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jueves, 10 de noviembre de 2011

Esplá habla claro

¿Qué toros estarán esperando a salir en Madrid en 2012?


Si hay pocas cosas que estén claras en esto de los toros, una de ellas es la claridad con la que suele expresarse, vamos como para no dejar lugar a dudas. Pero esa claridad y esa ausencia de dudas en lo que dice, sí que ofrece un trasfondo en clave que hace desconfiar al más pintado. Nadie puede dudar de la carrera del maestro de Alicante, pero si miramos de reojo a la temporada de su despedida y a los penosos espectáculos que protagonizó en algunas plazas, pero que le sirvieron para obtener sus buenos beneficios, puede hacernos pensar que ha vuelto a hacer de tripas corazón, con tal de colocarse en un puesto acomodado.

A priori el matrimonio, o unión de hecho, Casas- Esplá, es de esas que hacen mirar para otro lado tapándose la nariz y a la que se le augura un escaso porvenir. Pero ya ha habido otros enlaces por conveniencia, como aquel “imposible” de Morante y Curro Vázquez, que fraguó con una buena morterada de euros. Y dicen que el dinero no da la felicidad, pues hay algunos que guardan muy bien las apariencias.

Ahora resulta que puede muchos más ese espíritu innovador del señor Casas que los desmanes que ha perpetrado en Valencia o Nimes, hasta convertir esas plazas en una caricatura de lo que debían ser. La verdad que la jugada del señor empresario le sale redonda; prepara el asalto a Madrid parapetado detrás de un torero querido por las Ventas y al que se le ha consentido todo, precisamente por la honrada trayectoria del maestro Esplá, quien siempre dijo las cosas como las sentía, arriesgando muchas veces el verse excluido de los carteles, a pesar de habérselo ganado en el ruedo, como digo en el inicio, Esplá habla claro. Lo que ocurre en esta ocasión es que a lo mejor esa claridad de sus palabras precisa una exhaustiva aclaración de los motivos que le han llevado a ir de la mano del señor Casas. Ese que no ha dudado en enfrentarse “valientemente” contra la memoria de Joaquín Vidal, sobretodo ahora que no se puede defender de las difamaciones que el empresario galo ha dirigido hacia su quehacer como periodista y aficionado. A ver como se ponen de acuerdo cuando tomando café uno rememore las crónicas recibidas tras una tarde de toros por los ruedos del mundo y el otro afirme que todo era mentira y que era el principal cáncer de la fiesta. ¿Entonces, cómo se come eso de llevar en su comando para asaltar Madrid a un torero fraudulento? Menudo sapo ¿verdad?

Pero tranquilos, nada hay que no curen unas buenas friegas de alcanfor y una tisana, mientras se cuentan los fajos de billetes. Si es posible de a quinientos, para que la tarea no resulte demasiado pesada. Pero si la empresa progresa según esperan, ¿qué cara pondrá Esplá cuando vea salir por los chiqueros de Madrid una legión de borregas fofas y desmochadas? Pues igual se le revuelve el gusanillo y decide volver a vestirse de luces. ¿Y cuando vea la longitud de las cifras de los talones para pagar a las grandes figuras de la tauromaquia 2.0? Porque no hay que olvidar la fidelidad y hasta idolatría que profesa el señor Casas a estos “maestros”.

Hay que ver lo que puede el dinero, que es capaz de hacer que uno se trague su orgullo y que empiece a ver la realidad de otro color, del color de los billetes, pero ojo, que si las cosas no salen como el público desea, seguro que volverán la cabeza hacia el aposento del maestro, con cara de circunstancias, de incredulidad, esperando explicaciones y deseando, entonces sí, que Esplá hable claro.

martes, 15 de diciembre de 2009

Maestro Esplá, estoy hecho un lío


Estoy hecho un lío y me gustaría que alguien me lo resolviera, bien el maestro Esplá o cualquier otro que sepa entender el mundo de los toros. Ya comenté anteriormente mi opinión sobre la famosa y cacareada entrevista de Tendido Cero al maestro de Alicante. Recuerdo que una de las quejas de éste era, según su parecer, el excesivo volumen del toro actual y su escasa movilidad y casi llegué a interpretar que los matadores del momento son más víctimas que nadie y que no están a gusto con este cambio del toro. Entonces la demanda del profesional es la del toro no demasiado grande, bravo, con movilidad e incluso con alguna que otra complicación ¿no? Pues no. Y la prueba evidente es lo que vivimos en estos días y lo que llevamos viviendo desde hace años. Leemos, además de la desaparición del hierro de Atanasio, la de la amenaza bajo la que está el encaste de Coquilla, y más concretamente el hierro de Sánchez Fabrés. Un toro no demasiado voluminoso, corto de cuello, y con nervio, pero al que no se ha apuntado ninguna de las figuras, no sólo ahora, sino desde hace años, demasiados. Y esto es condenar a muerte a una ganadería, porque como en todo en la vida, el toro bravo se va modelando poco a poco, se va viendo y se corrige y mejora a partir del examen que supone la lidia en la plaza. Habrá quien me diga que eso también se puede hacer en el campo, en plazas y con toreros de menor categoría, pero también es comprensible el hecho del desánimo que produce el no ser reconocido, aparte de que todo esto se tiene que cimentar sobre una cierta holgura económica. Porque una cosa es la afición y otra que ésta te lleve al suicidio y a la ruina. Y tampoco es lo mismo “atorear” en Centrifuelles de Arriba, que en Madrid, Sevilla o Valencia por poner un ejemplo.

Otro ejemplo de esta ausencia de demanda, por decirlo con delicadeza, son los santacoloma, bajo cualquiera de los hierros que se han anunciado. Los Flor de Jara de hoy son los herederos de aquellos que como mucho han visitado las plazas de segunda y que vienen asiduamente a Madrid en novilladas que descubren a los novilleros que quieren ser algo en el mundo de los toros y a los que sólo quieren pasar el rato o entrar en alguno de los círculos de poder de la fiesta. Seguro que el maestro Esplá sabe de las dificultades de estos cárdenos no muy grandes, pero con un corazón de bravo enorme. Pero la generalidad es que la gran mayoría de los matadores actuales no sólo no han matado casi ninguna corrida de Miura, Pablo Romero, Albaserrada, en cualquiera de sus hierros, o Santa Coloma, si no que además esto que en otros momentos podía ser un motivo de vergüenza, hoy en día lo es de orgullo.

Con estos dos ejemplos tan pequeños como simples, vemos que una cosa es lo que todos, incluidos toreros, empresarios, taurinos o aficionados, decimos y otra lo que hacen todos los que viven del toro. Una cosa es predicar y otra dar trigo, como dice la sabiduría popular. Eso sí, si todas estas cosas nos las dicen muy serios, delante de una cámara de televisión y con un gesto de sincera que abruma, casi podemos llegar a creernos estas coartadas que sólo valen para seguir con ese trágala que está carcomiendo los fundamentos de la fiesta. Pero seguro que volveremos a escuchar al maestro Esplá o a cualquier otro maestro que tenga un don de la palabra parecido y tendremos que volver a pellizcarnos para caer en el embrujo del canto de las sirenas.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Aficionado, ese gran ignorante


¡Qué lástima que en la fiesta de los toros haya aficionados! Si escuchamos a profesionales y taurinos en general, nos damos cuenta de que quieren una fiesta en la que no haya nadie que se interese por ella más de la cuenta, no vaya a ser que descubran lo que no hay que descubrir. Estoy siguiendo con mucha atención el folletín/ entrevista del maestro Esplá en Tendido Cero, el único programa de toros en la televisión pública, del que yo particularmente podría prescindir, porque, para enfadarme, ya encuentro motivos yo solito.

Pues bien, si se escucha con atención, a parte de apreciar su conocimiento de esto de los toros, también podemos ver cómo arrima descaradamente el ascua a su sardina, siempre con la estimable colaboración de su peón de brega, el señor entrevistador, que le hace las preguntas para dejárselo a huevo, como diría cualquiera. En esta entrevista resulta que el toro ha cambiado no por culpa de las exigencias y abusos de los matadores de hoy en día, sino porque el público sólo quiere ver kilos, lo que se convierte en la principal causa del aborregamiento del toro, que, por otro lado, hoy en día es bravíiiiiiiisimo. Eso sí, si por bravísimo, según interpretación propia del que escribe, hay que entender que va y viene y entra en la muleta como un cordero, olvidándonos si ha cumplido en el caballo o no. Por eso no dudó el maestro Esplá en pedir la vuelta al ruedo al toro de su triunfo la última tarde de Madrid, aunque en el caballo no diera muestras de merecer tal honor.

Eso del peso es una mentira, y muy gorda. El aficionado, ese eterno ignorante, no quiere kilos, quiere trapío y eso que él decía, cara de mala leche, cara de hombre. Vale que el señor sea bajito, calvo y sin muchos kilos, romana como dicen los que saben, pero que tenga cara de decir: “Ven aquí si tienes… valor”. Algo parecido a lo que ocurre con los santacolomas, como muy bien apuntaba el maestro Esplá, pero si a Madrid se trae ganado de esta ganadería con carita de niño, pues estamos en las mismas y si el trapío no acompaña, pues apaga y vámonos. Pero es que hay otro detalle que no conviene olvidar y es que para ver el trapío del toro hay que verle los ojos. Pues antes de la corrida se hace una rueda de reconocimiento y ya está. Algo parecido a lo de ir a ver las corridas al Batán, pero con un cristal de por medio y con la seguridad de que el toro no nos va a esperar a la salida. Según esto, igual lo de exponer las corridas antes de ser lidiadas no era mala cosa, pero puede que esto, como esa absurda costumbre del aficionado madrileño de ir al apartado, sea dar demasiadas pistas al que casi sólo tiene el derecho de pasar por taquilla y dejarse sus buenos euros.

También se tocó el tema de los años del toro, y resulta que se debería volver a la lidia de utreros, como los sabios e ignorantes aficionados de antes denunciaron en innumerables ocasiones. Pero la tecnología punta que hace que el toro se haga mayor antes de tiempo es lo que nos condena a no poder disfrutar del toreo clásico. Tan buena es la crianza que hoy en día desarrolla una arboladura demasiado grande para poder ser toreado y lidiado con arte, lo que obliga a las pobres y resignadas figuras del toreo a vaciar las embestidas allá a lo lejos, a hacer un toreo de tiralíneas y en consecuencia a torear a distancia, con el pico de la muleta y descargando la suerte. Pero ¿qué me cuenta maestro Esplá? Eso sí en lo que probablemente tiene razón es en eso de que las cornadas de ahora son más fuertes que las de antes. Lógico, si el toro es un marmolillo parado, cuando tira el derrote lo hace con más certeza que si lo hace a la carrera. A esto también hay que sumar el desconocimiento de la lidia de los “toreadores” actuales y la apatía de la peonada y compañeros de escalafón que durante la lidia están más pendientes de sus cosas que de lo que pasa en el ruedo.

Pues señores maestros y taurinos, ya que son ustedes los que realmente saben de esto, no sigan pasando penalidades, ni hagan caso al ignorante aficionado que no sabe lo que quiere, ni lo que pide, y sigan sus instintos artísticos, exigiendo un toro encastado, que se mueve por el ruedo yéndose detrás de todo lo que se mueve, que empuje en el caballo, al que entre como mínimo tres veces y que pida cuenta a todo el que no sepa los secretos de la lidia del toro bravo, de los terrenos y del comportamiento propio de cada encaste, tal cual lo hicieron otros que, aunque no toreaban tan bien, ni eran tan grandes como los maestros de hoy; aquellos pobres ignorantes como Camino, el Viti, Puerta, Rafael Ortega, Domingo Ortega, Manolo González, Pepe Luís. ¡Cuánto ignorante vestido de luces!

Y para completar el disparate no quiero olvidar la referencia a El Fandi, al que, según los bien documentados presentadores de Tendido Cero, hay que valorar como el maestro que es. Pero resulta que el aficionado siempre ignorante no es capaz de apreciar lo que lleva dentro. Pues si lo bueno está en el interior, ¡pélalo! Como decía el chiste. Yo de momento no llego ni a ser ese aficionado ignorante que no se entera de nada, pero ya me gustaría alcanzar esa categoría, ya me gustaría.