jueves, 19 de septiembre de 2013

Excesiva exigencia de ignorantes que defienden un imposible

A veces nos faltan modelos y otras, la ilusión nos los acerca como si fuéramos niños de once años


Señoras y señores, ya es hora de ponerse serio enfrentarse a la realidad; a ver si nos dejamos de bobadas y dejamos esa cantinela de “antes, antes y siempre antes”. ¿Qué es lo que pretendemos, empujar al holocausto a las figuras del momento y a sus ganaderos de cabecera? ¿No podríamos por una vez poner el listón a la altura de los seres humanos y no de los héroes clásicos? Es que con tanta exigencia estamos llevando la Fiesta y en especial a sus actores, al límite de lo imposible. Quizá tendríamos que parar un segundo y meditar sobre lo que se pide a unos simples mortales, a los que sinceramente y honestamente, creo que no se les puede exprimir más. Nuestras figuras contemporáneas, Manzanares, Morante, El Juli, Talavante, Perera, Fandi, Finito, David Mora, Ponce, El Cid, Castella y alguno más que se me escapa ahora, viven acorraladas por un imposible. Y que conste que esto lo digo con toda la sinceridad que uno es capaz de sentir.

El aficionado parte de una propuesta errónea de base. Primero, porque pretende juzgar como siempre lo había hecho, guiado por el parámetro del toro, que es el que manda en todo esto, ¡Error! Ya no hay un toro que permita valorar con justicia, pues todo lo que se haga delante de estos mojicones desmochados se ve devaluado por las propias limitaciones del animal. Pero señores, permítanme decirles desde mi humildad y reconociendo que su pecado es el mío, que en lo que más nos hemos desviado, lo que no hemos sabido medir, ni creo que ya podamos hacerlo, es la labor de los toreros. Pues sí, así es, hemos tratado a estos señores que se disfrazan de toreros, como si en realidad lo fueran. Tantos años viendo toros, para que se nos cuele esta chirigota carnavalesca, haciendo como si fueran matadores de toros. Y nos extrañaremos porque se nos revuelvan, nos traten de salvajes, de ignorantes de amantes de la tragedia, de que pedimos un toro que no se puede torear. Qué razón tienen de ponerse de uñas y a la mínima ocasión que tienen atacar a gente como esos señores de la plaza de Madrid que les piden que si la pierna de salida adelantada, que si el pico, el abanicar al torillo y esas cosas, que lógicamente, no entran en sus esquemas. Por favor, un poco de coherencia, a ver si ya de una vez nos damos cuenta de que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Dejemos de considerar a estos “jartistas” como matadores de toros, dejemos de hacer cábalas sobre si este o el otro es capaz de poder con otros hierros que no sean los de la congregación de la Trampa, el Mantazo y el Desmoche.

Me preguntaba hace unas semanas un amigo de más allá de la Mar Océana, que si acaso no pedíamos un imposible, si nuestra exigencia era más utópica que real. Mi contestación fue rotunda y le dije que no, ni mucho menos, pero ahora creo que me equivoqué, demandamos el querer volver a ver torear como en su día vimos a muchos, pero claro, hemos desviado en exceso el punto de mira. Alguien ha habido en algún momento en que nos hado un codazo y nos ha enfocado al tan nombrado Circo de Manolita Chen. Menudo cambio, uno que estaba con su catalejo reviviendo a Manolo Vázquez, Robles, El Viti, Camino o Antoñete y de repente se topa con… con otra gente, y dejémoslo ahí.

Pero claro, la cuestión es que nadie ha intentado ni por un segundo el sacarnos de nuestro error, han callado y se han querido aprovechar de la circunstancia, nos han seguido el juego y cuando empezamos a protestar porque nos habían metido en una película de Pocoyó y Dora la Exploradora, cuando habíamos sacado entrada para La Reina de África, nos dicen que deliramos, que faltamos al respeto a los creadores de esos personajes de niños y que lo del barquito por las cataratas de un río de África lo habíamos soñado, que eso no era posible. Mientras, los de la fila de los mancos se ponían de uñas, pues a ellos les daba igual la película, con que se apagaran las luces les valía, pues estaba claro que ellos iban a otra cosa, muy saludable también, pero a otra cosa. Y ya la teníamos montada, sólo faltaba Dora la Exploradora diciendo que le habían faltado al respeto y que esos reventadores no sabían ver lo bueno de su arte, que eso de la Reina de África era un infundio de esta gente. En esos casos, ¿qué se puede hacer? Le pregunto a esos espíritus felices que tanto disfrutan con Pocoyó, ¿qué hace el señor timado? ¿Se aguanta y se calla? ¿Se calla y se marcha? Pues ya ven, los hay que protestan y exigen que les pongan lo que estaba anunciado.

Si hasta piensan que pretendemos que desaparezcan los Toros, que somos unos abolicionistas camuflados. Que en parte tienen razón, reconozcámoslo, aunque no es tanto eso, como el que no me tomen el pelo, que si hay charlotada, sucedáneo o pantomima de lo que es el toreo, que me avisen y que no usurpen el nombre de “Feria de San Isidro” para colarme estas burlas, que no se autoproclamen “jartistas” o figuras del toreo los que se manejan con tanta soltura en esta cosa en la que se coge a un animalito y se le hace de todo, vamos que hasta te dan ganas de cantarle en los hocicos. Miren señores, les voy a contar lo que uno pide, así, en dos palabras, Toros y Toreros. Fácil ¿eh? Con todo lo que esto conlleva. La violencia que mana del toro, la emoción que éste despierta, la pasión, hasta la brutalidad de un animal salvaje, que cuando un torero canaliza a través de la lidia, del tercio de varas y de banderillas, con capote y muleta, consigue el imposible de crear arte, arte puro, con elegancia, aparente solvencia, naturalidad y serenidad. Y digo aparente, porque cada uno puede tener el miedo y dificultades que quiera delante de los pitones, pero no se le debe notar. Más el añadido del respeto de estos hombres al toro, al vestido, a la tradición, la historia, a la sangre de otros compañeros y al público, que no desea otra cosa que llevarles a la gloria, siempre y cuando se cumplan los preceptos eternos del toreo. No pedimos imposibles, aunque el toreo puro lo parezca, o quizá sí que lo pedimos, pero también queremos volver a ver esa utopía que tantos toreros nos pusieron ante la vista. Y me permito poner una lista de la que me faltarán mil nombres, lógico, pero que también les puede hacer pensar que no han sido tan escasos los toreros que de repente te metían en un sueño del que se despertaba con una estocada en lo alto, con entrega, sin trampas y sin huidas, porque ese era el momento que daba sentido a todo esto. Recordemos a S. M. EL Viti, Paco Camino, Diego Puerta, Domingo Ortega, Pepe Luis y Manolo Vázquez, Andrés Vázquez, Curro Vázquez, Julio Robles, Juan José, Bernadó, Antoñete, Teruel, Capea, Manolo González, José y Juan, Gaona, Sánchez Mejías, José Ignacio Sánchez, José Luis Palomar, José Tomás, Paula, Curro, José Fuentes, Manolo Cortés, Macareno, Joselito, Yiyo, Albaicín, El Gallo, Marcial, Chicuelo, Félix Rodríguez, Juan Posada, Galloso, Manolete, Miguelín, el Inclusero, Rincón, la prole del señor Bienvenida, la del Niño de la Palma, de Dominguín y muchos más que mi memoria me esconde y que ustedes me echarán en cara, pero que seguro también tendrían que estar aquí. Eso sí, hay otros cuantos, a los que ahora se llama maestros, que han sido los que con su vulgaridad y mediocridad abrieron el camino a esto de lo que muchos abominamos. Esos cuyos discípulos y seguidores creen que sufren una “Excesiva exigencia de ignorantes que defienden un imposible”.


16 comentarios:

MARIN dijo...

Enrique, sigo vivo. Hace tiempo que no doy señales en el encefalograma, pero sigo aquí. Por cierto, te doy dos nombres que podian estar en la lista: Litri (padre) y Julio Aparicio (padre).

Ya sabes que desde que acabó San Isidro no he vuelto a ver nada de toros. Bueno, en realidad lo que se dice de toros hace mas tiempo, pero me refiero a festejos. Alguna que otra novillada sin caballos suelta y poco mas. Para mi en una corrida de toros debe haber EMOCIÓN, y si no la hay no me interesa un simulacro de fiesta. Y con respecto a lo que dices de que si el torero debe tener mas o menos miedo, creo que es un detalle importante. Se pasa mucho miedo, algunos mas y otros menos, pero en el momento que no se pase miedo, uno se pone a cantar delante del toro por bulerias y eso... carece de lo que yo llamo EMOCIÓN. Primer mal de la fiesta.

Aquello que pasa allí abajo debe dar la sensación al que esta en la grada de que da miedo, de que en realidad aquel señor vestido de luces se está jugando el tipo, y que ese miedo del matador debe pasar por cada poro de piel del que paga por aquello. Lo demás, desde mi punto de vista, es un simulacro y una farsa.

Por cierto ese "Oliver Aton" vestido de torero me encanta. Tiene gusto la artista...

Un abrazo.

Isa Molina dijo...

¿Exigencia? Pero si somos unos santos, con todo lo que aguantamos en una temporada, en ningún otro espectáculo la gente vuelve si se siente engañada constantemente.
Saludos Enrique.

Anónimo dijo...

Buenísimo el artículo que resume las sensaciones de los aficionados a los toros. Me encanta la descripción que has hecho de los TOROS y TOREROS. Yo creo que no es un imposible (soy otro iluso), pero siempre voy a la plaza intentando ver, precisamente eso. Me acuerdo de un toro de Hernandez Pla lidiado por el Cid, la corrida que echó Palha hace unos años, Cesar Rincon y Bastonito, una goyesca de Adolfo, las dos orejas de Julito Aparicio... Esos capítulos heroicos y añejos todavía existen. Es la única esperanza que tiene la fiesta para sobrevivir.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Enrique Martín dijo...

Marín:
Creo que una de las grandezas de esto es el que el público sienta el peligro, ese miedo, pero que al torero no se le note, que nos demuestre que él torero por algo, que no es casualidad y que no todo el mundo puede vestir de luces. Esa frase de "y el tío ni se inmuta". Y por supuesto que el torero pasará miedo. Para mí es uno de los grandes méritos, que se aguanta el miedo, que traga y que encima torea. Eso está al alcance de muy pocos. ¿Te das cuenta de cómome echa la pintora esta? Jejejeje. No veas cómo se hace sitio.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Isa:
Que verdad es. Yo me imagino el cine, en que cada vez que vayas te ponen la misma película, cada actor con el mismo papel, porque no se sabe otro. Pero eso trasladado a los toros parece que es algo normal.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Anónimo:
Esos recuerdos nos siguen llevando a la plaza y el día en que pierdan esa fuerza, dejaremos de ir a los Toros. Y que se den cuenta de lo grande que fue aquello para que sigamos esperando que vuelva.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
Se me ha olvidado decirte que la aportación no es nada despreciable. una pareja que ya de novilleros tenían un tirón bestial. Lo que ha cambiado el cuento.
Un abrazo

Xavier González Fisher dijo...

Ah, pero hace un rato leía por allí, que uno de esos que "fabrican" toretes al gusto de los "figurantes" de hoy, dice que nuestra "exigencia" no es más que una flagrante y absoluta "falta de respeto". ¿Entiende Usted don Enrique?

No omito decirle que de nueva cuenta (y usando el lenguaje al uso), "la ha bordado".

Un abrazo.

MARIN dijo...

Creo que me he vuelto a expresar malamente Enrique. Cuando digo miedo, no hablo de no estarse quieto delante de un animal, sino de que en en ambiente y en el mismo torero se note que el miedo está presente. Y ese miedo lo debe de dar el animal, por muy quieto que se quede el torero.

Te pongo dos ejemplos: La cara de compromiso y de concentración de Urdiales estos dos últimos años en Bilbao con la de Victorino, y la cara de Talavante cantando por bulerias en Merida. No sé si se notará la diferencia, y los dos mas quietos que Neptuno en una noche de celebración de la Uefa o la Supercopa de Europa.

Creo que me he vuelto a expresar malamente, pero bueno, se intenta. Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Pues de "irrespetuoso" a "irrepetuoso", al menos tenemos recuerdos, tenemos con quien comentarlos, a quién leerlos y lo mejor de todo, es que entre nosotros nos entendemos. Muchas gracias por lo del bordar, creo que me voy a poner manos a la obra a bordar las iniciales de los míos en un mantel o en unos pañuelos.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Marín:
Ha quedado muy claro lo que has espuesto, quizá haya sido yo el que se haya ido por los cerros de Úbeda, pero creo que pensamos igual en estos casos. Y no sé yo si Neptuno se queda quieto, últimamente hasta me ha parecido verle agitar una bandera a rayas. Será que le animan las visitas y si son con cierta frecuencia, mucho más.
Un abrazo

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:
Como siempre extraordinario escrito. Comparto y siento todo lo que expones. En la fiesta actual me falta toro, toreros, pureza, respeto, emoción y, como dice nuestro amigo Marín, falta miedo.

El día que el toro empezó a dar pena y no miedo, el día que el público pensó esos muletazos los daba yo también y el día el que el torero dejó de ser un héroe la fiesta perdió toda su identidad. Identidad que algunos queremos recobrar aunque sepamos que, hoy día, es imposible.

Un abrazo amigo Enrique. Enhorabuena por tan excelente entrada. Me quedo con una frase: "estos señores que se disfrazan de toreros, como si en realidad lo fueran"

Anónimo dijo...

Venga Enrique, uno más que te voy a echar en cara: Rafael Ortega

Un saludo
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

Alberto:
Algunos verán en esa frase algo ofensivo y tienen razón, porque creo que no se debe tapar al inepto y sí descubrir y apoyar al honesto y honrado con la profesión. Ahora con tanto "respeto", resulta que tapamos a los que no tienen nivel y menospreciamos a los que cada tarde se enfrentan al toro.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Que error más garrafal. Rafael Ortega, que nunca puede faltar. Y yo añado otro, Manolo Escudero.
Un saludo