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| Excavando un túnel, pero no parece que este mozo sea un tunelero |
Anda que no se está hablando últimamente de eso de los
tuneleros, los que torean por menos de lo estipulado, muchas veces por cuatro
chavos, corriendo el mismo riesgo que si cobraran todo el oro del mundo, pues
el peligro no decrece de la misma forma que lo hacen los dineros que se cobran
al final. La cosa no está bien, pero hasta puede llegar a ser comprensible en
algunos casos, sobre todo cuando se trata de toreros que torean poco o nada y
que se convierten en víctimas de las malas artes de un empresario, un alcalde
que actúa como tal o el concejal de festejos correspondiente. Es complicado
emitir una opinión sobre todo esto, pues hay circunstancias que pueden
justificar esto del “tuneleo”, igual que hay otras que lo hacen especialmente
sangrante y despreciable. ¿Qué puede hacer un torero, de plata o de oro, si le
ofrecen menos festejos que dedos tiene una mano? Un torero que mantiene una
ilusión, pues tampoco se puede decir que viva del toro. En el lado opuesto nos
podemos encontrar el que torea, pero quiere más y más, llegando incluso a
ofrecerse por menos dinero, incluso pidiendo que quiten de en medio al
compañero que se eligió en primer lugar, que dicho sea de paso, puede ser de
los que torean dos días al año, si llegan. Qué casos tan opuestos.
Podríamos dejar todo esto en manos del libre mercado, pero,
¡jajá! todos sabemos lo que eso significa, desamparar a los de luces y dejar
todo al albur del empresario. Mal arreglo tiene y el que podría servir no es
muy del gusto de los taurinos dominantes. La solución es la transparencia y así
todos sabríamos quienes son los piratas y hasta se podría intentar apartarlos y
que nadie contratase con ellos mientras no respeten las reglas y mientras
mantengan deudas de larga duración con los profesionales del toro, los que
salen al ruedo y los que crían el toro. Y que conste que esto también sería de
aplicación para los que exigen poner dinero para torear, comprar un cuantioso
lote de entradas. Pero quizá nos estemos complicando ya demasiado para esta
entrada. Como decía antes, no parece que esto tenga buena solución. Y si a esto
añadimos el carácter cambiante de la gente del toro, que hoy te llama tunelero
y que mañana te hace un homenaje para intentar arreglarte el futuro ennegrecido
por un desgraciado percance. Pero es que afortunadamente, todavía los hay con
conciencia. Quizá esta sea una de las pocas actitudes heredadas que sobreviven
en el toro, aunque también hay las deshonrosas excepciones.
Cuánto han cambiado los valores en el toreo, lo que antes
era tomado como palabra divina, ahora no sólo no se toma en cuenta, sino que es
despreciado por el taurineo y tomado como una ofensa imperdonable. ¿Cuándo se
habría pensado que un torero se encarara con el público o el presidente de una
corrida, que de forma sistemática se dedicara a menospreciar y tratar de
indeseable a los aficionados de una plaza, simplemente por manifestar su
descontento o desacuerdo con lo que sucede en el ruedo, con los abusos en los
corrales, la mentira que muchos han asumido como su forma de hacer o el
sentirse simplemente atracados. Resulta curioso comprobar en un caso concreto
eso de la inversión de valores.
Si uno pregunta a un aficionado de Madrid qué es lo mejor de
la temporada capitalina en curso, es muy fácil que afirmen que las tardes que
nos brindó la cuadrilla de Javier Castaño, sencillamente porque tanto ellos
como su matador, han tomado el camino de ofrecerle verdad al espectador. Que si
nos ponemos a juzgar con un mínimo de minuciosidad, seguro que tal día o tal
otro, no merecieron tanto premio, pero no se trata ahora de juzgar eso, la
cuestión es la actitud de estos toreros, la generosidad, entrega, ganas de
hacerlo bien y el afán por mostrar el toro al aficionado. Pues imagínense que a
muchos compañeros, lo de Castaño y su cuadrilla les parece un circo, con sus
payasos y todo, porque según dicen algunos, perjudican a sus compañeros. Tal
cual. Aseguran que lo que buscan es el aplauso del público y ganarse a la
gente. Pues muy bien, ¿no? ¿Ustedes que prefieren, el me parto por la mitad con
retorcimientos viendo pasar el toro allá a lo lejos o esto? Incluso les acusan
de tuneleros, algo que desconozco y que en caso afirmativo les aplicaría lo
dicho más arriba.
A ver si lo logro entender, el intentar hacer la suerte de
varas dándole la importancia que tiene, sin que sea un mero trámite, el
intentar darle la lidia que le corresponda al toro y e lucir en el segundo
tercio, es un circo y una falta de compañerismo. Igual es que ahora hay que tapar
a los incompetentes, que el público no se dé cuenta de tanto torero incapaz y
mentiroso, no vaya a ser que no se le contrate o que tenga que cortarse la
coleta. Eso sí, todo esto a costa del que se pasa por taquilla y paga su
entrada religiosamente. Ya en otras ocasiones he comentado las limitaciones que
veo en Javier Castaño, pero según parece, a muchos les llena más el esperar a
que un señorito despliegue su arte con una mona una vez cada mil, que no la
entrega tarde tras tarde y ante el toro. Que puede que a nadie le guste más el
toreo artista que a mí, pero eso, el toreo artista, no la caricatura con
apariencia de arte, delante de un mojicón con cuernos. Vemos payasos cuando un
señor encuentra toro en cualquier sitio del ruedo, evitando mil un capotazos,
pero vemos arte y expresividad en que un señor se líe a pegar alaridos delante
de un peluche de la tómbola en una plaza de tercera. Se ofenden una barbaridad
cuando un señor se lía a pegar mantazos y alargando la faena innecesariamente
provoca las protestas del público, al que se tilda de maleducado, irrespetuoso
y se le acusa de querer que el toro hiera al hombre. Pero nada dicen del
desprecio al que someten al que paga, ignorando sus gustos y preferencias,
porque su obligación es aplaudir todo. Eso sí, les otorgan su derecho a
protestar, una vez se haya acabado todo; qué generosos, nos vamos a cenar a
casa y a la medianoche volvemos a la plaza para protestar por un novillo que
quieren hacer pasar por toro, por robarnos el tercio de varas, por la mala
colocación durante la lidia, incluso con el riesgo que esto supone para los
compañeros, por danzar a dos metros del toro, por asesinarle de un navajo y
porque la cerveza está cada día más cara. Pero bueno, son tantos los disloques,
que igual algún día tendríamos que hacer un ejercicio de tauromaquia comparada.
Mientras, seguiremos censurando a los tuneleros avariciosos y arrastrados,
mantendremos nuestras dudas sobre los que actúan poco o nada y seguiremos
esperando a Javier Castaño y a eso que dicen que es un circo, su cuadrilla.
