Mostrando entradas con la etiqueta Las Ventas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las Ventas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de abril de 2021

He aquí la causa de los no toros en las Ventas

 

Sigo esperando. Cuando quieran, me abren la puerta

Al final se ha sabido, ya no han podido esconder más el motivo real por el que hasta la fecha no se ha dado ni un solo festejo en la plaza de las Ventas de Madrid. A ver si ya se quedan tranquilos esos que echan culpas aquí y allá a los que llevan el timón de esta plaza. Y espero de todos ustedes un poquito de comprensión y empatía, que antes de juzgar sobre estas causas, que piensen en que nadie es perfecto, en que un mal día lo tiene cualquiera. Y mal día fue el que tuvo el último que cerró la plaza allá por el mes de octubre de… ¿Qué año era? ¿Fue en este siglo o…? ¿Fue cuándo reinó Carolo o tres reyes después? No sé, da lo mismo. La cuestión es que ese que se marchó el último y pegó el portazo, no solo se dejó las llaves dentro, sino que las dejó puestas por dentro y… Para qué más. ¿Qué quieren que les diga? Que a ver qué haces, que con la llavecita puesta no hay cristiano que la meta desde fuera. Que ustedes me dirán que sí, que es un trastorno, pero tampoco hay para tanto, que se llama a un cerrajero o a un okupa de carrera y con una radiografía no hay puerta que se resista. Y que razón tienen, pero…

 Que no se crean, que llamar a unos y a otros, llamaron, pero en el momento en que les decían que puerta era, entonces vinieron las pegas, que si era para el señor Casas, que si no cobraban por adelantado, nada de nada y con billetes nuevos y autenticados por un notario, un funcionario del Banco de España, otro de la Casa de la Moneda y Timbre, aunque el timbre no les valía de mucho, que ya podían tocar y tocar, que dentro no había nadie. Y claro, sin un profesional experto en cerraduras, allí no había quién descerrajara el coso venteño. En mitad de tal desesperación y sin ver la luz, se empezó a buscar un responsable a quién echarle el muerto. A ver si los areneros, no, estos no, que por ser la última, ni plancharon el ruedo. ¿Los de las almohadillas? Nada, estos se aviaron en un abrir y cerrar de ojos. ¿Los de los bares? ¡Huy! Estos sirvieron el último yintonis casi desde las taquillas del metro. Ya está, los que limpian tendidos, gradas y andanadas; tampoco, esos echaron a correr justo cuándo les dijeron que igual cobraban con un poquito más de retraso. Y así uno por uno y ninguno… Pero, ¿no aprovechó cierta persona para familiarizarse con su despacho y revisar unos papeles? Si dicen que hasta se dejó la luz encendida de lo rápido que salió de allí. Que cuándo quiso percatarse, ya eran las tantas y tenía gente esperándole. Que había quedado para echarse un baile y eso no se perdona por mucho que apriete el cargo. Y allá que salió el recientemente nombrado haciendo fu como el gato y ni apagar luces, ni coger las llaves, ni quitarlas de por dentro de la puerta. Salir, pegar un tirón de la puerta y… sin toros ya va para año y medio.

 Se preguntarán que por qué no lo dicen, que igual algún voluntario se presenta para descerrajar las Ventas y así posibilitar que se vuelvan a dar toros en esta plaza. Pero, ¿cómo lo iban a decir? Hay que tapar al responsable. Que incluso se barajó el que presentara su dimisión, pero claro, si el despacho estaba cerrado, ¿cómo iba a entrar a entregar la tal dimisión? Que podía haberla metido por debajo de la puerta, pero claro, ¿y quién la recoge y la tramita para que tal renuncia fuera efectiva? Pues eso, el que se dejó las llaves puestas. ¡Cómo se puso un señor con acento raro y las guedejas desordenadas! Qué digo desordenadas, un caos, la pelambrera de un erizo electrocutado, empapado y vuelto a electrocutar. Que “ ega un atentado contga el agta, contga la cultuga, contga las tgadiciones, contga su faltgiquega”. Que no había consuelo para el pobre. Que de tal disgusto salió corriendo y tanto y tanto debió correr, que lleva casi desde ese mismo día desaparecido. ¿Y quién responde que pueda responder? Al olvidadizo de las llaves le preguntaban y él siempre respondía con la misma, “que no sé”, “que eso hay que verlo con los responsables de la plaza”, “que eso es cosa de tal o cuál y…”, “que lo que diga la superioridad”, que… La desesperación ya había alcanzado unos límites insoportables, así que un día decidieron hacerse presentes en la plaza y estudiar la situación in situ. Si había que convocar al personal y darles noticia de la situación, pues se les daba, que mejor que los empleados supieran de la situación, antes de que se enterara hasta el sordo de Azuqueca y todos esos amargaos que solo buscan que haya un patinazo de nada para hacer sangre y recrearse en la suerte criticando y venga a criticar.

 Llegó el día señalado y allí concurrieron los máximos responsables de la cuestión. Frente a frente con la dichosa puerta, pero nadie más parecía dar señal de acudir a la cita. Igual es que no les habían llegado los comunicados correspondientes. ¿Seguro que les llegó la misiva? Claro, si hasta me habían confirmado su asistencia. Anda que no se pusieron contentos de saber que íbamos a juntarnos aquí todos. Por un lado, los mandamases, por otro, la puerta. Y allí no aparecía nadie. Llegó la hora en punto y… ¡Magia! ¡Magia! ¡Un prodigio! ¡Una puerta se abrió sola! No la gran puerta, sino otra dentro de esa puerta ¡Loado sea…! ¿Cómo? En paciente procesión empezaron a salir los empleados de la plaza allí citados en punto, hora y lugar marcados. Risueños y con aire cansino, fueron apareciendo uno por uno, porque de dos en dos no cabrían por la susodicha puerta. Se adelantaron los que mandan e interrogaron a sus subordinados sobre el “cómo”. “de qué manera” y “cuándo” Y con la llave puesta por dentro. La respuesta fue contundente, para que pasara el personal no hacía falta abrir portones, bastaba con una simple puerta. ¿Pero? De toda la vida de Dios, que igual si vinieran a primera hora verían la entrada del personal. Y a eso poca respuesta cabía. Solo poner cara de circunstancias, una sonrisa boba y un balbuceo más tonto aún. Eso sí, ahora igual se piensan eso de dar toros en Madrid, eso sí, una vez se hayan recuperado algunos del shock de ver cómo se abre una puerta desde dentro sin necesidad ni de cerrajeros, ni de okupas de carrera. Y para aquellos que tantas preguntas se hacían, he aquí la causa de los no toros en las Ventas.

Enlace programa Tendido de Sol del 28 de marzo y 4 de abril de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-28-marzo-de-audios-mp3_rf_67493615_1.htmlhttps://www.ivoox.com/tendido-sol-4-abril-de-audios-mp3_rf_68040335_1.html

 

lunes, 9 de julio de 2018

Cenarse las Ventas devorando su prestigio, su tradición


El rito conlleva muchas cosas que los patanes no entienden, ni quieren hacerlo; sus mayores aspiraciones, el arte más sublime, no pasa de llenar la panza

Si hay algo que en lo que el señor Casas, don Simón, ha alcanzado un éxito sin discusión posible, es en lo de desmantelar, minar  y demoler la plaza de Madrid, las Ventas del Espíritu Santo. Da pena visitar el coso de la calle de Alcalá, la zozobra se apodera de los aficionados que aún mantienen la costumbre de acercarse casi todas las semanas a ver toros, lo mismo mojigangas de figurines incapaces, que novilladas con aspirantes a figurines incapaces, que shows nocturnos con chavales y no tan chavales, que deambulan por ese camino de la incapacidad, aunque los parientes y paisanos intenten disfrazárselo de gesta o de injusticia presidencial, que incapaces siguen siéndolo. Lo del ganado ya empieza a importar más bien poquito, que ya pueden ser chivas, marmolillos, inválidos, torazos, torazos o torreznos, pasaran ante la pasividad del respetable y la aquiescencia de la autoridad y salgan buenos, malos o de juanpedro, los de luces exhibirán su incapacidad y no sabrán qué hacer con ellos.

Pero el hablar ahora de toros en la plaza de Madrid empieza a ser un sinsentido o quizá una utopía; porque a este señor, al que la Comunidad de Madrid concedió la explotación de la plaza, le ocupa su tiempo todo, menos la organización de festejos taurinos. Que nos lo viste de arte, de producciones artísticas, pero la evidencia es que esto es una cadena de producción, tal y como él mismo declaró a sus esbirros de la televisión. Ahora nos sale con eso de “cenarse las Ventas”. Ningún titular podría describir con tanta fidelidad lo que son esas nocturnas de los viernes. Te anuncian la primera novillada con un plano con los chiringuitos playeros y su especialidad, sin hacer demasiado caso ni a novillos, ni a novilleros, que eso es algo suplementario. De repente los amplios pasillos venteños se convirtieron en un laberinto, una gymkhana del mal gusto, de la chabacanería en la que había que ir sorteando mesas, sillas, carpas repartiendo queso, chuletas, vino, cerveza rubia, tostada y hasta la misma plaza, vuelta y vuelta. Lo importante era esto, ¡qué divertido! Porque eso es lo que era, divertido. Que al final se acabará yendo a la plaza a divertirse, no le demos más vueltas. Tanto es así, que en esa primera horterada pseudotaurina los hubo que prefirieron quedarse de animada charleta al calor de las planchas y tablas de quesos, que pasar al tendido a ver que daba de si la de Guadajira, mientras otros entraban y salían a discreción, estuviera o no el toro en la plaza.

Pero no se echen las manos a la cabeza, no, esperen un poquito, no se escandalicen tan pronto, porque lo de este individuo que un día aspiró a ser torero, ya no creo que sorprenda a nadie. Él se hizo con la plaza jugándosela a los Choperitas y ahora nos la está jugando a todos. El regenerador de la fiesta, el revolucionario, no ha hecho otra cosa que profundizar en la miseria que actualmente carcome la fiesta y aprovechando la circunstancia, intentar sacar cuatro ochavos de la manera que sea, sin importarle si es en la plaza de Madrid o en la de Trotaventanas del Puerto. Pero, ¿dónde está la Comunidad de Madrid? ¿Dónde están los propietarios de la plaza de las Ventas que tanto se ufanan de apoyar al toreo? Si tuvieran un poco de dignidad, igual estarían avergonzados, debajo de la cama y no queriendo salir hasta que se vaya este señor. Que es posible que no hayan caído en la cuenta de que ellos son los últimos responsables de permitir semejantes desvaríos. Pero no, no piensen que en este caso el partido amigo de la fiesta va a intentar mover una ceja por los toros, ni de broma. Ellos se limitan a poner la mano, cobran lo suyo y a otra cosa y si para ello tienen que ir firmando todo lo que se le ocurre a este señor, pues lo firman; que si achicar el ruedo, que si admitir una feria inadmisible, que si llenar el recinto de tabernas con apariencia chic, que si se llevan por delante las demandas de los aficionados, da igual, la Comunidad lo consiente todo, todo y todo. Dios nos libre de defensores y amigos de la fiesta, que de los enemigos ya me libro yo. Pero el problema, el peligro, son los políticos y los antis. Que ya dicho de paso, bien podría la oposición levantar la voz y pedir explicaciones sobre las condiciones de explotación de una propiedad pública y de si se respetan las condiciones que garanticen el futuro, el buen futuro, de un hecho cultural de profundo arraigo en Madrid. Pero no, lo importante es lo importante y además va primero, empecemos por llenar panzas y mojar los gaznates, con la colaboración de una masa dispuesta y entregada a cenarse las Ventas devorando su prestigio, su tradición.

jueves, 22 de junio de 2017

Nos pedían paciencia pero, y ahora, ¿qué nos piden? ¿Cabestrear?


¿Quién dice qué?

Qué gran acontecimiento fue aquel día en que la Comunidad de Madrid le concedió la gestión de la Plaza de Madrid a don Simón Casas y compañía. Unos se lanzaron a rasgarse las vestiduras sin demora, mejor antes que después, otros, entre los que me incluyo, pensamos que había que dejarle actuar y otros que no se podía desconfiar cuando aún no se había ni sentado en su mesa de las Ventas. Es que no se puede ser tan negativo, ni ver todo mal, que es verdad, pero, ¡hombre! Que cada uno tiene sus antecedentes y el señor Casas, don Simón, tiene los suyos, que ni son pocos, ni tranquilizadores. Pero no había empezado la temporada y ya llevaba una larga lista de promesas incumplidas, que otra cosa no, pero defraudar, este señor no defrauda, se esperaba un disparate y respondió con una montonada de ellos, a cuál más descabellado. Pero no les voy a aburrir contando los planteamientos de la feria, ni de la temporada que estaba iniciándose. Vayamos al final de la feria, que según él, los medios oficiales y sus seguidores más fervientes, los que se quedan siempre con lo bueno, loaron el ciclo como el mejor de no sé cuántos años. Daban cifras de más de 600.000 espectadores, más que el año anterior, pero sin contar que con un mayor número de festejos; pero eso no lo decían. Nos hablaban de las puertas grandes, algo que no es mérito del señor Casas, don Simón, pero no de la forma en que se produjeron. También nos tiraban a la cara los muchos toros que embistieron a la muleta, de lo que tampoco se puede aprovechar el señor Casas, don Simón, más si nos paramos a ver cuántos de esos toros soportaron medio puyazo, por dar un dato, ni del bajón en la presentación del ganado no solo durante la feria, sino desde que comenzó la temporada. Todo era idílico, ¿a ver qué espectáculo reúne a tantos miles de personas durante tantos días? Decían los pancistas de la tele, como si nunca hubiera ocurrido lo que no hace tanto era norma, la sucesión de llenos que empezaban con la primera y se cerraban con la última, eso sí, con un ligerísimo descenso en la asistencia en los días de novilladas. Pero todo era felicidad, gloria, jolgorio y alegría, aunque yo me hacía una pregunta: ¿estará realmente satisfecho el señor Casas, don Simón? Pues parece que no demasiado.

La verdad es que el señor Casas, don Simón, comenzó con un ritmo difícil de mantener, porque no se puede soportar por mucho tiempo eso de maquillar la asistencia a base de regalar entradas. Circunstancia que igual también rondaba la cabeza de los señores de Plaza 1 y que quizá provocó cierta inquietud entre el señor Casas, don Simón, y su socio, Nautalia, lo que se vio reflejado en la desaparición del callejón del caballero francés a las primeras de cambio durante la feria. Bastaron cuatro protestas y dos toros devueltos, para que alguno decidiera esconder la testa. ¡Ay que ver! Ni un corte de mangas que nos ha dedicado a la afición de Madrid. Todo lo bueno se lo guarda para sus paisanos. Y cuando ya todo parecía discurrir por las calmadas aguas de la temporada madrileña, los festejos con menos de un cuarto de plaza con torerillos baratos y ganado más barato aún, ¡zas, cataplum, chimpún! Que se corta la temporada de Madrid, que hay que hacer obras en la plaza para garantizar la seguridad de los asistentes y que ya si acaso, pero que aún no se sabe, igual para el próximo San Isidro se volvía a abrir el portón de los sustos en Las Ventas. ¡Caramba! Eso sí que es arte y del bueno, del que te estremece y hace que no te llegue la camisa al cuerpo, que a más de uno se le encogió la pajarilla y aún no se le han destensado las cervicales. Pero, ¿qué broma es esta? ¿Qué broma de mal gusto, de pésimo gusto es esta? ¿A qué estamos jugando? Resulta que antes de la temporada nadie se había enterado de que había que hacer obras, que se liaron a poner cámaras y a tirar cableado y no hubo cristiano que pensara en que había que echar mano de Manolo y Benito para meterse en reformas y si llegaba el caso, darle una manita de gotelé a la “primera plaza del mundo”. Pero según parece, solo según parece, ha bastado que el ayuntamiento de la capital negara la correspondiente licencia para lo de las motos, para que al señor Casas, don Simón, se le encendiera la luz de emergencia. ¿Allí no se podían dar espectáculos no taurinos? Pues de los otros, los supuestamente taurinos, tampoco. Y punto, se corta la temporada y el domingo 25 con la corrida de Martín Lorca se echa el cerrojo y a otra cosa. Un hecho que solo tuvo lugar durante la Guerra Civil, sin precedentes en tiempos de paz, pero que al señor Casas, don Simón, le debe importar un bledo. Lo que me gustaría saber es si tal anuncio contó con la anuencia de la propietaria de la plaza, la Comunidad de Madrid, o si se ha lanzado a la piscina por su cuenta, en cuyo caso, la señora Cifuentes y su equipo, aparentemente siempre tan preocupada por los toros, deberían actuar de inmediato y aclarar todo este embrollo. Si bien es verdad que el consejero portavoz del gobierno regional, don Ángel Garrido, ha salido a desmentir tal suspensión, se deberían dar detalladamente los motivos y sucesión de los acontecimientos que propiciaron tal anuncio. 

Lo que está claro es que si alguno aún dudaba de la condición del señor Casas, don Simón, igual con esto se le han abierto los ojos, a no ser que esa ceguera parcial sea propiciada por el grosor de sus buenos fajos de billetes. Me gustaría oír a la señora Cifuentes que en caso de incumplimiento del pliego de contratación se aplicarán las medidas administrativas pertinentes, me gustaría también saber si se mantendrá el rigor necesario a la hora de aprobarse los carteles, para lo que resta de temporada, para la siguiente y para las ferias de Otoño y de San Isidro. Son muchos aspectos que ahora parecen cogidos con alfileres. Así como recordarle al señor Casas, don Simón, y a su socio de Nautalia, que firmaron un contrato con una administración pública y que su incumplimiento no sale gratis. Ahora solo queda esperar que la Comunidad de Madrid sea capaz de llevar a cabo las obras necesarias y dar satisfacción a las demandas del Ayuntamiento de la capital, al que hay que agradecer ese innegable desvelo por la seguridad de los ciudadanos que acudimos a la plaza de las Ventas, siempre y cuando vayamos a las motos, a un concierto, al circo o a la Copa Davis, porque si vamos a los toros, ya se nos puede caer encima el palo de la bandera. Aunque tampoco hay por qué alarmarse, pues no me cabe la menor duda de que ya sea en el caso de que pudiera peligrar nuestra seguridad, ya sea porque de repente nos hurtan la temporada de toros a la afición madrileña, seguro que aparecerá la Fundación del Toro para defendernos de cualquier entuerto o injusticia con el yelmo de Mambrino calado hasta las orejas, la adarga antigua y el galgo corredor.  Los seguidores del señor Casas, don Simón, ya fuera desde los micrófonos de la tele, desde los medios de comunicación oficiales, desde la propia administración o desde la barra de la tasca del Pedernales nos pedían paciencia, pero, y ahora, ¿qué nos piden? ¿Cabestrear?

P.D.: Y servidor que pensaba tomarse un descanso...

martes, 23 de octubre de 2012

Las Ventas y la tapadera

Cuadro del Pintor Paco Sanz, perteneciente a la Exposición de su obra que se puede visitar en la Casa de la Cultura de Torrejón de Ardoz, c/ Londres, 5; del 18 de octubre al 16 de noviembre. Creo que sus pinturas servirán para reconciliarnos con la fiesta. No lo podemos dejar pasar.



Un olé rotundo por la CAM, por el Centro de Asuntos Taurinos y por los médicos que los atienden y que cuidan de su salud. Es de admirar la nueva decisión que se ha tomado acerca de la plaza de Madrid de cara al invierno; como primer paso le van a poner una tapadera, lo siguiente puede que sea que también le pongan un lazo y que la manden certificada a Pernambuco, a ver si así deja de dar dolores de cabeza esto de la Fiesta de los toros. En mi opinión este es uno de los pasos más audaces y más decididos que han tomado los responsables del coso. Anda que no les había costado encontrar un argumento más o menos incontestable para poder acabar con la temporada madrileña, que por otro lado es la única plaza en la que todavía se puede hablar de ello. Una temporada en la que tanto la empresa Taurodelta como la Comunidad, esta por omisión y dejación de responsabilidades, han puesto todos sus esfuerzos para dinamitarla definitivamente.

Llevan años aireando las pobres entradas fuera de feria, que es verdad, pero no dicen ni mu de cómo el aficionado acude a la plaza cuando hay carteles medianamente interesantes. A ellos les de perlas ese justito cuarto de plaza, para lanzarlo a la cara de políticos, prensa y aficionados, quejándose de lo ruinosa que es la plaza los domingos y fiestas de guardar y quieren hacer ver que solo interesan las ferias. Pero esto tampoco es exacto señores Taurodeltos, porque vale que lancen por delante a Don Simón, que tiene un arte para quejarse sin razón, ni argumentos, que no se puede aguantar; prueben a pone un festejo un martes a las tres de la mañana y anuncien que será una corrida en la que no se encenderá la iluminación. Seguro que casi venden todo el papel, vamos, segurísimo, ¿saben cómo? Pues haciendo lo mismo que hacen en San Isidro y en la Feria de Otoño, obligando a sacar la entrada a los abonados, porque si no pierden el derecho a poder renovar el abono en años sucesivos. Es más y el cartel puede estar compuesto con vacas de leche, Don Simón, el tío Matilla y el padre Molés; colas kilométricas delante de la taquilla de la calle de Alcalá. Porque no me dirán que para este festejo abrirían al menos dos taquillas, una y zumbando, atendiendo al público una señorita de Hamburgo que no sepa decir en castellano ni hola. Pero esto no es nada nuevo, porque algo parecido es lo que vienen haciendo durante años. Si yo contara las cosas que me han pasado en esos ventanales; hasta falsificador me llegaron a llamar hace un par de años, todo por querer devolver una entrada. Mira que les sentó mal. Pero tanto me convencieron de que era un chorizo falsificador, que hasta yo mismo pedía, rogaba y gritaba con todas mis fuerzas para que llamaran a la Policía, pero no, al final me llevé un chasco monumental, era cuestión de las impresoras de la plaza, de la señorita que cobró bien, pero vendió mal y el falsificador no era tal.

Pero ya sabemos de la generosidad, desvelos y espíritu proselitista taurino de la empresa de Madrid, si no será esto conocido, que Don Simón y el tío Matilla fueron corriendo a sumarse a la faena, esas cualidades que les están empujando a organizar festejos sin caballos en Las Ventas, en los meses de invierno. Ya puestos a perder, pues hala, hasta la camisa, todo sea por levantar la industria del autobús, perdón, quería decir la Fiesta de los Toros. Gracias al esfuerzo que las instituciones van a llevar a cabo, se va a cubrir el ruedo venteño, lo que nos permitirá reencontrarnos con los compañeros de afición en la grada. ¡Qué patinazo! No, no, disculpen, las gradas y andanadas quedarán inutilizadas, tal y como dice el proyecto para cerrar la plaza. Pero no pasa nasa, se pondrá un precio único de diez euros y apunto. Igualito que en las nocturnas del verano, pero claro, ahí al menos queda la posibilidad de sacarte una grada o andanada por menos de la mitad de esa entrada general. ¿Pero, qué son diez euros? Nada, baratijas. ¿Qué igual los habituales se lo piensan un poco más? Pues fenomenal, así dejarán de dar la matraca con lo del trapío, la invalidez, las monas descastadas y todas esas cosas que lo único que hacen es enturbiar una alegre tarde de toros. Total, si es posible que en uno o dos años no se den estos festejos de invierno.

Entonces, ¿para que la tapadera? Pues realmente, uno no lo sabe, tengo mi opinión, pero no la confirmación. Uno solo se puede guiar por la intuición, tomando como modelo lo perpetrado por esta empresa desde hace años, que la CAM les ha aplaudido a rabiar; lo primero es la pela, después la pela y luego nada y a eso de la Fiesta, que le den dos duros, eso no es rentable. Nos organizarán un ciclo insufrible, justificarán así el gasto de esa tapadera de quita y pon, y en años posteriores ya sabrán cómo sacarle provecho a la situación. El señor Chopera ya habla de dejar el engendro hasta primeros de mayo, con lo que si igual aunque empiece la temporada en marzo, es posible que empiece a haber festivos en blanco. ¿Quién nos asegura que no se contratará el Circo de Manolita Chen de febrero a mayo, imposibilitando la celebración de corridas? O que se aproveche la gira europea veraniega de Pepito de los Palotes, comiéndose algunas fechas de julio o agosto.

Ese parece ser el porvenir de la plaza de Madrid y lo que es peor, muy pocos alzarán la voz para protestar, entre otras cosas, porque en las cabezas de los aficionados más jóvenes está instalada la idea de que nada tiene importancia fuera de las ferias. Lo que nos habríamos perdido si eso hubiera sido siempre así. Quizás César Rincón no se habría ganado un sitio en la feria de aquel año en que se apropió de la llave de las Ventas, ni Curro Vázquez, Roberto Domínguez, Ortega Cano, Julio Robles y tantos otros que toreaban durante la temporada; Curro Romero habría desaparecido de los carteles de Madrid años antes de su retirada; Antoñete quizá no habría podido resucitar; los hermanos Campuzano, Frascuelo, Pauloba, El Inclusero, Andrés Vázquez, José Fuentes, muchísimos buenos toreros que pasearon su valor y torería en los veranos de Madrid. Pero también hay que tener en cuenta a las grandes figuras de la historia, los que torean mejor que nunca se ha toreado, los que matan el ganado más bravo y encastado que jamás haya visto ojo humano, esos señoritos que vienen a Madrid de puntillas, pasan el trago de aguantar cuatro voces que les incomodan y siguen ruta, pero es que ellos no quieren que haya nadie que les pueda hacer sombra, igual que los empresarios no están por la labor de tener que montar festejos de marzo a octubre, contratar toreros a precio de saldo, ganado infame y haciendo regalos envenenados a la que quizás sea ahora mismo la única afición medianamente estructurada del ámbito taurino. Esa organización espontánea que propicia el encontrarse una vez a la semana, dos si hay un festivo.

Pues ahí tienen la coartada perfecta para acabar de echarnos de la plaza. Primero nos obligan a exiliarnos a otras localidades, abandonando las nuestras de siempre, aunque si quieren, podemos contribuir a la tapadera agarrando las esquinas de la cubierta desde gradas y andanadas. O que nos abran unos ventanucos para asomarnos por turnos para ver que pasa en el ruedo, y el que tenga el vozarrón más potente, que pase la novedad al resto. Y todo esto está al alcance de la mano de un pliego, basta con que los responsables, sean quienes sean, decidan cambiarlo porque se les pone en el cogote, para que se nos derrumben los últimos restos de esta ruina. Eso sí, luego dirán que cumplen lo que manda la CAM, el pliego, la ley o los Diez Mandamientos, pero, ¿recuerdan como acababa eso de “Quién hace la ley, hace la tra…”. Ya lo estoy viendo en las noticias, Las Ventas es una tapadera, perdón, Las Ventas estrenan tapadera.