lunes, 19 de julio de 2021

Reta de Casta Navarra, una revelación

 

Y la mansada de libro nos puso a hablar y discutir de toros, sin que nadie se atreviera a poner al otro de mentecato para arriba. 

Al fin, hacía un siglo que estos colorados no pisaban un ruedo y ya lo han pisado. Creo que deberíamos felicitarnos por ello, aunque no regodearnos en el logro que hay que reconocer al ganadero y su familia, por supuesto. Que no creo que ellos caigan tampoco en ese regodeo. Lo más probable es que se den cuenta, si es que no lo habían hecho antes, que seguro que sí, que están al principio de un largo y tortuoso camino lleno de piedras, baches y palos que muchos querrán ponerles en las ruedas, siempre con buena intención, por supuesto. He leído y escuchado mil y un comentarios sobre lo que sucedió en la placita de Ceret. Y todo se podría resumir en dos vertientes, la de los amantes del arte y emociones dulces y placenteras que abogan por alimentar el matadero con estas reses y casi hasta con toda la fauna y flora de la zona en que se cría este ganado. Bueno, siempre es bueno que haya diversidad de pareceres, ¿no? Pero enfrente están los otros, los que también buscan emociones, pero de las otras, emociones que te hagan saltar el corazón más allá de la coronilla y que no te deje aguantar en la mano ni las pipas, ni el yintonic, ni casi un abanico para combatir el sofoco y la calorina. Pero no se equivoquen, de estos últimos no he oído a nadie que elogiara lo de Reta como una gran corrida de toros. Los más benévolos hablan de ella como una mansada mala a reventar, que honestamente creo que fue como resultó. Pero todos coinciden en que no se aburrieron, casi afirman que se les hizo tan corta como larga a los de luces. Complicada, avisa, peligrosa, perdón, peligrosísima, pero que espantó ese aburrimiento que algunos quieren convertir en una de las señas de identidad de la fiesta y que solo lo es de esta Tauromaquia 2.0. Y curiosamente, lo que son las cosas, nadie habla de picos, de trampas, de echarse el toro para afuera, que claro que hubo carencias en los lidiadores, seguro, pero bastante tenían con estar ahí, como para encima ponerse bonitos. Que la majeza y la torería era el poder con eso que les echaron por delante. Si bien es verdad que los coletudos de hoy no tienen hábito para pechar con esto. Carreras de caballos por el ruedo, capotes al viento, los de los palos teniendo que encontrar toro allá dónde los colorados quisieran y si algo se les puede achacar a los matadores quizá sea que estos no están para derechazos y naturales. Pero, ¿se lo van ustedes a echar en cara? Yo, desde luego que no. No me atrevo, no me sale.

Y dicho todo esto, ¿nos apuntamos al primer grupo, el de los amantes del arte dulzón, empalagoso y vacío y pedimos que esto acabe en el matadero? Pues definitivamente, no. Además creo que esto no se puede comparar ahora mismo con nada. Esto es una circunstancia única que debemos contemplar con máxima atención. Hay que ver, esperar y seguir viendo y seguir esperando para ver cómo evoluciona todo esto. Que se escucha muy a menudo eso de la pureza, de si este tiene puro de tal o de cuál, incluso de ganaderos que llevan trabajando en la pureza desde que yo jugaba al gua y ya no puedo porque si me agacho, me troncho, pero que a lo más que han llegado es a echar un novillo bueno en Torremocha del Rey Matías. A ver si ahora resulta que hay que salvaguardar tal o cual encaste, por supuesto, pero tenemos que dejar morir a una de las castas fundamentales definitivamente. Que sí, que eso no es puro, que ha defraudado a muchos aficionados, que tiene difícil entrada en los circuitos habituales, pero, ¿quién se sorprende por ello? El mismo ganadero, Miguel Reta, lo tenía muy claro, que no ha engañado a nadie, ni ha pretendido crear falsas esperanzas. Quizá es el que más claro tiene todo esto. Y me dirán que qué porvenir se puede esperar después de la mansada de Ceret; pues muy sencillo, que al menos se está en el camino. Haciendo un símil con el Camino de Santiago, lo de Reta está saliendo de Estocolmo, pero se ve camino, se sabe que hay ir primero al sur y luego al poniente, que ahora mismo ya es bastante. Que no quiere decir que de aquí en adelante se le perdone todo, claro que no. Que sinceramente no creo que nos vayamos a encontrar al ganadero entreteniéndose en fiestas por Copenhague, ni desviándose a Moscú, Sebástopol o haciéndose la ruta del caviar. Que él sabrá cuándo y cómo lidiar, si novillos, si cuatreños, si las calles, pero habrá que ir viendo que cruza la mar para adentrarse en Alemania, que sigue guiado hacia el sur y Dios sabe cuándo llegará a Compostela. Que como él mismo reconoció, igual serán sus nietos los que lleguen al Monte O Gozo.

Si nos muestra ese deseo de seguir avanzando en esa dura pelea de recuperar una sangre, de cambiar la fiereza asilvestrada por casta y de buscar la bravura, ahí estaremos. Que habrá decepciones, seguro y muchas y más de las esperadas, pero creo que este esfuerzo hay que apoyarlo. De la misma forma que a medida que se avance ya no se podrá entender lo de las fundas, por poner un ejemplo. Igual que tampoco se explicaría que eso emigrara a Salamanca, Extremadura o Madrid. A ver si a mitad del viaje cambiamos el barco por el avión. Este experimento tiene que respetar, según mi opinión, todos los condicionantes que debe cumplir la Casta Navarra, que no es solo un tipo de ganado, un color de capa o unos pitones asó o asao. El medio también tiene su parte. Y ya les digo que ahora mismo no tengo ninguna prisa en volver a ver a Reta de Casta Navarra en los carteles; prisa, la que ellos necesiten. Eso sí, si los ponen, intentaré ir y si no voy, pues me moriré de ganas, aunque seguro que habrá quién me lo cuente muy bien contado. Que cosas tiene el toro cuándo aparece, que te llega alguien que ha visto toros hasta en los bailes de pueblo y te dice días después que aún está asimilando lo que vio. Quizá porque había mucho que asimilar de algo tan diferente para todos nosotros y porque el aficionado en cuestión busca, busca y rebusca y no se cansa de buscar respuestas a tantas preguntas que el toro nos plantea. Y es que nos pongamos como nos pongamos, esto es Reta de Casta Navarra, una revelación.

 Enlace programas Tendido de Sol:

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martes, 13 de julio de 2021

Caligrafía taurina

 

Solo hay uno que engrandezca los bellos trazos caligráficos del toreo: el toro encastado, fiero e imponente. Y si es bravo o manso, pues eso ya es otra cosa.

Qué cosa más bonita que una letra bien hecha, clarita, las redondas bien redondas, las alargadas bien alargadas y estilizadas, como si casi tocaran el cielo. La caligrafía que han cultivado grandes artistas en todas las culturas y que convierten el escrito en sí en una obra de arte, a veces incluso sin un excesivo detenimiento en el contenido, pero bueno, todo sea por ese placer de ir recorriendo los trazos con la mirada. Calígrafos de Oriente, del Medio Oriente, anglosajones, medievales, modernos, contemporáneos. Ellos repetían una y otra vez textos religiosos, textos que alababan la prudencia, la humildad, que declaraban el amor a una dama. Y si será a tener en cuenta esto de las artes caligráficas, que sus anhelos de belleza se han trasplantado a otras bellas artes. Que no es cuestión de entrar en ellas ahora mismo, baste con centrarnos en el toreo.

El toreo, la tauromaquia como dice ya todo el mundo que no se acuerda de aquello de los toros, actualmente es un perfecto ejercicio caligráfico. Quizá con la diferencia de que se presta aún menos atención a los contenidos e importa muchísimo menos la repetición de estos una y otra vez, una y otra vez y… así hasta casi el hartazgo. Eso sí, sin que a nadie se le permita manifestar tal hartazgo, que ya saben, que si la educación, que si el respeto, que si el baja tú a ver si lo haces mejor, que si a mi torero ni me lo mientes. Pero sí, todo bonito, pero vacío y repetitivo.  El mismo libro, el mismo relato, el mismo cuento, una tarde tras otra. Evidentemente, se han cambiado los términos, se le ha dado la vuelta a la tortilla y aunque esté cruda, es la tortilla que tenemos. El fundamento sobre el que durante siglos se fue construyendo este edificio del toreo era, y debería ser, el poder, el dominar al toro, un toro fiero, encastado, bravo o manso y de imponente presencia. Y después, si el cielo y la providencia lo permitían, el arte se hacía presente. De forma caprichosa, repentina y por supuesto, inesperada. Pero, y aquí viene el pero, no sé quién, o sí sé quiénes, un día decidieron que el leit motiv de todo esto era el arte, el arte y nada más que el arte. Y entonces es cuando ese arte se llevó todo por delante. Si arrasaría con todo, que hasta lo hizo con el propio arte, el de verdad y no el amanerado, el que surge en los momentos de exigencia de los de luces y no este programado todos los días y que se pone en marcha a toque de clarines y timbales. Que ya digo, si al menos fuera arte de verdad y no esas pantomimas, si al menos sus artífices fueran artistas y no señores poniendo poses rayando en lo absurdo, por no hablar de ridículo, que igual eso podría sonar demasiado fuerte y destemplado.

En el toreo se ha olvidado el contenido de esta historia tan llena de verdad, que ciega con su resplandor, esta historia en la que solo los privilegiados pueden convertirse en actores y solo los héroes en sumos pontífices del arte. Ahora parece ser que nos vale con trazos a medios esbozar, con palabras inacabadas y con letras unas veces redondillas y otras picudas, achaparradas y desgarbadas. Nos vale con una caligrafía llena de adornos, ribeteada, con ápices retorcidos y desmedidos, aunque el contenido sea un pueril bla, bla, bla, bla. ¿Ustedes admitirían el “Teo va a la escuela o Teo va al parque o Teo va al zoo, con una esmerada caligrafía como candidatos al Nobel de Literatura? Quizá no le cabría en la cabeza ni al autor de toda la serie de Teo; Lo más probable es que se sintiera avergonzado, casi tanto como  lo orgulloso que pueda sentirse de empujar para que los críos se aficionen a la lectura. Pero no, en el toreo, en la tauromaquia al uso, los del parloteo vacío, los del “El maestro va la finca”, “El maestro da un trapazo” o “El maestro no ve un toro”, se ponen ufanos e hinchan el pecho como si lo ofrecieran en holocausto para cargarlo de condecoraciones de hojalata con crespones de plastilina. Eso sí, que cada uno se entusiasme con lo que mejor crean, con la caligrafía vacua o incluso con un remedo de caligrafía llena de borrones, pero dejen a los que no pasan por ahí y quieren algo más, quieren que ese libro que es el toreo les cuente cosas, cosas que les levanten del sitio, que les graben el tiempo en la memoria, que les hagan entender el por qué de su pasión, obras con letras de oro bañadas en la tinta bravía del toro, el único que puede engrandecer esa caligrafía del toreo y alejen de nosotros eso que tanto les gusta, salpicado de vulgaridad, de esta penosa y actual caligrafía taurina.

 Enlace a programas de Tendido de Sol:

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lunes, 5 de julio de 2021

Apoteosis apoteósica postponcista

Puestos a elegir apoteosis con lo de Victoriano del Río, uno tiene sus preferencias


Si queremos entender lo ocurrido en la segunda de la temporada madrileña, la que dicen algunos que es el cierre de las Ventas hasta Otoño y… Aunque el señor alcalde en mitad de su halo de multitudes, se ha atrevido a asegurar que para la Paloma habrá un cartelón. No sé, le creeremos, aunque aquí ya promete enormes festejos hasta el que vende horchatas en el Prado. Pero hablábamos de entender lo sucedido en este festejo. Y a ver si me sé explicar; que seguro que no guste mi explicación y mucho menos a los entusiastas que han jaleado a Emilio de Justo, por momentos a Antonio Ferrera y en más de un caso a los pupilos de don Victoriano del Río. Pero miren, si resulta que Enrique Ponce se ha mantenido como máxima figura, como maestro de maestros, sin haber dado un natural en su vida, sin saberla tomar con la zocata, pues lo mismo puede pasar que a un señor se lo lleven en volandas después de cortar tres despojos sin haber completado un solo muletazo o quizá uno, que tampoco hay que ponerse tiquismiquis.

Tarde de “no hay billetes”, que tanta expectación había despertado el festejo, que la empresa, siempre con la anuencia de la CAM, puso en marcha no un 2x1, sino un dos para uno. Tú quieres una entrada, pero tienes que sacar dos. Que vivales estos de Plaza 1 y claro, ya que has planificado el fin de semana con festejo “tauromáquico” incluido, pues hala, se saca uno dos entradas para él solito y andando. Que si miramos el tiempo que ha durado la corrida, tampoco les ha salido caro el minuto. Y si miramos por los ratos de entusiasta verbena orejera, les ha salido a precio de saldo. Eso sí, si lo miramos por las gotas de toreo…Pero que no seré yo el que niegue el entusiasmo al personal. Si es que parecía que era para celebrar la nueva línea ferroviaria entre Madrid y Zafra.

Don Victoriano del Río ha echado seis torazos, que a nada que hubieran puesto el festejo a las nueve de la noche y no a las siete, ya se pasaban de edad. A puntito, a puntito de los seis años cumplidos. Que si tarda un poquito más el de la cal en pintar las rayas, ya digo, se pasaban. Que esa es buena, rompe el paseíllo y las rayas sin pintar. Que tampoco es tan grave la cosa, aunque los haya habido que se han indignado más por lo de los círculos, que por el destoreo y desordenes durante la lidia. Que yo les entiendo, porque una raya siempre es una raya y no es para tomárselo a chufla. Pero allí estaba el director de lidia, dispuesto a detener una ovación que aún no había comenzado, para ordenar que saliera el del carrito.

Antonio Ferrera venía con ganas de sorprender, aunque para ello fuera necesario… ¿sacar el caballo a los medios? Que ¡ojo! No era algo premeditado, primero no se pintan las rayas y luego, pasándoselas por ahí, saca al penco al platillo. Curioso. El entusiasmo fue general. ¡Qué cosas! Y así son los genios. El de Cortés empujaba más cuándo veía al fondo los toriles, que al revés, que entonces prefería tirar derrotes al peto. Que el motivo él lo sabrá, igual que sabrá por qué volvió a cerrar al caballo. Que daba lo mismo el sitio para que el de Cortés se fuera del peto. Bien lidiado por Chacón, con pocos y delicados capotazos. Ya con la pañosa, Ferrera empezó pegando tirones por abajo, para continuar con la izquierda. Acelerado y teniendo que recolocarse a cada muletazo, pico y retorcimientos, pero sin parar quieto ni para respirar. Hasta parecía que el toro se le iba a venir arriba; permitiendo que le tocara demasiado la tela, pero el personal no estaba por dejarse influir por estas naderías y si no llega a ser por un sablazo que hizo guardia, nada habría podido con aquel buen ánimo del respetable. Y es que citar de lejos a recibir y no aguantar el tirón, tiene estas cosas. En su segundo todo el mundo esperaba que cambiara su signo. El cornalón del señor del Río empujaba con un solo pitón mientras le tapaban la salida. Fue una segunda vez, suelto y al hilo de las tablas. Paletillazo. Le dejan a su aire con un segundo tercio para ponerlo cuando los ánimos estén demasiado exacerbados cuando la vulgaridad asoma. Les aseguro que un tercio de banderillas así hunde al más pintado. Desastre mayúsculo y el ruedo sembrado de palos con papelillos de colores. Le costó a Ferrera encontrar el sitio, para acabar frente a toriles, fuera de la segunda raya, que no sabría dónde iniciaría el trasteo, si no hubieran mandado pintar las rayas. ¿Se dan cuenta? ¡Ojito con las rayas! El animalito acudía a paso de burra, con un aire mortecino que recordaba a los mulos de los carros en la siega. Pero allí se puso el espada a componer la figura entre desmayado y cansina. Vulgar, amanerado que no estético, muy en Ferrera 2.0. Trapazos que no llegaban ni a medio pase, suspiros más bien. Pero de nuevo ese ponerse a una larga distancia exagerada e injustificada que a poquito que te equivoques pegas un bajonazo pescuecero más propio de carnicero que de matador de toros. Que está muy bien innovar, por supuesto, pero cuidado con caer en el ridículo. Por favor. al que hacía quinto incluso fue capaz de recibirle sacando los brazos, pero a poco llegaron los mantazos en terrenos del cinco. Sin cuidar el primer tercio, primero fue al relance y a continuación se fue suelto al caballo. Empezó el de don Victoriano mostrando fijeza y queriendo empujar. Emocionante tercio de banderillas, con un Chacón dejándose llegar mucho al toro. Buena tarde del torero. Ya en el tercio de muerte, Ferrera se vio desarmado en los primeros compases, reduciendo su trasteo a merodear alrededor del animal. El paisanaje no pudo divertirse, que es lo menos que se puede pedir en esto de la “tauromaquia” ¡Ah! Y emocionarse, claro, eso que no falte.

El que sí que provocó el entusiasmo y trajo diversión a raudales fue Emilio de Justo. Capotazos de recibo por abajo, pero sin lograr fijar al toro, para proseguir con chicuelinas, que ya me dirán ustedes. Y así se fue suelto al caballo que guardaba la puerta, para recibir una vara en mitad del lomo, sin que nadie hiciera por sacarlo de allí. Eso sí, siempre hay quien grita eso de “levanta el palo”, pero pocos los que gritan “sácalo”. Hubo un conato de desafío en quites entre los dos actuantes, pero… El animal esperaba un poco en banderillas y se dolía de los palos, pero ya digo, tampoco hay que ponerse tiquismiquis, ¿no? Trallazos por abajo al iniciar la faena, para proseguir con la diestra tirando de pico y permitiendo demasiados toques del engaño. Igual con la zocata, siempre pico, echando el animal para afuera y sin rematar jamás un muletazo. Quitaba el engaño y a rectificar terrenos una y otra vez. De Justo no era capaz de enjaretar ni medios pases, lo cual ya habría sido un logro, pero el personal estaba por soltarse el pelo y lo del toreo le importaba más bien poco o nada. Entera bastante caída y el primer despojo de la tarde. Esto iba sobre ruedas. Al cuarto le recetó unos mantazos de recibo, perdió las manos y allí lo dejó, que pasara el siguiente. En el peto el animal se limitó a dejarse, sin más, y si acaso a tirar algún derrote. Nuevo mitin en banderillas, cambiando el usía el tercio con tres palos, pero aquello ya no había cristiano que lo parara. Trallazos con la derecha por abajo, por ambos pitones, siendo el de pecho lo más destacado. Sinfonía de trapazos atravesando el engaño, pico, pico y más pico, muletazos apelotonados, al izquierdo y echándoselo para afuera, enganchones y venga para afuera, sin completar en ningún momento un muletazo, sin mandar nunca en la embestida del toro que no se cansaba de acudir a la cita con lo rojo. Que igual es cosa mía, pero quizá el de Victoriano se merecía mucho más toreo que esos cuartos de pases que de Justo no se cansaba de pegarle. Y el éxtasis llegó cuando tiró el palo al suelo. Quizá fuera lo más consecuente, pues tampoco es que le diera demasiado buen uso a la espada de mentira, eso que los finos y elegantes llaman ayuda. Entera desprendida y la locura. Dos orejas, vuelta al ruedo y romería a Guadalupe para ponerle la guinda a semejante y gloriosa verbena. Y que después de esto algunos enarbolen la bandera de la pureza… Al grandullón que hizo sexto le recibió, más que toreando, merodeándole. Por dos veces se fue suelto, la primera de punta a punta, al caballo reserva, del que escapó en el primer encuentro. Capotazos y más capotazos para llevarlo al de tanda, que se ganara el jornal, ¿no? Puyazo trasero y dándole sin medida. Para concluir, muletazos de uno en uno, enganchones, una tanda de medios pases con algo de ligazón, siempre por alto, despegado y sin limpieza. Un derechazo lento, a la velocidad que marcada el toro y más largo, que levantó las glorias y vítores en la masa. Pero siguió con los medios pases, en los que a mitad de muletazo el burel iba por aquí y la tela por allá, pero no importaba, porque lo que importa es la composición, a ver si nos damos ya cuenta. Entera que le obligó a coger el verduguillo, mientras que los fans ya estaban tomando posiciones para la apoteosis. Y que alguien me niegue el mérito de un triunfo tan colosal sin haber completado un muletazo, si acaso uno. Pero claro, para alcanzar los méritos de Ponce, al que ya hemos despedido indefinidamente, sin haber dado un natural, aún le queda rato. Pero que nadie nos quite el gozarla bien gozada con esta apoteosis apoteósica postponcista.

domingo, 27 de junio de 2021

Volver, volver, volver, que dos años no es nada

Que vuelvan los toros y el toreo a la plaza de Madrid


Después de vueltas y vueltas por el barrio de Ventas, subida por Bocángel, Pedro Heredia, Marqués de zafra, daba lo mismo la calle, hoy era un día como cualquiera, con una pequeña diferencia, hoy era un día especial, todos volvíamos a casa después de un exilio forzado. Esas calles que han vivido largos meses de pesado sopor, casi pesadillas de abandono, han vuelto a vivir, a respirar a pleno pulmón; las mascarillas no eran obstáculo para que nos llenáramos los pulmones de ganas por volver a vivir una pasión, nuestra gran pasión. Madrid despertaba de nuevo. Tras mítines absurdos y excluyentes, ferias ajenas disfrazadas de isidrada y funciones de toros aquí y allá, Madrid, nuestra madonna, ha abierto sus brazos para recibirnos como las abuelas reciben a los nietos, como las madres recibían a los hijos al volver de la mili, como se abrazan a los niños al salir del colegio enloquecidos contando lo que han hecho en clase. Sí, hoy nos has vuelto a acoger. Has procurado que no se notaran ni restricciones, ni geles, ni mascarillas, porque los tuyos volvían a casa. Dos años y esta plaza nuestra, las Ventas, ha querido que pareciera como si hubiéramos estado la tarde anterior. Como una madre amantísima, quería que nada nos fuera extraño, que todo estuviera tal y cómo lo dejamos en su día. Claro que había extrañas sensaciones, pero ella, nuestra plaza, como siempre, ha querido que nos sintiéramos como en casa, porque ella es nuestra casa, pasen dos, diez o veinte años, que ya se sabe, si veinte años no es nada, ¿Qué son solamente dos? ¡Caramba! Medio suspiro.

Y me van a perdonar, porque tengo que confesar que en algunos momentos, algunos hemos pecado de irresponsabilidad y no hemos podido aguantar el pegarle un abrazo a esos con los que hemos hablado por las redes en estos dos años. Pido perdón y si me lo permiten, una pizca de comprensión. Y los abrazos que han quedado pendientes. Nos mirábamos y cómo tontos solo sabíamos que sonreír y contarnos la satisfacción que suponía el reencuentro. Y es que a veces, aunque riamos como tontos, lo más inteligente es no decir nada, porque esa sonrisa lo dice todo. ¡Estábamos en los toros! Uno en su tendido, otro en su delantera, otro en la grada, otro… daba igual, estábamos en los toros. Que daba igual que con uno o con otro habláramos casi a diario, pero no en día de toros. Y no me pidan que les dé más explicaciones. Llegar a mi sitio, mirar a esa piedra en la que tantas veces se maceraron nuestras grupas. Aquella piedra compartida con tantos que ya no están, aquella piedra a la que me llevó mi maestro, mi guía, el que me enseñó a todo en la vida y por supuesto, no a entender de toros, que eso…, pero me enseñó a entender los toros, como me enseñó a entender la vida.

Pero si de una tarde de toros estamos hablando, habla que hablar de toros, ¿no? Pues esto ya se me hace un poquito más cuesta arriba. Que sí, ya sé que es materia obligada, pero igual si me pongo a intentar hacer una crónica al uso, puede que nos internáramos en unos territorios menos gratos. Era una de Victorino ¿Recuerdan cuándo estos eran garantía de casta, de que el toro se haría presente en cualquiera de sus múltiples matices? Pues sigan haciendo memoria. Los de don Victorino Martín de la actualidad y los de esta tarde en particular, podrían pasar por muchas cosas, pero desde luego que no como ganado encastado y con poder. Si el presidente hubiera estado en lo que se celebraba, igual habría echado tres o cuatro del encierro de vuelta para los corrales. Fea imagen la de un toro de lidia peleando por mantenerse en pie y si encima van herrados con la “A”, para qué más. Cinqueños con estampa, pero con casi nada dentro. Solo dos se podrían salvar de la quema, el cuarto que salió para Manuel Escribano y el quinto, segundo de Sergio Serrano. El primero con poder, un poder que sobrepasó a su matador, un animal que pedía mando, que tenía que torear y que no admitía trapazos, exigía un torero que hiciera el toreo. Iba allá dónde le ponían el trapo y si este se lo dejaban colgando, cabeceaba. Si el trapo corría, él corría, pero claro, el llevarle de aquí para allá no es torear. Eso sí, ese ver a Escribano desbordado, el tener que rectificar los terrenos a cada trapazo daba sensación de peligro en el público, que creyó estar viendo a Cocinero y al Guerra cara a cara. Nada más lejos. Habrá quién viera casta en ese Victorino, pero yo me hago una pregunta: ¿esa supuesta casta habría permitido tantas y tantas perrerías a las que le sometió el sevillano? Pues igual con dos gotitas de casta, aquello habría acabado de una forma mucho más lamentable. Una lidia sin orden alguno, dejando al toro a su aire, si bien es verdad que se arrancó al caballo con alegría en el segundo encuentro, pero, ¡caray! Cómo escapó del penco yéndose suelto. Luego vino una sinfonía de trapazos, banderazos, dándole distancia de inicio, pero si el animal pasa por delante y por detrás, ¡ay cómo pase por detrás! Ahí viene el disloque padre. Lo de las carreras, la tela atravesada, la incapacidad para dominar aquella codicia, el no saber mandar, darle lo que pedía, eso daba lo mismo. Entre trote y trote el espada intentaba cazar un muletazo, uno aquí, otro allí, otro más acá, ahora se me echa encima y me tengo que abrazar al lomo, enganchón va, enganchón viene y entera allí dónde la providencia le diera a entender. Eso sí, el pueblo en libertad pedía la oreja. Que digo yo que igual que hay libertad para pedirla, habría libertad para intentar poner un poquito más de interés en esto del toreo, ¿o no?

El otro potable, si se puede decir así, le correspondió a Sergio Serrano, al que, como a sus compañeros, no se le podía negar la voluntad, aunque no solo de voluntad vive el toreo. Se esmeró en llevarlo al caballo y ponerlo en el sitio, pero claro, a los otros dos matadores nadie les debió decir que en el primer tercio, aunque se esté apartado del caballo no hay que estar venga que me coloco y recoloco el capote. ¡Tate quieto, niño! Lo puso una segunda vez Serrano, dándole distancia. Bueno, ya digo, voluntad no faltaba. Que eso de ponerlo de lejos, y más a un Victorino, anima que no veas. Da un subidón, subidón, que no importa que el animalito no vaya, mire para acá, para allá, los del capote bailando el twist, el toro dando pasitos, pasito a pasito y a dos metros decide arrancarse. El delirio. Eso sí, de castigo no hablamos. Que aunque el de aúpa, Tito Sandoval, mueva el penco, intente torear y ponga todo de su parte para lucir al toro, no quiere decir que este sea ni bravo, ni bueno, ni nada de nada. Luego Sergio Serrano empezó con trallazos por abajo, el toro los tomaba, muletazos por el derecho con el pico a todo lo que daba y en todo momento, pero sin conducir él la embestida. Acompañaba, pero no toreaba, medios pases en línea, acoplándose al paso cansino del animal, pero sin mandar jamás. Por el izquierdo se le quedaba, pero daba igual, pico, pico y de postre más pico. Y el animal saliendo de los trapazos con la cara alta, como si fuera un burro en la noria. Todo un repertorio de destoreo propio de la modernidad y de esas plazas de Dios en las que la diversión se reparte en redomas forradas de enea. Una entera y el de don Victorino buscando la puerta de toriles para doblar. Pero daba lo mismo, el personal entusiasmado aplaudía a rabiar, como si allí se estuviera despidiendo un barrio. Si hasta hubo entusiastas que pedían la vuelta al ruedo a aquel animalito. Luego la oreja, que solo servía para que tardáramos más en irnos a casa a refrescar la campanilla antes de que le dieran el título de lija del tres.

Y Jiménez Fortes, pues en fin, poco que decir. Él aporta más bien poco y si encima le tocan dos flojos animalejos para los que el mantenerse el pie ya era una verdadera hazaña, pues ya me dirán. Eso sí, ni los inválidos, ni los mochuelos descastados impiden al malagueño ponerse pesado y demostrar su incapacidad hasta para cuadrar un toro y despenarlo a él y a los demás evitarnos alargar el tedio. Pero les digo una cosa, al salir, cosas de la vida, algunos salían satisfechos porque había habido despojos y otros, a pesar de todo, porque habíamos vuelto, porque nos había recibido nuestra plaza de nuevo, porque nos había abierto los brazos de par en par y por ese abrazo apretao, apretao. Incluso por permitirnos un poquito de irresponsabilidad para poder encontrarnos con esos con los que tantas veces hemos comentado tardes de tedio y compartido tardes de gloria. Porque hoy pasara lo que pasar, era el día para celebrar el volver, volver, volver, que dos años no es nada

 

martes, 22 de junio de 2021

Madrid, abonados, no abonados y el 50%

El toro va viniendo, va viniendo, pero para esta gente nuca llega


Lo que son las cosas, que la empresa de Madrid, o quién sea, se lían la manta a la cabeza y deciden abrir las puertas de las Ventas. Así, a lo loco, a tumba abierta y que sea lo que la providencia decida. Con una de Victorino, ni más, ni menos. El mayor atractivo posible para claveleros, autodenominados grandes aficionados y público en general. Y de segundas, una de don Victoriano del Río, hierro de garantías muy garantizables. Que no es que servidor esté en contra, ¡Dios me libre! Pero después de año y medio sin toros, uno, llámenme ingenuo, pensaba en Rehuelga, Valdellán, Escolar, Montealto, hasta Ibán, Peñajara, Murteira, Pallarés, Cuadri y tantos y tantos que nos despertaron la ilusión hace tiempo. Que nos valía con hierros que al menos aguantaran puyazo y medio entre toda la corrida. Pero bueno, igual ya estamos pidiendo demasiado, ¿no?

Si se habrán esmerado, que hasta dieron cuatro días de cortesía para que los señores abonados sacaran su entrada. No me digan que no es pa comérselos. Pero cuidado, que las cosas no son como algunos han pretendido hacer ver. Que esto no es un privilegio de esos abonados, es un derecho. Que si fuera un privilegio, igual cabría eso de que los abonados no han respondido ante la magnanimidad de la empresa, o quién sea. Pero es un derecho y los derechos se ejercen o no, que para eso también tienen libertad los abonados. Y toda censura a estos por no haber retirado las 6.000 entradas, suena a querer arrimar el ascua a su sardina por parte de los taurinos, empezando por las sucesivas empresas que han llevado la explotación de la plaza de Madrid, siguiendo por una Comunidad de Madrid que no solo no desmiente los rumores, sino que los incentiva y se apunta a eso de que en las Ventas deje de existir una temporada como hasta el momento. Continuando por los taurinos que manejan el sistema y que quieren copar todo el panorama del toro, sin importarles ni ganaderías que pudieran desaparecer, ni toreros a los que si ya les cuesta tener una oportunidad, sin Madrid sería pura utopía. Y concluyendo por esos verbeneros que solo van a las ferias y no tanto por ver, sino por dejarse ver. Pero claro, si el mundo del toro se hunde, será porque los abonados no han agotado las 6.000 entradas.

Pero esa obligatoriedad de asistir a lo que den, sea lo que sea, no es solo cosa de los taurinos, que hay “aficionaos”, que piensan lo mismo. Esos “aficionaos” que creen que el aficionado o abonado, está obligado a levantarse por la mañana y enterarse de la última ocurrencia de los taurinos en cuestión. Que todo el mundo tiene que desenvolverse en las redes más y mejor que mr. Zuckelberg, el de facebook, y estar al día, al segundo, del último twit, del último post en facebook, de instagram, telegram, tiktok, taktik, tikitaka o tokitoki. Que a ver si nos damos cuenta, a ver si nos enteramos, de que hay mucho abonado de Madrid que, aunque parezca increíble, tienen móvil para hablar con los hijos, los nietos o los del club del mayor o simplemente no tienen necesidad, porque su red social la tienen en torno a ellos, en el parque, en el mercado, en la consulta del médico y como ahora no pueden ir al médico, pues no se enteran de que se abre de nuevo la plaza de Madrid. Porque igual ellos miraban en las marquesinas, en los carteles del metro, de los autobuses de la EMT, en los periódicos o en la tele de la región, esa que también manejan los mismos que deberían gestionar las Ventas. ¡Qué cosas!

Eso sí, también deberíamos reflexionar un poquito y ponernos a echar cuentas, a ver qué conclusiones somos capaces de sacar por nosotros mismos. Porque pensemos, así a vuela pluma, que eran 6.000 entradas, aunque ahora parece, ¡oh, sorpresa! Que el aforo se va a ampliar hasta llegar al 50% del aforo total de la plaza. Pero bueno, a lo que íbamos, sean las 6.000, 12.000 o el 100%, que son unas 23.000 localidades. Que no se llena ni poniendo muchas ganas. Que no hay cristiano que llene la plaza. Que serán las crisis, que serán los gobiernos socialcomunisssstas, que será que los asientos son muy duros, que serán que amanece y el sol sale por el oeste, pero la cuestión es que Madrid, con 4.000.000 de almas y unos 2.000.000 más en el resto de la Comunidad, no es capaz de cubrir ni un cuarto, ni la mitad, ni mucho menos la totalidad del aforo de la plaza de Madrid. Y esto después de meses y meses de abstinencia taurina obligada.

Es para hacérnoslo mirar un poquito. El hecho es que al aficionado y al público de Madrid se la quitado la costumbre de ir a los toros desde hace ya muchos años. Tantos, que los más jóvenes tienen la firme creencia de que en verano nunca ha ido nadie a los toros. Que es verdad que no era lo de San Isidro, por supuesto, pero ni de lejos esta pobreza de asistentes que padecemos hace ya demasiado tiempo. ¿Recuerdan lo de Barcelona? ¿No? Pues hagan memoria y lo mismo les resultan familiares más de dos detallitos. Se empieza devaluando los carteles, quitamos fundamento a la temporada, seguimos solo con “carteles de expectación” pretendemos que la fiesta la sustentes los barcos o autobuses de turistas y acabamos viendo como, entre la indignación sobre todo de los profesionales y taurinos, se echa el cerrojo a una plaza. Que igual tengo que reprochar algo a los aficionados y que me perdonen, pero lo mismo no han hecho llegar sus protestas lo suficientemente alto. ¿Se dan cuenta? Que fácil es echarle la culpa al maestro armero. Que me perdonen por esta broma de mal gusto. Pero no seré yo quién culpe al que paga religiosamente, al que zarandean sin medida y al que además piden, ¡qué digo! Exigen que calle. Punto en boca. Que cuando van las cosas medio regular, a por el público y a despreciar al aficionado, pero cuando se nos tuercen, corriendo a que ese aficionado les eche una mano. Pero igual lo que quieren es esto, que unos tengan mala conciencia por no poder hacer todavía más de lo que hacen y que mientras ellos urden, traman y planean acabar con lo que sea para mantener su bolsa a salvo, los demás nos entretengamos con largas conversaciones sobre Madrid, abonados, no abonados y el 50%.

viernes, 18 de junio de 2021

Quién no esté de acuerdo, que se vaya

Si quisieron echarle a él, no van a querer echar a otros


Es algo que no es nuevo, pero ahora parece que se intensifica eso de que el que no esté de acuerdo, que se vaya, al que no le guste, que no venga y si acaso, te dan la oportunidad de bajar tú, de hacerte ganadero tú, de ponerte a vender helados tú, de alicatarte la cocina tú, de fabricarte un coche tú, de hacerte los muebles… ah, no, que esto ya pasa. Y el que no esté dispuesto a aplaudir como una foca en el circo, que se vaya. Que al final es lo que esta gente quiere, focas en los tendidos. Palmotear y palmotear sin rechistar; bueno, sin rechistar no, que nos permiten hacer oink, oink, pero sin acritud, eso sí. Los taurinos solo son capaces de ofrecer una opción: la salida. Hay que excluir a todo quisque, hay que apartar a todo aquel que no trague ruedas de molino, pero de las gordas.

Un sector se ha apoderado de esto, se ha creído que esto de los toros es suyo y cómo los críos consentidos, como el balón es suyo, se creen con derecho a quitar o poner a quién se les ponga en el moño. ¿No somos ya suficientemente pocos como para ser cada vez menos? ¿Es que esto está tan boyante que nos podemos permitir enmudecer las voces que difieren un tantito así de la línea oficial? Pero no nos engañemos y no pensemos solo en los que manejan esto, que si miramos al otro lado de la calle, con tan solo cruzarnos a la otra acera, supuestamente la de los aficionados, también hay excluyentes profesionales, también están los que marcan la línea a seguir y si no estás de acuerdo o no te adhieres a sus pensamientos, te invitan a que tomes la puerta, te vayas y la dejes bien cerradita para evitar corrientes, que ya se sabe, que las corrientes son muy malas. Que los argumentos de unos y otros no son los mismos, pero tienen la misma intención, que te vayas, que te sientas aislado, que te creas un bicho raro.

Unos han llegado a un nivel tal de degradación que lo mismo se rompen el alma y las manos para aplaudir a un señor al que le suenan los tres avisos y sigue dale que dale con el verduguillo, sin atender ni pitos, ni clarines, ni señales desde la barrera, ni una fanfarria de la corte celestial atronando los oídos de los justos. Que será que el fulano en cuestión no es justo y por eso no se enteraba. Igual que no eran justos los voceros del régimen, que confundían los clarines con vaya usted a saber qué. Que la sordera no es culposa, pero el querer cambiar la realidad por la mentira por el simple hecho de que un caballerete no pareciera lo que era, bonito, lo que se dice bonito, no es. Pero esta gente está muy bien preparada. Si lo estará, que a cada atropello, a cada aberración y a cada insulto a la integridad de los toros, responden con una excusa que ofendería hasta a un niño de cuatro años. Que si el descabellar desde el burladero es una genialidad más, que si el abandonar hierros casi extinguidos es el mercado, que si el subirse por los tendidos exigiendo trofeos o indultos es cosa de engrandecer no sé qué cosa que dicen ellos, que si el hacer de la trampa un método es sabiduría, magisterio y bla, bla, bla, bla, bla, bla.

Que ya digo que esto no colaría ni para un niño de cuatro años, pero claro, si nos ponemos en posición tal que así, dispuestos a tragar carros, carretas, ruedas de molino y cualquier cosa que usted esté imaginando, pues no solo colará, sino que los habrá que formulen magníficas coartadas con apariencia de razones lógicas y evidentes. Que lo mismo te admiten que esto no da para más, que la cuadratura del círculo taurino depende de que el círculo sea un poco cuadrado y el cuadrado un poco circular, que es que tal o cuál es muy buena gente, que un día se lo encontraron en una charcutería y pidió la vez como todo hijo de vecino. Y el que no quiera ver tanta bondad y tanta capacidad es que es un malaje y, ¿qué tiene que hacer? Que se vaya.

Y venga a echar gente y a echar gente y que no paremos de echar gente. Que igual se piensan que están seleccionando, pero no, esto no es hacer selección de lo bueno, esto es quedarse solo, cansar a la gente y obligarles a que respondan con un ahí te quedas. Que a nadie se le escapa que esto de los toros cada vez está más alejado de la vida social, que hasta el escuchar a un presentador de radio o televisión hacer referencia a algo taurino con toda idea es para celebrarlo con pompa y circunstancia. Y de los que aún aguantan en esto de los toros, no se empeñen en empujarles y empujarles hasta el punto de hacerles sentir que esto ya no va con ellos. Escuchen a todos, incluidos a los que no se interesan por este mundo. Entérense por qué esto no les atrae, si conocen aunque sea de refilón algo del toro; y de los que están dentro, escúchenles, intenten saber de sus gustos, sus pasiones, sus anhelos en todo lo que tenga que ver con el toro. Más comunicarse y menos aislarse, aunque crean que son ustedes los que excluyen. No se queden solos en el desierto. Pero seguro que no están por la labor y no solo no cambiarán de idea, sino que insistirán e insistirán en tan nefasta idea de que quién no esté de acuerdo, que se vaya.

Enlace al archivo de programas  de Tendido de Sol:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol_sq_f1254883_1.html

viernes, 16 de abril de 2021

Cartelazo muy de Madrid

Lo fácil que habría sido pensar en Madrid para montar un festejo en Madrid

Siempre se ha dicho que cada plaza tiene su personalidad, sus gustos, preferencias, tradiciones y hasta sus manías. Y será por eso que cuando las empresas se ponen manos a la obra para confeccionar carteles, tienen que saber de lo que son esas plazas, de lo que gusta y, claro que sí, de sus manías. Madrid es una plaza que tiene mucho de todo, pero manías, manías tiene para dar y regalar. Es una plaza extraña para muchos y gloria bendita para los más grandes. Paradojas del toreo. Pero Madrid es Madrid, sin necesidad de mirar a otras partes. Y a Madrid habría que darle lo que quiere y digo que habría que darle, porque desde hace años nadie se lo da. Que es verdad que en esta plaza y en este poblachón manchego, el pueblo más grande del mundo, como decía la leyenda, acogen con sumo agrado al que llega de fuera y sin importarle de dónde venga, ni el acento que tenga, se le toma por un madrileño más, pero de ahí a que lo que quieran es que adopte la personalidad, los gustos y las manías de otros, va un gran trecho. Que se puede intentar, pero que tampoco nos obliguen a actuar como si tuviéramos múltiples desdoblamientos de personalidad. Y en esto de los toros parece que esto se ha convertido en norma. Tomemos la plaza de Madrid, las maneras de Madrid, los gustos de Madrid, las manías de Madrid y mandémoslas a tomar… chocolate a San Ginés.

 Pero no se crean que para acabar con Madrid y para darle una patada en semejante parte al aficionado de Madrid tenga que venir nadie de fuera. No, que va, que los nacidos en la Villa y Corte a veces no saben por dónde se andan y aplican a lo nuestro lo que creen que gusta más allá de Guadarrama, más al sur del manzanares o pasado Meco y Navalcarnero. Aquí se aplica eso de los que han entrado en Madrid, pero Madrid no ha entrado en ellos y para muestra, el botón de ese magno festival que la Comunidad de Madrid ha anunciado para el dos de mayo, como fecha marcada en letras de oro para la reapertura de la plaza de las Ventas después de la maldita pandemia. Ya ven, una señora presidenta de Madrid, un señor director del Centro de Asuntos Taurinos, también de Madrid y cuando se meten a confeccionar un cartel, ¿qué digo? Un cartelazo; no se paran ni por un momento a pensar en lo que gusta por estos lares.

Lo primero, un festival y no una corrida de toros. Que uno no es epidemiólogo, pero igual es que el virus ve un traje corto y sale espantado, que todo puede ser. Ya digo, no soy médico y mis conocimientos acerca de todo esto se limitan a salir a la calle embozado y a abrasarme las manos con el gel hidroalcohólico. Pero luego viene la selección de los actuantes, que sí que es verdad que son los figurones del momento, pero es que resulta que en estos tiempos que corren, estos figurones son los más cuestionados de la historia en la plaza de Madrid, quizá desde el Bomba y Machaco. Ventura, que sí, muy espectacular, el adalid del circo a caballo; Ponce, magistral en el manejo de las lejanías, el pionero del teletoreo; Juli, el contorsionismo vestido de luces ante novillotes avanzados casi mogones; Manzanares, prototipo postmodernista y gran exponente de la Tauromaquia 2.0, 2.1… 3.0; Perera, príncipe de la soberbia, mezcla entre Ponce y Juli, agente comercial de Bose, rama megáfonos de largo alcance; Ureña, que se les ha tenido que colar o para al menos dar gusto mínimamente a la afición del foro; Y Roca Rey, sumo pontífice del banderazo, hijo de Eolo reencarnado en figurón mediático.

Pero esos amigos de la fiesta, esos que regentan la plaza de Madrid, esos que prometen proteger la “tauromaquia”, resulta que ignoran lo que gusta a esta plaza, a la gente que ocupa sus localidades, a los que aguantan el frío y el fuego que desprende ese granito serrano, esa piedra de gradas y andanadas de marzo a octubre, sin faltar, salvo que les toque en una mesa electoral un domingo cualquiera. Se les olvida a estos parroquianos, pero se saca pecho en las fotos para mostrárselas, así como diciendo “mira lo que me preocupo por vosotros”. O si es menester, cogen la fiesta que estos leales de Madrid tanto aman y se la tiran a la cara al primero que se les ponga por delante. Que la fiesta lo soporta todo, aguanta patadas, pisotones, desprecios, casi igual que esa afición de Madrid que quiere casi por igual esta pasión que son los toros, como su plaza. Que tampoco piden mucho, solo piden poder volver a su casa, poder volver a ver cómo se abre la puerta de toriles, poder volver a ver el toro y para empezar, quizá preferirían que no asomaran esos que tantas veces les crisparon, los que no dudaron en hacerles desplantes en su cara, decir de ellos verdaderas barbaridades, dudar de su saber, de su afición y hasta de su calidad de buena gente. Que no digo yo que todos sean buenos, ni sabios, faltaría más, pero o que no son es tontos y lo que sí saben es lo que quieren y por eso les gustaría que todo empezara de nuevo no con un cartel de figurones, no con un cartel propagandístico en una fecha tan determinada, no con un cartel para la televisión, sino un cartel a su gusto y si fuera posible, puestos a pedir, un cartelazo muy de Madrid.

Enlace programa Tendido de Sol del 11 de abril de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-11-abril-de-audios-mp3_rf_68401093_1.html