lunes, 1 de septiembre de 2014

Los lamentos no nos pueden frenar

Tanto las críticas, como las alabanzas pueden iluminar la Fiesta de los Toros


Dirán que servidor tiene un problema de bipolaridad, no lo sé, eso no me lo han diagnosticado, al menos de momento. Lo que ocurre es que en este constante darle vueltas a las cosas y sobre todo a las cosas del toro, uno ve lo pasa y no es extraño que se le remueva algo por dentro. La situación actual de la Fiesta de los Toros se nos muestra en un el peor momento de su historia. La realidad es tozuda a pesar de esos cantos interesados de los que nos dicen que nunca esto fue mejor, toreros geniales, toros bravos y encastados y la técnica del toreo deambulando por las cumbres del arte con una soltura y un desparpajo que los antiguos maestros no podrían ni haber llegado a imaginar. ¿Qué van a decir? Tienen que mantener su posición, su negocio o cómo queramos llamarlo.

Ellos se congratulan, o al menos mantienen esa pose de felicidad permanente y los otros nos quejamos, protestamos y algunos que no aguantan más, acaban alejándose de todo esto. No seré yo quién censure esta postura, faltaría más. No solo tienen que aguantar esta situación, los ataques e insultos del taurinismo, para que encima vayamos a echarles en cara el haber llegado hasta el límite del aguante o más allá incluso. Yo mismo he estado tentado de mandar todo esto muy, muy lejos, de no volver a escribir, de no volver a opinar, de dejarlo todo, una vez hasta pensé no volver a la plaza. Pero no, ¿por qué? A esos caballeros del oficialismo militante, ya sean los que pisan el ruedo, como los que merodean por los despachos, como los que portan clavel, como los que disfrutan de las veleidosas mañanas de tentadero y veladas de tertulia agasajadora, a todos ellos les molesta escuchar nuestra voces discordantes. Si les molestará. Que hasta uno ha leído sentencias de esas de “Unos disfrutan y otros solo critican” u otras del mismo corte. Y entonces entramos al trapo y aculados en tablas nos empezamos a defender queriendo demostrar que nosotros también disfrutamos con el Toreo. ¿Cómo no vamos a hacerlo? Si hasta hay veces que nos emocionamos y todo. Que puestos a entrar en discusiones, podríamos preguntarles si la cuestión no puede ir por el camino de que los tontos se conforman con todo, que todo les gusta y con todo se divierten. Tal y como se cuestionaba un sabio “¿Ustedes han visto alguna vez a un tonto que se entristezca de serlo? Pero este no es el camino. La felicidad no puede basarse en si el vecino disfruta más o menos, la felicidad hay que buscarla por uno mismo y hacerla depender de terceros. Eso podría ser un permanente encuentro con la ansiedad y el desasosiego.

Muchos son los que afirman que todo esto se arreglaría en el momento en que dejáramos de acudir a las plazas. ¿Seguro? No lo tengo yo eso tan claro. Quizá antes deberíamos hacer saber a estos oficialistas lo que nos gusta y lo que no. Les molestan las protestas, está claro, pero ese ya no es nuestro problema; que sepan al instante lo que no admitimos, digámoslo en las plazas, a la cara de estos caballeros, que sepan al segundo lo que no admitimos. Como si fueran niños sin educar. ¿Que la corrida es impresentable? Que lo sepan toro a toro a medida que asomen por toriles; Qué nos hacen trampas toreando? ¿Para qué esperar al siguiente pase? Hagámonos oír cada día, cada tarde, que se les haga insoportable el fraude, igual que se nos hace a nosotros. Que se lo piensen bien antes de querer engañarnos, porque si simplemente lo intentan, que sepan que serán contestados. Que tengan la certeza de tenernos delante. Y luego que sigan con sus elucubraciones y tertulias tendenciosas de panzas agradecidas.

Yo diría que con nuestro silencio y posterior abandono les estamos dando lo que quieren, el perdernos de vista. Pero, ¿por qué? Que se vayan los golfos y que seamos nosotros los que dejemos de tenerlos enfrente. Ellos quieren mantener el negocio hasta donde les llegue, lo demás no les importa. Bien, pues al menos, que nos tengan que escuchar. Luego podrán tenernos o no en cuenta, pero que sepan cuales son nuestros gustos. Que en plazas como la de Madrid, ahora resulta que hay que estar más callado que en misa, para así propiciar los triunfos de sus allegados. La crítica nunca es irrespetuosa por si misma, depende de como se realice, ni por supuesto es mala, es más, en muchos casos, en muchísimos, es un motor de mejora y progreso; lo que puede significar que descubra a los mentirosos y haga que no puedan continuar con su fraude.


Los tramposos y sus hordas palmeras enseguida tiran de eso tan socorrido del respeto. Respeto al torero, respeto al ganadero, respeto al que vende refrescos, respeto al que pone la bandera, pero, ¿quién respeta la dignidad del toro? ¿Quién respeta la Fiesta de los Toros? ¿Quién respeta su buen nombre y la posibilidad de que pueda tener futuro? ¿A esto no hay que respetarlo aún más? Porque los tramposos, los que se alimentan del fraude y la mentira pasarán y si seguimos callados, vendrán otros a ocupar su puesto. Quizá solo podremos perturbar la felicidad del momento de toda esta gente, pero quién nos dice que no les fastidiamos más de lo que dicen. Si no fuera así, no se removerían tanto en sus poltronas, ni lanzarían esos ataques continuos a los que no les bailan el agua, ni soltarían tantas memeces por doquier. Pero para saber de nuestro poder solo tenemos un camino, hacerles saber que no estamos de acuerdo, no dejar pasar la oportunidad y apoyar al que en la plaza les cante las cuarenta. Pero cuidado, no crea nadie que estoy llamando a las barricadas a los aficionados que piden la Fiesta íntegra, ni resultaría aceptable, ni beneficioso que esto se convirtiera en un ejercicio de kamikaces. Hay que saber qué se pide, hay que saber por qué se protesta. A mí ni me valen esas actitudes de muchos que se hacen llamar talibanes, que poco afortunado el término, que aplican las mismas voces a todos por igual, que cierran los ojos a todo lo que huela a Domecq, a todo torero que consideran no afín a su doctrina y por el contrario son capaces de tragar carros y carretas del torero o ganadería al que le cuelgan el cartel de “uno de los nuestros”. La única fidelidad admisible en esto de los toros es la que se debe al toro y a la Fiesta, de ahí para abajo, todo puede cambiar, para bien o para mal. No olvidemos que Ponce fue un torero en el que el aficionado depositó todas sus ilusiones, que Victorino era el paradigma de la casta y la bravura o que por el contrario, ese Ferrera al que ahora se venera, muchas tardes fue tildado de “espectacular”. Ahora lo han pasado al otro lado de la raya y parece ser que siempre es magistral, cuando de vez en cuando también reedita sus devaneos con el toreo chabacano. Pues digámoslo, que lo sepa, que sepa lo que se espera de él. Hagamos oír nuestras voces, no abandonemos, usemos la fuerza que nuestra afición nos da, porque puede que nos sorprendamos de donde están nuestros límites. Lo que está claro es que los lamentos no nos pueden frenar.

11 comentarios:

POCHO PACCINI BUSTOS dijo...

Enrique, incontestable entrada te felicito.
Un abrazo
POCHO

MARIN dijo...

No, si callarnos no nos callamos Enrique, lo que pasa es que, desgraciadamente, nosotros no tenemos en la mano la solución a esto. Cabemos en el autobús famoso de Jesulín, y nosotros, los aficionados no llenamos plazas.
Eso si, que nadie se piense que me voy a callar, por muy poca cuenta que me echen, que para mi la fieste y el toro está por encima de todo.
Un abrazo.

Gloria cantero martinez dijo...

Enrique:

Resulta gratificante recibir desde esta grada ilustre ese empujón que a veces nos falta, más aún cuando quienes te conocemos, sabemos de tu muy justificado hartazgo tras demasiadas tardes vacías y huecas.
Siempre he mantenido la opinión que tu muestras tan acertadamente en esta entrada.
Si callamos, contribuimos al triunfo de quienes alteran y trafican, compadrean y chulean con el sentido único de lo que tanto amamos.
Y porque nos duele, porque el silencio otorga y nos hace cómplices de la estafa, seguimos en la lucha.
Quizás no de forma tan efectiva como desde una grada en la plaza, pero seguiremos haciendo lo único que sabemos, con imperfecciones infinitas, pero con la energía que da el derecho a reivindicar que existen alternativas y que esto no es ni su sombra de lo que debe ser...

Ni "abonada" de Las Ventas, ni "taurina" que es bebida energética, pero tampoco secuaz de tanta osadía.

Un abrazo. Que nada ni nadie apague tu voz!.

Enrique Martín dijo...

Pocho:
Muchas gracias.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Marín:
¿Crees que nadie te echa cuentas? Creo que te equivocas y si no, piensa en acontecimientos recientes de este verano. Claro que te escuchan, te leen y prefieren que estés calladito, evitando que tu voz se oiga mientras puedan evitarlo. Pero como no pueden estar en todas partes, basta con que escribas en tu Retoñal, para que a más de uno le dé dolor de estómago.
Y el que no te eche cuentas, pues él se lo pierde, aunque tarde o temprano, siempre vuelven. Como no saben donde van, caminan en círculo y allí estás tú siempre esperando, porque tú no te meneas según sopla el viento. Tú siempre sigues igual
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Gloria:
Tú sabes los bajones que uno ha podido tener, sobretodo por los empujones que me pegas para que siga adelante. Es como el torero que no quiere salir y que le tienen que empujar a la arena desde la tronera del burladero. Quizá con esos empujones uno acaba cayendo en la cuenta de que lo que dice molesta a los que quiere que se molesten, anima a los que quiere animar y apoya la tarea que tantos buenos aficionados hacéis todos los días, estando al quite de todo lo que pasa en el toro. Unos nos subimos a nuestra grada y vemos la corrida desde allí, otros a veces nos acompañáis y cuando no, os plantáis delante de la tele y sois nuestros ojos y nuestros oídos para saber de las barbaridades que sueltan los de los micrófonos y los de luces en el callejón. Somos uno y como tal tenemos que seguir adelante. Muchas gracias por estos ánimos y por los empujones que me das sin piedad, pero sobrados de cariño y afición.
Un beso

Anónimo dijo...

Enrique, esta grada siempre me revitaliza como aficionado, gracias.
Ahora que se viene la feria de mi ciudad, a no callar!

Gustavo Ortiz

Anónimo dijo...

Sr.Martin como casi siempre muy acertado me das moral para seguir con esta bendita locura que no es otra que sentirme aficionado a este mundo venido a menos del TORO solo decirte que ahora mas que nunca llevare a rajatabla las letras de uno de los fandangos que canta El Cabrero y dice:si tienes algo que decir no lo vallas a callar que callar es morir. GRACIAS por darnos con tus comentarios y opiniones un poquito de animo.Estamos en el mismo barco compañero.

Anónimo dijo...

Enrique, sabes que cada vez se protesta menos en la plaza y que no nos hacen ni puto caso a los que lo hacemos. Pero también es cierto que cada vez va menos gente a la plaza, cada vez hay menos abonados y cada vez hay menos aficionados viendo los festejos fuera de ferias porque los han echado con la mierda (perdón por la expresión) de carteles que montan.

Los que pierden son ellos, nosotros perdemos porque nos privan de lo que nos gusta pero para ellos es su medio de vida y están viendo cómo se está reduciendo de modo alarmante el número de festejos en casi todas las ferias así como (supongo) el dinero que cobran los actuantes y ganaderos.

Por mi forma de ser siempre protestaré lo que considere una tomadura de pelo pero no me voy a flagelar y cada vez estoy yendo a menos festejos porque, para que mi dinero esté en su bolsillo, prefiero que esté en el mío. Sin ir más lejos y ruego me vuelvas a perdonar por la expresión, para la puta mierda de novillada que vimos el Domingo me quedo en casa. Cómo sería la cosa que me fui después del cuarto porque no vi ni un puyazo, ni un capotazo, ni un par, ni un muletazo digno de consideración.

La solución es ir solamente a los festejos que tengan cierto interés.

Saludos
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

Anónimo:
Que acertadas son esas letras del Cabrero. Que no se nos quede nada dentro, que se sepa, que se enteren. Muchas gracias por sus palabras y que los ánimos circulen de unos a otros, hasta conseguir que se sepa lo que quiere el aficionado.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Ya lo hemos hablado muchas veces todo esto, pero mira, ya que nosotros nos aburrimos, que se enteren de ello, que se enteren de lo que no nos gusta un pelo y si hay alguien que se contagia, mejor que mejor. Al menos apoyarnos en la plaza.
Un abrazo.