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| A veces, lo que se ganaría simplemente poniendo un poquito de orden en la lidia. |
¡Un Victorino de los de antes! Eso es una constante cuando sale uno con la A coronada que se sale del juampedrismo al uso. Que igual quien dice tal cosa no vio ni de lejos un Victorino de los de antes, que en gloria estén. Que hace décadas que esto no pasa, pero no debemos obviar el que alguien siga con esta cantinela, que igual también se podría traducir con que si sale uno que no es una boba, todo salta por los aires. Que lo que quieren es que los Victorinos, y cualquiera que salte a los ruedos, sea amable, con embestidas formales, aprendido desde casa, con ritmo, casi con anteojeras, muy toreros, muy... un bobón en toda regla. Que luego también te dirán eso tan repetido y cada vez con menos sentido, de que cada toro tiene su lidia, aunque parece que ya salen lidiados y dispuestos para que el señor artista ponga posturas mientras mueve unos trapos de colores. Pero, ¡ay! Que nos sale uno que sí que hay que lidiar, que tampoco es que sea un barrabás y… se nos funden los plomos, se nos apagan todas las luces y la fiesta se nos viene abajo. Que los más optimistas habrán visto en tres de Victorino a tres alimañas, al Sacamantecas vestido de cárdeno, pero lo mismo es que estos tres sí que tenían realmente su lidia, la que ni Uceda Leal, ni Paco Ureña, ni Borja Jiménez les han dado. Y claro, cosas que pasan, en estas, el que sale un poquito revoltoso, si le dejas a su aire, si no haces ni por fijarle, ni por meterle de verdad en los capotes, ni por medirle el castigo en el caballo, ni poderle con la pañosa, igual se te complica tanto, que acaba convirtiéndose en un imposible y solo queda que correr, correr y correr y quedar en evidencia, por mucho que los leales de la positivología se rompa las manos a dar palmas.
Que han salido los Victorino Martín con presentación ajustada a partir del tercero y algo menos ajustada los tres primeros. Estos flojeando, pasaron por el caballo con esfuerzos por aguantar allí debajo, sin amenazar al señor del palo. El cuarto sacó más brío, aunque tampoco es que hiciera nada que reseñar en la guata. Todos sin que nadie pensara en colocarlos en suerte, que se apañaran por su cuenta. Y el quinto, al que por supuesto nadie llevó al caballo, empezaron picándole muy trasero, que si pilla al de aúpa despistado, que si coge de mala manera al caballo, que el toro, con la cara muy alta, se puso revoltoso y mientras le hacían la carioca estuvo a nada y menos de deslomar al jinete contra la arena, saliendo con la vara enhebrada en el lomo y paseándola por el ruedo. Una segunda vara desde cerca, sin ponerlo en suerte, faltaba más, tapándole la salida y recibiendo lo suyo. Se pidió el cambio y el personal, cómo se puso el personal. Que no creo que fuera un bravo de premio, pero después de dos entradas irregulares, sin ningún cuidado, aunque solo fuera para verlo y poder afinar más su condición, ¿qué costaba ponerlo una tercera vez al caballo? Pues debía costar un mundo. El sexto iba a su aire por el ruedo y si en su camino había un caballo, pues allí que iba al caballo a dormirse bajo el peto. Y ahora veremos lo que pasó y lo que no pasó con los tres espadas.
Pasó que excepto en el primero de Uceda, en el resto los espadas no aguantaron con el capote y cinco veces, cinco, se giraron para ceder terreno hacia los medios, algo que a muchos les encanta. Allá cada uno. Por momentos el caos en el ruedo inundó las no lidias y a partir de ahí, los tres, en el pecado llevaron la penitencia, viéndose incapaces de reconducir aquello medio dignamente. Y ellos que esperaban toros con embestidas formales. Que no sabremos si los toros hubieran tenido o no un comportamiento más favorable, nunca lo sabremos, pero lo que quedó claro es que la terna no hizo nada para que esto sucediera, ellos estaban a verlas venir y lo que les vino...
Uceda en su primero ya apuntaba maneras, trapazos sin parar de bailar, el toro que se empezaba a quedar y él sin saber por dónde tirar. Ahora me pongo, ahora me quito y el animal, escasito de fuerzas a estas alturas, empezaba a revolverse. En su segundo ya debió torcer el ceño de salida, cuando el ímpetu del Victorino le descolocaba continuamente con el capote. En el último tercio inició sacándolo de la segunda raya, para empezar a bailar con la zurda, un muletazo, la muleta al bies, el toro, sin resuello, haciendo lo que podía y el matador aturullándose solo; venga trallazos, venga a no parar quieto y a lo que el Victorino decidiera, acabando hasta aperreado. Que más bien parecía que no estaba ya para estos trances.
Paco Ureña se ha empeñado con su primero en darle pases y pases, mientras el animal no besara la arena. Muletazos que unos dirán que lentos, sí, pero al ritmo del toro, no que el impusiera temple y mando. Siempre escondiendo más de la cuenta la pierna de salida, sin rematar un muletazo en ningún caso, teniendo que salir a la carrera. Muletazos sin el palo con la derecha, pero sin olvidarse del pico y muy lejano. En su segundo, tras un lamentable primer tercio y una lidia inexistente, generándose un auténtico caos, sin que nadie fuera capaz de sujetar a aquel animal. Fue con la muleta y toneladas de desconfianza y claro, con lo sucedido dos minutos antes, el toro empezó, o continuó, complicándose. Este sí que tenía su lidia y la ausencia de esta... Un desarme y el lorquí echó por medio y se fue a por espada sin quererlo ni ver. La duda es lo que podría haber sido, pero de lo que no hay duda es que los responsables de todo este caos son los que impidieron ver al toro lo que podía haber dado de si.
Borja Jiménez llegó a lo de siempre, a soltar su repertorio, en el que tampoco se incluye la buena y ordenada lidia. A su primero le cuidaron para que medio fuera a la muleta y esto del cuidado implica el no picar, el dejar el toro entre las dos rayas y no darle más de un efímero picotacito. Pero lo que importa es el último tercio y ya saben, si no quieres caldo, toma trapazos, muchos trapazos, de todos los colores, gastando pico sin piedad, siempre muy fuera, siempre corriendo y con la pañosa retrasada. Una estocada entera muy eficaz y despojito. Pues estupendo. En el que cerraba plaza, pues más ausencia de lidia, ni un mínimo de cuidado para que hubiera cierto criterio para obtener un buen fin. Y así llegamos al trasteo final, que si un trapaceo por abajo, más que eficaz, para quitarse al toro de encima. Dudas en lugar del mando que se exigía. A poco que se quedara en la pala, el toro se le venía y ante eso, nada supo que oponer. Que esto no era para él, torero efectista como ninguno. Pero es que este es uno de tantos, igual que los otros dos de la terna, tres de tantos, que les tiene que salir toros tan a modo, que... ya saben, que no miren, que no anden, que no resoplen, que no molesten, que vamos a ponernos artistas.
Enlace Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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