![]() |
| Echaban en cara a "Rafaé" que su pase del celeste imperio era para engañar a los públicos como a chinos. Igual toda la "tauromaquia" de algún maestro nace allá por dónde nace el Sol. |
¿Se puede ser más malaje? Esto no tiene nombre, ni
apellidos, ni tan siquiera un alias que impresione. La que le ha hecho el
fenómeno José Tomás al magistral Enrique Ponce, que para un día que que tenía
libre en su agenda, se le emperejila al señor Román Martín, don José Tomás,
torear ese día en la plaza del paseo de Zorrilla. ¡Bueno, bueno, bueno! Por
menos se montó la Guerra de los Cien Años. Que no seré yo el que alabe a José
Tomás por hacerle la cusqui a Ponce, pero ya se sabe, la puñetería es una
avenida de doble sentido; tres carriles de ida y tres carriles de vuelta. Igual
alguno recuerda aquellos días en los que se vio solo peleando contra la
televisión y su poder ilimitado a la hora de retransmitir los festejos al
margen de los toreros, mientras sus compañeros, incluido el señor Ponce, se
plegaban con extrema docilidad. Hasta puede que le quieran hacer pagar aquellas
opiniones que no ocultaba el maestro valenciano sobre el toreo de José Tomás,
que le parecía más demencia que verdadero toreo, porque el toreo bueno, el de
calidad exquisita, parecía reservado en exclusiva para si mismo. Que no me
parece bien ningún tipo de venganza, pero a estas alturas, no nos echemos las
manos a la cabeza entre lamentos.
Quizá el maestro Ponce se haya despertado de repente de un
dulce sueño en el que se creía la cima indiscutible del arte torero desde sus
inicios hasta el momento presente. Que resulta que en caso de tener que elegir,
el señor Matilla prefiere asegurarse el lleno absoluto con el de Galapagar, que
el glamour empalagoso del magistral Ponce. ¿Pero esto qué es? ¿Por qué este
desplante? Pues hombre, don Enrique, piénseselo un poquito, aunque no creo que
lo vaya a hacer, pero mientras usted se mantiene en ese camino de ñoñería de
baldosas amarillas, mientras usted sigue encantado de haberse conocido y se
asombra de su grandeza, de alcanzar cotas de perfección a las que solo usted
cree tener acceso, otros optan por firmar en esa fecha a José Tomás. Seguro que
este podría haber elegido cualquier otra fecha, pues como bien afirma usted
mismo, él no torea todos los días. Ya ve, igual es que no le hace falta y se
anuncie dónde se anuncie, en Valladolid, Lima o Villamorteros del Monte,
siempre llena. Y su elegancia, su clase, su jarte y toda esa monserga que usted
pasea, no asegura el no hay billetes. Que somos así de necios, que no sabemos
apreciar el caviar de su toreo.
Señor Ponce, que entre las largas distancias, las periferias
y el amaneramiento de su quehacer, de luces o de etiqueta, y las apreturas, el
ay, la firmeza, el cargar la suerte y el toreo de siempre, parece que los hay
que se inclinan por esto último. Si ya lo decía el genio de Rafaé, si es que
hay gente pa’ to’. Pero tranquilo, no se ofusque, porque seguro que va
encontrar consuelo en los medios oficiales que le son tan afines, en el
taurineo militante, en los aspirantes a ser reconocidos como excelsos
“afisionaos” de fino paladar; verá como esos afearán el gesto de José Tomás y
el de Matilla. Aunque, ¿no cree que el madrileño ha hecho lo que otros muchos
quisieran poder hacer, pero no pueden por razones más que evidentes? Pero esa
fuente de magisterio que es el señor Ponce no queda conforme con hacer pública
su pataleta, que empieza por lo de que el arte es subjetivo, que no es mejor
torero el que más gana, por si a alguien no le había quedado claro que estaba,
en terminología de parvulario, rabioso. No, caballero, no vaya por ahí, que
igual también sale perdiendo, no confunda su “elegancia” distante y displicente
con el arte del toreo, que puede vestir smoking para llevar a término su
numerito, que igual le sueltan eso de que aunque la mona se vista de seda...
Tengo la absoluta seguridad de que sus palmeros de la tele
de los toros y los demás medios afines al régimen, le aclamarán, le seguirán
poniendo ojitos, pero no se fíe, porque como un día se le ocurra al de
Galapagar concederles dos entrevistas y un amplio reportaje para llenar espacio
en la tele o en la radio, ya puede darse por pateado en el final de su espalda.
Y aparte de estos mercaderes del toreo que se arriman al sol que más calienta,
no pretenda que el aficionado le empiece a dorar la píldora a estas alturas.
Piénselo usted, posiblemente no habrá aficionado que allá en la noche de los
tiempos no se manifestara poncista, aquí tiene a uno, sin ir más lejos, pero
sus devaneos con la trampa, con la mentira en su toreo, con ese alargar el
brazo, con elegancia, por supuesto, con ese machacar ganaderías, con ese vivir
en el planeta de Poncilopodis, todo esto y más, le han apartado de su toreo, de
su tauromaquia como se dice ahora. Que usted está convencido de su divinidad,
pero lo mismo que ese aficionado no soportó sus maneras, los empresarios van a
por el que les llenaría no una, sino tres plazas y son estas no otras causas
las que le dejan a usted fuera, así que piénseselo más despacito cuándo se le
vuelva a pasar por la cabeza tal... pensamiento, eso de “no voy a Valladolid
por un capricho de José Tomás”.











