lunes, 28 de octubre de 2013

Don Julián y la lealtad como gran preocupación

También es lealtad adelantar la pierna delante del toro, ¿o no?


En estos días he podido leer como Julián López, más conocido por “El Juli”, mostraba su preocupación por la figura de los apoderados/ empresarios/ ganaderos y por la falta de lealtad de estos hacia el resto de agentes del toreo. Una reflexión muy adecuada y oportuna, si nos paramos un segundo a ver lo que ocurre feria tras feria durante una temporada. Así podemos comprobar como varias ganaderías están en todos los ajos, con el vergonzoso bagaje de ver sus toros arrastrándose por los ruedos o con una presencia peor que infame; de la misma forma que nadie se explica por qué tal o cual torero suma y suma actuaciones. En ambos casos no sólo se producen estas presencias en las plazas propias, sino que también se dan en la de otros “colegas”, eso que desde hace tanto tiempo se llama “cambio de cromos”.

Si se mira este fenómeno desde el punto de vista del aficionado la consecuencia es que este paga su entrada para sufragar estos Holdings taurinos y no para poder disfrutar con lo mejor que hay en el campo y con los coletudos que más interesen en cada momento, lo que no deja de ser un fraude y una absoluta ausencia de lealtad hacia el que mantiene fincas, coches y familias de todos los que viven del toro, el público. Pero el ángulo desde el que El Juli parece observar este hecho se acerca más a esa idea de que esta forma de actuación quita puestos a toreros y ganaderías que se creen con más derecho que otros a verse anunciados en los carteles. Que no digo yo que tal postura no sea legítima, pero quizá se la pueda considerar demasiado restrictiva y personalista.

Está claro que El Juli se considera capacitado para hacer todo tipo de reclamaciones en lo referente al mundo del toro, lo mismo para que progrese una ILP, que para solicitar el trasvase de los Toros a Cultura, que para mostrar su molestia con las líneas editoriales de medios de comunicación, que para preferir a un comentarista en las retransmisiones de televisión, que para decidir lo que se televisa y lo que no. Es lo que suele pasar con los mandones del toreo, que al final pretenden intervenir en todo. Habrá quien me diga que esto ha sido siempre así que las grandes figuras han hecho y deshecho a su antojo, decidiendo y marcando el rumbo de la Fiesta. Salvando las distancias, que son muchas y variadas, igual que José decidía y Juan aceptaba, conformándose con poner los pelos de punta a los aficionados, ahora tenemos a El Juli como urdidor de tramas y a José Tomás dejando hacer y vistiéndose de luces sólo en fechas muy, muy determinadas.

El Juli ha decidido tomar el bastón de mando y se ha marcado como meta la modernización de la Fiesta. Y que Dios nos pille confesados.  Pero hay un punto en el que no coincide con José, es más uno piensa que se ha colocado en el polo opuesto al maestro de Gelves. Este pretendía mejorar el espectáculo, hacerlo más lógico y hacer del toro un animal no tan brusco, quizá podamos decir fiero, al que a veces resultaba imposible pasarlo de capa o muleta. Digamos que su deseo era eliminar inconvenientes innecesarios. ¿Para qué hacer que los caballos esperaran en el ruedo la salida del toro? Pues realmente sólo servía para que fueran heridos al recibir los derrotes descompuestos de las primeras embestidas del negrillo antes de fijarlo en los engaños. Pero lo que pretende Julián López a muchos se nos antoja como una maniobra destinada a oficializar su comodidad y así decidir sin complejos siempre en beneficio propio, dejando de lado al resto del mundo y muy especialmente al aficionado, considerado como un enemigo de los toreros y de la Fiesta. “¡Pa’bernos matao!”.

¿Dónde está esa lealtad al toreo? ¿En que tipo de lealtades piénsale Juli al hacer ciertos planteamientos? ¿Cree que él está siendo leal a la Fiesta de los Toros, a su tradición, a su historia y, lo que es más importante, a los fundamentos clásicos? Pues deben andar por esas dehesas de ganaderías que ni el maestro, ni sus compañeros frecuentan, no vaya a ser que un novillo les mire mal y se incomoden. Igual don Julián se pone a seguir exigiendo supuestas lealtades, esa que él y su gente no tienen las mañanas de corrida en los corrales de las plazas, ni tampoco en los ruedos, con torillos que ofenden la sensibilidad taurina de tanta gente, que a la más mínima protesta hacia el torero pasan a convertirse en una seria amenaza, quizá la peor que pudiera imaginarse, además de unos maleducados sin respeto.


También podría Julián López mostrar un poco de lealtad con la Fiesta, evitando esos espectáculos bochornosos, próximos al abuso y a una imagen que no corresponde con lo que debe ser el Toreo. Los hay que se sienten muy orgullosos de protagonizar una pantomima, tanto que incluso llegan a afirmar que casos como el de ese festival recientemente celebrado, cuya fotografía de cinco señores rodeando con pose de matones a un novillote desmochado y agotado, es el modelo a seguir en un futuro inmediato. Un poco de lealtad al toro, la columna que debe sostener todo este mundo, a una historia gloriosa que no merece un capítulo tan negro y funesto como el que estamos viviendo, y a todos los maestros, pero maestros de verdad, no esa legión que ahora se mueve por ahí, que fueron construyendo este bello edificio que es la Tauromaquia, el Toreo, los Toros o como prefieran nominarlo y que no exige ni lealtad, ni culto, ni respeto, ni mimitos, pero díganme, ¿No creen que lo merece como pocas cosas en este mundo? Así que si El Juli se preocupa por la lealtad, que empiece aplicándose el cuento en carnes propias y que no se adjudique esa dignidad de máxima autoridad  en el toro, porque puede que esto sea el primer atentado contra eso que ahora tanto parece quitarle el sueño. Ya saben, Don Julián y la lealtad como gran preocupación

8 comentarios:

Gloria cantero martinez dijo...

Enrique, poco que añadir a tan acertado post, aún así y contando con tu aprobación, si quiero mostrar mi desconfianza más absoluta hacia este torero y, por extensión a quien lo apodera.

Más aún, cuando conocemos y hemos padecido sus artimañas y juegos en los corrales de plazas donde tienen a gala su apuesta por el Toro. Parece ser que los intereses conformistas y acomodaticios del "figura", todo lo puede y esto, desde el punto de vista del
aficionado supone un choque frontal
con la apuesta por el bello y noble oficio del buen torear. Por cierto,
me parece mucho más oportuno, reivindicar en el ruedo y a ser posible frente a un Toro. Le seriamos eternamente agradecidos, aunque estemos hablando, de nuevo de toreo-utopía.

Un abrazo.

Gil de O. dijo...

Las palabras del Juli en esa entrevista, ha de hacerlas buenas; de lo contrario, no pasarán de ser simples falacias -en este hombre, menos frecuentes que en otros- de las que ya estamos hasta la "coronilla" cuando proceden de gente que vive de ésto.

Vengo fiándole muchas de mis ilusiones desde hace algún tiempo; y es por ello qué, lo necesito para mi causa; y ésta no es otra qué, debe asumir la gran responsabilidad, al autoexcluirse Tomás, por su posición en el escalafón, por la palabra dada, y sobre todo, por la eliminación natural consecuencia de la irresponsabilidad de todo el escalafón.

Les ha tocado vivir esta época y es a ello a lo que condicionan su curso profesional, bien en el ostracismo a qué les obliga la organización comercial del Cinturón de Acero, al qué hoy por hoy el único que se enfrenta es Julián Lopez; también Fandiño, pero éste antes de dar el paso definitivo, ha de asegurarse varias temporadas a base de ganar como mínimo un Millón de Dolares (estilo americano) limpios en cada una de ellas, para a partir de ahí echarse el Toreo a sus espaldas, ya sin miedo a reveses que le impidan su progresión.

Para admitir a Don Julián en mi causa ha de revolucionar, teórica y prácticamente el Toreo. Pasó lo de los Miuras de Sevilla, posiblemente ya no volvamos a verlo acartelado de tal guisa. El sabe mejor que nadie cuando está con la verdad, y cuando de costadíllo; cómo se entra a matar con ella, y cuando fuera de la suerte; al Juli no le va a enseñar nada, nadie. Es más, los Toros que se crían en Táliga, no son los Zalduenditos, o los Garci hijos de las novillas que hacen cola en su finca para ser tentadas por el maestro de Velilla, a las qué pone nota. Está haciendo raza y cuando la tenga hecha, hablaremos; lo que hace en silencio.

Y termíno:
Bueno, queda decir qué para admitirlo en mi causa, ha de ligar sobre el compás; colocar la muleta en posición de rematar por debajo de la pala para ligar el siguiente "ansí"; quitar las rayas; poner firmes a las empresas de Caballos; que todos cobren a su hora, o mejor que el día de antes tengas las perras de fijo (debe haber otra parte del precio por la actuación) en su cuenta cada uno de los actuantes, incluído el personal subalterno; poner en su sitio a las asociaciones profesionales; quitarle a los caballos de picar un quintal métrico, veinte kilos a los petos, con ijares descubiertos para el uso total de las espuelas, etc.

Con ello las empresas que invaden 8profana) sacrílegamente el Templo Sagrado del Toreo, no van a tener más remedio que apretarse y poner en orden sus ideas si quieren mantenerse dentro del negocio.

Se me olvidaba, EL TORO. Como lo tenía entre cartones se me había pasado. Ruego amigo Enrique, sepas disculparme el lapsus.

Saludos de Gil de O.

Xavier González Fisher dijo...

¿Lealtad? ¿Qué es eso? ¿Algún platillo "de diseño"? ¿Un antibiótico? Por favor don Enrique, no perturbe la "inocencia" de Julianín, que tiene muchas cosas "importantes" en que ocuparse y no en andar averiguando qué es algo como "la lealtad"...

Enrique Martín dijo...

Gloria:
Seguro que estamos en un error de base, que unos entendemos la lealtad de una forma y a una idea muy diferente de la que los taurinos tienen del toreo. No pasan de entenderlo como un negocio y una actividad en la que los maestros tienen que tener una cierta habilidad y gracia con las telas. Pero ni en esto nos acercamos, porque unos valoramos la naturalidad y estos las posturas de opereta francesa.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Gil de O.:
Disculpado el lapsus, por supuesto. Sobre lo que has expuesto, yo diría que estoy de acuerdo en todo y al tiempo en desacuerdo. Todo depende de la dirección que tomen las intenciones de El Juli. Siempre se ha dicho que es el único que podría ser un torero en toda la extensión de la palabra, pero uno ya desconfía. Tantas son las esperanzas y las desilusiones, que al final no se sabe si es capaz o es simplemente una sospecha infundada, creada y alimentada interesadamente.
Según los rumores, que sólo son eso, parece que los cambios que pretende no van encaminados nada más que a profundizar en los vicios y asegurarse una comodidad aún mayor, por si esta fuera poca, haciéndose con el control de todo para poder satisfacer todos los caprichos que se le pasen por la cabeza. Ójala le diera un ataque de responsabilidad y se decidiera por pelear por la Fiesta. Eso sí, de los demás no se puede esperar más que el que vayan exclusivamente a lo suyo, sin importarles si detrás dejan un rastro de tierra quemada. Lo de Fandiño está por ver aún, porque a veces tiene tics que le hacen parecer que lo que quiere es alcanzar el status de figura y así poder hacer lo que los demás. Aunque tampoco me cuadra del todo esta actitud en el vasco. Por eso creo que hay que esperarle aún.
Un saludo

Anónimo dijo...

Quien estuvo en Huelva viéndole con los cuvillos en miniatura q desde su independencia le impuso a la empresa, no hemos podido leer la entrevista entera.

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Ahora tengo mala conciencia, pues pienso que he perturbado la paz de un hombre preocupado que se desvela por la lealt... ¿cómo era eso? lealtar, lealdantal, lealtaz, eso, lealtaz.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Anónimo:
Ni creo que la leamos.