sábado, 11 de mayo de 2013

No me dirán que no es para ponerse borde

La chicuelina de Silverio Pérez, muy alejada de cualquiera que se haya visto en la corrida de los Bayones



Así como el que no quiere la cosa, ya llevamos dos festejos de la feria de San Isidro. Hay que ver, parece que fue ayer cuando asistimos a la primera de feria. Ya hemos visto a seis profesionales y a doce toros de dos ganaderías, más un sobrero. Cómo pasa el tiempo. A mí me parece un siglo y sólo han sido dos tardes. Lo de ayer ya ha pasado, pero, ¿y la de Los Bayones? ¡Ay Señor! Si es que luego dicen que en Madrid vamos a los toros a pasarlo mal. Pues parece que sí, que los que esto afirman tienen razón. Que lo malo no es que las dos que llevamos hayan sido soporíferas, lo malo es que llevamos la misma rutina del anterior, del otro anterior, del más anterior que el anterior y de varios anteriores de los anteriores del anterior. Y todavía nos quieren simpáticos. Pues no sé, pero creo que tenemos suficientes motivos como para ponerse borde, borde y desagradable.

Visto lo que nos ha echado el ganadero de Los Bayones, creo que se ha asegurado un puesto en el serial de 2014, porque los toros de este año han sido tan mansos, descastados e impresentables como los de años anteriores y ya ven el resultado, como premio les compran otra corrida. Aunque lo mismo es porque como Salamanca está a tiro de piedra y ahora hay autovía hasta allí, pues resulta más fácil traer y llevar camiones cargados de toros. Se dice que para sacar seis toros, ha habido que desechar ocho más. ¿Cómo serían los no admitidos? Al cortito primero le pegaron en la primera vara, pero luego simplemente le echaron una regañina en la segunda. Echaba la cara arriba y se dolió de los palos, pero en la muleta más o menos iba y venía. El siguiente, muy cornalón y escurrido, tanto se tambaleaba, que el usía no tuvo más remedio que devolverlo. Y lo de que no tuvo más remedio es tal cual lo digo, porque anda que no esperó para ver si colaba y nos lo tragábamos. Salió uno de Fraile Mazas, frenándose en los engaños y amagando con saltar como si fuera un colega bacilón asustando a las chicas mientras se reía con risa de memo. Se dejó en dos puyazos traseros. Su verdadera obsesión era buscar las tablas y gracias al nulo mando de su matador, se fue haciendo el amo y creando más problemas de los precisos, desarrollando peligro, pues a cada pase le quedaba más claro que allí había algo más que el trapo que iba y venía. La sardina que hizo tercera arrastraba las patas, presentando dificultad para doblar hacia el lado derecho. ¿Cómo iba a doblar si estaba cojito perdido? Es que a veces pedimos imposibles. El cuarto fue otro animalito con sus facultades motrices mermadas, y si no era así, que salga a pedir perdón el que pinta las rayas, pues las pintó demasiado altas, lo que hacían que el de los Bayones perdiera las manos. Así continuó durante toda la lidia, debajo del peto, en banderillas, al salir de un mantazo, en fin, que la cosa estaba entre vago “redomao” o inválido. El novillo que salió quinto no podrá contar a sus ancestros del cielo de los toros lo que es la suerte de varas, porque él tuvo la suerte de que no le picaran, a lo sumo el pica apoyó un poco el palo en sus lomos por si alguien le quería hacer una foto. El sexto, además de no saber que es eso de la puya, tampoco podrá hablar de lidia, ni nada parecido, como los demás, pero este más aún.

Pero que nadie sienta que hay un trato de favor para el ganado, los toreros también estuvieron de dulce. Matías Tejela, ese hombre capaz de repetir la misma faena desde hace lustros, no decepcionó a la parroquia y volvió a aburrir con esa retahíla de pases entre estiramientos, retorcimientos, pico, pala, trallazos y dando la sensación de que jamás llegaría al fin. Hasta hizo que se cruzaba, para inmediatamente despedir el toro hacia fuera. Eso no vale, don Tejela, eso es trampa, vale que se cruce, pero métase el toro hacia adentro, que si no el cruzarse pasa de ser virtud a ser un truco bastardo. En el cuarto seguro que hizo cosas, o mejor dicho, que tenía intención de hacerlas, pero la sensación que dejó fue la de uno que andaba despistado por allí, que de repente se encuentra con un toro y se pone a charlar con él de estos cambios de tiempo tan bruscos, que pasamos del abrigo a la chaqueta en dos días. Si es que este tiempo está loco, casi tanto como los que vamos cada tarde a ablandar la piedra de Las Ventas.

Después se anunciaba David Mora “El Trágico”, y es que siempre parece que se encuentra inmerso en una dura pela por la supervivencia, pero al final queda claro que lo que le pasa es que tiene unas carencias más que notables. Da la salida antes de que llegue el toro, se pica en un quite, se echa el capote a la espalda y se limita a sacudirlo, mientras el toro le va acorralando, hasta que al final le levanta de mala forma. Trapazos, más trapazos, miradas pidiendo clemencia a los tendidos, otra de trapazos, y el bravucón de Fraile Mazas ganándole la pelea. En su segundo, más de lo mismo, pero de lo mismo que viene haciendo desde antes del Big Bang. Muy pesado, ausente de la realidad, acabando con un bajonazo para denunciarlo a los guindillas.

Y como postre, Antonio Nazaré, ese torero que en Sevilla quieren convertir en figura, pero que no se desanimen los maestrantes, que cosas más difíciles se han visto, ¿o no dicen que Leonardo Dantés compone canciones? Que el chico no empezó mal, con quite por chicuelitas sin moverse y tragando quina al casi quitarle el toro de en medio. No digo más que hasta hizo crecerse a Mora, pero eso ya lo hemos apuntado. estaría bien que alguien se sentara un ratito con Nazaré y, así cómo el que no quiere la cosa, explicarle eso del temple, para ver si deja de pegar esos trallazos ultrasónicos, que no hay que tener prisa para nada, ni mucho menos se piden esos retorcimientos y estiramientos de brazo tan antinaturales. Todo en el más puro estilo de la Tauromaquia 2.0. En su segundo e olvidó del mundo y se lió a pegar toda clase de trapazos, para un lado, para otro, con una sosería apabullante, para acabar con unas manoletinas de aquella manera. Y ya puestos, pues que le cuenten eso de ponerse en su sitio en el primer tercio, por la parte del estribo izquierdo, y en el segundo, pues hay que auxiliar a los compañeros a la salida del par. Y tanto a Nazaré, como al resto de matadores, que alguien les diga que se mata con la espada, no con el descabello, que este es un recurso para que caiga el toro, cuando al menos se ha cobrado una media, o algo más. No se puede coger el verduguillo con uno, dos o mil pinchazos hondos. Que queda feo y más parece que el de las medias rosas es un matarife daltónico, que un matador de toros. Aquí seguiremos contando como nos va la feria y como pasa el tiempo y es que… parece que fue ayer cuando empezó este San Isidro. Aunque uno tenga ganas de ponerse borde.

7 comentarios:

Toro Negro dijo...

Es así, toros mansos y sin lida, es restarle un cero a otro cero.

MARIN dijo...

Poco mas que añadir Enrique. La tauromaquia que lleva dentro David Mora no me acaba de convencer. Hace unos años que me tuvo pensándomelo, pero definitivamente no me convence. Pero ayer en el sobrero de Fraile Mazas creo que estuvo importante. Yo quizás no vi el toro como mucha gente, y creo que el toro era de hule o de tres avisos y que marcaba la cornada en cada embestida. ¿Se puede estar mejor? si, pero estuvo importante. Es mas, hablamos de eso que se exige como la emoción, y durante la faena de muleta no se escucharon ni las moscas en las Ventas. A lo mejor algún aficionado extremista, pero se palpaba la tensión. Sinceramente, pensé que podrían echárselo para atrás porque si alguien es capaz de decirme como se mata un toro que te pone el hocico en el pecho y los pitones en la barbilla cada vez que pasas...

Estaré equivocado, seguro, pero que se le va a hacer, seguimos siendo aspirante a aficionado.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Y dos huevos duros!!! jojooojojojo menudo panfleto zapatista... en fin, el recurso del destalentao

Enrique Martín dijo...

Toro Negro:
Mansos, descastados, inválidos; cuantos ceros a restar. Una expresión que ilustra muy claramente cómo está esto.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
En ese toro, que no era la tonta del bote, manso y con casta, un bravucón que por momentos podía equivocar a alguien, pero que era un manso que sólo quería irse y si para ello se tenía que llevar al torero por delante, pues se lo llevaba. Y a medida que avanzaba la lidia, cada vez se ponía peor. Para mí el defecto de Mora es que pretendió hacerle lo de siempre, dando pases como si fuera un molinillo. El dominio y mando que pedía el toro no se lo dio en ningún momento. Lo peor era eso, que el mayor perjudicado podía ser él. Pero si con el toro claro no puede, con el complicado, pues imagínate. Está muy fuera. Le mantuvo el amor propio, pero...
Un abrazo y gracias por este ánimo diario, el que yo ahora no doy a mis blogs preferidos. Perdón.

Enrique Martín dijo...

Anónimo:
Pues sí, claramente es el recurso del desalentado. A ver si alguna tarde puedo desahogarme para bien.
Un saludo

Francisco dijo...

Pues un argumento más a favor del monoencaste. ¿Veis que petardo? dirán tan convcencidos. En fin.
Ay si D. Lisardo levantase la cabeza!.
Un saludo.