martes, 24 de septiembre de 2013

A don Carlos Ruiz Villasuso, periodista taurino

¿Banderillas con velcro? o ¿banderillas con emoción? ¿Modernidad incruenta o nostalgia a despreciar?


Señor Ruiz Villasuso, reciba un saludo de un aficionado, o aspirante a serlo, a esto de los Toros, que ni a juntaletras llega, como así quieren llamar despectivamente algunos taurinos a los que escriben en sus blogs, en Factbook, Twitter o en cualquiera de esas redes sociales que dan voz a tanta gente; pero el hecho es que uno se atreve y se expresa como mejor puede. Habitualmente me suelo ceñir a lo que veo en el ruedo de Madrid, siempre y cuando servidor esté sentado en su dura piedra ablanda panderos. Pues bien, hechas las presentaciones, paso a exponerle mi humilde y parcial parecer sobre diferentes circunstancias que se han sucedido y sobre ciertas opiniones expuestas por usted, lo mismo en forma de artículo, que en el único programa taurino de la televisión pública.

Mire usted si uno será despegado, que aún a pesar de lo que me gustan los Toros, no pertenezco a la audiencia habitual de dicho programa, igual es por eso, porque me apasiona la Fiesta. Pero como nadie es perfecto, cambiando de canales al tuntún, me topé con su emisión del sábado pasado y pude ver la animada charla que usted y sus dos compañeros de mesa mantenían sobre eso de las corridas con más o menos sangre, sobre el primer tercio y todas esas cosas desagradables del espectáculo que algunos nos empeñamos en reivindicar. Que no digo yo que esté en posesión de la razón absoluta, ni mucho menos, pero de la misma forma, tampoco creo que la tenga usted, incluso hasta por momentos tengo la sensación de que sus opiniones son ciertamente tendenciosas y que ni usted mismo se cree. Pero esto es una sensación mía muy particular y si me dice lo contrario, tendré que creerle y desterrar de mi mente la idea de que sirve a los intereses de las altas esferas de los taurinos, cosa que haré con gusto si usted se digna responder, aunque antes veré a las ranas mesar sus guedejas.

Usted, don Carlos, ni tendrá noticia de este escrito, ni de su autor, ni mucho menos de lo que en él se ha vertido, al contrario de lo que le ocurre a un servidor, que ya por casualidad, ya por no parar de leer referencias a usted y sus escritos en las redes sociales, no podía evitar el conocer sus reflexiones. Le escuche decir en esa animada charla televisiva que esto de la Tauromaquia tenía que evolucionar, que las cosas no son cómo antes y que había que adaptarse a los gustos de la sociedad de nuestros tiempos. Pues tiene usted razón, ahí ha dado en el clavo. Pero la evolución no ha de ser necesariamente el vaciar de contenido la Fiesta, ni el transmutarla en un extraño adefesio que no se parezca en nada a lo que siempre se ha entendido como Toreo. Que igual estamos asistiendo al nacimiento de un espectáculo nuevo y los muy cerriles no nos damos cuenta o hasta puede ser que no nos interese. Y si la Fiesta de los Toros no se adecua a los tiempos que corren por la violencia, que existe, por la presencia de la sangre y por esa incertidumbre que hace pensar al espectador que el hombre está en peligro y la certeza de que después del castigo, del primer y segundo tercio, en el último el toro encontrará la muerte, si todo esto no es digerible por la sociedad, igual es el momento de que se eche el cierre y nos conformemos sólo con los recuerdos. Así de simple, aunque en ese punto, no acabo de entender entonces la sincera entrega, el delirio y las emociones que despierta un toro al ir al caballo de lejos, al recibirle un picador aguantando las embestidas y la tensión mantenida cuando este hecho se repite por tres veces. Cuando el toro entonces no da lástima, ni pena, ni se ven asomos de ello, porque entonces se manifiesta como el rey de la tauromaquia, como el mito viviente que es y cómo el tótem de de la tribu se encarama a lo más alto de los altares de estas gentes de esta parte del mundo.

Si algo identifica a España fuera de nuestras fronteras, esto es el toro, el torero y las corridas de toros y como tradición y patrimonio genuino de este país, no podía menos que estar repleto de contradicciones, empezando por la primera y más categórica, la adoración al animal se traduce en su sacrificio en el ruedo, a manos del hombre que hasta parece perder sus marcas de hombría, para burlar la muerte con gracia y garbo casi femenino, acentuando así aún más su masculinidad. Ya digo, una sarta de contradicciones con mil interpretaciones y una tradición que es la que ha marcado las reglas desde hace décadas y la que ha mantenido esto en pie. Tantos son los matices, tantas las caras de este poliedro mágico, que han convertido en imprescindible la variedad, garante de lo impredecible, que es lo que hace más grande a la Fiesta y a sus actores, el toro y el torero.

Entenderá usted que resulte doloroso y hasta irritante leer lo que usted, don Carlos Ruiz Villasuso, publicó en Mundotoro encabezando la crónica de la novillada del 22 de septiembre en Madrid: “Torear una nostalgia”. Ignoro si este titular es fruto de la reflexión más profunda y pausada o si nació bajo el influjo de esta falsa modernidad imperante. No sé usted, pero yo, en mi humilde opinión, no he visto que ninguno de los hierros anunciados de esos que usted dice de imposible resurrección, hayan estado por debajo de los que se ven tarde tras tarde arrastrándose por los ruedos a la sombra de las figuras y sus discípulos. Eso sí, ha quedado patente la ineptitud de los toreros para darles la lidia debida, para lucirlos en el caballo, que alguno pudo haber dicho algo en el peto. Si a un niño se le ponen en las manos un lienzo, pintura y pinceles y el resultado nada tiene que ver con Las Meninas de Velázquez, no podemos desbocarnos y afirmar que eso de la pintura es una nostalgia con una resurrección imposible; no hombre, quizá habría que enseñar al niño a pintar y ver si al cabo de los años puede expresar algo con el pincel. No nos hagan trampas y no cojan el rábano por las hojas, no vaya a ser que se queden con ellas en la mano. Que entonces, hasta podríamos afirmar que muchos indultos vienen derivados por la negativa de muchos toreros a entrar a matar, no fuera a ser que se esfumaran las orejas por la espada, algo que usted y yo, y sobretodo muchos aficionados, sabemos que no es cierto, ¿verdad? o igual sí. No lo sé.

Usted, don Carlos, no me contestará, ni tan siquiera leerá estas letras que con tanto esfuerzo he apelotonado, lo que ni me sorprende, ni esperaba, pues un servidor está en unos niveles de difusión muy lejanos a los suyos cuando se pone delante de las cámaras. Y será por esas cosas que usted dice, que cuando se le ve deambular por el patio de arrastre, son muchos los que mascullan maldades, los que lanzan improperios entre los dientes y los que dejan salir barbaridades que no vienen al caso, pues usted, como todos, tendrá su familia, tiene su trabajo, lo intenta mantener como mejor cree y luego, igual hasta conversa con su conciencia para ver si puede poner su alma en paz y dormir sin remordimiento. Lea o no estas líneas, le deseo larga vida y claridad de juicio en su labor periodística.

Un saludo de uno que vive para los Toros y no de los Toros.

PD.: Quiero mostrar mi apoyo a los blogs que hoy han publicado un texto común a favor de la Cataluña taurina y el agradecimiento a los que han impulsado tal iniciativa. 

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Imaginen la crónica de CRV en el examen final de tres chavales para directores de orquesta. Mismo texto variando lo necesario. Ridículo:
"Ante el crepúsculo de la desaparición, ofrecemos la nostalgia como la magia de una resurrección inexistente. Frente la dictadura del paso del tiempo y sus estragos, ofrecemos justo aquello que el tiempo no quiso traer hasta el hoy. Esa nostalgia con cierta música, inegociable con la de hoy, es más anacrónica por incierta e injusta que por trasnochada. Incierta porque no hay peor nostalgia que recordar lo que casi nunca fue: buena. Injusta, porque delante de esa nostalgia, egoísta y de reloj parado de la música llamada “minoritaria” ponemos a tres hombres nuevos, a sus necesidades, sus urgencias, sus deseos, sus ilusiones . Esta liga de música clásica tienen tintes de cobardía moral. Porque no hay nada más cobarde que pretender reivindicar nuestras nostalgias de música de hace siglos con intérpretes tan nuevos y sin oficio, que hasta la música actual aún tiene para ellos, notas indescifrables.

Uno venía de Cádiz. Lo pusieron a interpretar un recuerdo, una nostalgia. Histórica y señorial por ser llamada el lago de los cisnes de tchaikovsky.
. Pero lo pusieron a torear una nostalgia. Cientos de kilómetros, gastos de músicos que ha de pagar, hotel, trebejos… para interpretar una nostalgia. Uno de Sanlúcar, llegó a interpretar casi la misma nostalgia, canon en D mayor de Pachebel.
. Tan nuevo, y lo ponen delante de un recuerdo. Perfecto. Esta sobredosis de inteligencia es resultado de ese exceso de pasión por un pasado que no hemos vivido, que recordamos casi inventándolo, al que denominamos minoritario sin preguntarnos ni responder porqué es minoritario. Lo es todo aquello que, como hoy, no suena en las discotecas.

Ese galimatías frustrante, fruto del abuso del poder: poner delante de los recuerdos a los más necesitados, a los que no pueden negarse, es una nostalgia de fácil diseño. Un diseño que, se sabe, no soluciona nada. Absolutamente nada. ¿ Qué van a arreglar esas piezas clásicas con tres chavales delante? Nada más que hacer oficial una demagogia y acariciar los lomos de la ideología musical de la misma minoría. Y lo digo con el máximo respeto a las minorías, éstas u otras. Porque a todos les pregunto si ésta es la solución a su crepúsculo. No lo es. Ni esas músicas van a sacar a estas piezas del túnel del tiempo ni esos intérpretes sacarán otra cosa que frustración. Seamos sensatos. Que pongan músicas de las de arriba, números 1 de los 40, canciones del verano,…., pongan el reloj en la hora del año del señor 2013."
Callaíto.

Xavier González Fisher dijo...

Supongo, por lo leído en tu bitácora Enrique y por lo que me obligaste a leer del "señor" CRV, que ambos asistieron a la novillada de ayer en Madrid. Digo que supongo, porque el destinatario de tu carta abierta a veces exhibe el don de la ubicuidad y hace crónicas en dos o más lugares al mismo tiempo. De tu presencia en Las Ventas, no tengo duda alguna.

Uno de los aforismos fundamentales de esto es que "todos los toros tienen su lidia". El problema comienza cuando el que se pone enfrente o no se la sabe dar, o no se la quiere dar. Allí comienza la esaborisión...

Luego, el espectador o el escribidor que solo tiene la vista en la dirección de "los pases", quizás tampoco comprenda que, la lidia no es necesariamente el enjaretar naturales y derechazos, sino que se puede ir por otros derroteros, de acuerdo con lo que la condición del toro requiera.

Y luego, los toreros casi van a debutar con caballos a Madrid. Ya no entiendo quién es más irresponsable, si la empresa que los lleva así al cadalso, o quienes conducen la carrera de esos bisoños aprendices, que aceptan tales "invitaciones". Unos por hacer como que "cumplen" con un pliego de condiciones y los otros por hacer como que toman una "oportunidad".

Después de la perorata, creo que no se torea ninguna "nostalgia", lo que ocurre es que no hubo, dados los antecedentes de los actuantes, quien pudiera torear lo que salió por toriles ayer, que entre eso y el pegapasismo al uso, hay un espacio sideral de diferencia.

Mi enhorabuena.

Luis Cordón Albalá dijo...

Extraordinario como siempre Enrique, pero creo que hay un punto en el que no aciertas del todo: no tengo yo muy claro que este escrito, como muchos tantos de los blogs restantes, no llegue a los oídos del engominado este y sus compis de fatigas. O a lo mejor es por mi experiencia, porque yo siempre que escribo digamos que me siento observado po alguien más allá de la blogosfera. Apostaría cualquier cosa a que en más de una ocasión cualquiera de nosotros ha recibido alguna visita de estas personas de las que hablamos.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Callaíto:
El trasvase me parece buenísimo y muestra lo absurdo de todo esto. Eso sí, usando el mismo ejemplo, lo que no se puede pretender es que vengan tres chavales a cantar La Traviata al Real, justo el día después de acabar sus estudios. El descalabro está servido, ¿no? Pero lo que no podemos es pensar que lo que falla es la ópera, igual lo que falla son los intérpretes y no se puede sustituir por el Mama Mía, para ver si los chicos ahí pueden decir algo. Que hay muchas plazas para que vayan entonando la voz, antes de venir a Madrid. Aunque los máximos culpables de esto son los que les contratan y a los que no pueden decir que no, al menos si estos jóvenes pretenden seguir toreando. Porque así es la empresa de Madrid actualmente, que si les sale barato, lo mismo les da un coro de mudos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Muchas gracias. Sobre lo que ices, no creo que pueda haber más lógica, pero ya sabes cómo está esto, pretenden el imposible de notorear, ni mucho menos lidiar. Y digo no torear, porque si al menos los derechazos y naturales fueran a ley, igual la cosa podría ser algo diferente. Y la empresa, pues ya sabes, hace una oferta que no pueden rechazar y, por supuesto, si quieren seguir en esto, no la rechazan. Vamos, que es un campo limpio en el que no hay trampas, ni alimañas, ni peligros, basta con que paseen por allí los del triunvirato de Madrid.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Luis:
¿Tú crees? Yo es que no me veo llegando tan lejos, ni a tan altas esferas taurinas. Y no te creas, que alguno ya me ha regañado por tener este pensamiento. Sobretodo porque creo que viven en una burbuja hermética que les hace despreciar todo lo que les es ajeno. Aunque no te creas que no me gustaría que se pararan a leernos, a cualquiera de nosotros. Sería interesante, ¿no?
Un abrazo

Gloria cantero martinez dijo...

A don Enrique Martín. Maestro en afición, cabal caballero de la Grada 6:

Si partimos de que hoy día ejercer la crítica taurina es "un oficio" arriesgado, donde abundan profesionales con mucha autoridad y confuso pundonor.
Si las empresas de comunicación adolecen de objetividad, presionadas, en su mayor parte, por un estamento taurino con mando otorgado por la insufrible concentración de poderes.
Si la información y la opinión se confunden, a resultas del "amiguismo" vendido a demasiados agradecimientos...

Muestro mi total admiración a su honradez, su elegancia y su valentía.

Estimado amigo: Este toro tiene mucho que torear. Hay que "Parar", asesorando, como es su caso, los elementos que componen este espectáculo en todas sus dimensiones, técnicas y artísticas.
"Mandar" en la embestida, ofreciéndonos ese criterio, desde la libertad más absoluta y que tantos seguimos voluntariosamente complacidos.
"Cargar la Suerte" y seguir mostrándose con ese grado de independencia que ha asumido de manera personal por tantas vivencias, relaciones y experiencias que nos traslada a un mundo muy alejado de la utopía que algunos nos quieren vender.

Es, pues, labor bien compleja, sólo unos pocos están llamados a poder lidiar el Toro del juicio íntegro, sin fundas, con sutileza e ironía y en ese sentido, mi ENHORABUENA más sentida.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Pufff, Gloria, estos comentarios, que agradezco en el alma, no dejan de ruborizarme y si bien es verdad que nuestra vanidad hace que nos reconfortemos por dentro con palabras como estas, no puedo por más que sonrojarme y no saber que decir, porque igual uno va y lo estropea. Lo único que puede decir es que intento ser sincero conmigo y con la Fiesta y que lo que escriba no esté berreándome desde dentro y tirándome de las orejas por falta de honestidad.
Muchas gracias. Un abrazo

Manuel Troya dijo...

Que bonita es la libertad, verdad Enrique.
Puedes presumir de ella y de aficion.

Enhorabuena Aficionado.

Juan Medina dijo...

Enrique:
Empiezo a leer tu artículo, voy asintiendo con la cabeza, compartiendo tu opinión y, de pronto, llego a la última frase, justo antes de la PD, y ¡zas! Lo has clavado.

Y es que esa frase me suena. Me la contó un amigo que una vez habló por tlf con Villasuso y se la dijo tal cual. El amigo a Villasuso. Y éste se cabreó. Mucho. Le dijo que él no vivía de los toros, que él era periodista, y que si mañana tenía que dejar de escribir de toros y hablar de política o de sucesos, pues sin problemas.

Ya se empezó a enfadar cuando mi amigo rehusó amablemente salir en la tele. Villasuso no alcanzaba a comprender cómo se podía rechazar una propuesta así e insistió más de la cuenta, como el que no está acostumbrado a recibir un no.

Ese día por la tarde, José Tomás toreaba en la ciudad de mi amigo, así que no tenía ganas de irritarse por asuntos menores. Se le ocurrió decirle para ir rematando la charla que lo que hace lo hace por los toros, que no vive de ellos y que los periodistas pueden contar, seguramente mejor que él, lo que hace. ¡YO NO VIVO DE LOS TOROS!, replicó airado Villasuso.

A mi amigo casi se le había olvidado esta historia, porque de aquel día sólo recuerda lo mucho que se emocionó en la plaza. El próximo día que me lo encuentre le digo que lea tu post, aunque seguro que ya lo ha leído, que es asiduo del blog.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Manolo:
Qué comentario tan bueno y cuanto dices en dos líneas. Como bien dices, qué bonita es la libertad.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Juan:
Está bien eso de que lo mismo puede hablar de toros, que de otra cosa y vaya que si se nota, porque en estos periodistas taurinos, igual que entre mucho de toreros, empresas y demás, sobre profesionalidad y falta afición.
Un abrazo

Oscar dijo...

Enrique,

Yo he pensado muchas veces que estas cosas (las de CRV, no las tuyas) se escriben por malicia o por interés o por ambas cosas. Últimamente creo que lo dicen convencidos.

Incluso alguna vez me he planteado si llevarán razón y el equivocado soy yo, que siempre he pensado que lo que sustenta una faena no es el arte (que es muy deseable, sin duda) sino algo mucho más primario que es la emoción que produce el riesgo. Si es por torear con arte, y solo eso, mejor que se toreen carretones, que esos si que tienen embestidas francas e incluso se le pueden dar instrucciones.

Seré franco: preferiría eso (torear carretones) a ver arrastrase por el ruego a algunos toros que dan más pena que miedo y, lamentando tener que decir esto, incluso en alguna ocasión creo haber sentido lo que dicen sentir los que hablan de crueldad y de martirio del animal viendo torillos incapaces, ya no de presentar pelea, sino simplemente de defenderse y ni tan siquiera de mantenerse en pie.

De entre todo lo que escribe este hombre destacaré una frase que me parece demoledora:

"Esa nostalgia con cierto toro, innegociable con la bravura y el toreo de hoy"

¿bravura de hoy?... toreo de hoy si, pero ¿bravura de hoy?. La bravura es un valor absoluto, se es bravo o no se es; el comportamiento de un toro no se puede considerar bravo hoy y manso mañana, del mismo modo que un comportamiento de una persona no puede ser hoy considerada valiente y los mismo hechos dentro de 100 años cobardes.

Yo creo que no es ignorancia esa frase, yo creo que le traiciona el subconsciente. Un crítico (ahora no recuerdo quien) ya escribió hace unos años que los ganaderos acabarían seleccionando mansedumbre en lugar de bravura; y esto es lo que es, un cambio semántico pero no de concepto, que ahora llaman bravura a lo que siempre ha sido mansedumbre.

Enrique Martín dijo...

Óscar:
No creo que estés tan equivocado como a lo mejor podrías sospechar, porque si hablas con los que crían el toro de verdad o los que ya se han retirado de todo esto y no esperan ya sacar nada, coinciden con tus pensamientos. Y es triste, pero ese "toro bravo de hoy", da pena y se acerca más al abuso, que a otra cosa. La bravura de hoy. Igual es que el hacer el perrete estos lo confunden con bravura, igual que también deben confundir la velocidad con el tocino. Pero yo pondría la mano en el fuego seguro de que saben de lo que hablan, pero que lo envuelven de tal manera que les permita mantener el negocio, lo que da bastante que sospechar.
Un saludo