...

Enrique: Creo que en estos tiempos que corren, resulta más reconfortante recordar y contar historias como la que aquí pones, que asomarnos a la vida diaria, aunque luego, no sé por qué, nos da por hacer parangones... Y vieras como se parecen esos recuerdos a lo que en estos días sucede...

Enrique Martín dijo...

Diego:
Es que no sabes tú el carácter y el genio. El ganadero no hacía más que mirarlos y decir ¿qué pensarán? Pero al mismo tiempo se le notaba orgulloso y satisfecho de tener un toro así en sus manos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Pues con esto me he quitado una espinita. Llevaba tiempo queriendo sacar una entrada optimista y alegre y los Buendía, un día de campo, una charla muy agradable e instructiva, han hecho posible que me dé este gustazo.
Un saludo

J. Salamanca dijo...

Como siempre MAGISTRAL,veo que tu viaje a los Santa Colomas de Rodriguez Montesinos te ha dado mas vida que ir a la plaza.
Gracias por compartir tu sapiencia taurina conmigo.

Iván dijo...

Preciosa la historia y mucha suerte de haber podido vivir esos momentos.
Que bonitos los animales!
Un saludo Enrique!

Anónimo dijo...

Preciosa historia D.Enrique la pena que a esos Buendia que le hicieron disfrutar tanto en su visita que se yo si les veremos en alguna plaza.Pero lo que nos queda es la casta de los toros y de la casta de un ganadero.OLE


rizos

Diego Cervera Garcia dijo...

Enrique:
Siempre lo he dicho, si me tocase la lotería me compraría una finca y compraría una punta de vacas y sementales de Santa coloma, y también me gustaría tener algo de procedencia nuñez, pero no para querer meterme a ganadero ni nada de eso, simplemente como disfrute propio y meterle mano a los becerros a puerta cerrada.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Javier:
Gracias a ti, a Alicia, Facundo, Antonio y Adolfo Rodríguez Montesinos que me regalasteis un día estupendo, oyendo hablar de toros a quien sabe de verdad. Una vez madurado, aún disfruto más de la excursión. Además me ha venido como anillo al dedo, para que se vea que también tengo mi corazoncito.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Iván:
Pues sí que es una suerte, eso ya lo sabes tú muy bien. Pero lo bueno que tiene esto, es que mil veces que vayas a ver una ganadería, siempre te gusta y nunca te cansas. Siempre es la primera vez.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Rizos:
No se si ya le tengo que dar la enhorabuena o no, no sé si habrá llegado el momento por el que se perdió esta visita. No sé si los veremos en la plaza, pero yo repito que una de las ilusiones de mi vida es ver una novillada de estas, no pido más, lidiado por tres del G 10. Con eso me conformo.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Diego:
Pues si te compras la ganadería, me pido de secretario tuyo. Incluso, si me contratas, prometo estar todo el día repitiendo "Sí don Diego, lo que usted diga Don Diego, lo que mande..." O por lo menos, guárdame una becerrita pequeñita para hacer mis pinitos con las telas.
Un saludo

Madriles dijo...

SEÑOR RODRIGUEZ MONTESINOS, AMEN.

David Campos dijo...

Enrique:

Qué diferente es la vida en el campo, que escenas tan distintas se pueden ver. Qué tranquilidad y qué paz... El campo, sitio distinto. ¡Qué recuerdos!

Un saludo!!

Enrique Martín dijo...

Madriles:
Buen aficionado y sabiendo lo que se hace. Me uno a ese amén. Yo pregunto ¿Por qué no se acercan a la finca los veedores de Madrid y otras tantas plazas?
Un saludo

Enrique Martín dijo...

David:
Dependiendo de las ganaderías, en el campo todavía se puede sentir la verdad de la fiesta.
Un saludo

kaparra dijo...

Bonita historia de nuestro mundo rural,con triste final del novillo ahogado,tendra que cubrir en dicha laguna. Gracias por contarla,la ha transmitidio muy bien. ¿ganaderia?
un saludo.

MARIN dijo...

Ahora me doy cuenta de que me entiendes cuando te hablo de pasarse horas en el campo mirandolos. Mil detalles, mil miradas y todas diferentes, mil momentos...
La verdad es que para contar lo que es el toro en el campo hay que vivirlo Enrique, no se puede contar con palabras lo que se siente.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Kaparra:
La ganadería es la de don Adolfo Rodríguez Montesinos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
Claro que te entiendo. Y sí que se disfruta mucho. a mi me cuesta pensar que alguien vea el toro en el campo y que no al menos no se sienta tentado de verlo desarrollar su poder en la plaza. Así como que tampoco me cabe en la cabeza que alguien se crea que son dóciles e inofensivos.
Un saludo

Anónimo dijo...

Me alegro que pudieras disfrutar de la presencia de Adolfo y su "prole". Estaría bien que le dieran la oportunidad de lidiar en Madrid en el ciclo de encastes minoritarios. En cuanto a Rodríguez Montesinos, es una persona afable, que sabe de toros y nada sectario. Una pena que su andadura radiofónica se viera truncada tan pronto.
¡Qué diferencia escuchar a los Molés, Moncholi o P.J. Cáceres que escuchar al bueno de Adolfo!

Saludos
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Veo que conoces bien a Adolfo Rodríguez Montesinos. Pues figúrate lo que fue poder charlar y escucharle durante un par de horas. Fue como una conferencia solo para cuatro personas. Una gozada. Y encima parecía que el favor lo hacíamos nosotros por ir a visitarle. Lo que no sé es si sabe más que afición tiene o al revés, y de saber anda muy bien servido.
Un saludo

Gil de O. dijo...

Mis respetos y mi satisfacción por leeros a todos. Enrique tú por delante abriendo plaza con tú regalo de entrada que a todos nos ha hecho sentirnos en la dehesa, en lo más real que nos va quedando de la Fiesta.
Aún no había ningún comentario en ella cuando la leí, pero he ido declinando mi comentario, aunque ya no puedo resistirme más y lo suelto desde mi sensibilidad:
"Creo que a mí, no se me hubiera ahogado el novillo".
Conforme te leía, me iba revelando interiormente; lo sufría, como mío; me has hecho sentirme ganadero, después de tantos años. Lo siento, por todos y por Don Adolfo.

Saludos de Gil de O.

Anónimo dijo...

Enrique, estaría bien que contases más historias del toro en el campo; es que te enganchan y te haces a la idea que estás allí mismo viéndolo.
Y respecto a lo que dice J.Carlos, qué mejor momento que esta temporada para verlos en Madrid, ¿no se están llenando la boca 'Los Productores'con la idea de la variedad de encastes?
Un saludo Enrique.
Feli, un extremeño.

Enrique Martín dijo...

Gil de O.:
Me alegro de poder despertar esas sensaciones en un buen aficionado, aunque estoy seguro que en alguna ocasión has pensado en tener una ganadería, que incluso habrás elegido el encaste, el número de vacas, toros, sementales, tipo de finca, si no tienes ya una elegida y embarcando una corrida para Sevilla o Madrid. Y seguro que disfrutarías pensando en los apuros que pondrías a las figuras. Yo al menos sí que lo he soñado alguna que otra vez.
Un saludo

Víctor Foguer dijo...

Sobrecogedora y hermosa historia. Santa Coloma en su rama de Buendía es mi encaste predilecto, y este relato aumenta aún más mi fervor por esa procedencia del toro bravo.

Enrique Martín dijo...

Víctor:
Realmente impresiona ver a estos animales y la forma de reaccionar a medida que vas pasando por los cercados de la finca. En cuanto hay algo que no controlan, no lo pierden un segundo de vista. Tienes el mismo gusto que Paco Camino, quien prefería este encaste sobre cualquier otro.
Un saludo