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martes, 14 de julio de 2026

Dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada

Los encierros, encierros son, pero... !Cómo pasa el tiempo¡


Sea de dónde sea, hay que reconocer el embrujo que generan los sanfermines en todo el mundo, y no es una frase hecha. Sino se ha vivido en Pamplona entre el 7 y el 14 de julio, esto se convierte en un aliciente, en un deseo que se quiere satisfacer casi de por vida, hasta que se consigue un día vestir de blanco y lucir el pañuelico rojo. Pero hasta entonces, y después, los encierros son un rito para empezar el día en las fechas ya citadas. Levantarse o empezar en el trabajo con el sonido de los cencerros y las voces que provocan la emoción del toro, el toro en la calle. Un rito de uno no sabe cuánto tiempo y el que lo quiera saber, que consulte los libros en los que se detallan las crónicas de correr los toros por la calle. Esa emoción del toro y de los mozos conduciéndolo hasta la plaza. Carreras a cuerpo limpio, con la única ayuda de un periódico enrollado y el saber correr, que eso es muy importante; esto no va solo de echarle una carrera al animal, no se trata de llegar antes, la cuestión es templar las embestidas y conducirlo, porque si de ir más rápido se tratara, que sepan que cuatro patas corren más que dos.

Pero los que llevamos viendo encierros desde... desde hace mucho, desde que nuestros mayores nos levantaban de críos muy temprano, antes a las siete de la mañana, y después del encierro, otra vez a la cama, que un niño tenía que dormir sus horas, para estos ancestros era ver si un toro miraba mal, si hacía por el que se cruzaba, si estaba queriendo enterarse de todo lo que allí pasaba. Peo ahora las cosas han cambiado y de qué manera, aparte de la hora, esa masa de gente que parece la calle Preciados de Madrid en Navidad; no sé cómo puede nadie dar un paso y mucho menos pegarse una carrerita. Que muchos dirán que han corrido el encierro, pero sin ver al toro, que si alguno pilla un pitón y puede hacerse su tramo, ya puede ir a ponerle una vela al santo, que le ha tocado el gordo de San Fermín. Mucha gente, unos, no demasiados, de blanco y con el pañuelico rojo al cuelo, pero luego están los de las camisetas de colores. Del Athletic, la Real, la Penya Taurina de Ribaretjes, los de los Bous de la Mayaeta, los amigos de un pueblo de Soria, los defensores de la Tercera de Madrid, los del Club de Atletismo la pértiga azul, los de... Si es que son tantos. Y cosa curiosa, no sé si se ven camisetas de Osasuna; curioso, ¿no? Pues es para pensarlo. Y todos, todos, corren que se las pelan, los corredores, los cabestros, los toros y al final el encierro se resume en muy pocas palabras, gracias a los “expertos” de la retransmisión. Que cuanto se echa de menos a aquel señor que ya no corría, pero que vivía el encierro desde el micrófono y nos lo hacía sentir a todos. Ahora el encierro se reduce a dos minutos y veintitrés segundos, la manada agrupada o fragmentada, porque dos se han descolgado después de haberse caído en mitad del recorrido. Y el “experto” en cuestión te suelta sin despeinarse, que tampoco es que pueda, que los toros han sido nobilísimos, como si eso fuera una virtud. Que ya puestos, que los saquen de los chiqueros y los lleven al programa de Chenoa, a ver si los adopta una familia. Pero, ¿a qué punto hemos llegado? Eso sí, mires por dónde mires, cuesta saber que sucede por las tardes en el ruedo de Pamplona, si acaso que fulano o mengano han despojado a uno de esos nobilísimos de por la mañana. Y como siempre sucede en esto de los toros de hoy en día en su relación con la sociedad, no sabremos lo que pasa en el festejo vespertino, pero si hay una pancarta, sea la que sea, si hay un tipo con el pelo verde o si a alguien se le ocurre desafinar con el “Sigo siendo el rey”, paran los noticiarios y te lo ponen en primera plana. Realmente, ¿eso son los sanfermines? ¿Ojo! Que nadie piense que estoy en contra de la fiesta, de los amigos que se reúnen para vivirla juntos, para almorzar, para cenar, para bailar, para acompañar a los gigantes y cabezudos, que hay tiempo para todo y para la alegría, mucho más. Pero lo que cuesta asimilar es el trato que se da a todo lo que tenga que ver con el toro, de lo que los principales perjudicados es posible que sean los propios aficionados navarros, los que es posible que sientan que se les está arrebatando algo muy suyo y que les cuesta entenderlo tal y como es todo esto ahora. Pero tampoco querría ponerme a opinar por boca de otros, simplemente es lo que a uno le cuentan amigos que sé que aman al toro y su fiesta y que puede que también les rechine eso de reducir algo tan lleno de matices al dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

domingo, 9 de julio de 2017

Los toros hacen pupa  


O andas listo o te afeitan el mostacho

Aquí, metidos en pleno San Fermín, aunque confieso mi pereza matinal que me impide madrugar para ver los encierros en directo, pero no pasa nada, basta con coger el móvil o conectarte a Internet y en dos patadas ya te han destripado el encierro de pe a pa, cosas de tener amistades madrugadoras. ¡Ay! Si mi padre me viera, me daría un cachete, él que se preocupaba de levantarme a las siete de la mañana, cuándo soltaban los toros a esa hora, para verlos correr por las calles; luego me volvía a la cama, eso que no lo dude nadie. A quién se le diga, que te aficionas apasionadamente a algo por lo que te han hecho madrugar, sentarte en una piedra al sol, tragar polvo en el campo, decepcionarte tarde tras tarde, aguantar colas para sacar las entradas, penar por un abono de estudiante, pero, que hermosa afición. Pero aparte de todas estas cosas, mi padre no dejaba de repetirme que los toros hacen pupa, que no era algo a tomarse a la ligera y si no le conoces, si no sabes cómo puede reaccionar en cada situación, a verlo desde la barrera o la talanquera. 

Lo que parece evidente es que los papás de otros niños no les contaron eso de que los toros hacen pupa, mucha pupa y años después, gracias a esa falta de adiestramiento taurino, sus retoños nos regalan imágenes que más parecen trucajes de una revista de humor, que instantáneas reales. Que lo mismo ves a los toros trepar Cuesta de Santo Domingo arriba, cuándo un fulano con cámara al cuello se cruza parsimonioso como si paseara su estulticia por la Plaza del castillo; a todo lo más, un ligero encogimiento de glúteos, cómo si por dicha plaza esquivara la vomitona de un compatriota de Güisconsin. Que nadie se ofenda, pero no me digan que no era para darle un empellón y apartarle lejos de las talanqueras, vallado en Navarra. Pero cuidado, que este al menos metió para adentro el culete, quizá emulando a sus ídolos taurómacos cuándo se pasan el toro por semejante parte. Ya me le veo poniendo una conferencia a casa, a su dady, contándole cómo él y Stone King son hermanos de culo, perdón, de posaderas, perdón… bueno, ustedes me entienden, ¿no?

Pero lo que ya puede parecer el colmo de la estupidez se queda chico en comparación con esas fotografías de una señorita oriental pegada a la pared del callejón que conduce al ruedo, sin otra defensa que taparse los ojos. Pero, ¡por favor! Que eso de cerrar los ojos y gritar ¡Casa! O ¡No se vale! Eso era para jugar al “Tú la llevas”, en el recreo del colegio… en primaria, que en la ESO ya no colaba y además te jugabas las collejas de los compañeros. Pero, ¿qué me dicen de esa otra joven que camina como disimulando por el mismo callejón, por la otra banda, así cómo con cara de “yo no fui”? Se debía pensar que en esto de los toros aún cuela lo del “pío, pío, que yo no he sido”. Que esto es muy serio y muy peligroso, por favor, señores en paz con el universo, no vayan difundiendo por ahí esa idea de la docilidad y amigabilidad del toro de lidia, porque el toro mata, en la plaza, en el campo, en la luna, en Marte y por supuesto, también en los encierros de Pamplona. Que anda por ahí un señor, aunque el cuerpo me pide llamarle canalla, que anda divulgando un vídeo de él mismo retozando con un ternero de carne, haciendo creer que es un toro de lidia, salvado de la muerte en la plaza de Barcelona, cuándo el animalito contaba unos pocos meses de edad. Que habrá quién se lo crea, pero con meses no solo no se sabe la plaza de destino, sino que ni tan siquiera se puede asegurar que vaya a una plaza. Un vídeo que aún siendo falso de cabo a rabo, podría parecer inofensivo y bien intencionado, pero la realidad evidencia todo lo contrario, más bien el hacer extenderse la creencia de un carácter bonachón y apacible de todo animal con cuernos, más parecido a un perro de aguas que a la fiera que es el toro, que ataca hasta en sueños, afortunadamente, porque eso le hace único, especial y sobre todo, el convertirse en el principal protagonista y tótem de una cultura.

Así que eso de las lecturas épicas desde el punto de vista de la fiesta de don Ernesto, el naturalismo y la idea del toro cómo ser libre en las dehesas celestiales en las que vive el toro Ferdinando, esa sensación de rito de iniciación de la tribu, ese querer vivir el desenfreno del jolgorio sin límites, todo eso, todo está muy bien, pero párense a reflexionar por unos segundos, señores ciudadanos de otras latitudes, que desde hace siglos, los mozos de por aquí llevan corriendo toros, intentando conocer al toro, sus reacciones, su forma de comportarse, la diversidad de encastes, cada uno con su aquel, que se rompen la cabeza escogiendo el tramo que mejor les viene, que se preparan para que el físico, la cabeza y las piernas, les respondan, que vestidos de blanco y rojo no han ni tan siquiera olido el alcohol y que aún tomándose esto muy, muy en serio, hay veces que se ven sorprendidos por una inoportuna cornada, ¿dónde van ustedes con chanclas, con cámara al cuello, con el móvil desparramando selfies y deambulando como zombies por el encierro? Hagan el favor, háganse a un lado, porque aunque su papá no se lo dijeran en su día, los toros hacen pupa.


martes, 5 de julio de 2016

El año que viene en Jerusalem... o en San Fermín

Sale el toro y se disparan las emociones, la fiesta ya está aquí


Cuentan que cada año, en la celebración de la Pascua, los judíos repiten el mismo deseo: el año que viene, en Jerusalem. Incluso parece que los sefarditas fijan su destino en Sefarad. Algo parecido a lo que los aficionados a los toros proclaman al acabar la primavera, ¡El año que viene, a los Sanfermines! Como pamplonicas en la diáspora sienten ese querer estar en la feria del toro. Muchos ni han llegado a pisar el adoquinado por dónde discurre el encierro, ni a sentir el aterciopelado vino de Navarra por la Estafeta. Da lo mismo, porque aparte de nacer, el pamplonica también se hace; se hace a golpe de madrugadas, como a los que de niños despertaban sus padres para que vieran el encierro por la tele y acto seguido, retornar al sueño, pero ya vestido de blanco y con el pañuelico rojo. El asombro que les producía el ver a esos toros corretones de la amanecida, pelear en el caballo y acudir a las muletas que se les escapan a fuerza del temple y mando. Madrugones y siestas presididas por el toro.

Los mismos pamplonicas que ya creciditos ven la fiestas con otros alicientes añadidos que de niños no veían, ni tampoco imaginaba, pero con el toro siempre ahí. Juerga, desenfreno, alegría, dormir en la Ciudadela, pero el toro siempre ahí, en la calle, en la plaza, en el alma, en el aficionado. Unos puede que se atrevan a sentir el bufido a la espalda y otros se conformarán con encaramarse al vallado y dejar que el toro te entre por todos los sentidos: la vista del totem de la tribu; el sonido de las pisadas, los bufidos, los cencerros y la algarabía armónicamente caótica que rompe el silencio de la espera de la manada; el tacto de la fe en el periódico en el que se confía para conducir las embestidas o de la madera cálida salvadora de los derrotes; y ese gusto de la excitación que siempre provoca el toro. Como una vez escuché responder a un corredor al que le hablaban de lo emocionante que había resultado el encierro ese día y que con rotundidad contestó que el encierro siempre es emocionante.

En Pamplona todo es emoción, no importa el momento, porque hasta cuando marzo marcea, cuando el frío aprieta y sorteando coches y no toros, frente a la hornacina con el santo se escuchan los cánticos de los mozos. Avanzando por la calle, Santo Domingo, plaza del Ayuntamiento, Mercaderes, la Estafeta, Telefónica y la pendiente que te mete en la plaza. Es para saborearlo, para revivir imágenes tantas veces vistas desde la niñez, la adolescencia y más allá. Esta es la curva, aquí se estrellan los toros, qué empinada esta cuesta, que larga se tiene que hacer, y los balcones tan llenos de gente, parece mentira que no se vengan abajo. Y al fondo la plaza, el ruedo abierto en abanico, el centro de la fiesta, el centro del mundo hasta el que el santo guía a sus devotos burladores de la muerte. Y por la tarde, la gallardía, la majeza y el arrojo vestido de valor y oro, aunque si surge el tropezón, también aparecerá el capotillo del patrón.


En Pamplona hay muchas cosas, los Sanfermines rebosan con aluviones de sensaciones de alegría, fiesta, celebración, guiris, forasteros, navarros y hasta algún que otro pamplonica en una semana corta, que se puede hacer muy larga, pero siempre aparece el toro, que no solo asoma por la Rochapea, desde el Gas hasta la plaza y luego en el ruedo, su espíritu se vive en la ciudad  los 365 días del año, 266 los años olímpicos. Y así los sienten también los pamplonicas en la diáspora, oyen Pamplona y sienten el toro, el de verdad, huelen el trapío, escuchan la bravura y paladean los madrugones que antes sabían a Cola Cao, luego a café bien cargado y ahora, ahora a pastilla para la tensión, infusión adelgazante o tostada integral son yo que sé que cosa rara que no sabe a nada. ¿Se imaginan ir a Pamplona? ¡Caramba! Eso tiene que ser como jugar al póker y perder. ¿Y a los Sanfermines? ¡Uf! Eso ya tiene que ser la... Vamos, como jugar al póker y ganar. Pues habrá que ponerse serio, anudarse ese pañuelo que encierra tantos anhelos e ilusiones y ya sin excusas, hacer realidad ese deseo de todo pamplonica, aunque sea en la diáspora; el año que viene, en San Fermín. 

Artículo publicado en el anuario del Club Taurino de Pamplona. A todos los miembros del Club, mi gratitud y amistad.


Enlace programa Tendido de Sol del 3 de julio de 2016:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-3-julio-2016-audios-mp3_rf_12106998_1.html

miércoles, 15 de julio de 2015

La vergüenza también llegó a Pamplona

La feria del toro, ¿se acuerdan?


Si decimos Pamplona, inmediatamente al aficionado y no tan aficionado a la Fiesta se le viene la imagen del toro, para después asomar a la mente los encierros, los guiris “condecorados” con un puntazo o una cornada que mostrarán orgullosos en su tierra, lo que les convierte en dignos sucesores de don Ernesto; algunos de no tan lejanas tierras, puede que escuchen Pamplona, San Fermín y recuerden aquellos madrugones de la mano de sus padres para ver los encierros, pero siempre con la dignidad y seriedad que impone el toro, un símbolo que ha hecho que la capital navarra sea conocida en el mundo entero. ¡Qué orgullo! Luego el tiempo y la ignorancia es la que ha pretendido convertir la locura en emblema de estas fiestas, como si todo sobrepasar los límites, lo mismo en la calle, saltando desde la Fuente de la Navarrería, que en la plaza, convirtiendo el sol en un magno botellón ajeno a lo que pase en el ruedo. No sé si esto será o no parte de la fiesta, no quiero ni entrar en ello, pues soy ajeno a todo esto y ni debo, ni me atrevo a juzgar; a través de la tele pocas conclusiones razonadas se pueden obtener. Pero sí que me gustaría detenerme en lo ocurrido en el ruedo, a cargo de los “profesionales” del toro,

Ni tan siquiera me detendré en ese señor que desnudo de medio cuerpo se paseó con un mensaje pintado en el pecho. Por supuesto que no comparto ni su actitud, ni el mensaje, pero bueno, se supone que él y todos los que piensan como él, lo que pretenden es atacar y desprestigiar los toros, queriendo demostrar constantemente las carencias y ataques a la dignidad del toro que ellos creen que se producen durante la corrida. Puede que no sea posible ni discutir con ellos sobre esto del toro, ni por supuesto nos permitirán poner sobre la mesa nuestros argumentos. En el mejor de los caso, siendo muy optimistas, igual se llega al acuerdo de que no habrá acuerdo. Ya es algo. Pero, ¿qué hacemos con los furibundos ataques que llegan desde nuestro lado? O al menos eso pensamos muchos, que algunos que incluso viven del toro, están de nuestro lado. Nada más lejos de la realidad. Seguro que el que más y el que menos ha podido ver una foto de un toro de Garcigrande, lidiado en estos sanfermines de 2015, en el que el animal aparece con un pitón triturado, como si fuera un escobón y con el otro con la vaina sacada, o esa en la que el torero, El Juli, ante el mismo animal, se le ve poniendo caras, como si estuviera enfrentándose al Minotauro del laberinto.

Quizá alguno de los que estén leyendo estas líneas sean capaces de explicar medio decentemente esta imagen, puede que hasta lleguen a encontrar una justificación medio aceptable, pero lo veo difícil; o igual no es tan complicado, porque ya se sabe que hay gente pa’to, incluso los habrá que se escandalicen con la fotito, pero que al tiempo admitan lo de las fundas, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que lo que me cuenten tenga una gota de honradez y honestidad con la Fiesta de los Toros. Pónganse delante de esta imagen y cuéntenme que las fundas son necesarias para evitarle al ganadero pérdidas económicas y que estas no afectan negativamente durante la lidia. O si lo prefieren, explíquenme que este señor que se viste de torero y todos los demás que alimentan esta vergüenza, son grandes figuras del toreo, que son el summun de la tauromaquia y que constituyen la quinta esencia del toreo. Díganmelo. Hasta podemos dejar a un lado lo de los retorcimientos, trucos tramposos, robos de dos tercios de la lidia y alguna cosita más que hacen especialmente indigno este espectáculo. Las orejas benévolas, los triunfalismos, los indultos inexplicables, la falta de casta y todo eso que realmente ataca las bases del toreo, se quedan en nada ante esta vergüenza, la que supone denigrar la imagen del toro de lidia hasta estos límites. Ya ven, señores antitaurinos, les actualizamos su banco de imágenes con fotografías vergonzantes, sin que se tengan que ir a rebuscar a las hemerotecas. Aquí tienen dos de especial valor, donde pueden apreciar en lo que se ha convertido el toro en lo que siempre se ha llamado “la Feria del Toro” y a lo que se dedica uno de los máximos exponentes de la tauromaquia actual.

Me dirán que también ha habido imágenes que dicen todo lo contrario, como las del día de los escolares, Miura o el Conde de la Maza; por supuesto, pero es tanto el daño que provocan las otras, son tantas las facilidades que se le dan a los que no quieren ver esto ni en pintura, que esas pasan casi desapercibidas para el gran público, aunque los aficionados se recreen y se estremezcan contemplando al toro. Habrá muchas cosas que puedan parecer escandalosas en los sanfermimes, seguro, pero ninguna hará tanto daño a la fiesta de los toros, como estas en las que el toro parece un ser maltratado. Sí, sí, den todas las explicaciones que crean convenientes, pero el mal ya está hecho y aunque convenzan a los taurinos, a esos que no llegan a matadores de toros, que simplemente se tienen que conformar con ser profesionales, no conseguirán que a los demás les llegue ningún mensaje positivo. ¡Qué pena! ¿Por esto quieren echar al aficionado? ¿Para cantar estas barbaridades sin complejos quieren callar las voces críticas? Esto se nos va y si nos quedaba alguna duda, ahora ya sabemos que la vergüenza también llegó a Pamplona.


PD.: Y ya si quieren, pueden ponerse de nuevo la montera y dejar de hacer el ridículo con gestos que ustedes mismos se empeñan en vaciar de todo posible significado.

jueves, 11 de julio de 2013

Toros artistas en la Pamplona Fashion Week

Que no todo es jolgorio en los Sanfermines


Antes era costumbre celebrar encierros en Pamplona una semana al año, siempre por el mes de julio, en los que el toro corría por las calles en pos de los aguerridos mozos que tenían el cuajo necesario e imprescindible para templar la carrera que les llevara Cuesta de Santo Domingo arriba. Mercaderes, Estafeta, Telefónica, hasta la plaza de toros. Pero la modernidad y el glamour, con su bella cara y agrietado espíritu también han llegado a la capital navarra. Sin hablar de la ignorancia, que lo mismo se enseñorea por el las calles por donde pasarán los toros, que a cientos de kilómetros en los comentarios de los expertos en encierros.

Da gusto ver a esos Adonis rubicundos elegantemente vestidos como para lucirse por Saint Tropez, con el imprescindible pañuelito al cuello. Con su terno “de durse” se les ve dar saltitos distraídos, sin saber donde ponerse para esperar a la manada, quedándose con cara de bobo que no se entera cuando un lugareño les hace alguna indicación, pero ellos dicen que sí con la cabeza, como si se enteraran. Tan integrados se sienten, que van con su cuadrilla de siempre, los amigotes de Wisconsin, de la hermandad Alfa de YALE, los Omega Plus de Harvard o el Yatching Club de Remeros de un pueblo pegadito a Cambridge. Y luego pasa lo que pasa, que uno decide que se junten en la curva que encara la calle Estafeta, porque allí es donde mejor se ve pasar a los toros. Y allí que están los policías locales empujando a una masa de “aficionados de toda la vida” para apartarlos y hacer sitio a los toros, que no es que estos no sepan abrirse camino, pero lo hacen a su manera. Y también están los que no acaban de aclararse muy bien en que esquina han quedado con los de su cuadrilla, en la curva de la Estafeta, en la parte derecha, ¿pero tu derecha o mi derecha? No, la derecha según se sube ¿Pero según se sube para arriba o según se sube para abajo? En esto que llega un colega por detrás, les vacía un pack de Don Simón por la cabeza, todos se ponen a dar voces y un poco pasadas las ocho, ves a dos gilipollas esperando a los toros apoyados en el tablado sobre el que cada mañana, año tras año, se estrellan los toros sin poder evitarlo.

Pero No solo hay rubios pegando brinquitos con cara de ”Oh, mai goz”, también hay rubias de cortos pantalones, corta camiseta y larga curda, que de la mano pasean sonriendo por el recorrido, cogiditas de la mano y sin poder caminar derechas, cuando no lo hacen cogidas a un espabiladete que quiere confraternizar con otras culturas. Aunque no querría yo que nadie piense que sólo los guiris estorban más que una suegra en la Luna de Miel, también están los zopencos patrios, esos que dominan esto del toro a la perfección y que con toda la autoridad que su afición les permite, no dudan en agarrarse al lomo de los toros, como el que se agarra al pescante del tranvía; y para que se les vea bien, no dudan en ponerse la camiseta de su equipo, el Aleti, el Valencia, el Madrid, el Betis, el Barça, siempre hay una camiseta que destaque entre tanto blanco y rojo y que cumple a la perfección la función de identificar a los “expertos”.

Si hay algo que caracteriza a estas fiestas, es la hospitalidad y esa capacidad ilimitada de acoger a todo el mundo que ofrece Pamplona y tanto es así, que hasta las borregas descastadas tienen el paso franco en los Sanfermines. Si antes lo habitual era ver el toro por las calles, ahora, al igual que los guiris deudores de Hemingway, se pasean por la estafeta como por una pasarela de moda, también lo hacen esos animalillos que no sé si se les puede llamar toros sin ofender a los que durante décadas les han precedido. Los de Alcurrucén, Torrestrella, Valdefresno, el Pilar o Victoriano del Río pueden servir para que la gente se haga la ilusión de estar viendo toros. Ya se sabe, hay que abrirse a la novedad. Incluso hasta batirán el record del encierro más veloz; temblando estarán los Jandillas, ellos siempre rápidos como centellas. Y si alguno se queda petrificado entre la masa de candidatos a correr y ser revolcados en el encierro, no pasa nada, eso es un síntoma evidente de la nobleza y buena educación de las reses de nuestros días. Pobre animal, no sabía si arrancarse a los bellezones nórdicos o si dejarse montar para hacerse una foto de recuerdo. estos son los que luego en la plaza mantienen el tipo y se siguen aguantando las ganas de embestir y de comprometer a los de las medias rosas. Pero entiéndanlos, si durante todo el año se van arrastrando indignamente por esas plazas de Dios, cabreando a todo el que paga su entrada, no iban a ser menos con la afición pamplonica.


Quizá alguno saque la conclusión de que uno infravalora y desprecia esto de los Sanfermines, los corredores, el toro, la tradición, la fiesta y el que durante una semana esta ciudad se abra a todo el mundo. Ni mucho menos. Más bien todo esto es lo que a uno en particular le hace valorar mucho más lo que es esta fiesta. A veces ocurre eso, que viendo lo malo y lo frívolo, aprendes a apreciar en mayor medida lo auténtico y lo que tiene valor. Entre tanta curda hay unos señores y señoritas, aunque pocas, que descansan y se levantan para correr el encierro en las mejores condiciones, que en la calle saben que no todo vale, que el toro es lo primero y que allí existe un peligro cierto y verdadero, que tanto da que hacer al santo Fermín, echando capotes a diestra y siniestra, porque cuando el toro está presente, la cosa se pone muy seria. Cuando oigo hablar de los encierros siempre se me vienen a la cabeza las palabras de un corredor, al que al finalizar un reportero le preguntaba si había sido emocionante la carrera. La respuesta no podía ser más lógica, en todos los encierros hay emoción. Puede que sea esta fiesta uno de los reductos de esa emoción asegurada, que antes siempre aparecía con el toro. No sé si será lo más acertado el detenerse en lo accesorio y superficial de los Sanfermines, pero lo que sí tengo claro es que a muchos nos hace desear todavía más, la autenticidad y verdad de los encierros. Lo de la fiesta, las charangas, las estupendas comilonas, la diversión, la lujuria y la locura, por supuesto, que no falte, pero si no mezclamos, mucho mejor, aunque sea por respeto a tantos que se toman el toro muy en serio. 

jueves, 12 de julio de 2012

Todo lo que quería saber sobre San Fermín y...



San Fermín y los encierros, ¿para seguirlos por TVE?


En estos días he leído muchas cosas sobre los San Fermines y perdónenme ustedes, pero aquí los hay que se inventa las cosas con un descaro espectacular. Que si no hay de que escribir, pues no sé, que cada uno cuente su vida, pero sin inventar. Pero menos mal que estoy yo aquí, avispado como ninguno y voy a contar lo que es de verdad esa fiesta, todo lo que ocurre en cada momento, y ¿por qué? Muy sencillo, porque yo sigo la fiesta por TVE, en la 1, la 2, 24 horas, Teledeporte y Clan TV. Que no hay quien lo cuente mejor.

Ya empiezan el 6 de julio con el cohete en una plaza llena de gente, tan llena, que si te mareas no te caes, te sujeta la masa y para aliviar el calor tienen el detalle de echarte una botella de champán francés por todo lo alto. Eso es hospitalidad y la clara demostración del espíritu de camaradería que va a reinar durante la semana siguiente; simpáticas señoritas, alegres caballeros y alegría desbordante, tanto de los nativos, como de los muchos foráneos que acuden a Pamplona. Foráneos que se han convertido en un ingrediente imprescindible para animar el cotarro.


Pero permítanme que vaya al cogollo de San Fermín, los encierros y cómo te los ponen por la tele. Si es que no pierdes detalle. Sí es verdad que te hacen madrugar un poquito, pero el esfuerzo merece la pena; total, luego te puedes echar la siesta, porque por la tarde no hay nada, la fiesta se paraliza entre la seis y media o cosa así y las ocho y media o las nueve. Pero a lo que iba; ¿ustedes saben lo que hay alrededor de los encierros? Por la noche pasean por la ciudad los cabestros que saldrán por la mañana; un montón de gente se pasa la noche colocando las vallas, limpiando las calles y procurando no molestar a los que quieren do0rmir en los parques, los coches o donde les pille; la música está presente casi las veinticuatro horas, excepto en ese rato muerto de la siesta; los guiris se tiran desde lo alto de una fuente a los brazos de sus amigos, que ya es confiar, porque como a un le suene el móvil en el momento preciso, al volador puede que se le salte un empaste del trompazo que se da. Pero nunca pasa nada, ¿no ven que son especialistas?

Todo esperando que lleguen las ocho de la mañana para ver a los toros correr por las calles. La policía manteniendo el orden en el recorrido, dando paso a los corredores a los diferentes tramos por los que se va a correr. Unos serios y concentrados, vestidos de blanco, con una faja y un pañuelo rojo, otros con un pañuelo rojo y camisetas del bar de su barrio, de la Universidad de Michigan, con el “I love NY”, con el nombre del amigo que se casa en un mes, con todas las posibilidades imaginables de estampado de camisetas. Luego los que viven los encierros de toda España, los de San Sebastián de los Reyes, Burjasot, Arganda, Mislata, Vejer, Torrente, las tierras del Ebro y de toda la Cataluña taurina. ¿Y qué me dicen de la Liga de Fútbol Profesional? Zamarras del Athletic, la Real, Aleti, Betis, Valencia, para dar un cierto sentido deportivo a todo esto. Porque ya lo dicen los norteamericanos, que de esto saben más que nadie, más incluso que los de la misma Pamplona, que esto es un deporte, de riesgo, pero deporte.

Pero también es cultura, ¿qué es si no? Si todo esto parece que existe gracias a Heminghway, que es quién supo entender esto de verdad. Los encierros, el vino, la fiesta y las patatas a la riojana, ¿puede haber algo más navarro que esto? Ese premio Nobel que año tras año trae a multitud de compatriotas para que animen y den vida y sentido a la fiesta. Todas las mañanas veo a su sucesor dando órdenes a los corredores, por ahí no vayas que te coge el toro, mejor por ese lado, pero cuidado en la curva, no derrapes, el piso, el agua, la gente que se acumula, vamos, que el viejecito con barba blanca es el que tiene todas las claves y al que hay que hacer caso. Y así lo dicen en la tele, sin que nadie opine lo contrario; y anda que no hay gente para opinar.

Ves como los mozos cantan tres veces ante la imagen del santo y casi seguidito, ¡¡¡pum!!! Cencerros que salen de la bruma polvorienta y ya están los toros en la calle. Como una navaja rasgando un papel, se van haciendo hueco mansos y toros, mientras unos intentan correr delante del toro, después de ganar la batalla de los codazos a otros corredores. Pero también los hay que eligen esa hora y ese momento para pasear con el ligue de esa noche; hombre, muy romántico no creo que sea, pero le echan un par. O lo mismo la falta de materia gris no les deja ver peligro. Otros se pegan a las paredes, porque todo el mundo sabe que el toro no se acerca a los muros, pero ¿y si se acercan? Pues simplemente acabas de darte cuenta de que esa teoría no es válida. Igual que dicen que al entrar en Estafeta siempre se van por la parte de fura a estrellarse contra los paneles. ¿Y si se meten por dentro? Pues hala, otra teoría que tampoco vale. Y al final uno se da cuenta de que en esto de los toros no hay teorías estúpidas que valgan. Continúan la carrera, mientras los señores de la tele están callados, llegan a la plaza, los meten en los corrales unos señores con los capotes recogidos; les llaman dobladores, que imagino yo que será porque doblan los capotes muy bien. No sé muy bien el motivo de que esto acabe en la plaza de toros, me parece inútil, podrían elegir trayectos alternativos, como la vuelta ciclista. Y tampoco aclaran muy bien qué se hace con los toros. Te dicen antes de salir la ganadería, de donde son, los nombres y números de los toros y hasta el color de estos, pero no lo que se hace con ellos.

Por si no te has enterado bien te repiten el encierro un montón de veces y mientras te van intercalando la información de interés, los heridos, que heridas tienen, si les han tenido que dar puntos o no, si les han hecho mucha pupita, de donde son si americanos, valencianos o navarros. Te dicen dónde ha sido el accidente y al hospital al que le han llevado, que imagino yo que será por si alguien quiere ir a visitarlo. Pero no queda ahí la cosa, que luego entrevistan al médico jefe y este ya te da todos los detalles, si le mandan pronto para casa, si le han operado, los días que le ingresarán o si necesita dieta blanda o no. Pero como tú vayas por la calle, te tuerzas el pie y te tengan que llevar al hospital, también lo dicen por la tele. Si es que no cabe un lunar en la retransmisión. Para el público que no está muy familiarizado con esto de los San Fermines, que como habrán podido comprobar no es mi caso, te dicen como ha sido el encierro, porque los tienen clasificados como por escalas, rápido y sin incidentes, rápido y peligroso con muchos corredores, largo y accidentado con un toro que se ha dado la vuelta, que este suele ser de los peores, emocionante… Ven, esto de emocionante no lo entiendo muy bien, será porque aún me falta un poco de sabiduría en este campo, porque para mí es ver al toro en la calle, o dónde sea, y ya me parece suficientemente emocionante, pero tampoco me hagan mucho caso.

Y para cerrar el programa te ponen el encierro a cámara lenta y con una música bien chula. Pero aquí no se acaba la cosa, luego te están poniendo reportajes durante todo el día, de lo que pasa en la fiesta, de los que se van a almorzar tras el encierro, de la música por la calle, de las grandes comilonas, los que venden camisetas y ya por la tarde de cómo la banda de música hace el recorrido hasta la plaza de toros acompañando a las mulillas. Cosa que uno tampoco entiende, porque no dicen para que van allí a esas horas todos los días. Eso no lo dicen ni en la 1, la 2, Teledeporte, 24 horas o Clan TV. Ahí empiezan esos ratos muertos de la fiesta, justo cuando uno se echa la siesta. Pero mire usted que ayer me desvelé y no me dormí y me dije “voy a ver si hay toros por la tele”. Y pillé que en Tele Molés ponían una corrida o algo parecido, pues se oía a unos señores cantando y con la música a todo pasto. Pero por lo que decía don Molés, aunque no lo parezca, no pierden detalle. Chico, que habilidad, de espaldas al ruedo y lo ven todo. Yo que cuando voy intento no perder detalle y siempre se me escapan un montón de cosas. Pero esas corridas deben ser algo extraño, pues a don Molés le escuché una frase que me dejó pensando; y esto es literal, no me lo invento, dijo: “Fandiño sabe el precio que hay que pagar”. No me dirán que la frasecita no es inquietante. Pero cómo soy, al final me he desviado y me he puesto a hablar de toros, cuando lo que yo quería era contarles “Todo lo que quería saber sobre San Fermín y...”