lunes, 6 de abril de 2026

Gran mérito lo de aguantar en pie


Siempre se echa de menos al toro, pero cuando delante nos ponen animales que no aguantan un suspiro para mantenerse en pie, la cosa es mucho peor y desemboca en el mosqueo.


Será el pienso, será la falta de vitamina, que no tienen un coaching que les ponga hechos unos toros, nunca mejor dicho o que no les dan un buen tazón de colacao por las mañanas, pero vaya manta de flojos que ha mandado Martín Lorca y el sobrero de Escribano Martín; que no se aguantaban en pie y en el mejor de los casos, para aguantar, solo se defendían. Y dirá el otro que también se defendían por el instinto de la mansedumbre, pero todo con orden, que si no, se nos hacen los dedos huéspedes. Ya de salida daban síntomas de flojera, al tiempo que escapaban buscando la puerta de toriles. Luego en el caballo, ¿caballo? ¿Qué caballo? ¡Ah, sí, ese lugar en el que un señor le acariciaba con cariño con un palo largo, allá dónde pillara, a excepción del cuarto, que el pica estaba con ganas de barrenar... y barrenó. Que el más peleón del encierro tiraba derrotes o se dormía debajo del peto. En fin, que no creo que la de Martín Lorca y el parche pasen a la historia, ni que nadie la recuerde para darle un premio; premio para los que han aguantado a pie de piedra sin dar una cabezadita.

Si hasta los de luces parecían dormitar. Curro Díaz, de luto, desmonterado en el paseíllo, ha sido tratado con cariño desde el primer momento al taparse las cuadrillas en el callejón. Costaba ponerse estupendo con el torero en un trance como este, claro que costaba. Pero lo de ser cariñoso en una fecha tan señalada no quiere decir que haya que pasarse al lado opuesto, al de que todo es maravilloso y todo es toreo grande. No ha sido así, por mucho que alguien quiera convencernos o convencerse de lo contrario. Aunque quizá si ha habido enganchones, la muleta atravesada o muletazos sin rematar sea lo se menos, porque lo verdaderamente importante estaba muy lejos del ruedo y del ánimo de la plaza de Madrid. Solo desearle que vuelva y entonces ya hablaremos de todo, claro que sí, el torero se lo merece.

Sus compañeros estuvieron a la altura del ganado, bajo mínimos, aunque por momentos daba la sensación de que se estaban creyendo cualquier cosa que no era, una realidad paralela en la que esperaban los olés y glorias a su quehacer. Rafa Serna cuidó a su primero como se cuida a un rorro de meses, lo cual está muy bien para una criaturita, pero para un toro de lidia resulta sonrojante y profundamente irritante y más si se pone a pegar trapazos a la bola de sebo y para colmo no puede con él. Que ya tiene delito no poder con un alma en pena con cuernos. A su segundo, como al primero, hay quien asegura que lo picó, pero fíense ustedes de lo que se dice por ahí. Que también hay quien dice que apenas les rozaron con el palito largo. Ya en el último tercio se espabiló con unos trallazos como alaridos en una chumbera. Le dio distancia y venga trallazos con la muleta al bies. Por el izquierdo aún peor, sin poder con aquel moribundo y sin saber por dónde se andaba, bueno, sí, siempre fuera.

Y cerraba Diego San Román, al que le echaron a los corrales a su primero, ya con banderillas en el lomo, que no es que estas le dañaran hasta el punto de impedirle andar, sino más bien porque el señor presidente debió pensar que si aguantaba un poco, igual nos le colaba y santas pascuas. Pero no coló, como quizá tampoco debería haber colado el que en principio era el sexto y que salió como tercero al correrse el turno. A pesar de los capotes al cielo, el animalito tenía que hacer verdaderos esfuerzos para aguantarse sin rodar por la arena. Pero San Román debió pensar que era lo que llaman el toro mexicano y allí se lió a pasárselo por el sacro, vulgo culo. Y venga y otra vez y otra y... y el animal que exhibía una calmada embestida acemilar, tenía que aguantar trapazos con el pico, venga enganchones, después venía lo de acortar las distancias y mostrar que la vulgaridad es ilimitada, siempre puede ir a más. Muleta retrasada, sacando el pico, trapazos de uno en uno, ahora me pongo de frente para lo mismo y dos avisos por su torpeza con la espada. En sexto lugar salió el sobrero de Carmen Valiente, un alegre corretón al que lanceó San Román siempre rectificando. Un primer tercio para no contarlo, sin picar, por supuesto y quite por gaoneras, para hacer que el toro rodara por el suelo. Y como fin de fiesta un inacabable repertorio de trapazos rebosantes de vulgar sosería, recolocándose constantemente, abusando del pico y que no se cansaba, que no veía el final. Que el pobre animal no hacía por el torero por falta de energías y para rematar, unas bernadinas, o una, una antes del desarme. Vaya colofón para una tarde poco o nada soportable, con mucho público foráneo que no parecía saber dónde estaba y lo mismo se te levantaban para ir a por una fanta, que para probar un sitio veinte localidades más allá y otro otras veinte más acá, que lo mismo aplaudía, que al segundo daba palmas de tango. Una tarde de mérito, sobre todo para el ganado, que ya saben que para mérito, mérito, gran mérito lo de aguantar en pie.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html