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viernes, 19 de junio de 2026

Esa diversión solo provoca pena

Aquella tarde en la que la conmoción se llevó por delante cualquier tipo de vacía diversión.


En esto de los toros hace tiempo que se creó una deriva al menos un tanto cuestionable y que nos está llevando adónde quizá no podíamos imaginar y que, desde luego, no deseábamos. Que empezamos con aquello del arte, todo es arte, un trapazo, un banderazo, hacer el paseíllo medio compungido, el vender almendras por los tendidos, arte, arte y más arte. Que arte de verdad es formular tal afirmación y aguantarse la risa y no ponerse colorado. Que ya me dirán si se les puede llamar artistas a los que hasta en los andares parecen ir sorteando caballones en un sembrado. Que veneno ese de querer ensalzar lo censurable. Pero es que ahora ha llegado la moda de la diversión, que hasta mente preclaras se atreven a decir que tal plaza es la más aburrida del mundo ¡Anda valiente! ¡Anda y anda y no pares! Pero eso que podría encerrar buenas intenciones, que no, lo que nos quiere decir con esa autoridad que ellos mismos se atribuyen, cómo es eso de divertirse en una plaza de toros, por ejemplo la de Madrid. Que para divertirse no hay que tener ni al toro, ni al quehacer del torero, que si nos entretenemos en eso, igual no nos divertimos; siempre de acuerdo a esos parámetros de las mentes preclaras, aunque igual sería más exacto llamarles mentes interesadas o estómagos agradecidos. Y cuidadín, que si usted, usted o usted no se divierte viendo cortar despojos, viendo a un señor ejecutando un desgarbado baile meneando telas, es que usted es un malage, un “amargao”, un “frustrao” o un antitaurino, que esta ya es la máxima categoría. Bueno, no, lo máximo es que te digan que eres un mal español. Que, ¿qué tiene que ver esto? Pues no lo sé y si ustedes lo averiguan, por favor, ilústrenme.

Que eso de divertirse es algo muy sano y que hay que practicar todo lo que el cuerpo aguante. Que uno se ha divertido como nadie en las fiestas del pueblo, en los Moros y Cristianos, en las reuniones con los amigos, en el gusano loco en el parque de atracciones, en las fiestas de Nochevieja, en las comidas y celebraciones con la familia, intercambiando anécdotas con los amigos, como aquella vez que paseando por la plaza de Santa Ana se paró un coche a nuestro lado, bajaron la ventanilla y de un coche lleno de toreros uno de ellos nos pidió un cigarro. Incluso a la salida de los toros cuando un grupito de amiguetes nos íbamos a empezar la noche. Que hasta de los toros ha brotado la diversión, pero en la plaza, en los toros... Ustedes me perdonarán.

Que igual en los toros no he encontrado momentos de diversión, pero, momentos inolvidables, todos y aún más. Y precisamente momentos en los que no se dejaba de lado la exigencia, el respeto al rito, el respeto a quién a nuestro lado nos enseñó a sentir esto como algo mucho más enriquecedor que la simple diversión. Eso es, la simple diversión, que poca ambición, con qué poquito se conforman los pobres, que con un barreño de alcoholazo y un despojo ya van listos para casita. Y mientras unos se divierten, otros solo podemos sentir pena, la pena de ver como un lugar, la plaza y el sentimiento de esta afición, se reduce a la nada más primaria. Y no intenten explicárselo, porque nunca lo entenderán, quizá porque lo primero que no entienden es la propia fiesta de los toros. Que no digo entender de toros, que eso lleva tiempo y quizá nunca se llega, pero sí entender de qué va esto. Porque resulta un imposible explicarle a algunos el que en una plaza de toros haya momentos en los que se te hace un nudo en el corazón y por mucho tiempo que pase, ese nudo nunca se libera. Momentos que años después la memoria hace que volvamos a aquella tarde, a aquel instante de inspiración en el que el arte o el poder domeñaban la casta y la fiereza, en ese momento compartido con quién hace años que ya no está a tu lado abriéndote los ojos para entender el misterio del toro, pero que cada vez que se entra por la puerta, cada vez que llegas a tu sitio, el de siempre, sigue a tu lado, en la plaza y en cada conversación en que salta el toro al ruedo de una tertulia ¿Divertido? Pues... Allá cada uno. Y ahora, con tanta diversión, tanta alegría, tanta celebración, uno ve como toda esta algarabía solo parece querer borrar esos momentos de conmoción y siente pena, una pena muy honda, tan profunda que parece querer enterrar esos nudos que atenazaron el corazón.

Explícales a estos divertidos, a estos que no faltan como poco dos veces al año a los toros, a estos que te hablan de los cuatro tercios de la lidia, a los que cuentan su arte por arrobas de despojos, que eso no es divertido. Ni lo intenten, porque además se atreverán a volverse y echarles en cara que su ídolo ha despojado a un borrego, un borrego al que usted prestó toda su atención desde que asomó en la arena y ellos solo desde que asomó el trapo rojo para pasárselo por el culo. Que a ver si eso va a ser lo divertido, pero... que no, si es que esto es como al que no le gusta el gazpacho, que por mucho que se lo metan con un embudo, que no, que no hay manera. Y como para contarles, y pretender que lo entiendan, que esa diversión solo provoca pena.


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jueves, 19 de marzo de 2026

El negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico

 

Pues si esto está cómo está, quizá mejor sea una ilustración que lo exprese sin palabras


En estos tiempos que se nos avecinan, quizá de crisis, de incertidumbre, de un futuro algo turbio, muchos se preguntarán cómo poder encontrar un lugar seguro, dónde invertir los ahorros. Seguro que encontrarán mil y una opinión, que si en las eléctricas, que si bonos, que si las "matildes" de Telefónica, pero a poquito que veamos el panorama, hay dos territorios inexplorados, el de los girasoles piperos, los gusanos de seda y el de las bañeras de plástico para contener combinados alcohólicos; estos van a crecer como nunca nadie imagino ¿Qué quién me ha dado el chivatazo? Nadie, simple observación. Tómense su tiempo y párense a contemplar el panorama. Y paso a revelarles mi teoría macroeconómica para asegurarse un futuro de solidez y estabilidad económica. Si nos sentamos delante de una televisión y vemos cómo ha empezado la temporada taurina, quizá muestra del presente y el futuro de los toros, muy torpe hay que ser para no darse cuenta del beneficio, del negocio que tenemos ante nuestros ojos, el abastecimiento de esas masas devoradas por el fervor taurómaco triunfalista, que devora pipas, engulle yintonis y agita pañuelos blancos como si de ello dependiera la paz del mundo. Que otro posible filón sería el de las pastillas para aclarar la garganta, porque con esos alaridos aclamando a sus héroes, las cuerdas vocales necesitarán un suplemento para mantenerse en su sitio.

Que el que no quiera, que no lo vea, pero si esto es producto de un genio empresarial como es el de plazas como Valencia, ¿qué no pasará en Madrid durante casi un mes de tardes de locura y embriaguez supina? Con esos animalicos colaboradores como un pinche de cocina que le deja las verduras bien lavaditas y cortadas para que el maestro se exprese. Ese ganado menguado, con cara bonachona, con pitones a los que solo les falta la pegatina de “plátano Canarias” y con la acometividad de un caracol en día soleado. Pero claro, ahora viene lo mejor, los maestros, esos que se atreven a todo, lo mismo a ponerle caras a un presidente, que al osado que no le bata palmas con entusiasmo y arrebato. Esos maestros que con sus eternos trapaceos permiten que mientras ellos se expresan, el personal acabe con un saco de pipas y dos bañeras de alcoholazo, que por supuesto deben haberse consumido para el momento en el que hay sacar los pañuelicos, pura seda, y hacerlos flamear al viento cálido de los vapores etílicos. Que delicia de torería, que una década después de su doctorado aún lucen como principiantes y los que ya pasean las canas en la castañeta, con casi veinte años o más de alternativa, insisten en aburrir como el primer día. Eso sí, ¿cuál es la fórmula mágica contra el aburrimiento? ¡Bingo! Las pipas, la bañera y rematar con el pañuelo, pura seda, flameando al viento. Y por si fuera poco, para animar más a consumir esa fórmula mágica, solo se necesita alguien en el palco que se ponga serio unos días y otro que no se ponga serio ni en un funeral y que anime regalando despojos a diestro y siniestro, lo que provoca que el personal tenga la creencia de que vociferando más y más rato, se puede conseguir el gran objetivo, llegar a los más elevados grados de chabacana y vulgar adefesio. Pero que esto no acaba aquí, ¡no! Que luego nos quedan esos satélites a los que no se les puede poner delante un micrófono delante, porque o se lo comen o empiezan a lanzar exabruptos o muestran con todo lujo de detalles su falta de afición al toro, su afición al parné, su absoluto desprecio por algo que algunos consideran sagrado y y que lo de la dignidad, honestidad con la fiesta y el toro les importa... ¡qué les va a importar! Si ya lo dicen ellos, que venden productos y firman contratos, pero, háganme caso que si quieren invertir su dinerito, los ahorros de toda la vida, háganlo en el negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico.


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lunes, 11 de noviembre de 2024

Tauromaquia para todos

Para disfrutar en los toros, hay cosas que resultan imprescindibles y si no, no sé cómo alguien puede pasarlo bien en la plaza.


Tenemos que reconocer que a todo el mundo hay que garantizarle los medios para que puedan disfrutar de las grandezas que el género humano ha ido creando a lo largo de los siglos. No podemos consentir que una mera dificultad de comprensión, de insuficientes conocimientos o porque la obra encierre una dificultad excesiva, esta llegue a todos. Que el Quijote estará muy bien, según dicen los sabios, pero, ¿para qué se han creado las ediciones para jóvenes? ¿Por qué enfangarse en una obra tan densa como extensa, cuando hay hasta una serie de dibujos animados’ Que me dirán que no es lo mismo. Por supuesto que no es lo mismo, los dibujos animados son mucho más entretenidos y además no hay que pasarse horas con un libro en la mano. Que si seguimos por la literatura, ¿para qué tener que leerse esos tochos interminables, si ya han sacado la película? ¿Para qué leer un periódico si ya tenemos X, antes Twitter? Que ahí te enteras de todo. Pero no solo está la cuestión del “librismo”, porque si vamos a eso del arte… eso es para echarle de comer aparte, que si un huevo frito es arte, que si tal retrato de un papa es todo enjundia. Y anda que no hay cuadros y cuadros y más cuadros. Pero yo sé la forma de quedarse con lo importante de verdad. Cualquier obra que no aparezca en una camiseta, en una taza o en un posavasos, no es una obra importante. Que a poco que uno se descuide, te meten cualquier cosa diciendo que es una obra maestra. Y de música, tanto que hablan de música clásica, de ópera, ¿las han sacado en algún anuncio de perfumes o en una peli? Pues entonces, descartadas.

Y en esto de los toros, pues ocurre tres cuartos de lo mismo, que unos nos vienen con que si el toro con casta, que si la verdad en el toreo, que si las lidias completas, ¡anda ya con las milongas! Que ahora va a resultar que para saber de esto y para que te guste va a haber que tragarse todo un tostón hasta llegar a que atoreen con la muleta. Que si al menos lo hicieran con la capa, con chicuelinas o lopecinas, pues vaya que vale, pero estar ahí traga que traga con que si el caballo por aquí o por allá. Que en esto, lo que vale es que se den muchas orejas, que lo dicen los de la tele y los que no son de la tele, que esto es para que el pueblo se divierta y punto y si todo el mundo pide la oreja, ¿quién es nadie para no darla o protestarla? Pues eso, no son nadie. Que ya está bien de los culgachapas esos que te dan unas murgas que no se aguantan ni ello. Y que me perdone mi tío Juan Hermenegildo, que dice que los hay que lo que quieren es simplificar esto cada vez más, para que medio lo entiendan los que no saben ni lo que es un toro. Como si eso importara. Un toro, es un toro y ya está, que lo sacan para que el torero atoree y punto. Que empieza que si el torero tiene que cargar la suerte, que si rematar los pases, que si lucir al toro en los tres tercios, que si al toro se le ve en el caballo, que si en banderillas te dice cómo va a ir a la muleta, que si… Pero, ¿para qué tanta leche, si al final en la muleta o sirve o no sirve y no hay que darle más vueltas. Que si la suerte suprema, que si hacer la suerte, que si la espada en todo lo alto; pero, ¿la cosa no va de que el toro caiga y punto? Pues para qué marear la perdiz.

Que sí, que nos llaman ignorantes a los que nos sobran todas esas historias que cuentan. Que dicen que esto es inabarcable, que no se puede saber nunca todo. Pues yo he ido dos veces a las Ventas con la Conchita, solo este año, voy a los encierros de mi pueblo y los del pueblo de la Conchita y ya me lo sé todo ¡Ea!  A ver cómo me explicas eso, ¡chúpate esa! Pero, ¿qué hay que saber? ¿Para qué tanta historia de los listos esos que se inventan las cosas para hacer creer que saben? Si es que nos gusta complicar las cosas para darnos importancia, por significarnos. Que dice mi tio que así se nos maneja como les da la gana y que somos ignorantes y que lo peor es que alardeamos de nuestra ignorancia. Pues yo no soy un ignorante, que me sé todas las cosas que dicen los de la tele y si quiere mi tío, se las repito en la jeta, para que vea que no soy ningún ignorante. Y que el torero bueno es el que llena las plazas y el que más orejas corta, ese es el bueno y si no, ¿Por qué corta tantas orejas e indulta tantos toros? Que yo no sé. Pues como dice mi Conchita, yo me las sé todas, sé más que los ratones colorados, cuando voy a la plaza y entro con dos vasos de los gordos llenos hasta rebosar de yintonis, como si no hubiera un mañana y si se acaba, pues a por otro, que un toro entero sin bebida se hace muy largo y si no te puedes pegar un buen peloti, ya me dirán cómo se alegra uno, que así ni te diviertes ni nada. Que no sé, dice mi tío. Él sí que no sabe, que va a la plaza y el tío no levanta la vista del albero, que dice que no hay que perder detalle. Pues él sí que los pierde, ni una fanta se toma el tío seta. Que déjense de que esto es muy complicado, que nunca se sabe de toros. Pues yo sí que sé e igual que hacen el Quijote en dibujos animados o te resumen lo que pasa en el mundo en “X”, antes Twitter, lo que tenían que hacer es un resumen de todo esto, una Tauromaquia para todos.

 

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jueves, 10 de octubre de 2024

Esa Santa Hermandad… de la Pasta Gansa



Seguro que lo que voy a contarles a continuación lo saben ustedes más que de sobre, entre otras cosas, porque ustedes son habituales sufridores de esta prole de interesados fieles de la Santa Hermandad de la Pasta Gansa. Una especie de secta en la que si hay que traicionar al hermano de al lado, se le traiciona, todo por la Santa Pasta. Esa devoción al dinero todo lo justifica. Que aparentemente todos están en concordia y armonía, eso que llaman “unidad”. Pero caramba, carambita, cuando hay un duro en el suelo y no tiene nombre, que como te agaches a cogerlo, te puede pasar de todo, que te corten una mano, que te empujen a los pies de un tráiler que pasa por allí o que te hagan perder el honor varonil y viril en un nada y menos. Hay que ver los besos y abrazos que se dan en público, pero siempre tienen que estar atentos a que no les decoren la espalda con una daga genovesa. Pero ellos insisten en lo mucho que se quieren, se admiran, se alegran de verse, se… Que como pillen al otro desprevenido…

Eso sí, como alguien ajeno y mucho más si es alguien que se coloca frente a ellos, toca lo más mínima a uno solo de la Santa Hermandad, hay qué ver cómo se ponen. Y si además el “ofendido” es alguien de quién puedan depender sus ingresos o de quién dependa su posición de supuesto privilegio, entonces habrá que ponerse a cubierto. Que ya puede ser una mosca del vinagre, una sola, que despliegan todo su arsenal tierra aire, la brigada acorazada y el séptimo de Michigan en desbandada. Que siempre se revuelven con arreones de manso al sentir el más mínimo amago de lo que ellos consideran falta de respeto, pero cuando les tocan a los jefes, ¡ojito! Aunque por ir aclarando conceptos, una falta de respeto es todo lo que diste un milímetro de ese servilismo cínico que ellos practican. Servilismo cínico y perjudicial para los torsos cuando estos son arrastrados por el lodo con demasiada frecuencia.

Hace unas semanas, en la plaza de Madrid, los pocos asistentes a un festejo dominical fueron testigos de uno de los más bochornosos espectáculos recordados por un encierro cuya principal característica, aparte de una impecable presencia, una bella lámina, era su insultante invalidez. Era asomar un toro por la puerta de chiqueros y en los primeros resuellos ya dejaba evidentes muestras de invalidez. Las causas pueden ser mil, pero el resultado solo era uno, los animales no se sostenían en pie. Hasta diez reses habían pisado el ruedo, cuando solo íbamos por el cuarto de la tarde. En total fueron diez los toros, aunque bien podían haber sido más. Y, ¿qué sucedió? Pues que los escribas del régimen no tardaron ni un suspiro en arremeter contra las protestas y los que protestaron indignados la manifiesta invalidez. Que en palabras de estos escribanos a sueldo, aquellos eran lo pero de lo peor que habita bajo el sol. Que si tenían demasiadas prisas en protestar, que si ni un mínimo de paciencia, que si estos son los verdaderos enemigos de la “tauromaquia”, que si había que deportarlos a todos a la isla del Diablo, que si mal rayo les parta. Como si nunca hubiera habido un festejo con tantos toros devueltos al corral por manifiesta invalidez, como si nunca hubiera salido una corrida infame al ruedo de Madrid y lo que es peor, como si tal invalidez solo la vieran unos ojos enfermos y unas cabezas corruptas. Y, ¿por qué tan airada y agresiva reacción encabezada por letristas pertenecientes a conocidas dinastías que en otro tiempo manejaron más de la cuenta en esto de los toros? Pues, llámenme mal pensado, pero es que el hierro anunciado era el de Antonio Bañuelos, máximo exponente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia. Sí, esa misma, la que solo se preocupa de los dineros, de los suyos y que no ha movido un dedo desde hace años por detener el penoso deterioro de la cabaña brava, la práctica desaparición de multitud de encastes, dejándolos en el mejor de los casos en un mero testimonio del pasado. Pero claro, el jefe es el jefe y no vamos ahora molestarle y afearle su gestión quizá con el único objetivo que engrosar las arcas de todos estos ilustres ganaderos, sin importarle que el toro de verdad, que la casta, que la fiesta puedan no estar amenazados por tantos males que no se sabe hasta adónde nos van a llevar. Y ni una palabra si el señor presidente afirma que para él el caballo no es importante para medir la bravura de un toro, ¡faltaría más! Es más, la mayoría van corriendo perdiendo la dignidad para alinearse en esa fila de negacionistas del primer tercio, quizá porque esa también es una forma de conseguir poder colar muchos más de sus productos, que no toros.

Pero lo que podía haber quedado en simple anécdota adquiere nueva dimensión cuando resulta que se anuncia en la feria de Otoño de Madrid al máximo ídolo de las masas, ese que él solo es la reencarnación del Guerra, Machaquito, Joselito y el Bombero Torero. Y sale el susodicho y empieza a hacer lo de siempre, quizá con la diferencia de que sus romeros no le echan demasiadas cuentas de lo que está desarrollando en el ruedo, quizá porque en los dos primeros tercios puso en práctica su repertorio habitual en estas fases de la lisia, la nada. Nada, como siempre, ni tan siquiera estar pendiente de auxiliar a sus compañeros en caso de necesidad. Pero sí que había quién no quería perder detalle de todo lo que pasara en el ruedo el ratito de su pobre comparecencia y el de todo el festejo. Empezó con la muleta a seguir su línea de regularidad, trapazos ventajistas y más trapazos. Y unos protestaban, mientras otros… ¡Pásame el yintonic! ¿Alguien tiene pipas? Pero ya se sabe que en esto, cualquier toro te da un meneo y el meneo llegó, se quedó él solito al descubierto y llegó el percance. ¡Aleluya! Los silentes durmientes despertaron y culparon del accidente a los que protestaban. Se montó la marimorena y en la bronca es cuando mejor navega este caballero, se siente como un ibérico en un charco de m… Un despojo y ahí quedó la cosa, pero entonces, una vez acabado el mitin, desembarcaron las fuerzas del régimen taurino, los adalides del sistema y empezaron a soltar por la boca y por las plumas lo imaginable, lo inimaginable y lo inadmisible. Le habían tocado el pan y saltaron como resortes a decir cuantas barbaridades se les pasaban por la boca, como si esperaran despertar a los dormidos para lanzarlos contra los que solo veían lo que muchos, el destoreo que en nada se parece a lo que hacían aquellos con los que algún cerebro avinagrado y panza agradecido se puso a hacer comparaciones. ¿Quiénes se creían esos señores para protestar a una de sus principales fuentes de ingresos, según dicen las malas lenguas, que luego vayan ustedes a saber, que igual no les invitan ni a un café. Pero ellos sacan toda la artillería, y si se llevan por delante el prestigio de una plaza, los valores del toreo o lo que sea, les da igual, pero no me toquen al figura, a ver si… Que sepa todo el mundo lo que hay si alguien se mete con alguno de los capos de esa Santa Hermandad… de la Pasta Gansa.

 

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viernes, 27 de septiembre de 2024

Nos quieren ignorantes y manejables

Nos quieren ignorantes y además ellos son los que deciden quién es aficionado y quién no. Cuanto más... mejor afisionao.


Hay que ver oiga, cómo se nos han puesto por devolver cuatro inválidos, pero no por devolver alguno más que también lo era. Que los amables y siempre educados taurinos, resulta que también exudan bilis, que pierden las maneras sin formas, que te pegan unos arreones de mansos tirándose al bulto a hacer carne. Que es tocarle a los señoritos de buena familia y sobre todo, el bolsillo, y te tiran unas tarascadas que solo buscan arrancarte lo más querido, llevándose por delante la cabeza, el corazón y el alma misma si la pillan por medio. Que hay que ver lo que sueltan porque a un señor le da por devolver almas en pena a los corrales; que igual va a ser verdad aquello de que teníamos que educarnos en este misterio tragicómico de la tauromaquia 5.0, que la 2,0 se quedó en juego de inocentes infantes. Que uno también entiende que es más fácil poner posturas con el animal con apariencia de toro despanzurrado en la arena, que no mirándote a ver por dónde le sales… o le entras. Que también uno entiende estas perraqueras si esto va de defender al ganadero, que se permite el lujo de mandar un ganado que por lo que sea no se sujeta en pie, pero que lo cobra como si saliera bueno, de defender al empresario, que si le echan un toro para atrás ya pierde dinero y no les digo nada si son cuatro. O de defender a los de luces, que como aún decían algunos en la plaza, buenas personas sin duda, yendo por el cuarto con ocho salidas por toriles o aguantando hasta el último que tampoco podía ni con la divisa, igual que el quinto, había que ser buena gente y callarse, por respeto a los toreros. Y la que monta toda esta panda porque desde el palco medio se defiende al que paga, pero debe ser que a este le roban un toro o los que sea y esto no le afecta ni al bolsillo, ni a la salud, ni al sentirse como un memo estafado al que dejan en cueros en mitad de la plaza entre el carcajeo de los que le timan sin el menor de los decoros.

Que uno escucha a entrenadores de fútbol actores, directores de teatro, de cine y lo que exigen, que ya les vale, es que el espectador sepa de lo que van a ver. Pues en el mundo este, que no me atrevo a llamar de los toros, por si alguien se ofende o por si falto al respeto, llega un caballero muy engolado él y engominado, como debe ser la gente de bien y lo que achaca a parte de gente que va a la plaza es que saben hasta el nombre del presidente del festejo, es que los hay que van a la plaza queriéndolo saber todo, hasta lo que pueden exigir y cuales son derechos y por supuesto, hasta se saben el reglamento ¿Cabe mayor desfachatez? ¡Por Dios! ¡A la hoguera con ellos! ¡A la hoguera el saber!

Pero volvemos a la eterna canción de siempre, unos que quieren mangonearlo todo, que buscan su comodidad, buscan cerrar la entrada a cualquiera que no sea de los suyos para seguir sacando tajada y los demás… a los demás solo se les otorgan tres derechos, el primero por encima de todo, pagar, pagar mucho, lo más que se pueda; el segundo, callar, nadie tiene derecho ni a pensar, mucho menos a opinar, porque solo ellos saben de esto, los demás somos unos perfectos ignorantes, aunque no tanto como a ellos les gustaría; y el tercer derecho, viva la benevolencia, es aplaudir y aclamarles con delirio. Pero claro, tanto han sacado esto de la sociedad, están expulsando a tantos, que al final no se están dando cuenta de que no va a haber de dónde sacar el dinero, que no va a haber un ángel celestial que baje a llenarles a ellos los bolsillos. Eso sí, si esto no pasa, siempre tendrán un culpable a quién achacarle todos sus males. Y si no, vean el ejemplo de la televisión, que según se dice, según afirma el propio canal, se cierra y ya no emitirá más festejos, porque hay causas ajenas que se lo impiden. Pero volvemos a la de siempre, la culpa es que el aficionado no ha cumplido con sl primero y más sagrado de los preceptos, el pagar, que lo visten de apoyar a la tauromaquia, pero no, no es otra cosa que pagarles sus delirios, sus incapacidades, esa ineptitud de la que hacen gala sin rubor. Pues nada, adelante, que nos laven el cerebro y nos lo dejen con un encefalograma taurino plano porque ya saben, ellos solo nos quieren ignorantes y manejables.

 

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jueves, 29 de agosto de 2024

Cuando dicen que la corrida no ha servido

Se decía que una de las principales virtudes de Manolete era que hacía que pudiera hacer faena a muchos toros. Quizá le servían i quizá el que más servía, con contrastada valía, era el propio Monstruo.


Tengo que empezar reconociendo que en eso de la nueva jerga del taurinismo, pues me pierdo, no la sigo. Que sí que entiendo a qué se refieren, pero mi interpretación es diferente de la suya. Por ejemplo, cuando dicen que un toro tiene embestidas informales, ellos culpan al animal de no haber aprendido en la dehesa a embestir como se debe, pero por el contrario yo pienso que el lidiador de turno no ha sabido conducir, ni mucho menos enseñar a ese animal a embestir, porque claro, en la dehesa no les enseñan ciertas cosas. Que parece que se ha extendido a esto de los toros el que todo esté absolutamente controlado ya de fábrica para que no moleste lo más mínimo a quién corresponda, en este caso, al torero. Y en esa jerga que parece que nace del entorno de los toreros y que los afisionaos se esfuerzan en imitar, a veces incluso con acento de ahí abajo, que es una maravilla pronunciado por los de ahí abajo, pero que resulta ridículo y hasta ofensivo dicho por uno de la Guindalera, mismamente, pues hay una expresión que dice mucho, eso de la corrida no ha servido ¡La corrida no ha servido! No ha servido, ¿para qué? ¿Para pasar la aspiradora, hacer las camas, hacer un balance, invertir en bolsa, cambiar el aceite al coche, hacerle la revisión de los 20.000 km? ¿Para qué no ha servido? Pues según parece, no ha servido cuando opone alguna mínima dificultad, o simplificando, cuando el toro no va y viene como un carretón en el último tercio; y punto. Que ya puede ni haber mirado de reojo al caballo, que haya enganchado los capotes una y mil veces, que en banderillas se haya defendido, que buscara la puerta de salida, que les hiciera una peineta al respetable, todo da igual, si luego va y viene del trapo rojo como un corderito y sin que le afecten lo más mínimo los trapazos destemplados, os trallazos, los tirones, ni dónde se rematan los muletazos; perdón, que me he crecido y he hablado de rematar los pases, como si eso lo hubiéramos visto alguna vez en los últimos… hace mucho.

Que hace unas fechas pude ver una corrida en la que cuando me preguntaron que cómo fue, yo solo ome atreví a decir con cierta sorna eso de que la corrida había servido. Unos toros más que justitos de fuerzas, a los que evidentemente ni se les pudo picar, ni mucho menos ver en el caballo, también gracias a la colaboración de los coletudos, cuya única pretensión era que la corrida sirviera. Pero ¡ojo! Que esta pretensión no se ciñe única y exclusivamente a los de luces, esto es extensible al público que va a pedir orejas, el grial de la fiesta. Que les daba igual que el animalito se medio mantuviera en pie, si luego acudía al trapo rojo, a pasito de regulares, permitiendo que el de luces pusiera poses. Que es verdad que de los animalitos

Había alguno que no se cansaba de embestir, pero… al final resulta que el toro sirvió, aunque no se hubiera podido ver al toro como a muchos les gustaría verlo. Pero claro, ahora surge otra pregunta, porque después de todo esto, habrá quién se pregunte: Entonces, si los toros con tanta carencia sirven, ¿para qué sirven? Pues depende a quién le pregunten, si le preguntan a los taurinos, pues sirven para hacer arte, que ya me dirán qué arte es ese, sirven para que los de luces se expresen, para que el personal pida orejas, para que el del palco las dé y para que casi todo el mundo se vaya feliz a su casa, porque ha visto orejas; que no me los imagino gozando como locos viendo Dumbo. Pero también sirven para otras cosas, como es ahondar en la decadencia de los Toros, como es el seguir quitándole fundamento al toro, como es ir creando un ente con apariencia de toro, pero sin el interés que genera el toro. También sirve para que el aficionado se vaya apartando, que vaya perdiendo ese arraigo que otrora era tan profundo con el toro y con la fiesta de los toros. Y sirve también para que el interés general vaya decreciendo, para que esto sea difícil de explicar, difícil de mostrar a nadie con la intención de que se interese y evitar ese panorama tan desalentador de las plazas vaciándose a marchas forzadas. Que seguro que habrá quién tire de estadísticas y me digas con números lo que él quiera ver, pero les voy a poner algún ejemplo. La feria de Madrid, un gran éxito con no sé cuántas tardes de no hay billetes, pero luego ibas a la plaza y veías que dónde estaban los abonos regalados sobresalía el cemento acusador. La plaza de Bilbao, que deja ver los asientos de colores implacables, como si esos animales sospechosos de pitones limpiaran de aficionados los tendidos. O cualquier feria de Dios que se anuncie a quién se anuncie, no llena, quizá porque no ponen en práctica eso de regalar entradas en lo que la empresa de Madrid tiene un doctorado. Y quizá todas estas cosas vengan detrás de eso que dicen los taurinos cuando dicen que la corrida no ha servido.

 

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miércoles, 14 de agosto de 2024

Es que esa parte no me la he preparado

Un toro es como un temario de oposición y si es en según qué plaza, como Madrid, y los opositores son novilleros que quieren ser, pues hay que apechugar con todo y demostrar lo que se es y lo que puede dar de si con lo que salga y en en Madrid, pues sale lo que ha salido siempre, el toro... o eso piden los que van a esta plaza.


Me contaron que hace un tiempo en un examen de oposición, no me dijeron a qué, fue un candidato ante el tribunal examinador dispuesto a ganarse su futuro tras superar aquella prueba. Muchos eran los candidatos, pero pocos serían los elegidos. En la sala se encontraban otros opositores, familiares del examinado, profesores y conocidos de este y algún curioso que otro. Y llegó el momento en el que la suerte iba a marcar el camino a aquella persona que tenía puestas todas sus ilusiones en salir con bien de aquel compromiso. Las bolas hablaron y ya solo quedaba elegir el tema con el cuál demostrar el saber y capacidades que le permitirían hacerse merecedor a ser uno de los elegidos. Y el tema iba a ser… Pero, ¡qué pasa aquí! ¿Qué alboroto era ese? La sala se convirtió en una algarabía inusitada, en un guirigay indescifrable. Unos clamaban que eso no era justo, es más lo consideraban inhumano, que eso era acabar con la ilusión de los candidatos, que eso era algo totalmente fuera de toda lógica. Que adónde se iba a llegar si se permitía que cayeran semejantes temas. Profesores del candidato clamaban contra la aprobación de aquellos temas y que se incluyeran como posibles preguntas de exámenes. La familia se mesaba los cabellos, los vecinos que acompañaban a la familia insultaban al tribunal, que ellos sabían que el candidato era muy listo y estaba muy preparado, pero claro, si le ponían esos temas… El padre afirmaba con orgullo y soberbia que él se había empeñado para que su vástago llegara a aquel examen, que había empeñado casa, hacienda y hasta había comprometido algún órgano, pero no para que estrellaran a lo que más quería con ese tipo de preguntas. Argumentaban unos y otros acerca del derecho a ocupar la plaza en litigio, porque se la merecía, porque si no era así, sería una falta de respeto al candidato, el cual se había desplazado hasta el lugar del examen, incluso había estrenado el traje para la ocasión.

Y a todo esto, el tribunal solo era capaz de argumentar que ese tema entraba en dicho temario de la oposición, que se sabía desde el primer momento que podía caer ese, como cualquier otro, que podían considerarse más o menos fáciles o difíciles, pero que eso también dependía de la preparación de los candidatos. Esto encendió aún más los ánimos de los presentes, que empezaron a pedir el aprobado, un sobresaliente cum laude, y que se olvidara todo el mundo de temarios y preguntas inconvenientes.  Entre tanto, el candidato se vino arriba y empezó a gesticular y a hacer ademanes no como si hubiera conseguido la plaza, sino como si se le hubiera otorgado por gracia divina, o populachera, el título de catedrático. Una voz entonces espetó al tribunal que si él sabía tanto, que recitara él el tema de pe a pa, lo que fue muy celebrado por todos los presentes, menos por los miembros del tribunal, evidentemente, que no daban crédito a todo aquel alboroto. El personal entraba y salía de la sala, lo que intentaron impedir los examinadores pidiendo ayuda a los encargados de mantener las puertas cerradas, pero estos solo se encogían de hombros. El tribunal intentaba mantenerse en su sitio, pero la cosa no resultaba fácil, amenazas, improperios. El presidente del tribunal tomó la palabra y le pidió al examinando que dijera lo que pudiera, que intentara defender el tema de la mejor y más airosa forma posible, pero se encontró con una sorprendente respuesta, con un reconocimiento que nunca habría imaginado: es que esa parte no me la he preparado. El presidente y demás miembros del tribunal no pudieron ocultar su indignación, preguntaron si el candidato tenía algo más que añadir y ante la negativa de este, le pidieron que abandonara la sala, no sin antes manifestarle una reflexión. Afirmó que esto era como si un novillero se presentara en la pasa de Madrid, el examen final a su andadura por el escalafón, que le saliera un toro medio regular y que argumentara que él quería poder expresarse, hacer brotar el arte que llevara dentro y que con aquello, pues que no se veía. Y que además lis más allegados y plumillas especializados le jalearan su incompetencia, su incapacidad y su falta de torería, la torería que este candidato tampoco tenía, quizá porque esta no se compraba con los muchos dineros ganados por su padre. Y que al preguntarle por su inoperancia ante aquel animal en la plaza de Madrid toda respuesta no fuera otra que “Es que esa parte no me la he preparado”.

 

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miércoles, 7 de agosto de 2024

Buscando la piedra filosofal, pero…

Buscando, buscando, siguiendo buscando en las entrañas de la plaza, lo mismo un día reaparece el toro

Al ser humano siempre le han movido grandes retos, que si el Santo Grial, la copa que tomó ej crucificado en la última cena; que si la lanza de Longinos, que laceró al Redentor en la cruz y que se decía que su poseedor ostentaría el poder del mundo; el Dorado, aquella ciudad rebosante de oro y que a los españoles empujó a atravesar ríos, selvas, montañas y mil peligros; la Fuente de la Eterna Juventud, pretendiendo alcanzar la vida eterna en este mundo;  o la Piedra Filosofal, esa con propiedades tan maravillosas como convertir en oro lo que solo eran baratijas. Y así seguimos, busca que te busca y, por supuesto, el mundo de los toros, repleto de personajes innovadores, inquietos, curiosos y… y otras muchas más cosas, no iban a ser menos. Y se pusieron manos a la obra a buscar esa supuesta piedra filosofal taurina. Vamos a buscar, construir manejar o apañar, el toro ideal, o quizá mejor habría que decir un ente ideal con cierta apariencia de toro. Y dicho y hecho.

Pero, ¿qué requisitos debía cumplir? Gran pregunta y nadie mejor que los “profesionales” para responderla, porque como todo el mundo sabe, ellos, los que dicen que se ponen, son los que mejor saben lo que tiene que ser. Y no me dirán que este no es un argumento de peso, igual que los que mejor saben de paellas de marisco son los oceanógrafos, los que más saben de moda son los que cuidan y esquilan ovejas, los que más saben de música son los fabricantes de audífonos y los que más conocen sobre seco son los cur… No, perdón, me he dejado ir. Y déjense de bobadas los cocineros, comedores de arroz, modistas y modistos y los que quieren estar calentitos o los pianistas, además de las parejas que, en fin… Y los “profesionales” emitieron su veredicto. En primer lugar un toro que no fuera un mastodonte, evidente, porque entonces no serían toreadores, serían mastodonteadores. Ni grandes, ni chicos, ni medianos, justo con esas hechuras que cualquiera de ellos exclamara eso de “bonito, mu bien hesho, bajito, fino de cabos. Que si no, ya se sabe, el arte es imposible, no se pueden expresar; que ellos sí que pueden expresarse, porque si lo hacen los que no se ponen y muestran desacuerdo, entonces empezamos con que se les falta al respeto. Pero la cosa sigue. Tiene que ser un animal que humille, que siga los engaños hasta el infinito y más allá, que no haga un mal gesto y que permita al señor “profesional” menear los trapos para componer bellas figuras, independientemente de que estas conduzcan o sometan al ente, pero claro, o arte o tragedia, que todo no se puede tener y esto, como todo el mundo sabe, es un arte, ¡vaya si es arte! ¡Arte supremo! ¡Arte magno! Se requiere un animal que se adapte, que sepa, que tenga el ritmo en el cuerpo, que en la finca haya sido concienzudamente instruido en esto de la colaboración, porque claro, aquí, si no colaboramos todos, se rompe la baraja. Que igual hasta aparece la tragedia, ese enemigo público número uno del arte.

Luego los satélites de este show se ocuparán de aderezar todo con unas gotitas de “glamour”, glamour de coches de choque de la feria, pero oiga, glamour es glamour, ¿no? Que te montan una discoteca en una plaza de toros, que te montan unos tenderetes con bocatas de chistorra, morcilla, criadillas y entresijos, por lo de dar ambiente y aroma al glamour, que animan a que el personal prepare monumentales botellones, que si vivas, que si himnos, banderitas, jaleo, jarana y la culminación de las salidas a cuestas de unos señores a los que a nada que se descuiden, les dejan como la naturaleza les trajo al mundo, porque eso de arrancar jirones de un traje de luces, pues también es glamour. Qué cosas, lo que el toro no pudo, lo pueden los glamourosos entusiastas, que luego igual se hacen un llavero con el despojo arrancado a su ídolo de una tarde.

Y ustedes me dirán. Pues si es tan fácil, el éxito está asegurado. ¡Noooo! Que miren que se prepara todo a conciencia, pero resulta que con el ente a modo para el arte, el ente que sea garantía para el triunfo incontestable, el ente que colabora incondicionalmente, pues ahora va y resulta que con eso tampoco pueden, que ni colabora lo suficiente, ni su bobonería es suficiente, ni la ciencia de los coletudos es tampoco suficiente. Y preguntarán, que veo que hoy se han levantado preguntones. Entonces, ¿cómo los quieren? Gran pregunta, que ya les digo que de momento está sin contestar. Que acuden a macrofincas con el ente llamado toro robotizado, que eligen los padres, las madres con lupa, que no se enredan en cuestiones secundarias como el caballo, la casta o la bravura, que van directos al grano, a la bobonería, que algunos, quizá cercanos a los “profesionales”, dan en llamar bravura, pero ni por esas, que ves a los figurones, figuritas, aspirantes a figuritas, aspirantes a aspirantes a figuritas y se pierden en cuanto que el ente bufa un poquito intenso. Que a los novilleros los cuidan como si fueran unos incapaces, que vaya usted a saber, que a los de arriba los miman como si ya no hubiera nadie después de ellos, que todo puede ser, y mientras, ahí tienen a los señores que fabrican entes con apariencia de toro, busca que busca, que ahora además resulta que para eso del arte, además tienen que no poder sujetarse en pie, que no es que sean inválidos, es que son cosas que permiten el lucimiento. Y ya digo, buscan y siguen buscando como aquellos quiméricos alquimistas, y siguen y siguen, pero nada que sigan buscando la piedra filosofal, pero…

 

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viernes, 8 de marzo de 2024

Esos ateos taurinos casi antitaurinos

Un genio un día cogió una silla para torear y años después, una divinidad la convirtió en toro. Vivir para ver


Qué horas tan revueltas y de depravación estamos viviendo. Como diría el clásico, ¡adónde vamos a ir a parar! La falta de respeto se ha instalado en el mundo, se ha perpetrado en esas almas negras de pecado, esos corazones sin corazón, con ese descaro que solo la maldad maneja. La falta de fe en la divinidad es algo que en estos momentos no nos podemos permitir. Esos que se manejan con una insultante falta de impunidad y que se plantan delante de un dios a cantarle las cuarenta. Pero, ¡adónde vamos a ir a parar! Si no se respetan a los seres superiores, a esos entes de categoría excelsa, suprema, cuasi divina, siempre por debajo de la divinidad, por supuesto. Que ahora resulta que uno de los baluartes de la tauromaquia de este siglo y de parte del pasado, de toda la eternidad taurina, era un ventajista, un tramposo como dicen esos ateos de la fe taurina.

Nunca han sido de fiar los descreídos, porque esos no tienen ni principios, ni valores. Esos desconocen lo que es ponerse delante de una fiera corrupia que te quiere devorar, quizá porque desconocen la doctrina y el catecismo taurino de la técnica, esa que está solo al alcance de los dioses y que solo los muy devotos son capaces de sentir, de poseer esa sensibilidad en la que el trapazo cae sobre ellos como lenguas de fuego. Y esto, por mucho que estudien, investiguen, vean o hablen en interminables charlas, no está al alcance de esos ateos de la tauromaquia que niegan la divinidad aunque se haga presente ante ellos. Estos negacionistas del toro bravísimo, encastadísimo, obedientísimo, colaboracionista hasta el extremo y hasta con cara de tan buena gente, que dan ganas de invitarle a un colacao con galletas. Eso sí, tienen que reconocer estos ateos, estos descreídos, que este toro de la fe taurina no se cae como en otros tiempos. ¡Milagrooooo! Aunque dicen estudiosos de la biblia taurina que igual los de otros tiempos tampoco se caerían si apenas se les arañara una vez en el caballo, dos en las plazas de primera, y si en lugar de ese destoreo en línea, mandándolo al animal allí a lo lejos, como si le mandara a por tabaco al final de la calle, a ver si aguantaban un toreo de mando, primero sometiéndolos con los capotes y después con una tanda de muletazos sometiendo, enroscándoselo a la cintura, de arriba abajo, de fuera a adentro y rematados detrás de la cadera. Pero claro, a aquellos había que picarlos y poderlos, porque lo mismo se venían arriba y… Bueno, el resto imagínenlo ustedes.

Señores ateos, cómo pueden negar la divinidad de los dioses taurinos si ustedes no han oficiado nunca de luces, tal y como decía el gran filósofo, el magno pensador del toreo, el famosísimo, sí, hombre, ese que… Bueno, no lo recuerdo… ni yo, ni nadie que no fuera de su familia, si no se han puesto ni delante de un caracol. Que sí, que me dirán que cómo saben ellos quién se ha puesto y lo que es más, cómo saben que esos ateos no saben, porque no… lo de siempre. No vamos a entrar en esto del dogma taurino, porque ya se sabe, los dogmas se creen o no se creen, no hay ciencia, ni saber, porque los dogmas, dogmas son. Que ellos, los seres de fe son capaces de verlo que el ateísmo nos niega, nos ciega y no llegamos a ver más allá del toro íntegro encastado y del torero honesto con la fiesta, que no con la fe que nos invitan a reconocer como única, bajo pena de excomunión, ¿qué digo? De penar en las llamas de la fe por anatema, herejía, por no tener la categoría moral de quién vive el dogma con absoluta entrega, negando nada que no esté en sus sagradas escrituras del fraude y la trampa al servicio del negocio. Los ateos no creen en milagros, quieren la evidencia, aunque esta tampoco valga para entrar en el paraíso de los justos. Para ello hay que ver, sentir, pensar y mantener los gustos que la divinidad manda. Aunque ya digo, si estos ateos no son capaces de reconocer el milagro si este sucede ante sus ojos, si no son capaces de ver el milagro de las tertulias de Caná, en que una silla se convierte en toro y esta embiste hasta allá, bien lejos, ante el entusiasmo de los creyentes y ante la estupefacción de los malajes descreídos. Y es que ya lo dicen los apóstoles y fieles del dogma del taurineo cuando se refieren a esos ateos taurinos casi antitaurinos.

 

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lunes, 12 de febrero de 2024

Esto no va de mayorías o minorías

Al final son minoría los que se ponen y lo hacen sin trampas, los que lo quieren ver sin que les engañen los que viven esto sin importarles si son o no de cualquier mayoría, porque eso no les incumbe


Un argumento de peso para muchos, un argumento al que se agarran para vaya usted a saber qué, es eso de lo que interesa a la mayoría o solo a una minoría. Que esto viene muy bien para que todo el mundo se adapte a un pensamiento determinado, a una moral supuestamente buena y acorde al bondadoso sentimiento del espíritu que esté de moda en cada momento. Así de simples somos. Que ahora resulta que los toros es algo que solo interesa a una minoría, bien, vale, lo que quieran, no voy a entrar ahora en cuestiones estadísticas y menos para valorar un hecho social. Porque si entramos en eso de las estadísticas, como parece que pretende hacer con el mundo antitaurino, incluidos los que ostentan cargos en gobiernos, podemos entrar en una deriva muy complicada y por supuesto muy empobrecedora. Es verdad que así se podría adoctrinar con eficacia a la “mayoría”, pero… ¿Se han pensado realmente en las consecuencias? Que esto puede ser un rasgo magnífico que nos permita percibir una aplastante ignorancia sobre el tema en cuestión y sobre el personaje del que se trate, incluido un señor ministro de cultura. ¡Ministro de Cultura! Pero como autoridad que es, obedezcamos y corramos a aplicar el sentido estadístico a la vida.

España es un país con una indudable y potente cultura, pero hay que reconocer que hay aspectos, muchos, que no tienen el predicamento que algunos desearían y solo interesan a minorías, y en consecuencia, ¿por qué no eliminarlas y excluirlas de momento de ministerios y organismos de la administración de los que se espera cierto apoyo? Que levanten la mano los que se consideren amantes de la ópera, la música clásica, incluso del folklore de los pueblos del país, la poesía, la pintura, aparte Antonio López que gusta a todo el mundo, de tantas y tantas manifestaciones artísticas que por otro lado mueven grandes sumas de dinero… Nos quedaría un mundo de lo más particular, ¿no creen?  Qué bonito sería que nos moviéramos todos con el mismo ritmo, la misma cadencia, a la misma hora, en los mismos lugares y con las mismas cosas, aunque… Bueno, de momento no todo está perdido.

Hay que proteger a las minorías, por supuesto y a veces hasta promover lo que a estos persuade, porque puede ser que sea el desconocimiento lo que impide que el caso no llegue a más gente. Y en esto de los toros, ¿qué les voy a contar? Esto de los toros presenta de primeras muchos obstáculos que parecen insalvables y que solo se pueden superar con el conocimiento, el intentar entender qué hay dentro y alrededor de los toros. Y para conseguir esto, desafortunadamente, los taurinos colaboran más bien poco o nada. Que ellos mismos, los que se quejan de que se arrincone al mundo de los toros, son los primeros que condenan a sus minorías y pretenden y hasta exigen su desaparición total y absoluta. No consienten que nadie ponga en duda ciertas prácticas, al que saca a la luz el fraude lo tildan de derrotista de anti, cuando a veces esa falta de sentido crítico por la que abogan es el mayor de los males de la fiesta de los toros, incluso hasta más que los propios antis. ¿Y por qué digo esto? Muy sencillo, porque si se meten debajo de la alfombra los males, los errores, aquello que carcome en este caso la fiesta, nunca podremos llegar a eliminar la peste y no solo nos fortaleceremos esto que nos apasiona, sino que lo iremos convirtiendo en algo débil. Si atacamos sus fundamentos solo haremos que esto deje de tener sentido.

Pero siguiendo por las minorías, las cuales no son ni buenas, ni malas, ni regulares, solo son minorías, lo que tampoco es admisible es satanizarlas y convertirlas en un enemigo. No puede consentirse que los que gusten de ir a los toros sean unos enemigos a los que batir. Que entre estos puede haber eminencias médicas, grandes artistas, cocineros, hombres de empresa, misioneros en el Congo o simplemente un tío que saluda cordialmente a los vecinos del barrio. No se puede pensar que cuando uno se aficiona a los toros, en ese mismo momento llega Belcebú y le unge con la marca del mal eterno. Porque también, entre otras muchas cosas, estaría bien que se le permitiera a los aficionados explicar su pasión, lo que esta les provoca, lo que esta les genera y lo que es para ellos el toro. Eso sí, cuídense, por favor, de esos entes que unen la falta de toros con la sequía, los toros con la testosterona, el ir a la plaza con un gran botellón y el consumo de alcohol a cubos y hasta con esos que restringen los toros a su españolidad, entre otras cosas, porque la españolidad es mucho más que eso, aunque nadie niegue el carácter profundamente ibérico de los toros, del mismo modo que los toros ya no son desde hace siglos, algo exclusivamente español y de la península, afortunadamente. Dejémonos de tópicos estúpidos, sin sentido y sin ajustarse a la realidad. Y al final, después de dar tantas vueltas, resulta que esto no va de mayorías o minorías.

 

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domingo, 4 de febrero de 2024

A ver si me acuerdo de…

A ver si me acuerdo y en algunos casos habría que remontarse quizá demasiado. Y recordaremos lo de hace mil vidas, pero no lo de hace dos ratos. Y, ¿por qué?

Siempre me ha asombrado la capacidad de muchos para reivindicar a Juanito o a Juanelo cuando salen los carteles de las ferias, cuando aparecen los nombres de los actuantes en grandes certámenes tintados de una oportunidad, aunque ni noticia del ganado. Qué capacidad memorística. Que también puede ser porque el reivindicado sea paisano, pariente o conocido del cuñado de un amigo del bar y entonces hay que hacer fuerza para que al conocido le pongan. Pero lo más habitual en estos días es que los que no tienen relación alguna con gente del toro, ni se acuerden del caballero en cuestión. Que se puede dar la circunstancia de haber visto a un torero, no una, sino varias veces y no recordar ni el nombre; y no digo nada si el susodicho solo actuó una vez y, en el caso de Madrid, si le pusieron cuando lo que mandaba la empresa era cenarse las Ventas.

Que me dirán que es que el aficionado es un desmemoriado, pero se da el caso de que estos se acuerden de toreros ya retirados y los que supuestamente están en candelero, aparte si se es paisano, pariente o conocido del cuñado de un amigo del bar, sean unos perfectos desconocidos. Aunque ya les digo que para acordarse de un nombre por un natural, en el mejor de los casos, una trincherilla o solo la buena disposición, aparte de meritorio, requiere una memoria de elefante. Que no es que nos lo pongan fácil. Primero, porque con tanta presentación, tantas confirmaciones que asombran hasta al confirmante y que luego todos se aprenden la misma lección y vienen a hacer lo mismo, a repetir lo que hacen otros, a repetir el repertorio que tan aprendido tienen, a profundizar en la vulgaridad impuesta de esta agoniante modernidad. Y por si fuera poco, salvo ilusionantes excepciones, el toro siempre es el mismo, el que va y viene, va y viene y a veces, viene y va. Que los hay que parece que quieren remediar esto, pero nada, exigen variedad de encastes, que dicen ellos, pero que luego solo piden variedad de capas, pero con el mismo comportamiento que lo demás.

Y en estas condiciones, ¿quién puede recordar nada? Tenemos una fiesta que es como una caja de cerillas, con todos los fósforos iguales, todo son clones y la única diferencia es si la caja lleva el palillo largo o corto o si hay que arrancarlos de una carterilla de solapa. Que traducido en lo taurino, pueden ser los toreros pegapases sin gracia o los que se enfrentan a l que no quiere nadie, ellos los primero, y pare usted de contar. Eso sí, en los novilleros esa diferencia aún apenas se percibe. Y aún pretenden que recordemos a fulano, mengano o zutano. Que no les digo yo que la solución sea no ir con demasiada asiduidad a la plaza, que eso de ver entre cincuenta o sesenta festejos puede ayudar a que todo se convierta en una amalgama de toros con alamares, toreros enmorrillados, caballos astifinos y trapaceros gesticulantes. O cómo se diga.

Eso sí, quizá algunos que echan de menos a tal o cual en las ferias, lo mismo es porque aquellos triunfos triunfalistas tampoco convencieron a los de los despachos y que ellos, como otros tantos, se percataron de que si no es por los autobuseros, aquel del que se decía que toreaba como los ángeles, no pasaba de vulgar, aunque de estos hay muchos, y gracia tenía la justa, a no ser que se sea paisano, primo, cuñado o conocido del coletudo en cuestión. Otra cosa es lo del ganado. No, esto nada tiene que ver. Aquí es más fácil que nos podamos acordar de tal o cual toro y de los agobios que provo0có en su lidiador. Entonces, en ese preciso momento ese hierro queda sentenciado ¿Nunca más, jamás! Y efectivamente, no los volvemos a ver nunca más jamás. Pero ojito, que en esto de los toros empezamos a caer en algo parecido a lo de los de luces, que se empiezan a ver fenómenos que embisten donde solo hay un animal que va y bien y que apenas pasó por un peto. Eso sí, te cuentan de él su nombre, el de la madre, el del padre, el de los hermanos, pero, ¡oiga! Que les preguntas si a ese fenómeno se le pudo picar y te saltan, en el mejor de los casos, que no mucho, pero que si le hubieran puesto, seguro que habría acudido al caballo, como si esto fuera de suposiciones y no de evidentes certezas. Lo que nos lleva a tener que hacer demasiadas veces el ejercicio del a ver si me acuerdo de…

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lunes, 29 de enero de 2024

Vertigine perdix, mareando la perdiz

Esto no es solo discutir sise dan orejas o no, hay muchos, muchísimos, detalles que hacen esto más grande.


Puestos a marear la perdiz, hagámoslo también en latín, que ya es marear, “vertigine perdix”, que diría Marcial; Marcial el romano, no el más grande, el del pasodoble. Y no me negarán que no estoy haciendo lo mismo, no decir nada y llenar líneas. Pero quizá mi inspiración se encuentre en los taurinos y no tan taurinos, incluido algún que otro habitante de los palcos hace unos días. Parece evidente que la fiesta cuenta con una larga lista de cuestiones que la perjudican y perjudican también los propios intereses de los aficionados, de los que pagan por ver toros y que ven como se vulneran permanentemente sus derechos y nadie, absolutamente nadie intenta protegerlos. Es más, los hay quienes anteponen los intereses de empresas, toreros o ganaderos, antes que los del aficionado. Este no cuenta y el público… el público no está para ponerse a exigir sus derechos y si en algún momento alguien les plantea tal tarea, solo los ven mermados y en peligro si los presidentes no se lían a dar orejas a diestro y siniestro. Ya saben, que si no, luego viene lo del altercado de orden público y eso no, eso no puede ser. O sea, que los niños se pillan un berrinche y hay que darles el caramelo, ¿no?

Pero, ¿qué es lo que plantean taurinos y no tan taurinos? Pues ya saben, “vertigine perdix”. ¿Por qué no obligamos a que haya que cortar dos orejas en un toro para abrir la puerta grande de Madrid? Por poner un ejemplo. Muy bien, que sean dos orejas, pero claro, cuando las dos orejas se empiecen a regalar, por eso del orden público, ya saben; entonces, ¿qué hacemos? Pues siguiendo ese camino, podemos poner que haya que cortar dos orejas, el rabo, la pata, la otra pata y así, hasta que haya que llevarse el toro a casa. Y entonces no se podrá sacar a nadie a hombros, porque no habrá cristiano que aguante a toro y torero subido a la chepa.  Pero dejémonos de “vertigine perdix” y seamos serios por una vez. Y digo yo, si no es más fácil aplicar el reglamento, mantener el sentido común y la seriedad y no volvernos locos. Porque al público también se le educa, lo mismo que se le maleduca, igual que se le hace que aprenda como desde los micrófonos y desde el taurinismo tergiversan y retuercen conceptos que siempre habían prevalecido. Que claro, que si un señor dice eso tan manido de que la primera oreja es del público y bla bla, bla bla bla, pero no dice que si pincha y se le da la oreja al caballero de luces le está dando la segunda, como si su actuación fuera merecedora de dos orejas, pues apañados estamos. Que me dirán que esto no es así, lo que ya da una idea de la edad de cada uno. Y si me confirman esto, es que ya tienen ustedes cierta edad y no aprendieron de esto por Canal Plus y demás locutores televisivos.

Que qué ingenuo yo también. Que digo que esto se resuelve con sentido común, con afición, partiendo del palco, pero claro, si resulta que uno escucha a un señor presidente de una plaza de Madrid que él defiende a la empresa, al torero… Que creo que no tengo que decirles dónde lo he escuchado. Pues uno piensa en lo del principio, cuando empezaba con lo de “vertigine perdix”. ¿Qué sentido común y afición podemos esperar de quien defiende a los que quieren arramplar hasta el último céntimo a costa de toros inválidos en el ruedo, de triunfos prefabricados para luego poner a ese supuesto triunfador por cuatro pesetas, a esa ganadería que echó una corrida muy buena que no se pudo picar, pero que le compran seis borrego por dos duros y si acaso ya le pagarán cuando el 29 de febrero caiga en Pascua. Eso sí, siempre habrá sitio para ocurrencias, desvaríos y bla bla bla… Que no para la afición, el sentido común y salvaguardar el espectáculo, rito o cómo quieran llamarlo, que este no importa. ¿Y cómo nos distraen y nos hacen mirar para otro lado dejándonos embobados? Pues eso, mareando la perdiz o como decía Marcial, el romano, no el más grande, el del pasodoble, “vertigine perdix”, mareando la perdiz.

 

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domingo, 7 de enero de 2024

Los toros en la vida

A veces los toros están tanto en nuestras vidas, que hasta hay sitios en que te los encuentras hasta por la calle.


Es muy frecuente encontrarse con gente a la que no solo no interesa esto de los toros, sino que están en contra de todo lo que huela a toro, vaca, torero o hasta pasodoble taurino, pero ni ellos mismos son conscientes de lo mucho que tienen que ver con todo esto, aparte del lenguaje que les salpica continuamente cuando dicen con toda autoridad eso de cambiar de tercio, perder los papeles, en corto y por derecho, desde la barrera, brindis al sol y un largo etcétera, pero… ¿queda ahí la cosa? Ya les digo yo que no. A ver, piensen simplemente en un viaje en avión, la nave ha aterrizado y ya tienen ahí a todas las señoras y señores pasajeros como si esperaran en la manga para que les rociaran el lomo de zotal. Callan, no suelen ni rechistar, hasta que el vaque… perdón, la tripulación abre la puerta y salen a la carrera por ese pasillo cerrado, en tropel, que si se les pone delante el mundo, arrasan con él y se lo llevan puesto por montera. Hasta que llegan a la sala, al cerrado, y ya se dispersan y se calman.

Pero qué me dicen de esos que antes, en el mismo aeroplano, se tienen que acomodar y empiezan a moverse sin parar, a dar patadas como si estuvieran desembarcándolos en la plaza. Y no les digo nada de la que montan para meter el baúl de la Piquer en los compartimentos sobre los asientos. Pum, pam, zas, venga golpes. Que hay toros a los que les ponen la divisa y no dan tanta bulla. Pero, qué me dicen de la salida de un colegio, con los padres en la puerta, ansiosos, berreando para que su ternero les identifique entre esa masa de progenitores. Y de nuevo alguien da la salida, los maestros, y los añojos salen en estampida y el ambiente se llena de un eterno berreo, ¡Mamá! ¡Papá! ¡Jonatan! ¡Lucas! ¡Abuelo! Pero oiga, que todos identifican los mugidos familiares y al final cada uno encuentra a los suyos.

Y ahora, pongámonos en situación, vayamos al campo y esperemos al atardecer a un señor entrando en un cercado, a pie, con un saco al hombro y todos los animales, erales, utreros, cuatreños, van como corderitos detrás del hombre del saco esperando que el pienso caiga y casi sin que toque el suelo merendárselo. Pues bien, ¿alguna vez han ido a un cóctel’ ¿Quién no ha ido nunca a un cóctel? Pues seguro que identifican la imagen de la gente arremolinada a la puerta de las cocinas y en cuanto sale una bandeja con camarero debajo, o al lado, se tira enajenados a por el canapé, tantas veces como bandejas crucen esa puerta del cielo, sin apenas preguntar si son de paté, carne, pescado, veganos, pseudocaviar, pseudoangulas, pseudo lo que sea. En ese momento les preguntas cuál es su canapé favorito y te responden que el de comida.

Que no crean que a algunos en ocasiones, en muchas ocasiones, no nos gustaría parecernos a un toro, poseer su valor, el no volverle la cara a la pelea, su nobleza, esa casta que les hace aprender para ganar en la lucha, ese poder, esa fortaleza y desde luego, esa belleza natural de un animal único ya admirado cuando la civilización aún estaba en mantillas, objeto de artistas, de representaciones simbólicas en las cavernas, convertidos en deidades, mitos guardianes de laberintos, toros blancos momificados como reyes, protagonistas de juegos en tiempos en que los dioses olímpicos habitaban en las cumbres de los montes, figura central en los lienzos de genios del pincel, don Paco, don Pablo, y eje del último rito casi mitológico que queda en la vieja Europa y uno de los últimos del globo. El toro, al que se teme, se admira y se ama por igual, el que deja mudas las gargantas, al que aún se le puede ver arrancándose de lejos peleando en el caballo, queriendo coger los engaños con saña y que lo mismo te entrega la gloria, que te quita la vida en ese camino a la gloria. Yo quiero parecerme al toro, me identifico con él, él hace que alabe al torero, que me conmueva su valor, el poder de la inteligencia sobre un vendaval. Porque sin el toro, no hay héroes en el ruedo, sin el toro, nada de todo el rito es justificable y pasa a ser una pantomima insoportable. Solo el toro tiene el poder de convertir esto en grandiosidad, en una gran ola que cubre el mundo y a la que no son ajenos escritores, artistas, músicos, escultores, pintores, nadie que tenga la suficiente sensibilidad para ver y entender al toro y darse cuenta de que quieran o no, siempre encontraremos a los toros en la vida.

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lunes, 7 de agosto de 2023

¿Quién lleva el volante?

Todos quieren mandar y al final, solo manda uno.


Intentar entender lo que pasa en la fiesta es un poco de locos y un mucho de ingenuos. El que piense que esto ha sido en algún momento el jardín de la alegría, pues eso, o no se ha interesado mucho, o es mas buena gente que San Francisco de Asís que se quería ir de merienda con los lobos, alacranes y demás seres inofensivos de la naturaleza. Pero claro, en estos momentos, hasta el propio santo empezaría a desconfiar, aunque solo fuera un poquito. A ver si los lobos y alacranes iban a tener mejor fondo que estos taurinos. Eso sí, lo que nadie puede negar, es que la cosa está entretenida, pero que muy entretenida, tanto como lo que preocupa a cualquiera que se interese por esto de los toros. Que igual uno está un poco fuera de todo y resulta que esto es lo que exige “la Tauromaquia”, que ya ha quedado más que demostrado que poco tiene que ver con lo que nuestros mayores llamaban los Toros.

Parece que la fiesta de los toros viaja en un Tío Vivo y que los mandones van subidos en el coche de los bomberos, con cuatro volantes al frente y cada uno, los matilla, Casas, Garrido, juan pedros, figuras, cada uno tira para un lado girando el volante sin ton ni son; eso sí, con un mismo destino, la comodidad, su provecho y que nadie, pero nadie, les diga ni por asomo que por ahí se va al barranco. Y detrás, pues subidos en el cerdito, la mariposa, la jirafa o el caballo pío, la prensa, esos que siguen al poder a ciegas, pensando que el abismo solo es para los demás; los ingenuos que aún creen que van a sacar tajada, como si esos mandamases estuvieran dispuestos a repartir. Que sí, que repartirán, pero solo las miserias. Cuando no quede nada, entonces a echar mano de estos incautos caraduras. Y es público… ¡Ay el público! Que les dan pan y ¿toros? Qué cosas digo, toros. Que si miramos a lo que está pasando esta temporada. Que lo habitual es que haya triunfos, fracasos, sorpresas y hasta algún escándalo, pero es que uno mira aquí o allá y no levantamos cabeza. Que igual tampoco podemos, porque andamos descabezados. Esto es un sindiós que no hay por dónde pillarlo. Que en Cenicientos montan un mitin político sirviéndose de la fiesta y los sicarios del Fundi, que con el tiempo me enteré, vivir para ver, que era un maestro, que si huelguean porque les cambian el ganado, que si porque querían torear esto o lo otro; que te pones una tele autonómica y ves unas impresentables vergüenzas con cuernos, sin que los señores comentaristas digan esta boca es mía; que Julio Aparicio se anuncia de sobresaliente, eso sí, para sobresalientar a los hermanos Janeiro, Jesulín y el otro. Y así un largo etcétera, pero, ¿y qué me dicen de Madrid? Esto es para… en fin, un no parar. Que empezamos a contar promesas y promesas incumplidas y llenamos el cupo, una feria impresentable e impropia de Madrid, pero que encantó al señor garrido, que aún se debe estar dando besos a si mismo para felicitarse y lo que se enfurruñaba porque los demás no le jaleábamos sus despropósitos. Que ya digo, si es verdad eso de que es abonado desde los diez años, que lo será, o se fijó muy poco en la plaza o le guardaba un rencor inmenso, porque caramba con el amigo. Para qué hablar del numerito del Batán, de la ausencia del toro, de la presencia de incapaces, de los palcos, de los precios de las entradas, del recuento de asistentes, de la caída del prestigio de la plaza, de tener que sacar los abonos en febrero y mil detalles más, que no menores, pero memos trascendentales en comparación con todo esto. Pero claro, luego se acaba la feria y hay que seguir montando festejos; festejos o corridas concurso. Que no se recuerda un cartel sin remiendos. Pero no de uno de Juan y cinco de paco, ¡noooo! Tres de sete, dos de aquel y uno de otro que pasaba por allí y ninguno del cartel anunciado. Que me dirán que ha habido agradables sorpresas ganaderas, lo afirmo, pero hombre, lo de ir a los toros no puede ser una tómbola, que un día te toca la muñeca Chochona y otro vuelves a casa de vacío y con los bolsillos con telarañas. Eso sí, con la panza bien llena con lo de “Devórate las Ventas”… y la devoraron. ¿O se llamaba de otra forma. Que no tuvieron el valor tan siquiera, ni la dignidad de declarar desierto el ganador del certamen y es que igual no es aconsejable votar con el buche repleto de torreznos y productos de la tierra, como perritos, pizzas, hamburguesas y que viva el casticismo. Que para disimular alguno soltaba los vivas de rigor, pero… Y así va esto, que lo mismo te reconocen veinte novillos, veinte y otros ni eso, porque los muchachos dicen que nanay. Que vivíamos con la esperanza de ver en Madrid los Cuadri y… Que en tal plaza seguirán echando mojicones con plátanos, los clásicos mojicones plataneros que quieren hacer pasar por toros, que nos desayunaremos cada mañana con unos carteles diferentes para una feria en la que los actuantes están amenazados de ser enviados al ostracismo y el caos se enseñorea sobre todo esto que ahora llaman tauromaquia y que en nada, y cada vez menos, se parece a lo que fueron los Toros. Y ojo, que golfos los ha habido siempre y peores, pero eran más listos y tenían quien les respondiera en algún medio y en alguna plaza, pero es que ahora, tal como vamos, que difícil se nos pone todo. Qué difícil el seguir yendo a la plaza, que difícil es todo. Seguiremos preguntándonos a cada paso, a cada afeitado, a cada remiendo, a cada triunfo prefabricado, a cada fechoría, mientras los cuatro mandones van subidos en el coche de bomberos del Tío Vivo dando volantazos y los de la cebra, el cerdito y la jirafa los jalean, que, ¿quién lleva el volante?

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martes, 28 de marzo de 2023

Más toro y menos negocio

La grandeza llegó con el toro, con el eje del toro y sin él, quizá harán negocio, pero a saber por cuánto tiempo

Si hablamos de deportes de riesgo, en este caso riesgo para la afición a los toros, no hay otro como el “escuching”; dicho en román paladino, el ponerse a escuchar entrevistas o retransmisiones taurinas. Que te pones a ver una bonita y amistosa charla de un señor que se supone que fue un torero a caballo señero en su momento, ahí confiado, que si este caballo era así, que si el otro era asá, que este era valiente y torero, que si en tales plazas le echaron unas broncas de impresión, que si en aquel país eran muy cariñosos y de repente te suelta que si hay que cambiar esto de los toros y dejar de matar los animales, pues oiga, se cambia. Que no pasa nada, que lo importante es que el carrusel no pare. Vamos, como si lo que se hace es tirar de velcro y friegas de romero por si el jinete aprieta mucho con el rejón. Bueno, rejón, ¿qué digo yo? Que si cambiamos de canal y nos ponemos a ver una impresionante vergüenza taurina como lo que la televisión pública, de momento, de la Comunidad de Madrid retransmitió desde Navalcarnero. Que va un señor exmatador de toros, e insisto en lo del ex, ahora gestor de una ganadería, y ante las circunstancias de un toro para rejones, resulta que no se le pone ningún rejón de castigo. En esto va otro conocido narrador, o cuentista taurino, y dice que si el toro no lo admite, que se puede prescindir de esta suerte y pasar directamente a las farpas o a las banderillas, que así es. Y además, que hay diferentes tipos de rejones para aliviar el castigo más o menos, lo que ya… Pues ante tan rotundo argumento, el exmatador, insisto, te salta que eso mismo se podría poner en práctica en festejos de a pie, en depende que plazas, si el toro así lo requiere. ¿Entonces? ¿De qué estamos hablando? ¿De tauromaquia o de taurodanza? Que si los animalitos con cuernos que salen por toriles no se aguantan pie, pues no se sacan los caballos y arreando, que total, nos evitamos ese penoso simulacro y vamos a la muleta, que es lo que interesa.

Que te dicen que cada toro tiene su lidia, pero, si ya no hay lidia, si los toros salen lidiados, con perdón. Que no digamos nada de los puños que tienen por cuernos, que será porque todos esos animales viven en fincas con granito u hormigón armado por todas partes y ya se sabe, de despuntan casi hasta quedar mogones. Pero que nadie se ofenda, que nadie se haga el ofendido, porque dicen que si queremos que esto siga, hay que pasar por todo esto y por mucho más, quizá por cosas que ahora mismo ni imaginamos, pero que sea lo que sea si es por el negocio, todo vale ¡Vaya que si vale! Que parece que los que viven de esto están dispuestos a vender su alma taurina al diablo de la corrida sin sangre, al diablo del toro desmochado, al diablo de una lidia cercenada, al diablo de la mentira en el toreo y hasta al diablo de echar de las plazas a los que tanto sienten esto, a los que tanto llevan aguantando, pero que ya poco más pueden aguantar, porque ven tarde a tarde como esto ha transitado de rito, de pasión, a show, a festival, que no fiesta.

En este espectáculo de ahora sobra el aficionado y los que viven de esto tratan de atraer a los que nunca sintieron atracción por esto, engendrando algo a lo que se le roba la sustancia, la verdad y sobre todo, el motivo de su existencia, el toro de lidia, la pelea con este, la lidia, el poderle, el vencerle, pero siempre dándole la oportunidad de que tiña sus pitones del rojo de la vida de los que se ponen delante. Pero ya nada vale sino el negocio. Que siempre ha tenido que haber negocio, cómo no, porque el negocio es absolutamente necesario para que todo esto se retroalimente, pero no solo el negocio en exclusiva. Porque el público, el aficio0nado, estará siempre dispuesto a pagar su entrada si lo que va a recibir es algo lleno de verdad, pleno de sustancia, de esos valores que contaban nuestros mayores y que ahora solo recuerdan algunos para recitarlos como el que recita la retahíla de un rezo en latín, que le suena bien, pero que no sabe lo que está diciendo. Pero que en cuanto que dicen amén, ya empiezan a ver cómo y de qué manera pueden engañar a aquel que nunca se interesó para sacarle las perras, pero que no se engañen, porque ellos son los primeros engañados, porque con la mentira no ilusionarán a nadie, porque lo que ofrezcan será algo vacío; y a los que ya están cansados de que les engañen… Que uno no sabe si esto tiene remedio, aunque para los del negocio por supuesto, que para esto también tienen su repertorio para convencerse de ello, pero si existe algún remedio de verdad no es otro que el que haya más toro y menos negocio.

 

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lunes, 20 de marzo de 2023

Se nos ha colado un virus en el toreo


Tanta modernidad, tantas teclas en los toros, tanta informática, tanta virtualidad, al final se nos ha colado un virus y...

Si nos paramos a ver un poco todo lo que está pasando en el mundo de los toros, si nos sentamos cinco minutos a pensar en el panorama actual, ¿no les dan ganas de salir corriendo a todo correr? Que empezamos con la plaza de Madrid, que ahora los abonos van a subir a las nubes y no solo no suben, sino que bajan a los infiernos y apenas se mantienen agarrándose a esa tabla de los abonos regalados y casi ni aún así se maquilla el esperpento. Pues entonces, si hay que subir a las nubes, pues se suben los precios, que igual han sobrepasado la altura de las nubes y han llegado a la estratosfera. Que no digo yo que esto de la subida sea una nube de humo para tapar la nefasta feria que se han montado estos señores, quizá porque con las prisas se pusieron a ello al amparo de los vapores etílicos de la Navidad y ya saben, si bebes, no hagas carteles.

Pero si seguimos mirando a nuestro alrededor, vemos una feria de Valencia, o mejor dicho, que no vimos, que parece ser que a nadie interesaba; ¿o han escuchado ustedes alguna voz que se desgarrara al no poderse ver la primera feria en plaza de primera de este año? ¿Qué no la dan? Pues que no la den, así nos queda tiempo para otras actividades culturales, como el lanzamiento de güitos de aceituna. Eso sí, apunten, que en la mesa de al lado hay personas mayores y niños, no vaya a ser que… Que además también ha sido Castellón y… De las dos ferias solo se ha podido ver lo que algún motivado que otro retransmitía por internet; eso sí, solo faenas de muleta, porque no se puede estar con el vaso en una mano, el móvil en la otra y la bolsa de pipas en… que no se puede y punto. Pero siempre quedará el consuelo de la Copa Chenel, aunque no sé si se podrá ver en toda España, pero da lo mismo, si se ve en Madrid, baluarte del taurinismo en el mundo mundial, ya nos vale.

Que no me dirán que ya es mucha casualidad que todo se tuerza y tanto al mismo tiempo. Y los de la Fundación del Toro de Lidia haciendo encuestas, que no contesta nadie, y vídeos planteando cuestiones tan decisivas para el transcurrir de la fiesta como cuánto dinero se gasta este o aquel en los toros. Que si poco conveniente es la pregunta, no les digo nada de las respuestas. Que uno llegó a decir 100.000 euros, sí, sí, como lo leen, 100.000 machacantes del ala. Y que luego digan que es indecente pasearse en bañador por Benidorm y demás localidades de playa. Indecente es soltar semejante barbaridad, sea o no sea verdad. Aunque luego llega otro señor, y no quito lo de señor, porque me llevaron a colegio de pago y eso hay que lucirlo, y dice que cantidades ingentes de dinero. Un caballero que cobra, oficialmente, lo que para la mayoría de los mortales sí que son cantidades ingentes. Que no nos metemos en si luego hará sus chapucillas por la tarde en sus ratos libres. Pero lo que nos quieren decir estos caballeros, no sé si adrede o que se les ha colado en su corta y pega mental, es que para ser aficionado a los toros hay que tener el dinero por castigo y hay que aflojar la mosca con alegría. Y otra más, que resulta que entre los entrevistados incluyen lo que se gastan en comidas y en alternar con los amigos. ¡Acabáramos! Ahora empiezo a entender, que nunca se me habría pasado por la imaginación, que eso de cenarse las Ventas, que lo de los botellones en los tendidos y que la discoteca en que convierten la plaza de Madrid, eso también es parte de lo que ellos llaman la “Tauromaquia”. A ver si al final me voy a reafirmar en no llamar a lo que siempre se llamó los Toros, la “Tauromaquia”. Que uno es muy simple y siempre pensó que en esto solo se incluían los toros, los toreros, las corridas de toros, la crianza, el aficionado… pues no, resulta que ahora los invitados de honor son Yoni Güalquer, el churrasco y los yintonises y las pipas a tutiplén. ¡Ah! Y las retransmisiones por Instagram.

Que algunos dirían que visto lo visto, lo mejor es apartarse, quedarse en casita y ver los toros por la tele. ¡Ja! Seguro que ustedes recuerdan las primeras noticias de que los toros los iba a dar una plataforma nueva, todo muy moderno, muy vanguardista. Si hasta algunos respiraron pensando que al fin se iban a quitar del medio a los que manoseaban el micrófono y lo cubrían de babosas adulaciones sin sentido. Pues toma, que no quieres caldo, pues ahí tienes un balde. La cosa parecía ir para adelante, in entusiasta alemán con inversores de los USA lo tenían todo más claro que el agua. Si hasta hicieron una presentación y todo, aunque más pareciera un comunicado clandestino de una banda de traficantes de Mirindas sabor limón, naranja y maracuyá. Pues nada, que ahora, ni esto parece que se va a cumplir. Que con lo bien que el señor casas parecía haber vendido la burra, ahora… Que el señor Casas no aparecía o lo hacía lo menos posible, pero que me cuenten a mí si no andaba en el ajo. Que las primeras ferias que se iban a dar eran, casualidad, aquellas que montaba este caballero, repito que fui a colegio de pago y eso hay que lucirlo. Y ya ha pasado Valencia y nada, pero es que ahora empiezan que no saben si va a poder ser, que esperaban no sé cuántos abonados y resulta que no llegan ni para montar un grupo de whatsapp animado. Que aparte de no sostenerse esto por ningún lado, ni las condiciones, ni los precios, ni las modalidades de pago, ni nada de nada, ahora resulta que no les salen los números de los abonados que precisaban. Caramba con los estudios previos para meterse en este negocio. Que va y resulta que les pasa lo mismo que a los señores de Plaza 1. Pero claro, los de Mundotoro TV, no se van a poner a regalar abonos a todo quisque, ¿no? Que igual sería una solución. ¡Aaayyy! Los abonados, que forma de volverse locos, que si necesito “x” y me fallan “x” al cuadrado. Que es muy sospechoso que se falle siempre en el mismo punto. Que creían tener el camino allanado y bien allanado y tropiezan una y otra vez en lo mismo, en ese canto que sobresale llamado abonados. Que yo no puedo creerme que sea tanta la incapacidad, que tiene que ser cosa de un espíritu maligno, una mano negra que acecha a la fiesta o a ver si va a ser que con esto de la informática, las redes, las páginas maliciosas, los hackers, a ver si es que se nos ha colado un virus en el toreo.

 

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