
Manolete, siempre presente en Linares
Ya estoy de vuelta de mi viaje a Linares. Podría empezar diciendo aliviado que ¡ya pasó! por el compromiso que suponía sentarse ante los aficionados de la Peña Tercio de Varas y los que acudieron que no pertenecían a dicha peña. Pero mi ¡ya pasó! tiene una enorme carga de añoranza por lo vivido en veinticuatro horas. Lo único que no entendí es por qué D. Juan Casado, el presidente de la peña que actuó como presentador y moderador, decidió dar fin a la reunión después de casi tres horas de hablar de toros. Total, si lo único que teníamos que hacer era cenar y dormir. Menos mal que se decidió a poner fin, porque si no, no dudo que todavía estaríamos allí. Y entre otros culpables de ello estaba el propio presidente, con sus preguntas y respuestas.
Tuve el privilegio de acompañar a don José Olid en la mesa de ponentes; y que les voy a contar, que después de oír la versión reducida y ajustada al momento para adaptarse al tiempo requerido, uno estuvo pensando durante unos segundos el levantarse e irse. ¿Qué puedes decir después de escuchar las experiencias de una vida volcada hacia el toro? Pues lo mejor que puedes hacer es callarse. Pero yo hice lo peor, me lancé a hablar, a intentar describir mejor dicho la Tauromaquia 2.0. Pero de lo que yo dije es mejor que lean las opiniones en otros lugares. Seguramente no sería imparcial. O me pasaría de duro o diría aquello de “para poder criticar a un conferenciante, antes hay que haberse puesto delante de un auditorio”. Que yo entiendo que es el argumento más sobado de los últimos tiempos, pero no parece ni medio presentable semejante bobada.
José Olid nos dio, a través de sus vivencias, un paseo por la tauromaquia del s XX, hasta Manolete. Torero al que admiraba más por su menos valorado toreo de capote, que por su toreo de muleta. Afirmó con rotundidad y demostró con sus argumentos, que Manolete murió sin haber dado un natural en su vida, que Linares ya era muy taurina antes de aquel día de agosto y confesó su estremecimiento al recordar las gaoneras del cordobés. Cuanta admiración hacia “El Monstruo” en las palabras que le dedicó. Lo mismo que cuando nombraba a Félix Rodríguez, su torero preferido y que durante sus años de actividad dominaba su calendario laboral. Allí donde iba él, iban a ganarse las perras la familia Olid. Lo mismo que hacían las figuras del momento, según comentó, que o bien adelantaban o retrasaban los viajes, para poder ver al cántabro, torero de toreros. Recordó a toreros a los que todavía lloran en su casa y muy especialmente a Juan Tirado, Juanito, como le llamaba.
Nos metió en su casa, en las conversaciones de su “papa” y de sus “sénecas”, los que le envenenaron con la pasión del toro. Y como si estuviésemos todos sentados en el saloncito de su casa, mandó muy lejos las dos rayas de Domingo Ortega, abogó por el caballo como determinante actor de la fiesta, del respeto, de la inexitencia de este bajo la tiranía del dinero, de las fincas de la comarca, del ganado, de los encastes, en definitiva del toro, del toro y también del toro. Sería ingenuo por mi parte tratar de resumir en cuatro líneas un discurso tan lleno de sustancia y que tanto alimentó nuestra afición.
Por mi parte solo puede contar lo a gusto que me sentí, la satisfacción de poder hablar de toros y decir lo que uno tiene en su cabeza y comprobar como la gente se mantenía en silencio y escuchaba. Esto ya es más de lo que podía pedir. No quiero quitar mérito a los aficionados locales de Linares y del resto de la provincia, pero creo que no sería justo si no agradeciera su presencia a los componentes de la cuadrilla de El Paseíllo”, el programa de Hispanidad Radio. No dudaron en echarse a los medios para acompañar al amigo de Madrid. Pepe Palaza, Juan José Benítez y Marín, acompañados de familiares, a los que no les importaron sus tres o cuatro horitas de viaje. Pero algunos también pudieron disfrutar de la noche de Linares, de los encantos de Úbeda y del sol de un domingo por la mañana, otros se vieron obligados a viajar de vuelta a Huelva, de noche, dándose de tortas con el sueño. Y no quiero olvidar a Franmartín, que solo quería escuchar lo que allí se decía, queriendo pasar discretamente por la peña, después de arreglar como pudo ciertos problemas familiares. Vino, escuchó y se marchó. Él solo, de Sevilla a Linares y vuelta. Cuanta satisfacción y agradecimiento a todos. Perdón por haber dedicado esta entrada a un hecho tan particular y personal como fue mi visita a Linares, pero creo que se lo debía a todos los que soportaron estoicamente mis cosas de la Tauromaquia 2.0, a los que me han aguantado las vísperas y a los que incluso quieren escuchar la conferencia grabada. Todo se andará y si es posible, se la haré llegar del modo que sea. Lo que no podré hacer es mostrar la atmósfera taurina de Linares, ni contar los sonidos del toreo tal y como me lo confesó Marín, ni las sensaciones de un picador que un día tuvo un sueño, ni lo que se siente sobre el lugar donde resultó cogido Manolete, el enfado del aficionado por lo de Curro Díaz en Sevilla, ni tan siquiera cuando se me pidieron explicaciones sobre una travesura en facebook que me ha superado sin enterarme. Pero permítaseme un último consejo y es que Linares, hay que vivirlo.