martes, 13 de octubre de 2026

El arte olvidó el GPS

El arte y el artista no se encontraron, con lo bien que lo habían preparado todo


Era la gran tarde del arte grande, magno, de la magnificencia excelsa de la mano de esa mano tocada por los ángeles; no había dinero bastante para pagar una entrada, pero si había que soltar billetes a cascoporro, se soltaban ¿había ocasión mejor que esta? A ver si después de dos años de glorioso montaje este iba a ser el que no se cumpliera eso de que no hay dos sin tres. Todo preparadito y bien preparadito. Todo propicio para exaltar los ánimos más íntimos desde el minuto cero. Flores, banderas, jóvenes vistiendo de gala, que ni para la boda de sus padres lucirían y todo para ver a los pupilos de dos hierros de postín, a un confirmante, al ganador de un prestigioso trofeo y él, el único, el apóstol del toreo, perdón, de la tauromaquia. Si es que las cosas o se hacen bien, a conciencia, o no se hacen. Pero... hay los malditos peros; que va y el ganado parecía... Que tampoco era para echarse las manos a la cabeza, justicos los pobres animales, pero más de uno hasta con kilos de más. Que claro, ¿cómo un toro de casi de 600 kilos puede no tener trapío? Pues muy fácil, igual que no lo tiene un charolés de 800. La víspera eran escurridos cornalones y al día siguiente, desde luego que cornalones no eran. En el caballo el primer Garcigrande derrotaba con apenas un picotacín; El segundo de la casa, tras derrotar, huye rehusando la pelea; el tercero, de Núñez del Cuvillo, sin picar, pero echándose una cabezadita en el peto; el cuarto, del mismo hierro que el anterior, cabeceando y repuchándose; el último Garcigrande ni un picotazo, que ni una vacuna, para salir escapando; y al sexto, un Cuvillo, pues para destensar, el de aúpa le ha barrenado con ganas, mientras se limitaba a dejarse sin más. Qué bravura, ¿no es cierto? Pero oiga, que luego en la muleta iban y venían, algo ya conocido y habitual, aunque como también es norma, no hay nadie que les propine ni un amago de muletazo sometiéndoles, que si esto no fuera así, igual otro gallo nos cantaría. Y ya me contarán, con estos mimbres, ¿quién hace el toreo? Pero el toreo de verdad, no lo de pegar trapazos que algunos ven como la cima del toreo, que están dispuestos a tatuarse una serie completa en pecho y espalda. Que habría que verlos. Aunque tampoco se crean que el personal estaba muy preocupado por la bueyada que estaba saliendo por toriles, hasta ahí podíamos llegar. Que ellos venían a ver al mejor torero de la historia poniendo posturas galanas, aunque no hubiera toreo por ninguna parte. La cosa eran las poses y el fin de fiesta sacando al ídolo de romería por la calle, pero...

Morante de la Puebla, que uno no sabe si está retirado, si no, si solo es que no puede con alma, si es que... Cualquiera sabe. Que tuvo cosas positivas, la forma de acompañar a los banderilleros cuando les toca parear y lo atento que está a la salida de los pares para quitar al toro. Ya no convence tanto cuando en cada entrada al caballo deja sus toros casi en la raya, sobre ella o sobrepasándola. Intentó estirarse con el capote y oiga, no siempre puede salir bien, como en su primero, pero claro, si los entusiastas jalean el capote enredado, pues es lógico que algunos se pongan alerta. En su primero se alborotó un tantito y ante el descontento de los presentes, abrevió. En su segundo, que no parecía nada, pero al que se le podía adivinar que iba a ponerse colaborador, muchos muletazos, muleta retrasada, pico, como los que no llegan a divinidad, y dando aire, en línea, sin rematar nunca atrás, después de un inicio de ayudados por alto, sin llevar la embestida. Que ya había algunos tan encantados, que hasta parecieron perdonar un metisaca caído. Que estamos como para cuestionar nada a los dioses del Olimpo, ¡Venga ya!

El segundo era Héctor Gutiérrez, sí, aquel que ganó no sé qué y que Victorino estaba encantado repartiendo trofeos y rompiéndose las manos a aplaudir aquella noche estival. Pero si aquello no se entendía, lo de esta tarde es para que se lo expliquen a él, que esto no va de dar vueltas y más vueltas moviendo el trapo que previamente había atravesado mostrando solo el pico de la pañosa. Y venga a dar trapazos y trapazos, sin que a los paisanos les importara que citara tan fuera, ni que le enganchara el trapo.

Y cerraba el cartel el mismo que abrió y cerró plaza, el confirmante Aarón Palacio, que por no cansar se podría decir que hizo lo que todos, trapazos hasta hartar, trapazos tramposos, mientras su primero no se cansaba de acudir al cite. Es un no parar, un cansarse de mover las telas a su aire, sin torear en ningún momento, llegando a ponerse muy, pero que muy pesado, pesado hasta la desesperación. Que esto es muy habitual en todos, que parece que creen que la inspiración les llegará en algún momento siempre que no dejen de pegar mandobles muleteriles. Pero no, la inspiración debía de estar perdida por la M-30, dando vueltas y buscando la salida por los túneles, precisamente en una tarde en la que el mejor torero de la historia podría venir a echar el cierre a la temporada dejándonos con la boca abierta, per, mala suerte, el arte seguía deambulando por el mundo. Y es que es lo que pasó cuando el arte olvidó el GPS.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

domingo, 11 de octubre de 2026

Histórica caricatura, histórica indecencia e histórico insulto al toreo

Creíamos que Madrid ya no podía caer más bajo. Pues sí y posiblemente no haya tocado fondo, posiblemente vengan momentos aún peores.


Hubo una vez lo que se llamó la Plaza de Madrid, un lugar en el que se veneraba al toro, al toreo y a los toreros que lo hacían ante el toro. Una plaza que consentía al que quería hacerlo y que se ponía de uñas al que tomaba la bandera de la mentira, el engaño, y la teatralidad trampantojo de lo que a esto le hizo grande. Pero los años pasan, llegan unos señores que con la careta de la tradición y cuatro pamemas más, se encargan de especular de todas las formas posibles, subordinando absolutamente todo lo que tuviera que ver con la Plaza de Madrid, al dinero, al dinero rapidito y sin pensar no en el mañana, ni tan siquiera en lo que pueda pasar dentro de cinco minutos. Y si para eso tienen que desalojar a la afición de Madrid, la de toda la vida desde siglos ha y sustituirla por... por otra gente, pues adelante con ello. Que si luego la cosa se tuerce, ya se buscará a quién culpar, que si los políticos de no sé qué, que si aquellos que protestaban, que si la tía Curra la de los pavos, cualquiera, menos ellos y todos los que siguen vehementemente esta corriente, porque resulta que dicen que se divierten. Pero que estos no son los únicos, que los hay que han encontrado la coartada perfecta, los que se emocionan. Que no hay quién pueda discutir un sentimiento tan subjetivo como la emoción, que ahí puedes dejar de lado cualquier norma, cualquier fundamento, absolutamente todo, porque si ese alguien se emociona, ¡adiós la luz! Cada uno con ese criterio puede interpretar lo que le dé la gana. Incluso los habrá que en este caso concreto, después de ir días contados a la plaza, habrán pensado que han visto la mejor tarde del año, el mejor encierro de la temporada y casi la tarde de su vida. Pues tampoco nos vamos a poner a discutir por ello, faltaría más.

Pero quizá la corrida ha sido de faltas, las faltas que se reclaman otros días, las faltas que denuncian algunas voces desde el tendido. Cuando señores sesudos reclaman toros con cuajo, con culatas poderosas, ¿eso se aplica siempre o hay excepciones? Cuando se grita lo de hay que picar, ¿eso se aplica siempre o hay excepciones? Cuando se censura el abuso del pico, el dar aire a los toros, el vaciar en línea, el no lidiar, la falta de mando, el no conducir las embestidas aunque sea una vez tan solo, ¿eso se aplica siempre o hay excepciones? Cuando se afean las estocadas defectuosas, ¿eso se aplica siempre o hay excepciones? Cuando se dice que esto es Madrid, que si es la primera plaza del mundo, que si es y somos exigentes y no dejamos pasar ni una, ¿eso se aplica siempre o hay excepciones? Que ya no entramos en eso de llamar casta al simple picante, que por la incompetencia de los lidiadores haga que los toros mal, pésimamente lidiados puedan llegar a parecer alimañas, fieras corrupias, porque eso ya sabemos que según quién, cuándo y cómo, varía de polo a polo.

Los de Adolfo Martín, cornalones, que no diré que exageradamente, porque hasta ahí podíamos llegar, que ya nos pareciera la leña un defecto. De caja nada potente, ni poderosa, exiguos de culata, lo que muchos llaman escurridos, algunos flojos, manseando incluso, que en el caballo han estado y se han dejado sin más. Alguno ha peleado con cierta fijeza mientras les tapaban la salida. Pero muy justitos de fuerza debajo del peto. Al tercero Antonio Ferrera tuvo el buen detalle de cambiarle la lidia, poniendo el penco más a favor de querencia ¡Al fin! Y el quinto que iba de media distancia, iba, sí, pero andandito caminito de Jerez. Que luego en la muleta, hasta medio iban, incluso repitiendo, no presentando más complicaciones que las que los propios lidiadores provocaban. Y ya sabemos, esa emoción de la incapacidad, que hace que un trapazo parezca algo grandioso, como si a un pregonao se le arrancaran los muletazos a bocados, pero no, no vayamos a volvernos locos.

De los señores de luces, pues un Antonio Ferrera que encanta a los iconoclastas de la fiesta, a los que se maravillan viendo ese repertorio tan... tan... tan de Ferrera. Y Román, que parece que entiende como nadie la plaza de Madrid, pero esta tarde parecía más estar en la calle Turia que en la de Alcalá. Ferrera inoperante con el capote, a veces intentando cosas raras, que si unos faroles sin luz, que si un quite por... Eso sí, como es habitual, él quita en el sentido estricto del concepto quitar, va al caballo y saca al toro medio airosamente. Luego con la muleta, pues lo de siempre, histrionismo puro, retorcimientos, pico abusivo, trapazos en línea, siempre sin mando, sin torear, sin bajar la mano, muleta retrasada, demasiados enganchones y carreras, muchas carreras, que da uno, se jalea, sprinta, da otro, se jalea, sprinta y ya lo culmina tirando el palo, que quizá es lo más honrado, porque para el uso que le da, y venga a dar trapazos por uno y otro pitón, que me la cambio de mano, que pego un respingo; y el personal en pleno delirio a punto de pedir un desfibrilador para ellos solitos. Y lo de las estocadas, ¿es necesario? Aparte del número tan suyo, que si voy corriendo como el Coyote de los dibujos animados para cazar al correcaminos, al toro en este caso, y que el acero caiga allá dónde pille. Que si caída, pues caída, que si muy trasera, pues vale y en su tercero, una especie de recibir que se le va contraria y bastante caída, pero que resulta que eso ahora es virtud. Pues podían haber avisado antes. Le han dado dos despojos para entusiasmo de las huestes de la iconoclastia taurina y estupefacción de los que creían que esto era otra cosa y de otra manera.

Lo de Román es más o menos lo habitual, deficiente con el capote, por momentos en extremo pródigo, demasiados mantazos. Tampoco es un espada que se preocupe demasiado de las lidias, que lo suyo es el último tercio. Y aquí lo suyo es abusar del pico, pegar trapazos distante, muy distante, brazo largo y estirado, dejando un peligroso hueco entre engaño y bulto y... pues que eso tiene mucho peligro y así pasó, que el cuarto de la tarde le levantó muy feo. Pero esa incapacidad entusiasmaba al personal. Pero tampoco crean que se enmendaba, era más el ansia de atravesar la tela que el de taparse, meterlo en el engaño y pasárselo por la faja. Tirones en línea, sin importar que no supiera por dónde meterle mano al Adolfo. Sartenazo y orejita, que para algo se había llevado un revolcón. Y ya que estábamos animados, dos despojos Ferrera y quedaba el sexto. Esto no puede quedar así, otra sesión de la misma vulgaridad habitual, pico, enganchones, más tirones, que si un cuarto de muletazos, venga a escupirlo para fuera, mucho contorsionismo y despojito al canto. Que los habrá, porque seguro que los habrá, que saldrían encantados de la plaza. Que no se puede decir que salieran toreando, porque si imitaban a los de luces esto era un imposible y además poco recomendable, que luego si nos retorcemos nos machacan las dorsales, la espalda de toda la vida. Que dirán hasta que ha sido una de esas tardes que hacen afición. Que lástima de Plaza de Madrid. Que lástima que no cuente con entusiastas como los que llevan los de luces, capaces de aclamar la más excelsa vulgaridad y el más sublime destoreo. Que mientras unos se iban encantados por ver que al de la casquería le iban a faltar cuatro despojos, convencidos de haber vivido una tarde histórica, otros se habrán marchado rumiando otra cosa entre dientes, histórica caricatura, histórica indecencia e histórico insulto al toreo.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

Cuando lo que puede salir mal, sale peor

Tantas ilusiones, que al final la realidad y la mala fortuna hicieron que todo se esfumara y se convirtiera en el deseo de que el torero se recupere lo mejor y más pronto posible.


En esto, como en todo, están los optimistas, los que hacen esfuerzos titánicos por verlo todo de color de rosa, que no hay obstáculo razonable que se les ponga delante, ni tan siquiera los argumentos de los de enfrente, los realistas. Que será porque estos a nada se ponen a pensar y rechazan el subirse en la carroza de Cenicienta, porque solo ven una calabaza y unos roedores uncidos a esa cucurbi... a la calabaza. Que los primeros quizá han visto muchas películas de esas en que un joven de la calle un día se cruza con un magnate, le dice que se sabe las tabla del dos, le epata y le hace presidente de una multinacional; y lo mejor de todo es que el muchacho triunfa, se casa con la chica prota de la peli y le invitan a la tele en la Gran Manzana ¡Joer, vaya peliculón! Y ahora vamos a lo que vamos, un joven que todo voluntad, muy bullicioso él, asoma un día en Madrid, unos dicen que es el nievo rey en ciernes del toreo y la empresa, muy cuca ella, decide ponerle en Otoño con seis novillos para él solito; bueno, para él solito y para dos sobresalientes. Un rebujito de hierros, todos del tronco Juan Pedro, que quizá no eran lo mejor para fabricar una hazaña, aunque la cosa estaba complicada para ello. Y estaba complicada porque Álvaro Serrano, la Cenicienta de la tarde, no estaba para enfrentarse a esto y menos seis veces seis. Las ganaderías, por orden de aparición, Domingo Hernández, Fuente Ymbro, Conde de Mayalde, Luis González Conde, Montealto y Julio de la Puerta. Y en los tendidos, muchos partidarios y mucho entusiasmo, que al chico había que empujarle entre todos. Y vaya si le empujaron, con tanto aplaudir el vacío, al final le han empujado hasta la enfermería. Que los hay que culpan a los que protestan, pero quizá estos optimistas de vocación tendrían que echarse una pensadita, que a lo mejor tanto empujar y empujar solo conduce a algún sitio nada deseable.

Todo era jaleable, Álvaro Serrano lanceando y pasando con apariencia de algo, pero con el fondo de poco o casi nada. Ni una vez conduciendo las embestidas con las telas, verónicas bailando, sin atender la lidia, ahora un quite dando aire y sin parar quieto. Después con la pañosa, un inicio para los partidarios, a los que les importaba bien poco que los muletazos no fueran limpios y mucho menos el abuso del pico, los tirones, el solo acompañar el viaje y las prisas, ¡ay las prisas! Brazo largo y pico, pico y más pico, sin tan siquiera amagar con mandar un mínimo. Pero había que forzar el triunfo, había que pedir un despojo, lo mismo daba que se viera el principio y final de la espada que atravesaba al novillo. En el de Fuente Ymbro la cosa parecía que no iba a ser fácil. Ni un picotazo recibió el animal. Con la muleta, inicio por abajo, siempre echando la pierna atrás y como en el anterior, pues pico, tirones, enganchones, siempre jaleados, y mucha vulgaridad, engarzando una eterna serie de trapazos. Y salió el del Conde de Mayalde, al que recibió con un farol de rodillas a un manso que buscaba terrenos más caldeados. Trapazos descompuestos al comienzo del trasteo y volvemos a los enganchones y al dar uno de pecho, adelantándose al viaje del toro, este le levantó y le caló certero. No cabía más mala suerte. Ni una duda entre la gente en el ruedo, a la enfermería sin perder un segundo. Que si nos ponemos en ver películas, ojalá que esta sea la de un chaval que quiere ser torero, torero de verdad y que tenga a su lado a alguien que le sepa conducir por este mundo y que incluso sea capaz de decir a la empresa de Madrid que no está para seis novillos, que esa no es una forma de cuadrar los números a estas altura de temporada. Ojalá se recupere pronto, que piense y que encuentre la manera de ser torero, con lo que esto implica, nada más que cosas grandes y bellas.

Entonces entraron en escena los dos sobresalientes, Aitor Fernández, que debutó en el 2018, y Héctor Roberto, que lo hizo en 2014. Se encontraron con una papeleta que había que resolver como el cielo les diera a entender, lo que quizá era un regalo envenenado. Tantos años en el escalafón, pero quizá muy poco o nada placeados. Aitor Fernández despenó al del Conde y luego se las vio con un manso de Montealto. Y cuando asoman las complicaciones, salen a relucir las carencias. Un novillo que no quería caballo de ninguna de las maneras, ni en broma, al que se empeñaban en poner a contraquerencia, sin que a nadie se le pasara por la cabeza mover el caballo, cambiar la lidia. Un verdadero caos, uno que se quería ir a toriles y otros que se empeñaban en picarlo en los terrenos que no quería. Que luego el bicho hasta peleaba debajo del peto mientras le tapaban la salida. El que sí que tenía las ideas claras era Iván García, que sin pudor se lo llevó al que guardaba la puerta, en lugar de hacer que el de tanda se fuera a los terrenos del tres, a favor de querencia, a picar. Que debía tener prisa. En el último tercio, muchas vueltas, mucho trapazo sin parar un momento, incapaz ni de tan siquiera plantear un trasteo medio regular. Quizá por eso tantos años en este escalafón. A Héctor Roberto le tocó primero el de Luis González Conde, al que no se picó. Con la muleta, el trapo iba por un lado, defecto que ya acusó con el capote, y el novillo por otro. Muy incapaz, desarmes, enganchones y un no parar de correr. Muleta atrás y ya que no podía, pues vayamos a subirnos encima del toro, pero no había nada que hacer. En el de Julio de la Puerta, pues más de lo mismo, un susto con el capote, para pasar con la pañosa a pretender entusiasmar con el clásico repertorio de la vulgaridad, culerinas trapazos, trallazos, el animal que le arroyaba, baile y más baile y un mitin con la espada. Que a saber qué opinaba el optimismo, que igual tampoco se irían demasiado contentos, pero es que al final la realidad se impone y si además no hay despojos, para qué más. Una tarde en el que quizá más ilusión tenía acabó en la cama con una cornada fuerte, en el que el ganado no dijo nada, los que tuvieron que salir después no podrán poner este festejo en su currículum, o no deberían, y todo se reduce a que cuando lo que puede salir mal, sale peor.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

lunes, 5 de octubre de 2026

Que no miren, que no anden, que no resoplen, que no molesten, que vamos a ponernos artistas

 

A veces, lo que se ganaría simplemente poniendo un poquito de orden en la lidia.


¡Un Victorino de los de antes! Eso es una constante cuando sale uno con la A coronada que se sale del juampedrismo al uso. Que igual quien dice tal cosa no vio ni de lejos un Victorino de los de antes, que en gloria estén. Que hace décadas que esto no pasa, pero no debemos obviar el que alguien siga con esta cantinela, que igual también se podría traducir con que si sale uno que no es una boba, todo salta por los aires. Que lo que quieren es que los Victorinos, y cualquiera que salte a los ruedos, sea amable, con embestidas formales, aprendido desde casa, con ritmo, casi con anteojeras, muy toreros, muy... un bobón en toda regla. Que luego también te dirán eso tan repetido y cada vez con menos sentido, de que cada toro tiene su lidia, aunque parece que ya salen lidiados y dispuestos para que el señor artista ponga posturas mientras mueve unos trapos de colores. Pero, ¡ay! Que nos sale uno que sí que hay que lidiar, que tampoco es que sea un barrabás y… se nos funden los plomos, se nos apagan todas las luces y la fiesta se nos viene abajo. Que los más optimistas habrán visto en tres de Victorino a tres alimañas, al Sacamantecas vestido de cárdeno, pero lo mismo es que estos tres sí que tenían realmente su lidia, la que ni Uceda Leal, ni Paco Ureña, ni Borja Jiménez les han dado. Y claro, cosas que pasan, en estas, el que sale un poquito revoltoso, si le dejas a su aire, si no haces ni por fijarle, ni por meterle de verdad en los capotes, ni por medirle el castigo en el caballo, ni poderle con la pañosa, igual se te complica tanto, que acaba convirtiéndose en un imposible y solo queda que correr, correr y correr y quedar en evidencia, por mucho que los leales de la positivología se rompa las manos a dar palmas.

Que han salido los Victorino Martín con presentación ajustada a partir del tercero y algo menos ajustada los tres primeros. Estos flojeando, pasaron por el caballo con esfuerzos por aguantar allí debajo, sin amenazar al señor del palo. El cuarto sacó más brío, aunque tampoco es que hiciera nada que reseñar en la guata. Todos sin que nadie pensara en colocarlos en suerte, que se apañaran por su cuenta. Y el quinto, al que por supuesto nadie llevó al caballo, empezaron picándole muy trasero, que si pilla al de aúpa despistado, que si coge de mala manera al caballo, que el toro, con la cara muy alta, se puso revoltoso y mientras le hacían la carioca estuvo a nada y menos de deslomar al jinete contra la arena, saliendo con la vara enhebrada en el lomo y paseándola por el ruedo. Una segunda vara desde cerca, sin ponerlo en suerte, faltaba más, tapándole la salida y recibiendo lo suyo. Se pidió el cambio y el personal, cómo se puso el personal. Que no creo que fuera un bravo de premio, pero después de dos entradas irregulares, sin ningún cuidado, aunque solo fuera para verlo y poder afinar más su condición, ¿qué costaba ponerlo una tercera vez al caballo? Pues debía costar un mundo. El sexto iba a su aire por el ruedo y si en su camino había un caballo, pues allí que iba al caballo a dormirse bajo el peto. Y ahora veremos lo que pasó y lo que no pasó con los tres espadas.

Pasó que excepto en el primero de Uceda, en el resto los espadas no aguantaron con el capote y cinco veces, cinco, se giraron para ceder terreno hacia los medios, algo que a muchos les encanta. Allá cada uno. Por momentos el caos en el ruedo inundó las no lidias y a partir de ahí, los tres, en el pecado llevaron la penitencia, viéndose incapaces de reconducir aquello medio dignamente. Y ellos que esperaban toros con embestidas formales. Que no sabremos si los toros hubieran tenido o no un comportamiento más favorable, nunca lo sabremos, pero lo que quedó claro es que la terna no hizo nada para que esto sucediera, ellos estaban a verlas venir y lo que les vino...

Uceda en su primero ya apuntaba maneras, trapazos sin parar de bailar, el toro que se empezaba a quedar y él sin saber por dónde tirar. Ahora me pongo, ahora me quito y el animal, escasito de fuerzas a estas alturas, empezaba a revolverse. En su segundo ya debió torcer el ceño de salida, cuando el ímpetu del Victorino le descolocaba continuamente con el capote. En el último tercio inició sacándolo de la segunda raya, para empezar a bailar con la zurda, un muletazo, la muleta al bies, el toro, sin resuello, haciendo lo que podía y el matador aturullándose solo; venga trallazos, venga a no parar quieto y a lo que el Victorino decidiera, acabando hasta aperreado. Que más bien parecía que no estaba ya para estos trances.

Paco Ureña se ha empeñado con su primero en darle pases y pases, mientras el animal no besara la arena. Muletazos que unos dirán que lentos, sí, pero al ritmo del toro, no que el impusiera temple y mando. Siempre escondiendo más de la cuenta la pierna de salida, sin rematar un muletazo en ningún caso, teniendo que salir a la carrera. Muletazos sin el palo con la derecha, pero sin olvidarse del pico y muy lejano. En su segundo, tras un lamentable primer tercio y una lidia inexistente, generándose un auténtico caos, sin que nadie fuera capaz de sujetar a aquel animal. Fue con la muleta y toneladas de desconfianza y claro, con lo sucedido dos minutos antes, el toro empezó, o continuó, complicándose. Este sí que tenía su lidia y la ausencia de esta... Un desarme y el lorquí echó por medio y se fue a por espada sin quererlo ni ver. La duda es lo que podría haber sido, pero de lo que no hay duda es que los responsables de todo este caos son los que impidieron ver al toro lo que podía haber dado de si.

Borja Jiménez llegó a lo de siempre, a soltar su repertorio, en el que tampoco se incluye la buena y ordenada lidia. A su primero le cuidaron para que medio fuera a la muleta y esto del cuidado implica el no picar, el dejar el toro entre las dos rayas y no darle más de un efímero picotacito. Pero lo que importa es el último tercio y ya saben, si no quieres caldo, toma trapazos, muchos trapazos, de todos los colores, gastando pico sin piedad, siempre muy fuera, siempre corriendo y con la pañosa retrasada. Una estocada entera muy eficaz y despojito. Pues estupendo. En el que cerraba plaza, pues más ausencia de lidia, ni un mínimo de cuidado para que hubiera cierto criterio para obtener un buen fin. Y así llegamos al trasteo final, que si un trapaceo por abajo, más que eficaz, para quitarse al toro de encima. Dudas en lugar del mando que se exigía. A poco que se quedara en la pala, el toro se le venía y ante eso, nada supo que oponer. Que esto no era para él, torero efectista como ninguno. Pero es que este es uno de tantos, igual que los otros dos de la terna, tres de tantos, que les tiene que salir toros tan a modo, que... ya saben, que no miren, que no anden, que no resoplen, que no molesten, que vamos a ponernos artistas.


Enlace Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

domingo, 4 de octubre de 2026

La vergüenza torera hay que mamarla, que no se vende en los bazares

 

Tanto quite y la verónica nos la tenemos que imaginar

De cuando en cuando los taurinos nos sacan a relucir eso que llaman los valores de la tauromaquia. Lo bien que suena y lo difícil que parece el medio acercarse a esos valores que hablan. Que si le preguntan a un no taurino, simplemente aficionado, que ya es bastante, igual interpreta que esos valores de los que habla esa gente, nada tienen que ver con lo que debería ser. Que empiezan a enumerar y seguro que les sale la soberbia, el engreimiento, el desprecio por el que paga, el mayor desprecio por el que critica o no está de acuerdo con la empalagosa alabanza a los que se visten de luces y que con tanto desenfado califican como maestros. Y si seguimos, también parecen ser sus valores la mentira, el engaño, el fraude, en fin, que si se rigen por estos valores, que ya les vale, ¿qué podemos esperar? Que por orden de aparición, si empezamos por el que abría plaza, un mozalbete al que le invisten de divinidad del toreo tarde tras tarde y que cuando un plaza le abuchea, excepto los que debían ser paisanos, que el pañuelico les delataba, con todos sus reales sale despreciando a los disconformes y saludando como si no hubiera bronca, como si le fallara el oído o sencillamente porque le fallaba la vergüenza torera. Pues vaya con el torerillo; como dicen por su tierra, anda majito. Que quizá le falten a este joven modelos en que mirarse, pero claro, si el modelo es Emilio de Justo, ese torero al que decidieron un día, no se quién, que era un figura por dos estocadas en una tarde y que se especializó en medios trapazos, en no rematar jamás un muletazo, en andar desubicado por el ruedo, pues como modelo no parece el más recomendable, ¿no? El tercero era Víctor Hernández, también nombrado sucesor de un gran y aspirante, firme aspirante a integrarse en el figuranato, pero que tarde a tarde parece empeñado en que todo lo que unos creyeron que podía ser, nunca llegara a ser. Llegaban con el ganado de las figuras, toros de Victoriano del Río. Ya saben el paradigma de la modernidad, de puntillas por el caballo, manseando, en el mejor de los casos peleando cuando les tapan la salida. Que también resulta curioso que a un picador, que en un segundo puyazo se agarró bien, le aclamen después de eso, de tapar la salida. Cosas que pasan. Y como buenos modernos, en la muleta iban y venían, alguno con más brío, otros... Que se han tragado quites de todas clases por parte de los de luces, aireando las telas, pero ni una verónica. A ver qué idea traían, habría que preguntárselo. Siguiendo con el ganado, la corrida no ha estado mal presentada, en algún caso ovacionando más la leña que otra cosa. Eso sí, que alguien podía pensar al ver tanta variedad, tan poco pareja, que alguien ha podido liquidar existencias de temporada.

Emilio de Justo no es el mejor ejemplo para hablar de torero responsable en la lidia, él los deja a su aire e incluso, como en su segundo, mientras el peón lo quita y lo pone en el peto y el de aúpa se apaña, el maestro observa desde treinta metros, o más, y ahí se las ventilen los de la cuadrilla. Que se lía a dar mantazos y a poquito que le achuche, ya se aturulla. Con la muleta, ni medios muletazos, trapazos trallaceros desde lejos y atravesando el engaño, para acabar en su primero a la puerta de toriles, sin mando alguno. Y en su segundo, pues trampas aún más evidentes, con más descaro, pero mucho, cerrando de infame bajonazo. Y este era el de las dos estocadas de años ha, muchos ya.

El segundo de la terna era Víctor Hernández, joven promesa al que muchos esperaban, pero igual se cumple eso de que el que espera, desespera. Eso sí, en la desespera, venga trapazos, enganchones, dando mucho aire, muy fuera, todo en línea, insulso, poco aguantable y hasta degollando a su primero. Pero degollándolo de verdad, una pescuecera que entra por un lado y sale por el otro. Entró en quites, pero... que está bien la variedad, pero, ¿y si empezamos a construir la casa por los cimientos y lo hacemos toreando a la verónica?

Y llegaba el Delfín de la torería, el próximo mandón del figuranato, Marco Pérez. Que ya arrastra su propia legión de entusiastas y todo. Que empezó con el capote que parecía que, que parecía que había aprendido a manejarse, quizá más comparándolo con su asomo por aquí de novillero, que tampoco se vayan a creer que lucía un capote como el de Sánchez Bejarano, el Viti o Julio Robles, vaya herejía más herética de las herejías; pero bueno, en los tiempos que corren. Pero llegó el último tercio, que empezó hasta aseado, con dos trincherillas apañadas, pero fue ponerse para el natural y luego los derechazos y ahí se nos vino todo abajo. Arrebatado, ventajista, sin importarle que se le vieran todas las trampas. Ventanazos por aquí y por allí, cambiando constantemente y sin rigor alguno de pitón, pero los afines le aplaudían mientras la bronca crecía a cada muletazo con el pico. Y al despenar al de Victoriano, en mitad del enfado de los presentes, se fue casi a los medios a saludar, quizá a recoger la bronca. Pues toda para él, que se la ganó a pulso, bueno, mejor dicho, a trapazo libre y enganchado. En su segundo más que salir con ganas de revertir la situación, salió acelerado, queriéndolo hacer todo a la vez. Larga de rodillas, capotazos por abajo, pero sin darle capote al toro, que se marchaba a correr mundo por el ruedo. Si en su segundo hasta aplaudieron a Alberto Sandoval, por tapar la salida, como ya se ha dicho. Y ya con la muleta, pues si no se ha dado el primer muletazo, no se puede dar el segundo, ni el tercero. Muy precipitado, pero sin variar la tónica de los tirones, los trallazos el brazo larguísimo, siempre muy lejos y huyendo permanentemente casi a cada muletazo, sin aguantar un segundo quieto. Que hay mozos en las capeas que se aguantan mejor el ridículo. Pero nada, que los habrá que seguirán viendo como la gran esperanza de la torería ¿Quizá todo esto no sea más que la consecuencia de tanto cuidado en el escalafón inferior? Pues quién sabe. Lo que está claro es que la vergüenza torera hay que mamarla, que no se vende en los bazares.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-28-audios-mp3_rf_181312024_1.html

sábado, 3 de octubre de 2026

Todo era amabilidad, hasta empapados como sopas

Haciendo memoria, igual alguien se acuerda del Urdiales que no trampeaba


Los habíamos que un ratito antes del tararí inicial no creíamos que la tarde pudi9era ir por dónde fue. Que a ver los Lozano que traen, que a ver la terna, a ver si es la tarde, ¡llover? No creo, ¿no? Si hace sol y todo y además, ¿se iban a atrever las nubes a descargar sobre la plaza en una tarde... Y oiga, que estaba todo en su punto, los ánimos suavones, no empalagosos, eso no, solo suavones. Suena el tararí y el porrompompón del timbal, que el otro se lo guindaron unos desaprensivos, desfilan las cuadrillas con ese ritmo ritual de todas las tardes que las convierte en algo único. Unos toman los capotes de brega y entregan el de seda, otros pasean la media luna del sol, los monosabios y areneros a sus burladeros de callejón, los cascabeles de las mulillas resonando y a lo lejos y entonces sí, entonces llega el amable comité de bienvenida y decide que hay que sacar a saludar a Urdiales. Que habrá quien no entienda ni los motivos, ni el criterio, ni nada de nada, pero si ellos lo deciden, bien decidido está, a ver si ahora no se va a poder ser majo. Y claro, luego el resto de la plaza se lo aprende, vaya si se lo aprende, y se pone maja y amable toda la tarde. Que igual los dioses de las tormentas vieron que la cosa podía ser en exceso melosa y para enfriar los ánimos soltaron un chaparrón de esos que recuerdas... ¿te acuerdas el día en que estaba todo el mundo majo, majo y amable? ¡Joer! Cómo cayó, acabamos como un muffin en un Pumpkin Space. Vamos, lo que viene siendo hechos una sopa. Pero ni con el aguacero se apaciguaron los majos, majos y amables.

Lo de Alcurrucén, lo que todo quisque llama lo de los Lozano, salieron bien alimentaditos; el paraíso de los carniceros. Rebosando kilos por todas partes. Que si tenemos que hablar de lo sucedido en el caballo, esta tarde siempre en el 6, pues los ha habido que ha peleado algo, pero cuando les tapaban la salida, porque cuando no, pues eso, tomaban la salida. Han flojeado, especialmente los dos últimos de la tarde, ayudados por la ausencia de temple por parte de todos los de las calzas rosas. Eso sí, con sus andares cansinos, entre muertos y moribundos, permitían que los de luces pusieran posturas ad hoc y que los majos, majos y amables bienearan a placer, incluso entre enganchones, pero eso ya es un clásico, un mal clásico, pero clásico.

Diego Urdiales, el saludado, paseó esas formas de maestro ya veterano, pero... ¡Ay el pero! Qué bien se ha adaptado a la modernidad y que bien ha asumido el papel de no molestar, él a lo suyo, sin entrar en competencias con nadie, llega y se pone a dar muletazos con el pico sin ningún reparo. Pero como el animal va que casi no va, pues puede parecer que torea despacio y muchos obvian que acompaña despacio, que no es lo mismo, ¿no? Alguna verónica estimable, cuando no barría la pierna de entrada para atrás y alguna hasta queriendo rematarla detrás de la cintura, que todo hay que decirlo. Lo adaptado que estará, que hasta se ha puesto a practicar el encimismo tan propio de los que no pueden y entonces... Su segundo ya se frenaba de salida, no se le picó, según órdenes del matador. Pero los hubo de entre los majos, majos y amables, que lo vieron de perlas. Y allá que volvió a hartarse meter el pico, de dar medios y cuarto de muletazos, ahora uno y al poco otro, desde fuera, pero con esa compostura erguida que embelesa a muchos. Que si no llega a ser por la espada en sus dos toros, ya me veo al comité de bienvenida sacándole a saludar en su siguiente aparición por estos lares.

Fortes, antes Jiménez Fortes, luce ese parecer lánguido de torero que ha pisado todos los ruedos redondos, y alguno cuadrado, del orbe taurino. Con el capote hasta dio alguna que se pueden aprobar sin ponerle pegas, pero otras, aunque jaleadas, si echas la patita atrás, ya no es lo mismo. Un inicio de trasteo por abajo con muletazos reseñables por el pitón derecho. Luego ya vino lo acostumbrado, pico, enganchones, que si un desarme, que si ahora voy y los empalmo, que si ahora me pongo más fuera aún, con un Alcurrucén que el hombre iba y venía a lo que le mandaran. Tras una de las varias entradas con la espada, salió muy apurado, teniendo que huir desde los medios hasta el burladero de matadores ¿Y la cuadrilla y demás espadas? Tres con las que saques, huy, ese lleva blancas; échale el capote a tu maestro, espera, espera que ya lo tengo, yo digo cuatro. Nadie a hacer un quite en treinta metros. Que son los mismos que en un tercio de banderillas no sabían por dónde se andaban ¿Cómo se explican que Christian Parejo, que debía amparar a los rehileteros y Urdiales, a la salida del par, pudieran estar a tres metros el uno del otro? Pero claro, si ahora de repente dejamos de ser majos, majos y muy amables. En su segundo, Fortes inició por abajo y el animal al suelo. No se entregaba en sus embestidas, aunque al final, hasta medio acabó yendo, pero si lo que se le ofrece no pasa de pico, de colocarse a cada pase, abanicazos y estar a ver si se caza algún muletazo, pues poco se puede esperar.

Y acabamos con Christian Parejo, al que en su día se le jaleó mucho esa bullanguera vulgaridad, pero lo poco no gusta y lo mucho, harta, cansa, aburre, desespera y hace que el personal se pregunte a qué han llamado a este muchacho para este festejo. Que le han contado que lo de citar desde loe medios gusta mucho, pero si el toro está cerrado, muy cerrado, igual complica el número de la emoción del primer trapazo al viento. Pico tremendamente exagerado, tirones, venga a dejarse tocar el engaño y un repertorio contorsionista digno de un circo oriental. Que algunos temían la oreja del revolcón, pero no daba ni para eso. Ni la forma en que salió prendido al entrar a matar. Tan vulgar, que ni los majos, majos y muy amables pudieron dedicarle sus mejores palmeos. En su segundo, un más de lo mismo, rondando al toro con su vulgarísimo repertorio, coronado con varias entradas con la espada, tirando el trapo descaradamente. Y eso que la plaza estaba dulce y suavona, pero es que dan tan poquito de si. Y eso que todo era amabilidad, hasta empapados como sopas.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

viernes, 2 de octubre de 2026

La repetición, con parche, de la final de julio pasa de desierto a erial

Cada vez que vemos una novillada con los alumnos aventajados de las escuelas de tauromaquia, uno se pregunta, ¿Qué enseñan en las escuelas?


Lo de las novilladas, que hace siglos ilusionaba al aficionado por aquello de pensar que les permitía otear el futuro, se ha convertido en un ejercicio de melancólica desilusión. Que lo mismo algunos optimistas creían que aquella noche de julio fue solo un mal sueño, que si se repetía la terna ahora en otoño, seguro, segurísimo, que los chavales iban a dar el do de pecho, que iban a mostrar el futuro esplendoroso que por momentos va germinando en esta fiesta nuestra. Anda que no lo tenían bien pensado los taurinos, dos figuras de la novillería, quizá aspirantes al figuranato de los mayores, y un añadido que seguro que iba a estar a la altura. Que a la altura han estado los tres, pero a tan poca altura, que casi no llegarían ni al entresuelo de la “tauromaquia” (Cuánto les gusta la palabreja, en lugar de emplear lo de El Toreo) Los del desierto que avanzan con paso firme hacia un erial, eran El Mene, cuánto se escribió de sus altas capacidades, Nacho Torrejón, que dicen que torea en el campo más que el tostao, y Sergio Rollón, que se presentaba sustituyendo a Mario Vilau.

Que los había hasta que estaban devolviendo las entradas por el cambio de última hora. Y estos se llaman “afisionaos”, ¡Pero oigaaa! Que eso no se puede consentir; pero claro, para estos caballeros cualquier excusa es buena para intentar descuadrar las cuentas de Plaza 1 al final de la feria. Que si empezamos por no defender los intereses de la empresa, ¿adónde vamos a llegar? ¿A exigir toros y toreros que interesen, aunque el presupuesto se nos vaya por las nubes? Que así está el percal, que esto es cómo funciona la modernidad, que a esto ha llegado esa evolución que cacarean cínicamente los taurinos, a un desierto en el que los méritos de los meritorios quedan desiertos, para zambullirse en un auténtico erial.

Que si empezamos con el ganado, lo de El Retamar ha sido pues eso, para los modernos. Justitos de presentación, y al salir el sexto, una cosa normal, algunos han visto en él el espejismo de un toraco y se le han puesto a aplaudir. En cuanto a su comportamiento, pues el que no era manso, era más que manso, que en el mejor de los casos planteaban algo de pelea cuando se les tapaba la salida, buscando la libertad, y cuando notaban que la tenían a su alcance, derrotes. Otros salían de najas del peto, muy corretones, buscando la puerta de toriles, sin que nadie les propusiera un mínimo de saber lidiar para al menos sujetarles. Pero oiga, que hasta iban y venían a la pañosa; claro, ahí no había nada que les incomodara con picotazos, ni nada parecido y el toreo que le ofrecían eran trapazos a su aire, en línea, sin asomo de sometimiento. Ellos a su aire, sobre todo al aire que les daban los tres espadas.

El Mene hubo quién profetizó que iba a ser un mandón del toreo, un profeta de la tauromaquia, pero según parece, como otros profetas anteriores a él, anda vagando por el desierto. Resulta difícil ser más soso, más anodino, más nada, que este torero. Que a lo más que ha llegado es a empalmar unos trapazos; ventajista, generador de trallazos y cansando al personal sin ningún criterio, sin dejar ni imaginar que pudiera tener alguna intención delante del novillo. La nada más absoluta, aunque muchos iluminados seguro que le ven ya para hacerse doctor en... para tomar la alternativa y en lugar de aburrir con novillos, hartar con toros. Que no camina muy desviado de estas rutas Nacho Torrejón, que si le preguntan qué pretendía en su primero, pues... mejor no pregunten. Pico, trallazos, enganchones, venga ventanazos y a aburrir hasta desesperar a los presentes. Su segunda se marchaba una y otra vez y cuando ya paró, no recibió más respuesta que los trapazos habituales. Pero no se crean, que en una serie con la zurda a base de ventanazos, alguno vio el arte redivivo del mismísimo Lagartijo el Grande, obviando el monumental concierto de la vulgaridad que se estaba cascando el caballero. Y el tercero era Sergio Rollón, tan incapaz como sus compañeros, pero disfrazando todo de un supuesto bullir que aparentaba fingida emoción, fruto de su falta de recursos. A su primero le tuvo que sacar de toriles, para después liarse a pegar latigazos a diestro y siniestro, empalmados, trallazos con el pico, ahora un enganchón, un desarme, ahora un bostezo, un pitido, pero que el hombre no decaía en su empeño de desesperar. En su segundo, como alguien le debió chivar que aquí gusta eso de poner el toro al caballo de lejos, empezó con esa idea, para acabar metiéndolo entre las dos rayas, intentando meterlos debajo del peto, pero el manso no quería caballo, al menos a contraquerencia. Que manía, que si no va allí, igual hay que cambiar la lidia e ir acercándolo a su querencia de manso, que si ponemos el caballo en el seis, que si lo ponemos en el cinco, y si se llega a toriles, pues en toriles. Que ver a un toro y ver una buena suerte de varas también lo es viendo el terreno en el que el animal se arranca al peto. Y si no se arranca, ¡marchando una de viudas! Con la muleta, pues allí se lió con trapazos en línea o dando giros como un giraldillo, sin torear en ningún momento. Que los había que seguían viendo la gloria del toreo. Pero imagínense, que uno de estos magister soltó de uno de los mansos que sí que agachaba la cabeza, que cuando escarbaba y olisqueaba, agachaba la cerviz ¡Madreeee! Vivir para oír. Que uno está pensándose muy seriamente dejar de tomar notas de lo que ve y empezar a tomarlas de lo que oye. Que igual luego me presento en el club de la comedia y... Aunque cuando diga que eso lo he oído de verdad, lo mismo el personal se echa a llorar ¡Cómo está esto! Pero nada, lo que pergeñó la empresa después de aquel súper acontecimiento estival, la conclusión ha sido que la repetición, con parche, de la final de julio pasa de desierto a erial.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

lunes, 28 de septiembre de 2026

Mientras unos iban a ver el toro, otros no querían verlo ni en pintura

Si la suerte de varas siempre tiene que ser la fundamental medida del toro, en una concurso...


Seguro que más de una y mil veces habrán oído eso de que sobre gustos, no hay nada escrito, que para gustos, los colores; incluso en esto de los toros algunos se lo quieren aplicar para justificar alguna preferencia. Ya se sabe, si tu preferido es un tahúr del toro con ases ocultos en las mangas, como es tu ídolo, baste decir que te gusta, que si su tauromaquia, que si su personalidad, que si su genio, para que lo mejor sea cortar la conversación, que lo mismo ni apenas estaba iniciada. Pero la cosa va más allá, que puede haber días con alguna peculiaridad especial a priori, como por ejemplo sucede con una corrida concurso de ganaderías. Que no es que si sale su número le toque una ganadería con su finquita y todo, con sus vaquitas, sus terneros, sus toros y un guardés que te cuida el regalito, ni mucho menos. Que desde tiempo ha, el concurso era para ver el toro, el toro en su máxima expresión y de entre todos, al mejor se le proclamaba ganador. Si hasta hubo un concurso en Madrid en el que se indultó un toro; cosas que pasan y que pasaron. Y allá que va el personal con su traje de aficionado conspicuo, dispuesto a mirar con lupa a los astados. Pero, y siempre hay un pero, en estos días los hay que van a lo de todos los días, a acompañar al paisano y a aplaudirle y jalearle con entusiasmo hasta el ver su trapo enredado en los pitones. Que ya lo dijo el Gallo, que es que hay gente pa'to. Pero que la cosa no queda en eso, que en las concurso también están los que no quieren ver el toro ni en pintura, que les muestras una foto o unos rayajos que parezcan un toro y te echan una cántara de agua bendita por encima para exorcizarte, te enredan al cuello hasta la asfixia una ristra de ajos y si fuera menester, van con una estaca a... a lo que sea. Y curiosamente, estos últimos o visten de luces o están próximos a los que visten de luces o son conocidos de los que están próximos a los que visten de luces.

El entusiasmo en una plaza de toros está muy bien, pero con mesura, que lo que no tiene mucha cabida es que cuando sale el tuyo te líes a dar palmas como foca en el Price y cuando le toca a otro, trae las pipas, que las sueltan de repente cuando el niño de la Antonia vuelve a tomar la muleta. Y aunque en las concurso no se sortea, va por antigüedad, para no liarnos, vayamos torero a torero y toro a toro. Salía de primeras uno de Saltillo, que hubo quien le ovacionó cuando aún no había pisado la arena con los cuartos traseros ¡Caaaalllmaaa! A este le tocó en suerte José Carlos Venegas, que le dejó corretear y corretear y corretear. Lo de poner un toro en suerte, ya es mala suerte, pero este espada no parece partidario. El animalito solo quería escapar en cuanto que sentía el aliento del palo. Solo le faltaba mentarle lo más sagrado al del caballo. Pero luego en la muleta acudía con cierta regularidad, sin tirar un mal derrote. Y allí esta Venegas para endiñarle trapazos de todos los colores, con el pico, alejado y a ver si cazo uno aquí y otro en la calle de Alcalá. Con la zurda una retahíla de enganchones, pero muy jaleados por los que habían dejado unos minutos de lado las pipas. Tirón va, tirón viene, pero por eso de que las mulillas son fieles seguidoras de aquello que los papás llevaban en el coche, el “papá no corras”. Pues igual hay uno que se nos escapa, que dice “mulillero no corras”; y en verdad que ni corren, ni ganas. Y hala, despojito para el espada. Despojito que devolvió con creces en el que salió cuarto. Uno del Conde de la Corte, ¿se acuerdan cuando este hierro era un fijo en feria? Tiempo ha. El animal, mal picado, se salía del peto una y otra vez, buscando la salida, preguntando por dónde se volvía a su casa y rehusando la pelea. Esperando con mucho peligro en banderillas por el pitón derecho. Ya en el último tercio, el espada empezó por abajo, sin parar de bailar. Se quiso poner a dar trapazos, pero el del Conde tiraba para tablas descaradamente, sin que nadie propusiera la más mínima idea para retenerlo en la muleta, al menos para poder prepararlo para la suerte suprema. Vaya, que el paisano había arrinconado las pipas para palmotear a su torero y nada, que no hubo manera.

Isaac Fonseca puede que haya sido el más desafortunado de la tarde, ¿por qué? Muy sencillo, por no poder ampararse en mansedumbres para justificar el no haberse enterado de lo que era el quinto, el de Pallarés. Que mala suerte la del toro. En su primero, uno con el hierro de Partido de Resina, que aparte de la marca, el ganadero habrá tenido que entregar una declaración jurada y ante notario diciendo que aquello era de lo que se decía ser. Y no seré yo el que nombre la casa que tanta gloria le dio a esta vacada. Pues al muchacho de la omega apuntada se le administraron tres varas en el mismo sitio, que ya es de mérito, pero si el sitio es tres palmos trasero, o más, es un verdadero demérito. No se puede andar tan mal de la vista como el señor picador. Luego Fonseca, ya muleta en mano, se dedicó a dar trapazos sin bajar la mano ni por penitencia divina. Venga a echarle la cara arriba, venga a pegar el banderazo final. Y claro, el animal va y se pone peligroso y ya por iniciativa propia, venga a echar la cara arriba. Y ahora sí, el quinto, de Pallarés. De primeras le estrellan contra las tablas. Ya verás como todavía tenemos un disgusto. El toro aguantó incluso el aire que le daban con el capote. Le pusieron de lejos en cuatro ocasiones, por petición popular, los que querían ver al toro. Y el espada, que no lo quería ver, que pidió el cambio, pero no, aún fue una cuarta vez al peto. Al principio sin demasiada avidez, al trotecillo, le taparon la salida. Una segunda vara algo más codicioso y a medida que le citaba el del palo, yéndose arriba, de menos a más. Solo una vez, en el segundo puyazo, le cogió bien, en el resto lo mismo atrás, que en dirección a la paletilla. Y en los cuatro encuentros, el de Pallarés peleando. Al de aúpa le dieron el premio, quizá porque quitando la segunda vara, en las demás el jurado se quedó sin cobertura en el móvil; o que ni se les pasaba por la cabeza eso de dejar el premio desierto. En el último tercio, Isaac Fonseca se empeñó en acortar las distancias, en no darle el espacio que exigía y que había mostrado en el primer tercio. Si en esas cuatro entradas va de lejos, ¿para qué empeñarte en echarte encima? Y con tanto encimismo, pues el toro acabó parándose. Que estos de la tauromaquia moderna se creen que lo de los terrenos y las distancias son pamemas; pues a las pruebas me remito de que es algo fundamental. Y el mexicano siguió por allí, sin enterarse de lo que se le estaba yendo. Y es que, ni una muerte digna le ofreció al animal. Que mala suerte.

El tercero era Alejandro Chicharro, que venía a otra cosa que no era un concurso de ganaderías. Tan despistado venía, que ni opción al paisanaje para regalarle un mísero “¡bieeeejjjnnnn!”. Al de Castillejo de Huebra, que ya mansaeba en el caballo, escapándose al notar el hierro, decidió que no era digno de tres varas y al segundo encuentro pidió el cambio. Bueno, era una opción, pero tampoco costaba nada ponerle una vez más, para que el personal se convenciera, pero es que el matador era de los que no lo quería ni ver. Y allá que se fue el de Miraflores de la Sierra, provincia de Madrid, para liarse a dar trapazos abusando en exceso de pico, de lejanías muy lejanas, de brazo estirado como una goma, mucho, mucho. Con las ganas de agradar que traía. Nunca acabó de entregarse y si se terciaba, tampoco se crean que dudaba de tirar el trapo al hocico y echar a correr a tragarse el olivo de un brinco. En el sexto, el de Valdellán, un manso de libro, sería por la pitada de su primero y también porque cada entrada al caballo ere medio picotazo antes de salir huyendo, que le puso cuatro veces; bueno, más, pero las que le ponían y el toro se iba escapando antes de oler el peto, esas no las contamos. Pero Chicharro ahí, dale que dale, sin que se le pasara por la testa el cambiarle la lidia. Si el toro no va, ¿a qué empeñarse con obcecación a dejarle a contraquerencia? Señor, vaya moviendo el penco, primero al seis y si no va, al cinco, como si tiene que acabar en la misma puerta de toriles. Que eso también es ver al toro. Pero esto quizá sean cosas de otros tiempos, tiempos en los que nadie ovacionaba a un toro que se tragaba la muerte y que buscaba el refugio de las tablas. Pero a lo que íbamos, que salió Chicharro, sin desmonterar, dispuesto a algo. Se lo sacó al tercio, incapaz, desconfiado, desarme, enganchones con la zurda y sin dar sensación de que se le quiera volver a ver. Que igual el primero en no verse es el mismo espada. Y así acabamos, ganador el de Pallarés, además de otros premios que no merece la pena nombrar y la cosa estaba en que mientras unos iban a ver el toro, otros no querían verlo ni en pintura.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

sábado, 19 de septiembre de 2026

La reventa se agiganta en Madrid

Hágase con su carés de afisionao y seguro que la reventa tendrá un detalle con usted, además del boli, un cuaderno rayado, para que no se tuerza.


Quizá algunos recuerden los reventas ofreciéndote entradas para los toros en los alrededores de la plaza. Los días más flojos te abordaban desde bastante antes de llegar a la plaza y en los que la cosa estaba que echaba humo, en los mismos lugares se te acercaban preguntando que si te sobraba algo para esa tarde. Y cuando ya estabas a pie de plaza, si preguntabas a alguno, casi todos más que conocidos, te pedían el oro, el moro, un ojo, una pierna y hasta años de vida, para poder entrar a los toros. Eran otros tiempos, aunque estos personajes no han desaparecido, pero ya no son tan... tan... son de otra manera. Eso sí, si algún incauto, algún espontáneo se ponía a vender una entrada, lo mismo te llegaban por detrás unos señores uniformados, aunque sin gorra, y te trincaban, pero bien; que a lo peor los propios reventas “profesionales” le habían dado el “queo a la pasma” De todo, menos competencia ajena a los habituales. Y esto era un gran problema para todo el mundo, para los que querían ir a los toros, para la autoridad y según decían, que lo decían, también para la empresa de turno. Que reventa solo la legal, la del 20%, esa de los quioscos que se ponían frente a la plaza.

Ahora los tiempos son otros, todo esto ha cambiado y de qué manera; vaya si ha cambiado. Pasamos de que te vendían unas cerillas o un bolígrafo por una tela y te regalaban una entrada a los toros. Joer, que era para decirles que se quedaran con el boli y te regalaran la entrada, que según el anuncio, esa era su intención, ¿no? Pues no. Pero estamos en tiempos en los que todo se mueve por las redes sociales. Sí, redes en las que caes y te trincan como a un besugo. Que ahora te inundan los anuncios de ventas de entradas para los toros en Madrid, no ya una vez que se han puesto a la venta, lo mismo para abonados, que para público en general, sino mucho antes, semanas antes. Y te las venden de cualquier sitio de la plaza, dónde quieras. Y en algunos casos, más baratas que en taquilla ¿Cómo es eso? ¿Algo parecido a lo del boli? Pues muy sencillo, si a un abonado le cuesta seis y en taquilla cuestan quince, te la venden por doce y negocio redondo. No me digan que no está bien pensado. Aunque hay días, como el marcado en rojo porque viene el genio de las genialidades, que si la entrada vale quince, te piden... yo qué sé una barbaridad, lo mismo cuarenta o cincuenta y sin boli, ni nada. Que no se tomen al pie de la letra las cifras, es simplemente un ejemplo, porque por esas cantidades, hoy en día, en las Ventas, no te dan ni el boli, ni casi la bañera de alcoholazo para amenizar el festejo.

Que además la empresa anuncia que se ha alcanzado una cifra récord de abonados; cifra que se va superando feria a feria. Todos abonados, pero que llega uno y resulta que la plaza cambia todos los días. Que sí, que están los de siempre, los que nos conocemos unos desde que éramos jóvenes y a otros desde que se vinieron por allí cuando eran jóvenes. Que sí, que hay alguna contada incorporación, pero el resto unos días te vienen de Colmenar, otros de Extremadura, otros del Barrio del Pilar, otros de Toledo, otros de vaya usted a saber, pero nunca, nunca se repiten. Y si hay tanto abonado, ¿es que llega el día de los toros y se le quitan las ganas de ir a la plaza y se la pasan a un amigo? Que si es así, los abonados de Madrid son como Roberto Carlos, el cantante, que quería tener un millón de amigos. Vamos que tienen que ser los más populares y con fama de ser más generosos que la mar. Pero claro, si no todo son amigos, la gran pregunta es: ¿Quién está detrás de tanto abono? ¿Quién, cómo y por qué disponen de tantas entradas, que las ofrecen incluso antes de que se pongan oficialmente a la venta? Y otra cuestión es si la propietaria, la Comunidad de Madrid, el Centro de Asuntos Taurinos tiene noticia de esto o no. Que si nos enteramos las almas cándidas que nos limitamos a ir de casa a la plaza y de la plaza a casa, ¿cómo es que ellos parece que están a verlas venir? Que luego dicen que si pensamos mal ¡Hombreeee! Es que no lo ponen fácil. Que una de dos, o están más que al tanto y miran para otro lado o es que son tan torpes que les pasa un elefante por la cara y no se enteran. Que no sé cuál de las dos opciones es más bochornosa. Que oiga, que haya abonados está muy bien, pero mira que trabas amistad con alguien una tarde, esperas con ilusión el reencuentro al día siguiente y en lugar de ese o esa tan majos, te aparece un sargento de caballería. Pero la conclusión es que si no eres abonado, al que venga de fuera, le rompen el lomo del estacazo que les pegan. Que ya lo decía el señor Casas, que esto es un artículo de lujo. Pero cuidado, que los hay que están encantados con esto y hasta parecen gozar viendo como esquilman a los que vienen de fuera, pensando que a ellos, privilegiados y exclusivos, no les va a tocar nunca. Si es que al final no van a tener que hacer obras solo en la plaza, al final va a resultar que a más de uno le van a tener que apuntalar y encalar la sesera, aunque si el mal es estructural no hay hormigón que remedie lo de las grietas. Que los hasta que están encantados de esto de revender, porque ellos, con dos tres, cuatro o seis abonos, haciendo sus chanchullos y sacándose unas perrillas, no caben en si de gozo, que ya tiene pagada la bañera de alcoholazo para las tardes de feria. Pero lo más preocupante y que parece que no tiene remedio, es que la reventa se agiganta en Madrid.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Que nadie toque Madrid, que me enfado un montón

Los hay que se quieren erigir en dueños únicos de Madrid, sin ser capaces de tener la intención de mirar a su lado y aprovechar lo que puedan aprender de la compañía. Allá ellos.


Seguro que si usted es habitual de la plaza de Madrid, vean que no digo aficionado, no consienten por nada de este mundo que nadie venga a contarnos cómo deberíamos actuar en esta plaza. Y luego, enfrente, están los que se creen con derecho a querer cambiar Madrid y adaptarlo a lo que a ellos les viene bien, quizá a lo que conocen en otras partes. Bueno, es una forma de ver las cosas. Que anda que no se preocupan por lo que sucede en esta plaza. Pero no se preocupan por la plaza, ni mucho menos, se preocupan por los que frecuentan la plaza de las Ventas. No entienden que detalles que son señas de identidad de la plaza se mantengan por los siglos de los siglos. Pero entienden que esas cosillas solo hacen que amargarnos el carácter y no se crean, lo mismo hasta tienen razón, porque anda que no somos unos siesos esaboríos. Si es que estamos todo el día con el ceño fruncido, si es que no nos gusta na. Bueno, hay a quién le gustan muchas cosas, que no todos van a ser unos amargaos. Esos ajenos quieren que en nuestra plaza se toque la música cuando haya algo sobresaliente, aunque la cualidad de sobresaliente varía según a quién se le pregunte. Pero no me digan que la música no animaría el cotarro, pues claro que sí. Lo malo parecería regular y lo regular excelente, ¿qué digo? Histórico, pero histórico, histórico, aunque eso de histórico nos aguante en la memoria diez minutos. Pero esto no puede ser, hay que encontrar algo que recordar, a ver qué se nos ocurre. ¡Ya está! A dar muchas orejas y así seguro que nadie se olvida de aquella tarde en que fulanito cortó... entre mil y dos mil despojos. Estuvo grandioso. Eso sí, no pregunten más, que igual no saben dar más razones de lo grandioso. Eso, despoj... perdón, orejas. Pero, a estas alturas, ¿nos vamos a poner límites? ¿Madrid no tiene derecho a merendar? Instauremos la merienda en las Ventas. Solo tienen que ver el éxito del “Cénate las Ventas”. Que la plaza no se llenará, pero ese olor a fritanga tan nuestro, tan popular, tan de verbena del pueblo en verano, ese trajín de gente con bandejitas sin importarles que el toro esté en el ruedo o en la luna, con las bañeras de alcoholazo y con los ánimos dispuestos para... para solicitar despojos con vehemencia. Eso sí, no intenten llevarse las bebidas de casa, que en esos días hay un caballero en la puerta que se empeña en registrarles bolsos, mochilas y baúles, porque no dejan meter bebidas, que hay que consumir dentro. Pero el clímax llegaría en el momento en que ese entusiasmo por lo divertido nos llevara a que se diera un rabo a uno de los mediáticos. Y si además llegara el indulto, ¡no lo quiero ni pensar! No sé si lo resistirían nuestros cuerpos, no sé si tanta emoción cabría en nuestras molleras. Nos explotaría la cabeza ¡Un indulto! El cielo en la tierra. O quizá... Igual hasta podría ser entrar al infierno sin poder salir ya nunca más.

Pero que nadie piense que este abrir las puertas a la diversión es un imposible, ni mucho menos; no se me desanimen los animosos, por mucho que escuchen a unos clamar que si esta es la primera plaza del mundo, que si son muy exigentes, que si hay que picar, ¡naaa! Ni caso. Esos igual serían los primeros en querer pasar un rato bien divertido. Háganme caso, que se quejan de que los demás merienden, pero ellos, quizá sufriendo un taurino síndrome de Estocolmo, en cuanto pueden se preparan una merendola de toma pan y moja y no dejan de pasar tupperwares hasta que no se ve el fondo. Aunque esto son pequeñeces. Lo malo es cuando sale el toro y mientras gritan eso de hay que picar, cuando al toro no se le pica, por lo que sea, si este acude a la muleta como un bendito, sin un mal gesto, sin un mal derrote, ya están con que si es el toro del año, que si hay que darle una vuelta al ruedo, por aquello de la diversión y hasta alguno con el fervor que provoca el morapio, hasta repite eso de “es un toro de vacas”. Y no les pregunten motivos, que igual se llevan un rapapolvo dialéctico. Que a nada que uno no les baile el agua, lo más suave que te sueltan es que no tienes ni idea; ellos sí, por supuesto. Y no digamos cuando llega el amigo vestido de luces, el vecino del pueblo de al lado, que entran de lleno en el divertimento y se ponen a airear el pañuelo como posesos y si no logran el despojo, ya se encargarán de hacerle pegarse un rulo por el ruedo y que lo carguen a su cuenta, que pagan ellos. Como si ellos fueran dueños de lo que no tiene dueño, al menos solo uno o unos pocos. Ni tan siquiera son los amos que decidan quién y cuándo uno tiene que divertirse. Se creen tan, tan exclusivos, que actúan como si fueran socios, panas, coleguitas de la empresa y se alegran de sus supuestos éxitos, como si fueran suyos propios. Que verás cuando se enteren de que nadie va a compartir con ellos los beneficios. Eso sí, que como alguien se ponga como no se debe poner, ya saben, que nadie toque Madrid, que me enfado un montón.



Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

lunes, 14 de septiembre de 2026

El toro sorprende y los de luces... ya ni pueden decepcionar

Y esos toros pensando a ver quién les va a trapacear, quién les ha tocado en mala suerte. Venga a derrochar embestidas, para que un caballero le largue tela sin garbo.


Los más viejos igual recordarán aquello de la maldición de la gitana: “ojalá te salga un toro bueno”. También los había, tiempo ha, que juzgaban la labor de los de luces de acuerdo a las condiciones de lo que tenían delante. Pero todo esto ya no vale, hay que olvidarlo, ¿no? Pues que pierda la memoria el que quiera, pero uno intenta mantenerla, aunque para ello tenga que atiborrarme a rabos de pasa. Y los desmemoriados o los que nunca conocieron de estas cosas de gente mayor, ven toreo en no poder con un toro, ven arte en la trampa, ven poder en no parar quieto y bailar más que un sobrepasado en un after. La cosa es ensalzar al torero y soltar los ¡Bieeeejnnn! Que nos salgan de ahí mismo. Que qué será lo que a esos entusiastas les hace jalear hasta los enganchones. Que no entremos en que si el pico, que si el trallazo o el ventanazo retorciéndose, que con que nos quedemos con los enganchones ya tenemos tema para poner peros a los que ellos perciben como genios de la tauromaquia. Que igual lo son, que no digo yo que no, pero desde luego lo que no son, ni de lejos, medianamente interesantes para el toreo. Que lo dela tauromaquia parece admitir lo ya comentado y exige que si eres paisano o amigo, tengas que mostrar no admiración, verdadera devoción. Si hasta música han pedido. Y ya saben, pedid y se os concederá; y la música ha llegado en forma de avisos, así, como si fuera el vals del segundo. Pero no, a los caballeros no les ha debido parecer bien. Pero siéntense, que esto da para más. Que ya puestos a hacer vergüenzas, los amigos, conocidos o lo que sean, no dudan no solo en hacer que el incapaz se de un giro por el ruedo, sino que encima se ofuscan contra los que opinan muy diferente. Damas y caballeros, es que no todos tenemos amigos toreros a los que ponen para rellenar una tarde de septiembre en Madrid.

Que empezaba la tarde con toros de Valdellán y Juan Luis Fraile y más de uno acudiendo a la plaza con un “verás tú” en la cabeza. Que no digo que lo de Valdellán no se espere siempre, pero lo de Juan Luis Fraile despertaba cierta desconfianza. Pues para que nos vayamos enterando, si no es por el ganado, alguno dudaría entre cortarse las venas o dejárselas largas. Que a la salida todo el mundo comentaba la grata sorpresa de lo de Valdellán y Juan Luis. Pero... siempre hay un pero, la terna actuante... quizá era para refrescar la memoria de los habituales a esta plaza, ni mucho menos de los afines a los toreros. Tres toreros que desde hace tiempo ya no decían nada y... A Pérez Mota parece que nos lo ponen para que no se nos olvide su plomiza incapacidad. Alberto Lamelas, confirmando que lo de hace ya demasiados años parece que fue un espejismo y que su normalidad es el no poder con los toros, ni tener el más mínimo sentido de lo que es lidiar, aunque esto es común a esta terna y a mil que se nos puedan ocurrir. Y José Carlos Venegas, pues dejándose ir dos dulces que exigían toreo y no trapaceo. Pero él a lo suyo, a poner poses y trampear como Dios le dé a entender, con más trampas que Daniel Boon (famoso trampero del far west americano)

Como es habitual, se ha picado penosamente, lo mismo en la paletilla dirección a la pezuña, que más allá de mitad del lomo; imaginen todas las posibilidades para acuchillar a un toro, sin que ninguna de las opciones sea en lo alto del morrillo. Eso sí, como los picadores no tienen padre, ni madre, ni parientes, ni paisanos, se les pueden decir todas las barbaridades que a uno se le pasen por la cabeza en un momento de ofuscación transitoria. Que no sé que iba a ser de esto si no hubiera picas a los que mentarle lo más sagrado. Eso sí, pocos caen en la cuenta de que quien le paga es... y el que le paga es que el que manda, el que da las órdenes y curiosamente suele ser el mismo que no pone los toros en suerte con un mínimo de cuidado y los mismos que no acuden a sacarlo de debajo del peto cuando el de aúpa está zurrando al animal, que uno no sabe como no les falta el riego en el brazo a algunos partelomos que visten de oro. Si vamos por hierros, el primer Valdellán peleó con fijeza, aunque le costara un mundo decidirse a ir al peto. El segundo, tercero de la tarde, fue sustituido por un sobrero del Montecillo que no quería cuentas con el tío del palo. Queriéndose ir en todo momento, escarbando, para acabar yendo el caballo al toro y no al revés. Y el tercero, que hizo quinto, se acercaba al caballo andandito, sin convencimiento, para que no se le picara, aunque el picotazo casi al final del lomo, se lo llevó. Y de los de Juan Luis Fraile, el primero, segundo de la tarde, muy suelto, sin humillar y sin codicia, para acabar en el que hacía la puerta. El segundo, q7ue salió cuarto, medio cumplió en la primera vara y en la segunda, desde lejos, volvió simplemente a cumplir. Y el tercero de Fraile, el que cerraba plaza, tras un primer puyazo sin más y después de pensárselo mucho, en el segundo encuentro hasta empujó con ganas. Pero en la muleta la cosa fue bien diferente, aunque no me gustaría que olvidáramos lo sucedido en estos primeros tercios, porque luego viene el entusiasta de turno y te dice que porque no se cansaba de ir al trapo, este o el otro era el toro de la temporada. Moderación, señores, moderación. Que a veces tenemos la memoria más a corto plazo que un pez.

Pérez Mota empezó con ciertas precauciones con el capote. Inseguro en los primero compases con la muleta, iniciando por enganchones, trapazos acelerados y sin ser capaz de poder con el Valdellán, lo que se evidenciaba con un no parar de bailar entre trapazo y trapazo. En su segundo, insulso con el capote, manteo de compromiso, para luego dar un concierto de muletazos con el pico, mucho enganchados y tomando ese camino que denuncia el no poder, pero que oiga, los hay que se entusiasman con ello y hasta piden música, que no hay nada que les ponga más felices que un buen arrimón, pero que a otros desespera hasta el clímax de la desesperación. Y a ver si otra vez que se piensen ponerle ya se nos ha olvidado lo poquito que da de sí este torero. Eso sí, al entrar a matar por segunda vez salió prendido, siendo zarandeado una eternidad por el toro, recogiéndolo de la arena y volviendo a tenerle a su merced.

Alberto Lamelas recibió al primer Fraile con el capote, mientras este lo punteaba por ambos pitones. No fue el más fácil de la tarde y quizá pedía otra cosa que no fueran derechazos y naturales, al menos de primeras.. Por el izquierdo se vencía, por el derecho tiraba derrotes y lo único que se le ofrecía era un no parar quieto, dejarle enganchar la tela y que el toro fuera el que mandara. Al de Valdellán lo recibió a portagayola, para acabar de cara en la arena. En el último tercio fue una sucesión de trallazos, enganchones, abuso del pico y sin poder hacerse con él, lo que provocaba en el respetable una sensación de emoción, la del que no puede y está a merced de su oponente, que iba una y otra vez a cada cite. Pico exagerado y el animal que se le venía por el hueco entre bulto y engaño. Pero eso parece ser que gusta, que no se imaginan lo feliz que estaba una señora venida de más allá de los Pirineos, que hasta se quería echar al ruedo para agasajar a su torero/ ídolo/ amigo/ váyase a saber.

Y el tercero era José Carlos Venegas, que al que me diga que no se pone estiloso, la tenemos. Eso sí, que cuide las lumbares, que con esas poses tan... que la espalda es muy traicionera. En el recibo a sus dos toros hubo de darse la vuelta para perder terreno. Como todos, mucho trapazo, siempre sacando el culo fuera, muletazos nalgueros, que dicen. Siempre atravesando la muleta, venga a colocarse, salpicado de enganchones muy celebrados, sin percatarse de que el manso en el caballo no paraba de acudir adónde le llamaran. Y dos avisos, ¿no querían música? Pues toma música. A su segundo empezó dándole distancia, igual que le daba ventanazos, siempre muy fuera. El toro no se cansaba de embestir, embestidas que no merecían tanto trallazo, tanto dejarse enganchar la tela y tan poco mando, manifiesto en carreras y más carreras. Que si no pincha cuatro veces, para que el toro acabara echándose solo, igual alguno agitaba el pañuelo, aunque igual en lugar de para pedir la oreja era en señal de rendición, que ya no había quién aguantara más. Eso sí, si la cuadrilla es incapaz de poner cuatro palos y casi deja caer al suelo una docena, por mucho que se mire al palco, señor Venegas, no se puede cambiar el tercio. Que si fuera el caso de que el toro fuera una alimaña, igual podía ser, pero porque los de luces sean unos incapaces, por eso no ¡No, hombre, no! Y al final resultó que el toro sorprende y los de luces... ya ni pueden decepcionar.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

lunes, 7 de septiembre de 2026

A los toros con la fresca

La montada acorazada se está convirtiendo en un espectro sombrío, cuyo única función parece ser masacrar tapando la salida o no recetar ni tan siquiera un picotazo. O Juanín o Juanón, sin querer encontrar la medida justa.


Pocos elogios ha recibido la empresa de Madrid, para lo que se preocupa por los que insisten una y otra tarde en acercarse a la plaza de las Ventas. Que lo mismo deciden que nada mejor que un jueves por la noche para ir de toros, con merienda servida en la propia plaza, sin importarle si un señor de Toledo, Alcalá de Henares o Fuenlabrada tiene que levantarse pronto para ir a trabajar. Y ahora, aún con los calores, y vaya calores, del verano, te ponen la novillada a las seis de la tarde, que aún a estas horas igual hay alguno al que aún le sigue tostando el Lorenzo; y eso que ya han pasado de largo las horas de la cena, pero es que los de sol han debido acumular calorías de aquí hasta el mes de enero. Pero claro, si estamos en septiembre, los toros a las seis, aunque estén lloviendo candelas como melones. Que habrá quien diga, uno de esos que con tanta facilidad se ponen en lugar de la empresa, algo ya muy habitual, que el que no quiera sol, que afloje la mosca y se vaya a la sombra, que estaba vacía. Que ya nos quejamos de vicio.

Y dirán ustedes que si esta es forma de comenzar el relato de una tarde de toros; que igual no, pero que opinen los de las localidades de sol. Festejo con seis hierros distintos, que al final fueron ocho. Guadajira, La Machamona, Chamaco, José González, Ángel Luis Peña, que fue devuelto, un sobrero de El Cotillo, también devuelto, otro de Couto de Fornilhos y uno de José Cruz, que sustituía al anunciado de Jiménez Pasquau. Para los espadas, todos nuevos en esta plaza, Adrián Centenera, Tomás González y Andrés García. No sería novedad decir que se ha picado mal, tapando la salida, sin poner los novillos en suerte; que esto no quiere decir el dejarlos allí a su aire, abandonarlos como el que deja un perro abandonado en una gasolinera, que hay que colocarlos con un cierto criterio, preferiblemente después de un remate garboso, aunque esto ya sí que es pedir peras al olmo. Y que una vez que el animal acuda al peto, estar atentos para sacarlo del caballo con acierto. Sí, que dirán que me ha afectado el sol, que seguro que sí, pero es que uno a veces delira. Que no digo nada de esos matadores, tanto novilleros, como los figuras y aspirantes, que no saben cuál es su sitio y se dedican a... ¡Yo qué sé a qué se dedican! A merodear por ahí. De los novillos, el de Guadajira quiso pelear en la primera vara, el de La Machamona solo con un pitón, el de Chamaco tirando derrotes a la guata, el de José González dejándose sin más, el de Couto acudiendo en huida primero al de la puerta y el de José Cruz aguantando al de encima del mulo, a ver si acababa de atinar con el palo. Novillos que no aburrieron, que para eso estaban otros. Es más, alguno ofrecía embestidas que en el mejor de los casos solo fueron acompañadas, aunque sin ajuste.

Adrián Centenera muy perdido, con la idea bien aprendida de iniciar los trasteos por abajo, pero eso de pegar trallazos afeaba lo que podrían ser buenas ideas. Luego mucho abusar del pico, mucha carrera y en el caso de su segundo, ligando enganchones en demasiados trapazos. Tomás González, debió escuchar lo torero que es empezar con ayudados, pero volvemos a lo mismo, que no es lo mismo templar, que tirar trallazos. Un novillo que era un dulce que no merecía esos trapazos al aire con la muleta al cielo, ni permitir tanto enganchón, concluyendo en su primero con una dosantina muy bailada, o lo que también llaman un invertido. En su segundo, el quinto, aparte de proseguir con su serie de banderazos, se pasó el rato venga a colocarse como para empezar lo bueno, pero nada, que no se acoplaba y al final, pues no se acopló. El tercero era Andrés García, que a su primero, un novillo huidizo, se lo llevó a los medios y consiguió sujetarlo. Después vinieron ventanazos y muletazos con la zurda iniciados con un tirón. Después prosiguió con un toreo demasiado moderno, con las fallas de todos y las carreras como todos. El que cerraba plaza parecía salir con la lección de torearse solo y el espada se mostró más efectista que eficaz, con un inicio por abajo gustoso, pero sin llevar al toro, que ya se llevaba él. Prosiguió con muletazos que cortaba antes de tiempo, sin rematar ninguno y escuchando como la cla le jaleaba hasta los enganchones, algo ya muy habitual, con esos ¡Bieeejjjnnnn! Trompicados. Para terminar con una serie al natural de frente, en el que se hacía más evidente ese pasarlo en línea y largando tela, que por supuesto caló entre los partidarios., que si no es por el pinchazo hondo o menos de media, depende de a quién pregunten, y los ocho golpes de verduguillo, lo mismo contagiaban a alguno más y le pedían un despojo. Y así terminamos una novillada que se hizo demasiado larga, sin aire acondicionado, que debía estar en reparación, con las radiaciones del Lorenzo aún a flor de piel y encantados de que esta empresa decida que esto empiece a las seis de la tarde y que vayamos llenos de optimismo y con la mente limpia, virgen, a los toros con la fresca.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

viernes, 28 de agosto de 2026

¡Ay que me he emocionao!

La abuelita guarda emocionada el dibujo de su nieto y casi lo compara con cualquier creación de Goya, Picasso o cualquier genio cósmico.


Hay un argumento irrebatible en esto de los toros, un argumento que no admite respuesta alguna. Que no se puede oponer a este si el toreo ha estado presente o ausente, si este o aquel han podido o no con un toro, que basta que alguien te diga que con este o el otro se ha emocionao, ya no hay más que hablar. Porque, ¿cómo te vas a poner a rebatir los sentimientos de alguien? Es absurdo e inútil, aunque eso sí, con eso del “me he emocionao”, estos pretenden taparte la boca e invalidar cualquier otro argumento que se les pueda presentar. Porque, ¡quién se pone a discutir con la abuela que ve que su nieto ya se tira solo por el tobogán? Si hasta le emociona esto y el que aterrice en un charco y vaya hecho un eccehomo de vuelta a la casa de la hija. Que eso sí que la emociona, no que el repelente Emilín recite la canción del pirata del tirón, cosa que a su vez emociona a su abuela, que dice que ella conoció al tal pirata del recitado. Y en los toros, pues tres cuartos de lo mismo, que vemos a uno de los del figuranato haciendo ciertas cosas y nos falta el aire de tanto pitarle y abuchearle, pero lo hace otro y... ¡Ay que me he emocionao! Y a ver qué le dices. Que con tanta emoción, uno solo puede ofrecerle un pañuelo para que enjuguen esas lágrimas tan sentidas. Que habrá quién diga que el ambiente en la plaza era como si hubieran fumigado con algo raro desde los cielos, pero uno no cree en las doctrinas antropoestácticas del profesor Llorente, don Marcos, especialista en las nubes del firmamento. Pero la verdad es que el ambiente era de aquella manera.

Corrida de Pedraza de Yeltes, unos correctos y otros enormes, que entre el de menos peso y el de más, había casi 200 kilos de diferencia. Y entre el más longevo y el más bisoño, dieciocho meses. Que pareja, lo que se dice pareja. En el caballo unos medio cumplieron sin más en un puyazo, que en el otro casi ni se simulaba el picotazo, a otros apenas se les tocaba, pero se les dejaba ahí en el peto sin tan siquiera apoyar el palo. Al sexto es al que más le dieron candela en una vara, mientras el animal empujaba sin humillar. Por supuesto que se les hacía la carioca, se les tapaba la salida y había pocas ganas de ponerlos en suerte con un mínimo de criterio, Mal lidiados, aunque esto no importa, porque eso de mantener cierto orden en la lidia parece ser que no emociona y si no emociona, ¿pa qué?

Los actuantes fueron Francisco José Espada, que hacía que no venía por aquí, un habitual del tedio; Joaquín Galdós, el segundo torero con más cartel del Perú, y Christian parejo, que ya en otras actuaciones emocionó a la parroquia y hasta a las abuelas de otros. Espada estuvo tan soso como algunos no le querían recordar. Inédito con el capote, especialmente en su segundo, que fue ver que se le frenaba para ceder la tarea a la cuadrilla. Con la pañosa, puro toreo moderno, pero sin emocionar, lo de todos y lo de siempre, muy despegado, que el tinte luego cuesta. En el cuarto habría que añadir que después de la segunda entrada al caballo, los emotivos decidieron que el toro era un inválido y había que cambiarlo. Y sí, hubo momentos en los que besó la arena, pero igual un pelín de temple por parte del matador, sin tanto trapazo, habría ayudado algo al de Pedraza. Que igual nada tiene que ver que en la segunda vara la puya cayera un tanto baja.

Joaquín Galdós dejó a su primero que correteara buscando la salida, hasta que se decidió a darle mantazos. Y empezó el trasteo por abajo, con cierto sabor, pero lo acelerado deslucía todo. Y continuó apresurado, pero ya para administrar toda la modernidad vigente del destoreo. A los arreones respondía con trallazos y así pues no hay quién se emocione... ¿O sí? El quinto era un mercancías que se defendía ya de salida y mientras el caos se empoderó en el primer tercio, con pérdida del palo y todo, el espada solo estaba por allí. Seguro que se fijaba mucho, pero aparte de teledirigir en la distancia levantando la mano, nada más. En la faena de muleta, pues mucha desconfianza, mucho trapazo para quitarse aquello de encima y siempre muy lejos. Que tanto se separaba, que no extrañaría que en la furgoneta de la cuadrilla le pusieran para él un sidecar en un lateral, no fuera a ser que sintiera las apreturas dentro del vehículo.

Y, ¿no querían emociones? Pues prepárense, que llega el nieto a tirarse desde el tobogán para aterrizar de boca en un charco. Chistian Parejo es de esos actuantes efectistas, que por su propia poca pericia transmite esa emoción que ahora tanto se jalea. Que no le pidan que medio intervenga durante la lidia, ni mucho menos. Que no duda en si está él con el toro, hacerse a un lado y decirle al peón: ahí lo tienes, apáñate. Que lo suyo es la muleta, ahí sí que levanta pasiones. A su primero, una vez que se lo sacó de las tablas, venga pico y ventanazos, trapazos y carreras, muy acelerado. Con la zurda, la muleta atravesadísima, casi como haciendo alarde de ello. Trapazos y más trapazos, tirando de recursos de plena vulgaridad. Que después de una estocada caída y cinco golpes de verduguillo quizá el personal se dejó de emocionar, que si no... Y fue en el sexto cuando ya los ¡bieeejjjnnn! Llenaron el ambiente de este nuevo templo de la vulgaridad. Empezó con ayudados sacando en exceso el culo y con el trapo por aquí y el toro por allá. Un animal que no paraba de entrar al engaño. Un achuchón por el derecho al colarse por el hueco que dejaba atravesando tanto la tela. Siempre pico, muy arrebatado, un enganchón por aquí, otro por allí, pero que se jaleaban con el mismo entusiasmo. Trapazo y a correr, otro y otra carrera, para terminar con una supuesta tanda de naturales de frente. Que no dudo en lo de la emoción de muchos, eso es cosa de cada uno, que hasta me dirán que dio uno de aquella manera, que si esto lo consideramos torear, pues venga con la emotividad. Pero si damos un muletazo y tenemos que recuperar siempre la posición, igual es que mucho toreo, lo que se dice toreo, no hay, ¿no? ¿Pases? Miles, pero, ¿toreo? Y no digo más. Pero claro, si contra lo del emocionarse hay poco que argumentar, contra lo del bisturí taurino, poco más. Eso sí, que como ahora resulta que esto se limita casi única y exclusivamente por lo de emocionarse, ya no hay más que decir. Y quizá sea un diálogo inútil si se intenta razonar y comentar algo con alguien que de primeras se te cierra en bando y te espeta eso del ¡Ay que me he emocionao!


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html