![]() |
| Deseandito estoy de apuntarme a un cursillo para saber cuándo y a quién aplaudir, que así no podemos seguir. |
Ya volvimos a la rutina de la rutinaria temporada de Madrid. Vuelta a los autobuses, vuelta a la plaza casi desierta de aficionados de Madrid y ocupada en parte por paisanos, seguidores y amistades de los actuantes. Que dirán muchos, agarrándose a este clavo ardiendo de unos tendidos demasiado despoblados, que es que la temporada no interesa, que no es rentable, o que no es rentable, porque no interesa. Pero, por favor, no se hagan trampas al solitario, que la temporada claro que interesa, pero si esta la componemos con carteles infames, con carteles que solo interesan, y no por el contenido taurino, sino por otras causas, por otras afinidades ajenas a lo puramente taurino. Si el interés reside en que acudan los paisanos, los partidarios o los amigos, mala cosa. Que si se confeccionaran carteles de interés y la empresa se preocupara de publicitarlos, igual otro gallo nos cantaría, pero no, porque entonces se les des montaba el argumento de que la temporada no interesa. Que suena a galimatías, pero todo se reduce a que esta empresa, auspiciada por la Comunidad de Madrid, solo quiere dar festejos con sus figuras y con los toros de estas figuras, sin importarles lo más mínimo ni la plaza, ni la afición de Madrid. Y si no, echemos un vistazo al cartel de la noche en cuestión, toros de Valdefresno, con dos parches de Couto de Fornilhos, sin entrar en juego y presentaciones, para Juan Pablo Sánchez, Cristian Pérez y Alejandro Peñaranda. Que hay que ir con la mente muy en blanco, con el espíritu absolutamente virginal, como para pensar que se nos avecinaba un festejo de época. Eso sí, si usted es del grupo de los paisanos, seguidores y amistades de los actuantes, entonces ya me callo, que uno no es nadie para entrar en cuestiones personales de cada uno; o quizá sí, sí, si alguien de esta gente me obliga a que me guste y aplauda a su paisano, seguido y amistad actuante, entonces la cosa cambia. Que ustedes no se lo creerán, pero está muy complicado eso de ir a los toros ahora a las Ventas, que antes tienes que conocer las relaciones de cada uno con cada uno. A este se le puede protestar y además, se le debe protestar; a este no, que es colega, a este, ni fu, ni fa. A este otro... Que uno no sabe a qué atenerse. Que antes, los legos en la materia echábamos un vistazo al líder que nos amparaba y ya sabíamos, si él aplaudía, todo quisque a batir palmas, si él se quedaba mohíno, todos mohínos. Y así nos orientábamos, pero es que ahora no hay quién se aclare, que hemos perdido a nuestro líder espiritual, que el gps del “afisionao”, nos ha dejado de funcionar, que vamos a devolverlo porque no va y nos dicen que aquello es un convento de clausura.
A ver qué decimos de lo que ha salido por toriles, que si decimos que la presentación a veces no ha llegado ni a justa, igual no deberíamos, pero es que no ha llegado ni a justa, que alguno, como ese castaño, era lo que por tierras del ganadero llaman un vaco. Corrida mansa, pero de manual, a lo que hay que añadir que los maestros han carecido de todo intento lidiador. Les dejaban a su aire y que se apañaran, que ellos habían ido a sentirse a gusto. Mansos en el caballo, tirando derrotes cuando no saliendo de najas, sueltos, sin que nadie hubiera hecho por fijarlos mínimamente, aunque fuera intentar echarles un capote al suelo; que igual no se habría conseguido nada, pero al menos así veríamos que ni por esas. Mal picados, aunque el personal hasta ha aplaudido a uno de aúpa, por un picotacito en el segundo encuentro, después de haberle pulverizado los lomos previamente. Solo en el quinto, Santiago Pérez, ha picado aguantando a ese que daba muestras de manso. Le ha hecho la carioca, sí, pero ha impedido que se le fuera del peto, que ya era mucho pedir. Que los recursos hay que utilizarlos cuando son necesarios y no convertirlos en norma. Que dirán que qué barbaridad es esta, pero es que les confieso que en ese momento no he podido fijarme en lo que decidía nuestro líder. Que a uno le ha dado por ponerse a comentar lo sucedido con los compañeros de localidad. Y así pasa, que no estamos a lo que teníamos que estar y nos enredamos con lo que sucede en la arena. Mil perdones.
De los actuantes, a ver cómo me explico yo sin ofender, si es que no he ofendido ya lo suficiente. Juan Pablo Sánchez, pues a lo de todos, que si me lio a pegar trallazos con el trapo al bies, que si enganchón por aquí y por allá, que si ahora me recoloco y después también. Que si voy de aquí para allá con la muleta en la mano y el toro va a su aire, para al final no decir nada de nada. Cristian Pérez ha entusiasmado a muchos, con los defectos de todos, con una incapacidad más que manifiesta, pero según dicen, le pone mucha voluntad. Pues cuidado, que con tanta voluntad y tan poco conocimiento, con tanta actitud y tan escasa, nula, aptitud, cualquier día se puede llevar un disgusto. Que estamos en la de siempre, que ahora en Madrid se aplauden las carreras, la incapacidad con los engaños, que lo que no se hace con la pañosa, hay que corregirlo a base de carreritas. Que los enganchones, abusar del pico y los trallazos se aplauden como si fuera toreo, sin ser otra cosa que destoreo. Que en su primero, al que aburrió, le dio trapazos y más trapazos hasta que el animal acabó buscando las tablas descaradamente. Y tras una estocada trasera y caída, aunque remoloneando, el del palco le regaló el despojo. Cómo aplaudía la masa, que con eso ya les valía la pena el viaje hasta las Ventas. En su segundo quedó más evidente esa falta de aptitud, con un toro con un pitón derecho que o se triunfaba o te comía, porque exigía mando, toreo y nada de trapazos al aire. Pero en la primera tanda ya se le vio a Cristian Pérez muy, muy perdido y al segundo trapazo le levantó mientras intentaba huir, cayendo de muy mala manera. Entró en la enfermería y volvió a salir dispuesto a pegar más trallazos, adornos, pico y enganchones, sin parar quieto un instante, para culminar la sinfonía con manoletinas. Y habrá quién se moleste, pero solo el mal manejo de la espada impidió una nueva salida a cuestas que avergonzara una vez más a Madrid. Que lo mismo ya hay que ponerse así, unos jalean a sus ídolos pase lo que pase y otros intentamos defender al nuestro, la plaza de Madrid, sin reparar en paisanos, seguidores y amistades de los actuantes.
Alejandro Peñaranda hacía tiempo que no asomaba por aquí y visto lo visto, igual tendría que pasar una temporadita para volverlo a ver. Un prototipo de esta modernidad que nos asfixia. Su primero no quería nada con nadie, siempre buscando sus terrenos, tablas, chiqueros, sin que el espada intentara al menos doblarse para así poder entrar con la espada y no andar como anduvo, a ver si le cazaba, gazapón, acabó casi aculado en tablas. En el sexto venga trapazos y más trapazos, venga a recuperar el sitio una y otra vez, pico, brazo largo, que ni el iniciar de rodillas le valió para calentar los ánimos, sobre todo y en ese trance acabas liándote tú solito. Pero al final uno se queda que no sabe si sorber o soplar, que esto de ir a los toros nos lo están complicando más de la cuenta. Unos que solo íbamos a ver toros y a ver torear, ahora te tienes que enterar de demasiadas cosas ajenas a lo que sucede en la arena, así que urge que nos guíen, que nos marquen el camino y a ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario