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miércoles, 26 de noviembre de 2025

Dicen que Madrid devora novilleros

 

Esperamos que a la tercera sea la vencida


Anda que no habremos oído, leído veces eso de que es un crimen el novillo que le echan a los chavales en Madrid ¡Vaya, hombre! Si es que, cuando se junta tres o cuatro desalmados, pues pasa lo que pasa, que a los chavales se les quita la ilusión. No saben lo que siento estas cosas. Pero claro, ¿nadie se ha parado a pensar en esa injusticia de que a los chavales no les pongan por los pueblos para que se placeen? Igual no. Es más, ¿nadie ha pensado lo injusto y pernicioso que resulta que un apoderado, sea de la condición que sea, vaya a un pueblo a ver si coloca a su pupilo y lo primero que hagan sea preguntarle si ya ha estado en Madrid? Y si no ha estado en Madrid, ¡puerta! Que sea dicho de paso, quizá la pregunta debería ser si después de haber estado en las Ventas, ¿quién, aparte de los autobuseros, se suelen acordar si Juan o Miguel han estado en Madrid? Que es penoso el escuchar una conversación de los que frecuentan esta plaza domingo a domingo, o cena en las Ventas tras cena en las Ventas, que empiezan a pensar a ver si el novillero en cuestión se ha presentado ya en la Monumental o no. Y lo que es peor, después de no lograr acordarse, miran el programa y comprueban que se presentó en tal o cuál fecha, pero como si nada. Vaya paso triunfal, ¿verdad?

Pero si la cosa no cuaja, tenemos a quién culpar, a la plaza de Madrid y a todos los que pretenden que no deje de ser lo que a ellos les place que sea. Que te sueltan entonces eso de que en esta plaza se echa un ganado demasiado grande, que eso es un crimen, que menuda barbaridad y que a ver si se nos quita esa idea de la cabeza; que con lo poco rodados que están los chavales, ¿cómo se les puede echar lo que se les echa? Y cuidadito, que esta idea, partiendo de los profesionales, se extiende con extrema facilidad y rapidez a mucha gente. A los que quieren que su paisano prospere, a los que desde el sillón de su casa devoran sin filtro las doctrinas televisivas, ¡Así se les quita la ilusión a los chavales. Que no es la primera vez que lo digo, pero, qué poquita ilusión tiene alguien que quiere ser torero, porque cuando le echan el toro... ¡plufffff! Se nos desinfla. Que no lo cuentan, pero uno se imagina al padre o al que sea el ponedor, quejándose, porque ellos habían pagado para otra cosa y como el que paga exige... ¡Ay, no! O sí, el que paga por torear, no el que paga para ver torear... toros.

Que esto es el mundo al revés es algo aceptado hasta en los mares de la China, per tranquilos, que nadie intenta poner las cosas en orden, nadie pretende hacer que el alcalde de Villatrancos ponga cordura y contrate a los chavales que están empezando y que hasta puede que tenga una hoja de servicios, corta, pero con actuaciones con nota en otras localidades, no lo que hay que hacer es que cambie Madrid su forma de actuar y de entender, principalmente, lo que es su plaza. Y, ¿qué culpa tiene Madrid de que por ahí anden de cabeza? ¿Por qué tiene Madrid que pagar los platos rotos del sistema' ¿Por qué el aficionado de Madrid tiene que renunciar a lo que siempre fue esta plaza, para que se sientan a gusto los novilleros poco o nada toreados, los partidarios, que solo van con el paisano, o los profesionales que quieren que les dure el muchacho mientras el ponedor siga ejerciendo como tal? Que Madrid tendrá muchas cosas, pero hay una que no tiene y es el obligar a nadie a que venga por narices. Que el que no quiera, el que no se sienta a gusto con estas cosas, que se quede cómodamente dónde más cómodamente se encuentre. Y que se paren a pensar si es razonable, lógico y hasta humano, el llevar a chavales sin haber toreado nada, a que se estampen contra la plaza de Madrid. Que si fracasan, es el mal menor, imaginen que barbaridad, que el fracaso sea lo de menos. Que lo peor es que entre tanto entusiasmo, tanta mentira piadosa, tantos ánimos repletos de falsedad y cinismo, el más perjudicado, el que se puede llevar un mal golpe, el que puede irse para dentro es el chaval. Así sí que se le quita la ilusión. Que tanto cuidarles y cuidarles, que les digan las cosas como son, que les hagan empaparse de lo que es el toreo y si esto les hace muy cuesta arriba y no se ven en esta pelea, pues se acabó. Que el ser torero no puede ser un derecho que se deba conceder por el simple hecho de vestirse de luces, que el ser torero es un imposible que se tienen que ganar, que tienen que conquistar y si en Madrid se les ve con esa actitud de querer comerse el mundo, de querer aprender y seguir aprendiendo, que lleguen sin esos aires de figurón de opereta, amanerado y soberbio, esta plaza les abre los brazos de par en par; eso sí, nunca dejará de cantarles lo que consideren que no es y que ese no es el camino, pero que tengan todos muy, muy clarito que no hay que fiarse de esos que cacarean, que dicen que Madrid devora novilleros.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

miércoles, 14 de agosto de 2024

Es que esa parte no me la he preparado

Un toro es como un temario de oposición y si es en según qué plaza, como Madrid, y los opositores son novilleros que quieren ser, pues hay que apechugar con todo y demostrar lo que se es y lo que puede dar de si con lo que salga y en en Madrid, pues sale lo que ha salido siempre, el toro... o eso piden los que van a esta plaza.


Me contaron que hace un tiempo en un examen de oposición, no me dijeron a qué, fue un candidato ante el tribunal examinador dispuesto a ganarse su futuro tras superar aquella prueba. Muchos eran los candidatos, pero pocos serían los elegidos. En la sala se encontraban otros opositores, familiares del examinado, profesores y conocidos de este y algún curioso que otro. Y llegó el momento en el que la suerte iba a marcar el camino a aquella persona que tenía puestas todas sus ilusiones en salir con bien de aquel compromiso. Las bolas hablaron y ya solo quedaba elegir el tema con el cuál demostrar el saber y capacidades que le permitirían hacerse merecedor a ser uno de los elegidos. Y el tema iba a ser… Pero, ¡qué pasa aquí! ¿Qué alboroto era ese? La sala se convirtió en una algarabía inusitada, en un guirigay indescifrable. Unos clamaban que eso no era justo, es más lo consideraban inhumano, que eso era acabar con la ilusión de los candidatos, que eso era algo totalmente fuera de toda lógica. Que adónde se iba a llegar si se permitía que cayeran semejantes temas. Profesores del candidato clamaban contra la aprobación de aquellos temas y que se incluyeran como posibles preguntas de exámenes. La familia se mesaba los cabellos, los vecinos que acompañaban a la familia insultaban al tribunal, que ellos sabían que el candidato era muy listo y estaba muy preparado, pero claro, si le ponían esos temas… El padre afirmaba con orgullo y soberbia que él se había empeñado para que su vástago llegara a aquel examen, que había empeñado casa, hacienda y hasta había comprometido algún órgano, pero no para que estrellaran a lo que más quería con ese tipo de preguntas. Argumentaban unos y otros acerca del derecho a ocupar la plaza en litigio, porque se la merecía, porque si no era así, sería una falta de respeto al candidato, el cual se había desplazado hasta el lugar del examen, incluso había estrenado el traje para la ocasión.

Y a todo esto, el tribunal solo era capaz de argumentar que ese tema entraba en dicho temario de la oposición, que se sabía desde el primer momento que podía caer ese, como cualquier otro, que podían considerarse más o menos fáciles o difíciles, pero que eso también dependía de la preparación de los candidatos. Esto encendió aún más los ánimos de los presentes, que empezaron a pedir el aprobado, un sobresaliente cum laude, y que se olvidara todo el mundo de temarios y preguntas inconvenientes.  Entre tanto, el candidato se vino arriba y empezó a gesticular y a hacer ademanes no como si hubiera conseguido la plaza, sino como si se le hubiera otorgado por gracia divina, o populachera, el título de catedrático. Una voz entonces espetó al tribunal que si él sabía tanto, que recitara él el tema de pe a pa, lo que fue muy celebrado por todos los presentes, menos por los miembros del tribunal, evidentemente, que no daban crédito a todo aquel alboroto. El personal entraba y salía de la sala, lo que intentaron impedir los examinadores pidiendo ayuda a los encargados de mantener las puertas cerradas, pero estos solo se encogían de hombros. El tribunal intentaba mantenerse en su sitio, pero la cosa no resultaba fácil, amenazas, improperios. El presidente del tribunal tomó la palabra y le pidió al examinando que dijera lo que pudiera, que intentara defender el tema de la mejor y más airosa forma posible, pero se encontró con una sorprendente respuesta, con un reconocimiento que nunca habría imaginado: es que esa parte no me la he preparado. El presidente y demás miembros del tribunal no pudieron ocultar su indignación, preguntaron si el candidato tenía algo más que añadir y ante la negativa de este, le pidieron que abandonara la sala, no sin antes manifestarle una reflexión. Afirmó que esto era como si un novillero se presentara en la pasa de Madrid, el examen final a su andadura por el escalafón, que le saliera un toro medio regular y que argumentara que él quería poder expresarse, hacer brotar el arte que llevara dentro y que con aquello, pues que no se veía. Y que además lis más allegados y plumillas especializados le jalearan su incompetencia, su incapacidad y su falta de torería, la torería que este candidato tampoco tenía, quizá porque esta no se compraba con los muchos dineros ganados por su padre. Y que al preguntarle por su inoperancia ante aquel animal en la plaza de Madrid toda respuesta no fuera otra que “Es que esa parte no me la he preparado”.

 

Enlace programa tendido de Sol Hablemos de Toros:

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miércoles, 13 de septiembre de 2017

El cliente era él


Se pasó de ese vagar por los pueblos tragando con toros pasadísimos de edad, a este cuidado excesivo, que además quita la posibilidad de aprender realmente lo que es el toreo, a unos chavales que no saben de otra cosa que de la comodidad que puedan pagarse

Si nos ponemos a buscar a alguien que no haya oído nunca eso de que el cliente siempre tiene razón, igual encontramos a un indonesio que no ha experimentado tal experiencia, aunque también puede ser que porque no sea capaz de distinguir entre tal frasecita y la de “marchando una de boquerones”. Y siempre el cliente es el que paga, ¿no? Las dudas vienen cuándo no caemos en la cuenta de quién es el que paga; ahí vienen los conflictos. En este mundo de los toros, la tauromaquia como dicen los modernos y decían los antiguos romanos, el cliente se supone que es el que pasa por taquilla, abona su entrada y se sienta en la piedra de las plazas o en esos asientos de colores que el progreso ha plantado en los tendidos. Hasta aquí parece que todo está claro, unos cobran y se exponen al público a desarrollar lo que llevan dentro y otros juzgan y exigen. Que no son demasiados los que exigen, pero bueno, aunque solo sea para que se sepa lo buen afisionao que es, pueden hasta aparentar exigir y quejarse, que si el yintonis está caliente, que si el pan del bocata está correoso, que si las pipas rancias o que las orejas no se le van cayendo al señor presidente por el caminito que lleva al palco.

Luego hay otros que exigen otras cosas, que se desesperan al ver cómo los aspirantes a ser toreros, a ser en esto del toro, ya sean matadores de alternativa o novilleros, deambulan por las plazas como si ya estuvieran hastiados de fincas, dineros, mercedes, deportivos, fiestas flamencas y ya dominaran el “moonwalker” como el mismísimo maestro Ponce, crisol de artes, crisol de culturas, de razas y de más cosas, que me enseñaron de chico que no se dicen. Y no les digas nada, que en un pispás te saltan por las redes sociales y te ponen de hoja perejil. ¿Y por qué esta soberbia tan fuera de lugar? Que parece que los que pueden exigir son ellos, exigen entrega, triunfos prefabricados, la sumisión de los presidentes lo mismo para que les regalen trofeos que para que les indulten el animal ante el que se niegan a montar la espada y si hace falta te sueltan el baja tú. ¿Se imaginan, como me contaba el otro día un joven y buen aficionado, que de repente bajara un caballero del tendido, le dieran tres tandas al burel y dejara en ridículo al de las medias rosas? Que no digo yo que no pudiera eso pasar ahora aunque, pensándolo bien, no creo que el mismo que desafía al tendido lo permitiera. El que quiera torear, que se lo pague, como lo hace mi papá. ¿Quéee? A ver si va a ser eso. ¿Que para torear hay que aflojar la mosca? Primera noticia. Entonces, si el cliente es el paga y el cliente siempre tiene razón, igual resulta que el cliente es el que se viste de luces o mejor dicho, el papá o ponedor del chaval y entonces, claro, se ven con todo el derecho del mundo a exigir. 

Señores aficionados, que va a ser verdad que no se puede protestar en una plaza de toros. Que si les protestamos a esos chavales, a los novilleros que creemos que quieren abrirse camino, es como si en un restaurante nos pusiéramos a abroncar al señor que está comiendo el pollo con los dedos. Paga el menú y encima se lleva el chaparrón de los demás parroquianos. Y claro, el menú que pagan los novilleros no es de once euros el cubierto, es un pico y medio más. Que lo mismo pueden ser unos miles de euros a tocateja, que vender una montonera de entradas, que vaya usted a saber y a la hora de hacer cuentas, el papá aún tiene que aflojar el valor del coche, de medio negocio o la casa que le dejaron los abuelos. Que pensando, pensando resulta curioso que cuando se habla de un novillero siempre hay alguien que te informa de la profesión, negocios o posesiones del padre. ¡Caramba! Entonces, ¿quién le va a exigir al chaval? Pues nadie, porque quién debería hacerlo y conducirle en esto del toro, quien tendría que enseñarle eso de la colocación, del saber estar en el ruedo, de estar pendiente de la lidia, de saberla llevar, a ese todo eso le importa un bledo, él solo se preocupa de desplumar al que pone el dinero. Le camela con que el chaval tiene maneras, con que tiene un corte de torero magnífico, con que torea dos en Cantapotras y Villamodorro, de ahí a Zarzaparranda y el salto a Madrid. Llenamos un autobús de paisanos, para los que habrá que arrimar unos euros para pagarles la entrada y la merienda, aparte del transporte, y así, en un dos por tres, como el vals, se va la fortuna familiar dando giros por el salón de los primos y cuando los bolsillos del papá estén del revés, pues nada, es que esto es muy difícil, el chaval no ha sabido aprovecharlo, yo he puesto todo lo que sé y hasta luego Lucas, a buscar al siguiente panoli, Que además, tampoco tienen que buscar mucho, porque en las escuelas tienen a sus criaturas todas juntas, basta ir preguntando a qué se dedica el papá y en dos patadas tendremos a la siguiente víctima servida en bandeja de plata, basta con aliñarlo un poquito con palabrería y aplicar la fórmula de siempre. Entonces, con el pastizal que se gastan para vestirse de toreros, ¿entienden que no puedan consentir la más mínima crítica? 

Luego pasa lo que pasa: que toman la alternativa y pretenden que la cosa siga igual, que ellos puedan seguir en esa burbuja de alabanzas y encumbramientos de película y que los que también pagan, porque aquí paga todo hijo de vecino, les doren la píldora como los aprovechados que tan bien les han mantenido ciegos, sordos y desorientados en su caminar por el toro. Luego entran otros mecanismos, en los que quizá no hay que poner tarde tras tarde. Luego viene eso de cuadrar las cuentas a final de temporada y cuando empieza el taurino con que si tanto para los voceros, tanto en dádivas y presentes, que si lo de aquel día en aquella finca, que si picos, palas y azadones y después de una temporada que el chaval y su familia creían triunfal, con el planeta taurino y la afición entregada a sus pies, más de cuarentas tardes y ¡catapum! Que aún debe tropecientos mil euros. Lo que no sabremos es si entonces entienden cómo otros con los que alguna vez alternaron no estrenaban vestidos de torero, trastos de torear y que para verse anunciados tenían que pasar las de Caín. Y entonces es cuando el papá, o quien sea, el que iba adelantando dinero a costa de darle bocados a la fortuna familiar, se da cuenta de la realidad y cae en la cuenta de que el cliente era él.

Enlace programa Tendido de Sol de 10 de septiembre de 2017:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-10-septiembre-de-audios-mp3_rf_20789062_1.html

martes, 26 de julio de 2016

Las novilladas de Madrid y el pesar de don Simón

Al final va a ser verdad que el toro es el que hace la selección de los que sí, los que no y los que ni sí, ni no, sino todo lo contrario


Y que ahora el señor Casas, don Simón, se nos pone de defensor de los derechos humanos y nos suelta que “las novilladas de Madrid rozan el concepto de crimen contra la humanidad”. Vaya con el señor Casas, si va a ser que tiene alma, sentimientos y corazón más allá de sus excentricidades y de la buena salud de su bolsa. Pues permítame decirle que me alegro y le felicito por ello. Es bueno tener empatía con el prójimo y más con los novilleros, los integrantes del escalafón inferior del toreo. pero claro, tampoco sería justo el liarse la manta a la cabeza y así por las buenas empezar a soltar por la boca lo primero que se nos venga a la lengua. Con lo medido que ha sido siempre este señor para estas cosas. Un señor que no se encabrita con la chota, ni con el fraude, ni con el timo al espectador, ni con la pertinaz degradación de la fiesta, ni con que en plazas como la de Madrid, en la que algo ha tenido que decir en los últimos tiempos. Un caballero que cuando opina suele coincidir, imagino que casualmente, con las opiniones de las figuritas, los criadores del borrego y con el parecer de los taurinos en general, de los que él es un avezado miembro y que cuando ve las cosas se le pueden torcer no duda en echar mano de lo del arte, de lo de la libertad de la creatividad y otras mandangas que luego repiten sus fieles, que como pollitos en el nido esperan con el pico abierto a ver si les cae una limosna de los grandes jefes del clan del taurineo.

Coincido con lo que muchos dicen en que el novillo de Madrid destaca sobre los de cualquier otra plaza y que en algunas de por ahí hasta podría ganar en trapío al toro que se le echa a más de un “hartista”. Pues claro, es que parece que nos olvidamos, o queremos hacerlo intencionadamente, de que esta plaza es la primera del mundo, o así lo era antes al menos, e insistimos en esa uniformidad, en esa globalización de la mediocridad y de la no exigencia que con tanto éxito se ha instalado por ahí. Si esta es la Fiesta que quieren, adelante, pero no esperen que todo el mundo lo admita y acepte sin rechistar; ya que hacen de su capa un sayo, entiendan que tienen que aguantar el que se les diga que eso no tiene un pase. Porque de la misma forma que ustedes, que el señor casas se atreve a afirmar que: “Las novilladas de Madrid son un vector de destrucción masiva de novilleros”, lo mismo habría que pararse a pensar dos segundos e intentar comprender algunos de los motivos por los que en unos meses los chavales han desfilado incesantemente por la enfermería de la plaza. El novillo de Madrid siempre se ha acercado al toro de otras plazas, y quizá por este motivo, para venir a la capital había que venir preparado, con un bagaje y una formación que ahora mismo es difícil que se dé en los novilleros que se contratan domingo tras domingo. Eso sí, el anunciarlos le cuesta a la empresa nada y menos y una vez que se les ofrece la “oportunidad”, a ver quién es el guapo que dice que todavía no, que más adelante, porque esa es la mejor forma de asegurarse que no habrá una próxima vez más adelante.  Como se diría en una película de éxito de la historia del cine, les hacen una oferta que no van a rechazar, no pueden hacerlo sin firma su destierro casi definitivo de la profesión.

Si hacemos caso de lo que dicen los programas de mano que la empresa de Madrid entrega para cada festejo, podremos juzgar la preparación de los toreros que se acartelan en esta plaza. Juan Miguel debutó con los de aúpa en el 2011 y en el 2015 toreó solamente 11 corridas; Daniel Crespo, debutante en el 2013, con tres tardes en el 2015; Diego Carretero debutó en el 2015 y en ese mismo año toreó 9 veces;  Gallo de Córdoba, del 2009, ninguna actuación en el 2015; Ricardo Maldonado, del 2013, cinco paseíllos en el 2015; Juan Carlos Carballo, 2015 y trece novilladas; David de Miranda, del 2014 y 23 festejos, lo cual se le notaba, aunque solo fuera por el manejo del capote ante los novillos; Darío, 2014, 8 actuaciones en 2015; Jesús Martínez, del 2014 y 8 novilladas en el último año; Mario Alcalde, del 2010 y cinco festejos en el 2015;
Luis Manuel Terrón, 2014, cuatro en el 2015; Alejandro Conquero, del 2014 y 26 tardes en el 2015, otra excepción como la de su paisano onubense David de Miranda; Miguel Maestro, debutante en el 2001, con tres festejos desde el 2013 y uno en el último año; Pablo Belando, debutante en el 2008 y con ocho paseíllos en el 2015; Tulio Salguero, del 2009, sin festejos en 2015.


Perdonen por la verborrea de las cifras y los años, pero que me nos explique el señor Casas si, exceptuando dos casos de los citados, cuál es problema de los novilleros en Madrid. Y he tomado algunas de las novilladas celebradas en Madrid desde San Isidro para acá, sin ningún rigor científico, ni estadístico, pues me he limitado a coger cuatro programas que tenía a mano. De los novilleros aquí nombrados, varios resultaron cogidos, algunos de gravedad e incluso dentro de esa gravedad, hasta se podían considerar afortunados por no llegar a más el percance. El señor Casas pretenderá calmar su conciencia y la del estamento empresarial echando el mochuelo al aficionado que exige el novillo serio y los toreros preparados para un compromiso tan serio como es Madrid. ¿Cuál es su idea, que se echen animalitos a los que apenas se les puede pasar por el caballo? Que por poner un ejemplo, los de Arauz de Robles apenas arañaban los tres años cumplidos, aunque la seriedad y el trapío eran evidentes. Pero claro, si lo que a ustedes les viene bien es convertir a Madrid en una plaza de oportunidad, si de lo que se trata es que los chavales, y no tan chavales, vengan a las Ventas a la desesperada, a quemar el último cartucho, el que la opción sea o esa o ninguna, sin apenas estar toreados, lo menos que puede pasar es que un animal les pegue un mal porrazo y les busque la ruina. Que el verles salir a pie ya es un triunfo y motivo de alegría y descanso para todo el que se pase por los tendidos que con tanto acierto han vaciado los empresarios de la que se decía era la primera plaza del Orbe. Es el mundo al revés y esto no es lo peor, lo malo es que los que pagan tal dislate son los novilleros, que se convierten en cómplices a la fuerza y en víctimas de un sistema viciado, precisamente por quienes luego tanto se quejan. Señor Casas, usted lo tiene muy, muy fácil, organice novilladas, haga que los toreros anunciados lo sean por sus méritos en el ruedo y no por los abonados en los despachos y así, poco a poco, lo mismo se empieza a construir un futuro mejor, ese futuro que usted dice que le preocupa y a ver si de esta forma no tenemos que volver a hablar de las novilladas de Madrid y el pesar de don Simón.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Con la “L” se suben a un Ferrari

El pase de las flores, esas que con tanto cariño arrojan a los de las medias rosas



Se está implantando una nueva vía de acceso de nuevos pilotos a la Formula 1; Los aspirantes solo tienen que pilotar un coche en un gran premio y si hacen podium, pues entonces pasan a iniciar su aprendizaje desde las categorías inferiores. Algo parecida es la nueva política de fichajes en el Atlético de Madrid, el que quiera jugar al fútbol de rojiblanco basta con que juegue de titular el primer domingo posible y si marca un gol, pues entonces le mandan a jugar en los equipos alevines, infantiles o juveniles del club. Pero esta corriente innovadora también ha arraigado en el mundo de la política; incluso se dice que los aspirantes empiezan de ministro para probar y aprender, pero de esto no hay pruebas, aunque sí más de una evidencia de la visones de estos señores.

Y ahora que alguien se atreva a decirme que esto es un disparate. Porque si pensamos un poquito y comparamos circunstancias, en el mundo de los toros esa es la fórmula de empezar a funcionar en esto, vamos por lo gordo y luego a por lo demás; y me explico, pocos son los que se echan las manos a la cabeza al ver como a unos chavales muy poco rodados  son acartelados en la plaza de Madrid, con el único propósito del “a ver si hay suerte”. Lo mismo novilleros, que matadores de toros. Eso sí, luego nos lamentamos y nos compadecemos de esos pobrecitos que tienen que ponerse delante de unos pavos de cuidado, que no siempre tienen buenas intenciones, ni son la Pelos en el Barrio Gótico.

Los argumentos son concluyentes, es un crimen echar ese ganado a unos chicos que están empezando y que apenas han toreado un par de veces con caballos; o que no hay derecho que a matadores con uno o dos paseíllos, en el mejor de los casos, tienen que pechar con unos perlas encastados y con una lámina para rilarse por las calicatras. Pocas afirmaciones podrán estar cargadas de tanta razón, pero, y aquí viene la segunda parte de la parte contratante, ¿qué pinta tanta visones en Madrid, en la palaza de Las Ventas? Quizás esa condescendencia se podía tener en las becerradas sin caballos, en las que a los actuantes se les supone tener múltiples carencias y alguna que otra virtud, de esas que no se aprenden. Y como decían los viejos aficionados, se veían en la obligación de enseñar e ir formando al aspirante a matador de toros. Pero de ahí para arriba, el que se pase por Madrid se supone que tiene que acreditar un cierto bagaje y haber demostrado méritos suficientes para ocupar uno de los tres puestos en primera línea tras los alguacilillos.

Vale que esto está montado con los pies y boca abajo, empezando la casa por el tejado y que haya pasado a ser algo habitual, pero lo que no puede ser es aceptado, porque no es aceptable, ni lógico. Baste con pensar en otros campos y en otras actividades para darse cuenta del grado de insensatez que hay en todo esto. Y las figuras, esas que siempre miran para adentro, esos que parece que viven ajenos a todo lo que no sea su bolsillo y su comodidad, en un arranque de humanidad y compañerismo se lanzan a la piscina cuando no tiene agua y claro, el trompazo es tremendo; y mientras se levantan tambaleándose y sacudiéndose la ropa, hacen como si nada hubiera pasado y como si antes del salto ya supieran que iban a chapotear contra los azulejos del fondo. Si es que se meten en unos charcos, con perdón.

¿Y qué piensa unos cuando El Juli saca la cara por los novilleros poco rodados? Qué hay gato encerrado, que de alguna forma se está cubriendo las espaldas y puede que hasta se le conceda algo de razón. Pero claro, como además de tener el don de la oportunidad, también cuentan con la desaprobación de los dioses taurinos, el domingo siguiente salen unos novillitos de juguete, pero con un puntito de casta suficiente para descolocar a una legión de aspirantes a figuras del toreo. ¿En qué quedamos entonces? ¿El problema es el tamaño, las intenciones del toro o la falta de pericia y conocimientos de la torería de hoy? Pues hombre, con un poco de lo último, igual lo otro, ese volumen aterrador y esas dificultades para darle pases al negrillo, no se verían como si fuera un monstruo de siete cabezas.

Uno contempla domingo tras domingo como los que quieren ser figuras no saben llevar el toro al caballo, lo que les supone un esfuerzo extremo y sin conseguir el fin deseado. ¿Cómo no se les va a hacer cuesta arriba, si algo tan básico como fijar al toro es un imposible? No lo fijan, se hace el amo del ruedo, no miden el castigo en el caballo, pidiendo el cambio de tercio mecánicamente al segundo encuentro, haya sido picado poco, mucho o nada, no tienen en cuenta los terrenos y actúan como autómatas, sin pararse a echar cuentas de las condiciones del animal, vamos que aquello de la lidia es un concepto utópico, más propio de la mitología taúrica, que del cotidiano discurrir de la corrida. Lo de la colocación sería de risa, si no fuera por el peligro que esto provoca. Con el toro en el peto, lo mismo se colocan a la grupa del caballo, que a dos metros del estribo derecho, que a ocho y ante las voces que atruenan con el “a tu sitioooo”, los mocetones rodeados del paisanaje parecen interrogar con la mirada para ver si alguien les sopla cuál es el sitio ese. Tres cuartos de lo mismo ocurre en el segundo tercio, sin pararse a pensar en que los de los palos pueden necesitar auxilio antes y después de entrar a clavar y que aquello no es una simple pose para la foto, ni una pantomima ¿o sí?

Con estos mimbres no resulta difícil echar cuentas de los toros que se marchan al desolladero sin haber recibido ni un pase, ni un lance en el que hayan sentido el dominio de un capote o muleta que les hayan obligado solo un poquito. Y luego nos dicen que ahora se torea mejor que nunca. ¡Ay! Señor, señor, a cualquier cosa llaman torear. Pero que no cunda el pánico y que nadie se crea que una figura va a enarbolar la bandera de la verdad, la autenticidad y el toreo eterno, mientras con un pecho fuera guía a los taurinos ciegos por el destello que esto produce en los ojos de los pecadores. Sería mucho esperar de quien nadie ofrece a favor de la fiesta. Seguirán bramando por los tamaños tan exagerados de los animales con aquella coartada tan recurrente de que los toros grandes no valen, aquello del sacarlos fuera de tipo, lo de los kilos, lo de caber en la muleta y no sé cuántas… ocurrencias más. Atacarán a todo lo que no se corresponda con el borreguillo corretón tan necesario para enaltecer el toreo de zanahoria, el de la Tauromaquia 2.0. Y mientras todavía habrá algún insensato que pretenderá correr en Monza con la “L” colgada del alerón trasero.