
¿Tripartito, triunvirato o los Reyes de la ilusión?
Habrá quien piense que es lo mismo lo uno que lo otro, pero la realidad es que lo otro es distinto de lo uno. No es lo mismo la unión de partidos que se formó en Cataluña para hacerse con el poder, que lo que se inventaron los antiguos romanos. Estos en lugar de permitir que se repartieran el poder a tortas entre dos poderosos, introducían a un artista invitado que servía de contrapeso, aunque no contaba ni para decidir la hora de las comidas. El resultado final, a pesar de los buenos intentos, no era otro que el que los dos poderosos dirimían sus diferencias espada en mano.
Y que a qué viene todo esto, pues a la que se está montando en el senado taurino, para ver quien se hace con el poder de la República de la Fiesta de los toros. O lo que es lo mismo, para ver quien se hace con los destinos, siempre fatigosos y penosos, de la plaza de Madrid. No querría yo estar en el pellejo de ninguno de los candidatos, a juzgar por sus palabras. Son esas contradicciones tan presentes en este mundo. Resulta que se matan por padecer noches y más noches de desvelos, todo a cambio de nada, porque el rendimiento económico no es el esperado por estos cónsules del toreo. Lo que no quiere decir que sea poco, quizás habrá que descubrir a cuanto ascienden las expectativas de los señores empresarios.
En una esquina, Taurodelta, que a sus ya conocidos valores ha añadido la laboriosidad del señor Matilla y el sentido “ético” de mosieur Casas, Esplá incluido. Y en la otra la terna compuesta por el siempre bien relacionado y subiendo, señor Entero, el experimentado y polifacético, señor Beca Belmonte y Rui Bento, quien ha demostrado que la innovación no tiene que ser descabella, lo que se puede comprobar haciendo una visita a la Plaza de Campo Pequeño de Lisboa.
Pues presentados los contendientes, aunque parece que toda la suerte ya está echada, al menos nos permite ver el panorama con más variedad de caras y los que ya casi estaban reformando los despachos de las Ventas para sacar sitio donde meter dos mesas más, ahora tienen que esperar y se tendrán que conformar con apalabrar los muebles hasta final de año. Entonces ya podrán ir a recogerlos y montarlos siguiendo al pie de la letra las instrucciones de uso y con una llave Allen. La verdad es que no sé si alguien tiene duda del resultado del concurso, pero ¿quién sabe? todo puede pasar en este revuelto mundo del toro. Al menos, el que se haga con la corona tendrá la certeza de que siempre va a tener a otros esperando el más mínimo resbalón, que luego la propaganda ya se ocupará de exagerar.
A mí ahora me asaltan una serie de dudas. ¿Se alineará la tele con alguna de las dos candidaturas o esperará el resultado final? ¿O quizás no se habrá puesto ya al servicio de los dos grupos para asegurarse las ferias de Madrid y más de un mes de programación, aparte de las repeticiones? ¿Y los derechos de imagen reclamados por la torería? Además, según se sabe, ya se han hecho gestiones con algunos ganaderos ¿Qué pasará si no se gana? ¿Se cederán sus derechos de las corridas ya apalabradas al vencedor?
Pero claro, si echamos una miradita a “Érase una vez el hombre”, los triunviratos acabaron como acabaron. Lo que quiere decir que nadie nos asegura que a mitad de mandato la familia Erice y el clan Casas no se estén tirando los trastos a la cabeza por un quítame allá esa figura que coloco yo la mía. O si el señor Entero y Beca Belmonte inician una competición para saber quien tiene amigos más influyentes.
Y lo mismo que ocurría en la antigua Roma, el pueblo solo podía oír, ver y callar. En aquella época les ponían un casco con unos colores y ya pertenecían a una facción del poder, y ahora, nos hacen pasar por taquilla, pagamos nuestro abono y nuestras entradas durante la temporada y punto. Ya puede estar quien esté, que al que paga no le hacen caso ni en su casa; bueno en su casa menos que en ningún sitio. Y todavía tendrán que aguantar que les llamen ignorantes, amargados, frustrados o malajes. Por no hablar de esas románticas tardes de lluvia de mayo, de ventarrones primaverales o de tardes fundiéndose en plena solana. Y para colmo lo del ruedo tampoco promete mucho más que vulgaridad, aburrimiento, sopor y corridas claveleras, en las que tendrán que soportar que lo de ignorantes, amargados, frustrados o malajes se lo diga el del tendido de al lado o el de tres filas más abajo, con el agravante de que el insultador lleva bocadillo y cubata. Pues habrá que esperar a ver a quien da Júpiter su bendición y que Marte no despierte de su siesta y no desencadene ninguna guerra civil entre los miembros del triunvirato; solo nos faltaba eso. Pues eso, ¡Ave César, los que van a pagar te saludan!