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martes, 30 de junio de 2026

Modernidad per tutti

Hay términos que hay que explicar muy bien y aún así...


Resulta innegable la expansión de la nueva tauromaquia por todos los rincones del arrabalero y hortera mundo de la modernidad. Esto hay que reconocerlo. Que antes se hablaba de toros y hasta se daban clases prácticas en lugares como las peluquerías, dónde el barbero, antiguo pretendiente a vestir de luces y renco desde entonces por un mal golpe, aireaba las toallas, delantales y cepillos a modo de estoque. Te pones así, citas al toro y a su arrancada respondes adelantando la pata, así... y un rotundo olé de los parroquianos llenaba la barbería. Hoy... hoy igual esto no es posible, primero porque no hay peluquero que por un mal golpe de un eral renquee de remos. En estos días, a todo lo más, llegamos a que unos jovenzuelos monten un botellón en un tendido, ya haya toros, toras o lo que les pongan, porque lo que importa es que haya para beber, para comer, para bailar y si además nos ponen al ídolo oficial al que adorar, ya tenemos el menú completo. Ellos se manejan a las mil maravillas con una terminología nueva para oídos añejos, terminología y doctrina que inunda sus orejas, que no oídos, desde las teles del sistema. Pero claro, también está el que acostumbrado a otras cosas, a otra fiesta, no sabe cómo calificar lo que sucede en los ruedos y califica las cosas su libre entender. Pero esto no acaba aquí, ¿y cómo hacer que esta forma de llamar a las cosas se entienda más allá de los Pirineos? Difícil empresa y por eso no ha habido más remedio que echar mano del saber y conocimiento del conocido filologotaurómaco don Arsenio Cienfuegos Aguado, Catedrático en Arte Abstracto en la Universidad de Chesterton, Virginia del Sur... ¿o es del norte? El ha sido capaz de poner negro sobre blanco ciertos palabros que algunos utilizan con absoluto descaro. Vamos a ello, a la definición y a su traducción a la lengua de monsieur Jean Baptiste, Moliere para los colegas.


  • Mantazo: Dícese de cuando un señor portando un capote lo menea al aire como se menean las mantas con la llegada de la primavera y antes del invierno, en previsión de desalojar a las polillas allí acomodadas. Hay casos en que esos zarandeos provocan pequeños remolinos en el aire, aunque sin peligro para las personas por causa de enfriamientos, aunque si para la condición del toro, que al no verse toreado, puede responder escapando para corretear por la plaza, quedándose corto para sucesivos mantazos, echando la cara apuntando a las nubes.

  • Telonazo: Llámese tal a cuando el señor que toma la muleta se planta muy garboso él y, sobre todo al inicio del trasteo, llama al toro y sin intención de torear, levanta la pañosa como dando comienzo a una función teatral, cómica o tragicómica, sin importarle adónde va el animal al que le han retirado la tela de repente. No confundir con un ayudado, en el que el caballero sí que marca el viaje que desea que siga el toro. El telonazo suele ser celebrado por muchos, tanto, que hasta son capaces de interrumpir el botellón por aplaudir, perdiendo el sentido cuando esta retahíla de pases se corona con uno del desprecio; ahí ya es el acabose. Imprescindible que en los telonazos no se tenga en cuanta ni la condición, ni las necesidades del toro. El telón se tiene que levantar y punto, ya saben, the show must go on.

  • Trapazo: Estamos frente a la cima, la cumbre de la modernidad. Quizá hasta sea un atrevimiento intentar describir el trapazo ajustándose a la realidad y dejando de lado ese parloteo vacío de este movimiento imperante. Esta artimaña se ejecuta tanto con la diestra, como con la zurda, pero con la participación de todo el cuerpo. Para un trapazo sublime es recomendable colocarse bien apartado de la posible trayectoria del toro, estirando el brazo ejecutor hasta que el hombro en cuestión casi quede descoyuntado. La muleta, cogida todo lo atrás que se pueda, se coloca torcida, esto es, casi perpendicular a la testuz del toro y ofreciendo solo el extremo de esta. Una vez se arranque el animal, con la punta, el pico, entre los dos pitones, dejando uno fuera, por supuesto, se mueve el brazo describiendo una línea recta, sin tener en cuenta por dónde ande el animalito, que se supone que, con la inercia, también irá en línea recta, llegando hasta el punto en que él mismo, y no el de luces, decida. El final puede resolverse de dos formas, una, largando tela al aire, allá dónde llegue. La otra es a mitad de... de esto, pegar un giro brusco a la muñeca como si abriéramos una ventana dando un portazo, o más propiamente dicho, un ventanazo. Y a continuación, si queremos darle enjundia al trapazo y demostrar la inutilidad y nula efectividad de este, el actuante deberá pegar un respingo, como si le diera una descarga eléctrica y echar a correr para prepararse para el siguiente trapazo. En ocasiones el toro no pasa, pero esto es lo de menos, en estos casos, aunque lo que importa es que el toro pase, si no pasa, será el autor del trapazo quién se moverá y correrá antes del supuesto fin del trapazo, en dirección opuesta al viaje del toro y si es a refugiarse detrás de las orejas, mejor, que mejor. Que la cosa parece difícil de entender, pero le digo que esto en la práctica se ve en nada y menos. Vamos, que no tiene misterio, el misterio es saber por qué se entusiasma tanto el personal con tanto trapazo.

  • Trallazo: Aunque los trallazos se dan mayormente con la muleta, también se podría decir que se pueden perpetrar con el capote y si no, siéntense a ver a la modernidad dar gaoneras o cualquier quite aireado y bien aireado. El trallazo es ejecutar con suma rapidez, que en el momento en que el toro se arranque, pegar un tirón, cuanto más violento, más trallacero. Que si se consigue alborotar al toro o que su alboroto no disminuya, mejor que mejor. Que si nos detenemos en el cóctel que se produce al mezclar trallazo con trapazo, lo siguiente y que le pide el cuerpo a los aficionados añejos es subirse al palo de la bandera y... y gritar mucho y muy alto. Pocas cosas más vistosas que un trallazo a la velocidad de un sputnik.

  • Banderazo: Por norma general, esto describe muletazos por alto, pases de pecho, supuestos ayudados, todo por alto, con la principal característica de obviar la presencia del toro y solo esforzarse en agitar el trapo al aire a modo de señalero, guardamarina de las naos a vela. El mayor peligro de esta práctica, aparte del vendaval que se puede ocasionar con tanto zarandeo y sacudida de telas, es el confundir a algún navío que transite por las inmediaciones de la plaza, que no entienda el mensaje emitido por el señor de luces y que provoque que la nave encalle y naufrague frente a las costas del coso. Algo quizá poco creíble, pero que confirma el hecho de que durante varios festejos en la plaza de Madrid, se registraran varios choque y hundimientos de las barcas del Parque del Retiro. Y decía que esto mayormente es atribuible a los muletazos por alto, pero no se debe desdeñar a esos que calzan las rosas, que un natural o un derechazo lo acaban, que no rematan, tan arriba, que lo convierten en un soberbio banderazo. Y es que la modernidad, por mucho que se ponga el aficionado en lo peor, no tiene límites para sus ejecutores.

  • Descaradísimo: Este término puede acompañar a todos los anteriormente descritos y no hace referencia a ninguno en particular, pero a todos en general y es cuando el artista en cuestión y sin el menor pudor, exagera todo lo anterior sin tan siquiera sonrojarse y haciendo alarde de lo que él se piensa una obra de arte, no siendo otra cosa que la culminación de la vulgaridad y la total ausencia de eso que se llamó gusto y vergüenza torera, pero estas son palabras casi en extinción en esta modernidad que nos devora.


Quizá pueda haberles sabido a poco esta sucinta exposición de estos términos que solo pretenden describir lo que sufrimos y la voluntariosa traducción a otra lengua no sé si le aclarará algo a alguien, pero es lo que sucede con este fenómeno, aunque lo que está claro es que aquí hay modernidad per tutti.


PD.: Este escrito está especialmente dedicado a mi amigo Serge y espero que esto le ayude a encontrar un término paralelo en esa lengua que ignoro y muy a mi pesar, ya me gustaría.



Enlace al programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

domingo, 8 de diciembre de 2013

Diccionario de términos taurinos III



Intentando incrementar la ignorancia taurina de quienes deciden pasarse un rato por esta grada, continua la publicación de esta magna obra del profesor don Carmelo Comí Maduro, aunque no podamos asegurar su continuidad, pues tampoco sabemos si el autor se rajó antes de tiempo aculándose en tablas o si le dio fin. En el primer caso haría honor al sobrenombre por el que fue conocido entre un grupito de señoritas a las que frecuentaba: el “interruptus” o el “aaay ya”. Aunque no queda claro si se hace referencia a su costumbre de no acabar los trabajos iniciados y dejar a la audiencia con ganas de más. Y es que el profesor Comí no deja de ser un enigma para los estudiosos de su obra.

-         Aficionado: Se dice de aquel sufridor al que no quieren dejar que proteste, que se queje, que exija y todo lo que suponga un esfuerzo para los taurinos. Eso sí, no tienen inconveniente en concederle el derecho a pagar, siempre que mantenga la boca cerrada, a no ser que sea para aplaudir. Muchos de estos aficionados, “ni siquiera se han puesto, lo que no quiere decir que no tengan criterio para juzgar y valorar lo que pasa en el ruedo.
Otra de las variantes es la de aficionado práctico, que normalmente reconocen lo difícil que es ser torero, porque ellos sí que se han puesto. Esto tampoco es que siga nada positivo de este sector, pues si para comprobar lo difícil y peligroso que es torear, tienen que torear, no quiero yo pensar qué ocurrirá cuando duden si es difícil pilotar un avión o ser capitán de barco.

-         Agalgado: Jinete, ya sea picador, rejoneador o alguacilillo de piernas tan extraordinariamente largas, que se ve obligado a llevar los pies arrastrando o a llevar el paso de su montura, lo que le impide llevar el caballo al galope, excepto a velocistas como Bolt o Carl Lewis, que por otro lado no montan, pues si tienen que ir corriendo, ¿para qué necesitan un penco? También se dice que es agalgado el toro que tiene las patas tan largas y la panza tan escondida que lo de montarse en un caballo le resulta o muy complicado o muy absurdo. De hecho, ¿alguien ha visto un toro subido a un caballo? Pues eso.

-         Agarrochar: Lo que che pasa una charde larga e insufrible senchado en las gradas y andanadas de la plaza de Madrid, que se che agarrochan las piernas y no puedes andar, hascha que ya llevas un rachicho caminando.

-         Agresividad: Díganle a los taurinos que El Juli es un tramposo, que Manzanares torea borregas desmochadas o que Talacante no pasa de pegapases, entonces sabrán lo que es agresividad.

-         Agujas: Posiblemente a lo que se llegará en la suerte de varas y banderillas, a picar y clavar los palos con agujas, como paso previo a ser sustituidas a su vez por el velcro. También es la zona del lomo del toro más alta.

-         Ahijar: Lo que parece ser que hacen algunos vivos con los padres de los niños que quieren ser toreros, que pareciendo un cariño real y verdadero por el niño, se diluye en cuanto que el papá deja de poner machacantes encima de la mesa. También se llama así cuando se le echa un ternero a una vaca, para que esta le críe, pero sin que nadie tenga que “aportar” nada.

-         Ahogar: Recurso utilizado por muchos toreros, figuras y figurines, acercándose en demasía al toro, con el fin de que el toro acorte su embestida, llegando incluso a no acudir a los engaños. Muchas veces se le llama arrimón, lo cual sirve a los coletudos para intentar sacar una oreja facilota de un público más facilón aún.

-         Ahormar: Y ahorpiscina, dependiendo de si apetece más nadar con sal o con cloro. En la prehistoria taurina era ir acomodando la cabeza, la forma de la embestida del toro, para poder continuar la lidia de la mejor forma posible.

-         Albahío: Esos toros blancos amarillentos como si fuera que se les va yendo el color por el paso del tiempo. Así como el del charolés, recientemente incorporado a los encastes fundacionales del toro de lidia, la raza charolesa. Esto es modernidad y no lo de los robots que te planchan las camisas.

-         Albardao: Se dice del señor que lleva una carga de millones de envidiar al banco, bien sea por haber cobrado el maestro unas pocas de corridas o porque el señor empresario ha cobrado una filfa de corrida, como si fuera buena. También son los toros que por el cambio de tono en el pelo de su capa parece que llevan una albarda sobre le lomo.

-         Abonado: Señor que saca el billetaje de todas las corridas de la feria de una localidad, que al final acaba más quemado que el palo de un churrero y que con tal cabreo y tanta ira contenida, despide un cierto olor fétido, como si acabaran de echarle encima un camión de abono.

-         Aldiblanco: El toro que recién pintado se metió en una charca y se le quedó la mitad de su color y la otra, hacia abajo, blanca. No se podía haber esperado a que secara.

-         Aldinegro: El mismo caso, pero de un toro que vivía en unos campos petrolíferos y el baño en cuestión se lo dio en un gran charco de petróleo. Y con lo mal que eso se quita, se acabó quedando con esa mitad “renegría”.

-         Aleonado: Si acaso, nacido en la provincia de León. Lo más frecuente es el agatado, aborregado, asardinado o cualquier otra referencia a un animalito que más que miedo, da lástima.

-         Alto: Párese, no siga, deténgase. O el toro ese feo fuera de tipo, que nada tiene que ver con el bajito, bonito, muy fino, arregladito y recogidito, que es que permite a los artistas expresarse.

-         Alunarado: No confundir con alucinado, que es el estado habitual de mucho aficionado que asiste a las plazas de toros, cuando ve a la masa desenfrenada y enfervorecida, sin saber por qué. Pero en este caso el término se refiere a las manchas como lunares de los toros de capa berrenda, con forma y tamaño irregular.

-         Amorcillado: Término que en la terminología casi arcaica describía al animal a punto de doblar que se mantenía en pie a duras penas, bien abriendo más de lo habitual las extremidades, o incluso apoyándose en las tablas. En el momento presente es casi el estado natural de muchos animalejos de las ganaderías favoritas de las figuras, que no tienen otro objetivo que hacer que eso no se les desmorone, e ir dejando pasar el tiempo poniendo caras de lamento y enfado por no poder pegarle mil pases por tanda. Lo que no quiere decir que no repitan con ese hierro todas las veces que sea necesario.


Y ahora, si me lo permiten, voy a ver si le saco una tanda más de términos taurinos al profesor Comí, que últimamente se está mostrando un poquito rácano en eso de compartir sus conocimientos.

domingo, 18 de agosto de 2013

Diccionario de términos taurinos II

Ay, el toro
Prosiguiendo con la magna obra del profesor Carmelo Comí Maduro, ya podemos disponer de la segunda entrega de su Diccionario de términos taurinos, de quién se ha sabido no hace mucho que aparte de su afición al toro, era un erudito en el cine pornográfico, siempre visto desde un punto de vista científico y totalmente alejado de cualquier debilidad carnal que pueda suponerse. No olvidemos su condición de estudioso y erudito de resignada vocación. Pero continuemos donde lo dejamos.

-          Acochinado: Toro con grasas en demasía que, según los nuevos sabios del toreo, son los que gustan en esa plaza marginal que es la plaza de Madrid, más aficionada a las carnes que al arte. Será una reminiscencia de sus años de hambre y carencias. Pero curiosamente, estos zampabollos suelen aparecer más en otras plazas, esas con una sensibilidad especial para la modernidad, justamente para intentar disfrazar el poco trapío de los animalitos que saltan a la arena, aunque poquito después no se sujeten en pie. Momento en el que los jartistas se ven obligados a intentar levantarlos asiéndoles por dos graciosas protuberancias que les crecen a los dos lados de la cabeza, justo dónde le nacen los cuernos a los toros.

-          Acometida: Reacción producida entre “los que se ponen o se han puesto”, cuando alguien parece decidido a jorobarles la fiesta del bocata, cubata, orejas y vocerío de “Bieeeejjjnnnn”, venga o no venga a cuento. estas arrancadas se suelen producir contra otros vecinos de tendido, siempre que estos se encuentren a una distancia considerable y que haga imposible que se le pongan delante pidiéndole cuentas. Cuando la protesta se produce en las inmediaciones de su localidad, la reacción suele ser el silencio y acelerar la velocidad en que comen pipas. Antiguamente también se refería este vocablo a las arrancadas del toro a los engaños, generalmente de forma brusca y con cierta violencia.

-          Aconcharse: Se solía usar este vocablo para cuando el toro se refugiaba en las tablas, apoyándose lateralmente, bien por agotamiento o rehuyendo la pelea. en la actualidad su significado se ha extendido a los muchos jetas que abusando de su condición de autoridad, taurino, amigo de, “usted no sabe con quién está hablando” o simplemente como chupalámparas, arrastrado, pelota, vendido, indigno o similar, se aferran a ocupar un sitio en los burladeros del callejón, entrando a los toros por la cara y sin soltar ni un céntimo. Eso sí, son unos perfectos aduladores y aplaudidores de la extrema vulgaridad o desvergüenza, con tal de poder seguir chupando del bote.

-          Acortar: Recoger o reducir la muleta o el capote para aminorar el engaño con que se cita al toro ¿? ¡Venga ya! Firmado Enrique Ponce ¿no?

-          Acostarse: Lo que muchos aficionados hacen en el sillón de su casa cuando ven una corrida por la tele, especialmente si no quitan el volumen para evitar escuchar los comentarios de los locutores/ hooligans/ representantes/parte interesada/ me juego las lentejas. Antiguamente también se aplicaba al toro que se ajustaba más por un lado, inclinándose hacia el lugar que ocupa el torero. A veces también vale la expresión para la siestecita que los animalitos comerciales se pegan de rato en rato, despanzurrados sobre la arena, como el que se tumba a tomar el sol en la playa.

-          Acular/se: Posición defensiva que toman las autoridades, veterinarios, empresarios y demás taurinos, cuando los representantes de los toreros dicen por la mañana antes del sorteo, que su matador no mata esos toros, que son una exageración con la que no podrán expresar su arte. La cosa se pone especialmente dura cuando ante esa imposición de echar para atrás uno o varios toros por motivos inconfesables, entonces el ganadero dice que se lleva toda la corrida para la finca y que no pasa por abusos de señoritos manipuladores y tramposos. Pero esto sólo son capaces de hacerlo un puñado de ganaderos cabales que se respetan a si mismos y al aficionado que paga. También es cuando el toro apoya la culata contra las tablas y no se mueve de allí sino para pegar un arreón de cuidado.

-          Achuchar: Lo que dan ganas de hacerle a esos torillos que van y vienen, que no pueden ser picados a riesgo de derrumbarse, que ni amagan un derrote. Son tan monos ellos.

-          Adiestrar: Lo mismo que adoctrinar, pero sin sonar tan fuerte, especialmente cuando la prensa, las radios oficialistas y las televisiones se empeñan en lavar el cerebro a la gente, haciendo que lo que antes era negro ahora sea blanco, que lo blanco negro y si es necesario, que todo sea un batiburrillo cromático en lo que lo único que queda claro es que se ampara, se anima y se justifica el fraude cueste lo que cueste.

-          Afeitar: Operación de cortar los pitones del toro, aunque según los profesionales, un toro afeitado es mucho más peligroso que uno sin tocar. Aunque uno, la verdad, prefiere que no toquen las cabezas y que así los toreros no tengan que cargar con ese riesgo “extra” que dicen que ofrece el toro afeitado. También parecía referirse a la labor de cortar los pelos por la cepa del pitón para crear la ilusión de que la longitud de este es mayor de lo que es en realidad. Y que nadie dude de la valía de muchos toreros que exigen el afeitado de los pitones para torear, pues este no tiene otro fin que “incrementar” el riesgo.

-          Afinar: ¡Ojo! El aficionado añejo creerá que es el ir encontrando la bravura en el toro a través de la selección que efectúe el ganadero, pero no, eso ya pasó a mejor vida, este vocablo se refiere a la invención de nuevas coartadas para justificar el fraude y la degradación progresiva y galopante de la fiesta de los Toros, como afirmar que todas las ganaderías están sacadas de tipo y que los toros chiquitos son los que embisten y no los de mayor tamaño. Vivir para ver… y oír.


Y yo creo que de momento no plagiaremos más al profesor Carmelo Comí Maduro, no se vaya a pensar que sus escritos y definiciones puedan resultar de interés. Porque a ver quién le explica que esto no tiene otra razón que el no tener que pensar para publicar nuevas entradas en este blog. Así, mientras don Carmelo no se entere, pues vamos pa’lante.

viernes, 26 de julio de 2013

Diccionario de términos taurinos (I)

Abanicar


En estos días ha caído en mis manos una obra de la que no tenía noticia, ni tan siquiera en las bibliografías taurinas, ni por referencias, pero que puede resultar de interés para los aficionados al toro. Según parece, su creador fue el doctor en Filología Semita y de las Lenguas Muertas del Cáucaso y Montes limítrofes, don Carmelo Comí Maduro. No puedo dar demasiada información sobre este autor, pues las referencias que he encontrado son escasas y ambiguas. En unos textos se habla de su origen en la colonia portuguesa de Macao, donde nació de forma accidental durante un viaje de placer que su madre emprendió once meses atrás, en compañía de su preceptor espiritual, el padre Marcial. Pero por cuestiones que no vienen al caso, se crió en un internado de niñas que dirigían unas monjas, siendo el único varón entre tanta doncella, por lo que pronto se dio a conocer como el “Niño de las Monjas y de las niñas de estas”.

Pronto destacó en lo que luego serían sus grandes pasiones: las lenguas… muertas, lo que alegraba sobremanera a sus compañeras de internado e incluso a algunas novicias, y su afición a los toros, la cual se manifestó de forma arrolladora con esa costumbre de fumar puros, tomar licores, discutir de todo sin saber de qué se discutía, comiendo pipas a todas horas, caminando con un contoneo carnavalesco como imitando a los toreros e inventándose historias de toros y toreros inexistentes, pero que él aseguraba haber sido uña y carne con ellos, incluidos los toros. Hoy podremos contemplar una primera parte de su magna obra, Diccionario de términos taurinos ad limitum et ad exordium vitae circenses, que no quiere decir nada; y así les evito el esfuerzo de ponerse a traducir del latín, lengua que sólo consiguió aprobar en la Universidad a base de cebar con dulces y yemas de la Santa a la señora catedrática, doña Máxima Alba Perpétua.


-          Abanicar: Manera de mover los engaños delante del toro, para darle aire y mitigar el ahogo y el cansancio que le ha provocado desplomarse en la arena como un fardo. No obstante, a pesar de la bochornosa situación, el maestro puede adornarse u ponerse todo lo cañí que le venga en gana.

-          Abanto: Pasota, como si la cosa no fuera con él, escapando constantemente durante la lidia al lugar más inoportuno del ruedo, siendo un rasgo muy característico de toreros modernos y que se creen figuras. También se aplica al toro que escapa, que parece que sale espantado de todo asomo de pelea, incluso durante la ejecución de las suertes, saliéndose de estas antes de tiempo.

-          Abrevar: Lo que va a hacer gran parte del público que puebla las plazas de toros, armado de su cubata, cerveza de lata o bota con vino de la tierra. Además se hace imprescindible el bocata, que deberá ser convenientemente exhibido ante los compañeros de localidad.

-          Abreviar: Algo que los toreros no saben qué significa, pues no entienden que una faena no alcance las 15 docenas de trapazos. Sólo se atreven a abreviar los que se enfadan con el público que le protesta y en algunos casos hasta se encaran con él, le ofrecen bajar al ruedo a enmendarle la plana, le ofrecen unas gafas para que vea mejor lo que no parece percibir desde el tendido, además de cualquier otra lindeza que emane del genio de los toreros.

-          Abrochado: Una gracia que poseen los toros finos, bonitos, guapos de cara, como le gustan a taurinos y maestros, pero que no todo el mundo sabe valorar. Lo que más suele abundar no es el toro abrochado, sino el “abrochaíto mu bonito”, aunque uno no sabe explicar la diferencia.

-          Acapachado: Armónico, pero un tío, según la jerga taurina, antónimo de veleto, que suele ser “cornalón y destartalado”, según los mismos intérpretes.

-          Acaramelado: Tan dócil y suavón, tan noblote él, que dan ganas de darle una chupadita, porque seguro que sabe dulce como los caramelos de la Viuda de Solano, pero sin perjudicar la dentición. También dicen que son los pitones de color caramelo, con un tono más oscuro hacia la punta.

-          Acarnerado: Cuando el perfil de la cabeza del toro presenta una línea convexa, recordando al de un carnero. Y también cuando el conjunto resulta familiar entre las cabras, aunque strictu sensu esta aplicación no es del todo correcta.

En próximas entregas iremos acercando el trabajo de este doctor, de este sabio de las palabras, malabarista con el poder de la lengua.