lunes, 18 de mayo de 2026

Pases y más pases y pases y venga pases para la más absoluta nada

Por momentos quizá estaría bien volver atrás en el tiempo, a ver si algunos reconocen  lo que es el toreo frente al pegapasismo.

 

Hay quién se siente feliz viendo a un señor con las medias rosas pegando pases a cascoporro, como si el máximo objetivo fuera alcanzar los cien, los doscientos o los mil, como si esto que muchos se llenan la boca a denominarlo arte lo midieran por cantidad y no por calidad. Que me imagino a alguien valorando las Meninas por los kilos de pintura, por la cantidad de brochazos y no por... por la grandeza del verdadero arte. Estamos en ese momento en el que se valora además de los kilos de pintura, el amontonamiento de trapazos, si este es de mi pueblo o del pueblo de al lado, si es un tío simpático, si es bien parecido, pero, ¿dónde cabe el toreo de verdad, la lidia de un toro encastado? Pues por lo que se ve, son dos mundos independientes, dos realidades paralelas, con el único contacto posible de unos que reclaman la grandeza y otros que reclaman los despojos, convirtiendo los tendidos en una jaula de grillos. Unos reclaman muletas planas, poder y mando, lidias según las condiciones del toro, el respeto a este toro, mientras que los de enfrente, porque se ubican enfrente, como les separara una gran zanja, piden regalos inmerecidos, silencios cómplices, absoluta ausencia del sentido crítico, convirtiendo algo que debería ser grande, en una vulgar pantomima verbenera. Y cuando ese festival de despojos, ese carnaval de despropósitos no llega al puerto que pretenden, los aficionados hasta deben sentir alivio.

Corrida de Fuente Ymbro, con Miguel Ángel Perera, maestro del destajismo, pases a destajo, Paco Ureña, que ya lleva tiempo dando señales de... y Fernando Adrián, paradigma del populismo más vulgar, enaltecido por factores ajenos al toreo y muy próximos a ese hooliganismo del paisanaje, con un pegapasismo agotador e irritante. Que resulta que como este hierro no tiene ruedas, pues que no pueden con ellos. Que es de lo mejor de la modernidad más soportable, que no llegan a ser mojicones con cuernos, que al menos tienen algo de chispa dentro; sin exageraciones, pero estos es que no pueden ni con la mamá de Bambi. Por el momento los ves y parecen toros, que no son los adonis de la dehesa, pero oiga, que parecen unos tíos con los que no se puede andar jugando. En varas no se puede decir que sean un espectáculo, por momentos están lejos de ello. Al primero, sin castigo, Miguel Ángel Perera no salió de un pegapasismo ventajosos y desconfiado, sin poder en ningún momento superar a su oponente, sin mando alguno, lo que por otro lado es harto difícil si se coloca lejos de por dónde debería pasar el animal. Su segundo, al que ni pusieron en suerte, ni lo intentaron, le inici9ó en el último tercio el espada con muletazos por la espalda, ¡oh, novedad! Pero es tomar la muleta para eso de los pases y los ánimos de los más animados se desploman al suelo. Pico descaradísimo, manivolazos, trallazos y gracias que no tiró al Fuente Ymbro al suelo, que ya saben, si un toro anda justito de fuerzas, temple y no ese sacudir la tela. Desconfiado, siendo la imagen perfecta cuando pinchó en el primer encuentro, tiro la tela por un lado y él salió escapando por otro.

Paco Ureña, al que tanto se ha respetado en esta plaza, no está. Su primero que no quería telas tuvo que ser parado y metido en ellas por Curro Vivas. Peleó el animal cuando le tapaban la salida, queriendo encontrar el campo abierto y cuando lo veía a su alcance, simplemente se paraba y dejaba hacer al del palo. El lorquí anduvo desconfiado, con trapazos acelerados, enganchones, con el hándicap de al no bajarle la mano por el izquierdo le cabeceaba un tanto. Sin llevarle en ningún momento, para acabar con derechazos de uno en uno y entre los pitones. Al quinto lo recibió entre verónicas algo apresuradas, rectificando por el pitón izquierdo. El animal cabeceaba en el peto al notar la molestia del palo. Ya en el último tercio, tras los telonazos iniciales, Ureña prosiguió citando desde fuera y metiendo el pico de la muleta, escondiendo la pierna. Soso, sin decir nada, concluyó entre enganchones y alargando en exceso el trasteo.

Fernando Adrián, ese ídolo de masas, ese que anda en volandas de los entusiastas y que sin ellos es posible que... dejémoslo ahí. Tras el reciente bochorno auspiciado por el palco, muchos se temían una reedición de la vergüenza. Con el capote no va más allá del constante baile sin parar un momento, declinando el llevar la lidia de sus toros, él viene a otras cosas, ¿no? Muy mal picado, o muy atrás o caída la vara, pero eso era lo de menos. Inició de muleta rodilla en tierra, que eso llega fácil a los tendidos, que no es lo mismo que los entendidos, aunque habría que saber quiénes son estos últimos. Picazo muy, muy descarado, siempre desde muy fuera y sin venir a cuento, trapazo por la espalda, la pierna de salida exageradamente retrasada, retorcimientos antiestéticos y peligrosos para la ciática con la zurda. Un recital de trapaceo en la cima de la vulgaridad y para rematar un invertido, que por lo que se ve, nadie había avisado a los leales de que eso debía ser jaleado en extremo. Falló con el acero y hay que destacar ese vicio tan poco afortunado de tirar la muleta al suelo. En su segundo, un sobrero del mismo hierro de Fuente Ymbro, resulta que tenía que torear, que el animal no era tonto del todo y si de toreo se trata, Adrián anda más bien escasito. Un grandullón que escarbaba, al que metió debajo del caballo sin miramientos y desde la raya para la segunda no vara. El animal cortaba por el derecho y mostraba una marcada tendencia a querer irse a tablas. Se lo sacó a terrenos más ventilados, pero nada se podía hacer si no había mando, el grandullón se le revelaba, le achuchaba una y otra vez y al espada le costaba no descomponerse. Que si aprovechaba dos viajes, pero sin conseguir en ningún momento hacerse con él. Mal con la espada y el verduguillo, esta vez nos libramos de salir avergonzados de la plaza de Madrid. Y quizá quien respiró aliviado fue el usía, quien se libró de esa obligación de conceder despojos hasta a los vendedores de almendras. A ver si también se aplica un poquito y se entera de una evidencia de los pases y más pases y pases y venga pases para la más absoluta nada.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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