viernes, 19 de mayo de 2017

¿Nos hemos portado bien?


Cuando un banderillero aporta más que los maestros

Que no tengan queja de la afición de Madrid, cualquier cosa menos ofender a los taurinos, que no se nos vayan a contrariar por un quítame allá esas pajas; pídannos lo que quieran y sus servidores de la plaza de las Ventas nos entregaremos en cuerpo y alma para satisfacer sus caprichos, por absurdos, injustos y estúpidos que sean. No hará falta que tengan que llegar a entender a esta afición, a saber de sus gustos, de sus filias y sus fobias, no piensen que para Madrid lo primero es el toro y después la verdad del toreo, que no les llenan pinturerías vacías, ni retahílas trapaceras sin fundamento ninguno, despreocúpense de eso. Que Madrid cumplirá sin rechistar con la función del buen aficionado: pagar y callar. No importará que se sienta estafado, engañado, timado, afrentado, no respetado, ni tenido mínimamente en cuenta. Si ustedes quieren jalear a ganaderos que crían reses a las que ni el más optimista podría llamar toros de lidia y a esos mismos engendros infames que cuelan como tales, pues adelante. Que se ven en la necesidad de justificar tanto incompetente que viste de luces y que podrá empalmar docenas y docenas de pases amarrados a la mentira del toreo, pues no solo se justifican, sino que se les ensalza de la manera en que se hizo con los maestros eternos. Que se quieren doblegar a esos soberbios y caprichosos enterradores de la Fiesta, pues cuerpo a tierra. Y si se da el caso, hasta el silencio entregamos en ofrenda para que los transeúntes devoradores de pipas, yintonis o bocadillos de record puedan jalear groseramente la vulgaridad y lo que ellos consideran algo divertido. Pero por favor, no pidan a esta afición de Madrid, bullanguera, ruidosa, indómita, díscola y con formas de ver el toreo a su manera, pero que siempre se ha entregado como ninguna al toro, toro y al torero que se ofrece al torero eterno, a estos no les pidan que echen ni un puñado de tierra sobre el cuerpo inerte de la Fiesta de los Toros, esa que quisieron mantener viva, pero que toda esa gente se empeñó en apuntillar, porque era divertido, porque no cabía la crítica y la exigencia. Entiérrenla ustedes solitos y si les apetece, háganlo con sus pipas, sus yintonis, sus bocatas, sus orejas infestadas de garrapatas, mientras unas figuras carnavalescas las portan con el estúpido orgullo del que un día vio amanecer y se pensó que había descubierto el día y la noche.

Líbrennos los dioses de afear la corrida que al final logró componer Parladé con un remiendo imposible del Montecillo. Con el trapío propio de una plaza de tercera, motivo por el cuál más de media plaza no solo no entendía las protestas, sino que además le molestaban. Flojos, incapaces de cumplir en el primer tercio. El primero cabeceaba con desenfreno, el segundo, que era el quinto antes de que se corriera turno al devolverse el titular, anduvo a su aire, sin que se le amagara con picarle ni un poquito; el tercero que se quería quitar el palo, no fue picado; el cuarto pegó sus arreoncitos en el reserva, para solo dejarse ya a contraquerencia; el mulo quinto no quería ni que le hablaran del palo; y el sexto, que parecía que quería empujar cuándo le tapaban la salida, también se libró de las inclemencias de la puya, no fuera a ser que se derrumbara, como parecían amagar sus hermanos.

Curro Díaz recibió con garbo a su primero con verónicas, rematadas airosamente a una mano. Tras un desarme le puso en serios apuros, pero poco más, faena a un cuasi marmolillo, con lo justo para cubrir el expediente. Al cuarto no es que le hiciera demasiado caso, tú no te metes conmigo, ni yo contigo. Luego vino una faena de haber si me pongo bonito y se me entusiasma el personal, pero unos no debían estar en su día y otros, que el cielo les perdone, censuraban su toreo perfilero, escondiendo la pierna de salida y apoyado en el abuso del pico. Tampoco el animal daba para mucho, confundiéndose por momentos sus andares con los de una acémila del Rocío.

Los revisteros y algunos espectadores aseguran de que Paso por las Ventas un tal Fandiño, que da la sensación de que si pudiera pasar, como en el mus, pasaría a todo, a grande, chica, pares y juego y hasta al de oca a oca y me las piro, porque me toca. Pero la cuestión es que no asimila el que el personal no le jalee los trapazos indecisos entre carrerita y carrerita para recolocarse, mientras dejaba pasar el rato. Al manso y complicado quinto, no le quiso ni ver, con un pitón derecho imposible por el que cortaba un mundo y un izquierdo por el que aprendió en seguida lo que había allí. Solo Víctor Manuel Martínez puso las cosas en su sitio con un par a ley, del que resultó cogido al intentar salir del embroque. El animal no tenía ni un pase, ni medio y a los dos segundos el matador se dio media vuelta para ir a por la espada. Los más optimistas pensaban que podía ser una buena idea, que le machetearía por abajo con rotundidad, para en el momento en que le pidiera la muerte, cuadrar y tirarse detrás del estoque, pero ya digo, eso era cosa de optimistas. Volvió y le soltó una entera que hizo guardia y en mitad de la bronca se permitió hacer gestos al que con su óbolo iba a colaborar en que él cobrara por no querer estar, que estando sin estar, al final, cobró. Y de esa gente a la que dedicó esos amables gestos de soberbio incompetente al que no se le vio ni un gesto de torero.

Mal se comportó la afición de Madrid al no hacer salir a saludar a David Mora al finalizar el paseíllo, tras su última hazaña de escuchar los tres avisos en su última comparecencia. Los méritos siempre deben ser reconocidos y en esta tauromaquia 2.0, parece ser que eso del toro al corral es mérito para ser reconocido allá dónde vaya. Pero Madrid es Madrid y no hay que darle más vueltas. Con su primero, quizá por eso de castigar al personal, se puso muy pesado, empezó con pases por detrás y por delante, para a partir de ahí soltar de golpe su repertorio de destoreo recién llegado de París. Muleta atravesada, cites fuera, al hilo del pitón y sin amagar tan siquiera con rematar uno de sus trapazos. Y como Mora es altote, se debió atracar de toro y dejó una entera muy trasera. Al sexto lo recibió a la verónica en un entre medias de echo el paso atrás, que si, que no, que parece que no, pero que sí. Dos pares de mérito de Ángel Otero, ganando muy bien la cara al toro. Inició el último tercio con latigazos por abajo, con el Parladé tomando la muleta con ímpetu. El espada se limitó a aprovechar los viajes, pero sin mandar jamás, sin aplicar el temple en ningún momento y los mismos defectos de siempre en cuanto a la colocación de él mismo y del engaño, muy fuera, incluso con enganchones, hasta que el animal se fue parando. Nueva entera trasera y el presidente, un as de la cibernética, debió contar los pañuelos, los multiplicó por dos y decidió que había mayoría. ¡Zas! Orejita, hala Madrid ya se portó como los niños buenos y el señor Mora se pudo llevar su vivero de garrapatas para casita y lo pasado, pasado. Y ya solo nos que da preguntar a los señores de la tele, a los de los medios oficiales, a los que van a divertirse, a David Mora, a la cuadrilla de David Mora, al coger de David Mora y a quién sea pertinente, ¿nos hemos portado bien?


4 comentarios:

Pedro dijo...

Amigo Enrique, me ha encantado tu crónica además muy divertida,me ha mitigado un poco el cabreo que desde la caja tonta sin sonido me pesqué ayer tarde, un abrazo
Pedro García Macías

Enrique Martín dijo...

Pedro:
Muchas gracias por estar ahí, siempre, siempre. Me reafirmas tu buen sentido al decir que quitas el sonido, pero también tu incontrolable locura, pues sigues en ruta. Y nosotros contigo.
Un abrazo

Héctor Aznar dijo...

El gran Mora. Un torero con mucho mérito, no todos los toreros serían capaces de "torear" encima de canto de un folio sin perder el equilibrio en un solo momento. Si pesara unos kilos menos incluso escondería su figura detrás del mismo folio y habría que llamarle para encontrarlo, aunque lo que nunca llegarías a encontrar es una pierna delante en ninguna faena de este señor

Oreja de ley, de peso y de mostrar todo el sentimiento y amor que lleva dentro este hombre... Gracias presidente por ser el único en apreciarlo

Enrique Martín dijo...

Héctor:
Quizá fue solo el presidente el único en apreciarlo y alguno que otro más, lo que no quiere decir que fuera un triunfo rotundo, incluso que ni tan siquiera fuera un triunfo, pero así vamos.
Un abrazo