lunes, 19 de diciembre de 2016

Talibán, no, por favor

También desde esta grada quiero felicitar a todos los amigos que tan generosamente dedican su tiempo y su atención visitando este espacio. A todos, Muy felices fiestas y un feliz año 2017... y los que vengan


Es muy frecuente escuchar cómo se denomina con tal término a los que se considera aficionados a los toros extremadamente exigentes, casi diría yo intransigentes, y a su vez observar que el destinatario del “piropo” lo recibe entre el regocijo y el orgullo. Corríjanme si no es así, pero tengo la sensación de que se califica de talibanes a los mismos que se llama toristas, a esos que cierran los ojos predeterminadamente a las figuras, aunque en casi todos los casos al final haya que darles la razón, o a todo lo que sea Domecq, que también tienen su razón, aunque aquí sí que hay esperanzadoras excepciones. Pero tampoco creo que sea bueno entrar en el detalle, pues el propio termino tengo la sensación que obedece más a una filosofía que a realidades concretas. Repito que es apreciación personal, muy personal, pero más bien parece que es un extremismo que a veces mantiene una posición ultradefensiva, temerosos a cualquier asomo de grieta, no vaya a ser que pueda peligrar esa imagen de aficionado íntegro, que se desvela por guardar el tesoro de la pureza, lo que por otro lado no está mal, pero si tenemos una obra de arte única, tampoco pasa nada por dejar que los visitantes se acerquen a contemplarla; con el cordoncito de seguridad, por supuesto, no vaya a ser que alguien empiece a meter los deditos, que no, las manos al bolsillo, solo abrir los ojos, mucho, y lo que es más importante: las entendederas.

Que conste que no pretendo hacer ni el menos amago de crítica, faltaría más, porque hay virtudes que veo en ellos, que ya me gustarían para mi mismo; pero yo no me veo cómodo en la totalidad de los parámetros que se le suponen a un talibán. Tengo que confesar que en ocasiones ha habido gentes generosas y de buen corazón, llenos de buenísimas intenciones, que me han querido regalar el oído con eso de talibán. Se lo agradezco en el alma, pero más por las intenciones que por recibir la dignidad de talibán. Es una camisa que no se ajusta a la percha de servidor, que uno tiene ya su tripita, los brazos igual más largos, las espaldas más anchas o el cuello estrecho, que a otros les cae como una pintura, pero no todos gastamos la misma percha.

Entiendo que el aficionado a os toros debe ser flexible, muy flexible y acomodar las reacciones a las circunstancias, pero que no se me malentienda. Las normas, escritas o transmitidas por tradición, tienen que estar ahí, deben respetarse, escrupulosamente, pero sin que estas supongan unas cadenas que nos oprimen el cuello. Quizá es más cuestión de predisposición que de otra cosa. Que no piensen que me he vuelto loco, ni que he recibido un sobre mullidito, ni un Guijuelo pata negra, que va. Que sigo siendo el mismo que iba a la plaza deseando de que le gustara Espartaco ¿Cabe mayor rasgo de optimismo y apertura de miras? Otra cosa es que no lo consiguiera nunca, pero eso no era cosa mía, eso era más bien por lo que me venía dado del exterior. Que aunque no lo crean, uno espera cosas de una tarde Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo, El Juli, Perera y compañía, pero tampoco somos tontos, que el ir abierto a todo no quiere decir que no tengamos memoria, que no nos escuezan los escándalos pasados, que no nos amosquemos esperando que los bailes de corrales puedan hacerse presentes, que nos tiren a la cara una manada de borregos para lucimiento de vulgarotes pegapases. Que no hablo de hacer tabla rasa cada tarde, porque de la misma forma que es de buen aficionado tener memoria de lo bueno y agradecerlo al final del paseíllo, también lo es el tener presentes los antecedentes y en casos de ese vaivén de ganaderías, tampoco resulta descabellado comenzar la protesta antes del paseíllo o al acabar este, pues los propios protagonistas ya se ocuparon de que se iniciara el festejo en el momento del reconocimiento, si no antes. Que si seguimos avanzando, lo mismo me pueden decir al final acabamos en el mismo punto al que llegan los talibanes, no les digo yo que no y tampoco es para rasgarse las vestiduras, pero sí que me reconocerán que al talibanismos puede estar ciego por momentos, pero no por incapacidad o ignorancia, nada más lejos, simplemente es una ceguera voluntaria, que más puede obedecer a no querer que se le pueda tildar de blando. El aficionado a los toros no creo que tenga necesidad de autoetiquetarse como exigente, el más exigente, ni irlo pregonando por peñas, clubes, asociaciones, restaurantes, bares, tabernas, tascas o garitos de mala nota, baste con acudir a la plaza y manifestarse y de la misma forma que no hay que presuponer la negatividad al de enfrente, tampoco hay que dejarse llevar por las preferencias, que es muy humano, es hasta una muestra de lealtad al torero afín o al ganadero hospitalario, pero, ¿y la lealtad a la Fiesta, al toro? Ahí sí que me perdonen, pero nada por encima de eso. Que nadie se lo tome a mal, que nadie vea ni tan siquiera un intento de adoctrinamiento desde el púlpito, nada más lejos de mi intención, ni de mis creencias, no soy nadie para tales cosas. Eso sí si ustedes quieren halagarme, llámenme pibón, pibonazo, tío bueno, monumento, tío cachas, macizo, macizorro, lo que quieran, aunque ande lejos de la realidad evidente, que yo se lo agradeceré en el alma eternamente, pero talibán, no, por favor.


Enlace al programa Tendido de Sol del 18 de diciembre de 2016:

lunes, 12 de diciembre de 2016

De verdad que es verdad

La visión que un niño tuvo de un maestro; el maestro siempre estará presente y el niño ya se me ha hecho mayor.


Aunque haya por ahí gentes de mala baba que dudan de los demás y que se creen más listos que Platón, en Toros Grada Seis vamos a lo nuestro y obviamos esos comentarios dañinos y mal intencionados que solo quieren minar la moral. Pues bien, para demostrar que esas cosas no nos afectan y que pa’ listos los mendas, le damos en los morros a esos incrédulos con unas primicias que nadie ha tenido antes que nosotros, que pa’ eso somos incisivos y no cesamos en la investigación y de todo lo que viene detrás, a ver quién es el guapo que me dice que esto no es verdad, que lo demuestre, pero bien demostrao, ¿eh? No demostrar así de ahí lo dejo. Datos.

Parece confirmado que para la temporada entrante José Tomás reaparecerá unas 20 veces, o no, más o menos, decena arriba, decena abajo. Las mismas fuentes afirman que
Morante desaparecerá otras tantas; solo depende de si las musas le vayan a inspirar... o no.

Para tranquilidad de los aficionados, se comunica que El Juli mejora de sus lumbares. El Colegio Oficial de Fisioterapeutas de Madrid se congratula con este logro de la ciencia y con tal motivo y para estudiar este caso ha convocado unas jornadas de trabajo que se celebrarán en las instalaciones del Guanda Metropolitano, bajo el título de: “Pero, ¿cómo se retuerce ese tío?” Como gesto de confraternización, los ponentes y asistentes obsequiarán con una sesión de masaje a todo aquel trabajador del estadio que lo solicite, previa presentación del casco que les acredite como tales.

En estas fechas que se avecinan, llenas de amor, buen rollo y cogorzas como pianos de cola, pero que alegran el ambiente, parece ser que a pesar de todo Miguel Ángel Perera sigue enfurruñado, pero que está aprendiendo a disimularlo. De momento ya ha conseguido abrirle la puerta al del “correo comercial”, sin mentarle a la madre.

En esa carrera de fondo que es la cría del toro, se ha filtrado que el gestor de Núñez del Cuvillo, tras varios cruces y asesorado por primeros espadas de la genética, ha conseguido obtener el toro que te trae el periódico y las zapatillas; un éxito más después del que le tirabas la pelotita y te la traía en la boca. Ahora se espera que en próximos cruces logre el que te hace las camas, te plancha la raya de las camisas y te baña a los niños.

La llegada de Simón Casas a la plaza de Madrid se hará evidente ya en el mes de mayo, en el que el ruedo venteño albergará la feria de San Isidro y la pasarela Cibeles Fashion Güik, al mismo tiempo y a la misma hora. Gracias a la creatividad y la imaginación del productor se ha enriquecido la propuesta artística los días en que comparezcan las máximas figuras del escalafón. Igualmente y gracias a los conocimientos del señor productor, se ha subsanado el posible peligro que correría la integridad de las modelos. Para evitar desgracias, estas no pasarán por detrás de las caballerías, que una coz en mal sitio puede tener consecuencias fatales. Los días de toros solo se darán toros.

El mundo del toro continúa siendo hostigado por las turbas antitaurinas. La última es la demanda interpuesta por el PACMA a los ganaderos de bravo. Como consecuencia de esta, un juzgado de Bracamontes del Rey ha dictaminado que a partir de ahora los toros deberán viajar en AVE, clase turista, por supuesto, o en limusinas, con los cristales tintados, por supuesto, para preservar su intimidad durante el trayecto, por supuesto.

Los problemas se le apelotonan a la alcaldesa de Madrid, la señora Carmena, que en un ahora voy, ahora no voy, se olvidó de renovar su abono para la feria de Otoño, lo que le ha hecho perder el derecho a hacerlo para la feria de San Isidro del año próximo. Tendrá que ver la feria por la tele, que como la propia regidora ha declarado: no es lo mismo, pero algo es algo.

Aunque Manolo Molés se haya marchado de Canal Plus, durante el próximo San Isidro no se quedará mano sobre mano y será el encargado de narrar las corridas en exclusiva para el canal de circuito cerrado, pirateando la señal del Plus, para la urbanización Montepinares. Al final ha dado sus frutos la inestimable gestión del Recio, mayorista que no limpia pescado, y de Enrique, el calvo con barba que como muchos políticos, parece un hombre de orden. El portero hará de comentarista junto al mismo Molés, total, para decir ¡bieeejjjnnn! y ¡bieeeen torero!, tampoco se necesita mucho seso.

Tenemos que lamentar que Diego Ventura tendrá que indemnizar a unos padres a causa de que uno de los caballos de su cuadra mordió a un niño que jugaba en un parque. La sanción se agravó por el hecho de que transitara sin bozal y sin correa, caballo, se entiende.

La Agencia Estatal de Meteorología comunica que la próxima tormenta tropical se llamará Andrés y la de después, Roca Rey.

Para tranquilidad de la población y de cara a las fechas que se avecinan, el señor Casas está tranquilo, aunque los vulcanólogos recomiendan que no cunda el exceso de confianza ya que puede reactivar su actividad en cualquier momento, sin que se puedan predecir las consecuencias.

Los sagaces integrantes de Toros Grada Seis, en colaboración con los del programa radiofónico Tendido de Sol han sorprendido a políticos de izquierdas comprando disfraces de políticos de derechas para así poder, de una santa vez, ir a los toros sin ser reconocidos y disfrutar de esa afición que de unos años para acá se les niega. En otro orden de cosas, se ha sabido que existe una corriente de populares que estudia abandonar el partido, porque no les gustan los toros y están hasta los h... de tener que ir para aparentar. Los de Ciudadanos han elevado una consulta al señor Rivera, para saber si tienen que pactar o si no es necesario, para sacarse un tendido e ir a los toros por su cuenta. A partir de ahí el máximo dirigente de este partido ha iniciado una serie de conversaciones para pactar con las parejas de los aficionados “díscolos” y determinar quién va a por los niños al colegio los días que haya toros entre semana. La siguiente cuestión será pactar si se paga el Plus otro año más o si lo sustituyen por Canal Series.

Resulta complicado pretender esconder algo inconfensable en el mundo de la política. Se ha sabido que la señora Carmena ha sufrido una insoportable persecución para saber si la señora alcaldesa había renovado su abono en las ventas o no. Todo indica, mejor dicho, Eduardo Inda ha filtrado de forma interesada, que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se han hecho con dicho abono, que lo pagarán a pachas y que será la suerte la que decida a los festejos a que acudirá cada uno de ellos. Ahora solo queda esperar aque Esperanza Aguirre tenga un lapsus por la Gran Vía y que abandone el suyo para mayo. Así al menos se asegurarán estar juntitos, como lo estaban en el pasado doña Manuela y doña Aguirre.

A pesar de las críticas recibidas en el pasado por el señor Rufián, hay que reconocerle su celo para desarrollar su labor parlamentaria. Se ha sabido que el diputado de Esquerra ha solicitado licencia para acudir a todo el abono de la Maestranza en Sevilla, al menos para la Feria de Abril, “para estudiar lo malísimo, lo pérfido, lo ominoso, lo deplorable que es eso de los toros, la Feria de Abril, las sevillanas, el rebujito y todo lo que huela a rancio centralismo”. Eso es profesionalidad, ¿que no?

El programa de Salvados dedicado al mundo del toro contará con una baja de última hora. Jordi Évole renuncia a entrevistar a Enrique Ponce, “es que no hay manera de aclararse con él y se cree tan magnífico y grandioso, que acompleja”, ha declarado el periodista.

Y ahora, a ver quién dice que todo lo anteriormente expuesto no es verdad. Que hay mucho derrotismo en esto de los toros y cuando ven que estás en la cúspide de la información, tiran a dar con inquina, mala baba y lo que es peor, con una puntería ¡Cabr...s! Que hacéis daño, caramba. Solo me queda decir que todo esto es de verdad que es verdad.


Enlace Programa Tendido de Sol del 11 de diciembre de 2016:

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los amargos quejíos de Finito de Córdoba

Quizá haya quién no quiera tener un cuadro de toros en su casa, pero para los que sí, aquí me permito darles algunas ideas


Pocas injusticias tan grandes habrá en el Mundo Mundial como las que ha sufrido don Juan Serrano, Finito de Córdoba, en los últimos tiempos. Tanto ha sido la cosa que ha expresado su pena con las siguientes palabras: “desgraciadamente, los que quieren hacer daño están dentro y las personas que son aficionados al toro no se enteran de cómo está esto montado y en manos de quien estamos”. Dirán ustedes que cuánto saber y cuánta verdad se encierran en este párrafo; coincide plenamente con lo que muchos buenos aficionados dicen, eso de que los antis los tenemos dentro. Pero no se me embalen, que ya me embalé yo bastante cuándo lo leí.

Si profundizamos y leemos el resto de las manifestaciones y los orígenes de esta reflexión, lo mismo hasta puede que lleguemos a ofendernos y a comprobar que don Juan Serrano, Finito de Córdoba, continúa en sus posturas ya conocidas y que le importa muy poquito esa fiesta de la que habla, ni como está montado todo esto. Lo que realmente le interesa a este señor es que a él no le ponen. Ni tan siquiera se para a reflexionar en el motivo del cada vez menos interés que despierta entre empresarios y aficionados, ni mucho menos en porque se le ha hecho hueco en las últimas campañas.

Bien es verdad que Finito de Córdoba consiguió lo que está al alcance de muy pocos, triunfar en Madrid... hace más de veinte años, allá por 1993. Esto le valió adquirir cierto cartel, que se diluyó pronto en la capital al no ver renovado aquel triunfo. Pasaron años en los que ya no se justificaba su presencia en los carteles, pero bueno, como tantos, hasta que aquello ya no se sujetaba por ninguna parte. Dejó de acudir a la feria de Madrid, al menos de matador de toros y lo volvió hacer años después como comentarista en las retransmisiones de televisión. ¿Y qué ocurrió? Pues la sensación que muchos aficionados tenían era que había que recompensarle por los servicios prestados ante el micrófono y volvió a aparecer de luces una tarde. Ahí no parece que pidiera explicaciones, es más, sin aparente merecimiento y con bastantes malos modos, sin ese respeto al aficionado que no para de exigir para si mismo, se asomó por las Ventas, cobró y se marchó. Incluso se le repitió en años sucesivos y aprovechando esa marea orejera que invade Madrid de un tiempo para acá, hasta pudo pasear algún despojo. Pero él seguía sin cuestionarse nada, en su miope egocentrismo no era capaz de ver lo que realmente era y lo que ofrecía Finito de Córdoba en el ruedo.

No se sintió herido ni atacado en esos momentos en los que se le contrataba a pesar de que nadie entendiera que aún hubiera alguien dispuesto a ofrecerle un contrato. Resulta excesivo estirar tanto un triunfo que se produjo en el año 93, ¿no? Cuanto menos, extremadamente optimista. Y ahora que alza la voz para denunciar que los malos, los que dañan a la fiesta están dentro y que pone en el disparadero al aficionado diciéndole que no tiene ni idea de cómo se mueve esto y cómo funcionan las cosas, no es por otra causa que porque no le contratan 15 o 20 tardes en los pueblos de la provincia de Córdoba para poder conmemorar sus bodas de plata como matador de toros. Que le prometieron el oro y el moro, pero. ¿qué obligación hay para contratarle? ¿Resulta de obligado cumplimiento el profesar la fe de la “finitología”? Realmente, si don Juan Serrano llega a estas conclusiones y con ese convencimiento, ¿cómo funciona esto y en manos de quién estamos?

Que no se crean que a Finito de Córdoba le preocupa el que el toro carezca de la integridad mínima deseable, ni de que los figurones se ciñan a pasaportar las camadas enteras de un puñado de hierros, ni que hayan convertido esto en una pantomima, ni tan siquiera de la exclusión social que sufren los toros, ni tan siquiera de la situación de los novilleros, que cada día son menos y los que son presentan un nivel ínfimo, aguantándose ahí a base de poner, poner y poner. No, nada de esto le preocupa, cuándo se ofende, se exalta e intenta enardecer a las masas es cuando a él no le contratan para pasearse por las plazas de la provincia de Córdoba y de paso por la de Madrid. Que para colmo dice que Taurodelta le llamó en mayo para liquidar lo del mayo del anterior, como si eso fuera algo a lo que él se vio sometido de forma extraordinaria. ¿Ahora también le ofende eso? ¿Y hasta el momento? Hasta entonces no, cuando es vox populi que esas eran las maneras habituales de los anteriores empresarios de Madrid.


Que  ejemplo más gráfico y del que tanto se puede aprender el que nos da don Juan Serrano, Finito de Córdoba. A él, como a sus camaradas, a los ganaderos del sistema, a los periodistas y demás taurinos, lo único que les preocupa es la pasta, su negocio y lo de la Fiesta, el toro y demás cantinelas les da lo mismo, que al que grita, si interesa callarle le dan una tarde dónde sea y andando. Eso sí, si los capos no cumplen, entonces no nos quedará otra que escuchar los amargos quejíos de Finito de Córdoba.

Enlace programa Tendido de Sol del 4 de diciembre de 2016:

lunes, 28 de noviembre de 2016

Amigo, primo, vecino o conocido, recuerda que a mí me gustan los toros

Dios me libre de los que me quieren salvar no llevándome a la plaza. Si quieren que viva, vayan a las plazas de toros


Te escucho y te leo cuándo hablas de la barbaridad, de lo salvaje e incivilizado que es matar a un toro en el ruedo, de los energúmenos que vamos a “divertirnos” viendo cómo se sacrifica a un animal, porque a veces habláis del toro como si lo hicierais de un gato, un perro de compañía, una cigüeña o el pato Donald y su troupe de impertinentes sobrinos. No se puede ser más sanguinario, ni desalmado, porque te crees que los que van a los toros, los que vamos, lo hacemos llevados por una sed de sangre irrefrenable; hasta hay quién nos ha negado el derecho a querer a los nuestros, a sentir como lo más grande el abrazo de nuestros hijos. Os preguntáis cómo somos capaces de volver de la plaza y apretujarnos con todo el amor imaginable contra esos niños que nos dan la vida. Nos negáis esa capacidad de amar a los animales, de amar y disfrutar la naturaleza y veis un imposible el que podamos albergar una gota de sensibilidad.

Miradme bien, que no digo que me veas, digo que me mires, al que comparte mesa y alegrías contigo en las celebraciones familiares, el que llora con la pérdida de los seres queridos, el que juega, regaña y se preocupa de sus hijos, el que se preocupa y siente cuándo tú estás mal, cuándo lo están los que me rodean, el que se indigna con la barbarie entre seres humanos, el que no entiende de guerras, de abusos, de violencia sin límites, el que no soporta la injusticia, los gobiernos despóticos, los políticos trincones, apáticos y complacientes ante los poderosos. Soy el mismo que se apasiona con su equipo, que se emociona con el deporte, que se estremece ante un cuadro, que se ve empequeñecido ante la grandiosidad de una escultura, una catedral, una pequeña ermita, el mismo al que se le remueve el alma con una película, la música o un libro, porque sí, los aficionados a los toros, los que vamos a la plaza también leemos libros y los hay que hasta también los escriben.

Cuando llames asesinos a los que van a una plaza de toros no te olvides de llamarme por teléfono, de llamar a mi puerta y decirme a mí lo mismo, ¡asesino! Porque yo voy a los toros, siempre que puedo y el día que no es posible, me rebelo y me fastidia, ¿cómo no? Pero no porque sufra el síndrome de abstinencia que todo sanguinario sufre cuando no ve fluir ese rojo “manjar”; no porque necesite ver a un animal despellejado y despiezado colgando de un gancho. Cuando voy a la plaza no voy a ver cómo matan a un animal, que por otro lado es un toro; ningún otro animal podría ser lidiado como él, ninguno pelearía hasta su último aliento no por huir, ni defenderse, sino por mantener su hegemonía, esa de la que está convencido que le pertenece, por conquistar la cima del mundo. Cada uno tiene su lugar en el reino animal y el toro está convencido de que su puesto es el de ser el rey, el ídolo al que todos deben adorar y los aficionados a los toros profesamos esta religión con absoluto convencimiento y fieles a nuestra fe taurina.

Los que vamos a los toros vamos a ver a un hombre enfrentarse ante ese tótem y con el respeto que merecen los dioses, vencerle con el respeto y la devoción que merece el oponente, que no dudará en arrancarte la vida al menor desliz; pero ese es el juego, vida o muerte y para los elegidos, gloria. Gloria efímera, porque la fiesta de los toros, este espectáculo, esta fe de la que abomináis hace que aunque el toro muera cada tarde, siempre permanece vivo, siempre saldrá un toro al ruedo queriendo conquistar esa cumbre que considera suya. Los toros, las corridas de toros, son esa permanente presencia del toro, siempre el toro, la fiesta avala su eternidad, impidiendo que llegue alguien que decida llevarse este ser por delante, porque no sirve para otra cosa, porque no hay quien se haga con él, porque siempre querrá salir vencedor y nunca permitirá que nadie le trate como otro de los muchos animales que ocupan otro lugar en la naturaleza, pero no el del toro. Qué bella palabra para el aficionado a esta locura, el toro. No nos cansamos de pronunciarla, toro, toro, toro. Y, por favor, no caigamos en eso de que el torero tiene ventaja porque lleva un trapito para defenderse y evitar el vendaval de embestidas del de las patas negras, que han sido siglos de aprendizaje y a pesar de ello la muerte siempre está ahí. Resulta inevitable que lo inevitable, la caída del hombre, se produzca en un ruedo. Quizá tú lo verás como la victoria del toro, pero en esto no hay vencedores ni vencidos, es mucho más sencillo, todo se acaba con la vida o la muerte y las emociones que genera en el espectador, que para intentar entender lo que pasa ahí abajo no cesa en sus ansias de aprender, de desvelar ese misterio que es el toro, de conocer ese imperfecto imposible que es el toreo y de este sentimiento que son los toros. Si quieres saber de ello, vente y siéntate a mi lado y a ver si entre los dos podemos saber algo más de este misterio, pero si no, amigo, primo, vecino o conocido, recuerda que a mí me gustan los toros.


Enlace programa Tendido de Sol del 27 de noviembre de 2016:

lunes, 21 de noviembre de 2016

Monsieur Casas, ¿lobo con piel de cordero?

El toro, el toro, el toro... a ver si don Simón se olvida de lo de los Encastes Minoritarios y recuperamos la variedad de estos y los que mal llamaron minoritarios vuelven a ser la base de nuestra Fiesta


Que nos lo queríamos perder. Invitan al señor Casas a una tertulia de esas de abolengo, en la que se supone que le van a poner las peras al cuarto, que algunos incluso hasta le avisaron de sus intenciones con una pancarta en las Ventas, iba a terreno hostil, al menos a priori, y llega el señor productor y poco menos que se los mete en el bolsillo. Si hasta le reían las gracias. Pero bueno, cada uno puede reírse de lo que le dé la gana y nadie, y yo mucho menos, somos nadie para decir si ahora te ríes o si ahora lloras. Mucho mejor reír, desde luego. La cuestión es saber si la idea del orante y los oyentes coinciden, sin tener que estar de acuerdo, por supuesto, pero que al menos haya un punto de partida, unos conceptos básicos en los que haya una mínima coincidencia. Ahí quizá pueda originarse el conflicto, si es que este se llega a dar.

Se le oye decir al señor Casas que para él el toro es principal protagonista, se le escucha defender al toro por encima de todo y se adivina esa intención de que este se haga presente en la temporada madrileña. Pero, ¿qué entiende don Simón por lo que debe ser el toro? Que no olvidemos de dónde venimos todos, él y la afición de Madrid, que estamos hartos y asqueados de esas peroratas alabando al toro más encastado que nunca, al más bravo de la historia y al que más embiste desde que el mundo es mundo. Qué maravilla, ¿no? Pues no, si a lo que nos referimos es a lo de Daniel Ruiz, Garcigrande, Victoriano del Río los días de figuras, Núñez del Cuvillo y ese largo etcétera de hierros que todos tenemos en la cabeza y que como una condena, van casi siempre unidos a los nombres de esas figuras que con tanto primor están enterrando esto que llamamos Fiesta de los Toros.

Algo parecido ocurre con los matadores y lo que el señor Casas entienda por grandes carteles, a los que por otro lado pretende poner otros precios, más caros, claro que sí. Figuras que en muchísimos casos, por no decir en casi su inmensa mayoría, han subido a los altares de la mano de la prensa y de esos triunfos de bazar chino en las tardes de entusiasmo desmedido, a veces solo explicable por esos ríos de calimocho que fluyen en los autobuses de paisanos y partidarios de los toreros. Imagínense que deciden que me cobran cuatro pesetas más por un cartel con El Juli, Perera y Roca Rey. Para habernos “matao”. Si lo que a muchos les gustaría, si les dieran a elegir, es que ninguno de los tres vuelva a asomar por la plaza de Madrid mientras no se anuncien con toros; y para más inri, ¿me lo cobran más caro? Esto es de locos.

La rumorología viene contando desde hace tiempo que ya se tienen compradas no sé cuántas de Miura, Victorino de todos los hierros duros, pero duros de verdad, para dar gusto a la “majísima” afición capitalina. Por ahí vamos bien, pero que no me cuente que las van a matar primeras figuras, que al final será Ureña, Urdiales y cuatro más, que son los que las han matado siempre y a veces con suma dignidad, ofreciendo toreo del bueno y hasta cosechando valiosos triunfos. Que yo, personalmente casi prefiero que esto siga así, pero por figuras nos vienen los Ponce, Juli, Manzanares, Morante, Castella, Perera y los “emergentes” que tanto ilusionan a muchos. Eso sí, no se preocupen ustedes, que si piden explicaciones, se las van a dar, ya sea en nombre del arte de la tauromaquia, del arte sublime, de la personalidad de los artistas o de la artistología exuberante y si no, pues lo mismo se llevan gratis un corte de mangas, con arte, por supuesto.

Hemos pasado de enseñar los dientes a una sombra a ofrecer el cuello a quien ni tiene sombra, ni se refleja en ningún espejo, porque realmente es único, afortunadamente. Y es que esto es lo que tienen el ya empresario de la plaza de Madrid, que te habla, te habla, te habla y al final se le acaban entregando los auditorios y solo los muy bichos no pueden olvidar aquello de que a los aficionados hay que echarles de la Fiesta, aunque ahora se derrita en halagos a la afición de la capital mundial de la tauromaquia; de aquellas palabras tan ofensivas como cobardes en las que tiraba contra Joaquín Vidal, ejemplo para esa afición de Madrid, y al que, una vez que ya no estaba entre nosotros, se atrevió a tirarle dardos envenenados con el rencor que nace de la envidia y la mediocridad. Son cosas difíciles de olvidar, aunque ahora parece ser que quiere convencernos de otra cosa y que reflexionemos: Monsieur Casas, ¿lobo con piel de cordero?


Enlace programa Tendido de Sol del 20 de noviembre de 2016:


lunes, 14 de noviembre de 2016

Ni quito, ni pongo rey

Empezamos por citar y...


Ha habido ocasiones en las que he escuchado aquello de la torería de no sé quién, el empaque de no sé cuánto o el poderío de El Juli. Que no seré yo quien ahora me ponga a decir que no, aunque no es que me cueste creerlo, es que no puedo, por mucho que me esfuerce, pero ya digo que eso lo dejo de momento. Pero ya que uno se sujeta por ahí, tampoco me pidan que me quede quieto. Que luego pasa que uno se pone a enredar, que le mandan unas fotos dónde el maestro Juli está desplegando todo su jarte, todo su poderío y, ¿qué quieren que les diga? Pues que servidor no es de piedra y como todo el mundo, uno tiene sus debilidades. Así que en una de estas me llegaron tres fotografías en los que se podía ver esa idea del natural que el de Velilla vas desplegando por esas plazas del mundo.

Y uno, que anda en eso de aprender a ver toros, como aún no ha llegado a eso de la fluidez conceptual de la tauromaquia, como no lo vea, se me escapa a mi entendimiento y entonces, para apreciar todos los detalles mucho mejor, me puse a ver en qué se parecía el magisterio de El Juli a lo que mis mayores me contaron. Eso sí, como uno de los dos tenga razón, el de enfrente anda muy, muy alejado de lo que debería ser el toreo. Que ya digo que no voy a inclinarme ni por uno, ni por otros.

Si empezamos por la forma de citar, ahí ya empiezan a fundírseme los plomos. Siempre había entendido que el cite debería ser natural y sin forzar posturas más propias de contorsionistas tailandeses del circo Ringling. Que hasta he oído lo que se valora ese bajarle la mano a los toros, pero, ¿eso de bajar la mano no viene después, una vez que se ha metido al toro en la tela? Que hasta tiene más mérito eso de conducir la embestida de arriba a abajo y no guiar simplemente de abajo a abajo. Pero no me hagan mucho caso, que o bien mis maestros no se explicaban bien o es que servidor no se enteraba, que es lo más probable; y así sigo, que cada día me entero menos y menos y menos y... Lógicamente, para agachar la muleta y ponerla manteniendo la distancia de seguridad entre toro y torero hay que agachar todo el cuerpo, dándose origen al bonito fenómeno de la L invertida, más conocido como la alcayata; no traten de hacerlo en sus casas, pues puede resultar peligroso para sus lomos. Solo si lo hacen bajo la supervisión de un profesional, y de los buenos, de la fisioterapia, con una bote de kilo y medio de Voltadon, eso de los dolores musculares. Pero aquí no acaba todo, que luego está lo de ofrecer la muleta, que puede ser echándosela a la cara con gracia para que el animal se engatuse en las bambas de la pañosa o que groseramente se le ponga el pico por delante, con ese clavo tan feo que asoma en el extremo del estaquillador.



¡Ay, señor! ¿No me podía haber quedado quietecito? Qué lío esto de fijarse en las fotos de don Julián, pero en el pecado llevo la penitencia. Porque, ¿qué me dicen de eso de pasarse el toro por la faja, corriendo la mano y sometiendo al toro ofreciéndole la panza de la muleta? Pues a mí me dirán lo que quieran, pero al Juli parece que no se lo han dicho nunca. Porque si en el cite ya se apuntaba la alcayata, en la ejecución, y nunca mejor empleado este término, decía que en la ejecución del natural ya no es alcayata, ya es la ferretería Hnos. López al completo, con sus tres plantas y todas sus estanterías al completo. Aquí sí que venía que ni pintado lo de bajar la mano, pero no, seguimos con las agachaditas, las lejanías y ese feo y obsceno pico de la muleta. Que cómo en lo del cite, en lo de pasarse el toro aún es posible superponer las imágenes de lo que hace el maestro y de lo que me contaban mis maestros. Al menos aún se puede encontrar un eje a partir del cual se puede establecer esta odiosa comparación. Eso sí, en lo del remate del muletazo, eso es harina de otro costal.



Si el remate es abajo y hacia adentro, ¿cómo se puede casar con el pa’ fuera y a lo lejos? Pues la cuestión queda entre el “malamente” y el “imposible”. Que no hay problema, porque don Julián arregla con una carrerita lo que no solventa mandando con la muleta. Pero ya digo que cuándo me puse a intentar encontrar algún punto en común, un arranque del que partiera una forma y otra, un camino que luego se bifurcara, lo que hallé fueron dos carreteras con origen en mundos diferentes y muy distantes, una me recordaba aquellas autopistas norteamericanas en las que sus rectas se perdían en el horizonte sin tan siquiera asomo de curvas y la otra una de esas carreteras de montaña enredadas entre sus faldas en busca de la cumbre, rodeada primero de bosques y según va tomando altura, rozando las nubes con los labios. Pero no quieran ver en todo esto ni rastro de adoctrinamiento, pues a cada uno le gusta lo que le le gusta y por eso, ni quito, ni pongo rey.


Enlace programa Tendido de Sol del 13 de noviembre de 2016:

martes, 8 de noviembre de 2016

La juventud: los socorristas de la plaza

¿Y si de verdad se plantaran de frente y torearan de verdad? 


Uno se pone a pensar en lo que ha pasado en esta temporada, ya con un poco más de perspectiva, mirando el bosque algo alejado, sin esa sensación abrumadora que provoca la inmensidad de los árboles a tu alrededor. En la calma de los primeros fríos a uno le da por echar cuentas, ayudado, por supuesto, por las opiniones de los aficionados. Unos hablan del año de Roca Rey, el vendaval; de López Simón, el perejil de todos los guisos; o de las cosas, llamémosles excentricidades, de Morante de la Puebla; y ya como postre, del tocomocho de Casas a Taurodelta, que aún andan queriendo cobrar su billete de lotería premiado.

Que no faltan temas de conversación para el que quiera iniciar un rato de charla, pero también podría pensarse que ha sido el año de los jóvenes, porque interesaba que hubiera no sé si un cambio de nombres, pero sí más variedad, más lomos para aguantar el paso. Ya digo que quitando al Morante, que se las pinta solo para complicarse la existencia, los demás han vivido su temporada con un sosiego del que no gozaban hace años. Que aparte de que muchos ya los consideran un mal inevitable y con el que hay que convivir de momento, no han tenido que soportar ni grandes broncas, ni tensiones incómodas. Que no digo que en tal o cual plaza alguien les pegara tres voces aisladas, que eso nunca falta, pero luego no trascendía, el eco era solo silencio. El Juli ha seguido matando lo mismo de siempre con sus trucos de siempre, por no decir trampas; Manzanares ha seguido componiendo a su aire; Perera ha mantenido ese nivel de aburrimiento innecesario; Talavante navegando en ese estar entre dos aguas del bien y del mal; Y luego esa legión de inevitables que siempre encuentran el apoyo de la prensa, Castella, Padilla, Finito, Abellán y tantos y tantos, que a veces uno piensa que igual es por eso por lo que ahí siguen.

Por su parte, los jóvenes se han mantenido ahí en unos casos por el tirón de taquilla y por la aureola que se les ha creado a su alrededor y en otros por lo que parecía adivinarse que iban a ser, con el factor en común de ese comprensible deseo de querer ver caras nuevas. El caso más sobresaliente es el de Roca Rey, al que confieso que solo le he visto en la plaza de Madrid, bueno, como a todos, para qué engañarnos. Que me dirán que incluso aquí en las Ventas triunfó sonoramente. Bueno, bueno, si el cortar despojos es sinónimo de triunfo, pues estamos ante la reencarnación de Lagartijo el Grande, pero, ¿y si hablamos de torear? ¡Ay! Aquí algunos tenemos nuestros peros. Igual el joven Andrés no toreó tanto. Para algunos aún no ha llegado aún a torear, si como toreo entendemos echarse al toro, toro a la cara, plantarse, pararse y mandar en las embestidas, lidiando y pudiendo a sus oponentes. Aunque no les digo yo que estas ideas puedan estar un poquito pasadas de moda, que no digo que no, pero, ¿quién quiere ser esclavo de las modas? Pero ya digo, de repente las multitudes se mesaban los cabellos al ver como se abanica a un animal sacudiendo los trapos por su jeta, con la única condición de que el animal pasara. Cosas de la modernidad, si el toro pasa, se ha toreado, aunque vaya a su aire detrás de la zanahoria. No me dirán que no es buen colchón y animador de masas para que las figuras se pongan a su rebufo y aprovechando el tirón del entusiasmo generalizado, hasta recolecten sus adorados despojos, cebaderos de estadísticas mentirosas.

A pesar de ese destoreo vendavalístico de Roca Rey, quizá se pueda valorar el que al menos pueda ofrecer cierta diferencia con los demás, pero ahora díganme ustedes, ¿en que se diferencia lo que hace López Simón de lo que nos llevan años ofreciendo las figuras? Pues quizá habría que agudizar la vista como si jugáramos a lo de las “siete diferencias”. Pero claro, habrá quién me diga que a lo largo de la temporada le ha mojado la oreja a fulanito y menganito, pero como hace lo que todos, esos todos tienes armas para otra tarde coleccionar más despojos que el de Barajas o cualquier otro de su generación de “emergentes”. El problema se les plantearía si llegara uno y se pusiera a hacer el toreo pur, de verdad, el de siempre. Ahí vendrían las complicaciones, pues no sé yo si habría más de tres que pudieran aguantar el tirón. Tirón que por otra parte, quién primero tendría que aguantar sería el propio que viniera con esas formas. Y si no miremos el ejemplo de José Tomás, al que primero tacharon de loco, suicida, inconsciente y no sé qué barbaridades más, porque se ponía y manejaba los trastos cómo los demás no imaginaban. Al final ha optado, según parece, por un camino extraño y ya parece que no es nada de lo anterior y hasta le permiten alternar con alguno de los fenómenos del sistema.


Y no sé si merece la pena extenderse en otros jovencitos a los que se les valora el estar ahí, pero que poco más se puede decir de sus condiciones de torero. De acuerdo que el valor es una cualidad que hay apreciar, pero en su justa medida. Poco se puede decir de la decisión de Javier Jiménez, hasta de la disposición de Román o ese parecer que quiere de Garrido, pero, ¿y lo de torear? Pues a uno le salen toros de cortijo en Madrid y se limita ver como pasan de un lado para otro; el segundo no da para más que entusiasmo y aguantar ahí las consecuencias que traen consigo el no saber lidiar, que el animal va de bueno a malo y de malo a peor, pero el chaval se mantiene ahía a ver lo qué pasa; y el tal Garrido, que ya está comprándose la placa de “aquí vive un artista” y no tiene más recursos lidiadores que ponerse de rodillas o veroniquear al aire en el primer tercio del toro de un compañero. ¡Caramba! Estos vienen con el cuchillo entre los dientes, ¿eh? Pues será para extender la Nocilla en el pan o lo que es peor, para extendérselo a los maestros a los que no solo no molestan, sino que además les libran de la presión de estar en primera línea. Al final van tenerse bien ganado el título de la juventud: los socorristas de la plaza.


Enlace programa Tendido de Sol del 6 de noviembre de 2016: