jueves, 26 de agosto de 2010

Señores antitaurinos, vamos a prohibir


Señores antitaurinos, estoy de su lado y por este motivo me pongo codo con codo con ustedes para pensar la estrategia a seguir, sobre todo después del triunfo sin precedentes que se ha obtenido en Cataluña. Pero el camino no es escoger comunidades en las que las corridas de toros sean casi algo testimonial, no podemos contentarnos con eliminar quince o dieciséis festejos por año como mucho y a los que asisten mayoritariamente extranjeros; sólo si se anuncia José Tomás en la plaza de Barcelona es cuando la plaza se llena. Y tanto que se llena que hasta el señor Mosterín se ha declarado admirador del toreo del madrileño. Lo que son las cosas, mira que encontrarle un sentido estético al toreo y pensar que la faena al toro que indultó en la Monumental fue algo de excepcional belleza (perdonadme si no reproduzco las palabras exactas, pero el mensaje era básicamente ese).

Las cosas hay que hacerlas a lo grande. Yo propondría que se prohibieran todas las corridas de la próxima feria de San Isidro y de la feria de Abril. Viendo el apoyo de los grupos antitaurinos de cincuenta o cien militantes activos que se congregan un día, de las casi treinta tardes, a la puerta de las Ventas, seguro que no tienen que tener problema en encontrar el suficiente eco entre la sociedad madrileña, ni mucho menos en la sevillana. Bien es verdad que se acabaría con ese rico plato que es el rabo de toro, pero quién nos dice que no se puede sustituir por cogollos de Tudela con pimientos del piquillo.

Tendríamos que pensar en un plan de actuación integral y acabar con cualquier manifestación en las que tan sólo se pudiera adivinar la presencia de cualquier bóvido. Se hace absolutamente necesario acabar con los encierros en toda España, empezando por los de Ares, en Galicia, ya denunciados por lo compañeros de allá arriba, aunque haya quien no haya querido ver el peligro de la mezcla encierros y alcohol, aunque sean toros de peluche, dentro de los cuales se esconden los vecinos del pueblo. Pero, ¿quién me dice a mí que dentro de uno de esos toros de felpa no se encuentra un conductor resentido que busque con saña a los agentes de la municipalidad del pueblo por una multa a trasmano? ¿Quién me dice a mí que un cuñado resentido no quiera saldar cuentas pendientes por un quítame allá esas pajas de las últimas Navidades? Eso sí, la asociación denunciante ya ha pedido disculpas y reconocido su error al tramitar esta denuncia. Imagino que será por incluir el tema del alcohol; no se puede ir de frente contra unas tradiciones tan arraigadas en nuestra cultura como es el consumo de alcohol en las fiestas populares. Así que yo también me uno a esas excusas.

Pero no nos dejemos intimidar y sigamos adelante, acabemos con esas esculturas que en el medioevo representaban a individuos enfrentándose a un toro en las escalinatas de la Universidad de Salamanca, sustituyámoslo por planchas de metacrilato que den transparencia a nuestras vidas. Limpiemos las paredes de esas inscripciones hechas con sangre de toro, eliminemos el símbolo de la ciudad de Teruel y sustituyámoslo por algo nuestro, algo propio de nuestra cultura, como por ejemplo, el pulpo del mundial, eso, el pulpo Pol.

Yo que he sido aficionado hasta que hoy he visto la luz, os aseguro que no es tan problemática la abolición de los toros. Basta con que los dejemos en el campo y ya está. En lo que no había caído es que a lo mejor los propietarios actuales no tendrían con qué sufragar los gastos de alimentación de estos animales. Quizás eso sea un problema con el que no habíamos contado porque en las actuales dehesas tampoco se podría montar una red nacional de merenderos, con sus mesas de granito y sus asientos que torturan las más recias posaderas del dominguero naturalista. Y una cosa que no se nos debe escapar, compañeros, es que no todo ganado bovino de los campos de España y parte de Francia y Portugal son afables vaquitas de las que obtener rica leche para hacer quesos, mantequilla y llenar vasos de Cola Cao. Porque las hay que por su naturaleza brava aconsejan mantenerlas a una distancia considerable.

Pero si vamos a dejar a los toros a su suerte y no nos vamos a poder acercar a las vacas, ¿qué va a pasar entonces con estas criaturas de Dios? Porque aunque algunos compañeros y en especial nuestro guía el señor Mosterín diga que son inofensivos, yo no me lo acabo de creer. Y ya que estamos, yo me pregunto, qué les contó el camarada Mosterín a los miembros y “miembras” del Parlament para que votaran en contra de las corridas de toros. Y si les contaron la barbarie que es el mundo del toro, ¿cómo les van a explicar ahora eso de que ha descubierto la estética del toreo? Y, ¿no es ir un poco lejos el llegar a pensar en el peligro de los toros de peluche? ¡Dios mío! Ahora me doy cuenta de que mis hijos duermen con un enorme toro de peluche a sus pies desde que les licenciaron de la maternidad.

Llevo diez minutos de antitaurino y empiezo a darme cuenta de que esto no hay por donde cogerlo. Perdonad, compañeros, pero en mis cuarenta y nueve años de aficionado no había tenido tantas lagunas como las que me asaltan al abrazar vuestra fe. En todos estos años no había pensado nunca en el abandono de los toros, nunca se me había planteado ninguna duda sobre el futuro del hábitat del toro bravo, ni he tenido nunca la sensación de estar haciendo el ridículo, ni de ser motivo de mofa entre mis opositores. Eso sí, su odio lo he sentido muy próximo, tanto que hacía que no me creyese sus buenas intenciones animalistas.

Pues creo que ha llegado la hora de tomar una opción decisiva en mi vida. No puedo decir que nuestra relación fue bonita mientras duró, porque casi no me ha dado tiempo a saborearla, pero casi prefiero quedarme con lo que tengo, con sus defectos, que son muchos y que son el motivo que a los aficionados nos hace mantenernos vivos. Y si al final voy a llegar a la misma conclusión que el señor Mosterín, el llegar a apreciar la belleza y la estética del toreo, pues para qué necesito antitaurinizarme, si cuando veo un toro bravo arrancarse de lejos al caballo o veo un natural de verdad ya se me ponen los pelos de punta. Pues lo dicho, que yo sigo con mi afición y vosotros con vuestra desafección, así que ustedes por su camino y yo por el mío, y como muchas tardes de toros se oye al inicio del paseíllo, ¡qué Dios reparta suerte!

14 comentarios:

merche dijo...

Todo hombre de bien tiene la obligación moral de hacer todo lo posible para que se prohiba esta barbarie.

Enrique Martín dijo...

Quizás sea restringir demasiado los hombres de bien, pero es su opinión, muy respetable por cierto, y agradezco su visita a este blog de toros. Quizás podríamos enfrascarnos en un cruce de argumentos que cada uno creemos a pies juntos, pero seguro que no sólo no nos convenceríamos el uno al otro, sino que además puede que en un momento, aunque sin pretenderlo, nos ofendiéramos el uno al otro. Por este motivo sólo me voy a permitir el agradecerle su comentario. Otra cosa bien distinta es que lo comparta.
Un cordial saludo

Armando Moncada dijo...

Enrique: a la luz -a la sombra, mejor dicho- del asunto de Cataluña, comparto tus cavilaciones existenciales como aficionado. Comparto también el número de años de andadura en esta irrenunciable insensatez: uno me falta, igual que tu, para llegar al medio siglo en ella.
Creo también, aunque la convicción no llega a acuciarme, que es hora de tomar decisiones hondas en materia de continuidad como aficionado. En tus mismos términos, desearía que el argumento supremo que le diese sustento al “sí” fuese algo como “prefiero quedarme con lo que tengo”, con todo y las miserias e imperfecciones del mundo real taurino degradado y patético que miro en mi país. Acá, lo sabes bien, los mercaderes se cargaron la fiesta mientras el personal hacía la ola.
Me resulta casi intolerable hacerme cargo de que aceptar una engañifa integral como patrimonio residual argumental (lo que tengo en mi derredor, pues) es éticamente sostenible. E indefendible.
Y eso me jode feamente la pandereta dorada para mi próximo aniversario 50 que siempre imaginé más digno y con mayor empaque y certidumbre. Qué caray, ya lo dijo Ortega: uno y su circunstancia, o lo que es casi lo mismo, such is life in the tropics.
Saludos.

David Campos dijo...

Enrique:
Yo, como hombre de bien, tirando a notable, me veo en la obligación moral de apoyar una fiesta tan pura, culta e involucrada en la supervivencia de una especie animal de inigualable belleza.
Suscribo tu entrada, aunque no me haya sentido antitaurino ni siquiera diez minutos. Un saludo!

Enrique Martín dijo...

Armando:
Es evidente que no es el mejor momento de nada, aunque puede que el de los toros sea aún peor. Seguramente que como todos, tú también has tenido la idea de retirarte, pero igualmente todos tenemos la esperanza de que al haber llegado a este punto tan infame, a partir de ahí todo sea mejorar. Lo malo es que los estafadores no miran los resultados de su fraude en ojo ajeno, así que probablemente aún nos quedará que esperar. Un saludo y gracias por visitar el blog.

Enrique Martín dijo...

David:
Ya has visto que mi intento de ponerme en la piel del vecino ha sido un fracaso. Ha sido querer empezar en esa nueva fe y encontrar más contradiciones de las que ya tiene el ser humano. Espero haber aprendido lalección y no volver a caer en la tentación de "arrejuntarme" con los iluminados.
Un saludo

Anónimo dijo...

Enrique "lo que no pué ser no pué ser y además es imposible" pero quizá nosotros demostramos, con lo que tú has hecho con este magnífico post(te aseguro yo que lo he intentado en más de una ocasión inclusive en intercambio de posiciones públicas con ello)una dosis de tolerancia importante y eso es bueno para la mente y el cuerpo, a partir de ahí allá se las compongan...de cualquier manera cuando sale el bichejo con la figurita pá ponerse bonito en la mayor parte de esas placitas de Dios o del Diablo,, me da pana del animal y vergüenza ajena y me vuelvo nantitaurino y no me vale aquello que algunos argumentan "hay que defender esto para luego recuperar la Fiesta", No, defendamos YA lo que entendemos que debe ser LA FIESTA DE LOS TOROS y en su defecto la fiestecilla circo "fair la mer"
Un abrazo
Pgmacias

Enrique Martín dijo...

Pgmacias:
Es que lo primero, como bien dices, es no admitir pulpo como animal de compañía. No se puede admitir como fiesta de los toros eso que nos quieren colar tarde tras tarde. Ese "dame pan y llámame perro", el defendamos esto y luego lo arreglamos.
Todo se confunde, como hoy que llego de ver la corrida de Colmenar para escribir la crónica en Opinión y Toros, enciendo la tele y veo al Fandi en un caballo de picar. A puntito he estado de tomarme un valium. Pensaba que el calor me había derretido la sesera. Eso qué es ¿para demostrar lo completo de este irrepetible lidiador? Váyase usted a su casa. Pero claro, si los hay que esto lo jalean como si fuera el toreo verdadero, apaga y vámonos.
Un abrazo

Juan Medina dijo...

Enrique:

Esto de ponerse en piel ajena es probablemente la mejor definición del hombre moral, al que nada humano le es ajeno. A Merche y a los de la felpa, grotescamente, nada animal le es ajeno.

En cuanto al toreo, a pesar del ocaso, pienso que sigue mereciendo la pena. Los atardeceres tienen momentos sublimes. Y además, por ahora, siempre amanece al día siguiente!

PD: estuve desconectado del blog unos días, en isla atlántica y taurina, así que no pude leer tu entrada hasta ahora. Un abrazo.

Peterlulupan dijo...

Siempre es bueno tratar de ponerse en el lugar de otro, y me ha gustado especialmente el ejercicio de tolerancia y empatía que has hecho.
A simple vista, parece mucho más fácil de adoptar y de respetar la postura del antitaurino. Por eso a quien no quiera entender lo que hay debajo de la apariencia de crueldad es imposible hacerle ver nada.
Pero las razones de los taurinos son profundas y sólidas, y siempre gusta reflexionar sobre ellas. En cuanto se escarba un poquito, estas razones se hacen obvias y fuertes, pero no todo el mundo está dispuesto a ello.
Iba a decir "ni tiene por qué estarlo". Pero si van a prohibir o a juzgar, lo mínimo es que traten de ver la realidad, mucho más compleja y bella de lo que puede parecer
Lucía

Lola MU dijo...

Me ha encantado este ejercicio tuyo de "asertividad" (así creo que lo llaman los psicólogos aunque la palabrita no esté en el diccionario.
Besos.

Enrique Martín dijo...

Juan:
Yo estoy de acuerdo contigo en que a pesar de todo esto merece la pena, otra cosa es la buaqueda y la pelea de muchos de nosotros, como tú y como yo, que nos empeñemos en qconseguir que la fiesta sea lo que debe ser y en que abominemos de lo que es y de lo que creemos que puede llegar a convertirse. Pero la fiesta existe en el momento que hay emoción. El problema es que esto ahora ocurre pocas veces. Y nunca te reprocharé que leas mis entradas antes o después, siempre te agradeceré que las leas; eso ya me supone mucho.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Peterlulupan:
Ahí veo yo el problema, en que quieran prohibir sin querer saber qué es esto. Quieren condenar a la fiesta a la silla eléctrica sin oír la declaración del acusado. Es una cuestión que ya tienen prejuzgada y no les importa matarla, porque creen que es culpable. Es un juicio sumarísimo y como todo juicio de este tipo, es injusto.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

LolaMU:
Como me gusta verte por aquí. Al final te veo en una plaza un día de toros.
Besos