sábado, 27 de mayo de 2017

Juan Palomo hecho toro


Para lo que manden

Los señores ganaderos, la mayoría, llevan ya tiempo empeñados en alcanzar criar el toro que lo haga todo solito, que no moleste al matador, que no presente ni un mota de polvo en su historial, que lo mismo te lleven y recojan a los niños del colegio, que te los bañen, que les preparen la cena y los acuesten y ya puestos, mientras está uno tumbadazo en el sofá, que te traigan una manzanillita para ayudar la digestión de la cena y si te quedas transpuesto, que te eche una mantita por encima, que el fresco de la noche es muy traicionero. ¿Exagerado? Pues que hubieran esperado al Jandilla que hizo segundo y ya me iban a contar lo que es un toro dispuesto. Vale que en el primer tercio tuvo que andar más pendiente de aguantarse en pie, pero tampoco se le puede echar en cara que hiciera dejación de funciones, sin picarle ni en el amor propio, acudió feliz y contento al caballo, pero es que solo había que esperar a la muleta. Ya anunció en banderillas, dónde Antonio Chacón dejó un gran par, lo que vendría después: una oda a la boyantía, con una embestida pastueña y plena de fijeza. Y el señor Castella solo tenía que mover el trapo, que el Jandilla ya se encargaría de torearse solito y si además tampoco había sometimiento, pues mejor que mejor. Ahora voy de lejos, por el derecho, el izquierdo, que por el derecho y templadito y además con la muleta no demasiado atravesada; otra vez dándole distancia, ya viendo el animalito más pico, pero bueno, lo iba a seguir igual. Por el izquierdo el maestro le echaba fuera, pero no había que defraudar, él seguía embistiendo, usted no se preocupe, que ya yo me apaño, maestro. Y tan bien se estaba toreando el animal, que en un gesto que algunos calificarían de chusco, pero que otros lo tomarían por un rasgo de honradez, el maestro Castella tiró lejos la muleta. Total, ¿para lo que le hacía falta? Que si en lugar de tablas hubiera habido una tapia poblada de aspirantes a toreros, lo mismo aún seguiría toreándose el de Jandilla. ¡Dos por el derecho en su punto! ¡Marchando! ¡Una tanda por el izquierdo! ¡Oídoooo! ¡Una de ayudados por alto! Hasta que llegó la media trasera que mandó al animal a recaudo de las mulillas, que en reconocimiento al toro que se lo hacía él solito, le dieron una vuelta al ruedo. No sé si justa o no, quizá pudiera ser excesiva, servidor ni la pidió, ni la aplaudió, pero tampoco creo que en este caso pueda dañar a nadie tal hecho. Como muchas veces antaño, la plaza de Madrid dejada de lado la extrema legalidad y tiraba de sentido común, que era algo que manejaba con soltura y criterio, en lugar de ese voluntarismo humanista y reglamentarismo actual, justo un ratito antes de pisotear todos los reglamentos, precisamente por esa ausencia de sentido común.

Pero una vez abordado el hecho siempre extraordinario de la vuelta al ruedo a un toro en Madrid, empecemos con lo demás, como es la despedida de un torero del ruedo de Madrid. Las despedidas siempre han sido en esta plaza motivo para emociones y para que su afición abriera su corazón y se entregara al que se marchaba, pero, ¿qué relación han tenido Francisco Rivera Ordóñez, “Paquirri”, y Madrid? Quizá tal despedida habría tenido más sentido si entre ambas partes hubiera existido alguna vez algún vínculo más allá del de te ponen y voy a verte, me ponen y me vienen a ver. Que algunos pensaban que ya se había despedido aquel día de los quites de Joselito y Ponce. Igual es que ya ambos algo se olían. Quizá ha habido alguien en la empresa que esperaba que Madrid le diera una despedida a la altura, que a la altura ha sido, pero a muy poca altura. Empezando por él mismo, el matador, que ya en el saludo de capote a su primero parecía estar simplemente cumpliendo un trámite. Yo me paso por aquí, me sellan el pasaporte y a seguir viaje. Dos entradas al caballo del Jandilla que abría plaza, que resultaron tan anodinas, que mi vecino pensaba que el animal también se despedía, pero sin gira por España. Tomó la muleta Paquirri y creo recordar que hubo algún muletazo en el que el toro no se cayó, pero tendría que consultarlo. Muy parado y yendo cada vez más hacia las tablas. En el segundo, el del definitivo adiós a Madrid, inició con las mismas, tirando al toro en el caballo, en el que medio cumplió mientras le tapaban la salida, para en el segundo encuentro solo señalársele el puyazo y salirse suelto. El matador se animó a poner banderillas, con holgura, sin apretura alguna, pero con una circunstancia a valorar, infrencuentísima en los matadores banderilleros y es que entró por los dos pitones. Ahora mismo tendría que hacer mucha memoria para recordar a algún colega suyo que pareara por ambos pitones. Intentó comenzar sentado en el estribo, pero no hubo manera, muletazos sueltos, dando más la sensación de que el torero merodeaba por el toro, que por otro lado solo esperaba los muletazos con salida hacia tablas para irse suelto. Que si me lo saco al tercio, que no quiere nada, que me pongo pesado, que el toro no quiere nada de nada, total que aquí se acabó el periplo de Paquirri como matador de toros en la plaza de Madrid. Se acabaron aquellas ilusiones que despertó en sus inicios, que pronto quedaron segadas a medida que él mismo marcaba el camino que había elegido en esto del toro. Le deseo mucha suerte y mi enhorabuena por llegar hasta aquí y poder retirarse en el momento en que usted ha elegido, que en esto del toro, no es poco.

Sebastián Castella, además del de la vuelta al ruedo, tenía otro Jandilla en los chiqueros, un toro que si bien se caía, tampoco con esa invalidez de otros toros que tanto desespera en Madrid, pero que medio se aguantaba en pie, que fue pronto al caballo y que hasta pasó el segundo tercio y de repente, no me pregunten ustedes impulsado por qué fuerza misteriosa, el señor presidente devolvió a los corrales. Era como si una fuerza superior, un ser supremo, le hubiera dicho al oído: cambia el toro, que con este Sebastián no podrá salir a hombros. Y, ¡pum! Pañuelo verde. ¡Qué cosas! Esos seres supremos y esas fuerzas superiores, que caprichosas son. Pues nada, le salió uno de Salvador Domecq, que por momentos parecía que estaba peor que el ya evacuado a los corrales. Le picaron trasero, cabeceó el peto y le hicieron la carioca. Costó ponerlo en suerte y que fuera al caballo en la segunda vara, para acto seguido montarse una capea en el ruedo, todos detrás del toro. Comenzó Castella por estatuarios a un toro que pedía mando y mucho temple para intentar apaciguar aquellas violentas embestidas, acompañadas de un ligero calamocheo, pero solo se le acompañaba el viaje, dejándole tocar en exceso la tela. Enganchones y series de dos muletazos y al tercero se le acostaba y al matador no le quedaba más que abrazarse al lomo. A medida que pasaba el tiempo, la cosa empeoraba, derrotes, enganchones y Castella sin recursos lidiadores y sin poder someter a este sobrero, en el que más de uno tenía puestas las esperanzas de que fuera el de la puerta grande. Mucho genio y ausencia de mando y toreo. Y ni el recurso de los pases por detrás, ni los arrimones le sirvieron para caldear el ambiente. Uno se toreaba solo, pero el otro no sabía cómo era eso pero tampoco nadie le enseñó.

Resulta más que evidente que López Simón no ha estado ni medio bien, que lo que parece es que no está de ninguna de las maneras, pero antes de nada querría decir que debe ser muy complicado el estar toreando y que un tío te esté voceando constantemente y no sé si intentando guiar al matador o simplemente para aclarar la voz. Ignoro los motivos del estado actual de Alberto López Simón, pero lo que resulta evidente es que no le reconoce nadie que en el pasado le viera torear y parece que a lo peor, él tampoco se reconoce. En su primero, con el capote y sin aparente motivo, se dio la vuelta, para ir perdiendo terreno con el toro hacia los medios. Mucho capotazo, para al final abandonar al toro sin ponerlo en suerte. Acudió pronto al caballo, dónde no se le castigó nada. Le puso de lejos para la segunda vara y de nuevo se arrancó con prontitud. Comenzó la faena de muleta con estatuarios, para seguir con la izquierda, metiendo el pico y uno del desprecio. Muy precipitado, citando desde fuera, sin templar ni por asomo, pegando tirones y sin solventar el inconveniente del toro de por momentos entrar rebrincado. Por ambos pitones, López Simón se limitaba a largar tela y escupir al toro de la muleta, sin tan siquiera acompañar la embestida, con el peligro que acarreaba el quedarse al descubierto. Se decidió a acortar en exceso las distancias y a prolongar en exceso el trasteo. Al que cerraba plaza le endilgó unos mantazos destartalados, largando el capote de una forma un tanto fea. Puso el toro de lejos en la primera vara, pero el animal no estaba por la labor. Se le malpicó en la paletilla, sin castigo, como en el segundo encuentro en el que se arrancó con un arreón, tras mucho escarbar. Comenzó con la muleta por alto a una mano, siguió por abajo, para continuar con una serie de trapazos temerosos, alargando el brazo y largando tela, pico, trallazos, haciendo aquello demasiado extenso, dejando clara solo una cuestión, López Simón no está y se hace imprescindible recuperarle y que no sea uno de esos toreros que lo tuvieron en la mano, pero que una nefasta gestión de los que guiaban su carrera, les mandó al fondo de un pozo del que resulta cuanto menos muy complicado salir, teniendo que reconstruirse con un ganado con el que no estaban habituados a enfrentarse. Pero a estas alturas el aficionado salía con el recuerdo del toro que él solito se lo hacía todo, él se lo guisaba y él se lo comía era como Juan Palomo hecho toro.


6 comentarios:

Curro dijo...

Tengo una duda, Sr. Martín:
En mi modesta opinión el toro de Castellano fue excepcional por su movilidad y nobleza encastada, pero lejos de ser considerado Bravo, pues si bien se arrancó alegre al caballo, en la segunda ocasión ni le dieron ni se dejó dar, pues se najó nada más que se acercó un banderillero.
La duda es si la vuelta al ruedo, reglamentariamente, está reservada a los animales de contrastada bravura y excepcional juego en la lidia (parece que lidia ya sólo es muleta), o sólo deben cumplir el segundo requisito para recibir tal distinción.
Es que anteayer también me sorprendió que Marín pidiera la vuelta para el manso que tan toreramente desorejó, lo cual me sorprendió.
Le agradecería que me saque de la duda.
Un saludo y muchas gracias

Enrique Martín dijo...

Curro:
Pues no sé yo si soy el mejor para aclararle nada, pero en mi opinión, para lo que sea, para bueno o para malo, creo que hay que valorar al toro desde el comienzo y muy especialmente en el caballo y a partir de ahí, lo demás. Incluso se hablaba del toro de Castella que había ido con cierta alegría al caballo, de acuerdo, pero no se le pudo picar, con lo que ya nos falla algo. Luego en banderillas empezó a descubrirse y en la muleta buscaba la tela no como las bobonas habituales, lo cuál decía mucho en su favor. ¿Vuelta al ruedo? Ya digo que no la pedí, pero tampoco la protesté, aunque con un cierto rigor, pudo ser excesiva. Lo que me hace no revolverme es esa forma de embestir de no ser un bobón y lo tomo como una excepción, pues si solo nos fijamos en la muleta, puede que estemos metiendo un troyano en las ganaderías. Pero además hay que luchar con ese querer ser espectador de algo excepcional, que parece que mueve a muchos. Si hasta hablaron algunos de indulto, ¿cabe mayor barbaridad? Y lo de Marín, pues bueno, allá él, si tanto le gustó, que pida la cabeza y nos deje en paz. Pero es que ahora esto de los méritos y demás está muy trastocado. Estos nuevos gustos parece que no comprenderían que a un manso marrajo se le pudieran cortar dos orejas, que un toro de indulto no acarreara ningún trofeo para el espada. Hay veces que se podría dejar el reglamento de lado, pero solo en circunstancias excepcionales, pero ojo, circunstancias de esas que a lo mejor se dan una vez cada 30 años, como eso de la vuelta de una cuadrilla, la vuelta al ruedo de un puntillero, la vuelta al ruedo de un toro que no se pudo ver en el caballo y lo del indulto, pues a lo mejor uno cada 30 años ya es mucho y habría que alargar el tiempo.
Un abrazo y gracias por picarme a mí de esta forma, aunque para ciertas cuestiones, quizá habría otros que te podrían sacar de la duda mejor que yo.

Anónimo dijo...

Ayer, por fin, salí contento de la plaza. Hubo muchas cosas y matices que la hicieron interesante. En primer lugar destacar la gran presentación de los toros. Si hubiesen sido de otra ganadería que todos sabemos, habrían sido aplaudidos varios de salida. Varios toros de juego variado e interesante. La vuelta al ruedo del segundo, no tiene sentido. Este toro está lejos de otros animales que hemos visto, como el reciente caso de Camarín de Baltasar Ibán, aquella vuelta al ruedo de Buscón o del mismo Rachido. En fin, se me ocurren muchos toros de mejor juego que Hebrea.

Paquirri en su línea pero hubo cosas buenas. Toreó con más verdad que sus compañeros de terna, el único que toreó con la pata p'alante, como mandan los cánones pero ya sabemos que eso en Las Ventas pasa desapercibido. Sólo importa la ligazón. Como director de lidia, estuvo más que correcto. Muy atento en los quites. Pareó intentando hacer bien la suerte, nada de aspavientos como los "fandilas" de turno.

Castella estuvo mejor posicionado que en otras comparecencias venteñas, cierto que con los defectos habituales de la pierna retrasada pero mejor que otras veces. Pegó un muletazo soberbio a Hebrea, haciéndolo descarrilar cuando venía galopando de lejos. Una vuelta al ruedo hubiera sido lo justo. En su segundo, pese a no estar nunca por encima de él, demostró valentía y honradez por la profesión, no era momento de pedirle colocación, simplemente poder con ese derroche de casta que tenía el sobrero de Salvador Domecq. Tampoco yo entiendo lo del cambio, antes si hubo razones para devolverlo pero no en ese momento. Estuvieron bien los subalternos en las banderillas del segundo. No entiendo bien por qué no hicieron desmonterar a Raphael Viotti en el quinto de la tarde. Un primer par a un toro arrancado a gran velocidad al que le concedió todas las ventajas y un soberbio segundo par en el cuál el toro le puso los pitones en el pecho. No sé si la plaza estaba fría o en “modo ignorante”. Como tampoco entiendo cómo no se le aplaudió al toro de Salvador Domecq que derrochó casta a raudales. ¿Qué se supone que buscan los aficionados toristas de la plaza? ¿El carretón noble que va y viene? Si ellos no aplauden al arrastre a este toro, no sé quién lo va a aplaudir. Yo desde luego lo hice.

López Simón, como tantas y tantas veces, sigue sin decirme nada. Lo peor de hoy fue tapar el buen tranco que tenía el sexto de la tarde. Sin duda estuvo muy listo ahogándole la embestida porque, si le hubiera dado espacio, se le hubiera comido con patatas y le habría puesto en evidencia. ¿Y qué decir del picador Angel Rivas? Ejecuta la suerte de varas como debe hacerse, moviendo el caballo adelante y atrás, girando, en fin, atrayendo la atención del toro como raramente solemos verlo en Las Ventas. En vez de aplaudir su labor, se limita la afición a silenciarle. Este picador, por lo que hizo, en Francia hubiera salido a saludar. Esa es la afición torista que tenemos en esta plaza.

Por último destacar la labor de Florito en la devolución del quinto de la tarde. Gran profesional.

Un abrazo
J.Carlos

Curro dijo...

Bueno, ¿cabe mayor desatino que en el Grullo esté padreando un toro que manseó en el caballo y se rajó al final y que mis paisanos indultaron? Trate de buscar su lidia COMPLETA en Youtube, trate.. que a mí me costó encontrar el documento, no interesaría que se vea su "bravura" con el quitamanías.
Sobre el tercio de varas, no sé.. creo que vamos contra corriente y a extinguir; ya he leído en algún blog que hay "ganaduros" que han suprimido el caballo en los tentadero: capote, muleta y a criar..
Sigo pacientemente aguardando a que en junio se produzca el advenimiento de mi admirado "Llanero Solitario" de Trigueros y a ver qué sucede si se produce el milagro de que en Madrid se reúnan un Toro Bravo, un picaor embraguetado y un matador con cabeza y corazón para echar la moneda al aire.
Creo que ellos son más, pero también que se equivocan, que por ese camino la Fiesta no es verdadera, ni emocionante, ni viable a largo plazo

Anónimo dijo...

Lo del caballo en el tentadero y la plaza es una entelequia para los ganaduros.
Castella no manda ni a los "sobrecogedores"lo hace el mozo de espadas.Ja.
C.U.P.

POCHO PACCINI BUSTOS dijo...

Enrique, en relación a tu comentario de Paquirri: "Que algunos pensaban que ya se había despedido aquel día de los quites de Joselito y Ponce."; simplemente GENIAL.

Saludos
POCHO