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miércoles, 19 de marzo de 2014

Quedémonos con lo positivo


El toro se vuelve para buscar algo positivo, pero el principal tiene que ser él, si no, no hay nada que rascar.

No sé si habrá alguien que no esté harto, cansado y aburrido de esta corriente de negativismo que azota el mundo de los toros y de la que tanto se duelen los taurinos. Todo esta mal, el presente mal, el futuro mal, lo que podría ilusionar a todo lo más despierta recelos, todo se pasa bajo la lupa de la desconfianza, ya vengan Joselito y Belmonte y se vistan de luces otra vez, los aficionados siempre pensarán que aquí hay gato encerrado. Hay que buscar lo bueno, como que por ejemplo ya ha empezado la temporada, que la torería estará estrenando los ternos que encargó para este nuevo año de Toros. El Toreo es una de la disciplinas que más belleza pueden ofrecer al espectador, en emoción no sé si puede existir algo que pueda superarlo, un caudal de sensaciones imposibles de canalizar, una fiera que no se puede domesticar, porque te puede arrollar. El toro, símbolo de la bravura, la casta, la nobleza, la fiereza, la fuerza, que la inteligencia del torero transforma en arte efímero y supremo. ¿Cómo que no hay nada positivo en los Toros? Pero a pesar de todo, somos muchos los que no sabemos salirnos de esa senda de lo negativo. Me recuerda aquel entrenador de fútbol que se quejaba “Siemprrre negativo, nada positivo”. Ahora le entiendo.

Pero, ¿qué nos empuja a dejarnos envolver por esta atmósfera de negros presagios, negro presente y negros horizontes? Quizá hay cierto paralelismo entre el Toro y otras parcelas de la vida. Ustedes me dirán en casos como el de Siria, ¿es que no hay nada bueno? ¿No ha y allí nada más que la guerra? ¿Verdad que sí? Tiene que ser un país maravilloso: Damasco, la ciudad que ha sido poblada durante más tiempo ininterrumpidamente en el mundo; Alepo, la más antigua de la actualidad, los castillos de los tiempos de los Cruzados. Pero no, nos centramos en las bombas, los millones de niños que pasan hambre y sufren la enfermedad sin posibilidad de recibir asistencia médica, los millones de refugiados, las crecientes cifras de muertos, las casi nulas posibilidades de encontrar una solución al conflicto. Con tantas cosas bonitas que habrá en aquellas tierras. ¿Y qué me dicen de nuestro país? España es una belleza en sí misma, no creo que nadie vaya a contradecirme, con una cultura, una historia, una riqueza monumental, sus tradiciones, el clima y tantas cosas más que son la envidia en todo el mundo. Pero no, ahí dale que dale con que hay seis millones de parados, con que la pobreza se extiende a marchas forzadas, con la pérdida de derechos, la corrupción presente más presente que el sol y más dañina que la peste, el desmantelamiento de la Sanidad y la Educación Públicas, una Justicia al alcance del que pueda pagarla, gobiernos inoperantes, etc… Sólo se quiere ver lo negativo. Y no hablemos de Venezuela, un país que es el paradigma del Edén, con una naturaleza apabullante, riquezas inagotables, una cantera de bellezas y triunfadoras en los certámenes de Miss Universo, Boris Izaguirre y el país con mayor variedad de aves en el mundo. Pero como lo que nos interesa es lo malo, nos paramos en que el pueblo está partido en dos, que el poder oprime a toda la población, aplasta a los opositores y si se hace necesario, se elimina al que molesta. Crece la cifra de muertos en los enfrentamientos entre partidarios de uno y otro lado. Ya se lo digo yo a mi amigo Haroldo, chico, olvídate de tantos problemas y disfruta de la vegetación exuberante, de los cielos azules y de ese clima tropical envidiable. Fuera penas.

Y qué me dicen ustedes, que ahora resulta que el señor Urdangarín es un delincuente. ¿No tiene otras virtudes? Claro que sí, porque aparte de ser una persona culta, educada, bien parecida, fue medallista olímpico defendiendo la camiseta de España. Pero no, eso no cuenta, lo único que vale es que dicen que un juez dice que ha hecho cosas poco honorables. Como el señor Bárcenas, antes amigo de todos, un señor amable, bien peinado, que sabía disfrutar de la vida y ahora todo eso era malo. Una injusticia, él que tanta felicidad y alegrías repartió, y mira el pago que ha recibido. O Julián Muñoz, con los buenos ratos que hizo pasar a los fans de los programas de periodismo de investigación en las sobremesas de Tele Cinco, con sus chascarrillos, sus pantalones de cuello vuelto, ese bigote que parecía querer esconder esos colmillos que asomaban por debajo. Siempre lo negativo, nuca lo positivo.

Pues lo mismo que en los Toros, nos quedamos con la parte fea y obviamos la luminosidad y la pasión que se desborda en una tarde de toros. Hala, mejor nos quedamos en que el toro imperante es un animalucho bobón de presencia infame, que algunos hasta le llaman el medio toro. El fraude se ha instalado como si fuera a quedarse para siempre y los taurinos no paran de dar pasos para institucionalizar una vergüenza que quieren vestirnos de grandeza. Unos toreros incapaces que sólo se ponen delante del toro que ellos y sus mentores han impuesto, mandando al matadero o al ostracismo a ganaderías alas que no saben por dónde meterles mano. Una prensa sumisa y servil, que se pliega a los deseos de los poderosos, queriendo hacer ver una realidad mentirosa y satanizando a los que no están de acuerdo con esta fantasía infame. Que si los toros con fundas se desmochan con que les venga una brisa del mar; que si la suerte de varas está desaparecida de facto, aunque todavía salgan unos señores subidos en un penco con faldas; ese toreo desnaturalizado, adocenado y de una monotonía desesperante; unas figuras engreídas y endiosadas que exigen respeto como el que exige una tapa con una cerveza, con la salvedad de que estos ni piden la cerveza. Así estamos, por estos y otros muchos motivos, hay gente que lo ve todo negro y aparte de no disfrutar ni una gota de ilusión, hay que aguantar al típico “Encantado de haberse conocido” que te suelta eso de la evolución, de que es lo que el público demanda, que si el arte que harta, la técnica y la madre que parió a Panete, que te quites los cristales de la negatividad, aunque a veces uno no sabe si con tanto buenismo y tanta pretensión de darle la vuelta a las cosas y convertir lo malo en bueno, ¿no parecemos idiotas?  Pero nada siempre aparecerá quien te aconseje… “Quedémonos con lo positivo”.

PD.: De momento estoy queriendo digerir los carteles de San Isidro 2014, a ver qué encuentro de positivo.