martes, 3 de agosto de 2010

Al toreo eterno, como cada año


La serenidad de Ignacio Sánchez Mejías
Todos los años en estas fechas, nos unimos los aficionados a los toros con los amantes de la literatura en un abrazo sentido al recordar a Ignacio Sánchez Mejías. Incluso hay aficionados al arte de Cúchares que también lo son a las letras, aunque son los menos, porque ya se sabe que los que acudimos a las plazas de toros somos bárbaros, zafios y crueles y con la sensibilidad agotada para estremecernos con el inicio de Cien Años de Soledad, el monólogo dubitativo de Hamlet o las lágrimas de García Lorca en el Llanto por el amigo que se llevó Granadino, de Ayala, en la plaza de Manzanares.

Torero, literato, mecenas, sportsman, dandy, vanguardista, directivo de un club de fútbol y hasta polizón en un barco. Un torero que llevó su forma de hacer un paso más allá que el resto de los matadores de su tiempo y de mucho tiempo después. Pero siempre fiel al clasicismo en el que se zambulló junto a su querido José, la genialidad que se le ponía delante tarde tras tarde cuando alternaba con Rafael y la revolución que no le pasó por encima que provocó Juan.

Todos los meses de agosto volvemos los ojos a las fotos antiguas, releemos lo que pasó en aquellas horas desde que el toro le levantó por los aires, sus miedos a las enfermerías de pueblo y cómo llegó el desenlace. Quizás sería bueno que los aspirantes a matadores de toros y los que ya lo son con años de alternativa, bebieran de vez en cuando un sorbito en estas fuentes de la eterna juventud de la tauromaquia y se decidieran a vivir en torero. En un momento en que los jóvenes no piensan en ser “matadores de toros”, lo que quieren llegar a ser es “figura del toreo”. Una frase tan ambiciosa que parece que desprecia todos los pasos que un hombre tiene que ir dando ante el toro.

No sé si será mejor o peor esto o aquello, pero desgraciadamente parece olvidado ese orgullo de ser matador de toros, ese título que los maestros ponían en sus tarjetas de visita para que quedar constancia de ello hasta la eternidad. Hoy se conforman con ser solamente figuras del toreo. Si cada año prestaran atención durante unos minutos a lo que el maestro Sánchez Mejías les dice desde el Ateneo de Sevilla, a lo mejor aún nos quedaba algún matador de toros que echarnos a los ojos. Como todos los años, maestro, “va por usted”.

10 comentarios:

David Campos dijo...

Enrique:

Me alegro que hagas esa sustancial diferencia para quien quiera dedicarse a ser y vivir en torero. Efectivamente, creo que nada tiene que ver ser matador de toros con ser figura (figurín actualmente) del toreo.
Esto quiere decir que los chavales no piensan en otra cosa que en llevarse todo el dinero que puedan a manos llenas. Matador de toros... ¡que gran sueño!
Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

David:
Has definido perfectamente la diferencia entre ser figura del toreo y ser matador de toros. Unos se interesan por el estado de la cuenta corriente y el otro por una forma de vida. Lo que tú dices, por un sueño.
Un saludo

Paco MC dijo...

¡Bravo! Leí el libro de Andrés Amorós y me encanto la personalidad y la diferencia de este Torero.
Me he permitido enlazarte en un post.

Peterlulupan dijo...

ah, qué iniciativa más bonita! Por fin conseguí "La amargura del triunfo" y tengo pendiente leerla.
Se lea o no, los toros son cultura, y el simple hecho de ir a una plaza y disfrutar de la emoción estética y de los valores de los toros nos va conformando y haciendo un poquito mejores
Lucía

Enrique Martín dijo...

PacoMC:
Muchas gracias por enlazarme. Te sigo habitualmente y tu blog merece la pena.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Lucía:
Tú y yo tenemos muy claro que esto es cultura, lo que me extraña es que los que lo quieren prohibir no sean capaces de pararse a pensar dos minutos, por qué esta "barbarie" como ellos califican a los toros, mueve tantas sensibilidades. Y que curioso que de todo lo que provoca los toros, todos es belleza, o pretende serlo, y nunca es violencia, ni desprecio, ni falta de respeto.

Un saludo

Anónimo dijo...

Leído el escrito, ¿no tenéis la sensación que incluso la figura de José Tomás se queda pequeña?... de los demás sin comentarios. Qué grande es ser torero.
Enhorabuena Enrique, a lo dicho por ti no se le puede cambiar ni una coma.

Pepe Luis.

Enrique Martín dijo...

Pepe Luis:
Puede que tengas razón, es verdad, y el motivo puede ser esa diferencia entre ser figura del toreo y sentirse matador de toros. Quizás si José Tomás se empapara de ese espíritu torero y viviera en torero, tal y como antes era entendido, podría tomar otras decisiones más dirigidas a aclarar la situación. Entonces puede que hubiera una tremeda limpia de monigotes; pero para eso habría que empezar por exigir otro tipo de toro, de momento otros hierros y encastes alejados de Domecq. Lo que nos íbamos a divertir. Eso sí que sería interesante.
Un saludo

Lunarito dijo...

No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Federico García Lorca

Enrique Martín dijo...

Lunarito:
Amén y gracias