sábado, 5 de octubre de 2013

Perdonen las disculpas


La espada, tantas veces en contra de El Cid

Hay días en los que uno se deja llevar por la pasión, por el entorno, por las circunstancias o por toda la plaza entregada como una sola voz a un sentimiento extremo de emoción; y otras, en que por más que se fija, no acaba de encontrar el intríngulis al asunto. Incluso, hasta puede que se llegue a simular esa locura, simplemente para no tener que estar enfrentado al mundo, que quizá sea lo más inteligente, lo que más parabienes y enhorabuenas cosecharía y palabras de elogio para largar el ego a cotas estratosféricas. Pero si uno mismo no se siente a gusto con lo hecho, apaga y vámonos. Y dicho esto, enseguida van a entender el porqué de esta introducción al relato de lo ocurrido en la plaza de Madrid en la segunda de la feria de Otoño. Vamos a ello y que Dios me pille confesado.

De los toros de don Victoriano del Río y don Toros de Cortés, bastante favor le hacemos al señor ganadero si les tratamos como toros, incluido el buey cuarto al que hasta se pidió la vuelta al ruedo -qué cerca veo el indulto en Madrid- a pesar de su comportamiento en varas. Perdón, debería decir su no comportamiento. Cómo estaría la cosa, que se han ovacionado varios toros de salida, por lo general gordos, cada uno de su padre y de su madre y ese cuarto que más bien parecía un ciervo. Que a uno le gusta el velamen de tamaño, pero la cosa tampoco se trata de echar ciervos con casi cuerpo de Bambi. Flojos, tirando a mansotes, que en la muleta iban y venían, eso sí, siempre y cuando no se les sometiera con los engaños, no fuera a ser que el animal rodara por el suelo. Los que saben de esto felicitarán al ganadero, pero los que no sabemos, cada vez estamos más hartos de estos dos hierros del mismo señor. Pero ya ven, el respetable y los profesionales se quedan con aquello de la mejor corrida de San Isidro.

La terna la constituían El Cid, Fandiño y Ritter. Pues bien, empezando por el final, si el colombiano no estaba bien de novillero, de matador de toros ya no llega ni para la repesca. Un toreo con trallazos, sin mandar, dejando al toro a su aire. Muy pesado, mucho pase y con un repertorio ya pensado desde casa. Permitió demasiado capotazo sin razón y en el momento en que sus animalejos le exigían lo más mínimo o le apretaban en algún caso, a lo más que llegaba era a perder la muleta y a echar a correr de allí. Si estuviéramos en el colegio, quizá habría que mandar a don Sebastián a que repitiera curso como novillero y cuando ya se supiera el temario, que se volviera a presentar para matador de toros.

Volvía Fandiño tras aquella tarde en la que llegó más lejos de lo que el público espera y exige, sin importarle el tener que salir de la plaza en una camilla y como pasajero de una ambulancia. Este público malo, malote, incómodo, irrespetuoso y no sé cuántas barbaridades más, hizo salir a saludar al vasco al acabar el paseíllo. A ver si va a resultar que mi plaza de Madrid no es ese ogro que se come a los niños. Y vean que digo mi plaza, porque en días como este, uno la siente aún más suya. Esta vez Iván Fandiño no lució como en otras fechas y quizá el motivo hay que buscarlo en que los toreros bravos necesitan un toro y por mucho que siguieran los trapos los del señor del Río, no es lo mismo embestir que seguir una zanahoria. Recibió a su primero con unas verónicas movidas que no hicieron que el animal se fijara en los capotes, lo que provocó que anduviera errante por el ruedo, hasta que se topó con el picador. Sin colocar, al hilo de las tablas, recibiendo un exiguo picotazo apoyando los lomos en el peto. Otra caricia en la segunda vara y para adelante. Jarocho resultó volteado por este florón que seguía su Las Ventas Tour por el ruedo, doliéndose de los palos como el niño al que quitan el chupete. Pases por alto a una mano por ambos pitones y unos remates garbosos por trincherillas abrieron la faena. Una primera tanda de derechazos y otra más, pero sin temple y más retorcido de lo recomendable, naturales levantando la mano al final, sin rematar y echando para fuera al del señor del Río. El epílogo de la faena se rellenó con unas manoletinas que habrían tenido bastante más valor con cualquiera de los toros que ha matado en esta misma arena y no con este híbrido de mona y bóvido poco listo. Le sonó un aviso antes de entrar con la espada, para dejar una entera rinconerilla y alto tendida. El resultado, una orejita, que lo malo es que le contará para las estadísticas del matador, pero que no está, ni de lejos, a la altura de otras tantas aquí cosechadas. En su segundo nos hizo tener la sensación de hurtarnos el primer tercio, que se redujo a dos arañazos mientras el toro pegaba cabezadas en el peto y digo cabezadas, que no cabezazos. Retorcido con la muleta, no sé si se puede decir que templara, pues el animalito iba con paso derrotado y de moribundo. Serie de banderazos al natural y mucha sosería. Entera trasera y a esperar a los de Adolfo Martín y que estos respondan a la expresión “toro”.


Abría la terna El Cid, el torero que entusiasmó a mi plaza, que la desesperó, la hizo perder toda la ilusión y al que siempre se espera para ver si vuelve aquel torero que un día se perdió. Pues parece que la conjunción se ha vuelto a dar y ambos se han entregado sin reservas. Y sin pretender ser como la abuela en la jura de bandera del nieto, que toda ufana y orgullosa decía: “Mira, mira, el único que lleva el paso bien es mi nieto, los demás van mal”, vamos al lío. En su primer cebón, al que por supuesto ni se le pudo picar, El Cid mantenía la línea de los últimos tiempos, ventajista, pasándoselo muy lejos, sin pararse y alargando el brazo. Pero fue en el cuarto donde todo se revolucionó. Un ciervo, excesivamente cornalón, especialmente si tenemos en cuenta esa armonía que tanto cacarean los taurinos. No es porque fuera ya un toro viejo, pues antesdeayer estaba celebrando su cuarto cumpleaños en la finca del señor del Río. Me parece mentira el verme criticando a un ganadero por echar un toro tan cornalón, con unas espabiladeras de cuidado. El animalito con su embestir de burro cabezón recibió unas verónicas desganas del matador, para después echarse una cabezadita junto al caballo, aprovechando que allí no le molestaban y por supuesto que tampoco le picaban, faltaría más, eso lo dejaban para el sexto, al que el montado pretendió darle lo que correspondía a toda la corrida. Hizo El Cid un quite airoso entre delantales y verónicas, que animaron al respetable. No era su turno de quites y permitió que Fandiño hiciera el que le correspondía, esta vez por gaoneras a base de trallazos. ¿Cuándo veremos unas gaoneras templadas y no ese ahora te quito el capote? Respondió el sevillano con unas verónicas echando la pierna atrás según entraba el toro, para acabar con una buena media por el pitón izquierdo, aunque quizá no tanto por la postura abelmontada metiéndose en el toro, como por llevarle toreado y embebido en el capote. En su primera tanda de naturales, servidor vio cómo el pico de la muleta viajaba entre los dos pitones acariciando el testuz y escupiéndolo hacia fuera. Otra tanda con similares trazas y otra más. Derechazos empalmados y vuelta a la derecha, pues el animal era más incómodo por el pitón derecho. Nunca se entregó y los muletazos nunca pudieron ser bajando mínimamente la mano. Bien es cierto que el torero mantuvo recta la figura, pero la sensación que a uno le quedó es que la tela volaba al viento y el burro del señor del Río seguía la zanahoria. Dos pinchazos y un bajonazo infame. Y este es mi parecer o mejor dicho, las sensaciones que yo tuve. Habrá quien diga que mis sensaciones le importan un pito, pero esto es lo que viene siendo Toros Grada Seis desde el primer día. La plaza, mi plaza, rebosaba con un sentimiento, seguro que los que vieron la corrida por la tele también, pero a mí eso no me llegó. Me quedé frío y pensando muchas cosas, aunque esas me las guardo. Dejándose llevar por la euforia, los hubo que hasta pretendían que hubiera una vuelta al ruedo del burro del señor del Río, pero eso no fue posible, afortunadamente, ahí estaba mi plaza para decir que no había lugar. Así acabo este relato al que le he dado mil y una vueltas, he dicho lo que me dictaba el corazón y lo que sintió mi plaza, la plaza de Madrid, que en esta tarde la he sentido más mía que nunca, a pesar de que servidor fuera con el paso cambiado.

12 comentarios:

fabad dijo...

La que te va a caer Enrique. Yo lo veo en la tele y por tanto no soy de fiar. Se me quedaba cara de pasmado oyendo a "Manolito" alborotar con El Cid. A mi me parecía que este Cid es el de ahora y no el que mejor toreaba de muleta hace unos años, pero por los entusiasmos y voces pensaba que era cosa mía. El Toro se le cuadró para que lo matara, pero como llevaba la de palo tuvo que ir a por la buena y no la encontró.
Un abrazo.
Paco

Anónimo dijo...

Hola amigo Enrique, pues ya somos dos con una "visión" parecida, la mía desde el butacón del Plus siempre tendrá menos fundamentos o fundamentos deiferentes, pero seguro que los tuyos "más más", de cualquier manera lo he escrito en la web "El Chofre"...mañana te llamo por si te cuadra darnos un abrazo bien antes o bien después de finalizar el festejo, te parece bien?...un abrazo
Pgmacias


Badila dijo...

También desde mi querida plaza, lo ví de otra manera. Toreo eterno y natural, agradecimiento profundo a El Cid, otra vez.

El toro boyante, en ningún caso para darle la vuelta al ruedo, fundamentalmente por su comportamiento en el tercio de varas.

Un saludo cordial.

Enrique Martín dijo...

Fabad:
Hay que aguantar el chaparrón, ¿qué le vamos a hacer? Al menos me quedaré tranquilo conmigo mismo. Ya ves lo que tienen estas situaciones, que a medio climax hay que dejar el palo y coger la espada. Y yo me pregunto si quizá no hubiera sido más fácil para El Cid si en ese momento, en que el toro pedía la muerte se le hubiera cuadrado y se hubiera tirado a matar. Pero eso no nos lo contestarán, es un mal asumido como normal y al que ya no se le da importancia.
Un abrazo y gracias por tus palabras

Enrique Martín dijo...

Pgmacias:
Siempre consuela el ver que hay alguien que ve como uno mismo. Espero poder verte mañana y charlar de todo esto en persona.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Badila:
No entraré en su percepción de la faena de El Cid, aunque en lo del toro no creo que sólo fuera por el caballo, que ya bastante es, sino por ese estilo de mulo al ir a la muleta, sin humillar y más buscando la zanahoria que atacando a eso que le molestaba y que ocupaba parte de su espacio.
Un saludo

Anónimo dijo...

Enrique, pensaba escribir algo al respecto pero es que lo he visto exactamente como tú lo has relatado, así que no eres el único.

Varios toros debieron ser devueltos por manifiesta falta de fuerzas. Según yo entiendo la tauromaquia, debe haber enfrente un animal al que poder. No digo ya que sea un animal fiero que desarrolle sentido, me basta con que sea un animal noble pero con pies y codicia para someterlo. Cuando, en vez de someter y poder (arte aparte) hay que cuidarlo (como bien has dicho en tu frase: "los muletazos nunca pudieron ser bajando mínimamente la mano") para mí carece de fundamento lo acontecido en la faena.
Que sí, ya sé que lo entendió a la perfección (para que no se cayera), que se puso bonito y lo templó pero el carretón estaba podido desde que saltó al ruedo.

Resulta curioso ver cómo aficionados a los que he visto con la chapita esa de que "nada tiene importancia si no hay toro" se desgañitaban en aplausos cuando no hubo un solo muletazo bajando la mano. Esto para mí es grave porque si se premian faenas a este tipo de toros estamos legitimando la existencia del toro al que hay que cuidar para que no se caiga. Algo ante lo que estoy absolutamente en contra.

También resulta curioso ver cómo, según quién o quiénes toreen de una determinada forma se les jalea o se les permite mientras que a otros por hacer lo mismo se les recrimina.
¡O todos moros, o todos cristianos!

Saludos
J.Carlos

PD: Enrique, que no te veo dar palmas de tango cuando salen los inválidos, jeje

MARIN dijo...

Pues fíjate Enrique que a mi lo que me jodió la tarde fue que ese cuarto toro no tuviese mas transmisión. Quizás si la hubiese tenido no hubiésemos visto a un Cid tan relajado, cierto es. Pero el maestro me gustó. Y prefiero un torero así, cargando la suerte (no excesivamente, pero cargándola), toreando relajado y con rectitud, a un destoreo de pierna atrás o retorcimientos válidos.

No puedo opinar como vosotros porque he visto retales, ya que me di de baja en el plus, pero lo que he visto me ha gustado. Pero me hubiese gustado verlo así con un toro que exigiese mas. A mi si que me van a llover palos, pero que se le va a hacer.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
La exigencia de Madrid ya no llega ni a la de los colegios de monjas. Y dependiendo del nombre del torero o del ganadero, aún bajamos más el nivel. Yo vi toros que no embestían, que seguían la zanahoria. No acometían, iban detrás de un trapito de aquí para allá. Y ya sabes, "Nada tiene importancia sin el toro", aunque hay veces que algunos dan la vuelta a la chapita.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
A mí también me gustaría verlo con un toro y no con aquel ciervo. Pero es que hubo quien pidió la vuelta al ruedo del animal. El Cid no se colocó mal, pero a mi parecer abusó del pico, no remató ningún pase y el temple era que el torillo no podía con su alma.
Un abrazo

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:
Más de acuerdo imposible. Ya por la mañana hubo una discusión en twitter porque dije que ese cuarto era un novillo adelantado que se tapaba por la cara, que le faltaba remate y no tenía morrilo ni expresión de toro. Algunos lo veían excelentemente presentado solo por los 2 km de cuerno que tenía.

Después de la corrida hubo más líos. Para algunos era un toro de vuelta al ruedo clarísima y otros no lo veíamos por ningún lado.

Y por último algunos decían que si el Cid hubiese matado esa faena era de rabo en Madrid, mientras otros pensábamos que la plaza se había dejado llevar por las emociones o ganas de triunfo y que no era para tanto.

Un abrazo amigo Enrique y enhorabuena por dar tu visión sobre la corrida. Una curiosidad: los que veían al toro excelentemente presentado, le pidieron la vuelta y decían que era faena de rabo eran siempre los mismos...

Enrique Martín dijo...

Alberto:
La verdad es que hubo bastante revuelo, las ganas de ver un triunfo y más de El Cid, hicieron mucho, a mi entender.Eso de los cuernos grandes creo que es una equivocación de muchos que a lo mejor no frecuentan demasiado las plazas, porque en realidad, tapaban una sardinilla. Menos leña y más toro y más proporción. PIenso como tú.
Lo de la vuelta al ruedo es una de esas cosas que uno no entiende. No se le pudo picar y a medio pase salía como una borrica. Me habría gustado ver como hubiera reaccionado con dos naturales sometidos y con la mano baja, llevados hasta el final. Igual el animalito hubiera presentado la rendición inmediatamente. Lo de la vuelta realmente fue cosa de menos gente que los que deliraron con la faena de El Cid.
Un abrazo y muchas gracias por venirte por aquí