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| Haciendo memoria, igual alguien se acuerda del Urdiales que no trampeaba |
Los habíamos que un ratito antes del tararí inicial no creíamos que la tarde pudi9era ir por dónde fue. Que a ver los Lozano que traen, que a ver la terna, a ver si es la tarde, ¡llover? No creo, ¿no? Si hace sol y todo y además, ¿se iban a atrever las nubes a descargar sobre la plaza en una tarde... Y oiga, que estaba todo en su punto, los ánimos suavones, no empalagosos, eso no, solo suavones. Suena el tararí y el porrompompón del timbal, que el otro se lo guindaron unos desaprensivos, desfilan las cuadrillas con ese ritmo ritual de todas las tardes que las convierte en algo único. Unos toman los capotes de brega y entregan el de seda, otros pasean la media luna del sol, los monosabios y areneros a sus burladeros de callejón, los cascabeles de las mulillas resonando y a lo lejos y entonces sí, entonces llega el amable comité de bienvenida y decide que hay que sacar a saludar a Urdiales. Que habrá quien no entienda ni los motivos, ni el criterio, ni nada de nada, pero si ellos lo deciden, bien decidido está, a ver si ahora no se va a poder ser majo. Y claro, luego el resto de la plaza se lo aprende, vaya si se lo aprende, y se pone maja y amable toda la tarde. Que igual los dioses de las tormentas vieron que la cosa podía ser en exceso melosa y para enfriar los ánimos soltaron un chaparrón de esos que recuerdas... ¿te acuerdas el día en que estaba todo el mundo majo, majo y amable? ¡Joer! Cómo cayó, acabamos como un muffin en un Pumpkin Space. Vamos, lo que viene siendo hechos una sopa. Pero ni con el aguacero se apaciguaron los majos, majos y amables.
Lo de Alcurrucén, lo que todo quisque llama lo de los Lozano, salieron bien alimentaditos; el paraíso de los carniceros. Rebosando kilos por todas partes. Que si tenemos que hablar de lo sucedido en el caballo, esta tarde siempre en el 6, pues los ha habido que ha peleado algo, pero cuando les tapaban la salida, porque cuando no, pues eso, tomaban la salida. Han flojeado, especialmente los dos últimos de la tarde, ayudados por la ausencia de temple por parte de todos los de las calzas rosas. Eso sí, con sus andares cansinos, entre muertos y moribundos, permitían que los de luces pusieran posturas ad hoc y que los majos, majos y amables bienearan a placer, incluso entre enganchones, pero eso ya es un clásico, un mal clásico, pero clásico.
Diego Urdiales, el saludado, paseó esas formas de maestro ya veterano, pero... ¡Ay el pero! Qué bien se ha adaptado a la modernidad y que bien ha asumido el papel de no molestar, él a lo suyo, sin entrar en competencias con nadie, llega y se pone a dar muletazos con el pico sin ningún reparo. Pero como el animal va que casi no va, pues puede parecer que torea despacio y muchos obvian que acompaña despacio, que no es lo mismo, ¿no? Alguna verónica estimable, cuando no barría la pierna de entrada para atrás y alguna hasta queriendo rematarla detrás de la cintura, que todo hay que decirlo. Lo adaptado que estará, que hasta se ha puesto a practicar el encimismo tan propio de los que no pueden y entonces... Su segundo ya se frenaba de salida, no se le picó, según órdenes del matador. Pero los hubo de entre los majos, majos y amables, que lo vieron de perlas. Y allá que volvió a hartarse meter el pico, de dar medios y cuarto de muletazos, ahora uno y al poco otro, desde fuera, pero con esa compostura erguida que embelesa a muchos. Que si no llega a ser por la espada en sus dos toros, ya me veo al comité de bienvenida sacándole a saludar en su siguiente aparición por estos lares.
Fortes, antes Jiménez Fortes, luce ese parecer lánguido de torero que ha pisado todos los ruedos redondos, y alguno cuadrado, del orbe taurino. Con el capote hasta dio alguna que se pueden aprobar sin ponerle pegas, pero otras, aunque jaleadas, si echas la patita atrás, ya no es lo mismo. Un inicio de trasteo por abajo con muletazos reseñables por el pitón derecho. Luego ya vino lo acostumbrado, pico, enganchones, que si un desarme, que si ahora voy y los empalmo, que si ahora me pongo más fuera aún, con un Alcurrucén que el hombre iba y venía a lo que le mandaran. Tras una de las varias entradas con la espada, salió muy apurado, teniendo que huir desde los medios hasta el burladero de matadores ¿Y la cuadrilla y demás espadas? Tres con las que saques, huy, ese lleva blancas; échale el capote a tu maestro, espera, espera que ya lo tengo, yo digo cuatro. Nadie a hacer un quite en treinta metros. Que son los mismos que en un tercio de banderillas no sabían por dónde se andaban ¿Cómo se explican que Christian Parejo, que debía amparar a los rehileteros y Urdiales, a la salida del par, pudieran estar a tres metros el uno del otro? Pero claro, si ahora de repente dejamos de ser majos, majos y muy amables. En su segundo, Fortes inició por abajo y el animal al suelo. No se entregaba en sus embestidas, aunque al final, hasta medio acabó yendo, pero si lo que se le ofrece no pasa de pico, de colocarse a cada pase, abanicazos y estar a ver si se caza algún muletazo, pues poco se puede esperar.
Y acabamos con Christian Parejo, al que en su día se le jaleó mucho esa bullanguera vulgaridad, pero lo poco no gusta y lo mucho, harta, cansa, aburre, desespera y hace que el personal se pregunte a qué han llamado a este muchacho para este festejo. Que le han contado que lo de citar desde loe medios gusta mucho, pero si el toro está cerrado, muy cerrado, igual complica el número de la emoción del primer trapazo al viento. Pico tremendamente exagerado, tirones, venga a dejarse tocar el engaño y un repertorio contorsionista digno de un circo oriental. Que algunos temían la oreja del revolcón, pero no daba ni para eso. Ni la forma en que salió prendido al entrar a matar. Tan vulgar, que ni los majos, majos y muy amables pudieron dedicarle sus mejores palmeos. En su segundo, un más de lo mismo, rondando al toro con su vulgarísimo repertorio, coronado con varias entradas con la espada, tirando el trapo descaradamente. Y eso que la plaza estaba dulce y suavona, pero es que dan tan poquito de si. Y eso que todo era amabilidad, hasta empapados como sopas.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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