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lunes, 27 de diciembre de 2010

La bomba del Grupo de los 7



Al fin, parece que la realidad ha sacudido a los jerifaltes del toreo y éstos, junto con José Tomás, se han dispuesto a tomar de una vez por todas el toro por los cuernos y, de una forma resuelta, tomar una decisión seria que ayude a impulsar la fiesta. Parece ser, según he leído en algún blog, que el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid ha filtrado lo avanzado de las negociaciones para que la próxima feria del Aniversario se dote de un contenido que perdió al año siguiente de este tantas veces denostado invento.

Según se ha podido saber, la feria constará de cuatro mano a mano entre los ocho matadores, más dos corridas más de cuatro matadores cada una, siendo siempre los toreros ya mencionados. Todo parece que nace de una de esas reuniones entre toreros y empresarios tres recoger un guante que generosamente lanzó Simón Casas, con el único objetivo de relanzar la fiesta con un bombazo como este.

Lógicamente, ante un hecho así no han podido sustraerse ninguno de los estamentos del mundo del toro y como no podía ser de otra manera, también se han sumado varios ganaderos. Se barajan los nombres de Victorino, Victoriano del Río, Palha, Adolfo Martín, Dolores Aguirre y si tiene una corrida para Madrid, Moreno Silva, o en su defecto una de Coquilla de Sánchez Fabrés

Muchas veces hemos dudado del amor a la fiesta de las figuras, de que los ganaderos se esconden y de que los empresarios sólo buscan “arrebañar” y llevárselo, pero en esta ocasión creo que todos, igual que ellos, debemos hacer un ejercicio de humildad, darles un voto de confianza, agradecerles el gesto y apoyarles. Ya era hora.

martes, 2 de noviembre de 2010

¡Había una vez… un circo!



Adrián, va por usted
Un circo que repartía alegría y felicidad a diestro y siniestro. Un engendro entre el “Circo de Manolita Chen”, por su casticismo, y el “Cirque du Soleil”, por eso de no incluir fieras en su repertorio. Allá por febrero y marzo nos amenazaban con su nuevo montaje para la temporada: “Tauromágicos”. Ahora lo ves, ahora no lo ves y ¡tacháaaaan! te la vuelven a colar.

Si hacemos caso a los profesionales y especialistas del volatín, cucamona y malabarismo, el éxito no ha tenido precedentes. No hay que tener en cuenta que entre Sevilla y Madrid se sumaran casi sesenta funciones entre abril y mayo y que el público se aburriera y en ocasiones se cabreara como una mona. En Sevilla irrumpió un tal Oliva Soto al que el respetable acogió entre grandes esperanzas, pero al que los empresarios y artistas de este circo de “Manolita Soleil” le mandaron ipso facto a limpiar la jaula de los elefantes. Parecido a lo que en Madrid sufrieron dos secundarios de la función, un tal Arruga y un tal Casanova, que un poco más y les destierran al oasis de Siwa.

Pero estaba muy pensado este tinglado de “Tauromágicos” para que no se consiguiera que saliera bien. La gran estrella del trapecio Pinito del July iba a demostrar lo que se puede hacer con un trapo y un palo en la mano. El hombre que más vueltas da en rededor suyo sin perder el sentido, al compás de un animalillo que va detrás de una tela de color rojo. Y no acaba ahí la hazaña, porque este mismo ejercicio ha sido capaz de repetirlo en varios escenarios, sin cambiar ni un punto, ni una coma. Cada ejercicio era un clon del anterior. Eso sí que es para enmarcar. Una vuelta y otra y otra más, hasta conseguir hipnotizar a toda la concurrencia. Bueno a todos no, había algunos que decían que tenía truco, ¡sabrán ellos! Que bajen ellos a dar esos volatines veleteros sin tan siquiera tambalearse.

Aunque no ha sido éste el único genio que ha esparcido su magia por el mundo. ¿Quién se puede olvidar de la velocidad de las frenéticas carreras del Fandi…ni. Directamente del circo de Monza, para todos los públicos de España, Francia, Portugal y América. Velocidad y precisión perfectamente conjugadas. El grande, la reencarnación del hombre bala, capaz de alcanzar unas velocidades estratosféricas y además atinar en lo alto del lomo de un animalito, negro generalmente, que no llegaba a ver de donde le caía el rayo de su arte.

Los increíbles 7 Grandiosos, o como se anuncian por ahí, los G7, los acróbatas más esperpénticamente acoplados en pos de un interés común, común a ellos solamente, pero común. Con sus ejercicios de prodigiosa elasticidad para encajar donde les pongan y su increíble capacidad para obnubilar hasta a los señores ministros del gobierno. Ahora estoy aquí, pego un salto con un escalofriante volatín y me planto en el Ministerio de Cultura en un abrir y cerrar de ojos; que ahora estamos con la ministra y ¡voilà! Pues ahora me planto en un hotel cercano para dar una rueda de prensa casi en la clandestinidad y sin que se note que les acaban de dar una larga cambiada digna del mismísimo Rafael el Gallo. Y que conste que en estas giras de entrevistas osan actuar sin red. La lástima es que estos “shows” sólo son para disfrute de unos pocos privilegiados, ministros, ministras y otras autoridades de alto nivel.

Y todo esto vigilado por el ojo que todo lo ve, con la majestuosidad propia de los elegidos, por aquel que este año ha celebrado que ha alcanzado la cifra de… ¿de cuántas? No sé, pero han sido muchas corridas del Maestre Ponce, el califa de Chiva, el que ha reinventado las artes circenses, el que ha conjugado riesgo, arte, estética y un excelso sentido de la precaución.

Luego también ha habido algunos que no podrán tener nunca el privilegio de actuar bajo la carpa de este “Cirque du Chen” y nunca serán adornados con el título de Tauromágico, esos son un tal Mora, un acabado que hay que apartar, un nefasto Cuadri, que pretende criar un animal poderoso, con presencia y que se ha acercado mucho a un espécimen que llamábamos toro de lidia, Frascuelo, ese que sólo hace gracia a unos absurdos de su pueblo, Madrid y otros que han ido sobreviviendo en este circo como han podido y que en una tarde, acompañando a ese acabado de Juan Mora, puede que se hayan autoexcluido, Curro Díaz y Morenito de Aranda. Y que conste que no me he olvidado de ese José Tomás, pero una mala tarde la desgracia nos lo quitó de repente para el resto de la temporada. Habrá que esperar todavía más de lo que llevamos esperándole.

Como guinda y plato fuerte, no podían faltar los payasos, pero cosas de las modernas performances, éstos no saltan a la arena para hacer las delicias del respetable. En el Cirque de Chen al Soleil, los payasos son los que están en los tendidos y a los que se le quiere cerrar la boca a toda costa; hay que tener en cuenta que en un espectáculo de alegría, jolgorio y titiriteros no caben unos vociferantes señores que se empeñan en descubrir el truco, por muy evidente que este parezca. Eso sí, en el momento en que entregan su dinerito al dueño del local, no le ponen ninguna pega y es más, le intentan convencer de que ya no va a haber más trampa y que lo que van a ver va a ser “El mayor espectáculo del Mundo”.

No sé, pero visto lo que ha dado de sí la gira de “Tauromágicos”, casi parece mejor haberse quedado fuera del espectáculo y convertirse en un ente marginado no apto para este circo. Parece que sólo tiene porvenir aquel que se apoya en la trampa y en la vulgaridad. Y es que tal y como están las cosas, esto no hay quien lo entienda. A mí me queda una duda, y es que si los que tanto alboroto montan con este espectáculo, ¿realmente disfrutan? De que se divierten no me cabe duda, pero... ¿disfrutan? De momento sólo queda esperar al nuevo “show” del “Cirque de Manolita al Soleil del Chen” aunque que nadie se haga muchas ilusiones y que no espere grandes cambios.

PD: No quiero dejar pasar la ocasión de recordar a un torero que sufrió la parte mala del toreo, pero que pese a todo reconocía su agradecimiento a este arte. Desde hoy hay uno más en la cuadrilla de los ángeles del cielo. Adrián Gómez, torero, descanse en paz

miércoles, 13 de octubre de 2010

Los siete bucaneros toman el mando


El grupo de ineptos malintencionados ya ha conseguido su propósito, despreciando cualquier código ético, demostrando con toda nitidez que a ellos sólo les mueven los suculentos motines, que desprecian a sus compañeros y que eso del toreo, la tauromaquia o como se le quiera llamar, les importa un pito.

Con sus patas de palo, sus parches y sus garfios ocuparon el baluarte del Ministerio del Interior y una vez allí perpetraron su fechoría: señor Ministro, en nombre de toda la piratería y ciscándonos en cualquier incómoda tradición no queremos seguir dependiendo de usted, así que por el bien de todos, olvídese de nosotros y déjenos que nos las apañemos nosotros solos, que ya somos mayorcitos y si alguien se nos desmanda lo sabemos meter en cintura, y si no, lo pasamos por la quilla.

Seguro que cuentan con el apoyo de todos los profesionales y si no es así, el profesional díscolo se tendrá que atener a las consecuencias, aunque que nadie se inquiete, todo se hará con tacto y buen gusto y se hará que parezca un accidente. Ya se habrán cuidado de ir ganando adeptos uno a uno, argumentando sus buenas razones y haciéndoles una oferta que “no podrán rechazar”. Esta es la democracia oligárquica de siete cabecillas que ostentan la fuerza que les otorga la casa a la que pertenecen, esa casta que se puede permitir el lujo de decidir si uno u otro se merecen alternar con ellos o si tal o cual hierro va a verse anunciado en los carteles por delante de ellos; sólo faltan las palabras “SE BUSCA”.

Si algo hay que reconocer a este contubernio es que nos eviten largos debates en los que cada estamento del mundo de los toros exprese su parecer, en el que por supuesto se incluiría al aficionado, así como que la decisión final, el contenido de la petición que se elevaría a la autoridad competente naciera de un proceso limpio, libre y democrático.

¿Alguien es capaz de imaginarse a un torero que pelea los contratos con uñas y dientes, rodeado por sus convincentes compañeros, mientras estos le “descubren” las bondades de su plan? Pues yo sí. De lo que no estoy tan seguro es de su capacidad de previsión a medio y largo plazo, aunque esto tampoco creo que les importe demasiado. Y que a nadie se le ocurra escuchar a esos vejestorios carcamales que ya chochean, como es don Luis Francisco Esplá, como lo es cada vez que habla don Andrés Vázquez Mazariegos, como lo es cada vez que habla de toros don Pepe Luis Vázquez y otros muchos a los que conviene no hacer mucho caso, por bien del tinglado que han montado.

Este grupo de señoritos no sólo son el colectivo más inútil, mentiroso y tramposo de la historia del toreo, sino que además deciden tomar una de las decisiones más importantes desde que Pedro Romero manejaba estoque y muleta. Nunca el toro fue tan poco toro, incluidos los años de los utreros, de la escasez de animales, pero aún siendo pequeños, eran toros. En nuestros días la mayoría del ganado que se lidia en nuestras plazas y casi la totalidad de lo que torean estos siete magníficos, podrá ser grande, chico o mediano, pero su comportamiento dista un mundo de lo que siempre ha sido el toro de lidia. Nunca antes se había institucionalizado la mentira, el fraude y la trampa en el toreo, tal y como lo ejecutan estos autoproclamados campeones del toreo, con la inestimable complicidad de la prensa oficial, de la que se libran cuatro idealistas que aún creen en su fiesta.

Pero seamos generosos y concedamos a cada uno la responsabilidad que tiene en este reparto del botín. No olvidemos la condescendencia y permisividad del gobierno de la nación, quien con tal de no oír berrear a unos niños mal criados, es capaz de dejarles hartarse a pasteles, chuches, pasarse el día jugando con la consola y acostarse a altas horas de la madrugada después de ver Buenafuente hasta el final. Todo con tal de que no hagan ruido.

Los paganos sólo tendremos la opción de abonar nuestra entrada y callar, aunque que piensen que los advenedizos que se han subido recientemente al carro se bajarán con la misma facilidad cuando éste se pase de moda y que el aficionado de verdad, el fetén, igual que deja de ir a la plaza fuera del abono, igual que abandona y cierra blogs, lo mismo que se deja inundar por la molicie y desgana que le anestesia la afición, también puede dejar tirado su abonado conservado durante años y decirles a estos siete filibusteros y a sus pérfidas huestes: “Que os den”.

PD: En estos días estaba pensando cesar mi actividad en el blog durante algún tiempo, pero después de este puyazo no he podido por menos que crecerme al castigo y decirles que el que quiera que venga, que le espero en la boca de riego, dispuesto a la pelea. Y me gustaría tener un recuerdo para Juan Carlos Arteche, el defensa que llegó a ser un estandarte en el Manzanares.

viernes, 8 de octubre de 2010

La que nos están liando


Desde hace tiempo se ven unos oscuros movimientos entre el taurineo, que tienen su reflejo en la visita que los siete magníficos cursaron a la señora Ministra de Cultura, aficionada a los toros según ella misma reconoce, pero que no dudó en cuanto pudo en ponerlos en el felpudo de su despacho mirando a las cámaras, mientras ella iba a atender a un pato que tenía en el horno. Como desplante después de una faena de aliño, ¿no se me negará que no estuvo cumbre la señora Ministra? Aunque viendo la poca boyantía y falta de casta de los susodichos, tampoco es para tirar cohetes.

Pero otra cosa no tendrán estos jóvenes maestros, pero a poco sentido de la realidad, poca personalidad y descaro no hay quien les gane. Ellos salieron más feliz que una perdiz y se plantaron delante de la prensa encantados de haberse conocido, sin dar mi un argumento del motivo de su visita, ni del resultado de ésta, sólo tenían una cantinela que iban repitiendo como una salmodia que atornillaba las sienes del aficionado: ¡Qué nos pasen a Cultura, qué nos pasen a Cultura, qué nos pasen a Cultura, qué…! Esa era toda su preocupación. Les importa un pito eso de que parezcan abusones de barrio con el toro que les echan cada tarde, les importa un pito que el aficionado esté harto, que no aguante más y que cada vez acuda menos a las plazas, les importa un pito que el aficionado no quiera verlos ni en pintura, a pesar de ser las figuras del momento, que la media de edad de los asistentes a las plazas empiece a superar el medio siglo, que se haya convertido en un espectáculo que no atrae a los jóvenes, que sea un espectáculo arrinconado por los medios de comunicación públicos y privados y que cuando se ocupen de él sea para decir que a los toros se les droga, que los toreros organizan excursiones multitudinarias por los clubes de carretera, que hay no sé cuántos matadores que son homosexuales o que un empresario apoderado abusa sexualmente de los jóvenes que se quieren abrir camino, todo les importa un pito, sólo les preocupa una cosa ¡Qué nos pasen a Cultura! Y todo lo que son capaces de argumentar, es que les ponen muchas multas y que las tienen que pagar.

Y ahora, tan animados como andan ellos y tan crecidos después del éxito de la visita a la señora Ministra, piden ver al Ministro de Interior, ¿para qué? ¿Para decirle que les tiene esclavizados y que les dejen marchar a ellos y a su pueblo bajo pena de siete plagas sobre la fiesta? ¿Pero qué más plagas nos esperan? Perdón, esta pregunta sobra, porque seguro que si no las encuentran, se las inventarán en contra del aficionado. Ellos siguen por su carril, llevándose por delante lo que haga falta, con el único fin de poder hacer lo que les dé la gana y seguir con el fraude y la corrupción con la coartada de favorecer su arte; cómo si algunos supieran lo que es eso del arte.

Miren si les creo incapaces, que tengo la sensación de que no tienen ni idea ni de lo quieren, ni mucho menos de lo que piden: Viven en una ceguera muy bien tejida por el mundillo que les rodea, por los ineptos que no pudieron vivir de los toros y pretenden vivir de ellos, por los que dilapidaron su crédito su fortuna y quieren seguir viajando en primera, por la prensa afín que si hace falta cambian hasta la historia y les convierten en los semidioses que se creen que son.

¿Alguien cree que estos señores sean capaces de convencer a alguien de algo? Y mucho menos ¿alguien cree que sean capaces de defender la fiesta y olvidarse de sus propios e inmediatos intereses? Pero como si algo puede ir a peor, no tengas ninguna duda de que empeorará, da la sensación de que las autoridades competentes no tendrían demasiados inconvenientes en ceder a sus pretensiones, básicamente porque a parte de las autoridades competentes la fiesta les importa un pito y si sus protagonistas la quieren sacrificar, pues allá penas, ellos sólo se limitaron a hacer caso a los profesionales.

Puede que haya quien me diga que no soy justo y que trato por igual a los siete autoproclamados portavoces del mundo de los toros, pero si se han prestado a esta farsa, son tan responsables como el primero, porque si están ahí es porque están de acuerdo con esta petición de institucionalización del fraude. Bien fácil lo habrían tenido para declinar la invitación y aguantar la posible censura de sus compañeros y las posibles consecuencias que podrían ocasionarse con su postura. Pero entonces nos enteraríamos de muchas cosas que ahora sólo sospechamos, pero que nadie se atreve a denunciar. A lo mejor sería oportuno un cisma para ver quien se coloca a cada lado de la línea de la honestidad.


Cada una va a lo suyo y a sacar tajada en su propio beneficio. ¿Quién espera que esa comisión de expertos sirva para algo bueno? ¿Qué expertos van a constituir esa comisión? Será llamado algún aficionado para hacer oír su voz, pues no evidentemente. Los llamados serán prestigiosos ganaderos muy del gusto de la prensa del movimiento y nada del gusto del que paga, apoderados/empresarios/ valgo para todo con una idea muy clara del negocio, algún aficionado insigne que sepa como nadie alabar a los semidoses de turno, a los “punzantes” miembros de la prensa especializada y al sector de los matadores, activos y retirados, afines al movimiento taurino postmodernista. Si hay opción entre elegir a Manuel Caballero y Andrés Vázquez, lógicamente se nombrará a Caballero, y entre Antoñete y Pepe Luis, pues Antoñete, y si tragan con alguno será con el díscolo Esplá, para que nos vamos a engañar. O incluso lo más probable es que los más espabilados se autoproclamen expertos y se presentarán ante la Corte Celestial si hace falta, para reivindicar sus peticiones, de la misma forma que ya lo han hecho los “Siete Magníficos”. De lo que no creo que haya duda es de que el tufo que da todo esto es de que nos la están liando y bien liada.

PD: No quería dejar pasar la ocasión de reproducir las opiniones de Simón Casas, prócer y adalid del taurinismo, sobre don Joaquín Vidal. En otro momento habría dedicado un comentario propio a estas palabras, pero ese ya llegará, de momento monsieur Casas se retrata él solo:

"El aficionado tiene derecho a criticar. Pero amando siempre a la Fiesta de los toros. No destruyéndola. Y voy a hablar claro. Hay un periodista que tiene una placa en la plaza de toros de Madrid que ha dedicado toda su vida en El País a decir mentiras para destruir la fiesta de los toros. Que Dios tenga su alma en el cielo. Que como aficionado fue nefasto".

Y ni tan siquiera se ruborizó. Don Joaquín, perdónalos, porque no saben lo que hacen, ¿o sí?

lunes, 9 de agosto de 2010

Los siete magníficos


Si antes ya estábamos preocupados, ahora es para que no nos llegue la camisa al cuerpo. Se decide la prohibición de las corridas de toro en Cataluña y ese grupo de siete figurones del toreo deciden que se van a ver a la señora ministra. Pues que Dios nos pille confesados y que a la salida de la reunión no nos comuniquen que la prohibición se extenderá al resto de la Península, Canarias, Baleares y territorios aledaños a Francia y Portugal, bajo pena de excomunión.

Habrá quien deposite su confianza a ciegas en este grupo de siete matadores, lo cual no estaría mal si algunos no creyésemos que estos “mandones” son los mayores ciegos de la fiesta de los toros. ¿Qué pueden contarles estos señores de la fiesta que ellos se ocupan en degradar día a día con el mayor descaro y despreocupación que se pueda imaginar?

Don Enrique Ponce podrá contar cómo se está en ese mundo en el que él vive como el supremo monarca celestial, escuchando permanentemente un coro de voces que le susurran: “Maestro, qué grande eres. El Juli tendrá tiempo para explicar cómo hacer que hace sin hacer, haciéndole creer al respetable que hace lo que no sabe o no quiere hacer. Cayetano pondrá al día a la señora ministra de los últimos figurines de Milán y París, pero no de los secretos de la buena lidia. Manzanares transmitirá recuerdos de parte de papá. El Fandi, que desplegará toda su simpatía, si no le da por ponerse a hablar de espaldas como un taxista o a corretear por la sala sin poder poner freno a sus impulsos gimnásticos. Pero que tenga cuidado la señora ministra con Miguel Ángel Perera, al que no hay que contradecir, no vaya a ser que la fulmine con esa mirada torva con que petrifica a presidentes y aficionados que no entienden su arte de trágico verbeneo. Pero que la señora González Sinde no se incomode con la presencia de ese artista que entretiene su tiempo mirando los cuadros que cuelguen de las paredes, ni los lujosos cortinajes de su despacho, ni las lámparas, ni los ceniceros, ni la botonadura del ujier; es que a José Antonio Morante de la Puebla le gusta detenerse en el más mínimo detalle del que pueda emanar un gramo de arte.

Pues en manos de este grupito han puesto los taurinos la fiesta de los toros. Quizás creerán que qué mejor escaparate que los toreros, para enseñar a la señora Ministra. Pues tampoco es mucha garantía y si no sólo hay que detenerse un momento en las opiniones de don Francisco Camino, el Niño sabio de Camas, don Pedro Gutiérrez Moya, el Niño de la Capea y don José Miguel Arroyo, Joselito, quienes han mostrado su ofuscación por la no intervención de su Majestad el Rey a favor de la fiesta de los toros. Quizás no saben ni el año, ni el país en el que viven. Eso estaba bien en la Edad Media, cuando los notables el reino acudían a solicitar prebendas al monarca. Quizás les parezca poca manifestación a favor de la fiesta su regular presencia en la barrera de la plaza de Madrid, además de la tradicional en el palco en la Beneficiencia, o los evidentes guiños taurinos que la Infanta doña Elena hace en la plaza y fuera de ella.

Quizás haríamos mejor en encomendar nuestro futuro a toreros que, o supieran hablar, o tuvieran algo interesante que contar. Luis Francisco Esplá, sin ir más lejos, capaz de defender la fiesta, como de contar un sentimiento, con muchos años de honradez a sus espaldas. Podría dar algún nombre más, aunque me los tendría que pensar un buen rato. Pero seguramente nos darían más garantías de salir triunfantes del encuentro. ¿Qué cara pondrán El Juli y Morante si la señora González les pregunta por lo del Puerto? ¿Y si tiene la ocurrencia de interesarse por la negativaza reiterada de Ponce a torear en la primera plaza del mundo?

Esperemos que la señora ministra tenga la inquietud de conocer la opinión de otros estamentos de la fiesta y que piense en entrevistarse con aficionados, ganaderos, empresarios y profesionales de la prensa taurina... Aunque bien pensado, casi no, no vaya a ser que dé con esos aficionados trepadores que se matan por figurar, o que sea Juan Pedro el representante de los “ganaduros” con su versión del toro artista, o que se le presenten los Choperitas con su manual sobre cómo conseguir la concesión de las Ventas a pesar de todo, para acabar con Molés y Moncholi cabreados porque el señor presidente no ha concedido una oreja a cualquiera de los siete magníficos. Pues visto lo visto, el panorama es tan sombrío que el mismísimo Diógenes renunciaría a seguir su búsqueda. Y ¡Qué Dios reparta suerte! Porque como reparta justicia…