miércoles, 4 de septiembre de 2013

Arte, jarte, harte, artistas y corridas sin sangre

La  corrida  sin sangre puede  ser la estocada final a lo que entendemos por los Toros


Cuando uno oye eso de vamos a modernizarnos, hay que adaptarse a los tiempos, hay que dar lo que demanda el público, hay que usar el talento para crecer y frases por el estilo, me sube por la espalda un frío que no se me va ni echándome un buen tazón de caldito por el cogote. ¡Qué falta de sensibilidad! Dirán ustedes. Pero es que uno, después de esta cantinela espera lo que viene detrás y que últimamente se escucha y se lee en demasía y procede de voces que uno no se podría imaginar. Y es que esas voces que parecen autorizadas, o que se autorizan a sí mismas no se sabe en virtud de qué, nos amartillan los oídos con eso de que el primer tercio es muy cruel y violento, que si hay que darle más protagonismo al tercer tercio, el de muerte, pero sin muerte. ¡Ojo al parche!, que diría el clásico nocturno. Pero en esta ocasión lo del parche es tal cual. Aquella barbaridad de don Bull, lo de las velcrocorridas, parece más próximo y con más seguidores de lo que se podía uno imaginar.

Parece ser, según dicen estos autorizados autodesautorizados, que todo esto garantizaría la continuidad de la Fiesta; pero no, aquí no debimos entender bien el sentido de la frase, que no se refiere a que el toreo siga existiendo tal como lo entendemos cuatro chalados, lo que perduraría, en principio, es el negociete este que se manejan cuatro señores y muchos estómagos agradecidos y por agradecer. ¿Qué más les da a ellos hablar de Toros que de bailes y canturreos? Pues debería importarles más de lo que se creen, porque si disfrazamos demasiado a la niña, igual cuando la desmaquillemos y la quitemos el traje para orearlo, nos encontramos que la joven hermosa y delicada se llama Macario y trabaja de pocero por las cloacas de cualquier ciudad. Y nadie paga para ver el triste espectáculo de este señor despidiendo efluvios apestosos luciendo un vestido de gasa transparente por el que asoman los pelos de sobacos, pecho, ingles, piernas, nariz y orejas, que igual el aficionado no quiere mojigangas.

Uno ha leído un artículo de don Carlos Ruiz Villasuso, no siendo este el primero que va en esa línea, en la que parece hasta defender las corridas incruentas y además apelando a nuestro talento. Total, si lo “güeno, “güeno” es lo de la muleta. A veces hasta viene con la sorpresa de que el de las medias rosas se pone a canturrear y los más fieles lo toman como un brote espontáneo de arte y sentimientos. Que ya todo vale, todo menos lo fundamental, eso ya es mejor borrarlo del mapa. Hay que potenciar el arte, que parece que se encuentra exclusivamente en la muleta, lo de la verónica, las medias, la variedad con el capote, las gaoneras templadas y no eléctricas, todo eso no tiene arte. Eso sí, el día en que esto se instaure, por favor, que avisen, no vaya a ser que uno se meta esperando encontrarse con el toreo y se dé de morros con este jarte pornográfico que harta con solo pensar en ello.

Me imagino un día de carnaval taurómaco de estos en el que empezaremos comprando el periódico para ver las últimas novedades antes del show, pero ¡ah, sorpresa! sólo podemos leer los anuncios, pues esos sí que son arte y no las noticias y editoriales. Bueno, no pasa nada, tampoco habrá sucedido nada que resaltar. Nos disponemos a desayunar. Entramos en un bar y pedimos un café solo con un donut. Pero, ¿qué es esto? un tazón de agua hirviendo y un montón de azúcar apelmazada. Te vas mosqueado y te metes en el coche; qué maravilla, con todos los extras, equipo de música de última generación, asientos de piel de marmota californiana con sistema de refrigeración y vibración super sensitive. ¡Vaya! No arranca, miras el motor y ¿el motor? ¡El motor! No hay motor, n es necesario, relájate y disfruta de todos los magníficos extras que te van a hacer la vida más feliz. Llegas al trabajo y resulta que tu mesa de caoba es tan estrecha que no te cabe ni un lápiz, que por otra parte no escribe, porque no tiene mina, que tampoco necesitas, porque los cuadernos no tienen hojas, el teclado no tiene teclas, el monitor está para enfriar cervezas. Pero, ¿es que nada va a ser como tiene que ser? Pierdes los nervios, vuelves al kiosko, al bar, al concesionario de coches, al responsable de material de la oficina y les gritas, les insultas, les pides explicaciones, al del concesionario casi le arrancas la cabeza, si no es por esas palabras que resuenan a tu espalda de “Vicente que te pierdes”. Rellenas hojas de reclamaciones, pones denuncias, vas a la OCU y no consigues nada, porque todo se te ha servido con un mimo extremo, eres dueño de lo mejor que pudiste imaginar, el calor del café, sin café, el dulce sabor con un toque de limón del donut, los anuncios que en si mismos son verdaderas obras de arte moderno, tu coche cómodo como nunca imaginaste, con una línea elegante, aerodinámica, moderna y que desparrama buen gusto. Mira, será mejor que te vayas a los toros. Sale la primera sabandija desmochada, se reboza por la arena, el picador se da una vuelta por el ruedo y toca con el palo sin puya en el lomo del animalito, los banderilleros saltan delante de este con unas escarapelas de colores que le pegan en una especie de albarda de velero, para acabar dando paso a un repertorio de brincos, cucamonas, cánticos populares en unos casos, monólogos histriónico satíricos en otros y hasta duelos de versos alejandrinos jaleados por esa concurrencia festivalera entre las que se incluyen los torillos que marchan en feliz procesión de vuelta a los toriles, dónde serán agasajados con una doble ración de heno y algún azucarillo camuflado, que hay que premiar su colaboración.


Y como siempre, tiene que salir la nota discordante del amargado exigente que berrea desde lo alto pidiendo no sé qué cuernos de autenticidad, integridad, que esto era un fraude, una pantomima y un insulto a la tradición taurina y a su grandeza desaparecida. Si es que los hay que no saben apreciar lo bueno y se quedan sólo con lo negativo. A ver si aprendemos a apreciar el arte, el jarte, siempre que no nos harte y disfrutamos como gringos de las corridas incruentas y de la sensibilidad de los pegapases, que ya no matadores de toros. ¡Qué Dios nos pille “confesaos, comulgaos y con los santos óleos santiguaos!”.

18 comentarios:

MARIN dijo...

Llevo un mes de rehabilitación Enrique. Un mes sin ver nada de toros por ningún lado. El mono es aguantable, pero creo que esta desintoxicación es muy buena de cara al futuro.

Un abrazo.

Xavier Gonzalez Fisher dijo...

Ya lo ve Usted, el tal "Don Bull", con todo y su "estrella" (estrellado debió ser) en el "paseo de la fama", logró trascender y conmover a "las buenas conciencias"...

Anónimo dijo...

Al tal CRV, con esto de las vacaciones, le vengo viendo durante algunos programas y, literalmente, me da asco oírle hablar. Qué sutileza en el lenguaje tiene este señor para dar la vuelta a la tortilla pero siempre en la línea de lo políticamente correcto.

¡Qué gran político se ha perdido el Congreso!

Un saludo
J.Carlos

Juanito dijo...

Genial entrada como siempre que las leo, que pena de situación hay muchos oficiales de to y maestros de nada, no saben o no quieren entender que por el camino que van tendrán pan pa hoy y hambre para mañana. Un saludo Enrique.

Isa Molina dijo...

Quieren que una corrida de toros deje de serlo, si este es el futuro que nos espera dejaré de ir a las plazas de toros.
Como siempre gran artículo Enrique.
Saludos.

Enrique Martín dijo...

Marín:
Has hecho bien, porque la tormenta parece que viene fuerte. Ya se van descubriendo estos "taurinos" con mala conciencia.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Lo que me pregunto es cuántos aficionados hay y cuantos charloteros a los que les da igual una corrida de toros o una noche de corridos. Los hay que son aficionados al toro y otros a las copas de antes y después. La cosa es gorda.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Yo hace mucho que no veo eso del Tendido Cero, igual lo veo una o dos veces por año, incluso menos, pero tampoco anda muy lejos de lo que dicen sus compañeros, eso sí, cada uno en su papel; Arnás el sabio conocedor de todo lo referente a la fiesta; el bigotes, como el convencido que siempre sabe ver lo que es y lo que pudo ser; la chica, que se lo pone en bandeja a los demás para que se explayen en los halagos a los que interesan; y el repeinao, pues eso, un fino y delicado chupalámparas. Ya ves, todo muy bien pensado
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Juanito:
Muchas gracias. Lo que me parece es que a estos les da igual que esto se acabe, aunque aún deben pensar que les dará tiempo a llenarse los bolsillos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Isa:
Muchas gracias. Esto puede ser definitivo para que nos marchemos de las plazas. Creen que se quedarán con esa masa amable y festivalera, pero lo que yo me huelo es que esos igual tardan menos que nosotros en irse . Entonces, a ver qué hacen.
Un saludo

Cincinato dijo...

Pues sí, Enrique. Viendo lo poco que se ha picado a los toros este año en las Corridas Generales de Bilbao me he hecho una reflexión similar a la tuya.

Si esto pasa en una plaza de primera, que encima es -en teoría- torista; si en todo un Bilbao el público pita al picador que pica y aplaude al que no lo hace y solo sale a pasearse a caballo ... ¿no será el siguiente paso suprimir esto que de hecho está casi suprimido "de facto" y que tan "mala imagen" da? Los ganaderos, al menos la mayoría, ya llevan tiempo criando toros que no necesitan picarse.

Yo no solo lo veo factible, sino probable. No solo eso: seguía reflexionando y pensaba "si se suprime esto, ¿no sería casi lógico que lo siguiente fuera no matar al toro?".

A eso vamos. No voy a decir que esté seguro, pero lo veo altamente probable.

Aunque con eso no se contentaría a los animalistas: seguirían protestando por el estres al que se somete a los animales, incluso en una lidia incruenta.

No ganarían a los animalistas, perderían a los aficionados ... quedaría el público. ¿Por cuanto tiempo?

Creo que poco. Si se reduce el toreo a un ballet entre un tipo vestido de manera anacrónica, un toro criado para colaborar, que no para emocionar, y un trapo rojo ... entonces se convierte en un pobre sucedáneo, en un espectáculo sin personalidad. Creo que sería cuestión de tiempo que el público desertara y se fuera a ver "Giselle" o "El lago de los cisnes".

Enrique Martín dijo...

Cincinato:
Desde el "Pues" hasta el "cisnes", coincido en todo contigo. Vamos introduciendo pequeños cambios, hasta que estos constituyan una enorme mutación que se ha llevado por delante los fundamentos y las razones de que exista todo esto.En Bilbao llevan paso firme para domesticar a una afición y según lo que dices, parece que lo van consiguiendo. Ahora mismo parecen más viables las corridas sin muerte, que volver a la esencia de lo que siempre han sido los Toros.
Un abrazo

Xavier Gonzalez Fisher dijo...

Pues mire don Enrique, se lo pongo fácil, la próxima vez que nos encontremos "de cuerpo presente", mejor nos vamos a engullir unos chorizos y unos orujos y dejamos "lo otro", "para mejor ocasión", si es que la hay... ¿qué opina?

Enrique Martín dijo...

Don Xavier:
Y si acaso, entre traguito y bocado, hablamos de aquello que se llamaba Tauromaquia y nos recreamos en las faenas, en los quites, en los puyazos que un día vimos y que unos ignorantes creen que nos lo inventamos.
Un saludo

Xavier González Fisher dijo...

Ya lo sabía yo... es usted choricero... pero en una cosa tiene razón, podemos hablar hasta el amanecer de cosas que vimos y que los "taurinos" de hoy nos dicen que son nuestras peores pesadillas... Y reitero, quedo pendiente y debiendo esos chorizos y esos orujos...

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Espero a que llegues para pedir, que luego se enfrían las cosas.
Un abrazo

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:
Como siempre, entrada magistral. Poco a poco el arte se va llevando al toro y al toreo a la desembocadura de la desaparición. Cada vez más la lidia carece de sentido. Ya no hay que poderle a un toro, ya no hay que enfrentarse a él, ya el toro no da miedo. Con esto del arte le han quitado a la tauromaquia su esencia fundamental. Toros que son colaboradores, toreros que cantan, el público que ya no pasa miedo... Soy joven pero todo esto dista mucho de aquello que un día me enseñaron que eran los toros. Por desgracia cada día voy menos a la plaza, lo que veo allí ya no me gusta.

Un abrazo Enrique y enhorabuena.

Enrique Martín dijo...

Alberto:
Ya ves y pretenden dignificarlo diciendo que esto es arte, pero ya lo repiten tanto y tanta gente, que uno no se lo cree. Es como el chorizo que está todo el día aireando su honestidad e integridad, que a la tercera vez que lo escuchas, empiezas a no fiarte y a esconder la cartera.
Un abrazo