miércoles, 20 de mayo de 2026

Qué mala suerte tienen los novilleros

Les hacen creer lo que no son, les convierten en unos engreídos. Pena dan estos novilleros que no parecen tener a nadie que les cuente el toreo y no solo como cortar despojos sin valor.


A veces la mala suerte se presenta disfrazada con la mejor de las apariencias, con las galas más brillantes y lujosas, sin dejar asomar los harapos y la miseria que es en realidad. Esa mala suerte que nos besa en el momento que más lo deseamos, pero sin que sepamos que es un beso traicionero y que en el futuro, a corto o medio plazo se nos revelará como una gran mentira. Que habrá quién diga eso de “que nos quiten lo bailao”, pero lo malo puede ser que lo que venga detrás sea de todo, menos agradable. Y a veces, últimamente demasiado a menudo, en la plaza de Madrid alguien prepara un montaje con todo detalle para simplemente engrosar esas estadísticas propagandísticas que solo engañan a los que lo organizan y a los que para una vez que van, se dejan engañar; que estos podrán decir que han encumbrado al paisano, al chaval que les ha caído bien o cualquiera del que luego no se acordarán ni si se llamaba Juan o Manuel. Que se empieza por un encierro impresentable de Fuente Ymbro, con algunos novillos para una sin caballos y otros demasiado novillos para Madrid. Que ha salido uno después de los tres casi erales del principio y, no siendo nada, parecía el padre de todos los novillos del mundo. Todos luciendo magna mansedumbre y en la muleta, pues los desorejados se han movido, el sexto la verdad es que no se cansaba de embestir, pero ha sido la excepción. En el palco un presidente, el señor González Carvajal, asesorado por el veterinario Recas Vara que le habrá aconsejado bien diciendo que era una novillada propia de Madrid. Primer traspiés. Y como asesor artístico, el señor Yestera Fernández- Pacheco, que curiosamente ha morado en el palco en los últimos escándalos vergonzantes en esta plaza. Pero que nadie piense que pretendo descargar de responsabilidad al usía, ni mucho menos, porque se supone, igual es mucho suponer, que algo de idea de todo esto tendrá. Que para ver si hay muchos o pocos pañuelos tampoco hay que ser Pitágoras, o hay petición o no la hay y en estos tres casos, pues ni de lejos. Pero por esas cosas, que si los mulilleros tardean como mansos, que si lo que interesa para convertir esto en histórico es dar despojos, pues se dan, ¿qué más da? Aunque mi pregunta es si dar esos despojos a unos novilleros incapaces y montados en la vulgaridad es justo para ellos o no. Que están muy bien los triunfos prefabricados, que se pasan un rato de felicidad, pero si se premia el no dar el nivel, lo que puede pasar es que los porrazos les lleguen a los de las medias rosas y no a los entusiastas de los tendidos 4, 5 y parte del 6.

Los engañados en esta ocasión, y no quito ni una letra, han sido Pedro Luis, Mario Vilau y Julio Norte. El limeño Pedro Luis por no saber, no sabe ni colocarse en el ruedo y ni indicándole desde el callejón cuál era su sitio, atinaba a ubicarse. A su primero, además de menguado, flojito, le soltó una ristra de trapazos, muy ventajista, pico descarado, siempre fuera y sin dejarse un enganchón para casa. A su segundo, más de lo mismo, tirando líneas rectas, trapazos de uno en uno, aunque alguien de los que saben afirman que esto es meritorio; ellos sabrán. Y si a su incapacidad unimos que el animal presentaba un ligero calamocheo, ¡para qué más! Iba detrás del flojón a ver si cazaba algo, pero con estas mañas, ni gamusinos. Mario Vilau se fue por dos veces a portagayola. En la primera aguantó y después se lio a capotear cediendo terreno de espaldas hacia los medios. Este segundo impresentable, siendo bondadosos, se puede decir que medio cumplió en el caballo. Y el espada decidió empezar de rodillas al abrigo de las tablas. El novillo ya se le paraba y después, el que no se paraba era Vilau. Tirones, retorcimientos, siempre muy fuera y dejándosela tocar demasiado, para acabar con un repertorio chabacano, vulgar, innecesario, pero que sin petición, debió enternecer al palco, a todo el palco y le dieron un despojo. En el quinto los capotes volaban entre los pitones del novillo, que los lucía como la señera de un guardamarina en un galeón de su majestad. En banderillas se fue complicando la cosa, esperaba un mundo, se arrancaba tirando arreones y por ese eterno defecto de atravesar la muleta, en un cite con la zurda el toro le cogió certero. Lo que quizá algunos desde el tendido le censuraban mientras otros aplaudían, es lo que llevó al diestro catalán a la enfermería. Alguien pensara que esas palmas falsas y rebosantes de ignorancia se acaban pagando con sangre, pues que cada uno piense lo que crea más ajustado a la realidad.

El tercero era Julio Norte, de familia taurina, que no se sabe si es bueno o malo. Unos hoy se felicitarán porque creerán que ha nacido una estrella, que todo es posible, pero... Bueno, que piensen lo que quieran. Le tocó una bonita cabra cuyo peligro era que se pusiera a trepar por las paredes de la plaza, haciendo honor a su estirpe caprina. No quería caballo, le ponían y le ponían y nada, quizá esperaba a Heidi y Pedro para que le animaran. Ellos criaban cabras, ¿no? Pues eso. Lidia con mil capotazos, capotazos innecesarios y poco convenientes. En la faena de muleta empezó entre enganchones, para proseguir siempre con la muleta atrás y avanzando el pico descaradamente. Venga enganchones y siempre muy fuera. Nada cambió con la izquierda, para terminar casi subido al novillo, perdón, a la cabra. Con un repertorio al más alto nivel de la vulgaridad de plaza de talanqueras. Hasta obsequió al personal con invertidos y tras un bajonazo y con las mulillas que no andaban, ¡zasca! Despojo. Que oiga, al menos había tres docenas de pañuelos, no se vaya usted a creer, que tres docenas son... pocos pañuelos para regalar un despojo. Otro novillo, muy novillo, sin llegar a cabra, pero muy exiguo de todo, al que recibió de una larga, quedándose después a merced del toro. Cuando pasó por el petó cabeceó, pero sin que se le picara. Y Julio Norte debió pensar que era su día y allá que tomó la muleta para ponerse de hinojos, que ahora por la espalda, ahora no, venga enganchones y fue ponerse de pie y, ¡válgame el cielo! No cabe más pico, siempre fuera y el de Fuente Ymbro que iba y repetía y volvía a ir, mientras su lidiador se limitaba a pegarse carreras, a dejarse tocar el engaño, ventanazos, vulgar y tramposo, muy encimista y siempre fuera. Y otro despojito, siempre con una petición insuficiente. Que este, que salió a cuestas de Madrid, Vilau, que cortó otro despojo y cualquier novillero del que queramos hablar, parece que no tienen a nadie que les diga las cosas, cosas que pueden librarle de un mal porrazo, que quizá acumularán trofeos y más trofeos, pero una cosa es bandearse por este mundo y otra ser torero, matador de toros, que no es lo mismo. Y al final nos queda rondando la idea de que no tienen quién les guíe y de qué mala suerte tienen los novilleros.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

No hay comentarios: