Mostrando entradas con la etiqueta Morante de la Puebla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Morante de la Puebla. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2026

El mejor torero de la historia


¿Adónde va?


Oímos, leemos, que estamos ante el mejor hombre que viste de luces de la historia. Allá cada uno y hasta dónde se remonte su historia. Que esta va hasta apenas un cuarto de siglo, pues igual puede medio entenderse, siempre poniendo mucho de parte de uno; pero claro, a nada que viajemos unos añitos más atrás en el tiempo, tal afirmación puede convertirse en un insulto. Y si esta emana de cabezas con canas, ¡ojito! Que algo buscan o algo esconden. Que no creo que haga falta dar nombres, porque todo aquel que ha visto algo de aquellos tiempos, igual se pone a relatar y nos sale una lista en la que a lo mejor ni tan siquiera piensan incluir a este mejor torero de la historia de este momento.

Lo que es indudable es que este mejor torero de la historia ha contado y cuenta con la mejor y más eficaz campaña de márqueting de la historia, que ha utilizado, él y sus acólitos, los media de una forma magistral. Y a las pruebas hay que remitirse, llegándose a nombrarle sin sonrojo como el mejor torero de la historia. Sí que es verdad y es innegable, que hubo un momento en el que deleitó con su capote, algo que aún se recuerda, pero parece que aquella corriente ha querido llegar, y con fuerza, hasta nuestros días. Que ahora hace cosas variadas con e capote, cierto, pero si tenemos que considerar toreo a que el animal pase mientras le mueven la tela con una y otra mano alternativamente. Si hay que obviar que le tengan que poner al toro en el punto exacto, ni un milímetro más, ni uno menos, para que él haga sus cosas, igual... Recordaba su toreo de capote, pero hemos llegado al punto de jalear con entusiasmo el dar aire, con un porte majestuoso, pero dando aire. Y perdónenme los entusiasta que no comparta su entusiasmo, pero a uno le llega lo que le llega y estas formas ni tan siquiera llaman a mi puerta de aspirante a aficionado a los toros. Y si continuamos con la muleta, pues... que insisto en lo del porte, pero en definitiva es eso, para ejecutar como todos. Eso sí a partir de ahí es dónde empieza la parafernalia mitómana.

Empezamos por la indumentaria, rememorando al mismísimo Francisco Montes; a esto, ni una pega, pero tampoco es para montar una peregrinación de rodillas a las cuatro de la tarde en mitad de la calorina de agosto. Eso sí, para los afines, los muy afines, esto ya es algo inaudito, excelso, magisterio puro. Luego estamos que me anu8ncio, pero igual voy, que no voy, con la mística que esto provoca en tantos. Y que conste que las causas por las que no va adónde sea, las justifico sin reservas y las entiendo absolutamente. Y si ya entramos en esas loas encendidas, en esas justificaciones, en que si es un torero que bebe de no sé qué fuentes y proseguimos queriendo disfrazar de no sé qué un corte de coleta, pues ya me contarán ustedes. Que ahora resulta que hay que manejar un manual aparte del toreo para saber que un corte de coleta es esto o lo otro según cómo nos venga bien.

Y ahora que me vuelvo a anunciar en Madrid, a ver si no me fallan los fieles y me preparan otro excelso montaje, porque esta parece ser la única fórmula para que le saquen a cuestas por la calle de Alcalá. Que se dice pronto, tantos años de alternativa y la primera vez que logra triunfar en Madrid es por un vergonzoso montaje, que solo fue el principio de una práctica que se quiere convertir en tradición. Que seguro que volverán aquellos jovencitos a invadir el ruedo sin respetar tiempos, ni tradiciones que creíamos eternas en una plaza de toros. Quizá porque era a eso a lo que iban, a ese jolgorio desenfrenado. Que no vino en mayo porque decía respetar mucho esta plaza. Y ahora parece que ha perdido momentáneamente ese respeto. Pues nada, que nadie se preocupe, que unos seguiremos esperando ver algo con que relamernos con el arte torero y otros querrán relamerse con el chachachá, que lo del toreo les importa un bledo. Que si les importara, quizá, como los primeros, echarían de menos ver todas esas performances con un toro y no con lo que se anuncia, que no es poca cosa. Pero resulta que al final, es todo lo externo a lo que se proyecta en el ruedo y lo que lleva a tantos a afirmar sin rubor eso de que es el mejor torero de la historia.



Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html


miércoles, 21 de enero de 2026

Yo también me retiré el 12 de octubre, hasta...

 

Se iba y a mitad de camino decidió darse la vuelta y quedarse. Pues...

Lo de las retiradas parece ser que es algo muy subjetivo, que cada uno lo entiende a su manera. Que el extremo sería considerar que uno se retira, se jubila todos los días al salir del trabajo, pero al día siguiente, por esas cosas de la vida, cuando suena el despertador vuelve a la actividad, vuelve al trabajo, quizá para retirarse de nuevo al acabar la jornada. Pero hablando de esto de los toros, no son los coletas los únicos que deciden retirarse en un momento dado. El que esto escribe más de una vez decidió retirarse muchos domingos después de una tarde penosa en la plaza de Madrid. Salía afirmando que no volvería más y los acomodadores y porteros, que ya me conocían, me despedían, no sin risas y sorna, hasta el domingo siguiente. Pero la fecha que más resonó en este mundo de los toros fue el 12 de octubre, día señalado para Fernando Robleño, que ya había anunciado que ese día se despedía de los toros. Que hasta es posible que vuelva, pero de momento no da la sensación de que vaya a ser así. Todo el mundo fue a despedirse de un torero, pero cosas que pasan, resultó que después del cuarto toro, el espada que abría plaza, Morante de la Puebla, con todo el ceremonial y majestuosa puesta en escena que pudo, salió al centro del ruedo, al platillo de Madrid y se destocó del añadido, que ofreció a los presentes. La conmoción se apoderó de la plaza. Pero, ¿no era el día de...? Pues no. De ello se se ocupó don José Antonio. La fiesta es mía, la tarde, esta y todas las demás, es mía y yo decido quién debe concentrar todas las miradas, todas las palabras, todo el asombro y todas las emociones del día. La gente no daba crédito, muchos entendieron de que aquello tenía una causa muy poderosa, la salud; algo que nadie puede cuestionar, porque ante eso...

Visto todo con la perspectiva que da el tiempo y con lo que se ha anunciado recientemente, que Morante reaparece en Sevilla en Resurrección, todo aquello no parece otra cosa que una mala teatralización para adornar un triunfo tan preparado, tan vacío y tan poco merecido como el que luego propició aquella manifestación de jovenzuelos vociferando con el torero a cuestas. Bastaba aquel gesto para que el montaje verbenero pasara a un segundo plano. Que sí, que son muchos los que se han ido, han vuelto, se han vuelto a ir y se han vuelto a marchar, que seguro que veremos en los próximos tiempos a más de uno que se desretire, pero al menos habrá que agradecerles que no tomen por estúpido al personal. Que no digo yo que nadie tenga que pedir permiso a nadie para nada, faltaría más, pero a veces las formas también cuentan; que después de aquel número, de perjudicar a un compañero, que ahora nos vengan con estas. Que eso de respetar a los compañeros también es torería, no solo el ponerse una montera decimonónica, no solo el llevar botijo y echarse un veguero en el callejón. Que si se es un mandón, nada engrandece más que la consideración a los que uno considera por debajo y eso, ni antes, ni ahora, lo ha practicado Morante. Y ahora, ¿qué? Supuestamente ya montado San Isidro, ¿quitarán a quién sea para colarse él? En Sevilla dicen que irá no sé cuántas veces, lo que igual es porque esto de la desretirada se estaba planeando desde hace tiempo. No digo yo que al día siguiente de aquel trampantojo de corte de coleta, pero...

Con lo necesitados que andamos de ídolos verdad, como para que se nos plante delante este caballero. Que no me molesta solo él, también esa gente que tiene a su alrededor y que les da lo mismo que su torero campe a sus anchas por los sembrados taurinos desmontando caballones y echando a perder las simientes que se comerán los cuervos, todo por... Si es que uno ya no sabe el porqué de todo esto, si por dinero, por vanidad, por no bajarse del machito, porque se aburren en su casa ¡Vaya usted a saber! Pero claro, siguiendo estos esquemas, aunque sé que a nadie le importa lo que yo pueda decidir, si me voy o si vuelvo con la primera de la temporada de Madrid, yo también me retiré el 12 de octubre, hasta...


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

martes, 19 de enero de 2021

Una verdadera gesta


Lo bueno o lo malo de Miura es que, aunque no mires el hierro, se ve Miura


Como diría la canción: cómo hemos cambiado. Cuánto ha cambiado todo, el mundo, el país, la gente, los toros, los que viven de los toros, los aficionados a los toros y las gestas en los toros. Que gran palabra: gesta. Suena al mismo tiempo a epopeya, a épica y a lírica. Es lo que marca un antes y un después, un hito en la historia, escribiendo con letras de oro al artífice de tal heroicidad. Hechos que generan aluviones de reacciones favorables. Cuantas ganas de tener nuestros propios ídolos, poder hacer a un lado a los del pasado a aquellos de los que nos hablaban nuestros mayores y sustituirlos en el pedestal de la admiración por los nuestros. ¡Ay! Vano esfuerzo el pretender recrear la historia para así sentirnos unos privilegiados, por encima de generaciones anteriores. Qué manía con las gestas, si ya es bastante gesta el vivir, para qué buscar más allá. Pero no aprenderemos. Ahora va el don José Antonio Morante de la Puebla y se descuelga con que se pide la de Miura para la feria de Abril de este incierto 2021. Que no voy a entrar en si se podrá celebrar tal evento, ni tan siquiera en si esa propuesta viene con fecha de caducidad o dependiendo de las circunstancias puede ser ad aeternum. Pero sí que entro en eso de la gesta.

 Ya es costumbre que cuando un matador anuncia que se acartelará con una de las ganaderías que en toda su larga carrera no ha querido ver ni en pintura y que, probablemente no volverá a ver ni en fotos, se levanten las voces y acojan tal decisión en loor de multitudes. Lo calificarán de hecho histórico, de heroicidad y por supuesto, de gesta. Y lo de Morante en Sevilla con los Miuras, no iba a ser menos. Ya estamos gestando gestas por los rincones, ya le estamos haciendo hueco en los altares de los toreros comprometidos que se enfrentaban a todo. ¡Calma, amigo Sancho! Que el bueno de monsieur Castella se apuntó a una, una vez y al acabar ya dijo que una y no más, Santo Tomás, que esa había sido porque se le había puesto a él en los perendengues y que ni una más, que para hacer vergüenzas ya había otras vacadas con las que se pasaba mucho menos traguito que con los Miura. Que yo no espero tal cosa de Morante, que igual que se quiere apuntar a esta este año como homenaje a Joselito, del que se cumplió en el nefasto el centenario de lo de Talavera, quién nos dice que no se apunta para homenajearle en el segundo centenario de tal hecho.

 Pero de verdad, ya está bien de gestas y gestos. Porque la mayor gesta en sí misma es ser torero. Que lo de vestir de luces impresiona hasta para una fiesta de disfraces, cuantito más para ir a la plaza y pisar el ruedo en compañía del toro. Esa es la mayor gesta. Bueno, esa y aceptar y hacer suyo el compromiso que supone investirse de oro, plata y azabache. Y no digo enfundarse, ponerse o algo parecido, porque vestir de luces en la plaza va más allá de portar una uniformidad, pero… ¡Qué cosas digo! No solo dudo que lo entiendan como tal muchos de los que hoy en día se visten de toreros, esos que tienen como máxima ambición el ser figuras, sino que no sé si tampoco llegamos a entenderlo los que acudimos religiosamente a las plazas, según el caso, con mayor o menor compromiso, respeto y afición.

 Que el que quiera cantar loas a Morante, o a cualquiera que se anuncie una vez cada centuria con Miuras, que le cante, pero que no pretendan que traguemos ese sapo en amable camaradería taurina. Que no digo yo que Morante, ni ningún otro espada se apunten todos los años a los de la gaita, lo que no estaría nada mal. Aunque sí pido que no se vanaglorien en  público por no hacerlo ni “jartos” de kalimocho. Lo que quizá sería muy bien aceptado es que además de a los Miuras, se apuntaran con la regularidad que marcan todas las temporadas, con Victorinos, Ibanes, Dolores, Rehuelgas, Saltillos, Valdellanes, además de otros hierros ya casi perdidos para siempre, Barcial, Coquilla, Concha y Sierra, Pablo Romero (ahora Partido de Resina), y hasta de lo que ahora torean camadas enteras. Y ya puestos, que se retaran entre los de la parte alta del escalafón, entre figuras, que se midieran con todo aquel que pareciera que pudiera ser alguien en el toreo. Abran los carteles, abran la fiesta a todos, pero sobre todo, abran la mente. Por el bien de todos, olvídense por un momento del negocio y piensen en esto que se nos va de las manos. Que pensándolo bien, si el que un figura se acartele con la de Miura es un acontecimiento histórico que hasta merece el calificativo de gesta, entonces es que estamos mucho peor de lo que nos pensamos. Y si además hay una legión de palmeros que lo alaban como algo fuera de todo lo imaginable, es que ya bordeamos el precipicio borrachos, con los ojos vendados y en mitad de un vendaval que nos va a arrastrar acantilado abajo, hasta despeñarnos contra los peñascos de la vulgaridad, la monotonía y la vergüenza de esta cosa que los finos llaman pomposamente tauromaquia. Si nuestros abuelos abrieran el ojo y nos oyeran, les cegarían las lágrimas al ver en lo que ha quedado eso que ellos llamaban simplemente los toros. Ellos a los que no les cabía la menor duda de que el ser torero, ser matador de toros, eso sí que era y es una verdadera gesta.

 Enlace programa Tendido de Sol del 17 de enero de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-17-enero-2021-audios-mp3_rf_64039066_1.html



jueves, 5 de marzo de 2020

Lo que mande el señorito Josantonio


Quizá ya hemos llegado al límite de aguantar excentricidades y caprichos sin sentido. A ver si dejamos de jugar con las cosas importantes

Para unos, quizá los profesionales del timo taurino y los afines y palmeros de tal estafa, los caprichos de los incapaces que se autoproclaman artistas son una evolución, progreso y caminar hacia el valhalla de estos pícaros del toreo. Y para otros, seguramente los que nada sacan de los toros, aparte de satisfacer su afición, esas “aportaciones” no son otra cosa que un lento y firme caminar hacia el abismo, absolutamente confiados en que no existe tal abismo.

Mis felicitaciones al señor de la puebla del Río, que él solito ha conseguido que la Junta de Andalucía humille ofreciéndose para recibir la traicionera puntilla de este caballero, maestro del show y vergüenza del toreo. Todo capricho es poco para este señor, nada le es suficiente. Se maneja como nadie en eso de irse a comer pipas entre los antitaurinos y ponerse flamenco sacando pecho con ellos. Se presenta, sin pretender ser discreto, en el tendido siete de Madrid con aire más que intelectual, del que se cree el listo del pueblo. Que no duda en agarrarse a la furgoneta y decir que va a luchar por la “tauromaquia”. Eso sí, en cuanto puede, nos suelta dos trapazos por la cara y nos suelta un bajonazo infame que solo puede originar que la fiesta se desangre con el acero atravesado desde la paletilla.

Que a este señor, ni al resto de taurinos, no se le pasa por la cabeza optar por un toro íntegro y con poder que soporte una lidia lógica. Ni mucho menos. Mucho mejor adaptar el girar de la Tierra a las innumerables carencias del toro actual. Que ya que vamos al hoyo, vayamos todos al mismo son. Y marcando el paso según la música que le dicen, la Junta de Andalucía. Esto es lo que los nuevos gobernantes iban a luchar por el toro. Que poquito han tardado en descubrirse. Que como dirían los mayores, obras son amores y no buenas razones. La palabra contradice los hechos con descaro y desmesura. Todo para el negocio y por el negocio. Su fiesta es la bolsa y lo que no incremente sus haberes, queda excluido de la fiesta. Creíamos algunos que habría que esperar más para ver por dónde iban a tirar estos defensores de la “tauromaquia”, pero no, si nos descuidamos, nos llevan por delante atropellados por esa actitud injuriosa. ¿De verdad creyeron que algún partido iba a luchar por esto? ¿De verdad creen que todavía van a mover un dedo por esto?

Todavía habrá partidarios del caballero de la Puebla que salgan no solo a defenderle, sino que se agarrarán el cesto de las chufas en cuanto vean que alguien afea la actitud de su ídolo. Encontrarán mil y un argumentos para apoyar la causa de este señor, mil un insulto para los que se pongan enfrente de él, pero eso no querrá decir que estén en posesión de la razón. Y no es porque tal o cual hecho sea o no razonable, eso sería otra discusión, sino porque él mismo se descubre y se le ven las costuras al pretender hacernos comulgar con ruedas de molino. No hay debate, no lo propone, simplemente atropella la razón y nos quiere convencer de que eso es lo que hay que hacer, porque lo manda él. Rayas de un color, ruedos planos, riegos a petición, estoques a discreción, masacres desde el burladero, burlas en los corrales, burlas en la arena y todo ello queriéndolo disfrazar de arte y erigiéndose en sucesor legítimo de alguien grande. Pero todo está meridianamente claro. Este señor jamás ha sido capaz de mostrar el más mínimo compromiso con la fiesta, siempre ha presionado para conseguir que se atendieran sin reservas sus caprichos y nada le ha importado más allá de su comodidad, de su bolsa y de mantenerse en ese lugar que le permite seguir navegando en ese empalagoso amaneramiento de pseudoartista. Y seguro que aguantará casi por los siglos de los siglos, porque parece que no le faltará su cohorte de fieles en busca de un artista que echarse a la vista y que al menor ademán de su ídolo le responderán siempre lo mismo: lo que mande el señorito Josantonio.

Enlace programa Tendido de Sol del 1 de marzo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-1-marzo-de-audios-mp3_rf_48398478_1.html

jueves, 7 de diciembre de 2017

Historia de una mesa


Creían en el poderoso influjo de la mesa y resulta que lo sobresaliente estaba en el propietario de esta, en su afición, su idea del toreo y sobre todo en esa cabeza privilegiada, única e irrepetible en la historia del toreo

La historia del toreo está llena de hechos curiosos, sorprendentes coincidencia e hitos que se mantienen en la memoria de los aficionados, por muchos años que hayan pasado y aunque sus protagonistas ya no estén presentes. En estas fechas ha adquirido especial protagonismo una mesa. Otro de los caprichos del mundo del toro en que cualquier objeto, por banal que pueda ser su naturaleza, de repente el destino quiere que se convierta en algo único. Esa mesa quizá no lo sea solo por el nombre de los que en su día la poseyeron, lo que ya será suficiente, sino por haber sido soporte o testigo del transcurrir de la historia. Quizá sobre ese tablero aquel joven maestro, aquel genio del toreo, garabateo y trazó lías proyectando la plaza perfecta, la que debería ser el ideal para el buen trato del toro, de los toreros y, sobre todo, para que allí se pudiera dar la lidia perfecta. Esta llegaría o no, pero las condiciones estaban, nunca mejor dicho, encima de la mesa. Allí, quizá, se establecieron las dimensiones de un ruedo, para que las querencias no viciaran la posibilidad de poder ver al toro en toda su dimensión y quizá sea mucho aventurar, a lo mejor hasta se vio con buenos ojos que hubiera una pendiente en el piso, pero ya digo, que esto es mucho aventurar.

Quizá en esa mesa era dónde se cerraban los contratos que en la plaza de Madrid enfrentaría al Rey de los Toreros con cualquiera que empezara a despuntar, cualquiera al que los aficionados empezaban a ver como el nuevo mandón del toreo. Esa plaza no parecía ejercer ninguna mala influencia sobre su dueño, empujándole a esquivar hasta el ridículo estar en la plaza de Madrid, ante la afición de Madrid, ante ganaderías de compromiso y con el compromiso de codearse con quién pretendiera ser en esto del toro y al tiempo no dejar pasar la ocasión de dejarle claro quién realmente ya era y quién se lo iba a poner muy crudo si alguien que calzara taleguilla quisiera descabalgarle de la posición conquistada. Esa mesa quizá vio cómo nombres de promesas emergentes iban paseando del brazo de su dueño por los contratos que allí posaba la empresa de Madrid. Uno, otro, otro, otro más y hasta aquel que calificaban de revolucionario, que hasta disputó la hegemonía del toreo al Rey, y al que este nunca hizo ascos para alternar cuándo fuera, dónde fuera y las veces que fueran. 

Es posible que sobre esa misma mesa, lo mismo se escribieran las misivas exigiendo corridas de Miura, porque esas las debían matar los mejores, los más capaces, que se esbozaran los planos de una Monumental en Sevilla, que se tomaran notas, ideas sobre cómo mejorar la lidia, cómo mejorar la fiesta, trazando el tipo de toro que permitiera ese toreo en redondo que calaba en los públicos y en los propios toreros, la firma de seis toros de Martínez, el esperar a que se parara al toro para que salieran los montados. ¿Quién nos dice que esa mesa no es en si misma un compendio de torería, de historia del toreo? Pero los tiempos son otros y del maestro indiscutible, la cabeza pensante del toreo, aquella testa privilegiada, hemos pasado a otros modos, a otras intenciones no tan reconfortantes y fructíferas para el aficionado. Allá dónde hubo grandezas, ¿quién nos dice que no se ha pedido que se rectifique a aquel Rey de los torero? Lo mismo en dimensiones de ruedos, que en chepas alisadas, que en negarse a matar nada que puede parecer un toro, que se comporte cómo un toro, que sea encastado cómo un toro y que en definitiva, sea un toro. Puede que sea aquí dónde se veten ganaderías de las llamadas duras, se exijan otras de las denominadas comerciales y hasta se establezcan estrategias para manejar el cotarro las mañanas de apartado, cuándo no se cumplan los caprichos sin sentido de quién se piensa maestro.

Más bien parece que la mesa que en su día soportó los papeles que generaba una leyenda, ahora solo sirve para que un personaje excéntrico diseñe su nuevo disfraz de lince, de cigüeña o de pollino de Sierra Morena; quizá allí sea dónde se planeen chiquilladas de niño travieso, pero que muchos aplaudirán cómo genialidades. Y cómo las genialidades se supone que son exclusivas de los genios, hasta se atreven a querernos hacer creer que tal personaje lo es. Que se entiende esa necesidad de algunos de tener siempre un ídolo ante el que postrarse, pero entiendan que a veces resulta complicado, porque el supuesto genio lo pone muy difícil, tomarse en serio todo este numerito de varietes. La única diferencia es que la vedette no bajará la escalinata zarandeando esbelto plumaje, sino que lo mismo hoy se sienta en ese añejo escritorio para redactar una retirada que nadie creyó, que para exigir firmar allí mismo su vuelta a Sevilla, allá para San Miguel. Que igual nos cuentan que es con el afán de iniciar ahí su temporada, que por muy optimista que se sea, a todo lo más que llega es a esta, la de San Miguel, el Pilar, la feria de Otoño de Madrid y la feria de Jaén. ¡Un temporadón! Aplaudan los que quieran aplaudir, muestren su desacuerdo los que no quieran almorzar ruedas de molino, aquí solo hemos querido contar lo que sobre aquel tablero ocurrió un día, esto no es más que la historia de una mesa.

Enlace programa Tendido de Sol del 3 de diciembre de 2017:

martes, 15 de agosto de 2017

Que Morante se hace a un lado


Pues sí, fue una gran ilusión lo que provocó Morante de la Puebla, pero al final...


Menudo revuelo que ha montado el señor Morante de la Puebla, que de la noche a la mañana va y dice que se va, que nos deja, que nos abandona el último artista fértil, que nos deja el vació, el desierto más árido e inhóspito que la mentalidad taurina pudiera imaginar, sin agua, sin vegetación, sin puestos de claveles, sin dónde comprar pipas, ni echarse un yintonis al coleto, ni tan siquiera dónde poder montarle un altar al genio; que por genio lo tienen muchos y ven con él desvanecerse todo motivo por el que seguir en esto. Se nos va un torero que un día enloqueció a la plaza de Madrid con un puñadito de quites, un torero que es posible que en su momento haya enamorado a todo aficionado a los toros, pero que con el paso del tiempo fue perdiendo adeptos al mismo ritmo que ganaba detractores que no entendían, ni compartían sus maneras. Un torero que fue construyendo un personaje cargado de adornos fuera del ruedo al tiempo que vaciaba de contenido sus presencias en las plazas.

Morante de la Puebla, aquel chaval que medio ilusionaba en sus comienzos, que tenía algo diferente, pero que tampoco era para perder los papeles, sufrió una etapa complicada que le llevó a alejarse de los ruedos con más pena que gloria y demasiadas decepciones. Quizá aquella decisión fue la más sabia y no vamos a entrar en las causas, pues esas son particulares del hombre y no creo que nadie tenga derecho a ponerse a cuestionar lo que entonces sucedió. Afortunadamente se cruzaron los caminos de Morante y de Rafael de Paula y quizá fue en ese momento cuándo brotó una personalidad que en los primeros compases sonaba a música celestial, a toreo excelso, eterno y fue cuándo es posible que se le valorara más por lo que se atisbaba que podía ser, que por lo que realmente fue. A continuación vino el cambio de apoderamiento y un cambio de sentido de 180º, sobre todo en las intenciones, en la filosofía del torero y en sus modos de enfrentarse al toro.

Morante de la Puebla inició un camino en el que todo su empeño era buscar su acomodo, sin importarle demasiado lo de alrededor, atender a la lógica y mucho menos al bien de la fiesta de los toros. Tal fue su obsesión por encontrarse cómodo, que al final más bien parecía una obsesión por adecuar el mundo a sus caprichos. Sería interesante pararse a pensar y reflexionar sobre el bien que ha hecho Morante a la fiesta, sobre cómo estaba cuándo él se incorporó y cómo la deja ahora que se va, ¿qué ha aportado a la fiesta, de importancia? Si le preguntamos a los más fieles, esos que a las críticas respondían con que era la envidia lo que guiaba a sus detractores, nos responderán que es el arte puro, la imagen viva de la estética más solemne del toreo, la expresión del artista único, pero claro, todos los artistas dejan un legado, una obra, un ejemplo de su entender el arte. ¿Qué ejemplos, qué modelos nos deja Morante de la Puebla? Y vayamos a plazas de primera, aquel día de Bilbao del casi centenar de muletazos, lo que ya dice bastante de su toreo, los quites de Madrid y momentos muy puntuales en Sevilla y poco más. No tiene un dos de mayo cómo Joselito, ni un 5 de junio cómo José Tomás, ni un toro blanco, ni una Beneficencia con un sobrero para bordar el toreo, ni una tarde en la plaza de Carabanchel, ni catorce Puertas Grandes de Madrid encarnando lo que es el toreo al natural, ni… ¿Para qué seguir? 

Lo que nos deja en la memoria Morante de la Puebla es la vergüenza de los bailes de corrales las mañanas de toros; el puro; el cafelito; cambiar el color de las rayas de picar; la chepa de Madrid, que se bajó para que hiciera el ridículo y no poderla poner de excusa; el traje de lince; el vestido de dos colores; apuntillar vilmente a un borrego estando atrincherado detrás del burladero; acuchillar a otro sin sacar el primer estoque; saludar henchido de soberbia tras recibir los tres avisos; la negativa permanente a no matar nada que no sea de las ganaderías escogidas afines al sistema; el repucharse cuál manso pregonao cuándo las cosas no iban, exigiendo no se qué respeto que cree merecer en esas circunstancias, por parte del público; la exigencia a ser idolatrado como el mayor genio parido en la tauromaquia, y ahora que si el toro es… yo qué sé cómo dice que es el toro, porque a lo mejor, lo que le sobra es eso, el toro, quizá su ideal sería el vestir de luces, pasear luciendo palmito y contoneando genialidad al abrigo de las tablas, sacudir al aire las telas y pasar a recoger las “merecidas” ovaciones que los que pagan están obligados a regalarle, haga o no haga, pero basta con que esté. Unos dirán que se va un genio, otros que un fraude y otros, hasta puede que tengan sus dudas por si tras esta despedida no se esté preparando ya la vuelta en loor de multitudes o si serán efímeras apariciones como un mesías resucitado, dos, tres tardes a lo sumo, imitando el método José Tomás, pretendiendo cobrar su buena pasta, sin complicarse la vida, sin entrar en competencia y a la fiesta… a la fiesta que la den. Que ya estaría bien que uno de sus enterradores ahora nos se nos pusiera flamenco y decidiera echar un cuarto a espadas para revitalizar esta agonía, aunque antes tendría que ganarle la pelea al personaje que parece haber ido devorando al torero, al hombre. Pero no teman, que eso no lo verán nuestros ojos, que lo único cierto, por el momento, es que Morante se hace a un lado.

martes, 18 de abril de 2017

Entre Morante y sus colegas no nos dejan vivir


Que esto parece ser que es lo facilón, pues tiren por lo facilón de una vez por todas




Se abrió la veda, se descerrajaron las bocas, se perdió la vergüenza, desapareció el sentido del ridículo y se desataron las lenguas. Basta que a los señores taurinos les toquen el callo, que saltan como langostas y parece que todos lanzan a la vez sus andanadas de verborrea que pueden hacerse insufribles. Que empezó aquel que tiene vacas que van cinco veces al caballo, que es lo facilón, lo que para el señor del Río, don Victoriano es como tomarse un fino y le siguió don Álvaro, el criador de “productos” y que eso del caballo le importaba menos o nada, si acaso para ahormar, pero lo fetén, dónde él ve la bravura es en la muleta. Que por nosotros no lo hagan, no se compliquen la vida, de verdad, que si dejan de criar “productos” y se dedican a lo del toro de lidia, al que aguante tres puyazos y se entregue en el caballo, tampoco nos lo vamos a tomar a mal; es más, igual hasta nos lo tomamos a bien.



Pero ya lo decían nuestros mayores, las desgracias no vienen solas y así para ir haciendo boca, entre col y col, el mano a mano de Madrid, con mulos y acemileros, que están empeñados en que el toreo artista es lo más parecido al Lago de los Cisnes”, pero con medias rosas, que los “artistas” son los que se limitan a poner posturas elegantes y garbosas y si acaso enganchan un trincherazo, uno del desprecio o ni eso y ya nos tenemos que aguantar, sin tener en cuenta las trampas de no cargar la suerte, del abuso del pico o de echarse el toro para afuera. Que Curro Díaz y José Garrido se encontraron con una bueyada infumable es un hecho incontestable, pero si con las cuatro embestidas, o quizá alguna más, que les regalaron se limitan a acompañar el viaje, pues ya me dirán. Que si ya habían apuntado escasa capacidad lidiadora allá por la feria de Otoño, en los albores de la primavera no han dicho mucho más, pero eso sí, son artistas.



Y para artista incomparable, pues ya saben ustedes, el genio de la Puebla, que no sé si se cree genio por las perlas que suelta o si suelta tales lindezas porque se cree genio. A uno casi no le había dado tiempo a digerir aquello de que cuándo él falte se acabó el arte, cuando nos salta con esta retahíla de la plaza de Madrid. Evidentemente, es su opinión y viendo sus formas y sus cosas, tampoco nos puede sorprender a estas alturas, esa es su sensibilidad y con su trayectoria quizá no sea difícil adivinar cuáles son sus expectativas. Empezando porque él quiere una plaza construida según sus criterios arquitectónicos, luego espera un público que caiga rendido a sus pies por el mero hecho de vestir de luces. Corríjanme, por favor, pero no recuerdo ningún caballero con las exigencias y caprichos de Morante de la Puebla, incluso de aquellos que nunca vieron entregada la plaza como él, aunque hace ya muchos, muchos años, tantos, que ya hasta cuesta contarlos. Que a lo mejor se podría hacer con él una excepción y atender esas demandas de divinidad terrenal, pero, ¡hombre! Que tampoco se puede decir que él haya tratado con especial mimo a la plaza de Madrid, que en no sé cuántos años de alternativa solo ha sido capaz de regalarnos dos quites y pare usted de contar. ¿Qué es un genio? De acuerdo, que venga a Madrid y lo demuestre, pero que lo haga tratando de imitar la humildad de los grandes de verdad y emulando lo que estos hicieron en el ruedo. Pero ya digo, en la arena de Madrid y si lo consigue, con el toro, por supuesto, verá cómo le responde Madrid. Aunque estas ideas quizá no las tenía en aquellos tiempos en que se quería agarrar a esto como un clavo ardiendo y estaba dispuesto hasta a encerrarse con seis toros en esta plaza ahora maldita. Con aquellos seis primeros que pasaron sin pena ni gloria o los seis siguientes en los que enardeció a la plaza más por su pundonor que por sus cualidades lidiadoras. Entonces Madrid sí que le venía bien, ¿verdad? Lo que cambian los tiempos.



Pero que no se engañe, porque el público de Madrid no va ya predispuesto al cabreo por el mero hecho de ir a los toros, quizá sea más producto de que le queda algo de  memoria. Quizá el recelo que le despierta el recuerdo de los bailes de corrales habituales en las mañanas de los días en los que Morante de la Puebla se ha anunciado en los últimos años, ya bastantes, o cuando no, ha declinado rendirnos visita porque le molesta la panza del ruedo. Quizá también tenga que ver la racanería en sus apariciones, contadas, escogidas y de mala gana. Que aunque el genio no lo crea, la gente de Madrid también tiene su corazoncito. Y después, con toda la expectación que despertaban sus visitas, era ver el ganado que tanto escogía y no digo que fuera para quemar la plaza, pero que entienda que eso ya enfada al personal. Que eso sí que lo tiene Madrid, si el toro no es toro… Aunque eso ya se da cada vez menos, el artista puede estar tranquilo. Pero él interesadamente confunde la indignación con la mala educación. No hombre, no, que tampoco somos unos lilas babeantes. Pero este año volverá, igual que los que crían productos o los que guardan las vacas de cinco puyazos debajo de la cama y luego se extrañan de que digamos que entre Morante y sus colegas no nos dejan vivir.


viernes, 19 de agosto de 2016

Mamá, quiero ser matarife

Lo que fue verdad, a veces parece imposible y lo que ahora es la realidad, parece increíble


Que la cosa está “mu acguchá” es algo más que evidente y lo de los trabajos precarios no es ninguna broma. Si estará mal el panorama, que hasta un figurón de la fiesta, uno de los líderes de la tauromaquia 2.0, se ha visto obligado a convertirse en matarife. Para que luego digan que la economía progresa. Ya habrán visto esa triste fotografía en la que un artista, un creador, alguien que clama para que le dejen expresar lo que lleva dentro, se atrinchera en un burladero y capote por delante, se dispone a despenar con el verduguillo a un toro zombi; no aparentaba el animalito haber sido una alimaña en ninguna de sus vidas anteriores, ni mucho menos en la presente. Pero ahí estaba el señor Morante expresando su idea del toreo, detrás del olivo y de manera traicionera, intentando descabellar al toro, con perdón.

Si alguien es capaz de sorprender casi permanentemente en esto del toro, ese es el maestro de la Puebla, don Morante. Que lo mismo se te hace topógrafo y experto en cotas, que se transmuta en lince torero, como si fuera a convertirse en un personaje de dibujos animados, que con su sentido estético y experto interiorista decide que las rayas del tercio tienen que ser color tierra mojada al amanecer en las marismas del Manzanares, que se convierte en socio honorario de la Comunidad de Regantes del Alberche, que... Pues el polifacético don Josantonio ahora se nos hace matarife. Si es que es inútil resistirse a esos impulsos interiores que tarde o temprano acaban saliendo por algún lado. Eso sí, yo me sigo quedando con Agapito, aquel puntillero de la plaza de Madrid que hasta en eso era artista.

Morante de la Puebla, convencido artista y creador, se desgañita, como otros muchos de sus colegas, en pedir libertad para expresar y dejar salir lo que tienen dentro. ¡Ufff! Pues visto lo visto, parece que lo que el maestro lleva dentro, cuanto menos, resulta extraño y poco afín al toreo. Eso sí, siempre con ese amaneramiento tan personal, tan histriónico, tan poco natural y tan... Que no lo dogo yo, que simplemente es tomar sus palabras, sus hechos y ponerlos unos enfrente de los otros. ¡Qué cosas! A lo largo de la historia del toreo, muchos fueron los que iniciaron su camino en los corrales de los mataderos y dejando atrás la posibilidad de ser matarife, alcanzaron la dignidad de matadores de toros y más allá aún, hasta llegaron a convertirse en uno de los pilares fundamentales de la historia de esto que llamamos fiesta de los toros. ¿Hay artista que pueda superar a Pepe Luis Vázquez, el maestro de San Bernardo? Pero quizá será que a algunos esto les queda chico y avanzan un pasito más para eso que tanto gusta decir, lo de cerrar el círculo; y aquí va don Josantonio y presenta candidatura a matarife, eso sí, artista y creativo, pero matarife. No hombree, no anden cerrando círculos, si acaso, espirales buscando las nubes, siempre para arriba, arriba, arriba y más arriba, pero dejen los círculos, que lo único circular sean las rayas del tercio, los ruedos, el sol, la luna y la gloria de los grandes de verdad.

No voy a caer en la tentación de decir que esto es la tauromaquia 2.0, pero no me negarán que nos lo ponen a huevo. Incluso no se puede negar esa legión de seguidores incondicionales, pero lo de esta tauromaquia es algo mucho más profundo y de mayor magnitud, mucho más grave y preocupante que una simple y poco acertada anécdota nacida de un equívoca idea de arte. Tampoco es un síntoma de ello el que este señor se deje los toros vivos; peor es el que haya públicos que después le hagan salir a saludar, peor es el pasar por alto y minimizar esta circunstancia con la simpleza argumental de “es que así son los toreros artistas” o una majadería aún mayor, como la de “es que es la inspiración, el genio”. Es que con este señor ya ni discutimos de toros, ya ni nos planteamos si torea chotos, borregos, si trampea por el ruedo o si carece de dotes de buen lidiador ante el toro de verdad, es que se habla poco y menos del torero y sí y demasiado, del personaje, ese del que hace mucho se dijo que parecía estar devorando al primero. A ver si va a ser verdad y dentellada a dentellada, esa fiera voraz e insaciable del personaje mediático y pintoresco, se nos está comiendo al torero que un día fue y que conocíamos como Morante de la Puebla, el mismo de esas fotos de cuándo era niño, jugando al toro en la calle, el que decía: “mamá quiero ser torero”. Pero el personaje parece que está guiado por otra vocación y lo que clama es: mamá, quiero ser matarife.


martes, 5 de abril de 2016

Que parezca un accidente


El remedio se llama volapié y la fórmula, entrar con el corazón


En esto del toro, de siempre ha habido casos en los que en el momento menos oportuno, va y se te tuerce todo, vamos, como en la vida misma. Cómo dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón. Eso sí, el escribiente en cuestión, después de tintar aquello de azabache cerrado no coge, se sube en la mesa y se pone a celebrarlo como un loco, dedicando el borrón a la familia, los amigos más allegados, vecinos, paisanos, conocidos y saludados, que a su vez le corresponden haciéndole saludar en medio de la plaza del pueblo, obligándole a abandonar su negociado en loor de multitudes. Quizá lo que pasaría en ese caso es que el emborronador que todo lo ha emborronado correría a buscar polvos secantes, un pañito para limpiar la mesa, miraría con pulcritud si el “accidente” ha llegado a mayores y una vez empleado las primeras medidas de coche, seguro que se apresuraría en repetir lo estropeado y así cuanto antes reparar su honra, su orgullo y sobre todo, el borrón. Y casi pondría la mano en el fuego en que en ese estado de cabreo transitorio, hasta habría rechazado la invitación a un café del compañero de la mesa de al lado, por aquello de calmar los ánimos, e incluso las muestras de apoyo y consuelo que el jefe podría mostrarle. ¡¡¡Un borrón!!! Pero si no es más que un accidente. Y el escribiente respondería que ¡nooooo! Es un borrón.

Pero si el borrón se echa enfundado en un traje de luces en forma de no poder matar un toro, traduzcan todo lo anterior en la desesperación y desasosiego del espada que no ha podido cumplir con el primer mandamiento de un matador que no ha podido honrar la dignidad ni de matador, ni de espada. La respuesta del público, cuando se llega a esos extremos, puede ir desde la gran bronca, hasta la comprensión, entendiendo las circunstancias que se dan en cada caso, pero los pitos nunca dejarán de estar presentes, aunque sea con intensidad variable. Suele coincidir que a más alto rango del matador en cuestión, la bronca se va recrudeciendo a medida en que se suceden los fallos con los aceros.

Y llegamos al punto Morante. Anda que no se han vertido opiniones y opiniones, de todas clases, tipos y maneras. Que no digo yo que haya que crucificar a nadie, quizá simplemente baste con darle la medida que el propio torero demanda con su forma de actuar. Es el sumo pontífice de la torería moderna y algunos hasta se atreven a imponerle el purpurado que correspondería a generaciones pasadas. La sensibilidad portando alamares, extrema a veces, que se ve afectada para desplegar su arte a niveles inauditos. Si se levanta una mota más de polvo, ya no hay caso, el arte se desvanece, lo mismo que si las rayas las pintamos un tono más oscuro del tierra arcilloso de las riberas del Guadacantos. Se desbarata con un decibelio más de lo asumible para una buena salud de las orejas, las de oír, se sobreentiende. El más mínimo desnivel del piso se le hace demasiado cuesta arriba, no admite una palabra más alta que otra por parte de las empresas y si el ganado no encaja en el molde paradigmático que tiene en su cabeza, no duda, él o su representante, en montar la Marimorena, en castigar a los públicos con su ausencia o vaya usted a saber con qué. Eso sí, el arte no tiene miedo.

Que cada uno es cada uno y cada once, un equipo de fútbol, pero entiéndannos señores, llevamos tanto tiempo soportando niñerías, que cuando pasa una cosa de estas, lo que en tiempos era el máximo desdoro para un torero, el que le metieran un toro para adentro o que lo apuntillaran en el ruedo sin que se le permitiera a él ser el que concluyera la faena para la que se había contratado, nos quedemos entre estupefactos e indignados al ver cómo nos quieren comer la cabeza. Si hasta entiendo que al señor Morante se le quedara un toro vivo en la plaza de Sevilla, pero, por favor, no me lo expliquen, ni lo intenten tan siquiera. El hecho en si mismo ya se explica por si solo bastante bien. Luego ya que cada uno juzgue si es para mandarlo a Siberia o si solamente hay que hacerle copiar cien veces: no volveré a menospreciar a la Fiesta, ni a sus aficionados, aunque no me alaben hasta el infinito... y más allá.


Si me cuentan que antes hizo un faenón de esos que entran en el Olimpo del toreo del tirón, igual les tengo que responder con eso tan socorrido de. sí, pero no lo mató. Quedaría feo, ¿no? Que no me vengan con que es que el toro era complicadísimo de los complicadísimos más complicadísimos nacidos de vaca. Lo mismo me sale eso de: ¿no es una máxima figura por encima de  todos los toreros de la historia? Sin entrar en lo complicadísimo que puede ser un Garcigrande. Aunque sí, igual la complicación viene porque no se le pudo ni aplicar una lidia medianamente decorosa, ni picar para ahormar la embestida, ni capotear para enseñarle a embestir, ni tan siquiera muletearle por abajo para arreglar lo que no se pudo en su momento. Pero, si tan complicado era, ¿cómo es que el maestro no se ocupó en prepararle para el momento supremo? ¿Por qué se entretuvo en esa gran faena que demostrado queda no debió incluir demasiado toreo de verdad, y no me refiero a pases y pases de “bella composición? A ver si ahora eso de la estética del toreo moderno se nos viene abajo en el momento en que sale un toro sin los estudios de toreabilidad acabados. Que a cada paso que avanzo, más me embargan las dudas. Que han pasado los días y sigo sin verle sentido a todo esto y solo llego a entender que hay unas ganas colectivas tremendas para conseguir que cuando a Morante de la Puebla le echen un toro al corral tras tres avisos hacer creer que parezca un accidente.


Enlace del programa Tendido de Sol del 4 de abril de 2016:

jueves, 18 de febrero de 2016

La chepa de la vergüenza

Dos quites celestiales con el capote y ascendió a los cielos. Poco tardó en comenzar nuestro martirio en forma de la decepción y desencanto más absoluto


¡Qué disgusto más grande! La de vueltas que le llevo dando a la cabeza, el dios de los toreros, la luz de la torería, el Teseo de nuestros días, nuestro guía en los intrincados caminos del arte, el lince entre los linces, desprecia nuestra plaza y nos dedica un “ahí te quedas”, con un par. ¿Qué mal hemos hecho? ¿Qué delito hemos cometido? ¿Cuál es nuestro pecado? Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos? Si nos envenenan, ¿acaso no morimos? Y si nos agravian, ¿no debemos vengarnos? ¿Por qué este castigo? Todo por una chepa, la misma que al mismo dios no le importó para deleitarnos con su toreo de capote años ha, ya demasiados, la misma que no impidió crear el toreo más bello que imaginar pudiéramos a Paula, Romero, Chenel, El Viti o Camino, a los más recientes Mora, El Cid, en la época de los quites del dios, José Tomás o Frascuelo.

¡Maldita chepa! ¡Yo te maldigo chepa! Tú nos has arrebatado al genio, al arte, al baile de corrales, a los caprichos sin sentido, a las mamarrachadas del aprendiz de brujo, a la estupidez pública, a la ausencia de afición, al miedo a afrontar la responsabilidad de una plaza en la que aún se protesta, a tener que esperar que el aire le venga por delante o por detrás para justificar el parné al que nunca ha hecho ascos, al sentirnos abochornados, engañados y asaltados por un espantajo con medias rosas, puro en boca y cafelito a deshoras. ¡Bendita seas, mi chepa del alma!

Antes, en los tiempos pasados, muy pasados, aunque no tanto como lo están aquellos quites con el capote del dios, las gitanas hicieron famosa su célebre maldición en que a los malos toreros les deseaban que les saliera un toro bueno. Pero eso era para quienes al menos se sentían toreros y se veían obligados a demostrarlo precisamente con el toro bravo y boyante, el más chivato de todos, el que canta las carencias y faltas de valor. Pero el dios se nos atasca con una chepa, con una rampa en mitad del ruedo. ¿Será un problema de accesibilidad taurina? ¿Cómo no habíamos caído en ello? Lleva años evidenciando sus carencias y ahora nos extrañamos de lo de la chepa. Si no ha podido superar el escalón del toro encastado, no se atreve con subir el bordillo del toro íntegro y ha convertido en un clásico el pitote corralero matinal. Hay que allanar el camino al dios.

Pero tranquilos, que siempre habrá quién le encuentre la gracia a tanto esperpento y perderán el aliento para justificar y vestir de genialidad tanta tontuna concentrada. Eso que ahora llaman genialidad era motivo suficiente para acabar en el pilón o ser corrido a gorrazos por la calle. Y como al dios le gustaba la sintonía, se subió al carro y se lo creyó. ¡Qué cosas! Para eso no necesito ayuda, sí para la chepa, pero si la cosa va de halagos pega un respingo que llega al cielo. A ver si va a ser que simple y “llanamente” está interpretando un papelón. Serán cosas del márquetin, que uno de sus mentores se llegó de dos patadas a Los USA y se trajo un manual de mercadotecnia aplicada al taurinismo. Mira dios, mientras andemos con estas melonadas, nadie se va a fijar en lo que haces en el ruedo. Ni tan siquiera vas a tener que seguir queriendo imitar a este o al otro, basta con que te disfraces de bicho raro, que te enfrentes a los antitaurinos comiendo pipas, que cuando te pregunten no hables y que cuando hables, parezca que hablas sin hablar y ya está, te desmelenamos tus guedejas al viento, una camisa desigual, esa parsimonia tintada de halo divino y pa’lante. Igual hasta nadie cae en que eres torero y que tu obligación es plantarle cara al toro y así vamos recaudando por esos mundo de perfomance en perfomance. Seguro que “el coro de niños cantores de loas al dios” no se detendrán en esos detalles sin importancia y en gra
n medida, absurdos de exigir al torero como tal, de pedirle que al menos justifique su caché y su fama en los ruedos, pasarán por alto eso de no ver al toro con trapío ni en las litografías de la lidia y hasta se desternillarán cuando se repitan que el dios no acudirá a Madrid por la chepa, porque con la maldita chepa de por medio es imposible. Si ya lo dice él, así no se puede torear. Pero no se equivoque, no se puede torear si no hay toro, si no hay afición para ello y si no hay vergüenza torera, sin detenerse en excusas estúpidas para ocultar tanto que tiene que ocultar y que nada tiene que ver con la chepa de la vergüenza.


martes, 17 de noviembre de 2015

Vente pa’ Sevilla, primo

¿Será en abril?


Últimamente se han desencadenado una serie de rumores que ponían en el mismo cartel a dos máximas figuras del toreo, en Sevilla, en la feria y con televisión en directo. Confidencialmente ha llegado a este blog una copia de la cinta con la conversación mantenida entre los dos implicados. Gracias a un nuevo sistema informático y de captación y reproducción de ondas cerebrales, hasta ha sido posible obtener un registro, sumamente fiable, de los pensamientos de ambos interlocutores. Eso sí, no olviden que esto es absolutamente confidencial

-         ¿Sí? ¿Dígame?
-         ¿José?
-         Sí, ¿quién eres?
-         José.
-         Sí, sí, que yo soy José, que sí, que soy yo. ¿Por quién pregunta?
-         Por José, ¿eres José?
-         Sí, sí, ¿quién llama?
-         José.
-         (Huy, la madre que me parió) Pero, vamos a ver si...
-         Que yo también soy José, Josantonio
-         Aaaah, sí, claro, ¿qué tal maestro?
-         Muy bien, maestro, ¿y usted?, maestro.
-         (¡Huy! Qué largo se va a hacer esto) Bien, bien, gracias, maestro.
-         Me alegro, maestro.
-         Pues tú me dirás
-         Pues na’
-         ¿Na? Para algo llamarás, dime.
-         Pues na’, que no sé si sabes lo de la Feria de Abril, allá por abril.
-         Sí, sí, algo he oído, que se pone Sevilla muy bonita, ¿no? Incluso algún año fui y todo (¿No habrá una cámara oculta?)
-         Pues eso, que, ¿qué te parece si vamos los dos?
-         ¡Hombre! Pues no se me habría ocurrido, pero, bueno.
-         ¿Entonces, sí?
-         Sí, vale, pero queda tiempo, ya lo veremos más adelante, ¿no? A ver cuándo y cómo.
-         En abril, en Sevilla.
-         Nooo, ya, eso sí, pero más que nada, por cerrar fechas y todo. Es que ahora me pillas sin la agenda y no sé.
-         Pero si tú no toreas, no tendrás problemas, ¿no?
-         No, no, claro, no, pero ya sabes, la familia, los compromisos, pero que sí, vamos, lo único, que hay que mirar muchas cosas.
-         Pero, sí, ¿no?
-         Sí, sí, claro
-         Pues ya está
-         ¿Ya está? ¿Qué está?
-         Que vamos a la Feria, en abril, ¿no? (Este hombre no se entera, con lo clarito que se lo he explicado)
-         Sí claro, ya si eso lo vamos viendo, lo del AVE, el hotel y todas esas cosas.
-         Pero eso no será problema, siempre habrá un sitio para descansar y vestirse
-         Vestirse (Este debe pensar que voy a ir en pelotas. Ya sabía yo que tenía que haber aclarado tanto rumor raro, aunque...) ¿Vestirse?
-         Sí, ya encontraremos dónde vestirse, eso no es problema. Incluso si te parece, nos vestimos juntos en el mismo hotel...
-         ¿Juntos?
-         Bueno, juntos, pero no revueltos, ¡cohone! (En que hora pensé en llamar a este hombre)
-         Aaah, claro, sí, no, si yo no quería decir, no...
-         Lo del hotel son minucias. Incluso podíamos ir los dos juntos, si no tienes inconveniente, en un coche de caballos hasta la plaza y que las cuadrillas nos esperaran ya allí, ellos por su “lao” y nosotros por el nuestro
-         ¿Una carroza? ¿Las cuadrillas?
-         Claro, ¡Cohone! Si no te gusta el coche de caballos, pues na’
-         No, no, sí.
-         ¿No o sí?
-         No, sí, digo que sí, que sí
-         Y lo de los toros o lo mira mi veedor o que se pongan de acuerdo el tuyo y el mío y ya que elijan
-         ¿Los toros?
-         Claro, ¡cohone! ¿Tú también vas a poner pegas a la presencia de los toros? ¿También te vas a poner del lado de los que dicen que matamos chivas?
-         Pero, ¿toros? ¿veedores? ¿Para qué?
-         Para un baile, no te joe, ¿para qué va a ser? Pa’ torear en la feria.
-         Si yo no pensaba que era para... Creía que era para...
-         Para ir a una caseta, ¡no te joe! Para ir de casetas me voy con mis colegas, que con ellos me entiendo y no le dan tantas vueltas a las cosas. ¡Ea! Hasta más ver. Un saludo, José
-         ¿José? ¿Quién? José, sí, un saludo, José.
-         ¿José?
-         ¿Sí?
-         Clonk tuc tuc tuc, tuc tuc tuc...
-         ¿Josantonio? ¿Torear en Sevilla? Aquí hay una cámara oculta, esto no puede ser verdad.


¿Será verdad? El tiempo dirá si se podrá ver a José Tomás y Morante con tele y todo. Eso sí, se cumplan o no las expectativas, no lo dude y en abril “Vente pa’ Sevilla, primo”.


Enlace del programa Tendido de Sol del 16 de noviembre de 2015
http://www.ivoox.com/tendido-sol-audios-mp3_rf_9398977_1.html?autoplay=true

viernes, 30 de enero de 2015

Morante y sus ideas artístico- folklóricas

¿Se acuerdan de Morante toreando con el capote?


Morante es un torero que cuando hace el toreo se pasea por los barrios de lo sublime; ¿alguien es capaz de negar esto? Yo no, desde luego. Pero ya digo, cuando hace el toreo. Yo hace muchos años que no he gozado de ese privilegio, creo que de las últimas veces fue aquel año en que andaba de la mano de Rafael de Paula, cuando lo que le interesaba era precisamente eso, el toreo. Luego he tenido la sensación de verle entrar en un túnel muy luminoso, pero sin la luz del sol, con una tremenda algarabía y alboroto de gozo, pero sin aficionados que lo provocaran. Y con un aire de gloria y divinidad sin ningún dios que lo justificara, sin que nuestro dios de la tauromaquia, el toro, estuviera presente. Ni tan siquiera se le presentía.

Pero lo que tiene Morante de la Puebla es que se ha agarrado a lo de ser artista, antes que a ser matador de toros, ha subvertido los fundamentos del torero. Y de la misma forma ha proyectado esta idea sobre la Fiesta; para él la Tauromaquia es primero arte y luego todo lo demás, restando el valor intrínseco que esta posee en si misma. Precisamente la grandeza de todo esto reside en el dominio de un animal pleno de fiereza y que acomete con violencia. En que un hombre es capaz de ir canalizando tal violencia por caminos de armonía, con la fuerza de la inteligencia, llegando en algunos momentos a alcanzar tal belleza que propicia el nacimiento del arte. Un trayecto que no se puede transitar en sentido opuesto, pues entonces es cuando puede asomar la pantomima, con la inestimable colaboración del fraude y la mentira.

Reitero la admiración que un día tuve a Morante de la Puebla. Ahora simplemente es el respeto del que porta coleta, pero sin pasiones, porque estas o se las llama con muchas ganas o ni hacen amago de asomar. Quizá por todas estas sombras que algunos creemos vislumbrar, es por lo que el sevillano sentencia de la manera que lo hace. Me recordaban en estos días unas palabras suyas acerca de su incomodidad en la plaza de Madrid. No se refería en este caso a ese público malote que incordia a los mentirosos; primero hablaba del toro, siempre exageradamente grande, por supuesto, ese con el que el arte es imposible. ¡Qué cosas! No recuerdo nada serio de Morante de la Puebla desde que frecuenta el borreguillo, ese animalejo chico, cómodo y colaborador que exigen él y sus colegas de francachelas neotaurinas, pero en cambio no se ha borrado aquel toreo de capote de hace ya mucho, hecho precisamente a un toro, no a un elefante, ni al borreguito feliz, a un toro. Aquellos quites que cimentaron definitivamente su fama de figura, artista y esperanza cierta para el aficionado.

A partir de aquella feria de San Isidro, Morante creció más y más. Que si lo del puro, que el cafelito intratoro, que si los caracolillos pescueceros, las exageradas pañoletas y esa pose de torero de Teófilo Gautier. Ahora el gran inconveniente es el ruedo de Madrid ¡Me cachis! Y que no hay manera de solucionar el problema, su problema. El suyo y el de esta panda de fenómenos que con tan poca resignación sufrimos a diario. Resulta que nadie había caído hasta ahora en el agujero negro que es la arena de Madrid. Primero su amplitud. ¡Gran problema! Y aquí no hay ironía que valga, pues en verdad este es un factor que trae por la calle de la amargura a la torería. Que le acortaban diez metros por cada extremo de su diámetro y tan panchos. Que no digo yo que no sería mala idea, pues así se podrían instalar muchos más burladeros en el callejón de las Ventas. Vamos, que ya puestos, hasta una terraza, una sala de fiestas, un bingo, un túnel de lavado, una tienda de chinos y un Macdonal; y en el espacio sobrante, un parking Vip. ¿Cómo no va a resultar grande el ruedo de Madrid? Enorme. ¿Se arreglaría el problema reduciéndolo? En parte y no para todos. Quizá así se acabaría con esas carreras de los coletudos detrás del toro, pero... ¿no sería más fácil que aprendieran a fijar al toro y dejarse en paz de mantazos sin sentido alguno? ¡Ea! Ya le he ahorrado una pasta en obras a la propietaria de la plaza. El sufrimiento no sería tanto para los toreros, pero lo único que se conseguiría sería enmascarar una carencia, la falta de capacidad lidiadora de una gran mayoría de los que visten medias rosas. ¿Y lo de la cuesta? ¡Hombre! Qué esto sorprenda a los visitantes que pisan el ruedo en los conciertos de Bisbal, pues lo entiendo, pero a un señor matador de toros. Que todo es según el color del cristal con que se mire. Que lo que para unos es normal y hasta de cierta utilidad para esos días de agua, para otros es una pista de salto de esquí. No sé qué tendrá de verdad, pero una vez un torero de hace años, allí, sobre el terreno afirmaba que en caso de verse perseguidos los toreros, se aprovechaban de esa pendiente para sacarle ventaja en la huída y salirse de los terrenos del toro. ¿Verdad? Pues no lo sé, simplemente lo cuento tal y como lo escuché. Otra cosa es que Morante y sus colegas se vean apurados con tanta frecuencia como para sentir que la cuesta les pudiera ayudar.


Son tantas las ocurrencias, los inventos y las incorporaciones de atrezzo en esto del toro, que uno ya no sabe si en algún momento podrán pensar no solo en que el eje fundamental de todo esto sea el toro, sino que este sea un elemento a tener mínimamente en cuenta. Por el momento parece que tendremos que seguir siendo testigos inoperantes y pacientes de Morante y sus ideas artístico- folklóricas.

jueves, 24 de abril de 2014

Joselito, Belmonte, el Juli, Morante, la Chata, doña Esperanza Aguirre y la madre que parió a Panete

¿Estaría conforme Joselito con las comparaciones a las que ahora se ve sometido?


A ver por donde empiezo sin que me enrede a la tercera línea; y es que servidor lleva unos días que ya sin escribir se enreda solo y luego necesita el auxilio social de voluntarios y buenos samaritanos para que me deslíen y me pongan cada cosa en su sitio, quitar el brazo derecho del ojo izquierdo y ponerlo en su sitio, no sin antes quitar de ahí la pierna izquierda, que no puede recolocarse sin que se desenganche el brazo izquierdo, ya que en su sitio esta otra pierna izquierda, ¿o es la derecha? No sé, va a haber que empezar otra vez. El brazo derecho…

Perdonen mi desorientación, pero es que no hay manera, fue escuchar eso de que El Juli es poco menos que la reencarnación de Joselito y Belmonte, que no digo yo que no, pero tampoco digo que sí, y se me hizo un nudo todo mi ser. De Joselito tiene el querer mandar en la Fiesta, pero muy a su pesar, se limita solo en manejar en beneficio propio, huyendo de lo que es la verdad del Toreo, de la torería del que se viste de luces y de la vergüenza torera del que se atreve a enfundarse el vestido de torear. Si será osado su afán de manejo, que al no conseguir alcanzar esa autoridad que conquistan los más grandes, pretende adueñarse de la ganada con honra por dos de los pilares sobre los que se edificó la Tauromaquia moderna, sin tan siquiera plantearse si, además de hacer el ridículo, estaba profanando el mausoleo del Toreo. Qué más da, todo con tal de ganar adeptos a su fe, que como todas, exige ceguera y creencia sin reparos de los dogmas que dicha fe impone. Pero lo que igual no acaba de entender es que con estas salidas de tono, al aficionado le hace encastillarse más en su postura, quizá intransigente para unos, pero para otros no es más que la fidelidad a los principios del Toreo que fue mamando desde niño a la sombra de sus maestros.

Resulta chocante, quizá demasiado burlesco el ver como estas figuras, estas pretendidas reencarnaciones de Joselito y Belmonte, se devanan los sesos para elevar a la categoría de idea magistral y transcendental, las simples ocurrencias de una tarde de botellón, jaleadas por esos incondicionales del maestro, siempre y cuando el maestro les “obsequie” con un “gesto” que premie su servilismo. Que la torería no reside en el saber estar delante de un toro, ni mucho menos, la torería es llegar a la plaza subido en un coche de los años veinte del siglo pasado, en fumarse un puro entre toro y toro, justo cuando los compañeros andan faenando con su lote, en tomarse un cafelito, por aquello de calentar el buche. Y qué me dicen de eso de llevar cada uno sus toros, sin necesidad de sorteo, ni na’ de na’, o anunciarse en una plaza de primera sin que se le diga a los señores aficionados la ganadería que va a ser lidiada. ¿Es eso torería? ¿Es eso emular y no faltarle al respeto a la memoria de José y Juan? Pues parece ser que sí, que hasta los profesionales de la pluma le quitan importancia a eso de callarse el hierro a lidiar, total, ¿qué más da? Si lo importante son las figuras, que irán en automóvil de hace casi cien años. Luego ya pueden salir cabras montesas desaliñadas, que si el artista pega una media de esas hipnotizadoras, cualquier engaño está más que justificado.

No sé dónde vamos a ir a parar, pero yo me pregunto, ¿nadie se sonroja con estos derroches de falta de respeto, bravuconería pandillera y desprecio por el rito? Parece ser que no. Que yo no digo que un señor periodista, uno de esos que tanto hacen por su fiesta, la de los billetes y privilegios a cambio de vaya usted a saber qué, no pueda declarar sus amores taurinos; eso es muy digno y muy respetable, por supuesto, pero hay una frontera que no se debería traspasar, la de la dignidad de este espectáculo y por supuesto, la del toro, el único imprescindible en todo esto y que puede poner el mundo patas arriba. Que luego vendrán esos acomodados o los que mendigan un lugar en  el taurinismo y dirán que posiciones como estas pretenden que se acaben los toros, que somos el gran problema y mucho peores que los antitaurinos. Pero tranquilos, no hombre, no sean ustedes tan simples y maniqueístas, no vean en nosotros una amenaza para la continuidad de la Tauromaquia, y perdón por atreverme a incluirme en este grupo que quiere que la Fiesta recupere su esencia y los fundamentos clásicos. Eso sí, tengan por seguro que lo que sí queremos que se derrumbe, y por ello lucharemos aunque les escueza más que el vinagre en un ojo, es su negocio, esta infamia que se han preparado con tanto descaro y que pretenden perpetuar por los siglos de los siglos. ¿Qué se les acaba el chanchulleo? Pues lo sentimos mucho, ¿qué se le va a hacer? Que igual echan ustedes de menos ese compadreo untuoso y apestoso, pero hace falta que corra el aire puro en el mundo del toro. Lo que son las cosas, tanto los taurinos, como Julián y Morante coinciden con José y Juan en su idea de perpetuar y engrandecer una idea. Estos, especialmente José, vivía en una continua búsqueda por la mejora y acercamiento del espectáculo a la mayor cantidad de gente. Belmonte aceptaba lo dispuesto por José y no volvía la cara ante los compromisos que el momento exigía. Aquellos, los que soportamos mientras nos tapamos la nariz, lo único que quieren perpetuar es su negocio, mientras ellos estén dentro de él, lo que venga detrás ya no es cosa suya. Comodidad al precio que sea, aunque para ello haya que vender el alma al diablo.


Pero que nadie se piense que los “arrimaos” terminan con esta panda de taurinos y aspirantes, ni mucho menos, siempre nos encontraremos con el político aprovechado que eche su cuarto a espadas para sacar tajada a cuenta de los Toros. Y en esto que va doña esperanza Aguirre, la otrora lideresa, y como resulta que la Fiesta no tiene suficientes detractores, ni gente que no sabe de que va esto pero que a poquito que les meneemos se nos ponen en contra, va  y suelta eso de que el que va contra los Toros lo hace porque quiere atacar las esencias y la identidad española, y por si no fuera suficiente, que representa la identidad propia de lo español. Demasiado simplismo, ¿no? Doña Esperanza se arremanga la mantilla y como si fuera la Chata, la Infanta doña Isabel de Borbón, se erige en campeona del casticismo más rancio y astracanado, como si anduviéramos allá en los años veinte, en la época del coche con el que los dos maestros se presentaron a las puertas de la Malagueta. No se puede negar la maniobra política de los políticos catalanes a la hora de vetar las corridas de toros en Cataluña, ni que el toro es uno de los símbolos más reconocibles de nuestra cultura, pero no hagamos una bandera exclusiva de ello, entre otras cosas, porque dicho acerbo cultural y las tradiciones de esta península son mucho más que solo esto. Pero ya sabemos que esto enerva a las masas y se las puede manejar como arma arrojadiza contra el oponente político, sin que importe que ocurre después con el Toreo, porque para entonces ya habrán pasado elecciones, disputas políticas o situaciones que se pretende que pasen lo más desapercibidas que se pueda. La Chata se presentaba una tarde en los Toros en la plaza de la Carretera de Aragón, en la de San Sebastián o en la Pradera de San Isidro y ya se tenía ganado el favor del pueblo, hasta tal punto que hasta los republicanos la eximían de tener que marcharse al exilio. Igual que doña Esperanza, que de repente decidió declarar los Toros Bien de Interés Cultural en la Comunidad de Madrid, mientras por otro lado permitía y auspiciaba los abusos de Taurodelta, temporada tras temporada. Y que no se me enfaden los simpatizantes del partido de doña Esperanza; quizá se quedarían más satisfechos si les pegara un buen palo a sus oponentes políticos, que ya me gustaría, pero de momento ya saben que ni están, ni se les espera en esto del toro. Quizá cuando se quiten ese complejo absurdo de que los progresistas no pueden ser aficionados al toro. Allá ellos. Igual es verdad para los políticos que no se quieren bajar de la silla, pero como en tantas cosas, el pueblo, nosotros, llevamos las aficiones como mayor naturalidad y, será porque hacemos las cosas guiados por nuestra conciencia, no tenemos que andar constantemente con absurdas componendas, que al fin y al cabo, no es otra cosa que vivir zambullidos en la mentira y ya se sabe, en la vida y en el Toro, las mentiras no llevan a ningún sitio.