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| Hay momentos en los que merece más la pena agarrarse a realidades paralelas, que soportar la cotidiana |
Dice el saber popular que en la vida todo tiene remedio,
menos la muerte, aunque quizá esto no sea del todo exacto. Cuando nos vamos,
cuando dejamos este mundo, lo que resulta inevitable de todo punto es que la
vida siga, los nuestros nos llorarán, lo sentirán y nos echarán de menos el
tiempo que cada uno sienta, otros se apenarán, también los habrá sorprendidos,
indiferentes y dependiendo de factores como la fama, la envidia y lo que
hayamos dejado en nuestras vidas, hasta puede haber que los haya que se
alegren. Ya digo, inevitable. Aunque ahora, pasados los días, aparte de
parecernos imposible que fuera inevitable salvar a un torero, en estos tiempos
en lo s que todo parece posible, dominar la naturaleza, amansar a las fieras,
la felicidad perpetua, el buen gusto generalizado, el buenismo universal, pero
resultó imposible desterrar la muerte del ruedo. Qué lección de vida y de
muerte, esa seguridad en la que muchos confían a ciegas, no es real.
También resulta inevitable el hecho de que ante ciertos
acontecimientos asome la estupidez humana. Cuando llueve salen los caracoles y
cuando la desgracia aparece, los... hay quién se quiere aprovechar y busca su protagonismo,
creyéndose los reyes del mundo, los adalides de la verdad, de la paz, del humanismo,
del animalismo y de la bobaliconería. Anda que no se han dado casos de mentes
humanas que han puesto todo el empeño del mundo en sacar a relucir su bajeza
humana y sus limitaciones como persona. No creo que haya que descargar la ira
sobre ellos, yo no lo voy a hacer, porque creo que es una pelea inútil, aunque
no me guste ni un pelo. Eso sí, si los que sí tienen la posibilidad de
actuación efectiva y las armas legales que la justicia pone en su mano, ejercen
sus derechos y descargan toda la fuerza de la ley sobre estos oportunistas de
cuarta, créanme que me alegraré y mucho. Lo celebraré y hasta puede que me
sienta reconfortado, a pesar del nefasto motivo que dio origen a toda esta
vorágine de insultos y faltas de respeto desmedidas.
Confieso que en principio yo no tenía ninguna esperanza en
que esa unión de taurinos pudiera ser útil para nada que no fuera el proteger
el negocio de los taurinos, pero, ¡caramba! Los acontecimientos actuales y su
apoyo a la familia del matador de toros Víctor Barrio ya justifican su
existencia. Pasaré por alto ese victimismo de algunos que se han manifestado en
estos días, las circunstancias hacen que no se les pueda exigir ni mesura, ni
recato, ni incluso sentido común, el golpe ha sido muy fuerte y la tensión también
tiene sus efectos, que de ninguna forma hay que tener en cuenta, faltaría más;
es más ese victimismo del que hablaba, puede llegar a entenderse. Cuándo el
dolor resulta insoportable, cuándo no se entiende ese acoso, los ataques
desmedidos, el verse insultados y
despreciados con una virulencia insospechada, hay que dejar a un lado la
crítica, habitual y quizá merecida, pero en otros momentos, ahora toca intentar
liberar toda la comprensión de que seamos capaces.
No esperemos humanidad en quién parece que solo conoce la
animalidad, no esperemos comprensión en quién atesora tanta ignorancia, ni tan
siquiera se puede esperar que aspiren a ponerse por un segundo en el lugar del
otro. Quizá se han metido tanto en su papel de divinos amantes de la
naturaleza, de su naturaleza, la que ellos tienen en su cabeza, que parece
inevitable que excluyan todo aquello que no entra en los parámetros del
progresismo que equipara con absoluta despreocupación a las personas con los
animales. Incluso algunos pretenden que los demás cambiemos la dieta que
heredamos del homo sapiens sapiens. Pero eso es otra historia. ¿Imaginan
ustedes a estos amantes de la paz mundial, de los derechos de los animales
diciéndoles esas barbaridades a la cara a los familiares del torero desaparecido?
Yo quiero pensar que no serían capaces de tal cosa, es más, estoy convencido
que ni lo harían, ni permitirían que nadie perturbara la paz que tan
brutalmente se les arrancó de sus vidas. Entonces, ¿por qué vomitan tanta
barbaridad sobre el teclado de un ordenador o en un mensaje a través de un
teléfono móvil? ¿Es que no pueden evitar esos arranques de necedad? ¿Tan
difícil les resulta pensar cómo si fuesen seres humanos? Es verdad que también
los ha habido que han sabido diferenciar entre personas y animales,
independientemente de que estén en contra de los toros, lo mismo que la
respuesta de quienes se dicen aficionados a los toros podrían equipararse en el
nivel de estupidez y salvajismo al de los de enfrente, pero es que ahora,
llegados a este punto, no estamos hablando de toros sí o toros no, estamos
hablando de comportarnos como personas o como animales, de sensibilidad ante el
hecho de que un hombre de 29 años ha perdido la vida de forma brutal, de los
que se han quedado para llorarle el resto de sus días y de que unos... de que
haya quién sea capaz de burlarse del dolor ajeno, de despreciar la muerte de
una persona, en este caso de un torero, y de llamar asesinos a quienes quizá
más hagan por un animal, por el toro, para su conservación y bienestar. Pero en
estos momentos, la incomprensión, el absurdo y la deshumanización parecen ser
parte fundamental de lo que nunca debería ser, lo inevitable.
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