sábado, 16 de mayo de 2026

Las entradas, el puro, la petaca y mi cuñado se deja los pañuelos en casa

Hubo un tiempo en el que Urdiales nos conquistó, pero de eso hace ya mucho.


Si es que para ir a los toros hay que saber con quién te juntas, que tú vas pensando que todo está en orden y va tu cuñado y se olvida de lo más importante, y más en una tarde de esas que la cuentas en el barrio y no te creen ¡Vaya tarde, chaval! ¡Vaya tarde! Tres orejas y aún han sido pocas. Que menos mal que un señor de al lado me lo ha prestado. Decía que estaba mojado por el ambiente húmedo de la plaza, que será por estar cerca del arroyo Abroñigal; digo yo. Que no te digo nada mañana lo que voy a fardar en el vermut dónde el Peque, la bodeguita dónde nos juntamos los que nos gusta la “tauromaquia. Que no han visto ellos tantas orejas ni en una ración a la plancha.

Los toros eran de “El Torero”, no sé de cuál de los tres, pero de alguno tenían que ser. Que está bien que avisen, pero podían dar la información completa: vamos, digo yo. Oye, que eran unos buenos mozos. En el caballo no se puede decir que hayan dicho mucho, más bien nada. Y el que empujaba, como el tercero, lo hacía mientras le tapaban la salida y cuando veía el campo libre, se quedaba parado en el peto. A los demás se les ha picado, bueno, no se les ha picado, que si un picotacín por aquí, que si ni eso, que si... Vamos, que no, pero eso importa poco, que lo fetén es la muleta. Y que mala sombra, cuando el sexto apretó por el pitón izquierdo a Curro Javier y en el segundo encuentro le enganchó malamente. Luego en la muleta iban que no paraban, toros para torear, que dicen que no para pegar pases, pero, ¿qué sabrán ellos? Que es verdad que más de una vez parecía que se les venían arriba a los maestros, pero si estos daban muchos pases, ¿qué más da?

Diego Urdiales no parecía estar en su día, tendría alguna cosa que no le dejaba. Parecía desconfiado, decían que descolocado, que no acababa de verlo, muletazos y muletazos y nada, que no lo veía, él se movía mucho, pero que no y cuando las cosas se tuercen, es que no. luego en el cuarto, tampoco, que ponía el trapo muy atravesado, eso es verdad y él lejos y los pases haciendo así una línea recta. Y anda que no dio pases, que el de detrás de mí decía que eran trapazos ¡Anda ya! ¡Baja tú! Y claro, se puso nervioso, o no, y venga enganchones. Que no le pedí la oreja, porque mi cuñado... y tampoco quería abusar del pañuelo del señor que me contó lo de las humedades del arroyo Abroñigal.

El que ha tenido mala, pero mala suerte ha sido Fortes, que le he tenido que explicar a mi cuñado que es el mismo que se anunciaba antes como Jiménez Fortes. Primero le ha arroyado el toro y dando una vuelta de campana ha pegado un porrazo tremendo. Y ya con la muleta en ese mismo primero, al quedarse descubierto al atravesar demasiado la muleta, de nuevo ha hecho por él. Muletazos con el pico, de uno en uno y en uno de pecho, otra vez que le achuchó. Que oye, que parecía desconfiadillo y no era para menos, aunque quizá si no le hubiera dejado el hueco al toro, lo mismo se le colaría algo menos, ¿no? Pero en el otro es cuando nos ha entusiasmado a mi cuñado y a mí. Que anda que no ha merecido la pena un natural redondo, que sí, que no era rematado abajo, pero como le ha hecho girar, pues eso gusta, ¿no? Luego es verdad que ponía la muleta así, como atravesada, vale, que los muletazos acababan al aire, también vale, que los daba de uno en uno y con la muleta... ya saben; pero es que se ha metido entre los cuernos, oiga, entre los mismísimos cuernos. Mi cuñado lo flipaba y yo... No les digo nada. Luego es verdad que la espada, arriba, arriba, no estaba, más bien, abajo, abajo. Pero yo he sacado el pañuelo del señor que... Que los había que decían que no, pero ya saben, esos son unos amargaos a los que no dejan abrir la boca en casa y van a los toros a molestar, que son unos molestones, pero una oreja es una oreja.

Pero lo guay de lo guay ha sido Fernando Adrián, ¿o era Adrián Fernández o Francisco Andrés? No sé, era el último. Que con la muleta ha tenido el detallazo de llevar el toro dónde estábamos nosotros y por lo que se ve, muchos vecinos, amigos, primos y gente que querían ser sus amigos, ¡qué ambientazo! Que hay que ver lo que se ha esforzado en torear bien atravesada la muleta, que para poder atravesarla más estiraba así mucho el brazo, muy despegado de su cuerpo y además, muy rápido, será para que le diera tiempo a más pases, ¿no? Que el toro anda que no se cansaba de ir a por el trapo y él intentaba quitarlo y a veces lo conseguía y otras. Pero siempre por dónde quería el toro y a veces hasta iba por dónde estaba él. Que no se cansaba el animal de ir una y otra vez. Y como es buen chico, si el toro iba al seis, él al seis, para que lo viera todo el mundo. Y luego se fue detrás al siete y así por toda la plaza. A ver si es que eso no vale, ¿eh? Luego que si se lo pasó por... por... por el culo, ¡caramba! Y unos así como si los empalmara, sin descansar ni nada. Acabó en el nueve y después de entrar con la espada, unos decían que descabellara, pero claro, recórrete tú media plaza y que te queden ganas de seguir trabajando. Y aunque no había demasiados pañuelos, como gritábamos mucho0, el señor del palco le dio una oreja. Pero claro a los señoritos molestones no les pareció bien o sí, porque querían que el presidente se fuera del palco. Que buena gente, sería para que descansara, ¿no? Yo meneé el pañuelo mojado del señor que... y miraba a mi cuñado, que tuvo que quitarse una manga de la camisa para poder pedir la oreja. Verás mi cuñada cuando llegara a casa, ella que no sabe ni coger una aguja, que cree que lo tiene todo hecho por eso de ser ingeniera aeronáutica, pero de las cosas de su casa. Y en el último toro, el muy remuy, se lo llevó por delante, que él estaba para dar el pase con la capa, que ya lo estaba empezando, pero el toro iba tarde y ¡catapum! Con la muleta, después de que se llevaran al banderillero herido a la enfermería, volvió a querer que le vieran todos desde cerquita. Que empezó que si en los medios, no, mejor al siete, a ver esos que no agradecen na de na. Y con la derecha llamaba al toro así como apuntándole con la punta de la muleta, como si fuera una lanza y hacía que le toro pasara lejos, para que todo el mundo lo viera de cerca, menos él, que lo pasaba algo lejitos. Y venga pases y más pases, todos con la punta apuntando, que eso sí que se veía bien. Pasó por el seis y ya llegó al cinco. Ahora sí que lo vamos a ver bien, le dije a mi cuñado. Que se ponía muy lejos y a un lado del toro y la pierna de la mano de la muleta la echaba muy para atrás. Qué difícil tiene que ser eso y no caerse. Y así todo el rato. Y luego cosas de esas que nos gustan a los de Tarazona de la Ribera, que somos muy de gustarnos eso. Y pases rápidos, quitándole la tela al toro a tirones. Y ya cuando se metió entre los cuernos, ¿pa qué más? Yo ya le pequé el último tiento a la petaca. Si lo haría bien, que hasta sonaron los clarines, decían que para avisarle de no sé qué. Y cuando el toro cayó, ¡madreeee! Pero se volvió a levantar, ¡vaya! Pero volvió a caer y... que se levantó otra vez. Y ya la refinitiva. Que otra oreja. Que con unos pocos pañuelos parece que te la dan, que imagino que si sacan muchos, lo mismo te dan el toro para que te lo lleves para casa, pero como no eran muchos, solo le dieron la oreja. Pero a mí no se me olvida que para otra vez me voy a preparar mucho mejor, yo me ocuparé de todo, porque si no, ya ven, las entradas, el puro, la petaca y mi cuñado se deja los pañuelos en casa.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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