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miércoles, 14 de junio de 2023

El respeto se gana y Cuadri es su dueño

Pues este año tampoco será; Cuadri no vendrá a Madrid, por no ceder a los atropellos de Plaza 1. 


Pues no, este año no volveremos a ver la ganadería de la “H” tumbada en la plaza de Madrid. Después de aquella tarde del desafío ganadero que esta ganadería salvó después de que los Maños fueran desechados, ya nos frotábamos las manos esperando al mes de julio con sus calores, el bochorno canicular y ver como se cumplía la promesa hecha de que los de Trigueros volverían a nuestra casa, a su plaza. Faltaba decidir la fecha. Mejor a primeros, porque así las vacaciones no iban a peligrar; y qué mejor forma de irse a la playa o al pueblo, o a recorrer la Gran Muralla china que con el buen sabor de boca de haberse reencontrado con el toro, ese que tan caro se vende para las Ventas y que, durante todo un San Isidro, apenas hemos podido disfrutar dos tardes y media. Pero ya saben, una cosa son las aspiraciones del aficionado, ese ser ingenuo que hasta llega a creerse una promesa de Plaza 1, los señores Garrido/ Casas o Casas/ Garrido, y otra lo que estos caballeros deciden. Que parecen un día el doctor Jeckyll y el resto del año Mr. Hyde.

Dónde estarán aquellos lamentos del señor Garrido pidiendo como favor personal tres toros de Cuadri para aquel desafío que se les quedó cojo nada más empezar. Que no es la primera vez que esta banda perpetra una felonía de este calibre, y además también a la familia Cuadri. Que habrá quién diga que cuando te engañan por segunda vez es culpa tuya, pero en este caso hay que ir más allá del dicho y escapar de la estupidez de tomarse las cosas al pie de la letra escrita. Claro que se les podría decir a la familia Cuadri eso de que no espabilan, pero no sería ni justo, ni fiel a la realidad. Una ganadería que lo primero que hace todos los años es apartar diez o doce toros para Madrid, sin pararse a pensar en si la empresa la llevan el pirata Drake, Barba Roja o el pirata Morgan, porque solo miran a que es Madrid y Madrid para ellos se merece todo, esfuerzos, engaños, timos de thrileros, porque les ciega, gracias a Dios, la afición. Les ciega, y repito, gracias a Dios, su afición y el respeto a la afición de esta plaza. ¿Se puede criticar eso sin ponerse colorado? Pues que cada uno decida. Pero tampoco son tontos y saben hacerse respetar y actúan en consecuencia y respetando a esta plaza al mismo tiempo. Que no creo que el aficionado se sienta defraudado porque la casa Cuadri haya dicho hasta aquí. Si preguntásemos, seguro que casi el 100% de los aficionados estarían a su lado, entre otras cosas, porque esto también da valor a Madrid, porque aquí siempre se ha sabido estar a la altura de los que merecen tanto la pena como este hierro. Lo que sí estará la afición es indignada, una vez más y van…, con estos caballeros de Plaza 1. Ha sido una más, otra de tantas y van… Si es que este es el pan nuestro con esta banda, llevan años parcheando y el flotador sigue perdiendo aire, hasta que no haya parches que poner, aunque igual para entonces volverá la Comunidad con otro flotador nuevo en forma de otra rebaja del canon, una subvención, un pliego aún más laxo, vayan ustedes a saber. Porque la gestión la llevan la banda de Plaza 1, pero, ¿Y la Comunidad de Madrid y el Centro de Asuntos Taurinos? Que le han alquilado el chalet a unos señores y estos se están dedicando a llevarse la grifería, desconchar las paredes, acuchillar las puertas, reventar las persianas, hacer zanjas en el suelo y utilizar aquello como un híper del menudeo. Pero es complicado que actúen, porque ya saben, entre bomberos no se pisan la manguera y más que cualquier otra cosa, unos son cómplices de los otros y los otros de los unos.

La conclusión es que Cuadri no vendrá a Madrid, porque no quieren que venga, porque trajeron tres y el aficionado sé que se emocionó y lo mismo, después de esta feria “triunfal”, no quieren que haya lugar a comparaciones. Que pónganse ustedes a comparar… mejor no, no comparen. Pero tampoco estarán en Valencia, dónde para lo del desafío con Miura les tenían preparado a los toros un tour por la Comunidad Valenciana, paseando los toros por aquí y por allá, que me los subo al camión y les enseño unos corrales fuera de Valencia, que si me los vuelvo a subir y … Y yo me pregunto. ¿para esto es para lo que les ha servido al señor Casas tantos años en esto y al señor Garrido estar abonado en Madrid desde niño? Que igual es que mucho, lo que se dice mucho, pues no se fijaron, pero claro, los que les dan la gestión de una plaza que se dice la primera del mundo, tampoco es que se esmeraran. O quizá saber sí que saben, pero de otros lugares y otros modos y lo mismo hasta se están cobrando el que nunca pudieran entrar en Madrid, ni salir, por la Puerta Grande y por eso han decidido acabar con cualquiera de las señas de identidad de esta plaza, justo con aquellas que ellos no supieron conquistar. Estos para los que todo eso que distingue a Madrid les supone una falta de respeto, pero señores… el respeto se gana y Cuadri es su dueño.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

domingo, 22 de febrero de 2015

Sevilla, Valencia, Cuadri y la lógica que todo lo puede



Los parientes de Revisor no aparecerán este año por Valencia
Me gustaría que alguien, mejor si es uno de esos devotos de la Tauromaquia 2.0, me explicaran el motivo de sus ofuscaciones con todo lo que está pasando en torno a los carteles de Sevilla para este año y con la exclusión de Valencia de los triunfadores de la pasada temporada, en especial la de los pupilos de la familia Cuadri. ¿Qué esperaban? Todo esto está lleno de lógica, rebosa, y además lo que está pasando era más que predecible, así que menos echarse las manos a la cabeza y a tragar, que es lo que toca. ¿Qué esperan que después de atender los caprichos y perretas de las figuras, de repente se nos hubieran hecho mayores y asumieran su responsabilidad con la plaza de Sevilla? ¿Esperaban si acaso que tras permitir al señor Casas ciscarse en la plaza de Valencia, en sus abonados y en el público en general, ahora le diera un ataque de cordura y se le disiparan las ideas de productor despótico? Hombre, seamos serios y consecuentes, no pidamos peras al olmo.

La plaza de Sevilla es propiedad de unos señores que llevan años y años practicando el “aquí mando yo y tú te aguantas”, Pues no pensemos en que nos van a permitir opinar sobre la decoración de su casa, ni sobre los horarios de comidas, cenas y meriendas. Y si a esto le sumamos lo de las figuritas que necesitarían una “Súper Nanny taurina” que les pusiera los puntos sobre las íes, tenemos como resultado el pitote que tienen ambas partes entre manos en estos días de frío y ventarrones. ¡Qué es la Maestranza! ¿Y qué? En ese caos presente los toreros ya no necesitan de plazas como Sevilla o Madrid, ni tan siquiera depende el número de contratos de sus actuaciones en esas y otras plazas. Son puro trámite, que a veces, ni merece la pena pasar. Aquellas exigencias pretéritas, aquello de que para ser alguien en el toro había que triunfar en El Baratillo y en el ruedo del foro, aquello ya es cosa pasada. Existe un grupo de toreros, entre los que por supuesto se encuentran las figuras, que tienen asegurada su presencia en todas las ferias, si les apetece, pero si no van o no triunfan, no pasa absolutamente nada. Qué digo triunfar, ni tan siquiera se les exige que se justifiquen. Que con que un torero se enfrente un día a una ganadería seria, ya nos quedamos satisfechos. Que El Juli, Talavante, Manzanares, Castella, el mismo Cid, Morante de la Puebla, Daniel Luque, Juan José Padilla y otros que no se me vienen ahora a la cabeza llevan años, pero años, sin tan siquiera hacer eso, justificarse. Que me pueden salir con lo de las orejas y las puertas grandes, pero bien sabemos lo que significan los despojos en estos momentos. Si el mismo Manzanares se sorprendió de que el presidente de la plaza de Madrid le diera una oreja. Y podría extenderme en los demás nombres que he citado, pero eso solo lo haré si a alguien le interesa. Pero ellos seguirán acudiendo año tras año, si no deciden otra cosa. Como así han decidido no ir a Sevilla, porque si se escabullen no pasa nada, no les afectará a sus carreras, pues el número de contratos depende casi exclusivamente de la casa que les lleve y no de lo hecho en el ruedo.

Lo mismo ocurre con las ganaderías, fracasan un año y repiten el siguiente, repiten el fracaso y las empresas les compran dos corridas, como el sangrante caso de Núñez del Cuvillo, aunque no es el único. Que ya se aplaude el que un toro no se desmorone y siga las telas, porque de lo del tercio de varas ya ni hablamos. Pero feria tras feria las empresas, incluidas las de Madrid y Sevilla, y Valencia, Castellón, Albacete, Valladolid, Salamanca, Alicante, Pamplona, Bilbao y las de todas las plazas de España, siguen dándole a la fotocopia y repiten los fracasos pretéritos. Ya puede triunfar quien sea, que como no pertenezca a la familia taurina, van dados. ¿Por qué? Porque el público sigue tragando como un bendito. La asistencia cada vez es menor, hasta de forma alarmante diría yo, pero bueno, ¿qué más da? Si de lo que se trata es de estrujar la teta hasta que salga la última gota de leche. Luego, el que venga detrás, que arree. Pero no hay quien levante la voz en el sitio en el que hay que levantarla, en las plazas. Será porque no se puede estar a la vez al cubata, al bocata, al móvil, a la chuti cachas de su derecha, al colega, a mandar que se callen a los que protestan, a las orejas, a los indultos y a cualquier cosa, menos a lo fundamental, al toro y a la lidia, aunque esto ya hace tiempo que dejó de ser fundamental.


Menudo escándalo que se ha montado con lo de Cuadri en Valencia, todo el mundo está indignado, todos clamamos ante tal injusticia, como la de Rafaelillo, que se ganó su derecho a volver a fuerza de pelear con el toro, toro, pero esperemos a ver qué pasa el primer día de Fallas. Ojalá me equivoque, no hay nada que me gustase más, pero como mucho refunfuñarán entre dientes los que asistan a la calle Xátiva; bastará una tanda de trapazos de cualquiera que vista medias rosas, para que se celebre el evento con un trago de la bota y a otra cosa. Total, ¿qué más da? Los Cuadri solo interesan a cuatro chalados y si el respetable le reconoce su éxito en la misma plaza cuando hay un toro de su hierro en el ruedo, pues ya se le pasará. Qué tiempos aquellos en los que el público contaba para algo, cuando los empresarios se afanaban en contratar a los toreros y ganaderías que interesaban gracias a los méritos contraídos, cuando de un festejo salían tres contratos y luego ocho y así sucesivamente; y si el triunfo era en plazas como Sevilla o Madrid, el criador ya podía dar por vendida la camada del año siguiente por unos buenos duros y el coletudo ya tenía que andar reservando hoteles para todas las ferias importantes de esa temporada. Así que no nos echemos ahora las manos a la cabeza al contemplar este disloque insultante, porque esto que sufrimos no es otra cosa que una consecuencia de lo que se viene sembrando diariamente, no es otra cosa que la imposición de la lógica. Si se crían ganaderos, toreros y hasta empresarios caprichosos, habrá que aguantar sus arbitrariedades, pero que nadie piense que esta lógica se frenará aquí, como apisonadora imparable seguirá avanzando y puede que lo siguiente, a más o menos años vista, sea el abandono definitivo de los aficionados de los tendidos, un debilitamiento aún más extremo de la Fiesta de los Toros y que unos políticos oportunistas la elijan como víctima propiciatoria y acaben con ella con tal de obtener un puñado de votos y poder sacar pecho como salvadores de la moral ciudadana. ¿Catastrofista? Puede ser, no lo voy a negar, pero, ¿por qué no se puede repetir lo de Cataluña? 

domingo, 12 de enero de 2014

Revisor que estás en los cielos

La última foto de Revisor, haciendo esfuerzos para que Marín, ese buen amigo que tanto paraba por la finca, pudiera sacarle  tan guapo como un galán de cine. (Fotos gentileza de José María Pérez Marín, del blog "El Retoñal" y "El Retoñal Pictures")


Hoy recibía un mensaje desde Huelva, desde Trigueros, que me decía que yo había sido uno de los últimos con los que habló Revisor, aquel toro de Cuadri que se ganó en el ruedo su vuelta al campo, rodeado de las vacas del hierro de la “H” tumbada. Ese toro que este verano tuve la oportunidad de conocer y que no tardo en demostrarme que era un animal especial, con una sensibilidad y un desparpajo que no podía imaginar. Grande como un tótem sagrado, pesado en los andares, como aquellos sabios cargados de años cuando caminaban en busca de sus discípulos para compartir con ellos su saber y tantas experiencias acumuladas en el tiempo. Una arboladura vuelta hacia atrás, en otro tiempo amenaza de muerte o tránsito a la gloria. El símbolo de la dignidad del toro bravo, el toro de lidia, la causa y el motivo por el que el rito del Toreo se mantiene vivo. El toro, el único ser que ha mantenido unida la Balsa de Piedra, como llamaba Saramago a nuestra Península, la cuna de la casta y la bravura que los hombres convierten en arte, en pasión y en puro sentimiento.

Si en una corrida de toros se entremezclan sin control sensaciones y emociones opuestas que en si mismas parece que no pueden darse en un mismo instante, ni conformar ese todo armónico, cuando tenemos la oportunidad de encontrarnos con un toro, un semental que en su día volvió a su casa, que superó esos momentos de las curas en que aún no se sabía si habría posible recuperación y que superado esto pasó a ser germen de bravura con las vacas, todo sentimiento se nos dispara. Es más, hasta parece que proyectamos cualidades humanas, o ¿por qué no? ¿No será que entonces, una vez de regreso, el toro nos desvela una faceta para nosotros desconocida? No pienso detenerme en este punto, porque con toda seguridad no llegaría a ninguna parte y me enredaría en divagaciones sin sentido; y yo no quiero ni volverme loco, ni que ustedes lo piensen. Por eso me voy a limitar a contar mi último y gran secreto en torno a Revisor.

Hace unos días, después de tanta fiesta, tanta comida, compras, carreras y angustias por encontrar los regalos de todos, agotado me tumbé en el sofá de casa, cerré los ojos y dejé que se relajaran todos los músculos de mi cuerpo. Era tal el cansancio, que ni podía quedarme dormido, pero la sensación de paz me envolvía de tal manera, que no importaba. Cómo una brisa del mar me pareció escuchar algo, como una voz conocida, pero que no sabría decir de quién era:

-          Pareces cansado, ¿eh? Sí, sí, tú, el que este verano vino desde Madrid para hacernos una visita al amo, a mis compañeros de campo y a mí.
-          ¿Quién es?
-          No me digas que no te acuerdas de mí. El paseo que me hicieron pegarme con toda la solanera que caía aquella mañana, con la conversación que tuvimos y no te acuerdas.
-          Pero no me digas que eres…
-          Pues claro, ¿o es que conoces alguno con unos cuernos tan grandes como estos?
-          Hombre, no quisiera yo…
-          Vale, vale, he planteado mal la pregunta, pero tú me has entendido.
-          Sí, claro que te he entendido, pero, ¿qué haces tú por aquí?
-          Pues ya ves, ahora, con tantos años, me resulta más fácil colarme en las cabezas de la gente, que levantar este cuerpo y dar tres pasos.
-          Ya lo veo. Este verano ya te costaba caminar, pero ahora…
-          Pues sí, a mis años el invierno ya se te pone muy cuesta arriba y para colmo el tiempo no ha ayudado, no ha caído una gota y al no haber casi hierba fresca, uno casi ni come.
-          Hombre, pero te echarán pienso, no creo que a ti te vaya a faltar para rumiar.
-          Si no me falta, lo que pasa es que los piensos me cuestan más para rumiar y digerir. A los más jóvenes, los que están en edad de crecer y preparándose para la plaza les viene muy bien, pero yo ya no estoy para esos granos, lo mío son hierbitas y agua fresca.
-          No, hombre, aún te queda mucha guerra que dar y mucha vaca por cubrir.
-          ¡Huy! No, eso de las vacas se acabó y lo otro, pues dentro de poco, también, de ahí el motivo de esta vista.
-          ¿Qué me dices? ¿Qué significa todo esto?
-          Pues que se acabo, que en unos días dejaré todo esto y pasaré a ser un recuerdo. Se acabará Revisor para siempre.
-          ¿Cómo es eso?
-          Ley de vida amigo, ley de vida. uno ya ha gastado su última brizna de hierba, ya no le quedan ratos que pasar refugiado bajo los árboles, ya he consumido todo lo que tenía, ni fuerzas me quedan para bufar. Uno anda como alma en pena, viendo como los más jóvenes me miran con pena y me tratan con ese cariño que se les da a los viejos cuando se sabe que ya están a punto de pasar el arroyo que separa las dehesas de esta parte, de las de la otra orilla, las que siempre están verdes, con hierba fresca todo el año, donde la lluvia te sosiega y donde puedes rebozarte en bancos enormes de tierra roja.
-          Amigo, tal y como lo cuentas, me dan ganas de irme contigo.
-          No, ni se te ocurra, tú todavía tienes que quedarte aquí, tienes muchas cosas  que hacer y no renuncies a nada, es mejor decir que no pudiste, que no que no lo intentaste, no tengas miedo a fracasar, tira para adelante.
-          Hombre, de eso tu sabrás bastante, has sido un toro que ha conseguido lo máximo a que puede aspirar uno de tu especie.
-          No, no te dejes deslumbrar por las apariencias. Me voy con un pesar muy grande.
-          No me digas, ¿cuál?
-          No morir en la plaza. No pude cumplir el destino de los toros de lidia, el de los toros bravos, cumplir en todo momento y entregar mi vida al relámpago de una espada.
-          Pero, ¿cómo dices eso?
-          Pues sí, es lo que siempre escuchaba a los aficionados que visitaban la ganadería, les oía hablar de otros compañeros, que me precedieron en la plaza, incluso de varios de mi misma edad y siempre era lo mismo, la bravura que demostraron y que acabaron cayendo en la arena.
-          Y eso es verdad, los toros bravos mueren en la plaza, pero los muy bravos no.
-          No te entiendo.
-          Pues está muy claro, que los muy bravos, los excelentes, los que derrocharon casta, bravura y nobleza, esos se ganan su derecho a volver al campo y precisamente por ser tan extraordinariamente bravos, adquieren la responsabilidad de transmitir todo lo que demostraron en el ruedo, a sus terneros. Por eso tú volviste a Comeuñas.
-          Me estás tomando el pelo y eso no me gusta.
-          Qué no, en serio, si no, ¿por qué te crees que te han mantenido todos estos años con las vacas y como ejemplo para los jóvenes?
-          Pues no me lo había planteado.
-          Pues así es, eres la mayor gloria de esta ganadería, tu ejemplo perdurará para siempre, todos los machos te querrán emular y todas las vacas querrán parir un Revisor.
-          ¡Coño! Y será verdad.
-          Tal y como te lo cuento. Eres único y siempre se te recordará. Los aficionados siempre nos acordaremos de Revisor, el toro de Cuadri que fue indultado por su bravura.
-          Gracias, siempre había vivido con ese pesar dentro de mí, pero ahora me has hecho ver claro. No entendía el motivo de tanto cuidado, pero ahora me has abierto los ojos, No sabes cómo te lo agradezco. ¿Sabes una cosa?
-          No, si no me lo dices tú.
-          Pues que creo que ahora si es el momento de marcharme, de cruzar el arroyo y empezar a disfrutar de esa hierba verde y fresca todo el año. Ya no me queda nada que hacer en esta orilla. Gracias. Cuando te vi pensé que igual podías entenderme y por eso te hablé. Porque no creas que hablo con cualquiera, ni mucho menos.
-          No, ya me imagino.
-          Pero tú me inspiraste confianza, con esa cara como si no hubieras visto nunca un toro, con tu mujer y los niños y también te diré, que por la compañía que traías, que venías con Marín y Luis, que me parece que es su hermano. Ese viene mucho por aquí y el tío se limita a estar observando durante horas, con la misma cara de asombrado que tú. Hace sus fotos, habla con los amos y hasta el día siguiente. Y tiene muy buen trato con Pepe, el jefe. ¡Qué tío! Siempre que te hacía falta, allí estaba. Y te contaba historias de tus padres, tus tíos, tus abuelos, tatarabuelos, de toda la familia; sabía encendernos el espíritu de la bravura y la importancia de llevar la “H” marcada a fuego. Pero ya no te entretengo más, me marcho. Quédate como estás, con los ojos cerrados y dentro de pocos días te avisará Marín de que ya me he ido, pero me voy satisfecho y agradecido por haber nacido toro. Es grande ser toro y poder salir a un ruedo a demostrar que no te rindes ante nada, ni ante nadie, porque eres un toro de lidia. Me voy feliz, cansado, pero feliz. No dejes de ir a las plazas y piensa que no hay nada más grande para un toro, que morir en la plaza. Y ahora también sé lo extraordinario que es volver a la finca. Gracias y hasta pronto, adiós.
-          Adiós.
Donde la hierba siempre es verde y fresca, en el cielo de los toros bravos


Seguí un rato más con los ojos cerrados, pensando en Revisor y en lo que me había dicho, que no hay nada más grande para un toro que morir en la plaza, ¿Podrá entender esto todo el mundo? Pues seguro que no, porque no todo el mundo es capaz de ponerse en la piel del toro, son muchos los que pretenden que todo discurra según su lógica de hombre y que quieren que todos los seres de la naturaleza tengan carácter humano y eso no es posible. Respetemos al toro, ese animal que cuando nace, y sin poder mantenerse en pie, ya quiere embestir, que se crece ante el castigo y que busca desesperadamente todo lo que invade su espacio vital. Eso es el toro, eso es lo que era Revisor, un toro de la ganadería de Cuadri, de Trigueros, Huelva, que ya ha cruzado el arroyo para disfrutar de ese campo con hierba verde y fresca durante todo el año. Ese toro que se ganó en el ruedo el volver a la dehesa y en el campo el ir al cielo de los toros bravos. A Revisor que estás en los cielos.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El jefe de la manada en Cuadri

En Cuadri, ¿quién es el jefe de la manada?
Bendito y ya lejano verano, con las excursiones, la playa, encuentros con amigos, charlas en largas sobremesas y si uno se arrima hacia Huelva, hasta puede pasarse por Comeuñas para ver lo que Cuadri nos tiene preparado para el curso próximo. Para cualquier aficionado que vea al toro como un fenómeno totémico, el contemplar los ejemplares de este hierro es como tocar el cielo. Grandes, fuertes, musculosos, bien armados, muy hondos y con la tranquilidad del que se sabe poderoso. Mientras esperábamos que apareciera alguien de la casa, mi buen amigo Marín me llevó a ver los utreros que el año próximo saldrán a las plazas como toros, con continuas referencias a sus hermanos que ya fueron lidiados. El tío conoce la ganadería como si fuera suya, sabe ver al animal en la plaza y en el campo. “Mira, quédate con ese, que lo verás en Madrid”, me decía, un novillo que podría pasar por toro en plazas casi de primera y que podría parecer el padre de los que matan muchas figuras en sus tardes de gloria artificial. El calor aplastaba el aire espeso contra las cabezas, los animales iban buscando el refugio de los árboles y el alivio del viento. En esto que nos sorprendió la llegada del ganadero. Quizá uno podría esperar que apareciera en un gran coche, con el pelo engominado, traje de modisto italiano y un deportivo que fuera berreando que el pasajero es un señor de posibles. ¡Ay, cuánto mal ha hecho la modernidad en esto del toro! Pero don Fernando desembarcó en una furgoneta y vestido para trabajar y meterse entre los toros. De natural educado en sus modales, al saber que llegábamos de Madrid, parecía defraudado por haber embarcado todas las corridas del año, tenía que corresponder a sus visitantes. Desapareció unos minutos y volvió sobre su montura, un caballo nada espectacular, pero que seguro que sabía moverse entre el ganado como nadie.

Don Fernando nos indicó que nos tapáramos detrás de los muros del cerrado, que no nos dejáramos ver, no fuera a ser que los toros se pusieran estupendos. Al poco fueron asomando delante de él cuatro toros, parte de la simiente de la “H” inclinada. Faltaba uno que se había saltado a un cercado en busca de jaleo y otro que pidió que le excusáramos, que él se quedaba a la sombra y que no se movía de allí abajo. De los presentes, uno era un novillo a prueba, al que se le notaba la diferencia con los demás. Dos eran dos toros ya cuajados, que igual se pueden llegar a ver en algún ruedo. Y el cuarto, un grandullón con paso cansino, casi indiferente, pero al que parecía que los demás respetaban de una forma especial. Cada paso era un suspiro, la desarrollada cornamenta se bamboleaba según oscilaba semejante cabezón al ritmo de las pezuñas que casi no se separan al andar.

Aún estaba comentando la primera charla con el ganadero, un hombre claro, directo y que con toda la calma del mundo imparte lecciones sobre cómo se deben criar toros de lidia. La genética que domina de una manera sorprendente con el banco de experimentos que es su pajarera, el manejo y las decisiones que hay que tomar en el momento preciso, antes de que un contratiempo se convierta en un problema y un gran dolor de cabeza. Los toros ya habían llegado delante de nosotros, el grandón a la cabeza y los otros tres brujuleando detrás.
-          Pssssst.
-          Calla hija, no molestes a los toros.
-          Pssst. ¿Usted es de fuera, verdad?
-          ¿Qué? ¿Quién es?
-          Joer, yo, el toro, el grandón que dice usted, que tengo nombre.
-          ¿Qué pasa?
-          Joer, que soy yo, Revisor, el toro que indultaron en Valverde hace unos años.

No sabía si me estaba volviendo loco, si la pastilla me estaba haciendo reacción o si las magdalenas tenían algo raro. El semental más viejo me estaba hablando.

-          Sí hombre, sí.
-          ¿Qué tal, encantado de hablar con usted?
-          Me puedes tutear, tranquilo. Aquí todos somos iguales. ¿Eres aficionado?
-          Sí, sí, un poco.
-          Y cómo otros muchos, vienes a vernos, a ver cómo nos trata don Fernando y su gente.
-          Pues sí, claro, ¿y cómo os trata?
-          Hombre no podemos quejarnos y si esto además me lo preguntas a mí, a uno que le indultaron y le devolvieron a la finca, pues imagínate, si ya vivía antes cómo un rey, a partir de eso, la cosa mejoró todavía más.
-          ¿Y eso? Pues mira, a partir de aquel día y una vez que me curaron las heridas y recuperé las fuerzas, me mandaron donde viven las vacas, que a veces se parece más al infierno que al paraíso. Joer, todas poniéndose para que yo las cubriera y para que sus hijos fueran famosos. Pero la cosa no fue así, los niños no eran como quería el amo. Los buenos son los de mi hermano, al que llaman el Revisor Chico. Oye, que no sabes lo buenos que salen luego en la plaza.
-          ¿Entonces tú no…?
-          Qué va, sí, incluso ahora, pero uno ya no tiene el cuerpo para fiestas, los años no pasan en balde. El ganadero me mantiene aquí, más cómo reconocimiento, que como semental que dé buenos becerros. Y yo se lo agradezco, claro que sí. Ya le he dicho que los buenos son los de mi hermano, que no ha querido venir, porque decía que hacía mucho calor, que prefería quedarse a la sombra. No se lo tenga en cuenta.
-          No, no, yo no digo nada.
-          El hombre lleva una vida muy ajetreada, imagínese, llega el celo y tiene que mantener el tipo durante días.
-          ¿Días?
-          Sí, y eso midiendo los esfuerzos. Los jóvenes quieren ir a toda prisa, una vaca, otra, otra, y se agotan antes. A medida que vamos creciendo, también aprendemos a dosificar los esfuerzos. Y nadie te dice nada, ni que vamos, ni que para. Aquí nos tratan de perlas, si hasta las vacunas nos las pone el amo subido a un árbol, sin que le veamos, para que no nos alborotemos.
-          Oye, ¿y esa historia de los castaños?
-          Pues parece que el amo viejo no les tenía mucha fe y si salía uno, lo quitaba de en medio. Eso sí, en esta casa no sabes cómo se las gastan, lo que creen que no vale se lo quitan de en medio, manteniendo siempre 150 vacas, que ya dirán algunos que son pocas, pero esos son los que no tienen que cubrirlas. Que una cosa es eso del… usted ya me entiende.
-          Sí, claro.
-          Que una cosa es el placer y otra la obligación. Que son muchas hembras a las que montar. Pero vamos, que no me quejo. Me decía de los castaños ¿Vio usted a uno que se llamaba Brigada?
-          Sí, salió en Madrid, un gran toro, al que Robleño no quiso ni ver, querían que se quedara fuera de la corrida, pero al final salió y el matador le hizo todo al revés, para que pareciera malo.
-          Sí suele pasar eso. Era un buen chaval, muy viajado, anduvo de un lado a otro, luego iba a ir a Francia, pero al final parece que le cambiaron el destino, ¿no?
-          Sí fue a Madrid y salió muy bueno.
-          Más le valía. No sabe cómo exige el amo, si hasta nos dan cursillos de cómo entrar al caballo, que parece ser que es una cosa que te pincha y claro, como uno tiene su casta, pues basta que te piquen, como para que te cabrees y quieras comerte eso que te molesta, no te vas a quedar de pezuñas cruzadas.
-          ¿Y quién da esos cursillos, el amo?
-          Noooo, él nos deja a nuestro aire. Son las vacas más viejas las que nos lo cuentan de pequeñitos, antes de irnos a dormir, Te dicen que no hay que achicarse, que lo que moleste, a por ello, ¿qué te hace daño? Pues entonces hay que pelear más y más. Menudas son las señoras. Eso sí, yo no me quejo, que ahora me tienen cómo a un maharajá. No me dejan un momento, pero eso sí, a los pequeñines les siguen comiendo la oreja. Hay quién dice que si estos luego no cumplen, el amo las aparta. Pero bueno, usted me perdone, pero con este sol pegando en la testuz, al final parece que te atonta. Ha sido un placer. Igual cuando usted vuelva yo ya no estaré aquí, pero habrá otro. Lo dicho, un placer.
-          Igualmente, hasta otra.


Los toros se fueron por donde habían venido, con la misma parsimonia y buscando las sombras que les aliviaran del sol de agosto. Aún pudimos charlar un poco más con el ganadero, escuchando las palabras de un señor, que antes de nada es aficionado. Todo un privilegio, porque no todo el mundo tiene la oportunidad de charlar con el verdadero jefe de la manada.

lunes, 11 de marzo de 2013

La hache tumbada pone en pie la Fiesta

Cuadri vuelve a impresionar



Ahora sí que sí, esto ya empezó; ya pasó el trofeo Carranza, el Teresa Herrera y el Colombino, atrás quedaron las expectaciones iniciales y casi de golpe se nos viene encima Castellón y Valencia, que no son las plazas más exigentes del mundo, ni se espera que lo sean en las próximas décadas, pero no son Ajalvir, Valdemorillo u Olivenza, con todos mis respetos.

Uno ya no es que sea pobre, es que tiene espíritu de ello y no sólo no tiene Telemoles, sino que ni tan siquiera sabe los festejos y ferias que se televisan, bueno Sevilla sí sé que estará destelevisada. Pero haya no haya tele, cuando ocurre algo importante las noticias corren que se las pelan. Ayer me encontraba con unos amigos y ya empezaba a hablarse de la corrida de la Magdalena, y un ratito después recibí una llamada de un capitán general del toro y en especial de los Cuadri. Tanto es así, que en los cumpleaños de los toros es el que enciende las velas. Me contó lo del Comino, no para echárselo al arroz, sino el que le echaron a Bolívar. Un toro bravo que fue premiado con la vuelta al ruedo, tras recibir dos puyazos, dando la impresión de que el toro aún soportaba más estopa, pero cómo hoy en día hay tan poquitos aficionados y menos en los palcos, al segundo encuentro el usía sacó el pañuelo a todo correr. Sería por evitar la locura del público ante el espectáculo de un Cuadri yendo al caballo. En la muleta, dicen las crónicas que quizás habría aguantado algo más, pero es lo que tienen los bravos y encastados, que el fondo y la durabilidad la tiene que tener el de luces, pero ¡Amigo! lo que se seca la boca con un mozo de estos, aunque sea más noble que el Príncipe Valiente.

Pero yo no voy a eso, ya digo que no vi la corrida, y ni tan siquiera me voy a poner a echarle flores gratis a la ganadería de Trigueros. Sólo quiero detenerme en un estilo, en una forma de pensar y en su puesta en práctica en el trabajo diario. Imagino que a los herederos de don Celestino Cadri les gustará ganar dinero con el toro, pero no a costa de lo que sea, ni enterrando una idea ganadera. Dice mucho de un criador de toros bravos el que Madrid sea el eje fundamental de su temporada. Sin desatender a otras plazas que pidan los toros de la “H” tumbada, ya recta, pero con las Ventas siempre presente. Seguro que hay otros hierros que aplican la misma fórmula, pero no con tanta fe, ni haciendo que esta tendencia influya en las camadas año tras año, de lo que lógicamente sale beneficiado el aficionado y la Fiesta. Un ejemplo es lo ocurrido el año anterior en Madrid. Estaba apartada una corrida muy bien plantada, y no me refiero a seis toros, creo recordar que eran diez los reseñados en un principio, en previsión de posibles accidentes. Andando el tiempo, uno se inutilizó en el campo, más trade otro y en el traslado otros tantos. Ya digo que hablo de cabeza, porque el número de bajas no importa, aunque fueron más de media corrida. ¿Y qué pasó? Pues que a pesar de todo, en Madrid salieron seis de los Herederos de don Celestino Cuadri, no los que el ganadero tenía preparados inicialmente, pero sí unos que mantuvieron el nivel y la dignidad que exige la plaza. Y nadie ajeno a la casa opinó sobre este u otro. Lo contrario que le ha pasado a otro hierro de gran prestigio entre el público y máximo exponente de la pantomima al uso, al que le contratan dos corridas en una feria y entre todos no junta nada medianamente decente para una. Bailes de corrales, camiones para arriba y para abajo, para acabar haciendo el ridículo y luego decir el propietario que no llevó los toros que él quería. O sea, que aparte de tener un desecho de ganadería, encima no tiene el carácter y la convicción suficiente para mandar los toros que él quiera y sí los que le eligen las figuritas de turno.
Cuadri mantiene 150 vacas, las 150 mejores, que si son 170 buenas, sobran veinte, lo que ya dice bastante del método de trabajo; con una filosofía clara, molestar al toro lo menos posible. A las vacas se las tienta, exigiendo un comportamiento idóneo en todos los tercios, no sólo en el de muleta, pero curiosamente no a los machos, a los que se les elige por reata y por el comportamiento de toros de años anteriores. Los resultados están ahí. Una ganadería que parece la “Tierra Santa” el aficionado, a la qué acuden en romería continuamente para ver los toros de Madrid, Sevilla, Ceret, Bilbao, ah no, Bilbao no, no los querían.

No se ve ni una funda, ese calcetín apretado que tan feo hace en las arboladuras del toro de lidia y que nadie aún ha explicado en que favorecen al toro a la hora de saltar al ruedo. No se les molesta ni para vacunar a los animales, a los que don Fernando espera a sotavento camuflado en lo alto de una encina, desde donde pincha a las reses, sólo para no tener que manipularlas metiéndolas en el mueco. Hay días que se vacuna a uno, otro a tres, otro a ninguno, otro a dos, así cargado de paciencia, hasta que todos pasan por debajo de las encinas, que tampoco son siempre las mismas. Un cuidado y un mimo exquisito y luego para ser el primero que le ponga pegas a sus toros por su comportamiento durante la lidia. Esto es únicamente afición, un poco de afición, más afición y para terminar, otro poco de afición.

La consecuencia de todo esto es un hierro que periódicamente hace confiar al aficionado en que esto tiene futuro, en que no está todo perdido, aunque bastante perdido está ya. Anda que no se pelean las figuras por matar a estos o aquellos, pero sin asomo de intención de ponerse delante de los Cuadri. Parece cómo si se blanquearan cómo la cal al escuchar este nombre, pero realmente no se comen a nadie, eso sí, hay que hacerles bien las cosas. Será por eso, por no saber hacer las cosas cómo debe ser. Estos grandullones que echan por tierra esa teoría de que el toro grande no embiste y el chico sí. Un razonamiento sólidamente fijado en el más puro empirismo científico del taurinismo moderno. Que tendrán tardes malas y peores, esas en las que los públicos de la Tauromaquia 2.0 aprovecharán para quedar como perfectos imbéciles diciendo eso de “¿Y ahora qué, eh? Pues una mala tarde, necio, una mala tarde de la que nadie está libre. Pero al menos y de momento, nos quedan los pupilos de Cuadri, esos de la hache tumbada que ponen a la Fiesta en pie.

lunes, 17 de octubre de 2011

Ya vale con los Cuadri

Ya uno se ha acabado cansando de la ganadería de Cuadri. ¿Se dieron cuenta del sexto toro de la corrida de Zaragoza? Tanto, tanto y sale ese toro. Habrá quien me diga lo del cuarto de esa misma tarde, lo de los de Madrid de este año, la del pasado, los premios de corridas concurso y todo lo que quieran, pero ese sexto. Y no voy a entrar en el quinto, porque todo lo malo que fue no es solo mérito suyo, ¿qué me dicen de la indispensable colaboración de la cuadrilla de Paulita? Así que, que tampoco le pongan al ganadero todo el mérito.

¿Ven como a los buenos ganaderos también les sale un toro malo? Lo suyo sería que se fuera toda la ganadería al matadero y hasta a los cabestros que encelan al ganado para manejarlo de un lado a otro. Y que no me venga ningún aficionado de esos que van con el toro y que si lo de Domecq, que si el toro bobo; no, no me cambien de tema, estamos con los de Cuadri. ¿Cómo es posible que eche cuatro toros buenos, uno de ellos muy bueno, uno no bueno, pero al que le dieron una lidia infame y uno malo y no tome una determinación? Eso es motivo suficiente para convertir la finca en un centro multiusos. Y si nos ponemos a analizar las cosas, que alguien me responda como esta ganadería se considera de las mejores en la actualidad, cuando las figuras jamás de los jamases se han enfrentado a ella. Y lo que es peor, que no tienen ni intención. Con muy buen criterio, porque todos sabemos que el toro grande no puede embestir, que los buenos, buenos, son los bajitos, terciaditos, bonitos y con poca cara. Vamos el tamaño justo para que el toro te entre en una Samsonite y que no te cobren por exceso de equipaje. ¿Quién se puede llevar a un Cuadri bajo el brazo como el que lleva un Cuvillito? Pues nadie. Y si alguien no valora el que un hierro lo maten los de los diferentes “Ges”, que piensen a lo que son capaces de llegar otros cuidadores de toros para que sus pupilos figuren junto a los nombres más rimbombantes de la tauromaquia moderna. Nadie vendería su alma al diablo por nada, ¿no? Y que mejor recompensa que ésta.

Luego nos cuentan la milonga del tercio de varas, que si el toro fue de lejos, que si Castaño estuvo hecho un tío y que derrochó generosidad con el toro. Pero ¡por Dios! ¿A quién le importa eso? Luego se vio como el toro solo tenía veinte o veinticinco pases. Vamos, que ya me veía otra faena como aquella del tal Juan Mora en Madrid, que no duró un suspiro. Y menos mal que Castaño no llevaba la espada de verdad, que si no, aún habría tardado bastante menos. ¿Qué pretendía ese chaval? Primero poniendo al toro de lejos. Como no iba a galopar el animal para ir al caballo, además tres veces. ¡Habrase visto! Luego torea con la gorra puesta; ¿no podría haber brindado a la reina de las fiestas? Pues no Yo es que no entiendo nada. Y para colmo se pone de lejos con la muleta por delante. Eso es no saber, porque todo el mundo sabe que el único caso en que el torero se tiene que poner de lejos es para dar un pase por detrás, mientras se arquea el cuerpo exageradamente encogiendo el culo. Luego le plantas el pico de la muleta así al sesgo y te retuerces con “empaque” y “torería”.
Señores taurinos, unámonos para luchar con estos restos de la tauromaquia antigua e indescifrable, esa que no valora las orejas como se debe y que prefieren ver a un toro galopando contra el caballo, a verlo gazaper para un lado y para otro abanicado por un muleta “poderosa”, describiendo líneas rectas. Pero claro, aquí no caben estos Cuadris, que encima exigen que se les hagan las cosas bien, porque si no se acuerdan y luego lo acusan. Encima rencorosos. Y lo que es peor, uno está con el alma en vilo y la merienda no acaba de sentarte bien, porque claro, uno se emociona y entre ¡ay! y ¡huy! uno coge aire, con lo malo que es eso para la digestión. Ni beber de la bota te dejan.

He leído por ahí que a muchos de esos toristas les encantó la corrida, pero ¿y ese sexto? Claro, nos quedamos con lo que nos interesa, con una visión parcial y sesgada de la cuestión. Nos quedamos con lo que nos da la gana, con los cuatro primeros, destacamos al cuarto, que fue de esos bravos en el caballo y que aún tuvo pases para hacerle una faena de esas que llaman clásicas, que no de las modernistas, y nos olvidamos del sacrilegio de ese sexto. El día que vea a un Cuadri que sale de toriles ya picado, toreado y lidiado y que perdone los pequeños deslices de los toreros durante la lidia, entonces que me avisen. O me conformo con que salga un toro artista, una preciosidad de esas que lo mismo sigue una muleta que una zanahoria enganchada a un palo. Así que… ya vale con los Cuadri.





Fdo.: Un fiel al toreo moderno; como Dios manda.